LA ESTRELLA DEL NORTE

¡Holitas a todos! Muchas gracias por los reviews. Les cuento que, al igual que el capítulo anterior, este también tendrá fragmentos del libro original, para que se entienda mejor la historia y la participación de Mislif en ella. Así que espero que no les moleste.

Ahora, a responder reviews:

Lothluin: Me alegra mucho que te hayas enamorado de la historia, pues yo la escribo con muchas ganas y cariño. También me gustó la descripción que haces de Mislif y me parece raro que no te atraiga el bello de Legolas... pero bueno... Trataré de leer tu fic y gracias por tu review.

Earwen Holly Eressea: Sí, lo sé, lo sé... fue cortito, pero como tus cogoteros me intimidaron y como ya tengo listos trece capis del fic me decidí a bajar este rapidito, con decirte que el otro día estuve caminando por la calle me saltó un tipo encima con un arma corto-punzante y me dijo que tenía órdenes de intimidación, aunque no se me pasó por la cabeza pensar que eran tus cogoteros. Jejeje Bueno, con respecto a lo de Mislif y Legolas, sólo te digo que lo que viene no lo esperas...

Cass Metallium: Jejeje, gracias por tus palabras y me alegra mucho que te haya gustado mi fic. Y para que tu curiosidad te deje en paz, aquí va el siguiente capi.

Lady-Morgaine-III: Gracias por tu review y que rico que te haya gustado el fic sin ser muy fanática de El Señor de los Anillos, aunque... no olvides mis palabras... ¡Todos terminan doblegándose a él! Jejeje

LegolasMirkwood: Jajaja,¡cómo me hiciste reír con tu review! Muchas gracias por escribirlo y espero que no te salga muy caro el suero para la próxima vez y... si casi lloras con lo del desmayo de Mislif prepárate para lo que vendrá luego.

Enelya Sregon: Gracias por tu review y ojalá lo sigas leyendo y yo por mi parte intentaré leer el tuyo, porque parece que son historias parecidas.

Kmila: Gracias por tus dos reviews seguidos y me alegra que te haya gustado este fic. Admito que Mislif es de lo más testaruda y me... veo reflejada en ella. Jejeje. Espero que te guste este capi.

Lórien Potter: Gracias por tu review y espero que te sigas emocionando como de costumbre. Jejeje

Sakura Granger: Holitas Sakurita. Gracias por tuS reviewS y espero que los sigas disfrutando, los capis. Si quieres ver algo romántico no te despegues de este fic.

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CAPÍTULO 8

"RENACE EL VIAJE"

- ¡Al fin se llevará a cabo ese Concilio!- gruñía Gimli, hijo de Glóin, a la vez que Mislif, la joven Estrella del Norte, miraba a su alrededor con aire pensativo. No sabía porqué, pero se sentía cansada; había dormido muy bien últimamente, a pesar de la cantidad de problemas que parecían crecer afuera de la fortaleza que era el Valle de Rivendel, y, sin embargo, se agotaba con facilidad. Mislif miraba, ensimismada, las copas de los árboles, mientras Gimli y Oliv conversaban animadamente, paseando por un jardín.- ¿Qué te pasa, chiquilla?- preguntó el Enano sonriendo.- No haz dicho palabra alguna, lo que es bastante extraño, debido a tu elocuencia normal.

- ¡Te dijo habladora empedernida!- rió Oliv.- Yo que tú le lanzo unos tres dardos en la boca, mi querida amiga. ¡Nadie te llama pajarraco hablador!

- ¡Oye, jovencito¡Yo no dije nada de eso!- replicó Gimli, sin poder evitar reír.- Sólo dije que...

- ¡Admítelo, Gimli! La llamaste pajarraco hablador.- dijo Oliv riendo.- ¡Mislif¡Oh, no! Va a llorar. ¡Mira lo que hiciste, Gimli!

Mislif, quien seguía el juego de Oliv, se tapó la cara con las manos y comenzó a fingir unos sollozos, que pusieron nervioso a Gimli, y comenzó a desesperarse al ver que no podía hacer nada.

- Yo... ¡Yo no dije...!- balbuceó anhelante.- Sólo...

- ¡No, Gimli! Acéptalo. La trataste mal.- repetía Oliv.

- Creo que ya es suficiente.- dijo Mislif sacando las manos de su cara.- Lo siento, Gimli, fue sólo una broma.- el Enano gruñó, se enojó, rió otro poco, y luego de gruñir denuevo, se despidió. Oliv estaba de excelente humor desde hacía varios días atrás; a partir de cuando había conocido a los traviesos Merry y Pippin, quienes no paraban de reír junto a él. Mislif, por su parte, estaba más seria de lo normal. No hablaba mucho; de repente, se daba cuenta que estaba mirando a un punto fijo desde hacía varios minutos; suspiraba bastante y confundía a todas las personas, creyendo ver, a pesar suyo, a Legolas. Aunque, no sólo por él estaba intranquila, sino porque su corazón le decía que pronto pasaría algo.

Aquella mañana era realmente bella. Se respiraba tranquilidad en el fresco aire matutino y el dulce aroma de los árboles parecía ser más notorio que nunca. El Sol era pálido y brillaba en la tranquila corriente del río Bruinen y en las lejanas montañas, las cuales eran blanqueadas por la nieve. Mislif y Oliv estuvieron paseando un buen rato, debía de ser temprano, pero ya se sentía movimiento dentro y parecía ser que se preparaba algo. De pronto, cuando llevaban un buen rato sentados al pie de un frondoso árbol, se escuchó el claro tañido de una campana.

- ¿Qué será?- preguntó Oliv.- No creo que sea hora almuerzo¿o sí?

- Creo que esos pequeños hobbits te pegaron su acostumbrado apetito, mi querido Oliv.- rió Mislif.- Pero no debe de ser eso. Mira el Sol; aún no es hora de almorzar. Debe ser... el Concilio de Elrond.

- ¿Es para llamar a las personas que asistirán, verdad?

- Supongo. ¿Por qué no vamos a ver?- dijo Mislif. Oliv asintió, y juntos se encaminaron a la casa, cruzándose, al pie de una escalera, con Legolas, quien iba vestido de castaño y verde.- Buenos días.- saludó la joven.- ¿Vas al Concilio?

- Buenos días, a los dos.- respondió el Elfo.- Así es. Debo ir para entregar un mensaje de mi padre.

- Oh..., muy bien.- suspiró Mislif, extrañamente desanimada. Legolas sonrió en forma de despedida y salió hacia un pórtico, donde se llevaría a cabo el Concilio. Unos elfos impidieron el paso a Mislif y a Oliv, diciendo que sólo se admitirían personas aceptadas, o que su presencia era esencial para la reunión. Defraudados y casi molestos, ambos jóvenes dieron media vuelta. Al instante, se encontraron con Merry y Pippin, quienes, aparentemente, acababan de terminar su segundo desayuno. Oliv fue con ellos a la Sala del Fuego para cantar un rato con los hobbits las canciones que éstos le habían enseñado. Sin embargo, Mislif se sentía lo suficientemente ahogada como para ir a aquel lugar, así que decidió salir al jardín, que se había transformado en su lugar favorito. Estuvo paseando, pensativa, unos minutos, hasta que algo llamó su atención. Con el entrecejo fruncido, distinguió el pórtico en que se estaba llevando a cabo el Concilio; pudo ver las cabezas de las personas ahí presentes, pero había algo extraño. ¡Una sombra! Había alguien sentado en un rincón, oculto a la mirada de todos. Silenciosamente, Mislif se acercó, intentando no hacer el menor ruido. Cuando estuvo bastante cerca, distinguió a la figura: era Sam.- ¡Sam!- le susurró, mientras se oía la voz de Elrond, que decía: "He aquí, amigos míos, al hobbit, Frodo, hijo de Drogo. Pocos han llegado atravesando..."- ¡Sam!- repitió susurrando.- ¿Qué haces ahí?

- ¡Oh, señorita Mislif!- contestó el hobbit dando un respingo.- Me he escondido para poder oír lo que aquí se diga. Aunque sé que estoy haciendo algo malo, no pude evitar que el señor Frodo entrara ahí y...

- ¡Ya cállate, Sam!- le interrumpió Mislif.- No voy a regañarte, puesto que yo también quería oír lo que dirían. Así que muévete un poco para dejarme espacio.- Sam se movió, obediente, entrando aún más en las sombras de aquel rincón, donde Mislif se acomodó a su lado, sin ser percibida por oído alguno. Fue entonces, cuando pudo ver, por primera vez, a Aragorn, hijo de Arathorn; y, a pesar de que calzaba muy bien con la definición que había hecho Oliv de él, pensó que era atractivo. Mislif escuchó con mucha atención cada palabra que ahí se dijo; oyó con mucha atención el relato de Gandalf, y se asustó un poco cuando se sintió que una sombra pasaba sobre el Sol, y el pórtico se oscurecía, al decir el viejo mago las siguiente palabras: "Ash nazg durbatulûk, ash nazg gimbatul, ash nazg thrakatulûk agh burzum-ishi krimpatul." También, Mislif oyó atentamente lo que Legolas tenía que decir sobre una criatura llamada Gollum, que se había escapado del Bosque Negro, donde la tenían prisionera. Ahí, la joven recordó que Legolas ya había conversado de aquello con Hasym, hacía varios días atrás:

"- Fuimos atacados por orcos de las montañas, hace un tiempo; una noche de verano.- había comentado el Elfo seriamente.- No estaban acostumbrados al bosque, así que los eliminamos y rechazamos pronto; pero se llevaron a una pequeña criatura que teníamos a nuestro cuidado. ¿Has oído hablar de Sméagol, o Gollum?

- Difícil es no haber oído de esa pobre criatura.- había murmurado Hasym.- Me han llegado historias de las más fantásticas. Como una que decía que el antiguo Daño de Isildur estuvo en manos suyas.

- Mucha verdad tiene lo que dices.- había dicho Legolas.- El Señor Oscuro lo ha estado buscando y, al parecer, logró encontrarlo. Suponemos que lo tendrá con él, en la oscuras tierras de Mordor."

El Concilio duró muchísimo tiempo, o al menos eso pareció, porque la tan anhelada campana del mediodía, que también anunciaba el almuerzo próximo, sonó como un milagroso llamado al descanso. Al final de todo, la fatiga que Mislif se había relegado a un segundo plano; ahora, otro sentimiento ocupaba sus pensamientos: el temor. Un temor renovado, porque si antes temía por lo que pasaba afuera, ahora era peor, pues le había tomado el desesperado peso a la situación. "Debe ser destruido, se decía, el Anillo debe desaparecer". Mislif se enteró de muchísimas cosas en aquel Concilio, por ejemplo, supo de un lugar llamado Minas Tirith, que se hallaba en peligro; se enteró de que Aragorn era un descendiente de Elendil (su querido Elendil, para Mislif) y de Isildur; lo peor fue cuando señalaron la traición de Saruman, porque, aparte de ser terrible, Mislif se acordó de Hasym, que había ido a verlo, pero recordó que Gandalf le había dicho que había visto a Hasym, saliendo de Isengard. De pronto, todo pareció inquietarse, cuando Frodo dijo:

- Yo llevaré el Anillo, aunque no sé cómo.- aludiendo al hecho de que tenían que destruirlo en el fuego de Mordor.

Y Elrond contestó:

- Si he entendido bien todo lo que he oído, creo que esta tarea te corresponde a ti, Frodo, y si tú no sabes cómo llevarla a cabo, ningún otro lo sabrá...- Sam se movió inquieto al lado de Mislif, quien le pegó un codazo para que se quedara tranquilo, pero no sirvió de nada, porque cuando Elrond decía "Pero es una carga pesada. Tan pesada que nadie puede pasársela a otro", Sam se puso de pie y Mislif sintió que se le paraba el corazón.

- ¡Por Elendil, Sam, regresa!- le susurró desesperada.

- ¿Pero seguramente usted no lo enviará solo, Señor?- gritó Sam, sin oírla, saltando hacia adelante, y llamando la atención de todos los presentes, quienes también descubrieron a una aterrorizada Mislif, que se cubría la cara con las manos.

- ¡No por cierto!- contestó Elrond, sonriendo, y mirando a ambos.- Tú lo acompañarás al menos. No parece fácil separarte de Frodo, aunque él haya sido convocado a un Concilio secreto, y tú no.

- ¡Espere!- exclamó Mislif, poniéndose de pie.- ¡Yo también deseo ir! Si me escondí, fue para oír lo que decía, pues a mí también me importa. Además, si Sam puede ir, usted debe permitirme acompañarlos, ya que yo hice lo mismo que él.

- ¿A sí?.- sonrió Elrond. Suspiró y dijo.- Pensarás que no puedo negarme, pues cuando llegaste te di mi bendición para cualquier viaje que desearas emprender, y debo mantener mi palabra, pero no es algo que me guste para ti. Aún así, aunque me temo que te encontrarás con muchos problemas para partir, encontrarás la manera de hacerlo.

- La encontraré.- dijo Mislif, sintiendo la mirada de todas las personas que se hallaban ahí. Enrojeciendo, al igual que Sam, se sentó a su lado, y lo oyó murmurar: "¡En un bonito enredo nos hemos metido, señor Frodo!"

- ¿Que hiciste qué!- repetía Oliv consternado.- ¡Eres una mentirosa, Mislif! "¡Ay, voy a salir, porque no quiero encerrarme con un calor como este!"- dijo con voz chillona.- Algo así dijiste y sólo fue para salir y espiar lo que decían en el Concilio¿o no?

- No me malinterpretes, Oliv.- dijo Mislif.- Estando afuera vi a Sam escondido y lo imité.- ambos jóvenes estaban en el balcón de la habitación de ella.- Sí sé que hice el ridículo y me comporté como una niña, pero no lo pude evitar. Tú habrías hecho lo mismo si no te hubieras quedado cantando con Merry y Pippin.

- Hablando de ellos- comentó Oliv sonriendo -, deben de estar indignados porque Sam y tú hayan sido elegidos como compañeros de Frodo. Recuerdo que estaban desesperados por oír lo que dirían allá, pero se abstuvieron a meterse a escondidas.- hizo una pausa.- ¿De verdad quieres ir, Mislif? Me parece que es muy arriesgado. ¡Acuérdate de las palabras de Gandalf! Todos, incluso él, temen, y tú te ofreces para hacer lo que los más viejos se niegan. Tal vez Elrond te haya dado su bendición, pero no consentirá en arriesgarte en una misión así, donde no tienes nada que hacer.

- Bueno, tal vez no.- dijo Mislif.- Pero puedo proteger, de cierta forma, a Frodo y Sam... ¡Ya cálmate, Oliv!- exclamó, al ver a su amigo inquieto y malhumorado.- ¡Por Elendil, aún no se decide nada, tranquilízate!

- No me gusta nada todo esto, Mislif.- gruñó Oliv.- Nunca debimos haber venido. Nunca...- meneó la cabeza, en señal de pesadumbre.- Debimos habernos quedado en casa de Tío Bal, y luego haber vuelto a Pueblo Gris.

- No se puede decir si eso habría ayudado o no para el futuro de esta Tierra Media.- dijo una voz suave detrás de los jóvenes. Se giraron y vieron el rostro sereno de Legolas, quien miraba, especialmente, a Mislif.- Joven dama, me parece que haz cometido una imprudencia grave, pese a todo lo que te pedí que te cuidaras.- murmuró.- Elrond no está muy de acuerdo en enviarte, si es que Frodo viaja a Mordor.

- Le dije decididamente que encontraría la manera de emprender aquel viaje.- contestó Mislif, dando un paso hacia adelante, como para hacerle frente a la negativa.- Igual que a ti, me preocupa todo esto, y no voy a consentir que dos hobbits viajen solos, sólo porque uno de ellos es el Portador del Anillo Único.

- Nadie ha dicho que vayan a viajar solos.- replicó Legolas.

- ¡Ese es el problema!- exclamó Mislif.- ¡Nadie decidió nada¡Estuvieron horas y horas sentados "conversando" y no llegaron a nada! Si yo fuera quien tuviera que llevar el Anillo ya habría partido, en vez de esperar que creciera esa maldita Oscuridad.

- Te equivocas al decir que no se llegó a nada.- dijo Legolas.- Se debían decir muchas cosas, y se dijeron. Pero esto es demasiado importante como para decidir qué se hará en tan sólo unas horas. No seas imprudente, Mislif.

- Seré imprudente, Legolas- susurró la joven -, pero ya no puedes negarme nada, porque tengo los mismos conocimientos que tú sobre el problema. Así que, si no te molesta, me retiro.- dicho esto, salió de la habitación rápidamente, dando un pequeño portazo. Mislif estuvo caminando por el anterior pórtico. Se oyeron pasos a su espalda y, al girarse, se encontró con Glóin. Dio unos pasos hacia él, y sollozando le dijo.- Dígame que usted sí me apoya. Por favor.

- Sabes que sí, joven dama.- contestó el Enano, invitando a sentarse a la joven junto a él.- ¿Qué importa si alguien no te apoya?- le dijo sonriendo.- No me agrada mucho la idea de que emprendas este viaje, pero te admiro por lo que harás. Pocos tendrían el valor de hacerlo y, sin embargo, tú te haz ofrecido, o reclamado, para ir. No debe de importarte lo que digan los demás, Estrella del Norte, pues cuentas con la libertad del pueblo a que perteneces, y también tienes la bendición de muchas personas. Ahora cuentas con la mía.

- Gracias, señor Glóin.- contestó Mislif, secándose la lágrimas que tenía en los ojos.- Llegué a pensar que nunca debería haber venido, pero, gracias a sus palabras, he cambiado de parecer.

- Joven dama- dijo Glóin -, eso no puede saberse aún. Se necesita tiempo, un tiempo para analizar todo, pero en el futuro; aunque ese futuro se ve demasiado oscuro ahora. Así que cuando todo esto haya terminado, si es que termina para bien, lo analizaremos juntos¿te parece?

- Claro que sí. Magnífico.- sonrió la joven, levantándose.- Señor Glóin¿usted volverá a la Montaña Solitaria, verdad?

- Sí. Debo ir, pues hay gente importante que necesita saber lo que aquí se dijo.- el Enano también se levantó.- Supongo que no querrás volver a Pueblo Gris¿o no?

- No volveré.- contestó Mislif.- No aún.

- Bien, bien, bien. ¿El joven Olivorn vendrá con nosotros?

- Sí, él sí.- Mislif se despidió de Glóin, quien pidió que le anunciara a Oliv que partirían a la mañana siguiente. La joven hizo lo que se le había pedido, y su amigo aceptó de buena gana el regreso a su casa. Mislif no volvió a ver a Legolas, sólo supo que él partiría con otros Elfos al Bosque Negro, dentro de muy poco.

A la mañana siguiente, Oliv entró en su habitación, mientras ella se peinaba frente a un espejo.- Buenos días, amigo.- lo saludó, pero algo en el rostro del joven hizo que ella se preocupara. Había tristeza y ansiedad en él, y Mislif lo miró atentamente a través del espejo.- Oliv¿qué...?

- Prométeme una cosa.- interrumpió el joven. Mislif no se giró. De pronto, dando un paso, Oliv apoyó sus manos en los hombros de ella, y escondió la cabeza en su espalda. Suspiró apesadumbrado, y Mislif no supo qué decir. Sin embargo, no tuvo que hacerlo, pues Oliv habló primero.- Prométeme una cosa.- repitió, sin levantar la mirada de la espalda de la joven.

- Claro..., dime.- balbuceó Mislif, sintiendo que las mejillas se le coloreaban ligeramente.

- Prométeme que cuando vuelvas, si vuelves, a Pueblo Gris..., te casarás conmigo.- hubo un silencio de muerte, donde ninguno se movió. Mislif abrió desmesuradamente los ojos, e intentó decir algo, pero era tal su impresión que le fue imposible. ¡Oliv le estaba pidiendo que se casara con él! No era posible, pues ellos siempre se habían reído de aquella idea de sus padres. Pero... ¿sería posible que Oliv hubiera cambiado de parecer, desde que estaban en Rivendel? Había bromeado con respecto a eso, diciendo "¡Uy! Ya preguntan por ti los de la Hermosa Gente. Y es que..., bueno... no te ves nada de mal, amiga mía. Tendré que empezar a preocuparme de proteger a mi prometida." ¿Sería, acaso, que él la había comenzado a ver de otra manera?- Mislif...- murmuró Oliv, levantando la vista e interrumpiendo los pensamientos de la joven.- ¿Qué me dices?

- Oliv...- Mislif se giró, poniéndose cara a cara con su amigo.- ¿Desde cuándo que piensas en esto?

- No importa.- contestó él.- Pero¿me contestarás?

Mislif sonrió. No veía el motivo para avergonzarse frente a Oliv, con quien había vivido tantas cosas desde hacía tanto tiempo. Y, si algún día se decidía a casarse, pensó que lo mejor sería compartir su vida con alguien como él y que la conocía bastante bien.

- Está bien.- contestó finalmente, con una tierna sonrisa.- Pero... con una condición.

- ¿Condición?- sonrió Oliv a su vez.- Bueno, dímela.

- Si llego de buen humor a casa, nos casaremos. Si no: no.- dijo, sin poder evitar reír.

- Trato hecho.- dijo el joven, acercándose a Mislif, y besándole la mejilla. Luego volvió a sonreír y añadió.- Cuentas con todo mi apoyo si deseas partir en esa misión, aunque eso signifique perderte, de cierta forma, y no hablo de la muerte.

- ¿De cierta forma¿A qué te refieres?

- Ya lo sabrás.- sonrió Oliv.- Me temo que tal vez no puedas cumplir tu promesa, aunque llegues de un excelente humor, y desbordando alegría. Mejor no me preguntes nada.- añadió abrazándola.- Te deseo la mejor de las suertes, amiga mía. Y ojalá no volvamos a ver muy pronto.

- Muchas gracias Oliv, por todo.- contestó Mislif, emocionándose.- No sé cómo agradecerte tantos años de amistad que me haz dado. Y ahora, esto.

- Yo también debería agradecerte.- dijo Oliv, separándose de ella.- Bueno, adiós. Deben de estarme esperando para partir.

- Adiós.- contestó Mislif. Oliv dio media vuelta y salió con paso decidido de la habitación. La joven se quedó con la vista fija en la puerta, sintiendo una extraña nostalgia. ¿Volvería a ver a su amigo? El futuro se veía oscuro, pero ella esperaba que sí. No era de esas chicas que se echaban a morir por cualquier cosilla; ella luchaba hasta el final y nunca perdía el entusiasmo. Oliv se marchó, en compañía de Glóin, Selin, otros enanos, y los Beórnidas. Los días fueron pasando, y el otoño cada vez se iba transformando en un frío invierno. El Sol ya no era cálido y sólo parecía alumbrar con una débil luz dorada. Un viento helado comenzó a soplar desde el Este, de las Montañas Nubladas. Mislif pasaba la mayor parte del tiempo con los hobbits, en especial Merry y Pippin. De vez en cuando se sentaba en compañía de Bilbo y canturreaba un rato con él. Frodo y Sam también se les unían a veces. Elrond parecía estar muy ocupado, ya que muchos viajeros habían partido, con diferentes misiones, y él debía procurar tomar decisiones y oír lo que muchos de ellos decían.

Así fueron pasando los días, hasta transformarse en meses; dos, exactamente. Dos meses que pasaron, ora rápidos, ora lentos, pero siempre con una extraña mezcla de nerviosismo y la alegría que producía Rivendel. Cierto día, estando Mislif con los cinco hobbits y Gandalf, Elrond se acercó y, mirando gravemente a Frodo, dijo:

- Ha llegado la hora. Si el Anillo ha de partir, que sea cuanto antes. Pero quienes lo acompañan no cuenten con ningún apoyo, ni de guerra ni de fuerzas. Tendrán que entrar en los dominios del Enemigo, lejos de toda ayuda. ¿Todavía mantienes tu palabra, Frodo, de que serás el Portador del Anillo?

- Sí.- contestó el aludido.- Iré con Sam.

Elrond continuó sus palabras. Le dijo, a Frodo, que no podría ayudarlo mucho, ni siquiera con consejos. También señaló que seleccionaría a los compañeros que irían con él. Tenían que ser pocos, ya que todo dependía de la rapidez y de la discreción. Mislif comenzó a inquietarse cuando Elrond dijo que serían una Compañía de Nueve, ya que los Jinetes Negros eran Nueve. Anunció que Gandalf iría con ellos; también los representantes de los Pueblos Libres, Legolas Hojaverde, del Bosque Negro, representando a los Elfos (¡Legolas viajaría también, pensó Mislif); también Gimli, hijo de Glóin, por los Enanos. Por lo Hombres iría Aragorn, hijo de Arathorn, pues el Anillo le concernía íntimamente, producto de su antepasado Isildur. Se eligió, también, a Boromir, un orgulloso y valiente hombre de Minas Tirith, cuyo padre es Denethor, Senescal del lugar. Pero Mislif comenzó a desesperarse cuando Elrond dijo:

- Faltan todavía dos. Lo pensaré. Quizá encuentre a alguien entre las personas de la casa que me convenga mandar.

Mislif se iba a ofrecer, pero Pippin se le adelantó, y consternado exclamó:

- ¡Pero entonces no habrá lugar para nosotros! No queremos quedarnos. Queremos ir con Frodo.

- Eso es porque no entiendes y no alcanzas a imaginar lo que les espera. dijo Elrond, mientras lo miraba serenamente.

Gandalf apoyó a Pippin, haciendo que Elrond admitiera que él y Merry acompañaran a la Compañía. Fue ahí cuando Mislif no aguantó más y exclamó:

- ¡Señor¡¿Qué pasará conmigo¡Yo también deseo ir!- Elrond la miró fijamente, y Mislif pensó que le estaba leyendo los pensamientos con esa mirada penetrante. Aún así no se dejó intimidar.- Señor, va a tener que encadenarme y encerrarme en alguna montaña, pero yo no permitiré que usted me deje aquí, o que me haga volver a Pueblo Gris. Señor Elrond, no quiero ofenderlo ni sacarle en cara esto, pero usted me dio su bendición para cualquier viaje que yo quisiera emprender. Y este es aquel.

- Joven dama- dijo Elrond -, te dije que te encontrarías con muchos problemas para partir, y uno de ellos es que...

- ¿Que soy mujer?- interrumpió la joven molestándose.- Si ese será su argumento, señor mío, me temo que fingiré marchar de Rivendel, para seguir a la Compañía donde quiera que vayan. Será un viaje independiente, como cualquiera que haya hecho mi padre.

- Dudo mucho que aquel sea el argumento de Elrond.- dijo Aragorn, dirigiéndole, por primera vez, la palabra a Mislif.- Podría ser utilizado si a una guerra fuéramos a estar, aunque quizá sí sea una guerra. Pero no por es eso.

- ¿Entonces qué, señor?

- Mislif, hija de Musolf- dijo Elrond -, si es tu mayor deseo viajar con esta Compañía, yo no puedo negarme, pues eres una persona libre. Pero hay maneras de impedir que una joven alma se pierda en aquellas sombras. Por eso no deseo que emprendas aquel viaje.

- Pero tampoco se niega¿verdad?- murmuró Mislif.- Señor, le agradezco infinitamente todo lo que ha hecho por mí, desde que llegué a esta, su casa. También le doy las gracias por preocuparse por mí, pero debe de tener en cuenta, que en esta Compañía hay personas mucho más importantes que yo para sus pueblos. Yo no soy esencial en mi tierra y, además, si es por el temor de morir, ya estoy condenada. Como lo dice aquella frase sobre los anillos: "Nueve para los Hombres Mortales condenados a morir." Voy a morir de todas maneras, aunque usted evite por todos los medios posibles que yo viaje, Señor.

- ¿Quién habría creído que en palabras tan jóvenes habría tanta razón y cierta sabiduría?- sonrió Elrond, poniéndole una mano, a la joven, en el hombro.- Te deseo la mejor de las suertes, joven dama, en este nuevo viaje que emprenderás, con la Compañía del Anillo, la cual- añadió mirando a los demás -, partirá dentro de siete días.

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¡Y renació el viaje¡Al fin! Mislif ya se estaba poniendo muy molesta; me decía todo el día: "¿Cuándo voy a salir de Rivendel?" Y yo le respondía: "Tranquila, Joven dama, ya saldrás." Al fin me dejará en paz. Espero que les haya gustado este capi. ¡Déjenme reviews, por fis! Que de eso vivo. ¡Nos vemos!