Capítulo 7.
—¡El folleto se veía genial!— exclamó irritada Sam. Ésta junto con Jaz y Tucker recorrían las abandonadas y sucias cabañas del campamento de verano a las afueras de la ciudad. Jazmine aún no podía creer que ese decrépito lugar escogido por la gótica fuera el campamento en el que su hermano menor había pasado 8 semanas.
Algo me dice que todas sus ideas terminan en desastre, pensaba Fenton. Jazmine había hablado con sus padres después de perder la paciencia tras esperar a Daniel durante 3 horas. Cuando finalmente dio media noche; la ojiazul corrió escaleras abajo y les dijo a sus progenitores que el adolescente no había regresado aún de la escuela.
Sin pensarlo dos veces, los tres se subieron a la camioneta Fenton y emprendieron una búsqueda por toda la ciudad; sin resultados. Poco después, Sam y Tucker llamaron a Jazmine preguntando si Danny ya había aparecido. Ante la negativa de la joven, los dos mejores amigos del chico fantasma se unieron a la búsqueda, a pesar de las protestas de sus respectivos padres.
—Pero es que ya no lo entiendo— decía Maddie desde el asiento del copiloto— Danny no suele comportarse así. Él no huye de casa en medio de la noche. Desde que se hizo esas fracturas, ha estado actuando muy extraño—.
—Quizás un fantasma lo está poseyendo linda— declaró Jack con la vista sobre el camino— Eso explicaría muchas cosas—.
—No lo sé, la última vez que pensamos que uno de nuestros hijos era un fantasma no salió nada bien— titubeó la joven madre, después se giró sobre su asiento y encaró a los chicos en la parte de atrás— ¿Ustedes no tienen idea de qué es lo que le ocurre? ¿No les ha comentado si ha tenido problemas últimamente?—.
Definitivamente tiene problemas madre, pero aún no sé si tú debas saber No tengo la más mínima idea mamá— respondió Jazmine, con Manson y Foley dándole la razón.
—Ni siquiera nos dejó una nota— murmuró su padre abatido. Su esposa puso una mano en su hombro, y le sonrió. Él sonrió de vuelta. Quizás no eran los padres más normales del mundo, pero aún así no dejarían a su pequeño solo.
Una vez terminaron de darle un segundo vistazo a la ciudad, empezaron a recorrer todos los lugares cercanos a los que podría ir. Si bien esa era la primera vez que Danny desaparecía sin razón aparente, el joven ya había huido de la casa de sus padres previamente.
La mayoría de las ocasiones ocurrieron en Navidad, cuando el joven Daniel ya no podía aguantar a sus padres discutiendo como si no hubiera un mañana. Lo que usualmente hacía era dejar una nota en su cuarto, donde explicaba que se marcha, a dónde y cuándo pensaba volver. Además de que siempre era lo suficientemente precavido como para llevar consigo su celular.
Pero ésta ocasión había sido diferente, y para el matrimonio era un comportamiento sin antecedentes. Jaz tenía una mejor perspectiva de lo que ocurría, pero eso no la hacía preocuparse menos. Desde el interior de las cabañas de las chicas podía escuchar como los padres de los adolescentes volteaban patas arriba las cabañas de los chicos.
Los tres estudiantes ignoraron el ruido y siguieron buscando alrededor. Él debía estar en algún lado. En ese momento, la pelirroja deseó con todas sus fuerzas que su padre no hubiera tratado de actualizar el software del Boo-merang Fenton y lo hubiese roto por accidente. Eso lo habría hecho todo mucho más sencillo.
El Boo-Merang Fenton les habría dicho que Danny se encontraba a un par de kilómetros de ahí, escondido por los árboles, arropado por los arbustos que lo rodeaban. Él seguía durmiendo, tranquilamente, pero ya no en su forma fantasma sino humana. Él despertaría en algún momento pero si el Boo-merang lo hubiera golpeado en la cabeza al encontrarlo, como solía hacerlo; le habría advertido de un par de ojos rojos que lo observaban, y le habría evitado el desastre que ocurriría en unos momentos.
—No está aquí— declaró Maddie Fenton— deberíamos seguir en otro…
De pronto, Vlad Masters salió del bosque. El multi-millonario no lucía como tal en ese momento. Su traje, usualmente pulcro, estaba quemado y destrozado, con manchas de lodo por todos lados. Su cabello, usualmente recogido en una elegante cola de caballo, estaba despeinado y tenía ramas y hojas enredadas. En la cara y los brazos, podían verse serias quemaduras, que estaban cubiertas con distintos restos del bosque que acababa de atravesar.
—Jack…Maddie— titubeó Masters, un momento confundido y al siguiente con los ojos brillantes de alegría y alivio— ¡Jack, Maddie! Gracias a Dios—.
Los caza fantasmas se acercaron rápidamente hacia él para ayudarlo, mientras el trío de adolescentes guardaban su distancia. Para los adultos, ellos habían sido secuestrados por un fantasma, punto, y se habían rescatados ellos mismos; ellos no tenían ni idea de que ese fantasma estaba ahí presente ahora mismo, rogando por ayuda.
—¿Qué te ocurrió, Vlady?— le preguntó Jack con preocupación, pasando uno de sus brazos por encima de sus anchos hombros y sosteniendo gran parte del peso del mitad fantasma.
—El chico fantasma….él….destruyó mi mansión— las palabras de Vlad se atropellaban unas a otras— Ese chico es un demonio….jamás le había hecho nada malo….—.
Fenton sentó a su amigo de la universidad en las escaleras de una de las cabañas, mientras Maddie corría al interior a buscar un kit de primeros auxilios con lo cuál atenderlo. Jaz apretó los puños con ira mientras escuchaba toda la sarta de blasfemias que salían de la boca del cuarentón.
—¡No es cierto!— exclamó molesta, pero después reiteró con más calma— No puede ser cierto. Danny Phantom es un héroe, salva a la ciudad todos los días. ¡Estás equivocado!—.
—Jazmine, deja al pobre Vlady en paz. ¿No ves que ya ha sufrido lo suficiente?— le reprochó Jack Fenton, al tiempo que su esposa volvía con los suplementos médicos que había encontrado.
—Pero papá, él debe estar equivocado…— insistió la pelirroja, pero Masters la interrumpió.
— Dime querida niña ¿Alguna vez has hablado con el chico fantasma en persona?— le cuestionó.
Jaz titubeó un instante, mientras pensaba cuidadosamente su respuesta. Después negó con la cabeza.
—¿Tienes alguna prueba irrefutable de que ese demonio sea un héroe?—.
—¿La tiene usted de qué él sea el culpable de lo que le ocurrió?— contraatacó la joven.
—Mi testimonio basta, además si vas a mi mansión…o lo que quede de ella, te darás cuenta de que hay muchos restos de ectoplasma. Eso prueba su presencia en MI casa— respondió, mientras a espaldas del matrimonio Fenton, lanzaba una sonrisa malvada.
Él sabía que Jaz no podría probar el hecho de que las lecturas ecto plásmicas que seguramente había en la mansión de Wisconsin era en realidad de Vlad. Y mientras los padres de Jazmine estuviesen tan ciegos como lo estaban y le diesen su apoyo incondicional; toda la culpa del desastre sería de Danny Phantom.
— ¡Aléjate de mí!— resonó un grito en el bosque. Una sombra salió disparada desde el centro del bosque y aterrizó a pocos metros de todos los presentes en el campamento.
Danny Phantom forcejeaba con un fantasma que nunca se había visto; de los muchos espíritus que rondaban sin forma por la zona fantasma. Con una patada, el chico fantasma se deshizo de él, y se puso de pie para seguir con la pelea. Sorpresivamente, el fantasma había desaparecido.
—Vaya manera de despertar— murmuró para sí mismo el joven mientras se frotaba los ojos y ahogaba un bostezo.
—¡TÚ!—rugió Jack Fenton mientras sacaba una pistola de rayos láser de uno de los bolsillos de su traje de trabajo. Los ojos azules se abrieron en sorpresa, mientras giraba sobre sus tobillos, notando que tenía compañía.
—¡¿Pero qué…?!— exclamó confundido, pero no tuvo la oportunidad de terminar su pregunta, pues un rayo de energía anti fantasma le impactó en pleno rostro.
—¡No dejaré que le hagas daño ni a Vlady ni a nadie más!— gritó el hombre mientras empezaba a cargar de nuevo el arma para un segundo disparo.
—¡Papá NO!— exclamó aterrada Jazmine mientras lo sujetaba de un brazo, tratando de detenerlo. Pronto Tucker y Sam se unieron a ella, sujetando el cuerpo entero del señor Fenton. Sin embargo, no consideraron que la habilidosa señora Fenton aún estaba libre y que ya estaba sacando una red eléctrica Fenton.
Danny apenas se recuperaba del primer golpe cuando se vio atrapado una bolsa tejida especialmente con cables anti fantasmas que causaban dolor sin igual a cualquier ente que cayera en sus garras.
Pronto el joven comenzó a retorcerse de dolor, lanzando unos agudos gritos aterradores. Vlad, que observaba cubierto por la trinchera de los caza fantasmas Fenton, sonreía complacido. El momento se aproximaba.
—¡Deténganse!— gritó Sam con lágrimas en los ojos, aún luchando por no soltar a Jack Fenton.
—¡Suficiente niños!— Jack se sacudió a los chicos de encima— Háganse a un lado y dejen a los profesionales trabajar.
—Muy bien, chico fantasma— Maddie escupió estas últimas palabras con ponzoña— éste es tu fin ¿Alguna última palabra?—.
El matrimonio Fenton le apuntaba al adolescente con sus armas directamente en la cabeza. Danny los miró con ojos tristes y resignados.
—Lo siento— murmuró mirándolos directamente a sus rostros.
Sin embargo, esa mirada triste no despertó en ellos compasión alguna y pusieron sus dedos en los gatillos. Entonces el grito a coro de los adolescentes a sus espaldas los detuvo:
—¡ALTO!—.
—¡Niños!— exclamó irritada Maddie— Si vuelvo a oír una palabra….—.
—Mamá— sollozó Jazmine— Él es Danny. Nuestro Danny. Es mi hermanito—.
—¿Es qué has perdido la cabeza? Ningún hijo mío es un fantasma—contestó a gritos Jack Fenton.
La discusión se detuvo abruptamente por una carcajada que salió de los labios secos y ásperos de Vlad Masters.
—¿Te parece el momento apropiado para reírte, Vlad?— reclamó el amor de su vida.
—Lo siento, corazón. Pero no pude evitarlo. Había esperado tanto tiempo para éste día—contestó poniéndose de pie y acercándose lentamente.
—¿De qué hablas Vlady?— cuestionó Jack a su viejo amigo.
—No creyeron que me iba a rendir tan fácil ¿o sí? Mi última batalla tendrá lugar aquí y ahora. Danny Phantom caerá y yo me aseguraré de que observen todo el tiempo—.
Entonces Vlad Masters extendió los brazos hacia el cielo en éxtasis, mientras una línea de energía alrededor de su cintura comenzaba a transformarlo en Vlad Plasmius.
Horrorizados, los Fenton retrocedieron ante el imponente y aterrador fantasma, que se acercaba con una sonrisa malvada en el rostro. Con un solo rayo, el villano mandó al par de adultos hacia atrás, haciéndolos caer en unos arbustos cercanos. Entonces, Vlad liberó las ataduras de la bolsa, haciendo que Daniel dejara de retorcerse.
—Levántate, muchacho. Levántate y da pelea— le ordenó éste, que miraba al adolescente como un patrón miraría a su esclavo.
Éste, con un esfuerzo sobrehumano, se puso de pie. Con una mano presionó su costado, que volvía a doler. Dedicó una mirada a sus amigos y de nuevo la fijó en Vlad.
—No dejaré que les hagas daño— declaró el héroe.
—No podrás protegerlos por siempre Daniel— replicó Plasmius, acercando su rostro peligrosamente al de Phantom— ¿Creíste que jugar al héroe por un par de años no tendría consecuencias? ¿Creíste que interferir en la vida de seres superiores a ti no te dirigiría a tu propia destrucción? Quizás puedas pelear con nosotros por separado, niño, pero quisiera verte pelear con todos nosotros juntos—.
Mientras pronunciaba la última palabra, todos los fantasmas existentes empezaron a emerger de entre los alrededores. Al igual que la última vez, Daniel Fenton se hallaba rodeado por todos los enemigos que se había creado en los últimos años.
Pero a diferencia de esa ocasión, éste vez el daño sería mayor si perdía. Antes, solo él moriría. Pero ahora, sus amigos y su familia entera se iría a la perdición por culpa suya.
—Lo intentaré— exclamó Danny decidido mientras se lanzaba hacia sus amigos, esquivando a Vlad. Los sujetó con sus brazos para después dar una vuelta cerrada en medio del vuelo y tomar a sus padres también.
Sin mirar si lo seguían, empezó a alejarse del campamento. La mente de Danny trabajaba rápidamente escrutando el cielo y la tierra, buscando cualquier rincón en que pudiera ocultar a sus seres queridos mientras se encargaba de los demás fantasmas.
Los padres de Danny lanzaban preguntas y reclamos al aire, sin darse cuenta de que el chico fantasma en realidad no los escuchaba. Entonces divisó el lago y una idea brilló en su cabeza. Daniel odiaba pescar pero últimamente se sentía aliviado profundamente al ver el pequeño cuerpo de agua.
—¡Escúchenme bien!— exclamó Danny con voz autoritaria—Voy a sumergirlos en el agua. No salgan a la superficie hasta que aleje a los fantasmas de aquí. ¿Entendieron?—.
—¿Estás loco?— gritó Sam tratando de hacerse oír por encima del ruido del viento pasando a toda velocidad por sus cabezas— ¡No vamos a dejarte solo!—.
—Me temo que no hay otra opción, Sam —replicó él seriamente, después se dirigió hacia sus progenitores— Mamá, papá. Sé que hay muchas cosas que deben saber. Pero solo por si….algo me llegase a pasar; Sam, Tucker y Jaz les explicaran todo lo que deben saber. ¿De acuerdo?—Entonces la distancia entre el pequeño grupo volador y la superficie del lago comenzó a hacerse más pequeña— Los amo a todos—.
Entonces todos se sumergieron en las frías aguas del lago. Danny se volvió intangible para pasar entre los cuerpos de sus seres queridos y para evitar que estos trataran de detenerlo; y volvió a salir a la superficie. Ellos no pudieron sino observar como Danny se quedaba estático en el aire por un momento y volaba a toda velocidad, siendo seguido por una masa infinita de fantasmas sedientos de venganza.
Pronto ellos comenzaron a patalear desesperadamente para salir a la superficie. Pero para cuando lo hicieron, el cielo sobre ellos estaba completamente despejado.
Danny Fenton era un chico afortunado. Ahora podía verlo. Había tenido mucha suerte. Se le había concedido una familia que a pesar de no ser normal en absoluto, lo amaba con todo su corazón. Tenía unos padres maravillosos y divertidos; tenía una hermana protectora y cariñosa.
También había sido bendecido con unos amigos fenomenales. Amigos que lo aceptaban a pesar de ser un don nadie, que disfrutaban de su compañía incluso cuando se ponía malhumorado, cosa que le ocurría a menudo.
Después, había sido bendecido con poderes inimaginables, con la oportunidad de salvar a los inocentes y débiles de las fuerzas malignas que rondaban por la ciudad que había sido su hogar. Y sus seres más cercanos habían guardado su secreto por mucho tiempo, todo con el objetivo de conservar intacta su vida normal.
Danny Fenton había sido bendecido con muchas cosas. Pero ahora su suerte, se había terminado. Sus enemigos lo superaban en número. Y no había nadie cerca para ayudarlo. Que Cujo apareciera de la nada la última vez, y lo protegiera como la mascota fiel que era, había sido su último golpe de suerte.
Ésta vez el perro fantasma no aparecería para salvar su trasero. Ésta vez sabía que no habría un mañana. Todo había llegado a su fin. Y sin embargo, Daniel Fenton no se daría por vencido. Él moriría dando pelea.
