Disclaimer: nada de lo que podáis reconocer me pertenece, todo es propiedad de J. K. Rowling. La canción que encontraréis más abajo es "Aftershock" de Demi Lovato y le pertenece totalmente. Este fic ha sido creado para el Amigo Invisible 2013-14 del foro la Noble y Ancestral Casa de los Black.
"Demasiado intenso, demasiado bueno"
Your lips conduct electric flow (Tus labios conducen electricidad)
Your kiss vibrates me head to toe (Tus besos me hacen vibrar de la cabeza a los pies)
Your touch is glowing in the dark (Tu toque brilla en la oscuridad)
Those neon eyes send me a blaze (Esos ojos de neón me envían llamas)
Ginny sonrió viendo la forma en que Harry se empeñaba en llamar su atención. Eran pequeños gestos: un roce accidental, una mirada intensa, sonrisas sin razón...Ginny sabía que estaban jugando, tanteando y seduciéndose. Era algo que nunca antes habían hecho y de lo que, aunque intentaban ser discretos, toda la familia Weasley se había dado cuenta. De pronto los días que pasaba en el piso se hacían más difíciles de llevar y se encontraba muchas veces sonriendo por volver el domingo a la Madriguera, sólo para almorzar con Harry.
Ginny pensó durante varios minutos qué podría ponerse. No quería ser demasiado obvia pero tampoco quería ponerse sus vaqueros de siempre. Por otra parte, Hermione le había comentado alguna vez que lo que a Harry más le gustaba de ella era que no se escondía bajo kilos de maquillaje y ropa, que siempre había sido muy natural. Entonces, lo mejor sería ir como siempre: vaqueros, camiseta y zapatillas. Pero, ¿y si Hermione se equivocaba? Oh, todo había sido más sencillo en sexto, cuando creía que Harry no estaba interesado.
Se envolvió en una bata cuando escuchó el timbre. Esperaba que fuese Audrey, quien podría asesorarla pero no encontraba ninguna razón por la que su cuñada hubiese decidido pasar por su casa. Sin embargo, sus divagaciones terminaron cuando vio a Harry al otro lado de la puerta. Por suerte, le había crecido el pelo por lo que ahora cada mechón apuntaba hacia un lado, justo de la forma que le gustaba a Ginny.
Ambos sonrieron.
—Hola—la saludó, aún fuera del piso.
—Hola—contestó, sintiéndose como si volviese a tener doce años.
Le dejó pasar y le indicó la silla junto a la barra de desayuno.
—George me ha pedido que viniera a buscarte—la informó, antes de que ella pudiera preguntar.
—¿Y eso? Es muy raro, ¿no te parece?—Ginny frunció el ceño, pensando en las intenciones de George. Mientras servía dos tazas de té, llegó a la conclusión de que seguro que Audrey también estaba metida en el ajo.
—Bueno, parece que tiene algún tipo de plan. Seguro que sólo quería darnos algo de tiempo a solas.
—Sí, supongo que sí.
—¿Esta vez no vas a echarme?—le preguntó Harry, levantando la taza de té.
—Depende de cómo te portes—le contestó Ginny fingiendo un tono estricto y amenazador.
Ambos rieron suavemente.
Bebieron el té y charlaron de cosas sin importancia. Mientras se vestía, Ginny le contó sus más y sus menos con su compañera de trabajo, así como la desastrosa prueba que tuvo para las Holies. Harry trató de subirle el ánimo y le narró una divertida situación que había vivido en Australia con un dependiente libanés.
—Creo que deberíamos irnos—señaló Harry—. ¿Te desapareces conmigo o lo hacemos juntos?
—Juntos está bien—aceptó Ginny, con voz falsamente inocente.
—Como quieras.
Harry se acercó a ella y le rodeó la cintura con un brazo. Ginny fui inmediatamente consciente de lo cerca que estaban sus cuerpos. Sentía el calor de Harry contra ella y su olor, ligeramente almizclado, llenaba sus fosas nasales. Sin darse cuenta, aspiró el aroma con fuerza lo que hizo reír a Harry. Ginny se sonrojó al mismo tiempo que el hombre giraba y parecían entrar en el tubo de una manguera. El aterrizaje no fue todo lo suave que pudo haber sido pero nada le importaba a Ginny menos en ese momento como la forma en que sus pies habían dado con el suelo.
—¿Me guardas un secreto?—susurró Harry y Ginny asintió, incapaz de decir algo—. Todavía no tengo la licencia.
Ginny rió temblorosamente. Sus miradas se cruzaron y el aire se quedó estático, cargado de electricidad. Harry se acercó ligeramente a ella, esperando a que ella diese el primer paso. Y Ginny estaba decidida. Ya le había perdonado, habían pasado semanas acercándose para después alejarse. Era el momento. Ginny acortó el espacio entre ellos y sus labios se encontraron.
Ginny sintió como si algo explotase en su interior. Había pasado tanto tiempo desde que se besaron así. Era un beso demandante, desesperado. Se necesitaban al uno al otro de una forma que ni siquiera llegaban a entender. Enredó las manos en su pelo, revolviéndolo todavía más. Las manos de Harry quemaban en su cintura y dejaban un rastro ardiente mientras subían un poco más. El oxígeno se convirtió en algo secundario y Ginny sintió que comenzaba a marearse. Le daba igual, de hecho, podía morirse en ese mismo instante con tal de no separarse de Harry.
—Bueno, bueno, chicos. Dejadlo ya, anda, que hay hermanos delante.
Se separaron rápidamente al darse cuenta de que estaban delante de toda la familia, en mitad del jardín delantero. Ginny levantó la cabeza con dignidad al ver a George que se reía de ellos junto a Audrey.
—Chicos, no sabía que fuerais tan efusivos—dijo su cuñada, secándose falsas lágrimas de la risa.
—Oh, cállate—replicó Ginny, tomando de la mano a un avergonzado Harry.
—Eso, Audrey—le escucharon decir a George—. Cállate y bésame ahora que Percy no está mirando.
Ambos escucharon sonidos de succión y se giraron para ver cómo Audry y George fingían besar a alguien imaginario. Hasta tenían los ojos cerrados. Harry y ella se miraron y se echaron a reír, preparándose mentalmente para un almuerzo de lo más escabroso.
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