¡Y aquí estoy! Mas oui! ¡Estoy renovada! ¡Como nueva! ¡Mejor que nunca! Je, je, je. Eh bien, se preguntarán el porqué de mi abrumador entusiasmo, pero es que no sólo las vacaciones me reconfortaron, sino que he sido nuevamente inspirada y alegrada literalmente. ¡Sí! La Maestra, la Única, la Incomparable, la Fantástica, la Majestuosa elogios por media hora más..., Agatha Christie me ha sorprendido y alimentado mentalmente durante estas últimas semanas. Especialmente, con su obra "Telón" he quedado maravillada y la alabaré por el restos de mis días. Además de leer bastantes otras de sus obras, las cuales se las recomiendo a todos.
Ahora, a lo que les interesa y lo que yo disfruto, pero que antes no pude hacer, ¡contestar reviews! Mas oui! Eh bien, comenzaré por...
Berenu: ¡Gracias por tu review! ¿No recordabas al gran Gildor? No te preocupes, tal vez sea algo normal. Yo, por mi parte, no tengo ni idea de cómo se me ocurrió ponerlo, pero bueno... Espero que disfrutes este capi.
Dernix: ¡Hola, amiga! ¡Qué bueno que hayas recordado a Gildor! Se me había olvidado ese detallito de Sam... ¿Qué es eso de "tanta insensatez? ¡Snif! No es para tanto... (Misao se tiende sobre la mesa a llorar) Pero no importa... me repondré. No te responderé eso de Legolas, porque ya sabes mi opinión al respecto. Jajajaja. Tal vez tengas razón en lo que pasaría si Legolas se entera de los cuidados de Gildor con Mislif, aunque sería muy cómico verlo. Bien, bien,bien. Todas tus dudas de Eäros serán contestadas a su debido tiempo. Ya verás, y disfruta este capi.
Henar: ¡Gracias por tu review! Jejeje. Probablemente tengas mucha razón en eso de que Mislif es tozuda, su carácter es algo complejo... ¿Te gustó Eäros? Me parece bien. Bien, bien, bien. Muchas de tus dudas quedarán resueltas, si lees este capi. ¡Disfrútalo!
Lady-Eloane: Muchas gracias por tu review. ¿Crees que fui algo predesible? Bueno, lo más probable es que tengas razón, pero ¿quién puede negar que las ideas algo añejas son malas? Por lo menos nunca dejan de gustar. Espero que disfrutes este capi.
Cass Metallium: Holitas. Muchas gracias por tu review, como siempre. Me alegra que te haya gustado la aparición de Gildor, será recompensado créeme. Disfruta este capi, sé que te agradará.
Silence-messiah: Muchas gracias por tu review. Me alegra que te agrade Mislif, pero no te preocupes: a muchos le pone los nervios de punta. Jejeje, disfruta este capi.
Kmila: ¡Oooh! Mi ferviente admiradora. ¡La n° 1 del Club de Fans M.W.M. (Misao Wood Maestra)! (Es un sueño mío, no te preocupes) Bueno, gracias por tu review y por no intentar matarme, mi corazón está algo vulnerable ultimamente. Espero que disfrutes este capi.
LegolasMirkwood: Jejeje. ¿Feliz porque Mislif regresa a tu lado? Me parece bien. No te preocupes por no recordar a Gildor, ya sabía que algo así pasaría. ¡Oye, no digas eso de la pobre Mislif! Ambos han sufrido, no sólo Legolas (tú). Bueno, disfruta este capi.
Gary Lupin: Holitas, amigo. Gracias por tu review, pero no por decirme "ególatra estratoférica"... Pero te lo perdono, porque de verdad me gusta leer cosillas así... Jejeje, eso de las palabras románticas de Legolas y los gruñidos de Mislif es una de mis partes favoritas. Bueno, espero que disfrutes este capi.
Lórien Potter: Gracias por tu review. ¡Y, sí! Esto me traía entre manos. Mwajajaja. Espero que disfrutes de este capi que sé que te gustará.
Y ya sin más, les presento con orgullo y emoción éste...
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CAPÍTULO 16
"ENCUENTROS EN EL OESTE"
- Ya estoy cansada, Eäros. ¿Tú también?- preguntó Mislif apeándose de la bella yegua, que le había sido dada por Gildor Inglorion un Elfo desterrado, que había conocido a los pies de un acantilado en los Emyn Muil.
"- ¡Cuídese mucho, joven dama!- había gritado Gildor a lo lejos, mientras ella avanzaba cabalgando sobre una loma. Mislif se había detenido para mirarlo.- ¡Espero que logre encontrar su real camino!
- ¡Muchas gracias!- había respondido Mislif.- ¡Yo espero que las Grandes Aguas no estén aún muy lejos de usted, Gildor!
- Namarië, y... ¡aún no sé su nombre, joven dama!
- ¡Oh, es cierto!- exclamó Mislif dándose una palmadita en la frente.- ¡Mi nombre es Mislif, hija de Musolf, de las Tierras Grises en Ered Mithrim! ¡También me llaman Estrella del Norte!
- ¡Gracias por decírmelo, Mislif!- respondió Gildor.- Ahora podré mirar aquella estrella y recordarla siempre.
- Yo tampoco lo olvidaré.- dijo Mislif y volviéndose hacia el camino.- ¡Adiós!"
Desde ese momento, Mislif había cabalgado dos días, casi sin detenerse, sólo para tomar un poco de agua y comer, ella y Eäros. Ésta última era sorprendentemente veloz y ágil; difícil era que se cansara y las energías nunca le faltaban. Aquella tarde, había sacado a Mislif de los Emyn Muil, cruzando por una angostura, no muy profunda, el Anduin; pasando Sarn Gebir, y llegando al atardecer a estar a sólo una jornada o más en las orillas del Río Entaguas.
Aquella noche, Mislif se paseaba de un lado hacia otro en las praderas, mientras se preguntaba dónde estaba y cómo haría para encontrar a Legolas, Aragorn y Gimli. Eäros sabía hacia dónde Mislif había querido ir, pero la joven ya no sabía qué más hacer. Su única pista era la de que los orcos que habían capturado a Merry y Pippin eran de Isengard, en su mayoría. Así que su situación era seguir hacia el camino de Isengard, aunque no tenía ni idea de dónde estaba. Sólo esperaba que Eäros, quien pastaba cerca, supiera el camino.
A la mañana siguiente, tan temprano que ni el Sol despuntaba aún, Mislif se subió al lomo de Eäros y comenzaron una nueva jornada de viaje. La joven ya le había pedido a su corcel que la guiara hacia Isengard, y, aunque el animal se puso algo nerviosa con la mención de aquel lugar, la encaminó hacia allá. Cerca de las ocho de la tarde, cuando habían llegado a orillas del Río Entaguas, se detuvieron a descansar. Lo mejor sería pasar la noche ahí, pues Eäros se notaba más cansada y Mislif sentía que si se sentaba nuevamente en la montura, todo su cuerpo haría una revolución. Pero no sólo había sido el viaje lo que la agotaba, sino que era la sombra del dolor producido en Moria, y luego su caída en los Emyn Muil.
La joven encendió una pequeña fogata y ahí se quedó sentada, mirando el fuego, mientras pensaba en Legolas. Eäros estaba echada muy cerca de ahí y parecía oír algo que Mislif no. Cuando la joven comenzaba a cabecear y había decidido acostarse, Eäros se levantó rápidamente y lanzó un relincho que sobresaltó a Mislif.
- ¿Qué pasa, Eäros?- preguntó la joven.
La yegua no hizo movimiento alguno, sólo las orejas parecían moverse casi de manera imperceptible. Miraba fijamente hacia un punto directamente al sur, en la oscuridad. Mislif miró hacia donde lo hacía Eäros e intentó descubrir lo que preocupaba al animal. Sin darse cuenta, tenía preparados los dardos en sus manos. De pronto, en la oscuridad, lentamente comenzó a hacerse visible una figura negra, parecía ser un hombre, encorvado y enfermo. Venía montado en un caballo pequeño, y éste parecía maldecir a su destino por tener que llevarlo.
El hombre levantó la cabeza, que había estado baja, y miró hacia adelante. Vio la fogata de Mislif, a la joven sola y a la yegua a su lado. Mislif, por su parte, pudo ver un rostro pálido, con ojeras, cabello largo negro, ojos astutos y párpados algo caídos. Iba vestido de negro y las ropas estaban sucias. La joven sintió una punzada de miedo al verlo, pues su aspecto era tétrico, y más a la luz de una simple fogata en la oscuridad.
- Buenas noches.- saludó con voz fría y calculadora.- ¿Permitiría una joven dama que un viejo desolado pueda calentarse en su fuego?
- Depende de si eso es todo lo que desea.- contestó Mislif.
- ¿Qué más se puede pedir en una solitaria y triste noche en las praderas de Rohan?- dijo el hombre fijándose en los dardos de Mislif.- Sólo busco un poco de calor en mi viaje, y tal vez alguna compañía agradable.
- Muy bien. Pero sólo unos momentos, señor.- dijo la joven.
- ¡Oh, muchísimas gracias, joven dama!- dijo el hombre acercándose. Es su mirada había una luz suspicaz.- Nadie había tratado bien al viejo Gríma desde hace días.- suspiró llegando al fuego y apeándose del caballo.
- ¿Su nombre es Gríma?- preguntó Mislif aún desconfiando.
- Sí.- contestó él.- ¿Cuál es el suyo? ¿Qué hace sola en la Tierra de los Jinetes de la Marca? ¿Por qué aún no baja sus dardos?
- Muchas preguntas y demasiadas respuestas para un desconocido.- dijo Mislif, quien sentía un profundo rechazo hacia el hombre.
- No puedo ni le haré daño, jovencita.- dijo Gríma sonriendo y mostrando unos dientes amarillos.
- No le conviene hacerlo de todas maneras, señor.- dijo Mislif.- Pero si desea que le responda, le diré que me llamo Mislif. ¿Qué hago sola en estas tierras? Busco a... unas personas con quienes... tengo asuntos pendientes. Y mis dardos ya los bajé.
- ¿Busca a unas personas?- preguntó Gríma.- Si que estamos en días extraños.- suspiró sentándose junto al fuego.- Primero: gente extraña viaja junta por tierras lejanas a ellos. Segundo: el peligro aquí crece a cada segundo, y ya es... demasiado tarde. Y tercero: a pesar de eso, una joven dama viaja sola buscando a personas.
- ¿Gente extraña?- preguntó Mislif, deteniéndose en aquel punto.
- Sí. Gente extraña.- murmuró Gríma.- Elfos y Enanos viajando juntos es algo que no se había visto... al menos desde hace mucho. Pero si desea saber más, seré más explícito: un hombre extraño, viajaba en compañía de un Elfo y un Enano. Lástima que mucho tiempo no les quede.
- ¿A qué se refiere?- preguntó Mislif alzando la voz sin querer. Gríma la miró con sus astutos ojillos unos instantes.
- Ellos llegaron a Meduseld, el palacio de Théoden, Rey de Rohan, junto con un... viejo, que prefiero no mencionar, y partieron hacia el Abismo de Helm, junto con el Rey y un gran número de los suyos. Hacia allá, Saruman el Blanco ha enviado un ejército enorme de orcos, para la guerra. Théoden no podrá con las huestes de Isengard.
- ¡Oh, no puede ser!- murmuró Mislif con los ojos muy abiertos.
- ¿Por qué me da la impresión de que usted busca a esos viajeros extraños?
- Tiene razón. Los busco...
De pronto, Eäros lanzó un relincho de enojo, interrumpiendo a Mislif. Dio unas patadas en el suelo, mientras miraba con ojos de rechazo al hombre.
- Parece que a su corcel no le agrado, Mislif.- sonrió Gríma.
- ¡Eäros!- la reprochó la joven.- ¡Compórtate!- Mislif le daba la espalda al viejo, y durante un segundo le hizo un gesto con los ojos a Eäros, el cual le decía que ella también desconfiaba de aquel hombre.- Lo siento.- dijo Mislif volviéndose a mirar al hombre.- Como le decía: los busco, porque tenemos asuntos pendientes. Tenemos deudas que saldar.- mintió.- Espero poder llegar a ese Abismo antes de que comience la batalla. Así me las pagarán antes de que los orcos se encarguen de ellos.
- ¿A sí que está en contra de ellos? Dudo mucho que pueda acabarlos, si tal es su propósito.- preguntó sonriente Gríma.- Pero al fin encuentro a alguien que piensa. ¿Le gustaría venir conmigo hacia Isengard?
- ¿A Isengard? ¿Para qué?
- Fui... enviado para parlamentar con Saruman sobre hacer retroceder a sus ejércitos.- mintió el hombre.- Yo puedo llevarla hacia él.
- Cuando se parlamenta, ¿no se lleva acaso a un número de hombres por precaución? Además, un hombre solo e indefenso yendo a ver a Saruman, me parece extraño. Y, ¡otra cosa! Yo trabajo sola, Gríma.- contestó Mislif con un brillo astuto en los ojos.- No necesito la ayuda de ningún mago, que, por lo que sé, traiciona cuando se le da la gana. Asimismo como lo hacen sus súbditos.- sonrió recalcando la última frase. Hizo una pausa, y dijo: Lo mejor será que parta de inmediato, si es que quiero llegar antes de los orcos.
- Si es usted enemiga de los hombres y amigos de Théoden, podría viajar con los orcos. Yo podría arreglarlo todo.
- Preferiría morir antes de soportar un viaje entre la pestilencia de esas asquerosas y traicioneras bestias. Pues, ¿podría asegurarme usted que saldría con vida de aquella travesía?
- No, pero...
- ¿Hacia dónde está ese tal Abismo de Helm?- interrumpió Mislif.
- ¿Ve aquellas montañas? Aunque está oscuro se distinguen un poco. Esas son las Montañas Blancas, y a los pies de aquel elevado pico se encuentra el Abismo de Helm.
- Está bastante lejos.
- Sí, pero yo podría ayudarla a llegar...
- No gracias- interrumpió Mislif ya molesta-, yo trabajo sola.- se acercó a su pequeño bolso, enrolló las mantas y preparó la montura de Eäros.- Espero que el calor de este fuego le sirva, pues con la frialdad de Saruman lo extrañará.- se subió al lomo del animal.- A menos que ya esté acostumbrado.- sonrió maliciosamente, hizo un gesto con la mano e hizo correr a todo dar a Eäros.
- Cuídese mucho, joven dama.- gruñó Gríma enojado, viendo cómo Mislif se alejaba.- Probablemente morirá en manos de sus enemigos o de los orcos.
- Esto me gusta más.- dijo Gimli el Enano, hijo de Glóin.- El corazón siempre se me anima en las cercanías de las montañas. Hay buenas rocas aquí. Esta región tiene los huesos sólidos. Podía sentirlos bajo los pies cuando subíamos desde el foso. Denme un año y un centenar de los de mi raza, y haré de este lugar un baluarte donde todos los ejércitos se estrellen como un oleaje.
- No lo dudo.- dijo Legolas, el Elfo, a su lado.- Pero tú eres un Enano, y los Enanos son gente extraña. A mí no me gusta este lugar, y sé que no gustará más a la luz del día. Pero tú me reconfortas, Gimli, y me alegro de tenerte cerca con tus piernas robustas y hacha poderosa. Desearía que hubiera entre nosotros más de los de tu raza. Pero más daría por un centenar de arqueros del Bosque Negro. Los necesitaremos. Los Rohirrim tienen buenos arqueros a su manera, pero hay pocos aquí, demasiado pocos.
- Estoy seguro que darías todo eso y mucho más por tener a una sola persona aquí, más que a los de tu raza y los arqueros de ella, ¿o me equivoco?- sonrió Gimli. Nunca había hecho notar con una burla que sabía lo Mislif y Legolas, y esta era la primera vez que lo hacía. El Elfo lo miró un segundo con sorpresa, pero nada dijo. Así que Gimli continuó.- Está muy oscuro para hablar de estas cosas.- dijo.- En realidad, es hora de dormir. ¡Dormir! Nunca un Enano tuvo tantas ganas de dormir. Cabalgar es faena pesada. Sin embargo, el hacha no se está quieta en mi mano. ¡Denme una hilera de cabezas de orcos y espacio suficiente para blandir el hacha y todo el cansancio desaparecerá!
Aragorn, Legolas y Gimli, si bien se recuerda, habían llegado hasta el Bosque de Fangorn, hacía dos días atrás. Ahí se encontraron con un enigma, pues había pisadas de Merry y Pippin en aquel lugar. Momentos después, habían vivido un extraño, emotivo y alegre reencuentro, ya que ante sus ojos un viejo cubierto por unas ropas había aparecido en el bosque. Al cabo de un rato se descubrió como Gandalf, Gandalf el Blanco. El viejo mago les había contado todo lo que tuvo que pasar desde que había caído en el Puente de Khazad-dûm, en Minas Moria. Ahí había tenido que luchar con el Balrog y con la muerte en muchos lugares letales y desconocidos. Luego de darles unos mensajes de parte de la Dama Galadriel, Gandalf les dijo que Merry y Pippin ya estaban bien; que Bárbol, un Ent, criatura extraña, perdida y legendaria, los cuidaba; y que ellos debían partir cuanto antes hacia Edoras, ciudad de Rohan, donde residía Théoden. Así lo hicieron, y luego de un día de viaje llegaron a Meduseld, el Palacio de Oro. Ahí se encontraron con Éomer y con un grave problema: el Rey estaba siendo corrompido por Lengua de Serpiente, un espía de Saruman. Gandalf logró sacarlo de su ceguera y oscuridad mental, para devolverle su gloria y mostrarle el permanente amor de su pueblo. También, el viejo mago lo puso al tanto de la situación con Saruman y le advirtió sobre prepararse para la guerra que pronto estallaría. Así que Théoden ordenó alistar a todos los hombres que estuvieran aptos para combatir, pues partirían lo más pronto posible hacia el Abismo de Helm. Las órdenes del Rey se convirtieron en actos y durante aquella noche partieron hacia ciudadela. Tuvieron otra jornada más de viaje, donde Gandalf se separó de ellos, junto con su veloz caballo Sombragrís, para una misión urgente. Sólo dijo que lo esperaran en la Puerta de Helm. Aquella noche habían llegado a la ciudadela, con el enemigo pisándoles los talones. Éomer, sobrino del Rey, había replegado rápidamente a todos su hombres, tanto en las afueras de Helm, llamado Muro del Bajo y la Empalizada. Théoden y su séquito quedó en Cuernavilla, junto con Aragorn, Legolas y Gimli.
La conversación anterior, se había llevado a cabo mientras esperaban la llegada de los miles de orcos gigantescos y de los montañeses salvajes de las Tierras Oscuras, que Saruman había enviado para destruirlos. El Elfo casi no hablaba, pero Gimli estaba siendo bastante locuaz.
- Si mi padre Glóin me viera ahora...- decía con satisfacción.- Los Humanos no se dan cuenta de las hermosas rocas y paredes que desperdician aquí. ¡Este sitio es increíble!
- Me ahoga...- contestó Legolas, pensativo.
- ¡Y a mi me ahogan tus árboles, Maese Legolas!- replicó Gimli. De pronto, dijo cambiando considerablemente el tema.- ¿Cómo crees que esté la chiquilla? No hemos tenido noticias de ella.- Legolas dio un respingo, porque justamente estaba pensando en Mislif. ¿Sería posible que los Enanos leyeran el pensamiento? No, era demasiado inverosímil.- Aunque dudo que las tengamos.- seguía diciendo Gimli.- Lo único que supimos, fue por ti: cuando sentiste que algo malo le había ocurrido. ¿Cómo estará, me pregunto.
- No sé...- limitóse a contestar con tristeza.
- La extrañas mucho, ¿verdad?- rió el Enano con burlona ternura.- Creo..., creo que yo también la extraño un poco. Necesito de alguien con quien discutir un rato. Sin ofender, amigo...- se apresuró a agregar.
Legolas no contestó y bajó la vista. Si Gimli la echaba de menos, ¡¿cuánto la extrañaba él mismo, entonces! Nunca pensó que sentiría esto, cuando se separaron a orillas del Anduin; pero había pasado..., y le dolía.
De pronto, recordó la palabras de ella: "Legolas, yo no tengo la culpa de que nuestras razas sean diferentes; pero aún así, no puedo soportar el no cumplir mi mayor deseo, melamin (amado mío)."
"Amado mío..." "Melamin", se repetía en la mente. ¿Qué había contestado él? "Yo tampoco tengo la culpa de no poder cumplir tu deseo, mi joven dama, si tú misma me negaste hacerlo." Joven dama...", era cierto. Era demasiado joven para él, pero..., aún así... lo hacía sentir feliz cuando estaba a su lado. Desde el primer momento en que se conocieron, camino al Bosque Negro, hacía varios meses, se había sentido a gusto en su compañía. Y ahora..., era nada más que un recuerdo. De pronto, recordó el beso que se dieron en Lórien, cuando Legolas descubrió que la amaba.
- ¡A tomar posiciones!- gritó Éomer.- ¡No tardarán en llegar!
- ¡Oh, por Elendil!- exclamó estupefacta Mislif. La joven había cabalgado dos días casi sin parar y se hallaba muy cerca del Abismo y de las Puertas de Helm. A su izquierda podía ver, no muy lejos a la luz de la Luna, ejércitos de hombres desplegados fuera y dentro de la ciudadela, y a su derecha, tampoco lejos, un ejército aún más enorme de orcos. La escena era terrible, aterradora y desesperanzada. Eäros se veía nerviosa y preocupada; lo único que quería era poder llegar rápido al Abismo de Helm. Así que comenzó a correr hacia aquel lugar, más como iniciativa propia que por voluntad de Mislif. Al cabo de quince minutos de larga carrera, la joven llegó hasta la primera fila de soldados.
- ¡Alto! ¿Quién es, y qué hace aquí en el Abismo de Helm?- exclamó un soldado, bastante sorprendido de verla, mientras le apuntaba con una flecha.- ¿Qué hace usted aquí? ¿No debería estar en Edoras?
- Yo...- titubeó la joven. ¿Qué hacía ahí, en realidad? Entonces, dijo lo primero que se le vino a la mente.- Vengo en búsqueda de Aragorn, hijo de Arathorn.
- Aragorn... Él está aquí.- contestó otro soldado.- ¿Daremos aviso?- le preguntó al primero.- ¿Cuál es su nombre?
- Mislif, hija de Musolf; de las Tierras del Norte.- contestó Mislif nerviosa.
- Muy bien, daremos aviso al señor Aragorn.- dijo el primer soldado, llamando a uno que estaba más atrás. Le dio unas discretas instrucciones, y luego de que el otro se marchó se volvió hacia ella y preguntó.- ¿De dónde salió, y porqué no la vimos venir?
- No salí de la tierra, si a eso se refiere.- contestó Mislif, pensativa.- Pero los Elfos tienen más de alguna sencilla manera de pasar inadvertidos.- sonrió refiriéndose a su capa élfica, y dejando al soldado de una pieza.
Legolas se hallaba aún en su puesto, junto con Gimli, cuando notó a lo lejos que algo pasaba. Alguien había llegado hasta la primera línea de defensa de la Empalizada e intentaba pasar.
Al principio, creyó que sus ojos lo engañaban, pero, luego de pestañear varias veces, comprendió que no era un sueño lo que veía, sino una realidad esperada desde hacía tiempo. Y sin poder aguantarse, lanzó un grito, haciendo dar un respingo a los que estaban cerca y a Gimli.
- ¡¿Qué te pasa, elfo maniático!- gruñó controlando sus nervios.
- ¡Mislif!- exclamó Legolas, como si fuera lo más maravilloso del mundo.- ¡No puedo creerlo!
- ¿De qué hablas?- preguntó el Enano, bastante más extrañado.
- Mislif está aquí.- sonrió el Elfo con alegría.- ¡Es increíble!- Por detrás de ellos, apareció Aragorn corriendo. Se unió a sus amigos y anunció:
- Me acaban de avisar que Mislif está en la primera línea de defensa, en la Empalizada.- su rostro era de sorpresa.
- No te mienten, ya la vi.- rió Legolas feliz.- ¡Hazla entrar! ¡Pronto!
- ¿La chiquilla, aquí?- exclamó Gimli, sorprendido.- ¡Y justo hace unos momentos la estábamos recordando!
- Háganla pasar.- ordenó Aragorn al soldado que habían enviado.- ¿Vienen a recibirla, amigos...?
Ni siquiera terminó la pregunta, cuando Legolas ya partía corriendo hacia la entrada. Aragorn y Gimli lo siguieron rápidamente, preguntándose cómo habría hecho la joven para llegar tan rápido y de aquella forma tan sorpresiva.
- Jovencita- ordenó un soldado junto a Mislif-, puede pasar, pero apresúrese. Deje su caballo en manos de él.- señaló a un hombre.- Lo llevará hacia un lugar seguro, junto con los demás caballos.
- ¡Oh, muy bien, gracias! Tendrá que ser delicado con ella, pues es bastante orgullosa.- sonrió Mislif, con una emoción enorme en el pecho. Puesto que si Aragorn estaba dentro, Gimli y Legolas también. "¡Legolas!- pensó sin poder creerlo.- ¡Al fin volveré a verte!"
Corrió a todo dar de sus piernas hacia la inmensa puerta que le enseñaron; pasó junto a enormes filas de hombres, listos para la batalla. De pronto, pensó que sus ojos le jugaban una mala pasada. De pie, junto a una gran puerta, antes de cruzar un puente, había una figura que resaltaba en medio de la oscuridad y que parecía brillar, y aquella figura la miraba fijamente, como petrificada.
- ¡Oh, Elendil!- murmuró para sí, con una enorme opresión en el pecho, producto de la emoción.- ¡Legolas!
Apresuró su marcha, que había disminuido por la impresión, y comenzó a desbordarse su alegría. Parecía ser que no se habían visto en años, porque ambos corrieron al encuentro del otro. Pero, de pronto, Mislif recordó lo que había dicho en la balsa, mientras se alejaba en las aguas del Anduin. Sintió que el corazón se le paraba un segundo a causa de las estupidez que había hecho. Aunque... después de todo, ¿por qué era una estupidez decir lo que sentía? Toda su vida se lo había guardado, nunca le decía nada a su madre; pero ahora..., era diferente. ¡Amaba a Legolas, más que a nadie, y no le importaba que lo supiera! Después de todo, había regresado por él.
Siguió corriendo, como si nada más existiera, excepto él; parecía como si una nube negra hubiera absorbido la ciudadela, a los soldados, todo; sólo veía la figura de Legolas que se acercaba a cada paso rápido. Estuvieron a quince metros de distancia, luego a diez, a ocho, a cinco, a tres... ¡estaban cara a cara, respirando entrecortadamente!
Pasaron lentos los segundos y nada ocurrió...
- ¿No piensas abrazarme, querido Legolas?- dijo sonriente Mislif, sin poder contenerse más.
- ¡Oh, mi joven dama! Anda luumello! (¡Cuánto tiempo!)- exclamó el Elfo a su vez, dando unos pasos hacia adelante y abranzándola, con tanta intensidad, como nunca lo había hecho con persona alguna. Cerró los ojos pensando en que no había nada más feliz en la Tierra Media que volver a verla. Ella, por su parte, le devolvió el abrazo, un abrazo fuerte e intenso, lleno de sentimientos encontrados, nostalgia y, sobre todo, amor.
Ninguno habló, prefirieron no hacerlo, pues así estuvieron un buen rato así, abrazados y acariciándose, creyendo que todo lo demás había desaparecido. Pasado un buen rato, se separaron ligeramente, pero sólo para mirarse fijamente y comenzar a acercar el rostro al del otro, pero no pudieron completar el gesto ya que oyeron las voces de Aragorn y Gimli.
- ¡Chiquilla, regresaste!- exclamó el Enano alegremente, viendo la reacción de su amigo Elfo.- ¡Ha sido una semana de locos, o de orcos! ¿No crees?
- ¡Ni que lo digas! ¡Apenas está empezando!- rió el Montaraz.- ¡Bienvenida, joven Mislif!- dijo Aragorn sonriendo, al ver aquella dulce escena.
- ¡Oh, Aragorn, Gimli! ¡Al fin los veo! ¡Qué alegría!- exclamó ella, soltándose a su pesar de los brazos de Legolas.
- ¡Cuánto te extrañábamos, chiquilla!- rió Gimli, saludándola con alegría. Intentó abrazarla, pero se cohibió, entonces ella, abrazó a Aragorn velozmente.- ¿Qué pasó con tus colitas en el pelo?- fue lo único que atinó a salir de la boca del Enano.
- Las perdí.- contestó Mislif. En efecto, hacía días que viajaba con el cabello suelto, lo que le gustó mucho más al Elfo.- Tuve un pequeño percance en los Emyn Muil.- sonrió. Se dio cuenta de que Legolas la miraba como comprendiendo algo.- ¿Están listos para la guerra?- preguntó Mislif, cayendo al fin en la cuenta de lo que la rodeaba, y para cambiar el tema.- ¡Oh, es cierto! Acabo de pasar muy cerca de los orcos de Isengard. ¡Son miles! Y parece que muchos no son sólo orcos. Al menos de eso me di cuenta.
- Son montañeses salvajes y... ¿así que estás al tanto de todo, Mislif?- preguntó Aragorn.- Me alegra que así sea; pero mejor entremos, y ahí hablaremos.- dio unos pasos hacia la entrada por la cual habían venido. Entraron rápidamente y fueron a presentar a Mislif ante Théoden, quien la recibió muy hospitalariamente. La joven hizo uso de toda su cortesía y educación, lo que hizo que el Rey sintiera por ella un rápido y profundo afecto. La obligaron a contar rápidamente todo lo que había vivido; así lo hizo, pero omitió varias partes. Sólo dejó en claro que había podido cuidarse relativamente bien.
Fue en ese momento cuando Éomer, quien acababa de entrar a la estancia, vio por primera a Mislif, y fue como si una luz lo hubiera dejado ciego y sólo pudiera ver a la joven. Nunca había sentido algo semejante y tan sorprendentemente rápido, y le costaba mucho asimilar el repentino hecho. Abrió aún más los ojos y sintió que el corazón le latía rápidamente. ¡Una dama en el Abismo! ¿De dónde había salido? Era realmente bella y...
Mislif fue presentada a Éomer, le sonrió amable y dulcemente, pero él estaba demasiado nervioso como para hacer lo mismo. Aún así, hizo una reverencia y dijo:
- Éomer, hijo de Éomund, para servirle, joven y bella dama.
- Gracias.- sonrió Mislif un poco ruborizada. Mecánicamente, miró a Legolas, pero éste estaba serio y miraba el techo.
- Señor- anunció Éomer, parado junto a Mislif-, sus hombres están listos. Los orcos han comenzado a...
Legolas, apenas escuchaba lo que decía el resto, sólo miraba a Mislif. Interiormente, el joven Elfo se sentía feliz, tranquilo; aunque sabía que en unos momentos librarían una feroz batalla. ¡Todo había sido tan rápido! Había estado pensando en Mislif, sintiendo que le dolía no estar a su lado; luego, ¡Mislif había aparecido ahí! Había salido de la nada, y él... ¡él había liberado toda su nostalgia con aquel abrazo! Nunca había abrazado a nadie así, y le avergonzaba, en cierta forma, haberlo hecho a vista de centenares de hombres.
- Muy bien. Gracias, Éomer.- finalizó Théoden sacando a Legolas de sus pensamientos.- Joven Mislif- dijo hacia ella-, le aconsejo que vaya a algún seguro.
- Rey Théoden...- sonrió Aragorn-, olvidamos explicarle que Mislif es una de nuestras mejores luchadoras.
- ¡Oh, Aragorn!- exclamó Mislif avergonzada. Théoden y Éomer la miraron con creciente asombro.- Pero bueno, no diré que no. ¡Llegué justo a tiempo! ¡Yo también lucharé!
- ¡No, nada de eso!- gritó Legolas con voz autoritaria, sin poder controlarse. Todos lo miraron sorprendidos.
- ¿Qué dices? ¿Por qué no? Siempre hemos luchado juntos.- reprochó Mislif, interiormente asombrada.
- ¡Pero nunca nos había tocado algo tan terrible y peligroso como esto!- se defendió Legolas, ligeramente sonrojado.- ¡No dejaremos que te arriesgues así!
- Tiene razón Legolas.- murmuró Aragorn.- Esta no será cualquier batalla que hayamos tenido antes, Mislif. No dejaremos que te arriesgues a perder la vida.
- ¡Yo tampoco quiero que ustedes se arriesguen ahí afuera, mientras yo estoy sentada aquí dentro!- replicó la joven con determinación.- ¡A ustedes los necesitan mucho más en sus tierras y sus propias gentes que a mí! ¡No me hablen de riesgos, porque para eso ustedes deberían cuidarse mucho más que yo!
- La chiquilla tiene razón.- gruñó Gimli.- Además, no somos quiénes para negarle que haga lo que le plazca.
- No estoy de acuerdo.- murmuró Legolas, mirando a la joven fijamente.- Pero... Haz lo que quieras. Siempre lo haces.- dicho esto, se retiró hasta su puesto de batalla. Aragorn lo siguió al cabo de un rato, junto con Gimli y Éomer; y Mislif tuvo que esperar, porque Théoden no consintió que saliera a un combate sin protección.
- Tranquilízate, amigo.- dijo Aragorn a Legolas, tomándolo de un hombro.- Ella ha sabido cuidarse bien últimamente, tú mismo la oíste.
- ¿Es que no entiendes, Aragorn?- replicó Legolas, preocupado.- ¡No quiero per..., perderla denuevo, y menos así!
Aragorn sonrió, pero no contestó; sólo le dio unas amigables palmaditas en el hombro al Elfo y se retiró en silencio a su puesto.
- ¡Ya vienen, preparen armas!- ordenó dijo el Montaraz desde el Muro del Bajo junto a Éomer, al ver que unas enormes filas de orcos y hombres salvajes ya estaban frente a ellos.- ¡No tengan piedad, porque ellos no la tendrán con ustedes!
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¡Sí! ¡Ssí! ¡Sssí! ¡Al fin se encontraron! Lo que pareció un año fue sólo una intensa semana de locos, o de orcos, como dijo Gimli. Espero que este capi les haya gustado y que me dejen esos lindosss reviewsss, que son mi tesssoro p.
¡Ah! ¡Otra cosilla! Con respecto a lo Éomer: Bueno, bueno. Algunos acertaron en la idea, ¡y los felicito! Pero aunque yo parezca ahora algo previsible, creo que de todas maneras se sorprendieron. Y Yadhy, lo siento, pero Gollum ya no es una opción; y Dernix, ni el tuertito de Sauron ni Ilúvatar llegaron antes que Éomer. Ji, ji, ji. Y ahora podrán descansar sus neuronas y descartar a los hobbits, elfos, enanos, orcos, uruks, istaris, ents, nazgûl, trasgos, ucornos, valar, maiar, trolls, arañas gigantes, balrogs, dragones, olifantes, águilas, lobos y todos aquellos seres que nombramos alguna vez. Y que me perdonen los que me dijeron que ni se me ocurriera poner a Éomer.
Y bueno, bueno, esto se pondrá mucho mejor. Ya verán. Ahoritas me despido (a lo mexicano, aunque yo soy chilena de corazón, pero milingüe). Espero sus reviews, mails o mensajes en nuestro amado, y aunque repetido y publicitado, WebSite (LaEstrelladelNorte.tk) ¡Nos vemosss!
