LA ESTRELLA DEL NORTE

Lady-Morgaine-III: Gracias por tu review y espero no haberte hecho esperar y desesperar tanto esta vez. En serio, espero que este capi te guste y que la participación de Legolas también.

Cass Metallium: Muchas gracias por tu review anterior, fue muy efusivo. Debo decir que tal vez Oliv tenga razón, como tal vez no la tenga, porque ni yo sé muy bem cómo terminará este fic. Ojalá que esta capi te guste y espero no haberme demorado mucho.

Lothluin: Hey you! Gracias por tu review y me alegra mucho que el capi anterior te haya gustado. Bueno... no es que Oliv no se tenga amor propio, pero tiene que algo que asegurarse... ya lo sabrás! Otra cosa... ¡me encantaría que le hicieras un retrato a Mislif! Yo también dibujo y le tengo hechos algunos, pero nunca los he puesto en la web... ya lo haré. Espero que este 9no capi te gusta más que el anterior.

Megumi Sagara1¡Sí! Mislif se va¡Al fin! Y sip... Legolas estará con ella un buuuueeen rato. Espero que te guste lo que viene y gracias por tu review.

Yadhwiga: Muchas gracias por tus reviews. No te preocupes de no haber podido escribir antes, porque se dice... "Más vale tarde que nunca" ¿o no? Bueno, debo decir que me reí mucho con tus reviews, con eso del príncipe Felipe. Creo que no se entendió muy bien, pero Merry y Pippin si van con la Compañía. Por eso este capi se llama como lo ves. Espero que te sigan gustando los capis que vienen y me comprometo a meter más a Aragorn por ahí.

Misao-19: Muchas gracias por tu review y espero que te guste el que viene ahora. Legolas tendrá reacciones por doquier ahora en adelante... ¡Aoshi y Misao por siempre!

Lady-Eloane: Lo sé... el capi no fue muy interesante, pero había que ponerlo... si no... ¡tendría que haber hecho el anterior, o este, muchísimo más largos. ¡Imagínate eso! Bueno y lo de subida de rating creo que no lo necesitaré con lo que empieza ahora.

Kmila: Me alegra mucho que te haya gustado el capi anterior y ojalá también te guste este. Obviamente las escenas de Mislis y Legolas se harán más comunes ahora en adelante... y responder los reviews es algo que me encanta!

Dernix: Muchas gracias por tu review y qué rico que no tengas nada que cambiarle, aunque me encantaría que me dijeras si algo no e gusta o qué podrías. Bueno, sip...¿A quién no le gustaría viajar por la Tierra Media! Ese es el pensamiento más loco de Mislif, pues mucho miedo a los orcos y a los uruk-hai no les tiene... por ahora. Ah! Sí! Mislif es muy parecida a Misao, porque Misao es uno de mis personajes favoritos de anime.

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CAPÍTULO 9

"LA DÉCIMA COMPAÑERA"

- Sólo respira hondo.- se decía Mislif, sentada frente a un pequeño tocador en su habitación de Rivendel. Se sentía bastante nerviosa desde que Elrond le había permitido viajar con la Compañía del Anillo. Lo peor era que le habían entrado unos ridículos nervios; no sabía por qué, pero se sentía desanimada, a pesar de que llevaría a cabo lo que más le gustaba: viajar. Tal vez era porque ninguno de sus compañeros parecía tener una alegre disposición para emprender aquel viaje, lo que la desanimaba, en cierta forma.

Afuera, alguien tocó a su puerta, sacando a la joven de sus preocupadas meditaciones. Murmuró un fatigado "Adelante", y se levantó para ver quién era. Al abrirse la puerta, vio a Legolas, quien tenía, como casi todos los demás, un semblante grave.

- Buenas tardes, joven dama.- saludó.- Me enteré de que Elrond había permitido que viajaras con nosotros. ¿Aún sigue en pie tu palabra?

- Por supuesto.- contestó Mislif. No sabía por qué, pero siempre que Legolas le decía algo para protegerla o ayudarla, ella se ponía a la defensiva y pretendía hacerse la "niña fuerte".- ¿Por qué iría a cambiar mi palabra en algo tan importante como esto, querido amigo?

- Estaba seguro que no la cambiarías.- sonrió el Elfo.- Sólo quise hacerte enojar. Te ves muy linda cuando te enojas¿lo sabías? Pareces un gatito furioso, es decir, que no te lastima lo que él quisiera, pero siempre te hará esbozar una sonrisa. No te ofendas.- dijo mirando hacia la ventana, donde se podía ver el ocaso que se acercaba.

- Gracias...- murmuró Mislif. A su pesar, sonrió de que le hubiera dicho "gatito", puesto que nunca se lo esperó. También se sonrojó al oír "Te ves muy linda cuando te enojas¿lo sabías?", porque eso se lo había esperado menos que aquel nuevo adjetivo. De pronto, y de la nada, Legolas se le acercó, la abrazó y dijo¡Oh, mi querida amiga, así que partiremos en un nuevo viaje!

- ¡Legolas¡¿Q-qué haces!- exclamó Mislif más avergonzada que antes.

- Solo te molesto, Mislif.- rió él.

- Cambiando el tema, Legolas, dime una cosa.- dijo alejándose rápidamente con las mejillas sonrojadas.- ¿Dónde habías estado todos estos días?

- Fui al Bosque Negro.- contestó el aludido.- Necesitaba comunicar muchas cosas a mi gente y sobre todo a mi padre. Creí que lo sabías.

- ¡Oh, es cierto! Pero qué tonta soy.- dijo Mislif, dándose un golpecito en la frente.- Debí de haberlo olvidado, con todo eso de Oliv...

- ¿Oliv¿Qué pasó con él?

- Yo...- Mislif enrojeció denuevo. ¿Por qué era tan habladora! Se le había salido algo realmente vergonzoso, y no quería que se supiera. Sintió una punzada de tristeza al ver el rostro incrédulo de Legolas. ¿Debía decirle? Bueno, tal vez sería lo mejor. Así lo olvidaría y sería una especie de "borrón y cuenta nueva". Nada habría pasado nunca por el corazón de Mislif, hacia él. Al fin, se decidió y dijo.- Bueno..., Oliv, antes de irse, me pidió que... a mi regreso... me...

- ¿Qué pasa?- preguntó Legolas, invitándola a continuar.

- ¡No te lo diré! Apuesto a que, si lo hago, te reirás de mí.

- ¡No, claro que no!

- Muy bien.- dijo Mislif recelosa.- Oliv me pidió que cuando volviera a Pueblo Gris me... me casara con él.

- ¿De verdad?- sonrió Legolas.- ¡Vaya¿Quién lo hubiera creído? Y yo que pensaba que sólo eran amigos.

- Sólo somos amigos.- corrigió la joven.- Bueno, pero aún no es definitivo, porque yo le dije que me casaría con él, sólo con una condición; y es que si llego de buen humor a casa, lo haré.

Legolas rió por las palabras de Mislif. Cuando se hubo calmado, dijo:

- ¿Estás de verdad dispuesta a casarte?

- Claro.- contestó Mislif.- ¿Por qué no? Algún día querré sentar cabeza y quién mejor que él que me conoce desde tanto tiempo. Aunque...

- ¿Qué?

- Oliv me dijo algo extraño. Habló de que, tal vez me perdería, de cierta forma; y luego dijo: " Me temo que tal vez no puedas cumplir tu promesa, aunque llegues de un excelente humor, y desbordando alegría."- se encogió de hombros.- ¿Quién sabe lo que haya querido decir?

- Tal vez habló de que te enamorarás de alguien en tu viaje y no puedas casarte con él por eso.- dijo Legolas.

- ¡Muy bien! Se acabó el tema.- interrumpió rápidamente Mislif, sintiéndose enrojecer.- Debe de ser la hora de reunirnos para partir¿no te parece?

- Claro. Vamos

- ¡Estúpido viento¡Estúpidas piedras¡Estúpidas piernas!- gruñía para sí Mislif, quien iba muerta de frío y cansada. Hacía días ya que viajaba con los Nueve de la Compañía del Anillo; y ahora caminaban por un monótono y duro sendero que bordeaban las laderas occidentales de las Montañas Nubladas. El camino no había sido muy agradable, pues era un terreno muy accidentado, así que viajaban lentamente. Gandalf iba adelante de todos, en compañía de Aragorn, luego iban, en fila, Boromir, Gimli, Merry, Pippin, Frodo, Sam, con Bill, su poney; Mislif y, por último, Legolas. Habían salido de Rivendel, todos deprimidos, tal vez con la clara excepción de Mislif y de Bill el poney, quienes deseaban, más que cualquier cosa, emprender aquel viaje.

- ¡Qué frío hace!- dijo Sam, tratando de reprimir un escalofrío.- Pobre señor Frodo. Debe de estar congelándose. ¿Quiere que le pase mi abrigo?

- No, Sam.- contestó el aludido.- Déjatelo puesto. Lo necesitarás.

- ¡Cuánto alboroto hacen!- gruñó Mislif, entre divertida y aburrida. Era, al parecer, casi la única, exceptuando a Aragorn, que no sentía tanto frío. Aquello tenía explicación: en las Tierras Grises de donde venía, el frío era abundante y estaba acostumbrada a las heladas, al viento, a la nieve y a la lluvia. Sin embargo, debía de admitir que el frío era excesivo en aquel momento. Pasaron los días y el paisaje lentamente fue cambiando, como también lo hizo el clima. Las montañas iban acercándose y cada vez eran más altas. Aún así, en el cielo asomó el Sol, un Sol brillante, que no calentaba mucho, pero que levantaba el caído ánimo de todos.

Una mañana, muy temprano, mientras todos dormían, Mislif se ofreció para hacer guardia, pues no tenía sueño. Durante el viaje poco se había quejado, pero cuando se sentía deprimida, respiraba profundamente el fresco aire del lugar y pensaba que estaba haciendo lo que su padre había soñado.

- Sí- dijo en voz baja -, esto es lo que mi padre habría soñado.

- ¿Estás segura, joven dama?- preguntó una voz detrás. Girándose, vio a Aragorn detrás. Le sonrió, como saludo, y contestó:

- Pues sí. Eso es lo que él anhelaba hacer.

- Pero¿estás segura que a él le hubiera gustado que te arriesgaras como lo haces?

- Oh..., te refieres a eso.- suspiró la joven.- Todos me han repetido, hasta el cansancio que esto es peligroso y se arriesga a perder la vida. Pero¿y ustedes, me pregunto, no se arriesgan a lo mismo, y por el sólo hecho de verme joven y mujer, piensan que es peor? Yo no lo creo.

- Tienes razón, Mislif.- contestó Aragorn.- Ve a dormir, si quieres. Yo me quedaré haciendo guardia.

- No tengo sueño.

- Pero lo tendrás, así que aprovecha este descanso.- dijo Aragorn, aunque su voz sonaba más a una orden que a un ofrecimiento. Mislif, extrañamente intimidada, obedeció y se acostó, cerca de unos matorrales, bastante alejada del resto. No era que fuera antisocial, pero se sentía incómoda, de cierta forma, con el hecho de viajar sólo con hombres. La joven se acomodó como pudo y durmió con su acostumbrado sueño pesado. Sólo despertó cuando oyó una anhelada voz cerca de su oído.

- Joven dama.- decía.- Despierta, ya es hora de que comas algo.

- ¡Por Elendil, madre...!- balbuceó semidormida. Luego, reconociendo la voz y desperezándose, se sintió enrojecer. Era la voz de Legolas la que le hablaba.- ¡Oh, lo siento mucho!- dijo rápidamente.

- No te preocupes.- sonrió el Elfo.- Levántate, para que comas algo. O¿prefieres que te traiga el desayuno hasta acá?

- ¿Bromeas?- le preguntó extrañadísima la joven.

- Sí.- rió Legolas.- Pero si quieres, te traigo la comida.

- No, gracias. Mejor no te molesto.- el almuerzo fue como casi todos los demás: triste y frío, pues el fuego era demasiado delator en su camino y no podía arriesgarse a encender una fogata con mucha frecuencia. Terminada su comida, Mislif se acercó a Gandalf y se sentó junto a él.- ¿A dónde nos dirigimos? No es que me queje del clima, pero no creo que dure mucho con este frío, aunque, por venir de las tierras que vengo, este acostumbrada.

- Bueno, joven dama- contestó Gandalf con una sonrisa paternal -, te comenzaré diciendo que estamos en los límites de la región que los Hombres llaman Acebeda.

- ¡Oh, ya lo recuerdo!- exclamó Mislif.- En Casa del Señor Elrond estudié muchos mapas y creo recordar que me hablaron alguna vez de este lugar. ¿Es aquella tierra en que muchos Elfos vivieron, y que, en tiempos más felices, llamaron Eregion?

- ¿Puedes deducir hacia dónde vamos ahora?

- Creo. Hacia allá están...

- Será mejor que eso lo contesté yo.- interrumpió Gimli.- No necesito mapas para saber hacia dónde nos dirigimos, puesto que esas montañas que están frente a nosotros- las apuntó -, son las que nuestros padres trabajaron hace mucho tiempo, y de las que sabemos numerosas canciones e historias. Además que merecen nuestro respeto al ser unas obras maravillosas en metal y piedra. Frente a ustedes están: Baraz, Zirak y Shathûr. Debo añadir que...

- ¡Oh, ya lo recuerdo!- exclamó Mislif, interrumpiendo a su vez.- ¡Bajo ellas están las Minas de Moria, o Kazad-dûm, la Mina del Enano¡Me encantaría conocerlas¡Qué emoción!- en sus ojos brilló una luz de emoción, pero no todos de los presentes compartieron su felicidad.

- Sólo eres una semilla en esta Tierra Media, y no sabes de lo que hablas.- le dijo, casi en forma despectiva, Boromir, el hombre de Minas Tirith, que, aunque viajaba con ellos, no compartía mucho como los demás. A Mislif no le agradaba Boromir, porque veía en él a una persona demasiado orgullosa y no digna de plena confianza, aunque gozaba de grandes honores en su tierra.

- Las semillas suelen dar el fruto hermoso y fuerte que son los árboles.- dijo Legolas, defendiendo a la joven, con un semblante serio. Se puso al lado de ella e hizo frente a Boromir.- He oído decir que los Hombres prefieren las flores a las semillas, pero olvidan que las flores son temporales; dan un dulce aroma, alegran, pero se secarán, el viento las derribará y desaparecerán. En cambio, una semilla, si es bien cuidada, dará algo digno de recordarse y mencionarse, que además servirá a los demás.

- Esperemos que esta semilla dé lo que esperas, Elfo, y que nos sirva a todos.- gruñó Boromir.

- Si he de dar algo bueno y digno- dijo Mislif defendiéndose y dando un paso hacia el hombre -, ten la seguridad de que no será para ti.

- ¡Escúchame bien, jovencita...!

- ¡Ya, basta!- vociferó Aragorn, interponiéndose entre los tres.- Lo peor sería que en este momento nos distanciáramos por pequeñeces.

- ¡Aragorn!- exclamó Mislif furiosa.- ¡Para ti serán pequeñeces, pero me gustaría ver que te pasaran diciendo todo el día "niñito ignorante" para vieras lo que se siente, y para ver si no te defenderías de igual manera!

- No te reprocho que te defiendas, Mislif.- contestó Aragorn.- Pero no es lo mejor dejarse llevar por los sentimientos como el enojo.

- Mientras ese sujeto no se me acerque ni se meta en mis conversaciones todo irá bien.- gruñó Mislif, dando media vuelta y caminando hacia donde estaba Gandalf. Legolas la siguió, pero luego se fue a conversar con Gimli.- Idiota.- susurró Mislif para si, una vez que estuvo sentada junto al mago, refiriéndose a Boromir.

- Muchas veces los Hombres se dejan llevar por lo que piensan y por las palabras, que creen, son las correctas.- dijo Gandalf, dándole unas palmaditas en la espalda.- Tranquilízate, Mislif. No tomes en cuenta cuando te hablen así, pues ellos pasaron por lo mismo, más de alguna vez.

- Gracias.- contestó la joven sintiéndose mejor. Se levantó y se acercó a Legolas; con él estuvo paseando un rato solos, hasta que Aragorn anunció que se quedarían ese día y aquella noche en aquel lugar. Cuando se hubo retirado, Mislif dijo.- Te agradezco que me hayas ayudado, Legolas.

- De nada. Pero, era lo justo.- contestó el Elfo.- Ese sujeto se cree lo suficientemente adulto y sabio por venir de un reino tan orgulloso, como lo es Gondor, pero no se da cuenta que para mi es aún un niño, un niño que tiene mucho que aprender.

- Ya veo.- murmuró Mislif algo desanimada. Necesitaba preguntarle a Legolas algo, pero... ¿le gustaría la respuesta de él? No importaba, debía hacerla.- Legolas... ¿puedo preguntarte algo?

- Es evidente que ya lo hiciste.- sonrió él.- Pero dime.

- Acabas de decir que ves a Boromir como a un niño, eso que ya es un adulto para los Humanos. ¿Y a mí, me pregunto, cómo me ves, si soy una joven incluso para los de mi raza?

- ¿Me creerías si te dijera que contigo me siento un igual, por así decirlo? Si comprendes bien a lo que me refiero.

- ¿De... de verdad?- preguntó Mislif bastante sorprendida.

- Extraño¿no crees?- murmuró Legolas.- Tal vez es porque eres con la que mejor relación tengo.

- Yo creí que me veías como una niña, tal vez demasiado joven. No digo que nos lleváramos mal, al contrario. Aunque hemos tenido discusiones, yo también te he visto como un... amigo; un compañero no tan distante en lo que en la edad respecta.

- Gracias, joven dama.- sonrió Legolas, viendo que se acercaba a ellos Gimli.

- ¡Hey, tortolitos!- rió el Enano mientras caminaba.- Será mejor que se tomen un tiempo de descanso, pues ya saben que el siguiente tramo será largo, frío y agotador.

- ¡Vete solo, gruñón!- contestó Mislif, ligeramente sonrojada por lo de "tortolitos".

- ¿Gruñón¡Mira quien habla, chiquilla! Espera a que te atrape.- replicó corriendo para perseguir a Mislif, quien le había hecho una mueca burlona mientras corría.- Vuelve y hazme frente, que quiero ocupar mi hacha.

- ¿A sí?- exclamó la joven, preparando ocho dardos, entre sus dedos, para lanzarlos.- ¡Ven aquí y te enseñaré lo que es velocidad, Enano lento!

Así comenzó una entretenida "batalla amistosa" entre Gimli y Mislif, las cuales se repetirían con frecuencia y que animaban a todos, porque siempre Mislif resultaba vencedora, aunque muchas veces no era una limpia competidora, pues solía hacer algunas trampas que hacían enojar más al Enano.

- ¡Vamos, Mislif!- animaba Pippin dando saltitos.- ¡Si le das en la boca comeremos más!

- ¡Sí¡Además tendremos más hierba para nuestras pipas!- agregaba Merry.

- Es bueno ver que aún hay alegría tan pura en estos días.- susurró Gandalf al oído de Legolas.- Aunque, me parece que, de todas maneras, tiene una carga pesada en su corazón, pero que no trata sólo de la misión del Anillo.

- ¿A qué te refieres, Gandalf?

- No es asunto mío, joven y querido Elfo.- dijo el viejo mago.- Pero no puedes negarme que te haz dado cuenta de algo ya.

- N-no entiendo...- murmuró Legolas, mientras miraba a Mislif, rehuyendo los ojos de Gandalf.

Aquella tarde le tocó a Sam hacer guardia mientras todos dormían, o al menos eso parecía ser, porque Aragorn se le unió en compañía, y Mislif, aunque acostada, no podía dormir. Se sentía extrañamente nerviosa. Había demasiado silencio, y más aún donde estaba ella, siempre más alejada de los demás, ya que sentía cierta vergüenza. Pero la situación en que se hallaba en aquel momento era preocupante. Aragorn lo había hecho notar; a él también le incomodaba aquel extraño silencio y se sentía bajo una enorme asechanza. Gran razón tenían sus palabras, pues se podían oír con gran claridad la respiración de todos los que dormían, y aquello era realmente extraño.

De pronto, sus sospechas se vieron recompensadas, por así decirlo, con la respuesta a todo: aves. Una aves que pasaron por encima de sus cabezas y que hicieron que Aragorn y Sam se arrojaran bajo unos matorrales. Mislif intentó incorporarse, pero oyó la voz de Aragorn, que le susurró:

- ¡Mislif, quédate donde estás, y no te muevas!- puso su dedo índice junto a sus labios, en señal de silencio, y la joven obedeció al instante. Cuando todo pasó y las aves se perdieron en el Oeste, Aragorn volvió a levantarse, despertó a Gandalf y dijo que había pasado un regimiento de cuervos negros, que no eran nativos de aquel lugar, sino que eran de Fangorn y de las Tierras Brunas. Como no les gustó para nada aquella situación se convino, a regañadientes de Pippin, partir esa misma noche.

Mislif se acercó a Legolas para conocer lo que él pensaba, y se lo preguntó.

- No me gusta esta situación.- contestó el Elfo con el semblante preocupado.- Si vienen de Fangorn y de las Tierras Brunas deben de estar bajo la orden de Saruman, pues Isengard está junto al Bosque de Fangorn.- suspiró.- Esto me ensombrece aún más el corazón.

Mislif lo miró fijamente y sintió un enorme deseo de abrazarlo, pues su rostro triste le causaba una gran emoción. Sin embargo, tuvo que reprimir aquel deseo y limitarse a darle una tiernos golpecitos en el brazo, para luego retirarse en silencio.

La Compañía del Anillo pasaba por un mal momento. El invierno avanzaba, como Gandalf había dicho, por detrás de ellos; la nieve comenzaba a molestar bastante a los hobbits, a Gimli y a Mislif. Tenían que trepar trabajosamente por los senderos, por las cuestas y rocas, que rodeaban al Caradhras, llamado el Cruel.

En un momento, todos se detuvieron, aunque nadie dijo nada. A los oídos más finos de la Compañía llegó el murmullo del viento, un viento singular, que parecía venir acompañado de extraños susurros y voces siniestras. Mislif se sintió nerviosa y no pudo reprimir un estremecimiento que le recorrió todo el cuerpo. Legolas, quien iba a su lado, hizo que su nerviosismo creciera aún más, pues se acercó a la joven aún más y su mano se sujetó a la de ella para tranquilizarla. Mislif, bajo las abrigadas ropas que llevaba, trató de esconder el rostro, que le había enrojecido, aunque con lo pálida que estaba, como resultado del frío, hizo que aquello pasara desapercibido.

- Tranquila, joven dama.- susurró Legolas a su oído.- No todo lo que tenga voz maligna es siempre súbdito de Saurón. Desde antes de su aparición este lugar ya era respetado y temido.

La Compañía buscó refugio en una pared de roca que miraba hacia el Sur. Estaban todos juntos, de espaldas a la pared, y trataban de evitar lo mayor posible las frías ráfagas de viento y la nieve, que era cada vez más espesa.

Pasó un rato, en el cual Frodo, que parecía haber caído en un sueño extraño. Todo fue muy confuso, hasta que Boromir lo sacó de donde estaba, que parecía un nido de nieve.

- Esto será la muerte de los medianos, Gandalf.- dijo.

- ¡Calla!- exclamó Mislif, interrumpiéndolo.- ¡No digas estupideces!

- Escucha niña- gruñó Boromir molesto -, mejor será que guardes silencio, porque si no esto será también una muerte para ti.

- No se morirá mientras tenga alguien que la proteja.- replicó Legolas, con un brillo en los ojos.

- ¡Ya basta!- gruñó Gandalf.- Es cierto que será inútil quedarnos aquí, pero más inútil es ponerse a discutir.- miró fijamente a Mislif, que no abandonó su actitud defensiva, y a Boromir.- Dale esto- dijo el viejo mago a este último, pasándole un frasco de cuero.- Sólo un trago cada uno. Es muy precioso. Es miruvor, el cordial de Imladris que Elrond me dio al partir. ¡Pásalo!

Todos tomaron un trago de aquel licor tibio y perfumado, que hizo que las fuerzas volvieran a cada uno. Sin embargo, el frío no desapareció y vino un nuevo problema. Boromir sugirió hacer un fuego, aunque no estaban muy seguro de que funcionaria. Gimli y Aragorn sacaron unas ramitas y algo de madera que había traído, pero ninguno de los presentes pudo prender un fuego, hasta que Gandalf intervino con su vara. Luego de tomar un leño y de pronunciar "Naur an edraith ammen!", hundió en el medio la punta de su vara, que hizo que inmediatamente un fuego azul brotara de la madera.

Gandalf estuvo bastante preocupado por lo que había hecho, pero a pocos le importó, pues sólo querían calentarse las manos y el resto del cuerpo, así que se pusieron de pie, rodeando la fogata, y todo el cansancio pareció desaparecer de momento. Mislif estuvo un rato junto al animado fuego, pero un sueño se apoderó de ella y quiso dormir. Así que se salió del círculo y se acurrucó muy apoyada en la pared de piedra. En momentos dormitaba, en otros despertaba, pero no abría los ojos. De pronto, y cuando sentía mucho frío, sintió que un brazo la atraía hacia un tibio cuerpo. Supo de inmediato que era Legolas quien intentaba refugiarla de aquel frío. En cualquier otra situación ella se habría sonrojado, pero esta vez sintió algo extraño, abrió los ojos, y casi sin pensarlo lo dijo.-

- Dijiste que me veías como a un igual, pero me tratas como si yo fuera tu hija. No me estoy quejando, al contrario, todo esto te lo agradezco, pero sigo creyendo que me ves más débil que los demás.

- Eso es, y no quiero que te ofendas, porque eres mujer.- susurró Legolas en respuesta.- Te mereces por eso ser más cuidada, consentida y protegida que los demás, pero es más por algo de cortesía que por debilidad.

- Gracias.- murmuró Mislif, mientras sentía que los párpados ya no le respondían, y que caía en un profundo e intranquilo sueño.

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