¡Holitas a todos! Antes que todo quiero disculparme por demorar
tanto, pero (aunque las excusas sean mal vistas) debo decir que salí de
viaje con mi curso. Bueno, espero que este capítulo les guste, ya que es la
continuación del enredo recién formado entre Mislif y su revelación
amorosa. Pero, mejor no adelantaré nada y lean por ustedes mismos.
¡Ah! Se me olvidaba... Muchas gracias a todos los que se han
integrado a la lectura de este fic desde hace poquito tiempo, porque me dan
más ánimos para escribir... Al igual como lo hacen las amenazas de mi
querida amiga Eärwen.
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LA ESTRELLA DEL NORTE
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CAPÍTULO 7
"LA LLEGADA DEL ANILLO ÚNICO"
20 de
Octubre.
- No es posible. No, no puede serlo.- se repetía, mentalmente, Mislif, mientras, al día siguiente, paseaba solitaria por un corredor de la Casa de Elrond. La joven se sentía desanimada desde la tarde anterior, en que se había dado cuenta de que ya no era la persona que ella quería ser, sino que se había dejado llevar por la naturaleza de la vida. En otras palabras, estaba enamorada. Lo peor, para ella, no era que se tratara de su amigo, Elfo por añadidura, Legolas, sino que¡ella, Mislif, se había enamorado. Había entrado en aquello que tantas náuseas le daba¡el amor! Aunque... no sabía porqué, pero no había sentido náusea alguna cuando se daba cuenta de lo que ocurría y recordaba el rostro dulce y hermoso de Legolas.
Mislif caminó un rato casi sin fijarse de lo que hacía, en parte porque estaba muy cansada, ya que no había dormido la noche anterior, lo que sumaba ya dos noches sin hacerlo. Aquello provocaba que se sintiera algo mareada y torpe, lo que hizo que chocara de frente con alguien. Al levantar la mirada, se encontró con Elmair, un Elfo que servía en la casa, quien dijo:
- Joven dama, me han pedido que le entregue un mensaje, por parte del señor Enano Glóin, quien pide hablar con usted.
- ¡Oh, muchas gracias por decirme!- dijo Mislif haciendo una pequeña reverencia.
- No es nada.- contestó Elmair.- ¿Desea que la acompañe hasta la sala de reuniones, donde se encuentra el señor, o prefiere ir sola?
- Iré sola. Gracias.- dijo Mislif y se separó del elfo. La joven llegó hasta la sala de reuniones de la casa y, al entrar, pudo ver a Glóin, muy nervioso, que caminaba de un lado para otro. Al verla, el Enano dio un respingo, pero, casi al instante, sonrió.- ¿Deseaba usted hablar conmigo, señor?- preguntó Mislif acercándose.
- Sí, sí.- contestó Glóin.- Me alegro que haya venido tan rápidamente, aunque lo que tengo que decirle, bueno, no sea de su agrado, porque sé muy bien que no debo entrometerme en su vida y...
- No se preocupe. Dígame.- motivó Mislif, preguntándose qué le diría el Enano.
- Bueno, yo quería saber si usted..., usted regresará a Pueblo Gris, pues Selin y otros enanos volverán a la Montaña Solitaria, en compañía de los Beórnidas.- dijo Glóin.- Le pregunto porque sería mucho mejor para usted y para el joven Olivorn viajar con ellos.
- Agradezco mucho sus intenciones, señor.- dijo Mislif.- Pero me temo que no volveré aún a casa. Prefiero permanecer un tiempo en Rivendel.
- Muy bien.- sonrió Glóin.- Joven dama...- añadió, luego de una pausa -, prométame que se cuidará. El corazón me dice que sus futuros días no son lo que muchos esperamos.
- No se preocupe, me cuidaré.- contestó la joven saliendo.- Muchas gracias denuevo. Nos vemos.- Mislif caminó, pensativamente, por el corredor hasta llegar al umbral, que conectaba el interior con el jardín, y ahí suspiró diciendo.- Todo esto es tan extraño. No me gusta nada.- comenzó a recorrer el jardín, donde se oía lejano el canto de algunos elfos, tratando de no pensar en lo que más ocupaba sus pensamientos: Legolas. Sin embargo, comenzó a sentirse mareada y pasó una mano por su frente. Pero el cansancio fue mayor y, casi sin notarlo, la cabeza comenzó a darle vueltas, y cayó de bruces al suelo.
- ¡Joven dama!- susurró una voz en su oído.- ¿Estás bien?- la joven abrió los ojos, pero, casi al instante, deseó nunca haberlo hecho, porque se vio sentada en el regazo de Legolas, siendo rodeada por los brazos de éste. Ambos estaban sentados en un banco del jardín, bajo un precioso árbol.- ¡Al fin despiertas, Mislif!- sonrió él.- Me asusté mucho cuando te vi tirada en el suelo. No es algo común aquí.
Mislif no contestó, es más, casi ni se inmutó. Por extraño que parezca, sus mejillas no se colorearon al ver a Legolas; sólo notó que su corazón latía más rápidamente, al sentir el tibio contacto con el cuerpo del Elfo. Aún así, no hizo más que mirarlo fijamente a los ojos y no apartar la mirada por varios segundos.
- ¿No haz estado durmiendo, verdad?- preguntó Legolas mirándola con detenimiento.
- No.- limitóse a contestar Mislif, con una voz suave y triste.
- ¿Estás triste por algo¿O es que aún sigues molesta conmigo?
- No.- repitió sin despegar la vista. Hablaban en susurros, que podían ser inaudibles aún para los elfos.
- ¿Qué te tiene tan preocupada?
- No lo sé.- contestó Mislif.- Tal vez me he enfermado, enfermado de algo que nunca soñé.
- ¿Y me quieres decir qué es aquello?- preguntó Legolas, clavando fijamente sus claros ojos en los verdes de ella.
- Creo que... mejor no; aún no.- luego de decir esto siguió un prolongado silencio, donde Mislif deseaba con todo su ser que el tiempo se detuviera y que ambos se quedaran así, tal como estaban. De pronto, la joven sintió una punzada de dolor en el pecho, que hizo que lanzara un pequeño gemido.
Legolas, al notar aquello, nada dijo, pero en sus ojos apareció un extraño brillo, que Mislif no supo definir. La joven sintió como él la estrechaba con más fuerza entre sus brazos. Mislif cerró los ojos deseando que aquello no terminara nunca, pero Legolas dijo al fin:
- Lo mejor será que te acuestes y descanses. Te hará bien dormir y que te atiendan.
- Tal vez.- contestó la joven suspirando. Sin embargo, ninguno de los dos se movió durante unos segundos. Legolas tomó dulcemente su mano y la ayudó a levantarse. Al principio se tambaleó, pero logró avanzar en dirección a la casa. El Elfo la sujetaba de un brazo, pero, de pronto, se detuvo. Miró hacia el ocaso, que era visible y hermoso en las montañas, y suspiró. Entraron en la casa y él la acompañó hasta su habitación; ahí le dijo que se acostara y durmiera. Legolas se preparaba para salir, cuando Mislif, medio dormida, sujetó con fuerza una de sus manos con las suyas, y dijo.- Legolas, discúlpame si he sido grosera últimamente, pero..., pero ni siquiera yo sé bien qué me ocurre.
- No te preocupes, joven dama.- sonrió él, acercándose y besándole la frente.- Descansa y mañana nos veremos.- Mislif soltó su mano y casi al instante el sueño se hizo dueño de su cuerpo. Legolas se quedó unos momentos mirándola con ternura.- Descansa, joven dama. Te hará bien solucionar aquellas preocupaciones que tanto te perturban.- susurró antes de salir.
Horas más tarde, Legolas se encontró con Oliv, quien, al verlo, dijo rápidamente:
- Quiero disculparme contigo, Legolas. No debí hablarte como lo hice ayer, pero muchas veces me dejo llevar por impulsos. Además, hoy...- parecía ser que le costaba mucho hablar -, hoy vi cómo cuidaste de Mislif en el jardín, así que te agradezco eso.
- No te preocupes por lo de ayer.- contestó Legolas.- Y no me agradezcas lo de Mislif, porque es todo un placer para mí cuidar de ella. Es una joven, a quien quiero mucho y de quien me preocupo bastante además.
Luego de arreglados los problemas entre ambos, fueron a conversar a una salita, donde el principal tema de conversación fue Mislif. Sin embargo, su plática fue interrumpida por una gran noticia: acababa de llegar el hobbit que todos esperaban. Había sido perseguido por los Jinetes Negros, pero gracias a Glorfindel, un poderoso elfo, llegó a salvo a Rivendel. Causó tal conmoción que el silencio parecía dominar el lugar; sólo Elrond, Gandalf y Bilbo pudieron conversar, aunque brevemente, con los recién llegados, que eran tres pequeños hobbits, en compañía de un hombre que tenía una hirsuta cabellera oscura, ojos grises y perspicaces en una cara pálida. Vestía unas ropas de viaje bastante gastadas, con lo que resaltaba bastante en el interior de la casa. Oliv se preguntó quién sería.
Las noticias que siguieron fueron, al parecer, bastantes preocupantes. Uno de los viajeros, hobbit, venía herido, y Elrond fue, personalmente, a intentar curarlo. La única persona que no parecía notar lo tenso del ambiente era Mislif, quien dormía plácidamente y en sus sueños todo era una joven felicidad. Se sorprendió bastante al despertar, a la mañana siguiente, y ver las caras graves de todos.
- ¿Quién murió?- dijo sarcástica al oído de Oliv.
- Nadie aún.- contestó Oliv sin comprender del todo.
- ¿Quieres decir que hay alguien herido?- inquirió la joven sorprendiéndose.- No puede ser... ¿o sí?
- Eso he oído.- musitó Oliv.- Anoche llegaron unos sujetos muy extraños, según mi opinión. Uno es un humano, de aspecto demasiado severo, que no me gustaría tener como enemigo; y los demás son hobbits, como Bilbo, pero más jóvenes. Parece ser que están descansando.
- ¿Y uno de ellos está herido?
- Sí. Fue uno que llegó antes, en compañía de un elfo. Elrond está cuidando de él, porque parece que la cosa es grave.
- ¡Uy! Ojalá que no.- dijo Mislif mirando a su alrededor.- ¿Has visto a...?- se detuvo enrojeciendo.
- ¿A quién¿A Legolas?- sonrió Oliv con picardía.- Está afuera, creo. No ha hecho nada más que conversar con una dama elfa. Me parece que se llevan muy bien.
- ¿Dama elfa?- gruñó la joven, sintiendo que su sangre ardía.
- Oh, no estarás celosa¿o sí?- rió su amigo.- Te estoy mintiendo. Está afuera, pero no sé con quién. ¿Irás a hablar con él?
- No. Aunque, me gustaría darle las gracias por... por lo que hizo ayer.
- ¡Oh, no te preocupes! Yo ya lo hice.- sonrió, con satisfacción, Oliv.
- ¿Qué...?
- Lo que oyes. Le agradecí que te hubiera cuidado ayer.- contestó su amigo.- Bueno, no te enfades.- en las palabras que siguieron habló con voz soñadora y burlona.- Pero es que no pude evitar ver cómo él te tenía entre sus brazos y cómo tú te dejabas querer.
- ¡Por Elendil, Oliv!- exclamó Mislif ruborizándose.- ¡No seas idiota! Estaba cansada y me sentía mal.
Ambos jóvenes estuvieron en una salita, conversando sobre muchas cosas, aunque, casi todas, trataban en adivinar que era lo que pasaba. Al cabo de unas horas, entró en la habitación Gandalf, con el rostro grave y preocupado. Se sentó en una butaca bastante grande y parecía dormitar. Mislif y Oliv se miraron, como dispuestos a salir y dejar descansar al mago, pero éste, al ver aquello, dijo:
- Ya es hora de que se enteren de lo que pasa. Tienen derecho a saberlo.
Mislif y Oliv volvieron a cruzar una mirada, esta vez de sorpresa, pero obedecieron y se sentaron en sus anteriores asientos. Gandalf se acomodó, suspiró y comenzó. Así les contó la historia más extraordinaria que cualquier otra que pudieron haber oído antes. Les habló de un Señor Oscuro, llamado Saurón; de unos anillos que éste había creado; también de una guerra pasada, por la culpa del anillo más poderoso de todos, el Anillo Único de Saurón, el del poder, el que gobernada a todos, y que ahora, luego de muchos años, había vuelto. De pronto, se detuvo y no añadió palabra alguna, hasta que Mislif comentó:
- Yo había oído nombrar a Saurón, pero nunca por aquello del Anillo, sino que lo veía como una especie de Sombra Negra que se extendía en el Sur. Pero no creí que la historia tuviera tantos años y tanto misterio.
- Y aún no termina.- dijo Gandalf.- Todo esto está recién empezando. ¡Oscuros son lo días que nos esperan!
- ¿Y dónde está, ahora, el Anillo?- preguntó Mislif.
- Me es imposible decírtelo, joven dama.- contestó el viejo mago.- Pero te diré que está a salvo, por el momento.- suspiró.- Espero que esto les haya contestado muchas de sus preguntas, queridos jóvenes.- dijo levantándose.- Me debo ir, puesto que necesito conversar con algunas personas. Con su permiso.
- Adelante. Muchas gracias.- dijo Mislif. Hubo una pausa, bastante larga, donde los dos estuvieron tratando de visualizar el temible problema que acontecía, hasta que Mislif murmuró, con los ojos cerrados.- "Tres anillos para los Reyes Elfos bajo el cielo. Siete para los Señores Enanos en casas de piedra. Nueve para los Hombres Mortales condenados a morir. Uno para el Señor Oscuro, sobre el trono oscuro en la Tierra de Mordor donde se extienden las Sombras. Un Anillo para gobernarlos a todos. Un Anillo para encontrarlos. Un Anillo para atraerlos a todos y atarlos en las tinieblas, en la Tierra de Mordor, donde se extienden las Sombras."- luego abrió lentamente los ojos, encontrándose con la mirada estupefacta de Oliv, quien tenía la boca entreabierta de la sorpresa.- Es lo que decía el libro de tu Tío Bal.- explicó la joven.- Ahora acabo de recordarlo. Ahí hablaba del Daño de Isildur, el hijo de Elendil, quien cortó la mano de Saurón, la que tenía el Anillo Único, con la espada rota de su padre. Pero no logro recordar lo que seguía, es que tantos nombres y lugares que no conozco me confunden.
- Aún así tu memoria es excelente, amiga mía.- dijo Oliv.- Recordar aquellas palabras es algo digno de mencionar como admirable, y más si no conoces lo que lees.
- Gracias.- contestó Mislif.- ¿Te das cuenta de lo que ocurre, Oliv?- dijo ella, cambiando el tema.- Es demasiado extraño todo esto, más de lo que creíamos. Mas me cuesta mucho tratar de visualizar todo lo que pasa. Gandalf fue muy amable al contarnos lo que ocurría; debió de vernos con una cara de idiotas.- añadió riendo.- Pero bueno...- suspiró.
- A mí también me cuesta ver todo esto con claridad.- comentó Oliv.- Aunque, me temo que ni siquiera ellos, los más viejos y sabios, lo vean claro. Además, Gandalf dijo: "Todo esto está recién empezando." No me gusta nada; si mi padre supiera todo lo que pasa, se iría a esconder en las Montañas Grises y nunca saldría de ahí. Espero que todo esté bien por esos lugares.
- "Voy y vuelvo..."
- ¿A dónde?
- Esas fueron las palabras que le escribí a mi madre antes de salir.- murmuró Mislif con tristeza.- Debe de estar muy preocupada; hace tiempo que no sabe nada de mí.- de pronto, se le vinieron a la mente las palabras del Enano Glóin.- ¡Selin!- exclamó.- ¡Selin y otros enanos volverán a la Montaña Solitaria!
- ¿Es cierto eso?
- Por supuesto.- contestó la joven.- El señor Glóin me lo dijo ayer. Me preguntó si volvería a Pueblo Gris y yo le dije que no, pero puedo mandarle una carta a mi madre.
- Mislif...- balbuceó Oliv cabizbajo.
- Dime.
- ¿Te molestaría que yo volviera a Pueblo Gris con ellos?- musitó apenado.- Es que tengo muchos deseos de volver a casa. No es que no me guste este sitio, al contrario, considero que es increíble, y tal vez sea por eso; demasiada maravilla parece cansarme.
- Pero Oliv¿cómo va a molestarme que regreses a casa?- dijo Mislif sorprendida.- ¡Muy bien! Entonces enviaré la carta a mi madre contigo.
- Ni un problema.- contestó Oliv, a la vez que la puerta se abría y entraban dos pequeños hombrecillos. Eran hobbits y se veían bastante jóvenes, con respecto a Bilbo.
- Buenas tardes.- saludó sonriente uno de ellos.- Lamentamos interrumpir tan agradable cita, pero mi amigo y yo estamos conociendo la casa.
- No se moleste, señor hobbit.- contestó Oliv.- Y esto no es una cita.
- ¿A no? Bueno, pero permítanme presentar.- dijo.- Mi nombre es Peregrin, Pippin, Tuk, de la Comarca. Mi amigo es Meriadoc, Merry, Brandigamo, también de la Comarca.
- Encantados.- dijo Mislif, sin poder retener una sonrisa.- Mi nombre es Mislif, de las Tierras Grises del Norte. Mi amigo es Olivorn, también del mismo lugar. ¿Puedo hacerles una pregunta?
- Claro.- dijo Merry.
- ¿Ustedes son de los viajeros que llegaron anoche?
- Así es.- dijeron los dos hobbits al mismo tiempo.- ¡Vaya viajecito que nos hemos mandado!- sonrió Pippin.- Casi no puedo creer que estemos aquí. Debo decir que esta casa nos ha gustado mucho; es muy grande y tranquila, tal vez demasiado para nosotros.
Los días que transcurrieron fueron más tranquilos y menos densos. Merry y Pippin se hicieron muy buenos amigos de Mislif y Oliv, y parecía ser que se conocían desde hace mucho tiempo. Los cuatro se divertían muchísimo y reían la mayor parte del día. Mislif se topó muy pocas veces con Legolas, pero alcanzó a agradecerle por haberla cuidado. Los jóvenes también conocieron a Sam, Samsagaz Gamyi, otro amigo de Merry y Pippin, quien era más robusto que ellos dos, y que parecía estar todo el día al cuidado de "su señor", como lo llamaba, que era quien estaba herido, pero estaba mejorando. Los hobbits le dijeron que su nombre era Frodo Bolsón y era sobrino de Bilbo, a quien ya conocían.
Al tercer día de la llegada de los hobbits se oyó una gran noticia: Frodo había despertado. Gandalf, Mislif, Oliv, Merry y Pippin se hallaban en un pórtico que miraba al este, en un jardín elevado sobre el barranco escarpado del río Bruinen, que pasaba por Rivendel. Los cuatro estaban conversando alegremente, cuando, en la entrada, apareció Sam, seguido de otro hobbit, que debía de ser Frodo, según Mislif. Al verlo, los dos hobbits se sorprendieron mucho.
- ¡Hurra!- gritó Pippin incorporándose de un salto.- ¡He aquí nuestro noble primo!- dijo dirigiéndose a Mislif y Oliv.- ¡Abran paso a Frodo, Señor del Anillo!
- ¡Calla!- dijo Gandalf, desde el fondo sombrío del pórtico, dirigiendo una rápida mirada a los jóvenes.- Las cosas malas no tienen cabida en este valle, pero aún así es mejor no nombrarlas. El Señor del Anillo no es Frodo, sino el amo de la Torre Oscura de Mordor¡cuyo poder se extiende otra vez sobre el mundo! Estamos en una fortaleza. Fuera caen las sombras.- todos miraron a Gandalf con cierto desdén y reproche, pues ya había repetido bastante aquellas palabras.
- Gandalf ha estado diciéndonos cosas así, todas tan divertidas.- dijo Pippin, intentando no reír.- Piensa que es necesario llamarme al orden, pero de algún modo parece imposible sentirse triste o deprimido en este sitio.- agregó mirando a Mislif, quien le devolvió la sonrisa que le mostraba.- Tengo la impresión de que podría ponerme a cantar, si conociese una canción apropiada.
- Yo también cantaría.- rió Frodo.- ¡Aunque por ahora preferiría comer y beber!
- Eso tiene pronto remedio.- dijo Pippin.- Has mostrado tu astucia habitual levantándote justo a tiempo para una comida.
- ¡Más que una comida¡Una fiesta!- dijo Merry, dando unos pequeños saltitos de alegría.- Tan pronto como Gandalf informó que ya estabas bien, comenzaron los preparativos.
Apenas había acabado de hablar cuando un tañido de campanas los convocó al salón de la casa. Pero antes, Merry y Pippin presentaron a Mislif y a Oliv, quienes demostraron su alegría al ver a Frodo de pie y en buenas condiciones. Esa tarde, en el salón de la casa de Elrond, hubo grandiosa comida, además estaba colmado de gente. Todo pareció alegría y tranquilidad, en especial para Mislif, quien se sentó junto a Legolas y disfrutó aún más de la fiesta. Se pudo ver que Frodo había conocido al señor Glóin, pues habló mucho con él.
Terminado el festín, Mislif salió al jardín, en compañía de Legolas, con quien paseó un buen rato. Oliv, Merry y Pippin fueron a descansar en alguna salita, porque estaban muy satisfechos y se sentían somnolientos. Los demás invitados, Elrond, su hija Arwen, y Frodo entraron en la llamada Sala del Fuego, que era una habitación grande, con una amplia chimenea entre pilares tallados.
- Mañana se realizará el Concilio de Elrond.- comentó Legolas.
- Ahí se decidirá lo que se hará con el Anillo¿verdad?
- Así es.
- Espero que todo salga bien, pues, por lo que sé, en reuniones como esas, siempre termina habiendo discusiones.- sonrió Mislif.
- Esperemos que no. Es demasiado importante este Concilio.- dijo Legolas, luego entraron en la casa, donde se reunieron con los demás en la Sala de Fuego.
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Lo sé, lo sé... No fue un capi muy emocionante, pero no podía dejar de escrbirlo... Pero les aseguro que el próximo estará mucho mejor. Bueno, otra cosa, si se dieron cuenta escribí unos diálogos textuales del libro, y eso es para que Mislif intervenga de manera más apropiada en el transcurso de la historia. Espero que este capi les haya gustado de todas maneras y que me dejen algún review. ¡Nos vemos!
