Capítulo 8

¿El cielo o el infierno?

Daniel no estaba seguro. No había ninguna señal que le indicara donde estaba.

¿Vivo o muerto?

Por lo que podía recordar, muerto. Estaba seguro.

Danny se sentía sumido en la densa oscuridad, en medio de ninguna parte. Eso lo hacía pensar que estaba en el infierno; la oscuridad lo asustaba un poco en ese momento. Sin embargo, se sentía muy cómodo y seguro. Eso le hacía pensar que estaba en el cielo.

Fenton estaba recostado sobre algo sumamente suave. Una nube, pensaba él; tratando de darle sentido a su situación. Se sentía muy cálida, él no quería dejarla jamás. No tengo por qué hacerlo.

Sus sentidos estaban dormidos. No podía ver, oír u oler nada. Solamente podía sentir levemente las texturas a su alrededor. Y a Danny no le importaba la falta de información; eso lo relajaba y lo hacía olvidarse de todo.

¿Cuánto tiempo llevaba muerto? ¿Horas, días, semanas? ¿Importaba? Probablemente no. Solo sentía un poco de curiosidad. Él joven no sabía cuánto tiempo había pasado desde que se hizo esas preguntas. En medio de la oscuridad, no tenía mucha noción de nada.

Lentamente la mente de Danny empezó a poblarse con distintos pensamientos y recuerdos. Su familia y sus amigos. Podía ver sus rostros, oír sus voces. Todo se arremolinaba en un torrente de recuerdos que apenas podía identificar. Sus voces se hacían más nítidas, como si estuvieran a su lado.

¿Habrían sufrido mucho después de su partida? Él deseaba que no. Lastimar a sus seres queridos incluso después de muerto era lo último que Daniel deseaba.

Unas extrañas sensaciones empezaron a tomar forma a su alrededor. No era su imaginación; ni tampoco sus recuerdos. Eran reales. Las voces eran reales. Eran muy quedas, pero ahí estaban. Danny estaba casi totalmente seguro de ello. Estaban ahí, aunque no entendiera lo que decían entre susurros.

Entonces la realidad golpeó a Phantom, despertando sus sentidos. Quería estar de nuevo sumergido en la oscuridad; él no podía lidiar con la realidad; no ahora.

Sentía punzadas de dolor en cada parte de su cuerpo; y no era capaz de moverse ni un poco. Escuchaba voces a su alrededor; que a pesar de hablar en susurros, sonaban como explosiones en la cabeza del adolescente. Trató de abrir los ojos, que pesaban una tonelada. Cuando finalmente lo logró, se arrepintió de inmediato, la luz lo cegó, dejándolo aún más adolorido.

La avalancha de sensaciones era demasiado abrumadora y Danny buscó la manera de detenerla. Trató de moverse, gritar o hacer algo. Unos brazos fuertes lo sujetaron para que se quedara inmóvil; poco después sintió un horrible pinchazo en uno de sus brazos, el líquido quemaba mientras entraba a su torrente sanguíneo.

Poco a poco, todo terminó. Su deseo fue concedido. La negrura se lo tragó, mientras Fenton agradecía en silencio.

Daniel Fenton se sentía muy cansado y débil cuando recuperó la consciencia. Abrió sus ojos lentamente, y se topó con el cartel de la NASA del techo de su habitación.

¿Estoy en mi cuarto?

Eso tenía sentido. Sentía la almohada debajo de su cabeza, el suave colchón sosteniendo su lastimado cuerpo y una suave y calientita sábana cubriéndolo. Conclusión: estaba recostado en su cama.

Su mente trabajaba a ritmo lento, aún atontada por los analgésicos que se le había administrado para combatir el dolor. También sentía una tela sobre su frente, tibia. Girando la cabeza con cuidado, se encontró con un bowl lleno de agua en su mesita de noche. Segunda conclusión: alguien había estado cuidando de él.

Si estaba en su casa, vivo y estaba recibiendo cuidados, eso lo llevaba a la tercera y más grande de las conclusiones: Su familia estaba viva. Y yo también, de paso.

Danny sonrió. Por un lado, la vida se reía cruelmente en su cara. Parecía que le decía: Morir sería muy sencillo, ¿no crees, Fenton? Pero por el otro lado parecía decirle: Fenton, bastardo suertudo. Te daré una segunda oportunidad, solo porque me caes bien.

El chico fantasma decidió tomárselo con una actitud positiva (Nota mental: no dejar que me apliquen más analgésicos) después de todo, ya había tenido suficientes experiencias cercanas a la muerte para el resto de su existencia y se sentía feliz de estar de vuelta en su casa.

Con mucho cuidado, se sentó al borde de su cama. Estiró sus brazos hacia arriba, dejando que las vertebras de su columna se relajaran. Suspiró contento y se puso de pie. Sus piernas aún se sentía débiles y temblorosas por lo que decidió que sería mejor caminar con una mano apoyada en la pared.

Salió de su habitación y caminó hacia las escaleras. Se escuchaban voces provenientes del piso de abajo, y se oían bastante animadas. El adolescente se sentía lo suficientemente bien como para querer unirse a ellas, por lo que bajó los escalones uno a uno con mucho cuidado.

Conforme se fue acercando a la cocina lo diálogos se fueron haciendo más claros. Parecía que el padre de Danny había regresado del Nasty Burger, pues estaba descargando el contenido de varias bolsas con el logo de la hamburguesería impreso sobre la mesa.

Pronto el lugar empezó a oler a carne a la parrilla y papas a la francesa. Sam, Tucker y Jaz, quienes estaban sentados a la mesa junto a Maddie Fenton; pronto empezaron a adueñarse de las hamburguesas.

— ¿Quién quiere patatas con eso?—preguntó Jack con el tono de las cajeras que atendían el mostrador en el restaurante.

— Yo por favor— respondió Daniel, tomando a su padre con la guardia baja. Éste se giró bruscamente y sonrió al ver a su hijo.

—¡Danny!— se oyeron 4 voces a coro, sin embargo; los primeros brazos en rodearlo fueron los de su hermana.

—Gracias al cielo despertaste— exclamó emocionada mientras la pelirroja estrechaba contra su pecho a su hermano menor. Fenton se tensó por el dolor sordo que aún sentía en el cuerpo, pero no se quejó. De algún modo, ambos sabían que él lo necesitaba.

—¿Cuánto tiempo estuve inconsciente?—.

—Un par de días— le contestó ella alejándose.

Cuando lo soltó el mitad fantasma se tambaleó un poco, por lo que Jazmine le ofreció su brazo como apoyo. El pelinegro sonrió y lo aceptó agradecido.

—Cielo, ¿estás seguro que deberías estar levantado?—preguntó preocupada su madre, mientras lo ayudaba a sentarse a la mesa y le daba un abrazo al mismo tiempo.

—Sí, mamá. Me siento bien—replicó él.

Jack Fenton se sentó ruidosamente a su lado con una enorme sonrisa dibujada en el rostro. Después de estar todos comiendo tranquilamente en silencio, la señora Fenton habló:

—Danny, mi cielo. No es mi intención incomodarte, menos ahora que recién despertaste. Pero, debes entender que hay cosas sobre las que debemos hablar—.

Phantom tragó con dificultad y asintió. Sabía que ese momento llegaría. Sin embargo, ni el vaso extra grande de refresco del Nasty Burger sería suficiente para humedecer su garganta que se había secado por los nervios.

—Muy bien— dijo ella mientras pensaba en cómo proseguir— Dime, Danny ¿Cuánto tiempo….has vivido así?—.

—Un par de años mamá— respondió él dubitativo— Adquirí mis poderes poco después de que se construyó el portal Fenton—.

—¿Cómo fue que pasó?— cuestionó Jack sorprendido ante la mención de su más grande invento.

—Bueno, ¿recuerdan la primera vez que trataron de encenderlo? No funcionó, por lo que decidí echarle un vistazo por dentro. No me di cuenta que los botones de encendido estaban en una de las paredes interiores del portal y lo presioné por accidente—.

—Pero, hijo, ¡pudiste salir herido! ¿Por qué no dijiste nada?— exclamó con angustia la madre del adolescente. Éste balbuceó un segundo, buscando las palabras correctas, hasta que su hermana mayor fue a su rescate.

— Mamá, papá…. No se lo vayan a tomar a mal; pero quizás deban considerar que debió ser duro para Danny tratar de explicar que era mitad fantasma cuando ustedes son cazadores de fantasmas— explicó ella resaltando la palabra cazadores— No es porque no confiara en ustedes simplemente…podía ser difícil de asimilar—.

—Pero nosotros jamás dañaríamos a Danny, Jazmine—replicó ella a su hija, para después dirigirse al chico— Corazón, nosotros siempre te amaremos; sin importar lo que seas. Tal vez en ese entonces no lo supiste, pero quiero que recuerdes de ahora en adelante que somos tu familia. Jamás te abandonaremos, sin importar si seas un fantasma o un chico normal—.

Fenton quién había mantenido la vista en la mesa, la levantó al escuchar esas palabras. Sentía las ondas de amor y comprensión emanar de todos los que le rodeaban. Pero una idea salió a arruinar el momento, y la sonrisa del joven se apagó.

—De verdad se los agradezco, a todos pero…— ellos esperaron— No creo que pueda involucrarlos en esto. Casi mueren hace unos días; cuando ni siquiera sabían que yo era Danny Phantom. Si intervinieran mucho ahora que lo saben….Yo no quiero que ninguno de ustedes salga herido por eso—.

Maddie Fenton puso su mano enguantada sobre la delgada mano de Daniel.

—Nosotros no te abandonaremos; sabemos que puedes pelear contra todos esos fantasmas, que eres capaz de defender a una ciudad entera…—.

—Pero tú también deberías saber que podemos protegernos solos—complementó la idea, Sam— ¿Cómo crees que nos deshicimos de los fantasmas que te perseguían?—.

—Supongo… y hablando de eso ¿Qué le ocurrió a Vlad?—.

—No importa, Danny. Solo digamos que ese tonto patán jamás se volverá a meter con nuestra familia—contestó Jack— Siempre haremos lo que sea necesario para protegerte—.

—Es cierto, viejo— intervino Tucker por igual— Métetelo en la cabeza. Somos tu familia, siempre estaremos aquí. ¡Incluso cuando no nos quieras!— rió el amante de la tecnología.

—¡Ahora seremos tus ayudantes!— exclamó entusiasmado el padre de Daniel; entonces emocionado tomó a su esposa dulcemente del brazo y la jaló consigo al laboratorio mientras decía— ¡Hay que diseñar trajes iguales y frases graciosas!—.

El cuarteto de adolescentes no pudo dejar de reír por un rato. Un par de horas más tarde, Sam y Tucker se dirigieron a la puerta de la residencia Fenton y se despidieron. Entonces Danny dijo que los acompañaría, haciendo que el par inmediatamente protestara. No hubo razonamiento que lo hiciera desistir, y cuando ellos recurrieron a Jaz pidiendo una intervención, ésta se encogió de hombros y se marchó con una sonrisa traviesa.

A diferencia de Manson y Foley, ella lo había captado al vuelo. Danny quería hablar con sus amigos de la infancia a solas. Si bien; no podía dejar de sentir ansias al pensar en su hermano afuera en la calle, Jazmine sabía que una pequeña y ligera caminata no le haría daño. Además, ésta vez se aseguró de que llevara su celular encendido.

Un par de cuadras lejos de los laboratorios Fenton, el trío comenzó a charlar. Al principio fue básicamente el chico fantasma haciendo preguntas acerca de qué había ocurrido antes y durante su secuestro. Después Sam y Tucker le dieron vuelta la conversación y empezaron un interrogatorio acerca de lo que le había ocurrido a él.

El joven pelinegro procedió a explicar cómo en medio de lo que parecía ser su última batalla (una de muchas) Cujo, el perro fantasma había aparecido para protegerlo de todo peligro. Él no quiso investigar a fondo como había llegado hasta él; ya que el cachorro siempre salía del portal Fenton al menos una vez al mes para ver a su amo humano; y probablemente había escapado aprovechando la oleada de fantasmas que trataron de tomar ventaja de su situación.

Después; agotado y adolorido; reanudó su búsqueda de pistas para dar con los adolescentes secuestrados. El perrito de nuevo fue de mucha ayuda; pues su sentido del olfato condujo a Danny por toda la zona fantasma hasta dar con el portal que Masters tenía en su laboratorio personal.

En el estado en el que se encontraba; sabía que no ganaría la pelea. Y si no la ganaba y era atrapado por el millonario; estarían muertos; más literalmente de lo que le gustaría. Decidió entonces montar un pequeño y dramático espectáculo; lo suficiente como para tomar al mitad fantasma desprevenido y usar esa ventaja en su contra.

En su viaje hacia el portal, Danny obtuvo otra pequeña ventaja a su favor. Mientras flotaba suavemente por la zona fantasma; su fiebre y el dolor que había sentido en las últimas horas se desvanecieron lentamente. ¡Él pudo comprobarlo por sí mismo! Los moretones y los golpes desaparecían a ritmo lento; pero al menos lo hacían.

Eso le dio tiempo de descansar y reunir fuerzas para poder enfrentarse a Plasmius. Y al final todo resultó justo como Fenton lo quería; sin embargo, no consideró las posibles consecuencias psicológicas que pudo haber tenido esa estrategia en sus amigos. Al momento no lo captó, pero ahora lo hacía; los había herido.

Daniel se disculpó cientos de veces con sus amigos y prometió el mismo número de veces que no volvería a repetirse. Éstos lo perdonaron, en parte para que todo volviera a la normalidad y en parte para que se callara. Pocos minutos después, llegaron a la casa de Tucker y éste entró tras despedirse nuevamente.

—Mi casa está a unas pocas calles, Danny— dijo la gótica, tratando de evitar que el chico fantasma se esforzara—Puedo caminar sola desde aquí—.

—Lo sé; pero no quiero que lo hagas—contestó él mientras reanudaba la marcha. Sam suspiró, y lo siguió. Ellos caminaron unos minutos en silencio, hasta que Fenton habló:

—¿Sam?—.

—¿Sí?—respondió ella de manera ridículamente rápida.

—Hay algo sobre lo que quería hablarte—la vista azul claro nunca dejó de observar el suelo— Quería disculparme por haberte asustado—.

—Danny, ya te dijimos que….—.

—Lo sé— la interrumpió, levantando la vista para verla a los ojos—Pero….—titubeó— Sam, eres mi mejor amiga. Me preocupo mucho por ti; y yo sé que te preocupas mucho por mi. No me imagino como debiste haberte sentido con toda ésta situación— Danny volvió a bajar la mirada, avergonzado y apesumbrado.

Sam sonrió, con comprensión. En un gesto impropio de ella, le puso una mano en el rostro, cubriendo una de sus mejillas. Ella fijó sus joyas amatistas en sus zafiros. En ese momento, los adolescentes ya habían llegado a la puerta de la vivienda de ella.

—No debes sentirte culpable por eso; yo estoy dispuesta a tolerar eso y más; después de todo no pienso….apartarme de ti. ¿Deja de pensar en eso, de acuerdo?—después Sam golpeó con fuerza el hombro del chico— Aunque igual, te mereces eso por hacer que mi corazón se detuviera.—después susurró— Aunque igual, siempre lo detienes.

Danny lo miró confundido por un segundo, hasta que Sam aclaró sus pensamientos dándole un beso en la mejilla. Ella le regaló una sonrisa torcida y después entró precipitadamente a su casa. Fenton se quedó inmóvil y atontado por unos momentos; hasta que comenzó a caminar de vuelta a su casa; con una imborrable sonrisa en su rostro.

Al llegar a casa, se dirigió rápidamente a su habitación; para darse otro pequeño descanso. Inesperadamente, entró Jazmine a su cuarto, se acercó a la cama y le dio un beso en la frente. Instintivamente, el adolescente le reclamó su comportamiento rojo de vergüenza.

—Lo siento— le respondió— Solo necesitaba hacerlo—.

Y después se marchó tan rápidamente como había entrado. Danny volvió a relajarse inmediatamente.

Cerró los ojos, sonriendo para sí mismo.

¿Quién diría que necesitaba romperme las costillas para aprender ésto? Supongo que nada se aprende del método sencillo.

Ese día, Danny Fenton había aprendido una cosa muy importante para su vida.

No estás solo.