¡Holitas a todos! Estoy muy contenta por la cantidad de reviews que he recibido, muchas gracias a los que se han tomado el tiempo de leer este fic, hecho con mucho cariño. Bueno, en especial, agradecimientos a: Earwen Eressea, LegolasMirkwood, Lórien Potter, Ana Black. Bueno, en general a todos, pero ahora no me acuerdo bem. Sorry:'(
Espero que les guste este nuevo capitulo, porque es muy importante. ¡Grandes saltos! Disfruten este... .-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.
CAPÍTULO 6
"ENREDOS"
- ¿Gandalf¿Gandalf el Gris?- preguntó Mislif, con creciente sorpresa.- ¡Oh, ya lo recuerdo! Es aquel mago, de la misma orden de Hasym. Él lo admira mucho, aunque nunca lo había visto antes.
- Hasym está en lo correcto si admira a Gandalf.- dijo Legolas, quien estaba junto a la joven.- Es un mago digno de admiración y respeto, aunque muchos dicen que donde quiera que esté Gandalf se avecinan los problemas.
- Vaya...- dijo Mislif, sin creer mucho lo que su amigo decía. Sin embargo, a la llegada de Gandalf, comenzaron a oírse fuertes rumores, que habían permanecido callados, los cuales mencionaban a un Hobbit (o Mediano), a un extraño objeto, que era, al parecer, peligroso, y el rumor de problemas venidos desde el Sur, en las nefastas tierras de Mordor. Los huéspedes de Elrond comenzaban a inquietarse, todos parecían esperar algo, algo que no llegaba o que tardaría un tiempo en hacerlo. Por todos los pasillos se oían susurros, por parte de Humanos, Enanos y Elfos, que decían: "Los Nueve han salido nuevamente." Mislif, al ver las caras de preocupación de todos, no se atrevía a preguntar quiénes eran "Los Nueve", pero sabía que, si seguía acumulando preguntas, estallaría. Al fin, le preguntó a Legolas.- ¿Puedo preguntarte algo..., que tal vez sea inapropiado?- dijo.
- Depende de qué se trate, joven dama.- contestó Legolas, mirándola de forma grave.- Pero, de todas maneras, dime.
- Se trata de algo que he oído por muchos lados, en esta Casa.- dijo Mislif.- ¿Quiénes... quiénes son los Nueve?
Legolas no contestó, sólo la miró inquisitivamente. Luego suspiró y dijo:
- Una vez que nuestras esperanzas hayan sido recompensadas y pase el peligro¡ay! me refiero al que se aproxima, te explicaré¿bien? Enomentuvalve! (1)
Mislif quedó más intrigada que antes. ¿Qué pasaba¿Por qué todos estaban tan preocupados¿Qué peligro se aproximaba? Entonces, recordó las palabras que dijera Hasym, cuando ambos estaban en Pueblo Gris, antes de su primera salida: "Como lo sospechaba, en el Sur la Sombra Negra se está extendiendo cada vez más." Evidentemente, era por lo que todos estaban preocupados. Luego, recordó lo que había leído en casa de Tío Bal sobre "El Daño de Isildur", aunque muy poco había logrado entender de aquello.
Su curiosidad, al ir en aumento, no le permitió dormir aquella noche, por lo que, rindiéndose a su desvelo, decidió salir a caminar por el jardín, lo cual sería visto de forma extraña en cualquier otro lugar en esa fecha, puesto que el clima era cada vez más frío, pero el Valle de Rivendel era un lugar que parecía irradiar cierto calor, así que Mislif sólo tuvo que ponerse una liviana capa sobre los preciosos vestidos que los Elfos le habían dado. Ya que llevaba aquellas ropas, bastante femeninas para el gusto de Mislif, se había visto en la obligación de soltarse sus dos típicas colitas levantadas, que siempre llevaba en el rojizo cabello, para ser peinada de una manera muy delicada: llevaba el cabello suelto, pero tenía algunos adornos en él, además de tenerlo ligeramente ondulado.
La joven salió aquella noche al jardín que daba a su ventana, y paseó por él un rato, en soledad, hasta que oyó, un poco más adelante, que alguien cantaba ensimismadamente, con una voz dulce y melodiosa. Mislif creyó, por un momento, que era la voz de Legolas, ya que cantaba en Lengua Élfica, pero se equivocó, puesto que más adelante se veía a una joven de largos cabellos oscuros, que paseaba. Era Arwen, la hija de Elrond. Mislif tuvo un ligero temor de acercarse, puesto que era una persona demasiado importante y por sobre su linaje, pero Arwen, al verla cerca, le sonrió e hizo una ligera señal de invitación. La joven se acercó rápidamente, con cierto nerviosismo, y dijo:
- No quise interrumpirla, Señora. Sólo pasaba por aquí, puesto que el sueño aún no ha venido a mí.
- No me interrumpes, joven dama.- contestó Arwen, sonriendo dulcemente.- Te invité a mi lado, porque sentía curiosidad, aunque esté mal, por ti.
- ¿Por mí, Señora?- preguntó Mislif, bastante sorprendida.
- Así es, joven dama.- dijo Arwen.- No es común que los Humanos viajen, en estos días, y mucho menos que una señorita lo haga.
- ¡Oh, lo sé perfectamente, Señora!- dijo Mislif.- Muchos me lo han hecho notar, pero no tengo una contestación coherente para sus palabras. Sólo es algo que soñaba y que, gracias a la Suerte, que me sonrió esta vez, he podido viajar y complacer viejos anhelos.
- Espero que la Suerte te siga sonriendo, y con frecuencia, joven Estrella del Norte.- sonrió Arwen, sentándose en el borde de piedra de la fuente de aquel jardín.- Muchas veces- dijo -, la Suerte sonríe, pero su sonrisa no dura mucho. Las sombras... suelen llevarse aquello que amamos.- Mislif notó que en los ojos de Arwen había un brillo nostálgico.- Es por eso- añadió -, que te deseó las mejores laitale de todas, joven dama. Puesto que tus años son muy pocos mereces empezarlos con Luz. Annali len!
- No tengo palabras para agradecerle lo que me ha dicho, mi Señora.- dijo Mislif, sintiendo una extraña emoción, que hizo que los ojos se le nublaran por unas solitarias lágrimas, que resbalaron por sus mejillas.
- Algo te oscurece tu noble espíritu, joven dama.- dijo Arwen, mirándola con ternura. De pronto, su semblante se oscureció ligeramente.- Sombras..., sombras hay en tu futuro. Puedo verlas, aunque no son nítidas.
- ¿Sombras?
- Así parece, joven dama.- Arwen se levantó y, cuando pasaba junto a Mislif para retirarse, dijo.- Eres valiente, Mislif, hija de Musolf, y sé que saldrás airosa de lo que te propongas.- puso, suavemente, una de sus delicadas manos en un hombro de la joven, luego miró hacia adelante, sonrió y dijo.- Alguien desea hablar contigo, joven dama.
- Gracias por todo, Dama Arwen.- dijo Mislif, cuando Arwen se dirigía al interior de la Casa.- Al cabo de unos minutos, mientras estaba sentada en el borde de la fuente, alguien se sentó a su lado. Mislif se giró para ver quién era y, nuevamente, sintió que las mejillas se le encendían, al ver a Legolas, pero él no lo notó, ya que miraba hacia las estrellas, en la vasta bóveda del Cielo. Mislif no le dijo nada, pues no se le ocurría nada que decir; aunque, no tuvo que esperar mucho en aquel silencio, porque Legolas habló primero.
- Mislif¿qué pretendes hacer después de marchar de Rivendel?- preguntó, sin apartar la vista de las estrellas.
- Pues..., no lo sé.- contestó Mislif bastante extrañada.- Tal vez siga viajando. Mmm... ¿a dónde irás en tu próximo viaje?
- No lo sé.- dijo Legolas, mirándola fijamente. Hubo una larga pausa, donde el Elfo volvió a mirar las estrellas, mientras que Mislif observaba el agua de la fuente.- Joven dama- dijo, finalmente, Legolas -, quiero que me prometas algo.
- ¿Prometerte algo? Bueno, dime.
- Prométeme que regresarás a casa.- dijo con determinación.- ¡Ya sé que me dirás que no! Pero, es sólo por tu propio bien, Mislif. Afuera hay numerosos peligros, y más ahora que están en aumento. No quiero que te lastimes por desconocer a lo que te arriesgas.
- Legolas...- murmuró Mislif sorprendida. ¡Legolas se preocupaba por ella! Era extraño... Mislif había pensado que no le importaba mucho, pero sus palabras... ¡eran realmente intensas!- Bueno..., yo no sé qué decirte; esto me ha llegado de sorpresa. Pero, tienes razón: te diré que no. Lamento tener que decírtelo así, pero no eres quien para prohibirme el no poder viajar, sólo porque lo consideres peligroso. Además..., tengo la bendición del Señor Elrond y la Dama Arwen, para que la Suerte me sonría.
- Ellos pueden ser muy sabios y, tal vez, poderosos, pero no pueden saber concretamente si en tu futuro la Suerte te sonreirá.- replicó Legolas.- Joven dama, sabes perfectamente que, si viajas, lo harás sabiendo que te arriesgas a perder la vida, pero te crees lo suficientemente capaz como para defenderte sola¿verdad?
- ¡No me juzgues así, Legolas!- dijo Mislif, ya bastante molesta, poniéndose de pie.- ¡Sé muy bien que no soy lo demasiado fuerte, como me gustaría serlo, pero tampoco me considero tan débil, como para ir a encerrarme a un pueblo, donde lo más probable es que me termine muriendo igual que mi padre!- dicho esto dio media vuelta y caminó rápidamente en dirección a la Casa. Si antes no había sentido sueño, ahora éste no parecía querer llegar jamás. La noche transcurría velozmente para algunos, pero a Mislif le pareció que no terminaría, mientras pensaba, sentada en su cama.- ¡Legolas no tiene idea de lo que dice!- gruñó.- Si al menos supiera a qué le teme tanto, tal vez, sólo tal vez, volvería a Pueblo Gris.
A la mañana siguiente, Mislif pudo, por primera vez, conversar con Gandalf. Lo encontró en la misma sala en que encontrara a Bilbo anteriormente. El viejo mago parecía descansar, mientras miraba pensativamente el fuego. La joven había entrado en aquella estancia buscando a Bilbo, para preguntarle a él por lo que ocurría, y dio un respingo al ver, frente a sí, el rostro serio de Gandalf, quien, sin embargo, la recibió alegremente.
- ¡Mislif, hija de Musolf!- saludó sonriendo.- Me he enterado de algunas cosillas sobre ti, joven dama. Mucho gusto.
- El gusto es mío, señor Gandalf.- contestó Mislif haciendo una reverencia.- Me han hablado mucho de usted, en especial un viejo amigo de mi padre, Hasym. ¿Lo conoce?
- ¡Por supuesto que sí, pequeña!- dijo Gandalf.- Él fue quien me habló de ti, antes de que llegara a Rivendel.
- ¿Lo vio?- preguntó Mislif emocionada.- ¿Vio a Hasym?
- Sí.- limitóse a contestar el mago. Luego, suspiró y dijo.- Pero bueno, eso es algo que se dirá más adelante. Lo único que puedo adelantarte es que me dijo: "Gandalf, si en tu estancia en Rivendel ves a una joven dama, llamada Mislif, hija de Musolf, de las Tierras Grises del Norte, mándale saludos míos y dile que aún espero poder ver brillar su luz entre las demás Estrellas. Cuídala mucho, si en tu camino se cruza, porque estoy seguro que hallará la manera de hacerlo." Parecía ligeramente emocionado con esas palabras.- agregó Gandalf.
- ¿Dónde está ahora?- quiso saber la joven.
- Bueno, no lo sé con certeza.- respondió el mago.- Lo vi antes de llegar a... Orthanc; parecía ser que iría al Bosque Negro, pero no lo sé.
- Ya veo.- suspiró Mislif.
- Parece ser que Hasym te tiene un gran cariño, joven dama; lo que ya es bastante decir, porque he visto magos descariñados, pero él parece quererte y además de tener confianza en ti.
- Sólo espero no decepcionarlo, señor.- dijo Mislif.- Él supo adivinar mis propósitos de no querer quedarme en casa, pero me apoyó y me dejó unas palabras muy bellas como despedida.
- ¿Qué es lo que pretendes hacer, pequeña?- preguntó Gandalf, mirándola fijamente a los ojos verdes.- Haz dicho que quieres viajar, pero ¿a dónde?
- Eso no lo sé con certeza, señor.- contestó la joven.- A donde me lleven los Vientos iré. Es todo lo que sé.
Gandalf no contestó, sólo suspiró y siguió fumando de la pipa que en sus manos tenía. Finalmente, se puso de pie y Mislif lo imitó.
- Debe de ser hora de almorzar.- anunció.- ¿Me acompaña, joven dama?
- Claro que sí, señor...
- ¡Una cosa antes de ir!- interrumpió el mago.- No me gusta que me traten de "señor", así que llámame por mi nombre (uno de los tantos que tengo): Gandalf, Gandalf el Gris.
- Muy bien... señor...¡oh, lo siento! Gandalf.- dijo Mislif sonriendo. Bajaron juntos; sin embargo, se separaron casi al instante, porque Gandalf fue llamado de urgencia por Elrond. Parecía ser que algo grave había sucedido o sucedería. Todos, ahora sin excepción parecían preocupados. Mislif se reunió con Oliv, quien estaba junto a Gimli y, aunque ninguno dijo palabras alguna, sus miradas señalaban la expectación que sentían.
- Todo esto me parece muy extraño, Mislif.- comentó Oliv al oído de su amiga.- ¿Qué te parece si vamos afuera?
- Muy bien.- asintió la joven.- Aquí el aire está demasiado denso como para respirar tranquilamente.
Ya afuera, comentaron lo que ocurría.
- Los Enanos están muy preocupados.- dijo Oliv.- No me han querido decir nada, pero cada vez que les pregunto por lo que ocurre me miran angustiados y nada dicen. Aunque, algunas veces, suspiran.
- Gandalf el Gris también está preocupado.- señaló Mislif.- Los Elfos están muy tensos, lo que, por lo que he vistos, es extraño en ellos, y más en esta casa. No sé con exactitud de qué hablan todos cuando mencionan a "Los Nueve", y a más de alguien se le ha escapado, en algún susurro, "El Daño de Isildur".- continuó la joven luego de una pausa.- Esto no me gusta, porque me recuerda lo preocupados que estaban Hasym y Radagast el Pardo. Además..., Gandalf me dijo que Hasym le había pedido que me cuidara.
- Se ve todo muy oscuro¿verdad?- dijo Oliv pensativo.- El Daño de Isildur, Los Nueve..., Mordor.- se estremeció.- No lo sé, amiga mía, pero todo esto se resume en una palabra: Este. Todo lo que pasa y pasará proviene de ahí.
- ¡Qué rabia me da!- estalló, de pronto, Mislif, haciendo dar un respingo a Oliv.- ¡Nadie me ha querido contestar mis preguntas¡Ni siquiera Legolas, quien, se supone, es amigo mío!
- ¡Ah! A propósito de Elfos.- dijo Oliv.- Uno me preguntó por ti hace un rato.
- ¿Un Elfo¿Legolas?
- No lo sé, picarona.- rió él.- ¡Uy! Ya preguntan por ti los de la Hermosa Gente. Y es que..., bueno...- el joven la miró de abajo para arriba.- no te ves nada de mal, amiga mía. Tendré que empezar a preocuparme de proteger a mi prometida.
- ¡Oliv, por Elendil!- exclamó Mislif, entre consternada y alegre.- Qué tonto eres. Pero, de todas maneras, gracias. Aquí han logrado que me vea como mi madre siempre ha soñado.- rió tristemente.- Pero bueno.- suspiró.- ¿Habrá sido Legolas, quien me buscaba?
- No lo sé.- repitió Oliv.- ¿Qué te pasa con él¿Por qué tienes esa cara de tristeza?
- ¿Tristeza? No, no es tristeza.- respondió Mislif.- Es..., bueno, sí tal vez sí sea tristeza. Anoche, Legolas me pidió que volviera a casa, porque no quería que yo me arriesgara a seguir viajando.
- Bueno, pero eso está bien¿no?- dijo Oliv tímidamente.- Él no quiere que te arriesgues, yo tampoco y estoy seguro que Hasym querría lo mismo.
- ¿No lo entiendes, Oliv!- replicó Mislif, bajando la voz, hasta convertirla en un susurro.- Legolas no quiere que viaje, no porque me quiera proteger, sino porque considera que soy débil. Que soy... mujer.
- ¿Estás segura? No creo que sea por eso que dices.
- ¡Hasym consintió que yo siguiera viajando!- dijo Mislif.- ¡Incluso tengo una nota de él, en la que me da su bendición! También el Señor Elrond y la Dama Arwen me han apoyado.- luego bajó la voz con tristeza.- Pero Legolas... creo que no le importo, simplemente porque piensa que, si viajo con él, tendrá que protegerme siempre.
- ¿A sí?- estalló Oliv, haciendo que Mislif diera un respingo.- ¡Ya va a ver ese Elfo¡Nadie trata a mi mejor amiga de débil, sólo por ser mujer¡Le enseñaré que los de Pueblo Gris seremos pocos, pero somos más fuertes que un ejército de los de su raza!- dicho esto, entró corriendo a la casa, dejando a Mislif con la boca abierta y pensando "¡Por favor que no haga ninguna estupidez!".
- ¡Oye tú¡Sí, tú!- gritó Oliv a Legolas, quien estaba sentado junto con otros Elfos.- ¡Quiero conversar contigo, Legolas Hojaverde!
- ¿Conmigo¿Qué pasa, joven Olivorn?- preguntó Legolas, bastante contrariado.- Muy bien, vamos afuera¿sí?
- Bueno.- gruñó Oliv, mientras salía detrás de el Elfo.- Escúchame bien.- exclamó una vez que estuvieron en una terraza, donde, detrás de una gran planta, estaba escondida Mislif.- Tú podrás ser un Elfo, un príncipe poderoso, pero eso no te da derecho a venir a decirle a Mi Amiga- recalcó las últimas palabras.- que no viaje, sólo por el hecho de ser mujer y porque tú la consideres débil.
- ¿Qué?- exclamó Legolas más contrariado que antes.- Yo nunca he dicho una cosa así.- dijo, tratando de tranquilizar al joven.- Si Mislif te ha dicho eso, está en un error. Nunca la he considerado débil, al contrario; he admirado su capacidad, a pesar de ser mujer, de poder defenderse y luchar como lo hace, pero aún me preocupa que siga viajando, porque le falta mucho por aprender y temo por ella.
- ¿A sí¡Entonces, explícame el porqué del que ella esté tan triste!- dijo Oliv, sintiendo que su amiga había malinterpretado mal las palabras del Elfo y que él estaba haciendo el ridículo.
- ¿Mislif está triste?- murmuró Legolas extrañado.- No tenía conocimiento de eso.- se quedó pensativo unos momentos, cabizbajo.
Mislif, quien seguía oculta, sintió unos horribles deseos de tirarle a Oliv un dardo en la boca, pero sabía que su amigo lo hacía por cariño a ella. Sin embargo, no pudo evitar sentir una punzada de dolor, al ver el rostro apenado de Legolas. ¡Qué tonta había sido! Había dicho todas aquellas incoherencias frente a Oliv y ahora se arrepentía como nunca. Legolas pensaría que era un niña habladora, que además no sabía interpretar bien. Suspiró pesadamente, llamando, sin quererlo, la atención del Elfo, quien miró hacia la planta. Casi al mismo instante, Mislif se dio vuelta para sentarse, pero no porque se diera cuenta de lo ocurrido, sino que se sentía triste y quiso esconder la cara entre las rodillas.
- ¿No dirás nada más?- gruñó Oliv, quien estaba dispuesto a marcharse.
- N- no, creo que mejor no.- contestó Legolas, recordando que el joven estaba ahí. Sin embargo, no apartó la vista de la planta, en la que se ocultaba Mislif. Oliv no dijo nada más, sólo masculló una especie de despedida, de dudosa cortesía, y se retiró. Legolas suspiró y dando unos pasos hacia la planta, dijo.- Tienes un muy buen amigo, joven dama.- Mislif dio un respingo.- Se podría asegurar que te quiere mucho.
- Es bueno saber que alguien te quiere y no te trata como a una niña inútil.- murmuró Mislif fríamente.
- Sabes muy bien que nunca te haría algo así.- dijo Legolas con la voz más dura y, a la vez, dolida, que ella le pudo haber oído antes.- Mislif no sé de dónde sacaste tantas palabras, que de mi boca no salieron.
- Tal vez no salieron- replicó Mislif levantándose y enfretándolo -, pero sabes muy bien cómo lanzar indirectas bastante dolorosas.
- ¿Y por qué te afecta tanto?- preguntó Legolas con el ceño levemente fruncido.- Nunca creí que algo así te afectaría.
- Pues...- la joven sintió que enrojecía.- Porque, aunque me moleste decirlo, soy mujer y porque estoy en todo mi derecho a imponerme ante..., ante..., pues...
- ¿Ves que lo que dices no tiene sentido?- dijo Legolas dulcificando su rostro.- Joven dama, tú sabes que no he dicho nada para que te ofendas, sino que sólo quiero protegerte.- Mislif lo miró fijamente a los ojos, y ella sintió que todo desaparecía a su alrededor.- Todos, incluso los más sabios y ancianos, tenemos miedo del futuro que se acerca, pero tú no, y eso es sólo porque desconoces lo que pasa.
- ¿Y es culpa mía, acaso, que nadie quiera, por un maldito temor, contestar mis preguntas, si hasta tú, Legolas, te haz negado a hacerlo?
- No me negué, te dije que esperaras el momento.
- ¡Viene a ser lo mismo!- exclamó Mislif con vehemencia.- ¡Muy bien! Resumamos: yo te pregunto qué pasa y quiénes son "Los Nueve", tú me contestas que luego me lo dirás, aquella misma noche vas y me dices que vuelva a casa porque soy una ignorante de lo que aquí pasa y porque no soy lo demasiado fuerte, como a mi me gustaría. Y ahora me dices que es culpa mía, por así decirlo, que yo me sienta feliz y que no tema por lo que pasa...
- ¡Denuevo estás dando vuelta mis palabras!- exclamó Legolas con impaciencia.- ¡Mislif, escúchame bien!- dijo eufóricamente, tomándola de los hombros.- No te considero débil, sólo dije que tú tenías otra visión de ti, que no te va a ayudar. Además te pedí que volvieras a casa porque me preocupo por ti y porque me dolería mucho que algo te ocurriera; y si no te contestado a tus preguntas, es porque simplemente no es el momento.- se detuvo, como obligándose a dejar de hablar.- Todo lo que te he dicho- agregó dulcemente -, ha sido sólo porque te quiero mucho, tal vez no he llegado a tanto como el joven Olivorn, pero, al igual que él, me preocupo por ti, y mucho.
Mislif se sintió como una tonta. Intentó voltear la cara hacia otro lugar, que no fueran los dulces ojos de Legolas, pero éste le tomó el rostro con una de sus manos y le besó, con ternura, la frente.
Ahí fue cuando Mislif, la joven Estrella del Norte, se dio cuenta, al fin de lo que pasaba, del porqué de su enojo y su tristeza, del porqué de su desesperado viaje a Rivendel; y aceptó, a su pesar, que ya no era la chica que ella quería ser: fuerte e insensible, sino que se había transformado en lo que debía ser, y eso se refería a una sola cosa: estaba enamorada. Tanto que las únicas palabras de Legolas, para ayudarla, le habían caído como una bomba, no en su orgullo, sino en su corazón. Se había entristecido por el hecho de sentir que la persona que más quería la había tratado de, según ella, "poca cosa". Pero ahora sabía que no era así, ahora le encontraba sentido a la expectación que tenía por llegar rápido a Rivendel: verlo a él; ahora sabía el porqué de vergüenza siempre que Legolas la miraba.
Mislif sintió que el corazón se le iba a los pies, cuando volvió a la realidad luego de aquellos pensamientos, que duraron muy poco. Levantó la mirada y vio lo que menos quería ver: el rostro dulce de Legolas. Él sonrió, pero no recibió la respuesta que esperaba. Quería que Mislif le devolviera la sonrisa, pero ella se limitó a retroceder unos pasos, mirarlo como consternada, y girarse para entrar. Pero antes de que diera otro paso, Legolas la tomó de un brazo.
- Dime algo.- le dijo.- Lo que sea, pero no te vayas sin decirme cómo te sientes.
- Bien.- contestó ella rápidamente, sin mirarlo, con una voz que mostraba todo lo contrario..- Me siento muy bien, es más, nunca había estado mejor. Ahora, si no te molesta, quisiera entrar a la casa, ya debe ser hora de almorzar.- dicho esto, se soltó bruscamente del Elfo y, en el camino, suspiró con pesadumbre, dejando a Legolas bastante contrariado y triste.
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(1) ¡Nos vemos!
