Después de haber sido linchada, perseguida y presionada por algunos; y tratada de loca, floja, egocéntrica y etcétera por mi querida amiga Dernix; regreso con la frente en alto, pero con un casco anti piedras. Je, je, je. Pero bueno aquí estoy. Antes que todo quiero disculparme por la demora y porque hoy no podré contestar a sus reviews, porque estoy algo apuradita, pero como me acordé de uds. les subí el capi a pesar de que estoy de vacaciones... Lo sé, soy tan buena. Les prometo contestar la próxima vez.
Y ya sin más, pues todos los comentarios me los reservo para el final, pero esta vez no mataré a Mislif; les presento el...
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CAPÍTULO 15
"EL CAMINO DEL DESTINO"
- ¡Miren esto! Sí. Son muy claras: las huellas de un hobbit. Pippin, creo. Es más pequeño que Merry. ¡Y miren!
- ¡El broche de una capa élfica!
- Las hojas de Lórien no caen inútilmente. Ésta no fue dejada por casualidad, sino como una señal para quienes vinieran detrás. Pienso que Pippin se desvió de las huellas de los orcos con ese propósito.- dijo Aragorn, mostrándoles a sus compañeros la bella hoja-broche de Lórien que había encontrado en el suelo; mientras, al día siguiente, corrían en persecución de los orcos que llevaban a Merry y Pippin como prisioneros.
- Entonces él está vivo.- dijo Gimli.- Y aún puede usar la cabeza, y también las piernas. Esto es alentador. Nuestra persecución no es en vano.
- Esperemos que no haya pagado demasiado cara esa audacia.- dijo Legolas.- ¡Vamos¡Sigamos adelante! La imagen de esos jóvenes intrépidos llevados como ganado me encoge el corazón.
Sin embargo, aquello no era lo único que pesaba en el corazón del Elfo; pues la ausencia de Mislif le causaba bastante más preocupación, lo que se le notaba bastante. Miraba, a veces sin darse cuenta, hacia atrás; suspiraba apesadumbrado con mucha frecuencia y se quedaba con la vista fija en un punto durante varios minutos.
Aquella noche, la segunda desde que se habían separado en Parth Galen, descansaron tras la persecución de todo el día y luego de haber discutido qué era lo que preferían hacer. Aragorn se durmió casi en seguida; Gimli también se dejó llevar por el sueño; pero Legolas no pudo dormir. Su vista vagaba desde los Emyn Muil y hacia el oeste, en busca de alguna señal de los Orcos de Isengard. De vez en cuando sentía que se desesperaba por no saber cómo estaba Mislif; si necesitaba ayuda, o estaba en escasez de algo. Era la primera vez que ella había decidido irse por su propia cuenta, sin que él tuviera que haberla persuadido para hacerlo. Tal vez por eso se sentía tan preocupado; aquello, sumado con el hecho de que Legolas amaba a Mislif y tenerla lejos le causaba una profunda tristeza. A pesar de que desde hacía unas semanas que no conversaban mucho, y su relación era bastante tirante, saber que estaba a su lado lo calmaba.
- Me encantaría saber cómo estás ahora, Mislif.- susurró para sí con la mirada nuevamente perdida.- Saber si piensas en mí, tanto como yo en ti, o al menos sólo un poco. Mi joven dama...- suspiró-, tú misma decidiste alejarte, siendo esta vez lo que yo menos quería que pasara. Tal vez seas sólo una niña para los demás, como dijo Aragorn, pero para mí eres la mujer y la persona que más necesito tener a mi lado. Nai ayval maara (Espero estés bien).
- ¡Estúpidas rocas!- gruñía Mislif, mientras intentaba escalar una pared de roca lisa, bastante alta; pero en comparación con las demás era baja.- ¡Alguien debió haberme advertido de estas condenadas piedras!- seguía gruñendo.- Además...¡me acabo de dar cuenta de que por aquí ya pasé!
Era la segunda noche que la pasaba sola y, definitivamente, la anterior había sido tal vez un poco mejor. Aquella tarde había sido triste, con unas nubes bloqueando la mayor parte del día el pálido Sol; con un olor extraño y desagradable que crecía a medida que avanzaba más y más; y, sobre todo, la ausencia de esperanza, de señales de Frodo y Sam en el suelo, y la lejanía de Legolas. La joven sentía algo muy parecido al Elfo: miraba de repente hacia el oeste y también se daba cuenta que había estado con la vista fija en un punto. Pero, si de suspiros se trataba, Mislif sólo lo hacía por el cansancio y la perspectiva de tener que subir otra roca más.
Una vez que logró llegar a la cima de aquella pared, luego de un esfuerzo bastante grande, se sentó y pensó que lo mejor sería descansar, pues no se quería perder (denuevo) en la oscuridad y tener que tomar casi toda la mañana en regresar sobre sus pasos. Además, ya estaba cansada y no dormía bien desde hacía varios días. Aunque dudaba mucho de poder hacerlo en aquel desolado lugar. Pues, a pesar de que odiaba admitirlo, era sólo una joven, relativamente indefensa, viajando sola en tiempos oscuros y peligrosos; más encima, encaminada hacia el Este, hacia Mordor, la Tierra de la Sombra, del Miedo y de la Muerte, en busca de dos hobbits; de los cuales uno de ellos llevaba el Anillo que era el Tesoro del Señor Oscuro, Sauron.
- Sí- se dijo Mislif mientras miraba el cielo y sus estrellas-, esto es un gran problema. Pero... tenía que saber de alguna forma si éste es mi camino a seguir, puesto que Galadriel me dijo que muy pronto me alejaría de los demás. Además, siento que algo importante pasará...- hizo una pausa, algo melancólica, recordando Lothlórien y todo lo que le había tocado vivir ahí. Su recuperación, la noticia de Gandalf y, sobre todo, su revelación sentimental hacia Legolas y lo que había pasado entre ellos. Suspiró un par de veces y luego dijo más animada: Bueno, bueno. Si ya estoy aquí es por algo, así que lo mejor será que descanse unas horas, y luego me levantaré para partir.
Así lo hizo, y por primera vez pudo despertar casi sin dificultad de su sueño pesado y levantarse con el alba para partir lo más rápido posible. Se puso de pie, enrolló sus mantas, comió un poco de lembas y bebió un trago de agua.
- Ojalá pueda encontrar algún arroyo decente para poder lavarme.- gruñó al ver a lo lejos un hilo de agua, de un color nada confiable, que corría. Se puso su pequeño bolso y se encaminó por un sendero que serpenteaba rodeando la pared, por el otro lado.
Esa mañana pudo notar la primera pista de que Frodo y Sam habían pasado por ahí. En el hilo de agua, ya mencionado, había una huella de pie hobbit muy cerca de la orilla de barro. Aunque no era fresca, le sirvió a Mislif de rayito de esperanza. Siguió avanzando, procurando oler detenidamente el aire, oyendo si los susurros del viento le traían alguna novedad, y fijándose muy bien en el suelo por si otra huella o pista se le presentaba.
Por la tarde, cuando declinaba el día y ella había encontrado un arroyo con unas aguas cristalinas, muy escasas en aquel lugar, y comenzaba a llenar su cantimplora con agua y se proponía a lavar; le llegó el susurro de una voz siseante, algo lejana, pero que le causaba una gran incomodidad y desconfianza. Dejó de lado el arroyo y comenzó a seguir el sonido de la voz con muchísimo cuidado y sigilo. Aquello no le era problema, pues sus pasos rara vez se oían, respiraba con cautela y procuraba apoyarse y pisar donde menos se oyera.
Avanzó alrededor de quince minutos, pues la voz también se movía, hasta que luego de doblar con cuidado un recodo de roca, se encontró con una figura algo lejana. Era una extraña criatura de miembros delgados, con pies y manos también delgados; tenía el pecho descubierto y una especie de harapo puesto alrededor de su minúsculo cuerpo. Por primera vez Mislif lo oyó hablar claramente.
- ¡Sss¡Están cerca, mi tesssoro!- siseaba con una voz casi inaudible, pero que a la joven no le pasaba inadvertida. La criatura husmeaba en el aire y en la tierra, mientras buscaba y parecía seguir algo.- ¡Gollum! Pronto los tendremos en nuessstras manos y les arrancaremos el tesssoro, mi querido. ¡Sssí! Pronto será nuestro y lo llevaremos a donde nadie pueda quitárnossslo. Ni Él ni esos malditos Elfosss feroces de ojos brillantes.- luego rió con una sibilante y malévola risita que a Mislif le irritó.- También mataremos a los hobbits, mi tesssoro. ¡Bolsón¡Ladrón!
"Es esa infeliz criatura Gollum", pensó la joven sin ninguna duda. "¡Ese maldito nos ha seguido hasta acá! Y yo que esperaba que el Anduin lo mataría. Bueno..., si no pudo el Anduin, lo haré yo. No necesitamos más problemas, y menos enanos husmeadores." Mislif preparó rápidamente los dardos de sus manos y se puso en posición de atacar a Gollum, pero algo pasó que de pronto la criatura se detuvo.
- Alguien nos sigue, tesssoro.- susurró mirando por encima de su hombro, aunque era imposible que hubiera visto a Mislif, pues ella estaba cubierta por la capa élfica y el color de ésta se confundía con la roca en que estaba a la sombra.- Acabo de oler a un intrussso.- se oyó cómo olfateaba el aire en varias direcciones.- No está lejos¡gollum¡Nos sigue!
- Asssquerosa criatura.- susurró Mislif irónicamente sin bajar la guardia.- Ven, Gollum, ven, para que atraviessse tu habladora garganta.
- ¡Te oímos!- gritó Gollum dando un salto de pánico. Su ojos comenzaron a buscar en todas direcciones, pero no tuvieron éxito.- ¡Te oímos, intrussso¿O eresss el engañoso viento que nos habla?
"¿Qué creesss tú, idiota?", dijo para sí Mislif. Aunque no había tenido intensión de que Gollum la oyera, había pasado, pero no podía permitir que se repitiera, pues quería acabar con él rápido. Estuvo unos instantes sin moverse, tal como lo hizo la criatura, pero de pronto Gollum dio un salto y salió disparado corriendo, perdiéndose entre las rocas. Mislif no se movió, porque creía que aquello podía ser una trampa, pero maldijo a Gollum por habérsele escapado. Minutos después, y cuando ya no oía más que su respiración y el susurro de un viento triste, se levantó. Guardó sus dardos y decidió volver al arroyo.
En su camino de regreso iba tan ensimismada, pensando todo lo reciente, que no se dio cuenta de que se había desviado. Cuando se dio cuenta se hallaba en un lugar extraño, bastante más silencioso y oscuro. Estaba prácticamente rodeada de rocas muy altas, las cuales cubrían el poco Sol que había y le daban la sensación de desconfianza. Caminó por entremedio de las paredes, hasta que encontró un pequeño sendero que conducía hacia la luz crepuscular del Sol. Cuando al fin dio con la salida se quedó unos momentos mirando hacia el ocaso, un ocaso que señalaba hacia el lugar donde estaba Legolas. Avanzó unos pasos, por entre unos matorrales, aún mirando el Sol, cuando de repente sintió que uno de sus pies tocaba algo más blando del que estaba atrás y al mirar hacia abajo se dio cuenta que pisaba un matorral al borde de un acantilado. Con un grito de pánico intentó alejarse, pero su peso fue más fuerte que la resistencia de aquella planta, y Mislif pasó para abajo, cayendo en una profunda y temible oscuridad...
- ¡Ah!- exclamó Legolas de pronto, volviendo la mirada hacia el este.
- ¿Qué pasa, Legolas?- preguntó Aragorn mirándolo desde el suelo donde estaba sentado. Se habían detenido para descansar, luego de haber corrido en persecución nuevamente.
- Mislif...- murmuró el Elfo sin despegar la vista en dirección de los Emyn Muil.- Algo le ha pasado, lo siento. El corazón me dice que algo malo le ha ocurrido.
- ¡Lástima que esté lejos!- gruñó Gimli levantándose para mirar él también.- ¿Alcanzas a ver algo, amigo mío?
- Sólo las sombras que nos separan.- contestó Legolas con el semblante preocupado.- Desearía poder estar con ella, cuidándola.
- Ella quiso partir sola.- le recordó Aragorn con una pequeña sombra de sonrisa, la cual había brotado al ver a su amigo enamorado. Se levantó y miró también hacia el este.- Yo también quisiera saber qué le pasó. Los Emyn Muil son traicioneros.
- ¡Maldita sea!- exclamó Legolas.- ¡Algo malo acaba de pasarle, y yo aquí sin poder ayudarla!
- Tranquilízate, Legolas.- le dijo Gimli.- No sacarás nada lanzando maldiciones. Ella sabía el riesgo que corría viajando sola. Además, acaba de salir de esa enfermedad...
- ¿Y así quieres que no me preocupe?
- Con o sin esa reciente enfermedad, Mislif habría partido de todas maneras tras Frodo y Sam.- dijo Aragorn mirando a sus amigos y pegándole un codazo al Enano para que se callara..- Creo entenderla...- siguió.- Pónganse en su lugar: era la única de la Compañía que partió con alguna esperanza y algo de alegría, pero pronto se encontró con un mundo que nunca soñó. Se dio cuenta que no éramos invencibles, pues vio cómo herían a Frodo en Moria, y luego ella misma fue herida. Más tarde se entera que Gandalf¡Gandalf el Gris, ha muerto; y cuando ya nuestros corazones sanaban vió muerto a Boromir, siendo que él era bastante fuerte.- hizo una pausa para que sus compañeros visualizaran el panorama de Mislif.- Es normal que sienta esa necesidad de querer proteger a los más débiles.
- Nunca lo había visto así...- murmuró Gimli pensativo.
- Pero, sobe todo- dijo Aragorn mirando a Legolas-, lo más probable es que se haya ido para poder pensar.- arqueó las cejas.- Cuando se dé cuenta de lo que de verdad quiere hacer, tomará el camino correcto.- luego suspiró. Hizo otra pausa y preguntó al Elfo¿Puedes sentir algo más?
- N- no...- contestó Legolas moviendo la cabeza con pesadumbre en gesto negativo.- Sólo me encargo a Ilúvatar, para que ella esté bien.
- Eäros, haz hecho un excelente trabajo.- dijo una voz suave y tranquila.- Sentiste que algo caía y corriste a ayudar a... esta joven. Te felicito. Parece que aún no despertará, o... ¿es que está despierta¿Puede oírme, joven dama?
Mislif intentó responder, pero sólo salió un gemido de dolor de su boca. Intentó abrir los ojos, pero sólo vio oscuridad, y sentía que el cuerpo agarrotado le dolía.
- Intente no moverse. Tiene bastantes magulladuras y algunas heridas.- le dijo la voz.- Le puse un paño húmedo y frío en la frente, me tomé la libertad de utilizar su agua. Le ruego me perdone.
Otro gemido salió de la boca de Mislif sin significado aparente. Aunque ella había intentado decir que no había problema. A través del paño en sus ojos pudo ver una luz, la del Sol, la cual parecía estar horas antes del mediodía. Pareció quedarse dormida y luego despertó, un poco mejor.
- ¿D- dónde estoy...?- pudo preguntar al fin.
- A los pies de un profundo acantilado, joven dama.- contestó la voz.
- ¿Quién es usted?
- Me llamo Gildor, Gildor Inglorion de la Casa de Finrod.
- ¿D- de la casa de qué?- preguntó Mislif levantándose trabajosamente. Se sacó el paño de los ojos y estos le mostraron un rostro claro, bello y de rasgos finos. Era un elfo, sin duda. Estaba vestido con ropas color castaño, llevaba un arco y una capa del mismo color que su ropas. Muy cerca de ahí había dos caballos; uno era de color café oscuro, se notaba fuerte, y el otro, más bien parecía ser una yegua joven, era de color gris plateado, también se veía que era ágil y fuerte, y en su frente tenía una marca blanca, casi inadvertible, muy parecida a una estrella de cuatro puntas.
- No creo que haya oído hablar de ella, o si lo hizo no lo recuerda. Está algo aturdida aún.- contestó Gildor.
- ¿Qué pasó?- preguntó Mislif. Luego hizo una pausa y recordó todo: Gollum, el arroyo, las paredes de roca, los matorrales, y su caída... ¿Cómo era que no se había matado¡La caída había sido larga y oscura!- ¿Cómo es que aún estoy viva?- preguntó en voz alta.
- Eso se lo debe a Eäros.- sonrió Gildor señalando con la mirada a la noble yegua joven que los miraba como si entendiera.- Veníamos pasando por acá abajo, tal vez un poco más lejos de aquí, cuando ella sintió algo que la hizo poner muy nerviosa. Salió corriendo como ella sabe hacerlo, y cuando la alcanzamos vimos que la tenía sobre su lomo, joven dama. Luego la curamos y ha dormido toda la noche.
- Se podría decir que ella me salvó la vida.- sonrió Mislif mirando con agradecimiento al bello animal. Luego, notó que todo eso era muy extraño, y preguntó¿Qué hacía usted cabalgando por los Emyn Muil?
- Yo soy quien debería preguntar qué hacía una joven dama caminando sola por los altos y temibles Emyn Muil.- dijo Gildor.- Esto es aún menos común, si a eso se refería.
- Es cierto.- sonrió Mislif.- Pero... ¿cómo es que llegó justo a tiempo?
- Debe de haber alguien que se ha encomendado a Ilúvatar pidiendo por usted, sólo ese motivo veo para que tal milagrosa coincidencia haya ocurrido.- dijo el Elfo.- Pero si quiere saber realmente cómo es que estoy aquí, estaría contándole una historia larguísima. Sólo puedo decir que hace algún tiempo atrás viajaba con como líder de un grupo de Elfos desterrados (no me pregunte el porqué, pues será aún más largo), que hacíamos tiempo para partir a las Grandes Aguas, en busca de nuestro Destino. Cuando íbamos pasando por Mithlond, también llamados Puertos Grises, cerca del Golfo de Lhûn, decidí separarme de mi grupo para continuar viajando, pues algunos deseaban ya partir, mientras que otros decidieron seguirme. Durante nuestro paso por las orillas del mar, vimos pasar corriendo, entre el rocío del mar, a esta preciosa criatura.- señaló a Eäros.- Apenas la vi me sorprendí por su belleza, agilidad, y me encariñé con ella y desde ese día viajamos juntos; pero nunca ha dejado que la monten, por eso es que va tan libre. Para resumir, diré que el grupo que decidió seguir conmigo tuvo algunas separaciones más y una que otra penuria, hasta que terminé viajando solo por esta Tierra Media.
- Sigue siendo extraño que esté usted en un lugar así. Pero... ahora que lo pienso... se parece un poco a mi historia, sólo un poco.- dijo Mislif.- Yo partí con un grupo de compañeros, amigos sobretodo, con una Misión. También sería largo contarle todo, pero debo decir que luego de muchas penurias y tristezas también me hallo viajando sola. Y también creo que es en busca de mi Destino.
- ¿Segura que sólo es por eso?- sonrió Gildor mirándola fijamente a los ojos.- Pareciera que está huyendo de algo o alguien que la perturba.
- ¿Cómo hacen los Elfos para siempre verte tan transparente?- exclamó riendo la joven.- Sí, tiene razón, Gildor. Me alejé de alguien, con quien tengo extraños problemas de identidad y confusión por el futuro.
- ¿Le gustaría contarme¡Pero antes! Partamos desde el principio. Hace tiempo que no oigo una historia buena. Además es usted, si se me permite decirlo, una joven muy peculiar, y estoy seguro de que será una historia asombrosa.
- Muy bien.- sonrió Mislif. Tomó aire y comenzó tranquilamente, con la mirada baja.- Hace algunos meses atrás, casi ni puedo contarlos con exactitud, logré realizar un sueño que venía años preparando. Y era el de viajar. Al principio creí que era porque yo quería comenzar una vida nueva y tener aventuras, es decir, algo casi infantil. Pero, con los días, me di cuenta que lo hacía porque no quería vivir más de recuerdos, pues mi padre había muerto hacía ya unos años, y yo sólo recordaba sus promesas de viaje. Todo estuvo bien al principio, pues salí con Hasym, un mago amigo mío, pero luego encontré otro problema y un recuerdo que no podré olvidar. Ocurre que conocí a un Elfo, con quien tengo o tuve muy buena relación. Comenzamos a viajar juntos y yo no supe, hasta dentro de un tiempo, porqué necesitaba estar cerca de él. Hasta que me di cuenta que estaba... enamorada. Bueno, comenzamos otro viaje, esta vez en compañía de varios más y todo siguió su curso normal, pero siempre sentía que él me sobreprotegía y me trataba, más que la amiga que él decía ver en mí, como una hija. Tuvimos muchísimas discusiones por culpa de aquello, pues yo incluso caí herida por una flecha orca en Minas Moria.
- ¡Minas Moria!- exclamó Gildor.- Han de estar en una terrible misión para entrar en aquel horrible lugar.
- Sí que fue horrible, pero mi despertar fue mejor, pues lo hice en Lothlórien, el Bosque de Oro. Ahí... le dije todo lo que sentía por él. Luego todo fue confuso...; me dijo que se estaba enamorando de mí y... Bueno, prefiero no decirlo. Cuando salimos de Lórien habíamos acordado olvidarnos de todo, para encargarnos de lleno a la Misión que nos había sido dada, y luego, en Parth Galen, nos separamos. Él se fue con dos compañeros más, en busca de dos amigos nuestros que fueron tomados prisioneros por orcos; mientras que yo vine en busca de otros dos que partieron solos. Lo demás ya lo sabe.
- Sí que es complicada su situación, joven dama.- dijo Gildor.- Enamorarse de un Elfo debe ser cosa difícil, pues para nosotros los Humanos son algo pasajero. Más difícil aún, si me permite decirlo, es el hecho de que él le haya respondido. Usted no debe de tener estas situaciones muy presentes, me parece.
- No las tenía.- objetó Mislif.- Ahora sí. Es por eso también que me alejé de él. Prefiero terminar con todo esto de una vez y no tener que hacerlo sufrir por lo que el Mortal Destino me depara. Yo moriré, quiera o no, pues ese el Destino de todo Humano, pero daría cualquier cosa por poder revertirlo, o poder alejarme de él sin ser doloroso.
- Si no puede revertir su Destino, cualquier cosa que haga con su relación terminará siendo dolorosa. Esté a su lado o aléjese, todo terminará tristemente.- dijo Gildor bajando la mirada. Mislif también lo hizo, pues el Elfo tenía razón.- Aunque...- Gildor sonrió-¿qué es mejor¿Perder el tiempo estando lejos de él, o aprovechar cada instante? Si me permite decirlo, creo que usted es muy valiente, pues partir sola en semejante viaje es un gran acto de coraje; pero asimismo creo que debería demostrar esa valentía con actos tal vez más simples. Y partiendo por dar la cara al problema, y aprovechar al máximo esta oportunidad, sería una buena acción, tanto para usted como para él.
- Tiene razón, Gildor.- sonrió Mislif.- Ya no puedo seguir huyendo. Siempre he intentado ser valiente, y esta no será la excepción para demostrar valor. Además, los Humanos, al tener una corta vida, tratamos de aprovechar al máximo cada instante. Debo hacer lo mismo.
- ¡Bien, pero¿qué hay de su misión en búsqueda de unos compañeros?
- ¡Oh, es cierto!- exclamó Mislif. Meditó unos instantes, y luego dijo: Creo que... si yo estoy buscando mi real camino, y ellos también, no está bien que intervenga en lo que han decidido.
- Creo lo mismo.- dijo Gildor levantándose.- El día avanza. ¿Desearía comer algo antes de partir?
- ¿Antes de partir¿A dónde¿Cómo sabré dónde está quien buscaré?
- Lo averiguará, esté segura. Pero no sola: Eäros la acompañará.
- ¿Eäros?- repitió Mislif mirando al bello animal. Ésta la miró a su vez e hizo un gesto con la cabeza, como si estuviera de acuerdo.- ¿Por qué me la da si le tiene tanto cariño?- preguntó la joven, mirando ahora a Gildor.
- No se la doy por iniciativa propia.- respondió el Elfo.- Es ella la que decidió ir con usted. Además, es la primera persona que logra subirse a su lomo.
- ¿Yo¡Oh, cierto!
- Debe haber algo en usted que a ella le ha parecido muy bueno.- dijo Gildor mirando a Eäros.- Me dolerá dejarte, pequeña amiga.- se acercó a la yegua y le acarició la frente, donde estaba aquella marca, en forma de estrella blanca.- Has sido igual o mejor que el verdadero rocío del mar, Eäros. Tu nombre es digno de ti.- el animal resopló en señal de alegría.
- ¿Qué significa "Eäros"?- preguntó Mislif.
- Ya lo dije: Rocío de Mar.- contestó Gildor.- La bauticé así, porque cuando apareció ante nosotros en aquella playa nos alegró y maravilló, tal como lo hace el refrescante y bello rocío.
- Y de seguro me alegrará y maravillará también.- dijo Mislif sonriendo.- La acepto con gusto, pues más que un animal de transporte, será para mí una gran y valiosa nueva amiga. ¡Oh!- exclamó de pronto.- ¿Cómo cruzaré con ella el Río Anduin?
- No se preocupe, joven dama.- contestó Gildor.- Nosotros tuvimos que dar un laro rodeo para encontrar una parte angosta y baja por el norte. Pasarán por ahí. De eso estoy seguro. Ahora¡a comer!
- ¡Jinetes!- exclamó Aragorn, levantándose bruscamente del suelo donde escuchaba.- ¡Muchos jinetes montados en rápidos corceles vienen hacía aquí!
- Sí, son ciento cinco.- dijo Legolas a su lado mirando con sus penetrantes ojos élficos.- Los cabellos son rubios, y las espadas brillantes. El jefe es muy alto.
- Penetrantes son los ojos de los Elfos.- dijo Aragorn sonriendo.
- No.- contestó Legolas.- Los jinetes están a poco más de cinco leguas.
- Cinco leguas o una, no podemos escapar en esta tierra desnuda. ¿Los esperaremos aquí o seguiremos adelante?- dijo Gimli.
- Esperaremos.- contestó Aragorn.- Estoy cansado, y la cacería ya no tiene sentido. Al menos otros se nos adelantaron, pues esos jinetes vienen cabalgando por la pista de orcos. Quizá nos den alguna noticia.
- O lanzas.- murmuró el Enano ceñudo.
- Hay tres monturas vacías, pero no veo ningún hobbit.- dijo Legolas, sin apartar la mirada de los jinetes.
- No hablé de buenas noticias, pero buenas o malas las esperaremos aquí.- dijo Aragorn.
Aquel día, el cuarto de persecución, se habían dado cuenta, desde la cima de una loma, que un grupo de jinetes de Rohan cabalgaba por ahí. Aragorn comentó que él había estado entre ellos- los jinetes- y que eran orgullosos y porfiados, pero sinceros de corazón, generosos en pensamiento y actos; audaces, pero no crueles.
Los esperaron unos minutos y pronto pudieron ver una gran cantidad jinetes sobre sus respectivos caballos. Estos últimos eran grandes, fuertes y muy ágiles; sus pelajes grises relucían, las largas colas flotaban al viento y tenían melenas que habían sido trenzadas. Los hombres que los cabalgaban eran también grandes, de piernas largas; los cabellos eran rubios y largos; los rostros eran severos, enérgicos y algunos bellos. Traían lanzas que esgrimían y escudos pintados les colgaban sobre las espaldas; también llevaban largas espadas y camisas de malla.
Pasaron rápidamente, y casi los habían dejado atrás, sin verlos, cuando Aragorn se levantó de un salto, y gritó:
- ¿Qué noticias hay del Norte, Jinetes de Rohan?- en menos de un minuto, y con una velocidad asombrosa, los hombres los habían rodeado, formando un círculo alrededor, con sus lanzas y caballos. Un hombre alto, el jefe de los jinetes, se acercó con su lanza, casi tocando el pecho de Aragorn, quien no se movió. El hombre, de rostro hermoso y a la vez severo, le preguntó quién era y qué hacía en esas tierras.- Me llaman Trancos. Vengo del Norte. Estoy casando orcos.- contestó Aragorn tranquilamente.
El hombre se apeó del caballo y luego habló nuevamente. Dijo que él, en un principio, había pensado que eran orcos. También dijo que los orcos a quienes seguían eran rápidos y muy numerosos. Señaló que Trancos no era nombre de Hombre y que las ropas que llevaban era también raras. Preguntó si habían salido de la hierba, cómo habían escapado de sus vistas, y si eran Elfos.
Aragorn contestó que sólo uno de sus compañeros lo era, y presentó a Legolas. También dijo que habían pasado por Lothlórien, y que los acompañaban los dones y favores de la Dama.
El jinete se mostró muy sorprendido con aquella noticia, y dijo que si ella los protegía, ellos debían ser también echadores de redes y hechiceros, pues noticias le habían llegado de que pocos escapaban de esa mujer. De pronto miró a Legolas y Gimli y les preguntó porqué estaban tan callados. Fue en ese momento donde se complicó la situación, pues Gimli, con los ojos oscuros lanzando chispas de cólera, se puso de pie y dijo con falta de cortesía:
- Dame tu nombre, señor de caballos, y te daré el mío, y también algo más.
- En cuanto a eso, el extraño tiene que darse a conocer primero.- contestó el jinete más molesto.- No obstante te diré que me llamo Éomer, hijo de Éomund, y soy el Tercer Mariscal de la Marca de los Jinetes.
- Entonces, Éomer, hijo de Éomund, Tercer Mariscal de la Marca de los Jinetes, permite que Gimli el Enano, hijo de Glóin, te advierta que no digas necedades. Hablas mal de lo que es hermoso más allá de tus posibilidades de comprensión, y sólo el poco entendimiento podría excusarte.
Aragorn cerró los ojos mientras Gimli hablaba, con gesto de preocupación, a causa de la impulsividad del Enano; Legolas hizo algo parecido, pero en vez de cerrar los ojos, apretó los labios. Los jinetes murmuraron molestos y cerraron más el apretado círculo, mientras que los ojos de Éomer relampaguearon.
- Te rebanaría la cabeza, Señor Enano, si se alzara un poco más del suelo.- dijo.
- El Enano no está solo.- dijo Legolas, preparando con la velocidad de un rayo, una flecha en su arco.- Morirías antes de que alcanzaras a golpear.
Éomer levantó la espada, y todo podría haberse puesto malo y preocupante, si Aragorn no hubiera alzado la mano interponiéndose. Pidió perdón y excusó a sus compañeros diciendo que si escuchaban su historia podrían entender la molestia que había causado en ellos el comentario. Estuvieron conversando unos momentos más, donde Aragorn reveló, con una enorme fuerza y majestuosidad, su verdadera identidad, y donde dijo que estaban buscando a dos hobbits, amigos suyos, que habían sido tomados prisioneros por los orcos. Las cosas se pusieron mal cuando Éomer dijo que no habían encontrado hobbits entre los cadáveres de orcos que ellos mismos habían matado la noche anterior. Ni siquiera cuando contaron, despojaron de armas y suministros, y quemaron a sus víctimas. Todo fue muy preocupante en aquel momento, pero no quedaba más por hacer. Los hombres de Éomer se retiraron por petición de éste, y él pudo conversar más libremente con los tres compañeros. Finalmente, resultó ser un muy buen hombre y para enderezar el error que había hecho con el comentario hacia Galadriel, les ofreció los caballos sobrantes para que pudiera seguir su camino, pues así lo hizo Aragorn, luego de ofrecer él su ayuda al Rey de Rohan si algún día lo veía.
A Aragorn le fue prestado un caballo grande de pelaje gris oscuro, llamado Hasufel. A Legolas le prestaron uno más pequeño, pero más ágil y vigoroso, llamado Arod. Gimli no deseó viajar en tan enormes bestias él sólo, así que Legolas lo invitó a viajar con él. Se despidieron de los jinetes y comenzaron a cabalgar, y en poco tiempo ya se hallaban de los límites del río Entaguas, donde descubrieron el rastro de los orcos. Ya al atardecer llegaron al lugar donde la noche anterior había sido la batalla, pero el lugar sólo les trajo una desoladora desesperanza.
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¡Otro capi listo! Bueno, si alguien no recuerda a Gildor les diré que él era el jefe de los Elfos desterrados que Frodo, Sam y Pippin se encontraron en la Comarca, cuando apenas habían comenzado su viajecito. ¡No tengo ni idea de cómo se me ocurrió ponerlo aquí! Sólo... brotó. (¿Recuerdas, Dernix, que te lo comenté hace un tiempo? Eso de que había puesto a un personaje que temía que casi nadie recordaría.) Explicándolo mejor, se puede decir que la idea nació porque quise que Mislif se encontrara con Elfos o con un Elfo durante su estadía en los Emyn Muil; pero la primera idea era que fueran Galadrim de Lórien. Pero luego pensé que meter a Galadriel denuevo iba a ser mucho y preferí poner a un sólo Elfo. Entonces, recordé a Gildor. Sigue siendo extraño¿verdad? XD
Bueno, espero que les haya gustado este capi y también espero leer sus reviews. ¡Nos vemosss! x Y aunque la redundancia ya no valga, les recuerdo visitar, después de dejar sus bellosss reviewsss, nuestro amado WebSite. (LaEstrelladelNorte.tk)
P.D. Ésta vez actualicé más rápido porque me voy de... ¡sí! vacaciones. La primera idea era subir el capi entre la semana del 2 de febrero al 8, pero, para ahorrarme tiempo en un cyber después, preferí sólo ir a ver mi mail y leer sus reviews. p
