Ser el fantasma de las cajas no era sencillo. El hecho de que nadie te tomara en serio, hacía que todas las probabilidades de conquistar el mundo humano se redujeran un 99%. Él odiaba cuando los demás se burlaban de sus poderes, o de (a su parecer) aterrador y atronador grito de ¡Cuidado!
Sin embargo, si el rumor que Technus había esparcido por la zona fantasma era cierto; ese día podía ser finalmente el primero del resto de su existencia. Después de ser echado del mundo físico gracias al odiado termo Fenton; el fantasma cibernético empezó a pregonar por cada rincón del mundo fantasmal con una noticia que le sacó una sonrisa a más de uno:
― ¡Danny Phantom está gravemente herido! ¡Danny Phantom ya no puede enfrentarse a los fantasmas!―.
En cuestión de minutos, un gran círculo de fantasma se reunió alrededor para escuchar las buenas nuevas de su voz chillona. Ésta era la oportunidad que todos habían deseado alguna vez, por la que habían estado esperando tanto tiempo. Finalmente podrían invadir Amity Park sin miedo a ser derrotados por el adolescente fantasma. El mundo les pertenecería.
Vueltos una gran masa voladora que reía maléficamente, todos los fantasmas salieron por el portal Fenton. Esto sucedió en medio de la noche, pues incluso si el rumor era cierto, ellos querían extremar precauciones y evitar a toda costa estar en la mira de Phantom.
Habían pasado horas desde entonces. A la mañana siguiente, el fantasma de las cajas se levantó sintiéndose deseoso de un poco de compañía; pero se topó con que toda la zona fantasma estaba desierta. Si bien, era cierto que la mayoría de los fantasmas lo consideraban aburrido y fastidioso, y por tanto lo evitaban; aquello era una exageración. En el más literal de los sentidos, no había un alma a la vista. Confundido, recorrió grandes regiones de su mundo espectral, en busca de alguno de sus compañeros.
Al único al que pudo encontrar fue a ese fantasma que siempre pedía que fuese su amigo. Al verlo aproximarse, el jorobado cambio su expresión de tristeza a felicidad y le soltó a grito pelado su usual petición. El fantasma de piel azulada ignoró la pregunta, y le pidió explicaciones. Fue entonces cuando supo lo que había ocurrido.
El fantasma de las cajas se sentía indignado. ¿Cómo era posible que nadie se molestara en decirle lo que había pasado? ¿Cómo se atrevían a quedarse con tan buena oportunidad solo para ellos? Y como si todo no fuese suficientemente malo, ¡había tenido que pedir explicaciones a un fantasma inferior a él!
Pero todos se arrepentirán, pensaba él. En su mente volaban las mil ideas que se le ocurrían para conquistar: primero Amity Park, y después el mundo. Él les demostraría que no era un fantasma tonto y patético, sino el más poderoso de toda la zona fantasma. Con una sonrisa en el rostro, salió a través del portal Fenton; dispuesto a acabar con todo y con todos. Tanto humanos como fantasmas.
Al salir a las calles de la ciudad, se encontró con que era tarde. Más tarde de lo que pensaba, cerca de las 4 de la tarde. Desafortunadamente el no contaría con el cobijo de la oscuridad, como lo hicieron sus demás compañeros. No lo necesito, se consoló mentalmente. Empezó a recorrer las calles en busca de su primer objetivo y entonces lo vio. Quizás era un poco cliché pero serviría; después de todo ahí había muchas cajas.
El centro comercial. Lleno de personas a las cuales podía aterrorizar con su poder supremo. El fantasma de las cajas sonrió con placer. Y se dirigió rápidamente a la que sería su fuente principal de sus armas favoritas. Una tienda de zapatos. Rebosante de cajas de zapatos, de todos los colores, tallas y modelos. Ese era para el azulado un paraíso personal.
Alzó sus manos preparándose para convocar su poder cuando lo sintió. De nuevo. Esa maldita sensación de frío que lo obligaba a retroceder. Esa sensación que era muy conocida y odiada por todos los fantasmas que alguna vez se habían topado con Danny Phantom.
El termo que siempre cargaba consigo el chico fantasma lo succionaba, arrastrándolo con fuerza hacia su perdición. El fantasma de las cajas luchó por salir de la corriente fría. No podía ser vencido cuando ni siquiera había empezado la pelea aún. Su oportunidad parecía escurrirse por entre sus dedos. Entonces la fuerza del remolino anti-fantasma ganó, y éste fue succionado y almacenado en el fondo del termo.
Jaz sonrió con satisfacción. Se dio la vuelta y miró a su hermano, sacudiendo el contenedor de manera burlona. Danny no pudo sino fruncir cada vez más el ceño.
Desde el día anterior, en que sus amigos y hermana lo habían obligado a prometer que no pelearía con fantasmas hasta que se hubiera recuperado; Fenton estaba con los nervios en punta todo el tiempo. Temía por la vida de sus personas amadas, y aunque pensaba que eran capaces defenderse solas; él sabía que había cosas que podían ser más de lo que se podía manejar. Lo único que no quería era que alguien saliera herido, y por tanto trataba de estar alerta todo el tiempo.
Miraba nervioso hacia todos lados, escrutando cada rincón. Mojaba sus labios frenéticamente, en espera del vaho helado que le anunciara la presencia de alguno de sus enemigos. También prestaba atención a los movimientos de los que se habían vuelto sus niñeras de tiempo completo, buscando la oportunidad en que se distrajeran y éste pudiera escapar.
Jaz, Tucker y Sam habían insistido mucho en que ellos podían encargarse de todo, y afirmaban que el hecho de que no hubiese pasado nada aún les daba la razón. Ahora no podían sino alardear más, burlándose de como probablemente todos los enemigos del pelinegro estaban en un oscuro rincón de la zona fantasma, temblando de miedo.
Danny hacía lo posible para ignorarlos, mientras comía con ahínco su helado de vainilla. El ojiazul se había vuelto adicto al helado, pues éste de alguna manera calmaba el dolor de sus heridas desde adentro. Éste fijó su vista en el termo que colgaba de la mano de Jazmine, quien lo balanceaba hacia adelante y hacia atrás, como si contuviera sopa en vez de un fantasma.
El fantasma de las cajas no era una amenaza en ningún sentido, él lo sabía. Y sin importar cuan seguros de sí mismos se sintiesen sus amigos, el adolescente no podía dejar de preguntarse qué pasaría si alguien más decidía presentarse. Sacudió la cabeza y se concentró en su helado de vainilla. Su hermana decía que si quería que algo positivo ocurriese debía pensar de manera positiva. Danny pensó lo más positivamente que pudo. Nada malo ocurrirá, y si lo hace, mis amigos serán capaces de lidiar con ellos. Siguió repitiendo esa frase en su mente como un mantra tranquilizador, tratando de convencerse de su verdad.
Daniel Fenton no tenía ni idea de que las cosas se iban a poner miles de veces peor de lo que él jamás sería capaz de imaginar. Pues él no sabía que el verdadero peligro se avecinaba, desde un lugar muy lejano de casa.
En medio de la oscuridad, una sonrisa maléfica brillaba. Compartía el mismo pensamiento que los otros. Se encargaría de destruir a Daniel Phantom de una vez por todas. Y por fin, tendría lo que se merecía desde años atrás.
―Jaz, ¿podemos irnos ya?― preguntó en tono cansado Danny.
―Sí, supongo. Si eso quieres, llamaré a mamá para que venga por nosotros― replicó extrañada su hermana, mientras sacaba su celular.
― ¿Te sientes mal?―murmuró Sam, pues aunque quería asegurarse de que él estuviera bien, no quería darle problemas provocándole un ataque de ansiedad innecesario a su hermana.
―Un poco…quizás me está dando fiebre de nuevo― susurró de igual manera el pelinegro, pasando discretamente una mano por su frente. La noche anterior no había sido muy tranquila para el joven, ya que en medio de la cena se había empezado a sentir mal, y tuvo que irse a la cama temprano con fiebre. Esto por supuesto, provocó que sus familiares entraran en pánico. Danny tuvo que lidiar con el dolor de cabeza, de pecho, el frío y el cansancio mientras trataba de convencer a su familia de que no era necesario internarlo de urgencias en el hospital.
El doctor había dejado en claro que ese síntoma era normal, y que podía erradicarse con un par de analgésicos y unas horas de descanso. Pero para la familia Fenton, una simple fiebre después del accidente podía significar que el chico fantasma estaba a un paso de la muerte. Phantom no quería pasar por algo así de nuevo, y planeaba simplemente llegar a casa y tumbarse a dormir el resto de la tarde.
Entonces, como una respiración; el aliento helado de Danny lo atrapó con la guardia abajo. El segundo intruso de la tarde hizo acto de aparición, justo cuando Jazmine terminaba de hablar con su madre por el teléfono, y éste resultó Desirée, la genio fantasma; quién se encontraba en la fuente central del lugar, cumpliendo los deseos de los compradores que lanzaban monedas al agua.
Por costumbre, Fenton se puso en guardia, preparándose para transformarse; pero su hermana lo hizo volver a la realidad poniendo una mano en su hombro.
―Ni lo pienses― dijo ella seriamente― Mamá estará aquí en 5 minutos, te irás con ella a casa. ¿Oíste?―.
―Pero Jaz…― empezó a discutir el ojiazul; y esta vez fue Sam quién lo interrumpió.
―Tu hermana tiene razón, Danny. Nosotros nos haremos cargo―.
Entonces Tucker intervino, con una gran sonrisa y ambos pulgares arriba:
―Estaremos bien. Ya verás que lo tendremos todo bajo control―.
Viendo que era inútil seguir discutiendo; Daniel asintió derrotado. Entonces sus amigos se alejaron corriendo de ahí; listos para enfrentarse al fantasma que atacaba el centro comercial.
El adolescente decidió que no era buena idea quedarse en medio de la estampida por segunda vez en dos días; así que se dirigió rápidamente al estacionamiento. Ya afuera, encontró un lugar tranquilo y lejos de las multitudes junto a un árbol artificial, y se sentó en la orilla de la maceta.
Si bien agradecía más allá de lo imaginable la ayuda que le prestaban sus amigos; no podía evitar sentirse avergonzado y humillado. Sus amigos y su hermana debían hacerse cargo de sus problemas y sus responsabilidades solo porque él no había sido lo suficientemente inteligente como para protegerse de una pelota de goma.
Se sentía completamente inútil e impotente teniendo sus poderes fantasmas y encontrándose incapacitado para usarlos. El sentimiento de frustración crecía, tentándolo a arriesgarse y volver para pelear al lado de sus amigos.
Por fortuna para su salud, la camioneta Fenton entró en ese momento en el aparcamiento. Por el vidrio, podía verse a Jack Fenton dando volantazos tratando de controlar el vehículo. Con un estruendoso chirrido, éste por fin se detuvo a un par de metros de donde Danny se encontraba. Sus padres bajaron de un salto, completamente en guardia y portando toda clase de objetos y armas anti fantasmas.
Maddy pronto se acercó hasta donde estaba su hijo, con una mirada preocupada debajo de sus lentes violetas.
― ¿Cariño, te encuentras bien?―preguntó ella en tono maternal.
―Sí, mamá. Estoy bien― Phantom no pudo ocultar su bochorno al escuchar el perfectamente audible ''cariño''.
―Grandioso. Ahora sube a la camioneta hijo, y no salgas de ahí por ningún motivo― intervino su padre, vigilando los alrededores y apuntando a todos lados con su enorme pistola láser.
―Pero…―quiso argumentar Danny; pero de nuevo su opinión fue ignorada. Haciendo uso de la fuerza física, los padres del joven lo tomaron por los hombros y lo subieron al vehículo Fenton. Una vez dentro, bloquearon las puertas para que no se pudieran abrir por dentro.
El estar atrapado en la camioneta familiar le recordaba a Danny esa ocasión en que el pirata Sangre Joven, lo había acosado insufriblemente durante días. Al ser un niño, ni sus padres ni su hermana podían verlo; lo que les hizo creer que él había perdido la cabeza.
Fenton había sido encerrado en el vehículo ahora por la misma razón que en esa vez; intentaban protegerlo de sí mismo. Y en ambas ocasiones, había funcionado. Él se sentó en el asiento del copiloto y esperó.
Después de unos minutos, la gente dejó de salir a borbotones del centro comercial. Éste ya estaba completamente vacío. Por un rato, no hubo movimiento visible desde el exterior, y Danny no estaba seguro de si eso lo calmaba o lo aterraba más.
En seguida de una larga y agónica espera, un signo de vida provino del lugar. Una brillante luz cegadora atravesó el techo; haciendo que kilos de escombro salieran volando en todas direcciones. Phantom agradeció que el vidrio frontal fuese a prueba de balas; ya que de lo contrario ya habría sido golpeado por alguno de esos pedazos de vidrio y concreto.
Luego, Daniel pudo ver como Desirée salía volando a toda velocidad del edificio, claramente aterrada por cualquier cosa que había ocurrido en el interior. Fenton no pudo sino respirar aliviado; si bien la genio fantasma había escapado; al menos la batalla había terminado.
Todos los músculos del cuerpo del joven se relajaron; lo que hizo que se diera cuenta lo increíblemente tenso que estaba. Echó la cabeza hacia atrás, de verdad le dolía mucho y se sentía mareado. Su respiración comenzó a acompasarse, y Danny empezó a adormilarse. No haría mucho daño si se dormía un rato en lo que su familia y amigos salían del establecimiento. El chico fantasma no se dio cuenta en qué momento se quedó completamente dormido; ni notó cuando sus padres lo recostaron en el asiento trasero de la camioneta Fenton.
Un movimiento violento del vehículo, junto con algún juramento proveniente de la voz de su padre; fue lo que trajo al adolescente de vuelta al mundo real. Tardó un minuto en recordar cómo había llegado hasta allí; pero cuando lo hizo se relajó pensando en que la batalla había terminado.
Fue cuando notó que su hermana no estaba en la camioneta con ellos. Extrañado se inclinó hacia adelante, acercándose a sus progenitores; quienes parecían estar a punto de enloquecer.
―Por Dios, Jack ¿Podrías conducir como un persona decente?―.
―Perdóname Maddy, pero justo ahora creo que hay cosas más importantes por las que preocuparse que las reglas de tránsito.
― ¿Mamá? ¿Papá?― llamó Danny confundido. Su madre se giró en el asiento, con una mirada compasiva y cariñosa en los ojos amatistas.
―Lamentamos haberte despertado, cariño. No te asustes, vuelve a dormir― le consoló la pelirroja con una sonrisa maternal. Sin embargo, el mitad fantasma pudo notar algo en su mirada, un pequeño dejo de preocupación. Ella trataba de mantenerlo fuera de un asunto, que por lo que podía ver, era muy grave.
―Mamá ¿Qué ocurrió? ¿Dónde está Jaz?―insistió el adolescente. Maddy bajó la triste mirada, y su hijo pudo notar como se le llenaban los ojos de lágrimas.
―Danny― llamó su padre seriamente, sin despegar la vista del camino― Me temo que…ha ocurrido algo terrible.
―¿Pero qué…?―entonces un guante azul se posó en la mejilla del joven. Fenton casi no pudo soportar ver tanta tristeza en el rostro de su querida mamá.
―Cariño….Jaz, Tucker y Sam….se han ido―.
La camioneta volvió a acelerar frenéticamente, lo que empujó a Danny de vuelta a su asiento. Éste no pudo sino quedarse petrificado, con la mirada perdida. Su más grande miedo se había vuelto realidad.
