Vlad no se había preparado mentalmente para la escena que tenía ante sus ojos. Si bien, planeaba matar a sangre fría a su más grande enemigo, no se esperaba verlo muerto a sus pies por obra de otra persona…o animal.

La gigantesca bestia había soltado un ladrido y un gruñido terroríficos antes de lanzar hacia un lado el cuerpo del adolescente; cómo si se hubiera aburrido del juguete. Había olfateado el aire del lugar, para después saltar de nuevo al portal fantasma y desaparecer tan inesperadamente como había entrado.

Jaz observó con los ojos fijos el inmóvil cuerpo de su hermano, mientras enormes lagrimones comenzaban a rodar por sus mejillas. Entonces, con un profundo dolor gritó el nombre de su familiar, sin obtener respuesta alguna. Sam estupefacta, no parecía reaccionar de manera alguna. Su cerebro había dejado de funcionar completamente, sin poder asimilar nada de lo que ocurría a su alrededor. Por último Tucker, miraba a la nada fijamente, profundamente impactado.

―No esperaba que esto ocurriera así ― murmuró para sí mismo Plasmius. Lentamente, se acercó al adolescente, quién yacía inerte boca abajo. Masters lo tomó cuidadosamente por los hombros y le dio la vuelta. El rostro de Daniel permanecía en absoluta calma, como si estuviera dormido.

Vlad Plasmius obtuvo lo que quería sin esfuerzo; sin embargo no sintió la satisfacción correspondiente. No se enorgullecía de haber ganado la batalla, pues la victoria había rodado hasta sus pies. Él no había hecho nada. Había sido muy sencillo, demasiado sencillo.

Incluso ahora, el universo parecía conspirar en su contra negándole el placer de una última batalla épica que demostrara su superioridad ante sus enemigos. Dejando la rabia de lado, decidió aceptar lo que la vida le daba.

Uno menos, pensó.

Fue cuando, el rostro pacífico de Danny cambió a una sonrisa de superioridad.

― ¡Sorpresa!― gritó, asustando terriblemente a su enemigo quién tenía la guardia abajo. Aprovechando su confusión, Phantom le dio una gran atada en el rostro, lanzándolo varios metros lejos de él.

― ¿Danny?― murmuró Jaz viendo como su hermanito pequeño se ponía de pie, como de vuelta de entre los muertos.

Éste se volvió hacia la pelirroja y le sonrió.

―Ya no necesitas preocuparte por mí―.

Un gruñido de frustración atrajo la atención de Fenton de vuelta al frente. Plasmius se puso de pie trabajosamente, hecho una furia. De alguna manera pudo formar una enferma sonrisa.

―Bueno, al menos tendré mi última victoria antes de acabar contigo, Phantom―dijo escupiendo la última palabra.

―Ya lo veremos, Plasmius― respondió de igual manera el adolescente.

Danny se lanzó hacia él a toda velocidad; arrinconando a Masters contra la pared. Éste lo contuvo sujetándolo por los brazos; para después forcejear para tratar de liberarse y poder contraatacar. Entonces una idea brilló en la mente del hombre.

Tomó fuertemente los brazos de Fenton, para apoyar su peso en ellos y lanzar sus piernas hacia adelante; golpeando con todas sus fuerzas el pecho del adolescente. Así lo hizo y el de los ojos verdes retrocedió un par de metros.

Sin embargo, y para gran sorpresa y horror de Vlad; Danny no se retorció de dolor como pensó que lo haría. En su lugar, se limpió el polvo de su traje despreocupadamente.

―No…― balbució el cuarentón― ¡No puede ser! ¡Tú estabas herido! ¡Todos en la zona fantasma lo saben!

―Supongo que no saben que ya me recuperé― replicó el joven sonriente― No tienes ni idea de lo sanador y relajante que es dar un paseo por la zona fantasma―.

― ¡No dejaré que eche a perder mis planes, mocoso! ¡Me aseguraré de acabar contigo, aunque sea lo último que haga!―ladró Plasmius lleno de rabia y frustración.

Entonces sin pensar, voló a toda velocidad hacia Daniel; listo para partirlo en dos de ser necesario. Por el contrario, su adversario se puso en posición de combate con tranquilidad, y respiro un par de veces. A partir de ese segundo todo sucedió lentamente, dividiendo la escena en tres partes: el villano que se acercaba peligrosamente rápido al héroe, el adolescente fantasma que abría su boca poco a poco, los chicos secuestrados, muy lejos pero a la vez muy cerca de la escena; formando parte como simples testigos.

Pero entonces, todos los elementos se unieron en un solo grito. Una explosión de energía salió de los labios de Phantom, en ondas acompañadas con el sonido de un lamento fantasmal, derribando y destruyendo todo a su paso.

Vlad Plasmius dejó de avanzar, se quedó quieto un instante, y después salió despedido hacia atrás, llevándose muchos químicos, aparatos y máquinas de encuentro. Éste quedó enterrado entre los escombros y la chatarra, que pronto empezó a arder en llamas.

Danny apoyó sus manos en sus rodillas, de nuevo cubiertas por su pantalón de mezclilla. Él volvía a ser humano, después de haber agotado toda su energía en el grito fantasmal. Se sentía cansado y mareado; pero no era tan malo. Después de todo, lo había pasado peor en los últimos días.

Una vez que sintió recuperado el aliento, trotó hacia donde sus amigos estaban cautivos. Libró una pequeña batalla con la computadora del laboratorio, que se negaba a decirle como liberarlos. Un par de minutos más tarde, Sam, Tucker, Jazmine y Daniel estaban en la puerta del portal fantasma listos para escapar de las llamas que parecían duplicarse con cada segundo que pasaba.

Sin mirar atrás los 4 adolescentes saltaron al otro lado del portal, y comenzaron su viaje de regreso, todos tomados de la mano, dejándose llevar tranquilamente por Danny quién volaba suavemente, de vuelta a su forma fantasma.

―Creo que será mejor que pensemos en una buena excusa para nuestra ausencia cuando volvamos― dijo el del cabello albino con una media sonrisa, tratando de romper el silencio que se había asentado entre ellos.

Ninguno de sus compañeros replicó en absoluto. No estaba muy seguro de si no lo escuchaban o simplemente lo estaban ignorando. Fenton decidió dejarlos que se sumieran en sus pensamientos tranquilos; después de todo aquél había sido un horriblemente agitado día.

En menos de 15 minutos, estuvieron de vuelta en Amity Park. No habían puesto un pie fuera del portal, cuando el matrimonio Fenton les apuntó al cuarteto con la que parecía ser toda la artillería que tenían. Sin poder cambiar de apariencia, Daniel decidió que era mejor salir de ahí sin más y dar un paseo por la ciudad mientras sus padres se calmaban.

Cuando regresó a su casa media hora más tarde; se encontró en medio de un escandaloso circo. Los padres de Sam y Tucker lloraban de angustia y alivio a la vez, al ver que sus hijos habían regresado sanos y salvos de algún modo. En cambio, los padres del pelinegro lo recibieron furiosos, exigiéndole explicaciones de donde había estado todo ese tiempo y en qué estaba pensando al salir solo con todos esos fantasmas sueltos.

En palabras simples, todos los jóvenes presentes eran recibidos con amor y mimos excepto Danny. Sin embargo, a él no le importó. Estaba acostumbrado a meterse en problemas debido a su trabajo de héroe. En algún momento de la tensa velada, los padres de Sam y Tucker empezaron a despotricar (de nuevo) en contra de los Fenton, culpándolos de la desaparición de los chicos.

La discusión empezó a ponerse acalorada, por lo que una vez fuera de la atención de sus progenitores, Phantom se excusó a sí mismo, y se metió en su cuarto sin decir nada. Les dirigió una mirada inquisitiva a Sam y Tucker; pero éstos no dieron señales de querer hablar con él.

Desanimado, Daniel se acostó en su cama, mientras observaba pensativo el cartel de la NASA que tenía pegado en el techo. Aún había muchas cosas que no entendía –como por qué sus amigos estaban molestos con él después de que había ido a Wisconsin a rescatarlos- pero estaba tan agotado física y mentalmente que decidió olvidarlo hasta el día siguiente.

Aquel probablemente fue el desayuno más silencioso y tenso que vivió la familia Fenton. Al igual que sus amigos, Jaz no le hablaba a Danny; dejándolo realmente confundido y herido.

Jack murmuraba acerca de cómo construiría una enorme fortaleza anti-fantasmas, y de cómo se aseguraría de que todos fuesen destruidos molécula por molécula. Maddie, por otra parte, tomaba su desayuno en silencio, dirigiendo miradas compasivas y acusadoras a su hija mayor y su hijo menor respectivamente.

A pesar de que iba completamente en contra de su naturaleza; Phantom se sintió feliz y aliviado de ir a la escuela. Su hermana mayor no se ofreció a llevarlo en la camioneta Fenton, por lo que tuvo que ir a pie. En el camino se encontró con sus mejores amigos, que seguían igual de callados que el día anterior.

La primera parte del día fue bastante aburrida, sin que nada nuevo ocurriese. Danny no puso atención a ninguna de sus clases, simplemente se concentraba en fijar su vista en Sam y Tuck. Un par de veces intentó hablar con ellos en susurros, pero éstos los ignoraron olímpicamente.

Para la hora del almuerzo, el joven ya no podía soportarlo más. Dejó caer bruscamente su bandeja del almuerzo en la mesa de la cafetería en la que se estaban sentando y enfrentó a sus compañeros.

―De acuerdo, ¿les gustaría decirme cuál es su problema? No se han molestado en dirigirme la palabra desde ayer, y ¡no tengo la más mínima idea de por qué!― se quejó el ojiazul, buscando el contacto visual con alguno de ellos.

Sam fue la única que se atrevió a hacerle frente, mientras que el chico moreno se quedaba en su asiento, encogido y en silencio. Danny le sostuvo la mirada a su amiga de la infancia, y en sus ojos amatistas no encontró nada más que reproche y dolor. Fue entonces cuando inesperadamente, sintió un ardor y dolor terribles en una de sus mejillas.

No había notado en qué momento, Manson había levantado su mano y la había azotado contra la mejilla de un desprevenido Phantom. Con los ojos abiertos de asombro, éste último observó como la joven tomaba su bandeja de comida y se marchaba a solo Dios sabe donde. No fue sino hasta unos momentos después cuando Danny empezó a oír los murmullos de los demás estudiantes presentes en la cafetería.

Profundamente molesto, Danny tomó asiento nuevamente, frente a su amigo. Éste se veía apesumbrado, algo que no se veía natural en su usualmente alegre rostro.

―Tengo la otra mejilla, por si quieres hacer lo mismo― murmuró Fenton entre dientes, mientras empezaba a comer su sándwich con papas.

―No, no quiero― respondió sencillamente el amante de la tecnología.

―Háblame, Tuck. Dime qué ocurre por favor. Ayer fue probablemente el peor día de mi vida, casi los pierdo, chicos y ahora que los tengo de vuelta ¿no me hablan? Me estoy volviendo loco― rogó desesperado el adolescente.

―Viejo es que….estabas muerto― susurró Folley― Te vimos ahí, tieso y frío. De verdad parecías un cadáver. Por un momento pensamos….yo pensé…― él ya no pudo terminar su oración; pero la idea estaba bastante clara.

Danny bajó su sándwich de vuelta al plato, había perdido completamente el apetito. Esta vez fue Phantom el que abandonó la cafetería, tirando el resto de su comida a la basura. Tucker por su cuenta siguió comiendo su hamburguesa doble con tocino.

El resto del día, Fenton se alejó de sus amigos. Ellos tenían todas las clases juntos, por lo que decidió optar por poner la mayor distancia entre ellos posible. Llegó temprano a su primera clase después del descanso y se sentó en el último lugar de la última fila del salón. Pudo observar perfectamente como los alumnos empezaban a fluir hacia dentro del aula, incluso observó cuando Sam entraba acompañada por Tucker y se sentaban en sus lugares habituales.

Eran detalles bastante imperceptibles, pero él pudo notarlos. Sam tenía la nariz sonrosada y los ojos irritados. Cuando lo entendió, fijo la vista en su libreta y no volvió a levantarla hasta las 3 de la tarde. Fue de los primeros en salir de clase, y en vez de dirigirse a su casa o al Nasty Burger como solía hacer, se encaminó hacia un callejón oscuro y abandonado.

Observó alrededor un segundo y después se transformó. Entonces Jazmine apareció doblando la esquina y se dirigió hacia él.

―¿A dónde vas?― le preguntó toscamente.

―No creo que te importe, Jaz― le respondió secamente Danny.

―Me importa más de lo que crees― susurró la pelirroja.

―Escucha, no estoy de humor para todo esto ¿de acuerdo? ¿Por qué no vas con Sam y Tuck, y me odian juntos?―.

―Danny, nosotros no...― pero Phantom no la dejó terminar, pues emprendió el vuelo.

La ojiazul solo pudo observarlo alejarse, como parecía acostumbrar. Suspiró; no tenía caso. Con paso decidido volvió a casa, esperando el momento en que pudiera hablar con su hermano tranquilamente.

No había palabras que pudieran describir lo que Daniel sentía en ese momento. Su corazón pesaba, cargado de muchas emociones que había acumulado desde el momento en que había resultado herido en la escuela.

La frustración de no poder ayudar, la culpa de ver a sus seres queridos heridos por su causa, la tristeza por parte del rechazo de éstos, y de nuevo la frustración por no poder hacer nada al respecto.

Su vida se había vuelto más complicada desde el día del accidente; pero jamás había llegado a este extremo. La confusión lo dominaba, ¿qué debía hacer? ¿Renunciar a sus poderes para que su familia estuviera a salvo, sin importar que toda la ciudad fuese destruida por los fantasmas? ¿Seguir luchando contra la maldad como hasta ahora, sin importarle a qué persona perjudicara en el proceso?

Danny sabía que no había respuesta correcta. Pero él sólo quería que el dolor se detuviera, ¿era eso mucho pedir? Quería que su hermana dejase de tener la necesidad de protegerlo. Quería que Sam dejase de llorar por el dolor que él le causaba. Quería que Tuck sonriera de nuevo sin más preocupaciones más que obtener las últimas actualizaciones tecnológicas. Quería que sus padres dejasen de preocuparse por él, de morir de miedo y rabia.

Phantom sobrevolaba la ciudad con los ojos cerrados sin fijarse realmente hacia dónde se dirigía. Quería desaparecer, quería deshacer el accidente. En ese momento, Daniel Fenton quería muchas cosas pero Daniel Phantom se interponía en el camino.

El joven no notó en que momento salió de Amity Park y llegó a un pueblito apenas habitado. Todo era terriblemente tranquilo, justo lo que él necesitaba. Sin un alma a la vista, el adolescente pudo volver a su forma humana sin delatarse a sí mismo, sin necesidad de esconderse. Fue mínima la sensación de placer al ser libre de ser quién era, o quién pretendía ser, sin ataduras.

Empezó a vagar por un camino que conducía hacia el interior del bosque que rodeaba el pueblito. Se preguntó si no estaría cerca de ese horrible campamento que Sam había escogido una vez para que el alumnado de Casper High asistiera.

Entre los árboles, los pájaros cantaban, en voz baja. Se oía levemente actividad a su alrededor, ardillas saltando de una rama a otra, quizás un zorro o dos cerca. La vida transcurría sencilla e imparable, sin que su presencia fuera ninguna molestia para los habitantes del lugar.

Así añoraba sentirse Danny, invisible. Pasar por entre la vida de sus amigos y su familia sin causar ningún problema, sin perturbarlos en absoluto. Pero él sabía que la única manera de lograr eso era desapareciendo y esa era la idea más estúpida….

Era una idea estúpida ¿Era una idea estúpida, verdad? Desaparecer solo acarrearía más dolor y preocupaciones a su familia. Aunque probablemente solo sería hasta que se olvidaran de él. Si él desaparecía el tiempo suficiente….

Si Danny Fenton desaparece lo suficiente se susurró a si mismo. Era una idea. Punto. Pero en ese momento, después de lo que había pasado; estaba dispuesto a todo. Lo que fuese necesario. Sin importar nada.

Jazmine volvió a consultar el reloj de pulsera que tenía en su mano derecha. 9 pm. Lo corroboró con el de la pared de su cuarto. 9 pm.

Danny no había aparecido desde la última vez que lo vió, en ese callejón sucio y lejos de la gente. A partir de entonces, él ya no había vuelto a dar señales de vida. No estaba con Sam o Tucker (los llamaba cada 10 minutos para saber si de casualidad aparecía por sus casas), aunque era de esperarse. No le habían dado muchos detalles pero parecía que el pelinegro estaba peleado con ellos.

Jazmine volvió a ver el reloj. 9:01 pm. Volvió a llamar al celular de su hermano menor. El número que usted marcó está apagado o fuera del área de servicio.

La pelirroja maldijo en su mente, le irritaba esa voz. No me interesa que esté fuera del área de servicio, solo quiero hablar con mi hermano. 9:02 pm. ¿Dónde diablos estaba Danny?