LA ESTRELLA DEL NORTE

¡Jo, jo, jo¡Feliz Navidad¡Holitas a todos! Hoy es un día muy especial, porque no sólo subí este capi, sino que. ¡este será el último del año! Snif! Lo sé. Estoy algo apuradilla, así que no podré responder a sus reviews, lo dejaré para el otro año. suena lejano¿verdad? Bueno, disfruten mucho este capi y les agradezco por los reviews y por haber entrado en la web. ¡Chau!

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CAPÍTULO 11

"LOTHLÓRIEN, LA MAGIA DEL PASADO"

- ¿Legolas¿Estás bien?

Merry y Pippin se le habían acercado. Todos estaban muy tristes. Era razonable..., por lo que acababa de ocurrir: la caída de Gandalf... Pero..., Legolas era el que se veía más decaído. Estaba pálido, sombrío, algo torpe y tembloroso.

- Legolas...

- ¿Qué...?- el Elfo pareció salir de un sueño. Estaba sentado sobre una piedra y miraba pensativo el agua que corría por el Cauce de Plata. Miró a los hobbits, y luego de asegurarles que estaba bien, éstos se retiraron.

La Compañía se había detenido para curar a sus enfermos y para descansar un poco. Aragorn había estado curando a Sam y a Frodo, pero descubrieron que éste último llevaba una cota de mithril, así que estaba perfectamente; también para curar a Mislif...

La joven estaba inconsciente aún y no parecía mejorar. Cabe recordar que ella había caído herida en Moria, con una flecha orca enterrada peligrosamente en el hombro izquierdo. Si bien Sam tuvo la suerte de no salir envenenado con su herida, aquella suerte no acompañó a Mislif, pues la joven había caído enferma y la fiebre le había subido de manera alarmante.

Legolas había estado preocupadísimo por ella, aún lo estaba, y no conseguía todavía relajarse. Aragorn se le acercó, y al ver cómo se paseaba de un lado a otro con desesperación, le dijo:

- No fue culpa tuya, si eso es lo que te acongoja.

- ¡Claro que fue culpa mía!- exclamó Legolas con vehemencia.- ¡Yo debí protegerla¡Tal vez... debí interponerme, no sé...!- se volvió a mirar fijamente a su interpelado.- Aragorn, tengo miedo, miedo a perderla... Aún es muy joven y temo por su vida. ¡Mírala! La fiebre va en aumento, y a pesar de que las athelas actúan bien, no curarán su enfermedad.

- Lo tengo muy presente, Legolas.- replicó Aragorn mirando a la joven, que estaba acostada, sobre y cubierta por unas frazadas. El sudor de la fiebre le perlaba la frente y a duras penas se oía su respiración.- Estoy tratando de hallar la manera de hacer retroceder la fiebre, pero se requiere tiempo y no estoy dispuesto a retrasarnos aquí, tan cerca aún de Moria...- murmuró.

- ¡Entonces yo me la llevaré!- interrumpió Legolas con determinación.- ¡Hay que hacer algo!

- Lo primero, y no te desesperes, es cambiar el paño con agua de su frente. Gimli acaba de hervir agua. Espera a que se enfríe un poco.

Legolas suspiró con desdén, pero sabía que era inútil perder la cabeza y tratar de echarle la culpa a otro por aquello..., sabiendo que él era el que debía haberla protegido. Aragorn se había retirado para ver cómo estaban Merry y Pippin, cuando Gimli se acercó al Elfo, quien se había sentado denuevo.

- Pobre chiquilla.- suspiró mirando a Mislif.- Me da..., bueno... tristeza verla así, cuando su ánimo habitual es tan desbordante.- Legolas no contestó, sólo se cubrió la cara con las manos. Gimli lo miró preocupado.- Sé que le tienes mucho cariño, Elfo.- dijo.- Pero lo peor es perder la paciencia en un momento como éste.

- Lo sé...

- Mira, traeré paños con agua, y te ayudaré a bajarle la fiebre¿sí?- propuso el Enano.

- Sí... Muchas gracias, Gimli.- contestó Legolas con una pequeña sonrisa. Se arrodilló junto a Mislif y le tocó la frente. ¡Estaba ardiendo! Sintió que el alma se le iba a los pies. La levantó un poco para besarle la frente con ternura, y volvió a recostarla, a la vez que regresaba Gimli con los paños húmedos.

- Boromir está preparando algo para comer.- anunció el Enano, mientras le pasaba un paño a Legolas.- Parece que no quiere aceptarlo, pero está preocupado por Mislif. He visto con los ojos preocupados con que la mira.

- Me alegra eso.- murmuró Legolas, aunque su voz no expresaba el significado de sus palabras.- Joven dama...- suspiró acariciando dulcemente su rostro.

- Iré a buscar algo para que Aragorn la vende.- anunció Gimli levantándose. Legolas no apartó la mirada de Mislif y algo extraño y nuevo pasó. Sintió cómo su corazón latía más rápido, y cómo le avergonzaba, de cierta forma, estar acariciando su rostro. Se levantó, con los ojos ligeramente abiertos, esperando el regreso de Gimli.

Luego de comer, la Compañía se puso en marcha. Legolas llevaba a Mislif en brazos, cubierta con mantas, pero habían decidido turnarse para llevarla, pues, aunque no era una carga pesada, a la larga llegaría a acalambrar brazos. La noche fue fría, acompañada de un viento y preocupaciones. Ya casi nadie hablaba, pues la congoja por la pérdida de Gandalf, se hacía cada vez más pesada.

De pronto, y cuando pasaban entre unos árboles que se elevaban arqueándose en lo alto, Legolas exclamó:

- ¡Lothlórien¡Lothlórien! Hemos llegado al pórtico del Bosque de Oro. ¡Lástima que sea invierno! Pero al menos me alegra el corazón saber que Mislif podrá ser atendida pronto.

Aragorn propuso adentrarse en el Bosque para buscar refugio, pero Boromir se opuso a seguir. Quería buscar otro camino, pero al ver que era imposible, a menos que volviera a las Puertas de Moria, escalara las montañas sin camino o que fuera a nado por el Río Grande; desistió y se abstuvo. Sabían que era peligroso adentrarse en Lothlórien, pero era un riesgo hermoso, pues los árboles tenían unas hermosas hojas amarillo rojizas y sus troncos eran grises. Incluso en la oscuridad de la noche los árboles tenían una hermosura algo melancólica.

Legolas parecía reanimado. El Bosque le subía el espíritu caído por las penurias ocurridas, y luego de la horrible Oscuridad de Moria, aquello era un preciado milagro. Se alegraba mucho de llegar a tierras de Elfos, pues así podría atender a Mislif con mayor cuidado y dedicación. Con respecto a ella, Legolas sentía curiosamente una vergüenza al mirarla. Evitaba posar sus ojos en ella, a quien todavía llevaba en brazos.

Llevaban alrededor de una milla dentro del Bosque, cuando se encontraron con otro arroyo, que más adelante dejaba oír una cascada. Legolas comentó, con cierta alegría, que aquel era el Nimrodel. Señaló que se mojaría los pies, ya que se decía que las aguas de esas maravillosas aguas curaban la fatiga.

Los demás lo siguieron ribera abajo. En efecto, los hobbits sintieron cómo sus pies descalzos eran lavados por un agua fría, llevándose no sólo la suciedad del viaje, sino todo el cansancio del cuerpo. La Compañía cruzó la corriente no profunda del Nimrodel, y se sentaron a descansar. Aragorn, sin embargo, se dirigió rápidamente hacia donde estaba Mislif. Sacaba unas hojitas de athelas, cuando se le acercó Legolas.

- Te ayudaré.- dijo inclinándose.- ¿Qué hago?

- Primero, sácale las ropas para limpiarle la herida...

- ¿Qué!- exclamó el Elfo consternado, a la vez que enrojecía.

- Que le quites las ropas de...- se detuvo mientras una sonrisa dulce aparecía en sus labios, y la risa le bailaba en los ojos grises.- ¡No me digas que eso te avergüenza!

- Claro que no..., pero...

- Legolas, le curé la herida antes, y te aseguro que... bueno, no vi nada, pues estaba cubriéndola a la vez.- Aragorn sintió que ridículamente la vergüenza del Elfo se le traspasaba.- Bueno, no hay tiempo que perder.- dijo con determinación poniéndose a trabajar en la herida. Legolas se levantó y con los ojos cerrados comenzó a oír el rumor de las aguas.

- ¿Alcanzan a oír la voz de Nimrodel?- preguntó sumido en pensamientos y recuerdos.

Merry y Pippin se acercaron a Aragorn.

- ¿Cómo está Mislif?- preguntó el primero.

- La fiebre sigue siendo peligrosa.- contestó Aragorn mojando unas hojas de athelas.

- ¿Y la herida?- preguntó Pippin estremeciéndose al ver el producto del veneno de la flecha orca.

- Afortunadamente no es tan profunda como creía.- dijo Aragorn suspirando.- Es lo único que le agradezco al Puente de Kazad-dûm, pues con la distancia entre los orcos y nosotros la flecha perdió intensidad y no se clavó con tanta fuerza, pero no me gusta el aspecto que tiene. Desearía poder ver algún Elfo rápido.

- Les cantaré una canción de la doncella Nimrodel, que vivía junto al arroyo y tenía el mismo nombre.- dijo Legolas.- Es una hermosa canción en nuestra lengua de los bosques, y hela aquí en la Lengua del Oeste, como algunos la cantan ahora en Rivendel.- y uniendo la acción a la palabras comenzó a cantar "Había en otro tiempo una doncella élfica, una estrella que brillaba en el día...". Su voz era dulce, suave y que parecía un susurro entre el sonido del agua y el murmullo de las hojas que me mecían en sus ramas.

De pronto, su voz se quebró, y todos los que lo escuchaban alzaron sus miradas hacia él. Legolas suspiró con pesadumbre y miró a Mislif con ternura, quien acababa de terminar de ser curada.

- Joven dama...- murmuró el Elfo.- No puedo seguir. Esto es sólo una parte; he olvidado casi todo...

Con unas palabras de Gimli, Aragorn tuvo la idea de que lo mejor sería que pasaran la noche subidos en las ramas de los arboles, pues sería más prudente que estar sentados junto al camino.

Al llegar al pie de unos árboles de grandes troncos grises, Legolas decidió subir a uno. Iba a comenzar a trepar, cuando una voz habló desde lo alto. "¡Daro!", dijo haciendo que Legolas se dejara caer con cierto temor.

- ¡No se muevan ni hablen!- ordenó la misma voz. Luego de cruzar unas palabras con Legolas, éste informó que, en efecto, eran Elfos y que habían comentado que respiraban tan fuerte que podrían atravesarlos con una flecha en la oscuridad. Aquello causó un nerviosismo entre los más jóvenes. Pero Legolas informó que los Elfos habían oído su voz en la orilla del río y sabían que era de la familia del Norte, así que por eso no les impidieron el paso. Querían que él y Frodo subieran al árbol.

Así lo hicieron, pero también subió por la escalera de cuerda Sam. Una vez en la plataforma de madera, llamada flet o talan, uno de los Elfos, que eran tres, informó que se llamaba Haldir. Les preguntó cuántos eran, pues debían quedarse ahí esa noche para poder ayudarlos, como Elrond de Rivendel se los había pedido.

- Somos Nueve.- contestó Legolas.- Yo, cuatro hobbits, tres Humanos, dos hombres, uno de ellos, Aragorn, es de Oesternesse, y amigos de los Elfos.

- El nombre de Aragorn, hijo de Arathorn, es conocido en Lórien- dijo Haldir -, y tiene la protección de la Dama. Todo está bien entonces. Pero sólo me hablaste de ocho. Además mencionaste que dos de los Humanos son hombres¿quiere decir que uno de ellos es mujer?

- Exacto.- contestó Legolas.- Mislif, hija de Musolf, de las Tierras Grises septentrionales, pero está herida. Y... el último es un Enano.

Haldir no se vio muy de acuerdo con la noticia de Gimli. Dijo que no tenían tratos con los Enanos desde los Días Oscuros y que no podía permitirle el paso. Frodo intentó arreglar las cosas, diciendo que Gimli era amigo de Elrond, y que él mismo lo había elegido para integrar la Compañía. La decisión final fue que Aragorn y Legolas responderían por él, pero debía cruzar Lothlórien con los ojos vendados.

- Lo mejor será que suban sus compañeros.- dijo Haldir levantándose.- No es prudente que permanezcan en tierra a estas horas y con el peligro tocándole los talones. Partirán mañana temprano, así que suban rápidamente a los talan. Los hobbits que se queden aquí con nosotros. Hay otro talan en el árbol próximo; los demás suban ahí ¡y no pierdan de vista al Enano! .- hizo una pausa.- En cuanto a la dama que viene herida, te ayudaré a subirla al otro talan. Veré que puedo hacer.

- Muchas gracias.- contestó Legolas levantándose también. De pronto, se sintió cansado; sentía que las piernas le pesaban y también los ojos.

Momentos después, Haldir se inclinaba sobre Mislif, quien estaba acostada en el flet del otro árbol.

- No creí que fuera tan joven.- comentó el Elfo tocándole la frente.- Tiene mucha fiebre y necesita descansar. Ha debido de ser una flecha orca envenenada¿cierto?

- Sí.- murmuró Legolas mirándola.- Fue herida en Moria.

Haldir carraspeó con la lengua, en señal de desaliento. Dijo que ella sería llevada antes de que los demás partieran, porque necesitaba ser curada por manos élficas especializadas. Todo quedó arreglado y el sueño cayó sobre la Compañía.

Sin embargo, no fue una noche tranquila, pues orcos irrumpieron en la tranquilidad y belleza de Lórien. Aragorn, Boromir y Legolas bajaron, en compañía de Haldir y sus hermanos Rúmil y Orophin, y repelieron a los visitantes.

Muy temprano en la mañana, con una pálida luz del alba, Orophin se llevó a Mislif, para poder curarla y para advertir la presencia de orcos.

Los demás partieron con Haldir y Rúmil hacia el interior del Bosque de Oro. Tuvieron una larga e inicialmente incómoda marcha, pues cuando le informaron a Gimli que debía cubrirse los ojos, el obstinado Enano se negó rotundamente, y finalmente se llegó a la diplomática conclusión de que toda la Compañía iría con los ojos vendados. Marcharon todo el día, hasta que se comenzaron a sentir las brisas que daban la bienvenida a la noche. A pesar de ir con los ojos vendados no sintieron miedo de caer o lastimarse, pues el camino era liso, blando y la hierba suave. Descansaron en el suelo, sin sentir temor alguno y reanudaron la marcha a la mañana siguiente, pero no parecían apurados, con la clara excepción de Legolas, quien avanzaba lo más rápido que podía y se hallaba ansioso por llegar.

- ¿Qué le pasa a Legolas?- preguntó Sam, al oído de Frodo.

- Parece que ansía ver a Mislif.- bromeó Frodo con cierta ternura.

Finalmente, la Compañía fue despojada de la oscuridad en que caminaban, para poder ver boquiabiertos un mediodía que brillaba sobre un claro, que en un una izquierda tenía una loma cubierta con una alfombra de hierba verde tan bella como la primavera de los Días Antiguos. A decir verdad, casi todo en Lórien parecía nunca haber sido tocado por el paso de los años. Era como volver en el tiempo, a tiempos mejores, de paz, de tranquilidad, de bellezas incontables. Sobre la loma crecían, dando la forma de una corona doble, dos círculos de árboles. Más arriba, entre las ramas de un árbol enorme, el más alto de todos, que crecía en el centro, se alzaba un flet blanco. A los pies de los árboles, y para complementar el bello paisaje, unas florecillas amarillas, con formas de estrellas, alegraban la vista.

- ¡Miren! Hemos llegado a Cerin Amroth.- anunció Haldir con orgullo.- Pues éste el corazón del antiguo reino, y ésta es la loma de Amroth, donde en días más felices fue edificada la alta casa de Amroth. Aquí se abren las flores en invierno en una hierba siempre fresca: la elanor amarilla, y la pálida niphredil. Aquí nos quedaremos un rato, y a la caída de la tarde llegaremos a la ciudad de los Galadrim.

- Legolas¿no crees que deberías dormir un poco? No te hará nada de bien estar en vigilia toda la noche, sabiendo lo que nos... acaban de decir.

- No te preocupes, Aragorn.- contestó el aludido.- Tú duerme, y cuida de los demás, que yo me preocupo de Mislif.

- Ella no va a despertar.- afirmó Aragorn tajante.- Ya te lo dijo aquel elfo que la atendió: ella no despertará; no aún. Además, nadie la molestará en su sueño.

- Lo sé, pero...

- ¡Oh, haz lo que quieras!- exclamó Gimli, quien también se hallaba ahí.- Yo ya tengo mucho sueño y no pretendo quedarme aquí hasta que la chiquilla despierte. Con permiso.- se dirigió hasta la entrada del flet.- ¡Aragorn¿Vienes conmigo?- preguntó antes de salir.

- Sí.- contestó.- Voy enseguida.- Gimli bajó, y Aragorn, que iba a hacer lo mismo, antes dijo más dulce.- Procura descansar, Legolas. ¡Ah! Y deja de torturarte con aquello de que esto es culpa tuya. Buenas noches.

- Buenas noches.- respondió Legolas. Al salir su amigo miró a la persona que yacía en la cama frente a él. Suspiró al verla, tan débil. Ella no se merecía sufrir así. ¿Cómo podía evitar no echarse la culpa de todo? Aragorn no entendía. No, definitivamente no. No comprendía que él quisiera quedarse a su lado aquella noche. El tiempo para los Elfos era una cosa casi sin importancia. Como a ellos no les afectaban los segundos, los minutos, las horas, los días, los meses, los años... Mislif necesitaba, aunque no pudiera decirlo, estar con alguien de su cariño a su lado. Legolas lo sabía muy bien.

Toda la Compañía- incluyendo a Boromir- se había quedado muy preocupada por el diagnóstico del aquel elfo que había examinado a Mislif a su llegada a la ciudad de los Galadrim. Era malo, realmente malo, y como había dicho Aragorn: Mislif no iba a despertar. La fiebre no se lo permitía y la herida era alarmantemente profunda.

Cada vez que Legolas la miraba, ahí acostada, con la frente perlada y algo que parecían ser lágrimas de dolor en su rostro, con su rojizo cabello corriendo desordenadamente sobre la almohada y brillando por la pálida luz solar, se sentía culpable de no haber podido evitar que toda aquella belleza, espíritu y energía joven se vieran acabados por un vil instrumento de guerra.

De pronto, una palabra volvió a su cabeza: belleza. ¿Había dicho que Mislif era bella? Bueno..., lo había notado, pero nunca había pensado en la palabra, tomando en cuenta todo lo que significa. Tal vez por ello fue que sus mejillas se tornaron ligeramente rosadas al volver a mirarla. "Tan bella...", pensaba una y otra vez. De pronto, recordó el extraño nerviosismo que lo había invadido desde la noche anterior al verla, pero se dijo que sólo debía ser una jugarreta del cansancio que tenía.

La noche pasó casi sin incidentes, si no se nombra la enfermedad de Mislif. Legolas durmió un poco a la mañana siguiente, después de que el elfo que cuidaba de Mislif había llegado. Legolas se reunió con la Compañía para celebrar un encuentro con Galadriel.

El sol comenzaba a descender detrás de las montañas, diciendo adiós al Bosque de Oro que tan bien lo recibía cada día. Una brisa corrió ligera haciendo despertar a una joven.

Mislif abrió los ojos con cansancio. Se sentía enferma y que la cara le ardía. Apenas tenía fuerza para moverse; además, cuando intentó incorporarse, una punzada de dolor la invadió, concentrando el dolor en su hombro izquierdo y que hizo por obligación que se recostara, respirando entrecortadamente. Intentó pensar en otra cosa, que no fuera su hombro, y la visión del lugar en que se hallaba lo logró. Decidida y curiosamente no lo conocía. Era una habitación de madera, que le traía un viejo recuerdo. ¿De dónde...¡Ah, ya lo sabía! Había estado en un lugar muy parecido dentro del Bosque Negro. Pero, era inverosímil que estuviera ahí, pues su último recuerdo había sido la imagen de... Gandalf en el Puente de Kazad- dûm, luchando con un... un Balrog... No creía posible que en Moria estuviera aún, pues la luz del sol que todavía brillaba, el murmullo de hojas y la brisa ligera que corría se lo indicaba. De ser así¿dónde estaban los demás¿Dónde estaba Aragorn, Gimli, Legolas...? Legolas... ¡Cuán dolido estaba su joven corazón! Recordando, las últimas que habían cruzado habían sido ligeramente descorteses, por parte de él, pero agresivas por parte de ella¡y se arrepentía tanto! Deseó poder verlo, tomarle su mano, como en Moria; o que él la aferrara contra su pecho, como solía hacerlo cada vez que ella estaba nerviosa, triste, o actuaba con inmadurez. ¡Cualquier cosa! Pero... ¿dónde estaba ella en ese momento!

En respuesta a sus preguntas, una figura apareció en el agujero de la entrada del flet. Saludó con una sonrisa y una pequeña inclinación de cabeza y fue en busca de unas ropas. Era un elfo, sin duda, pero era mujer. Ahora sí que era algo extraño.

- Disculpe¿qué lugar es éste?- preguntó la joven tímidamente.

La dama élfica sonrió con ternura, lo que hizo que Mislif supusiera que ella no le entendía. Tomó las ropas de viaje de Mislif y se las llevó, dejando en su lugar un precioso vestido. Era sencillo, de color blanco, pero decididamente bello. Al cabo de unos instantes, otra figura entró en el flet. También era una mujer, pero mucho más hermosa que la anterior.

- Al fin despierta, joven dama.- saludó en Lengua Común.- Celebro por eso. Nos tenía preocupados. Y, a decir verdad, esto me tiene muy sorprendida. Usted no tenía expectativas de despertar, hasta un buen tiempo, por lo menos. Se ve que es muy luchadora.

- ¿Dónde estoy?- preguntó bruscamente la joven.

- ¿No lo sabe¡Oh, debí suponerlo!- sonrió la dama elfa.- Está usted en el Bosque de Oro, Lothlórien, hogar de los Galadrim.

- ¿Qué!- exclamó Mislif impresionada. Intentó levantarse, pero la punzada de dolor se hizo más patente.- ¡No puedo creerlo¡Yo en Lothlórien¡Por Elendil...!

- No debe moverse hasta dentro de unas horas. Sí, joven dama, está en Lothlórien. Es algo que debe agradecer, a su estrella y a quienes la cuidaron. Esas hojas de athelas nunca dejan de sorprenderme...

- ¿Dónde están? Me refiero a mis compañeros.

- ¡Oh, no lo sé!- contestó la aludida.- Sólo tengo conocimiento de que usted fue traída, de urgencia por añadidura, desde las fronteras del Oeste. Desde que llegó aquí la hemos estado cuidando.

- Muchas gracias.- dijo Mislif.- No tengo..., no tengo palabras para hacerlo... Estoy un poco torpe.

- Son ciertas plantas que pusimos en su herida.- explicó la dama.- Su fragancia es bastante fuerte y relajante. ¡Pero no se diga más! No se preocupe por agradecerme. Descanse y más tarde le traeré información sobre sus compañeros.

- Bien.- sonrió la joven.- Gracias denuevo.- Mislif se acomodó aturdida. ¡Ella en Lórien! Aún le costaba creerlo. Suspiró sintiendo que el cansancio y la fragancia de aquellas plantas la absorbían. Así se quedó dormida.

- ¿Cómo está?- preguntó Legolas a uno de los elfos que cuidaban a Mislif.

- Bien.- contestó el aludido.- Al menos la fiebre ha bajado considerablemente, y la herida ya no es de temer. Estuve bastante preocupado por ella, pues no veía posibilidad de una mejoría y la pérdida del brazo era visible. Pero se ve que es increíblemente fuerte y luchadora. ¡Esos asquerosos Yrch...!- de la boca del elfo salieron un torrente de insultos en élfico, bastantes inapropiados para los de su raza, que serán cubiertos con un discreto velo.

- Joven dama...- suspiró Legolas mirando hacia el flet.

- No se preocupe más, señor. Todo está bien ahora. Si gusta puede subir a verla. Debe de estar durmiendo a esta hora. ¡Y por lo que más quiera, que no se mueva, pues la herida no cicatriza por completo!

- Muy bien. Hantale! (Gracias).- contestó Legolas rápidamente, a la vez que comenzaba a subir por la escalera de cuerda. La Compañía ya había tenido el placer y la suerte de conocer a la Dama Galadriel, Señora de los Galadrim, y a Celeborn, Señor de Lothlórien. Los demás estaban preparándose para dormir en un pabellón de árboles de Caras Galadon, pero Legolas, que se había enterado que Mislif no estaba lejos, no pudo aguantar más y se encaminó hacia aquel lugar. El Elfo subió con gran velocidad la escalera, y entró en el flet. Pudo ver que, cubierto por un biombo, había una cama y notó que una suave fragancia envolvía el lugar. Avanzó un poco más, sintiendo que el corazón le latía rápidamente. Entonces, al darse cuenta, se detuvo. ¿Por qué sentía aquello? No le encontraba una explicación posible. Nervios... sus nervios habían comenzado a agitarse, denuevo... Miró a ambos lados, como buscando una explicación, pero al no hallarla, se fijó en la cama, detrás del biombo.

Avanzó unos pasos hacia adelante tragando de manera convulsiva. Entonces, la vio. Estaba dormida, pero visiblemente mejor. Suspiró con una mezcla de alivio y alegría. Se arrodilló junto al lecho de la joven y se fijó en unas de sus manos. Iba a tomarla, cuando un nerviosismo se lo impidió. Pero reprimiendo esto último, de todas maneras le sujetó una mano entre las suyas. Estaba tibia. De pronto, recordó cuando ella le había tomado la mano en Moria, cuando la oscuridad era tan envolvente y aquello había sido un rayo de luz en medio todo.

Abrió los ojos, que habían permanecido cerrados y miró de una nueva forma a Mislif, que seguía dormida. Tan delicada, a pesar de que quería demostrar lo contrario. Era fuerte sí, pero físicamente. En cambio, su espíritu perdía valor, muy a pesar de ella. ¿Por qué? Él lo había notado hacía tiempo, cada vez que discutían. Podía sentir el dolor de ella luego de sus disputas, y en cierta forma se culpaba por ello.

Sin darse cuenta, la fragancia del lugar lo había embriagado y acercaba su rostro al de ella. Su intención era besarle la frente, pero, cuando al abrir los ojos y ver su cara muy cerca de la de Mislif, se puso color gránate y sus nervios aceleraron los latidos de su corazón. Entonces, y para agraviar la embarazosa situación, Mislif abrió los ojos.

- ¿Legolas?

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¡Uy! Esto sí que me gustó. Espero que a ustedes también, porque lo que se viene hasta a mí me da nervios escribirlo. Pero bueno..., alguien tiene que hacerlo. Muchas gracias por los reviews pasados y ojalá ahora me escriban algunos más. ¡Nos vemos!