¡Holitas a todos! Muchas gracias por sus reviews, se los agradezco mucho. Bueno aquí va mi new capi. Ojalá que lo disfruten .-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.
CAPÍTULO 5
"RIVENDEL"
- ¡Fue una verdadera sorpresa el saber que Selin venía en nuestra búsqueda, y enterarnos que lo que él nos diría, con tanta prisa, ya lo sabíamos!- decía Glóin, el anciano Enano, de las barbas blanquísimas.- Le dije que el Señor Elrond ya nos había convocado y que preparábamos todo para salir lo antes posible a Rivendel; una bonito lugar, por cierto. Aunque los Enanos no gustamos mucho de los árboles, esa Casa es realmente pacífica y acogedora, lo que ya es demasiado pedir en nuestros días, pequeños.- el Enano hablaba hacia Mislif y Oliv, quienes lo oían con mucho respeto. Llevaban dos días de viaje en compañía de los Enanos y de los Beórnidas, todos camino a Rivendel.- Lamento el darme cuenta, queridos jóvenes, que sus futuros días pueden no ser lo que todos soñamos.- suspiró.- Tristes son los días¡ay, que se nos avecinan, amigos míos; y hasta en la Montaña Solitaria se ha sentido... ¡Pero no hablemos de eso ahora! Todo se dirá, a su tiempo, en el Concilio. Me gustaría saber de ustedes. Primero háblame tú, jovencita, puesto que es demasiado extraño ver a una joven dama viajando por estos lugares, y en este tiempo.
- Pues...- contestó Mislif sonriendo.- No hay mucho que decir de mí.- suspiró.- Soy de Pueblo Gris, además de ser el dolor de cabeza de mi madre, el deshonor de todos y la oveja negra de mi familia, luego de mi fallecido padre, Musolf...
- ¿Musolf?- interrumpió Glóin, sonriendo a su vez.- ¡Oh, Selin¿Ella es la pequeña Estrella del Norte?
- Exactamente.- contestó el interpelado.- Mislif, hija de Musolf, es a quien tienes a tu lado.
- ¡Oh, pero qué honor, joven dama!- dijo Glóin, inclinando levemente la cabeza.- ¡Dos días viajando contigo y no tenía idea!
- No se preocupe.- sonrió Mislif, con cierto orgullo. El Enano Glóin le pidió que continuara su relato, luego de asegurarle que él y Musolf habían sido grandes amigos en el pasado.- Bueno... no sé que más decirle, señor Glóin.- continuó la joven.- Mi primer viaje fue hace unos días, en compañía de Hasym hacia el Bosque Negro. A mi regreso, encontré a Oliv..., Olivorn, cerca y decidimos seguir a Legolas Hojaverde, el príncipe del Bosque Negro, hacia Rivendel.
- Me alegro de oír que tienes el mismo espíritu indomable de tu padre, joven Mislif.- rió Glóin.- ¿Así que siguiendo al príncipe del Bosque Negro, eh? Bueno, bueno. Es comprensible... él, de la Hermosa Gente..., una joven... Je, je, je. Ya conocen el refrán: "Un Corazón indomable, se domestica sólo con Amor."- el Enano rió con ganas, al ver que Mislif había enrojecido.- ¡Oh, no quiero decir nada, joven dama!- añadió.- Es sólo una frase que, entre los Enanos, nos gusta repetir.
- Entiendo...
- ¿Y qué me dices de ti, joven Olivorn?- preguntó Glóin, al chico que se reía con ganas de la anécdota recién pasada. Oliv dejó de reír para responder la pregunta.
- Bueno, señor.- respondió.- Vengo de las familia de los Fontes. Somos numerosos y de larga trascendencia, por añadidura.
- Y dinero.- rió Gimli, el hijo de Glóin, que tenía una barba rojiza.- Muchas historias hemos oído de la fortuna que atañe a tu familia, joven Olivorn. A nuestras tierras muchas veces fue tu abuelo, Menlorn, con sus hijos, es especial con Balorn.
- ¡Tío Bal!- exclamó Oliv, con sorpresa.- ¡Así que ha estado en la Montaña Solitaria! Nunca me lo había dicho.
- Muy olvidadiza ha sido siempre su pobre cabeza, querido joven.- dijo Glóin.- Pero sigue tu relato.
- ¡Oh, sí! Mmm... Cabe poco por agregar, señor.- dijo Oliv, pensativo.- Estaba en casa de mi Tío Bal, en busca de Mislif, a quien todo Pueblo Gris quería encontrar, cuando llegué a un arroyo y la vi. Entonces, lo demás ya lo saben.
- ¡Dos chiquillos viajando por la Tierra Media, en tiempos tan oscuros, sólo por un infantil capricho!- exclamó Gimli.- ¿Quién lo hubiera pensado siquiera, en la Montaña Solitaria, si nosotros tenemos, por obligación, que viajar en compañía de los Beórnidas para protegernos?
- ¡Pudo haber sido un triste final, jovencitos!- dijo, seriamente, Selin, que iba caminando junto a Gimli. Glóin iba al otro lado de su hijo, seguido por Mislif y Oliv. Los Beórnidas, que eran cuatro, se dividían en dos adelante y dos en la retaguardia, para más seguridad. Los cuatro iban a caballo, aunque Glóin llevaba uno pequeño, para cuando se cansara, como igual lo hacían otros enanos que viajaban junto con ellos.
El grupo iba, en aquel momento, por un terreno montañoso, pero no por lugares demasiado empinados ni rocosos. Trataban de rodear, mayormente, cada cerro o montaña que se les acercaba, lo que hacía que el viaje se alargara más, pues querían evitar, en lo posible, escalar. El clima era frío, lleno de brisas heladas, lo que hacía que los viajeros se cubrieran con sus ropas de abrigo. Además, por las noches, debían prender, trabajosamente, una fogata para calentarse. Los Beórnidas, aunque poco hablaban, eran excelentes guías, buscadores de agua y alimentos y buenos cazadores de escondites y sitios para pasar las frías noches.
- ¿Cuánto falta, aproximadamente, para llegar, amigos?- preguntó Oliv a uno de los Beórnidas.
- Una noche más y estaremos llegando al Paso Alto; luego a Rivendel, es sólo una jornada o más de caminata.- contestó el hombre.- Podría ser una caminata más relajada si los señores Enanos no tuvieran tanta prisa por llegar, pero tendremos un buen tiempo y pronto verás Imladris.
- ¡Me alegran tus palabras!- suspiró Oliv, pensando que mientras más rápido llegasen a Rivendel, él descansara ahí, conociese a los Elfos y regresase a su hogar, mejor. No es que no gustase de viajar, pero prefería el descanso y las comodidades. Le encantó la idea de conocer a los Elfos, puesto que había oído, y visto, la forma en que Mislif hablaba de ellos; y que su amiga se asombrara y emocionara era, ya, gran cosa. En ese momento, Mislif discutía, acaloradamente, con Gimli.
- Escúcheme, señor Enano.- decía la joven.- Si usted no ha tenido la posibilidad de conocer a los Elfos de forma amistosa, no quiere decir que sean agresivos o gente extraña.
- Escúcheme usted, joven dama.- replicó Gimli.- En todos mis años, que son, obviamente, más que los suyos, no he visto ni conocido a ningún Elfo que sea amable ni amistoso.
- Entonces, esta es la primera vez que viajas, hijo mío.- dijo Glóin, defendiendo a Mislif.- La Hermosa Gente no es agresiva ni poco amistosa, todo lo contrario. Pero es el tiempo en que vivimos lo que los ha obligado a defenderse y a ser hostiles en muchos casos. Por ejemplo, Elrond, es muy amable, hospitalario y pacífico, pero cuando el Señor Oscuro dejó ver todo su poder, en aquellos terribles años, él no se hizo a un lado, sino que luchó también en la Guerra. Definitivamente, y olvidando todo tu orgullo de Enano, Gimli, hijo mío, debes aceptar que los Elfos son seres dignos de admiración y respeto; aunque siempre existirán los malentendidos entres nuestras razas.- suspiró.- Bueno, me alegro de poder llegar a Rivendel pronto. Necesito descanso, y estoy seguro de que ahí lo encontraré. Una casa maravillosa esa Imladris, como ellos la llaman; puedes hacer lo que más te atraiga, pero sobre todo, descansar. Sin embargo, no estamos en tiempos para tomarnos relajos.
- Señor...- titubeó Oliv.- ¿Por qué hablan tanto de Tiempos Oscuros? Lo he oído desde que partimos el viaje a su lado y no logro entender a qué se refieren.
Todos lo miraron con creciente sorpresa. Gimli abrió la boca, como para responderle, pero sólo salió de ella un gruñido. Glóin abrió desmesuradamente los ojos, a la vez que una sombra cruzaba su rostro. Todos los demás enanos, y los Beórnidas, parecieron ver a un extraño insecto. Mislif permaneció en silencio, no atreviéndose a responder.
Al final, Glóin habló.
- Estimado joven- dijo -, en otras circunstancias te habría dicho "No importa ni te preocupes, pues no es tan grave."- suspiró.- Pero lamento decirte que lo es, es grave, y no debe de ser callado. En el Concilio, pronto a realizarse en Rivendel, se dirá todo lo que ocurre, y será mejor que oigas todo, en ese lugar. Claro, si eres aceptado, cosa que dudo mucho, porque sólo los viejos tenemos la autorización de estar presentes. Sin embargo, te informaremos de lo que se crea conveniente.
- Muchas gracias, señor.- contestó Oliv, haciendo una reverencia con la cabeza.
Mislif suspiró, pero no dijo nada más sobre el tema. El ambiente, que había estado denso, se tranquilizó, y, principalmente Glóin, hablaron de cosas triviales. Pasaron una noche bastante incómoda, puesto que un renovado viento comenzó a dejarse sentir, helando a quien tocara. Mislif no pudo dormir, pero, cubierta en una capa abrigada que le habían prestado los enanos, se quedó en vigilia, mirando al firmamento repleto de estrellas.
- Estrella del Norte...- murmuraba de tanto en tanto. ¿Por qué le habría puesto así su padre¿Sería, acaso, que mientras miraba la noche, y las estrellas principalmente, recordaba a su hija, lejos en el Norte? Podría haber sido eso, lo que animó a Mislif. Su padre realmente había sido un hombre con suerte. La joven recordó las palabras, que hace unos días oyera de boca de Tío Bal: "Puede decirse, a ciencia cierta, que vivió, puesto que la vida no es sólo de alegrías y buenos ratos, sino que algo se debe sufrir, es claro. Sin embargo, vivió alegremente, eso no me lo quita nadie."
La noche pasó sin incidentes y, a la mañana siguiente, partieron bajo el frío de las Montañas Nubladas, en camino al Paso Alto. Aunque no pudieron evitarlo se dijo que debían cruzar altas montañas para poder llegar al Paso. Todos asintieron, aunque los más viejos de mala gana, y arreglaron todo para la jornada. Los caballos fueron ensillados cuidadosamente, también se cuidó del equipaje. Cuando todo estuvo preparado para la partida los Beórnidas comenzaron a avanzar. Ahora el paso era lento, y los rápidos trancos apenas se realizaban; el clima comenzaba a ser realmente desagradable, puesto que se aproximaban caídas de nieve, lo que tuvo lugar al anochecer, cuando el Sol parecía despedirse tristemente de los viajeros. Acamparon bajo el amparo de unos árboles. Esta vez, Mislif durmió, acurrucada dentro de una tienda de campaña, que había sido levantada. A su lado estaba Oliv, quien parecía no darse cuenta del clima y roncaba plácidamente. Los enanos también roncaban, pero el sueño pesado de Mislif era muy difícil de interrumpir. A la mañana siguiente reanudaron la caminata muy temprano, y podían ver unos elevados picos, que señalaban la entrada del Paso Alto, que era un camino ancho, pero que se encontraba repleto de nieve.
- ¡Ahí lo tienen, señores... y señorita!- dijo el jefe de los Beórnidas, señalando el camino a seguir.- Nuestro trato y pago era hasta aquí, pero hemos consentido acompañarlos hasta el Valle de Rivendel.
- ¡Queridos y amables Beórnidas!- exclamó, alegremente, Glóin.- Que sus favores sean pagados con creces en el futuro. No queremos retrasarlos en sus tareas, pero aceptamos de buen talante su compañía.
Así que atravesaron el Paso Alto, descendieron otro tanto, hasta que los árboles, y el clima, comenzaron a dar señales de calidez. A lo lejos, se podía ver un vasto valle de árboles, donde se situaba la Casa de Elrond. Los viajeros apresuraron, inconscientemente, la marcha, para llegar cuanto antes. Mislif estaba ansiosa de volver a ver a Legolas, y darle una sorpresa; además, quería conocer aquel lugar, del cual tan bien hablaba Glóin. De pronto, una duda la asaltó: "¿Y si nos reciben con disgusto, porque no fuimos convocados?", pensó, "A Legolas lo llamaron, también a los Enanos, pero a nosotros no. ¿Será posible que el Señor Elrond no se enfade? Eso espero."
Sin embargo, todas las dudas de Mislif fueron disipadas, al darse cuenta que Elrond la recibía con gusto. La compañía llegó hasta el fondo del Valle de Rivendel, donde, luego de atravesar un puente y traspasar unas grandes puertas, se vieron dentro de una maravillosa Casa, que parecía brillar. Dentro se respiraba paz y reconfortaban los cantos que se oían de los Elfos en su lengua. El lugar estaba lleno de gente, Elfos en su mayoría, pero, de tanto en tanto, un huésped de otra raza era visto. Elrond, el poderoso Señor de Rivendel, era un hombre tranquilo, cuyo rostro no parecía tener edad, es decir, no era joven ni viejo, pero se podía notar que muchos recuerdos, buenos y malos, habían pasado a través de sus ojos grises. Su cabello era oscuro y sobre el ceñía una corona de plata.
- ¡Bienvenidos sean, señores Enanos, a Imladris!- saludó, una vez que fueron llevados ante él, cruzando largos pasillos, escaleras y jardines.- Celebro saber que su viaje ha sido privilegiado, no como muchos en este tiempo.- se volvió a los dos jóvenes.- Veo que han sido acompañados por dos Humanos. Reciban mis saludos, jóvenes del Norte. Sírvanse a descansar el tiempo que crean conveniente.
- Su hospitalidad es agradecida, de sobremanera, pero casi no hay palabras cordiales para hacerlo, Señor.- balbuceó Oliv, con el rostro sonrojado. Elrond sonrió y clavó, entonces, su mirada en Mislif, quien lo miraba fijamente, casi sin poder creer que su Suerte le hubiera sonreído así. ¡Ella en Casa de Elfos! Realmente había sido un enorme cambio en su vida: de estar encerrada en su hogar, ahora viajaba y conocía distintas razas y lugares.- ¿Quién habría imaginado que, en mi casa, tendría a la hija de Musolf el Viajero?- continuó Elrond, mirando a la joven.- ¿Qué te ha traído hasta aquí, joven dama? Imagino que no será por lo mismo motivo, por el cual nos hemos reunido¿no es así?
Mislif lo miró fijamente, estaba segura que Elrond sabía, y podía saber, la respuesta que ella daría. Estaba segura también que su mirada no quedaba sólo en la superficie.
- Creo que usted ya lo sabe, Señor.- contestó, haciendo una reverencia.- ¿Motivos me pregunta? Pues ni siquiera yo los tengo. Es sólo un viaje que mi espíritu suplicaba y que se me dio la oportunidad de realizar, Señor.
- ¡Dichosa eres entonces, joven Mislif, hija de Musolf!- dijo Elrond.- Que sean así mismo tus futuros viajes, si tu espíritu no cambia. Cuentas con mi bendición, entonces.
- ¡Oh, mi Señor!- exclamó, conmovida, la joven, inclinándose.- No tengo palabras para agradecerle toda su bondad.
- A veces las palabras son innecesarias.- dijo Elrond, levantándose de su asiento y acercándose a un ventanal.- Sin embargo, en unos días más se dirán muchas palabras que serán realmente necesarias.
- A eso hemos venido, Señor de Rivendel.- dijo Glóin.- El camino fue largo, pero nuestra preocupación es mayor.
- Y no sólo la tuya.- contestó Elrond y se acercó a una cuerda que colgaba del techo, la tiró levemente hacia abajo, y un elfo entró sigilosamente en la estancia.- Elmair, lleva a nuestros nuevos huéspedes a sus habitaciones, si eres tan amable.- dijo.
- Por supuesto, Señor.- contestó el elfo llamado Elmair, haciendo una inclinación. Se volvió a los viajeros, y dijo sonriendo.- ¿Sirven los señores y señorita a seguirme, por favor?
Los Enanos, Mislif y Oliv siguieron a Elmair por los pasillos, escaleras y jardines, hasta otra ala de la casa. Luego les indicó sus respectivas habitaciones, pero no a Mislif.
- Las damas tienen sus moradas en otro lugar, señorita.- explicó el elfo con una pequeña reverencia de cabeza.- Si fuera tan amable en seguirme, joven dama, le enseñaré donde está.- Mislif contestó cordialmente, y luego de atravesar más pasillos y más escaleras, fue instalada en otra ala de la casa, pero en un segundo piso (Oliv y los Enanos habían quedado en un primer piso).- Si necesita algo, cualquier cosa, sírvase a tirar esa cuerda, que junto a su cama está.- dijo Elmair, y luego se retiró silenciosamente.
- Muchas gracias por todo.- sonrió la joven.
Mislif acomodó el poco equipaje que traía y se sentó en la cama, que era muy cómoda, mirando hacia el exterior por un ventanal, que estaba ligeramente cubierto por una cortina transparente, de color blanco. De pronto, algo llamó su atención: había alguien que conocía en uno de los jardines de la Casa. La joven se levantó y, dirigiéndose a un pequeño balcón, miró hacia afuera. Entonces, lo reconoció: una figura alta, que parecía brillar; estaba vestido con una túnica, sujeta con un cinturón de plata, y la tela de la túnica parecía brillar también. La persona caminaba lentamente por el jardín y parecía admirar todo cuanto estaba a su alrededor.
- Legolas...- murmuró Mislif, sonriendo.- ¡Le daré una sorpresa!- y, rápidamente, salió de la habitación, bajó las escaleras y recorrió los pasillos, para luego llegar hacia el jardín en que había visto a su amigo. Sin embargo, no lo encontró.- ¿Dónde está?- se preguntó, bastante contrariada.- ¡No pudo haber sido un sueño!- recorrió un poco el lugar y, cuando se acercaba a una hermosa fuente, lo vio. Estaba sentado en el borde de piedra de la fuente y, con los ojos cerrados, canturreaba una canción en su lengua propia. La joven se acercó silenciosamente, pero sabía que él debía de oír los pasos. A pesar de eso no se inmutó y siguió cantando tranquilamente para sí. Cuando Mislif estuvo a unos pasos de él, dijo.- Buenos días, querido y viejo amigo, Legolas.
El Elfo abrió los ojos, como saliendo de un apacible sueño, y la miró con creciente sorpresa.
- ¿Joven dama?- dijo incrédulo.- No puede ser que mis ojos me engañen¿o sí¿Qué haces aquí¿Cómo llegaste... y tan pronto?
- ¿Te respondo a todo?- sonrió la joven.- Muy bien: Sí, soy yo..., la "Joven dama"; tus ojos no te engañan; ¿qué hago aquí? Mmm, pues sólo cumplo mi anhelo: viajar. ¿Qué más¡Ah¿Cómo llegué? Pues vine en compañía de un viejo amigo, llamado Olivorn, Oliv de cariño; y por el camino nos encontramos con un grupo de Enanos que venían a Rivendel, así que viajamos con ellos. ¿Y cómo llegué tan rápido...? Pues, sólo porque a mi casa nunca llegué.
- Aún me cuesta creerlo, joven dama.- dijo Legolas, ahora sonriendo.- Fue, y es, una gran sorpresa verte aquí y celebro por eso. Espero que disfrutes de Imladris, que, como ella, otra no hay.
- Lo sé.- contestó Mislif, mirando a su alrededor.- Muy bien- dijo, al cabo de unos minutos -, te dejo a solas. Debo ir en busca de Oliv, pues lo dejé solo y debe sentirse extraño... Aunque..., deben de estarlo atendiendo bien, así que triste no debe estar.
Legolas, quien tenía con los ojos cerrados, sonrió, pero nada dijo. Así que Mislif dio media vuelta y volvió sobre sus pasos. Una vez dentro de la enorme y acogedora casa, comenzó a conocerla con más detalle. Quedó maravillada de todas las cosas bellas que tenía la Hermosa Gente. En uno de sus recorridos, se encontró con una sala, donde había una alegre chimenea. Mislif entró en ella y se sentó en un sillón junto al fuego. En un instante lanzó una exclamación y se dio cuenta de que se había sentado junto a un ser pequeño, vestido de blanco, que ella había confundido con un cojín grande.
- ¡Es increíble que en Rivendel ya no se pueda dormir en paz!- había dicho el hombrecillo, bastante molesto. La joven pudo ver que era muy pequeño, tenía el cabello de color blanco y rizado.- ¿Qué hace una jovencita en estas tierras?- preguntó.
- ¡Por Elendil¿Qué es usted?- fue lo único que salió de la boca de la contrariada Mislif.
- ¡Por el Brandivino, qué modales!- exclamó el hombrecillo, poniéndose de pie.- Para que sepa joven dama, soy un Hobbit, un Mediano. ¿Le suena la "Gente Pequeña"?
- Yo...
- Me suponía que no.- interrumpió el Hobbit.- Pues bien, ahora quisiera seguir con mi descanso.
- Yo...- Mislif se sentía como una tonta, así que dijo, apresuradamente.- Lamento haberle hablado así, señor Mediano. No quise interrumpirle nada, sólo es que estoy conociendo la Casa y me sorprendí de verlo, puesto que nunca los había visto ni oído nombrar, me refiero a los Hob...
- Hobbits.
- ¡Hobbits, eso es!- dijo Mislif.- Lamento mucho todo esto, pero ya me voy.
- ¡Oh, no se preocupe, jovencita!- contestó el Hobbit.- Yo también debo disculparme, pues mi humor no es el deseado muchas veces. Pero me gustaría mucho oír su historia. ¡Oh, casi lo olvidaba! Mi nombre es Bilbo Bolsón- hizo una reverencia -, y estoy a su disposición, mientras no sean favores que requieran de trabajos físicos, pues mi cuerpo ya no es el de antes.
Mislif rió ante tan graciosas y sinceras palabras, y se sentó a concederle la historia que el Mediano Bilbo le pedía. Luego, finalizado su relato, el Hobbit habló de sí: dijo venir de un apacible lugar, llamado "La Comarca". Por lo que Mislif pudo oír era, realmente, un lugar que parecía dejar fuera todos los problemas de la Tierra Media, para concentrarse en cultivar bien la tierra, comer y, sobre todo, tomar cerveza y fumar pipa. Bilbo le contó, también, que había dejado su hogar, llamado Bolsón Cerrado, hacía un tiempo, luego de su fiesta de cumpleaños, que había sido todo un éxito en expectación.
Finalmente, se despidió del Hobbit, porque éste ya cabeceaba y porque ella quería encontrar a Oliv, y salió nuevamente al jardín. Se dio cuenta que era bastante tarde, y que tenía hambre. ¡Se le había pasado la hora increíblemente! Mislif estuvo paseando un buen rato por el jardín, tal vez buscando algo, pero lo cierto es que parecía observar todo de manera curiosa. El cielo tenía unas manchas de rojo, pues el atardecer llegaba a su fin, y unas estrellas comenzaban a brillar en lo alto. De pronto, la joven, con los ojos cerrados, pensó: "¿Será que todo esto es un sueño? Nunca se me había pasado por la cabeza viajar realmente, y menos conocer Tierras de Elfos. Tal vez..., tal vez, cuando abra los ojos, me veré acostada en mi cama, con mi madre gritándome para que la ayude... ¡Oh, ahí está! Oigo su voz.
Era cierto, alguien decía su nombre, pero al abrir los ojos vio que en realidad no soñaba, además que quien la llamaba era su amigo Oliv. Mislif suspiró, pero de alegría, y se acercó al joven.
- ¡Oh, Mislif, al fin te encuentro!- dijo Oliv, con la respiración entrecortada.- Te he estado buscando por todas partes. Elmair, aquel elfo, me reprendió por no pedirle ayuda.
- Lo siento mucho, Oliv.- contestó Mislif.- Es sólo..., que me quedé conversando toda la tarde con un Hobbit... ¡es increíble, nunca había visto a uno!
- ¿Te refieres a Bilbo?- preguntó Oliv, sonriendo.- ¿Sí? Yo también lo conocí, hace unos instantes. Le pregunté por ti, y me dijo que eras una joven muy simpática, que habías estado con él muchas horas, pero que hace unos momentos habías salido al jardín.
- Es cierto...- contestó la joven, mirando hacia la fuente, que, de igual forma, seguía lanzando agua.
- ¿Qué te pasa, Mislif?- quiso saber su amigo, una vez que vio en los ojos de la joven una mirada melancólica.- Tú no eres así. Algo ocurre.
- No..., no lo sé.- respondió Mislif, mirándolo.- Es sólo que... siento una extraña nostalgia.
- Bueno, creo entenderte, de cierta forma.- sonrió Oliv.- ¿Quieres entrar? Pronto servirán la cena.
- ¡Oh, qué bien!- sonrió Mislif, olvidando su tristeza.- Hablé tanto con Bilbo que no me di cuenta cuando ya tenía hambre¡y la hora que era!- ambos jóvenes se dirigieron hacia el interior. Una vez dentro, se les apareció Elmair, quien los guió hasta el enorme comedor. Ya ahí, vieron que la casa estaba llena, más de lo que habían pensado y se podían ver personas de varias razas. Mislif se sentó junto a Glóin y Oliv y tuvo una agradable charla con ambos, además de disfrutar mucho de la cena. Casi no notó que Legolas estaba cerca de ella, pero de lo que sí de dio cuenta fue que, en el centro de la mesa, apoyada en los tapices que pendían del muro, había una silla bajo un dosel, y allí estaba sentada una hermosa dama, era muy parecida a Elrond, por lo que Mislif supuso que debía de ser su hija. Por lo que supo después, en efecto era hija de Elrond, su nombre era Arwen, también llamada Estrella de la Tarde. "¡Oh- pensó la joven -, las dos somos Estrellas!", y luego rió de su propio chiste, carente de gracia, por cierto, haciendo que todo el mundo le dirigiera un rápida mirada divertida.
- A ver si para la próxima vez nos cuentas a todos el chiste, chiquilla.- dijo Gimli, el hijo de Glóin, sentado frente a ella.
- Es que, en realidad, no es un chiste, señor Enano.- contestó Mislif, notando una mirada de Legolas, a unos asientos de ella, pero en frente. Sintió que el rostro se le coloreaba y fijó toda su atención en la exquisita comida que tenía en el plato.
Dos días después, luego de unas tranquilas noches de sueño, llegó otro visitante a la Casa. Definitivamente estaba apurado, con el semblante preocupado, y algo sombrío. Parecía ser muy viejo, tenía un sombrero puntiagudo azul, un largo manto gris; tenía, también, una larga barba blanca, espesas cejas, que le asomaban por el ala del sombrero. Apenas se apeó del caballo en que venía, que por cierto era muy bello, entró rápidamente en la Casa.
- Necesito ver a Elrond lo antes posible, si él puede, claro está.- anunció a unos Elfos, casi sin fijarse en los demás, y apoyando sus pasos con una larga vara, que a Mislif le recordó a su amigo Hasym.
- Joven dama- dijo la voz de Legolas, junto a la joven -, aquel hombre es, el sabio y conocido, Gandalf el Gris.
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