Capítulo 3

Jazmine Fenton jamás había sido de esas chicas que están obsesionadas por la limpieza. Si bien, le gustaba mantener su cuarto bien ordenado; le preocupaba más tener un buen par de libros nuevos que añadir a su colección que revisar que siempre cada insignificante objeto estuviese en su lugar o que no hubiese ni una mota de polvo sobre sus muebles. Sin embargo, ella no podía dejar de limpiar, con movimientos delicados y suaves la piel de su hermano menor Danny.

Lo habían encontrado un par de horas después de que la escuela dejara a todo su alumnado salir de clases (a pesar de que casi no quedaban alumnos en el recinto), para que los ''expertos'' pudieran hacerse cargo de la situación.

Ella junto con los dos mejores amigos de Daniel, Sam y Tucker habían recorrido el camino de destrozos y pedacería de electrónicos que Technus había dejado a su paso. Este rastro finalmente terminaba en la playa que rodeaba el lago Eerie; en la cual encontraron al adolescente de cabello negro inconsciente y tendido sobre la blanca arena.

El grupo de adolescentes aprovecharon que los padres de los hermanos estaban fuera para llevar al chico fantasma de vuelta a su habitación. Queriendo respetar su privacidad y tratando de mantener su dignidad en frente de sus amigos; Jaz había revisado superficialmente el cuerpo de Danny en busca de alguna herida seria que mereciera atención médica.

Al ver que nada pasaba del nivel de moretones y raspones; la pelirroja se dispuso a limpiar la arena que tenía el ojiazul en todo su cuerpo. Mientras Sam y Jazmine esperaban afuera, Tuck se encargó de cambiar de ropa a su amigo, poniéndole unos pijamas azules que encontraron en un cajón. Después ésta última se arrodilló a lado de la cama y se dispuso a limpiar todo rastro de suciedad que había en el rostro del adolescente mientras dormía plácidamente, sumergido en un sueño profundo.

Ninguno de los tres jóvenes había dicho palabra desde que llegaron. Sam y Tuck se limitaban a observar hipnotizados los movimientos tranquilos de las manos de Jaz, vagando en sus propios pensamientos.

La mejor estudiante de la secundaria Casper no dejaba de pensar en lo adolorido que probablemente estaría su hermano menor cuando despertase. Después de todo, haber peleado de esa manera en su estado tan delicado…

―Jaz… ¿estás llorando?― la pregunta por parte de la vegetariana la sacó de su ensoñación, e hizo que se diera cuenta de las gotas de agua salada que habían caído en sus manos. Secó sus manos en su pantalón azul, mientras más perlas cristalinas resbalaban por sus mejillas.

Antes de poder hacer algo más, una gorra roja apareció ante sus ojos. Al levantar la vista pudo ver al techno geek, ofreciéndole su gorra para secarse las lágrimas. Jaz no pudo reprimir una sonrisa y la aceptó agradecida. Limpió rápidamente la humedad de su rostro, y la devolvió a su dueño. Entonces posó la vista de vuelta a Danny, su sonrisa volvió a desaparecer.

―Él estará bien― dijo Sam con seriedad y seguridad.

―Es cierto, relájate. Estoy seguro de que a él no le gustaría verte tan preocupada― agregó el joven moreno.

―No puedo evitar estar preocupada― replicó Jaz― Soy su hermana. Es solo que…― los chicos de 14 años esperaron a que la pelirroja encontrara las palabras― Desde que éramos niños, yo he cuidado de él. Mis padres siempre han estado muy ocupados cazando fantasmas, tanto que a veces nos apartaban a un lado. Él siempre ha sido mi responsabilidad, mi hermano menor. Desde que tengo memoria yo he velado por su seguridad y hoy…he fallado. Lo han herido, dos veces. La próxima vez podría ser peor. Y lo que es todavía más horrible…es que no puedo hacer nada al respecto. Ninguno de nosotros puede. No podemos pelear contra los fantasmas de la manera en que él lo hace―.

―Quizás no tengamos poderes fantasmas, pero sí podemos hacer algo al respecto― contradijo la vegetariana.

― ¿A sí? ― ironizó Jaz irritada― ¿Cómo qué?―.

―Podemos empezar por no apartarnos de su lado cuando nos necesite. Estar siempre ahí para él―Sam se arrodilló al lado de Jazmine― Y eso tú ya lo haces. Además, ya nos hemos enfrentado a los fantasmas. Quizás no seamos tan fuertes como Danny, pero tampoco estamos indefensos. Y hasta que él se recupere; todos esos tontos tendrán que vérselas con los mejores amigos de Danny Phantom…y su increíble hermana mayor―.

La ojiazul volvió a sonreír, y enderezó la espalda. Las palabras de la chica gótica, tan contrarias a su personalidad, habían animado su espíritu. Ella tenía razón; ahora que Danny estaba herido, Jaz no podía darse el lujo de ponerse a llorar. Tenía que luchar, pelear contra cualquiera que tratase de hacer daño a su hermano. Y eso haría.

Entonces, la PDA de Tucker interrumpió el silencio que se había instalado en la habitación de Daniel. Rápidamente la hizo callar, y se mantuvo unos minutos picando botones y observando seriamente la pantalla del aparato.

―Parece que Technus está reuniendo sus partes al oeste de Amity Park, cerca de Nasty Burger― dijo éste con alarma.

―Debemos ir allá―exclamó determinadamente Jazmine, poniéndose de pie de un salto―Tucker andando―.

― ¡Espera! ¿Qué hay de mí?― cuestionó alarmada Sam.

―Alguien debe quedarse con Danny, y evitar que vaya a algún lado cuando despierte― replicó la hermana del chico fantasma.

― ¿Y por qué debo ser yo?― exclamó indignada la de ojos amatistas.

―Es obvio que no debo ser yo; después de todo yo soy el experto en tecnología. Y Jaz…bueno, ella tiene el poder Fenton. Además―Tuck puso una sonrisa socarrona en sus labios― Tengo la sensación de que Danny haría cualquier cosa que le pidieses, así que sería genial que tú te quedaras con él―.

Manson enrojeció de vergüenza al instante, mientras que Fenton, no muy segura de querer entender el doble significado de las palabras del moreno, tomaba a éste último de un brazo y lo jalaba hacia fuera de la habitación de Danny.

La chica gótica se quedó sola consigo misma, tratando de hacer que el carmín de sus mejillas se desvaneciese. Unos minutos más tarde, se escuchó el portazo que indicaba una salida apresurada. Al asomarse por la ventana, ella podía ver a su amigo y a la hermana de su mejor amigo, correr por la calle como si sus vidas dependieran de ello. ¿Quién diría que cientos de vidas podrían depender de ellos?

Mientras tanto, en Nasty Burger, todo era un caos. Los adolescentes que se habían reunido allí para descansar y relajarse después de la emergencia de la mañana, ahora corrían aterrorizados de nuevo en un intento de salvar sus vidas. Technus trataba de fortalecerse con los aparatos un tanto ''primitivos'' que se encontraba en el establecimiento.

Desde freidoras, cajas registradoras e incluso algunos celulares abandonados, el villano reunía todo lo que podía para poder volver al juego y vengarse de Danny Phantom.

Para Jazmine y Tucker fue todo un reto llegar a la hamburguesería, ya que había muchas personas, no solo los comensales, que trataban de huir y a veces se llevaban al par con ellos. La pelirroja podía sentir la mirada de Tucker fija en su persona, ella suponía que él pensaba que tenía un plan; pero la verdad era que no. En contra de sus principios, Jaz Fenton estaba a punto de improvisar de manera irresponsable en una situación de alto riesgo. Pero hasta cierto punto, a ella no le importaba. Haría lo que fuese necesario. Esto va por ti, hermanito.

Sam Manson trataba desesperadamente de encontrar algo con lo cual entretenerse mientras esperaba a que Danny despertara. En su hogar, nunca le faltaba algún videojuego o un disco de su banda favorita que la distrajera en los momentos en que no tenía nada que hacer. Además de que estos momentos eran increíblemente raros, nunca solían aparecer acompañados de ansiedad y angustia.

Ella no tenía la más mínima idea de cómo cuidar a una persona tan herida como lo estaba su amigo. La única vez en que había hecho algo parecido, fue en una ocasión en que Fenton y Foley estuvieron enfermos al mismo tiempo. Y, al menos para ella, eso no contaba; ya que solo se había ocupado de traer cajas de pañuelos y servirles caldo de pollo hecho por la madre de Tucker.

Ella rogaba que Danny permaneciera durmiendo hasta que su hermana volviera. Con un poco de ayuda, las cosas serían más sencillas. Sam se tomó las cosas con calma y decidió no entrar en pánico hasta que no hubiera razón para ello. Después de todo, el chico fantasma estaba tan tranquilo…

Mirándolo detenidamente, la calma del rostro de Fenton era contagiosa. Dormía profundamente, sumergido en un lugar donde el dolor físico no parecía alcanzarlo. Ella jamás había tenido oportunidad de verlo así. Sus facciones estaban completamente relajadas, su pecho se elevaba rítmicamente con cada tranquila respiración.

Por un momento, la ansiedad pareció desvanecerse en el aire, y otro sentimiento ocupó el corazón de la chica gótica. Se sentía tan extraño, poco natural en ella, pero a la vez parecía que todo el tiempo estuvo ahí. Era cálido, pero le producía escalofríos. Ella se arrodilló a su lado, moviendo los hombros como si algo le molestara en la espalda. No acaba de acostumbrarse a la sensación.

Su mente dejó de funcionar momentáneamente. Su instinto, su nuevo instinto controló su cuerpo, un instante; solo lo suficiente. Antes de poder detenerse, Sam levantó una de sus manos, lentamente. Y la acercó a él. Dudó por un instante, no quería despertarlo. Entonces, decidió depositar su mano delicadamente en su frente, en el nacimiento de su cabello.

Sus dedos se deslizaron entre los mechones de cabello negro, que eran asombrosamente suaves. La joven siempre había pensado que Danny usaba algún producto para el cabello que lo hacía mantenerse tan rebelde, pero no parecía ser así. Era su estilo. Era él. Con su dedo pulgar comenzó a describir círculos en la cabeza del adolescente. No podía explicar por qué lo hacía. Simplemente parecía ser lo correcto. Tenía la sensación de que lo necesitaba. Ambos lo necesitaban.

Llegó un momento en que dejó de cuestionarse todo lo que hacía y simplemente lo dejó fluir. Era imposible decir cuánto tiempo permaneció en esa posición, era tan extraño que Sam no quería pararse a pensar, temiendo que al hacerlo decidiera detenerse.

Un rato después, Danny se movió en sueños. Fue un movimiento casi imperceptible, e instintivamente, respiró más profundamente, casi formando un bostezo. Parecía que iba a volver a dormirse, pero la inspiración provocó un dolor en su pecho que se transformó en un pequeño ataque de tos. El chico fantasma puso una de sus manos en su pecho, y Sam puso la suya arriba de ésta.

Al terminar el ataque, Fenton se relajó de nuevo. Y fue cuando abrió los ojos.

― ¿Sam?― susurró somnoliento. Ella lo acalló suavemente.

―Vuelve a dormir, necesitas descansar―. Pero Danny parecía empeñado en llevarle la contraria.

― ¿Qué ocurrió con Technus? ¿Alguien salió herido?...―.

―Danny, deja de preocuparte acerca de Technus.―Ella escogió cuidadosamente sus palabras a continuación. No quería mentirle, pero tampoco podía dejarle saber que el fantasma de la tecnología había vuelto― Todo salió como lo planeaste. Cumpliste con tu trabajo. Ahora sólo debes recuperarte―.

El adolescente pareció satisfecho con su respuesta. No volvió a cerrar los ojos, pero fijó la vista en el techo de su habitación. Ahora, ella estaba confundida, no tenía la más mínima idea de que hacer.

― ¿Cuánto tiempo ha pasado?― preguntó él.

Sam bajó la vista hasta su recién adquirido reloj de pulsera negro con púas y vio la hora. 6:10 pm. Habían pasado casi 3 horas desde que habían llegado a la casa de los Fenton y habían pasado 2 horas y media ellos solos. Pareció una eternidad, pensó Manson.

―3 horas―.

― ¿Has estado aquí todo el tiempo?― inquirió sorprendido el adolescente.

―Algo así― contestó vagamente Sam.

― ¿Dónde están los demás? ¿Tucker, Jaz, mis padres?―.

―No tengo ni idea de donde están tus padres, aunque es probable que anden por las calles dando consejos anti fantasmas― una sonrisa se formó en sus labios en pensar en ello― Y Tucker y Jaz…..bueno, no lo sé―.

Danny giró su cabeza hacia ella, con gesto extrañado. No se lo tragará tan fácil, Sam.

―Bueno es que…decidimos que tomaríamos turnos para cuidarte y…pues tengo el primer turno―balbuceó, Manson se golpeó la frente mentalmente. ¿Eso era lo mejor que se le podía ocurrir?

― ¿Tú…quisiste tomar el primer turno?―Fenton volvió a mirar el techo, como si fuese algo muy interesante. Sam pudo notar como sus mejillas enrojecían. Fue cuando decidió fijar la vista al suelo, si seguía observándolo probablemente ella también se sonrojaría.

―Bueno…si, digo no. Perdí tomando el palillo más corto―masculló, tratando de sonar coherente. El pelinegro no dijo nada por unos minutos, reflexionando. Los ojos amatistas lo observaban nerviosos. ¿Se lo creería? Después Danny sonrió y se volvió hacia ella, clavándole sus resplandecientes ojos azules.

―A pesar de que lamento que desperdicies tu tarde aquí, me alegra que estés conmigo― el hecho de que no titubeara al hablar, hizo que se le subiera el calor al rostro a Sam. Ella trató de decir algo pero lo único que pudo hacer fue reírse nerviosamente. Fue cuando, como si vinieran a su rescate; Jaz y Tucker entraron a la habitación de Danny.

Manson no estaba segura de sí sentirse fastidiada o aliviada y no se preocupó por averiguar cuál; después de todo nada había terminado aún, y el cosquilleo que le producía el recuerdo de las palabras de Danny se quedaría durante un buen rato.