LA ESTRELLA DEL NORTE

¡Holitas, Eorlingas, o Helmingas! Los llamo así, porque hoy todos seremos parte de esta batalla, pues este será el escenario del capi de hoy. ¡Sólo el título me gusta! ¡Ya verán por qué! Pero antes de que lean este capi, les recomiendo releer el capi anterior, desde la parte en que Mislif llega al Abismo, pues les será más fácil de retomar la historia así. Se los digo por experiencia propia. ¡Ah! Y póngase sus armaduras, porque las flechas y dardos volarán por doquier.

Y ahora... ¡a contestar los preciosssos y lindosss reviewsss! Partiendo por...

Megumi Sagara1: Me alegra que te haya gustado el capi anterior. Muchas gracias por tu review y espero que disfrutes de este capi.

Kagome-Black: ¡No, nunca me olvidaré de la Estrella del Norte! ¡Nunca! ¿Te enojaste por lo de Éomer...? Mmm... Bueno, no te digo nada más, tú lee. Y sip, la pobre Mislif tuvo que aguantar a ese Lengua de Serpiente, pero supo manejarlo. Bueno, gracias por tu review y disfruta este capi.

Lórien Potter: ¡LLoremos juntas, amiga! ¡Snif...! Bueno, espero que disfrutes este capi, aunque sé que sí, y gracias por tu review.

Aredhel Calafalas: ¡No te asustes, nunca dejaré esta historia! Si algún día no subo algún capi en mucho tiempo (meses, por ejemplo) preocupense por mi salud. Jojojojo. Con respecto a lo de Éomer, ve por ti. Gracias por tu review y disfruta este capi.

Ass Metallium... (jejeje, sí sé que Cass): ¿Qué te dije? Que lo disfrutarías y gracias a Elendil ocurrió. Ahora espero que ocurra lo mismo. Gracias por tu review y con respecto a lo de Legolas-Mislif-Éomer, sólo tienes que leer para saber.

Candy Bloom: Me alegra que te haya gustado el capi anterior, ojalá que este también. Perdóname por interrumpir tan bello momento en el capi anterior, pero hoy tendrás tu recompensa. Jojojo... ¿Así que te doy miedo con mis ideas éomerinas? Jijiji. Sólo ve ahora...

Yadhwiga: Me alegra que hayas sacado tu acusación hacia Mislif. ¿Quieres besho...? Ya verás... Síp, Gollum ha sido despachado, pero nunca se sabe... Algún día Gimli puede fugarse con Mislif y tú serís feliz. ¡Oye, otra cosa! No estoy de vacaciones ahora, estoy sufriendo en clases... ¡Snif! Bueno, disfruta este capi.

Gary Lupin: Sipis, era un capi no apto para diabético, pero ya verás con este... Tienes razón, aquí falta música ambiental, pero bueno, eso queda para la imaginación de cada quien. ¡Oh, Éomer! Bueno, sólo puedo decirte que leas este capi y que lo disfrutes.

Earwen O-Ren Ishii: ¡Deja de cambiarte de nombre, mujer, que me cuesta mucho escribirlo! Jijiji, bueno, amiga, lamento que Boromir haya sido despachado por completo. Me alegra que te haya gustado el capi pasado y ojalá este también. Jajaja, ¿qué es eso de hombre sudorosos? ¡Iac! Bueno, no me queda nada más que decir, sólo que espero tu review, amiga de la fundación "Mi Bolsillo".

Dernix: ¡Oh, mi amiga de orégano! Jejeje, sí, ya se reveló en misterioso nuevo pretendiente. Mmm... tú nunca le ves futuro a las parejas... Debes abrirte de mente, amiga. ¡Oooooh! ¡Snif! ¡La primera persona que me dice que tengo "algo" de la MAESTRA Agatha Christie! ¡Gracias, de verdad! Bueno, espero que disfrutes de este capi, y no te preocupes por lo del review, yo te entiendo bien.

LegolasMirkwood: ¡No llores, que si no, no podrás leer este capi! Jijiji, no te enojes por lo de la llegada de Aragorn y Gimli, que ya tendrás lo que quieres. Gracias por tu review y disfruta este capi.

Kmila: ¡Oh, mi querida fan n°1! ¡Qué bueno leer tu review! Bueno, me alegra que te haya gustado el capi anterior, y espero que este también. Con respecto a lo Éomer, sólo queda que leas para saber qué va a pasar. ¿Te gustaron los dibujos de Mislif? ¡Vaya, gracias!

Muy bien, espero que hayan releído aunque sea un poquito del capi pasado y que disfruten este...

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CAPÍTULO 17

"BATALLAS DE ODIOS & AMORES"

Todo estaba preparado: los soldados, aunque nerviosos, eran fuertes, decididos y valientes. Sin embargo, en número quedaban débilmente abajo, pues los orcos y los hombres salvajes de las Tierras Oscuras eran muchísimos más. Tal vez por eso, y a pesar del coraje de los Rohirrim, un miedo los había invadido de pronto.

Para empeorar el momento, corría un inclemente viento desde el norte, rugían terribles truenos en las cercanías, relámpagos estallaban en las montañas del sur y la luna amarillenta les anunciaba que se prepararan para la futura tormenta.

La batalla ya había comenzado. Muchas flechas habían comenzado a silbar cerca de ellos; las espadas ya habían sido desenvainadas, los arcos preparaban más ataques, así como los dardos enemigos, los de Mislif y el hacha siempre útil de Gimli.

Momentos antes de que comenzara definitivamente la batalla Mislif, se había acercado a Legolas y Gimli, quienes estaban de pie mirando el mar de oscuros enemigos.

- Será difícil, ¿no creen?- sonrió nerviosamente.- Al menos no perderé muchos dardos, gracias a la cuerdas que les puse denuevo.

- ¡Al fin podré dar un buen uso a mi hacha!- dijo emocionado el Enano.- ¡Se me fue todo el cansancio que tenía! ¡A rebanar cabezas!

Legolas seguía sin contestar. Parecía molesto.

- ¡¿Por qué te preocupa tanto que luche o no, Legolas!- exclamó de pronto Mislif bastante molesta.- ¡Antes nunca te importó demasiado y ahora te molestas tanto!

- No puedes decir que nunca me ha importado, porque eso demostraría que has perdido la memoria.- replicó Legolas.- Es sólo que...- hizo una pausa y bajó la voz-, ahora es diferente; es demasiado importante.- susurró tan bajo que sólo lo pudo oír la joven. Mislif arqueó las cejas y sintió que las mejillas se le encendían. Hizo como que no había oído, pero el corazón le latía rápidamente.

- Para mí también es importante. No quisiera perderte denuevo.- susurró la joven, tan bajo como pudo, mirando hacia los orcos que se acercaban.- No denuevo...- sus palabras iban dirigidas al fino oído del Elfo, quien las oyó con mucha emoción. Legolas quiso hacer algo, pero sabía que no era el lugar ni la hora.

Si bien se recuerda, anteriormente Legolas se había molestado mucho con la idea de que Mislif saliera a luchar. Al oír aquello, había exclamado:

"- ¡No, nada de eso!

- ¿Qué dices? ¿Por qué no? Siempre hemos luchado juntos.- le había reprochado Mislif, interiormente asombrada.

- ¡Pero nunca nos había tocado algo tan terrible y peligroso como esto!- se había defendido Legolas, ligeramente sonrojado.- ¡No dejaremos que te arriesgues así!

- Tiene razón Legolas.- murmuró Aragorn.- Esta no será cualquier batalla que hayamos tenido antes, Mislif. No dejaremos que te arriesgues a perder la vida.

- ¡Yo tampoco quiero que ustedes se arriesguen ahí afuera, mientras yo estoy sentada aquí dentro!- replicó la joven con determinación.- ¡A ustedes los necesitan mucho más en sus tierras y sus propias gentes, que a mí! ¡No me hablen de riesgos, porque para eso ustedes deberían cuidarse mucho más que yo!

- La chiquilla tiene razón.- gruñó Gimli.- Además, no somos quiénes para negarle que haga lo que le plazca.

- No estoy de acuerdo.- había murmurado Legolas, mirando a la joven fijamente.- Pero... Haz lo que quieras. Siempre lo haces."

Desde aquel momento, Legolas y Mislif no se habían hablado, hasta la conversación anterior. Pero sólo eso le bastó al Elfo para sentir, por un lado, una profunda tranquilidad, pues Mislif le había demostrado que ella aún lo amaba; pero, por otro lado, el hecho de tenerla ahí, combatiendo también, lo desesperaba y enojaba.

Aragorn y Éomer habían sacado sus espadas: Andúril y Gúthwinë, respectivamente. Ambos comenzaron a defender una de las puertas que intentaban destruir los orcos. Llegaron con un grupo de hombres y batieron a la mayoría de los orcos de ese sector. Se habían dado vuelta para volver a defender otros puestos, cuando una docena de orcos, que se habían hecho pasar por muertos, se levantaron y los atacaron. Rápidamente, dos de ellos tomaron a Éomer de los talones y lo hicieron caer. La situación habría terminado mal de no haber sido por Gimli, quien blandió su hacha y decapitó a aquellos dos orcos, gritando: "Baruk Khazâd! Khazâd ai-menû!"

Mientras tanto, Legolas en el muro lanzaba muchísimas flechas, la mayoría en blancos mortales para los enemigos. Mislif también atacaba de manera bastante buena. Se notaba que el viaje, desde que había salido de su casa, le había hecho muy bien, pues su técnica era muchas veces mejor. Parecía que sus dardos eran centelleantes rayos de luz que iban y venían, desde las manos de la joven, a los orcos; y de éstos de regreso a ella. El único problema era que Mislif debía estar más cerca que Legolas de los enemigos, pues, aunque sus cuerdas eran largas y buenas, no alcanzaban con mucha fuerza a los orcos esta vez. Así que decidió bajar hacia un muro que estaba justo debajo y que parecía tener problemas.

Miró a ambos lados para buscar la escalera que la llevaría hacia abajo, y la encontró a su derecha. Echó a correr, pero no dio ni dos zancadas, cuando una rápida mano la aferró de un brazo con fuerza y la devolvió, casi haciéndola caer. Una flecha orca le rozó la cara; si no la hubieran detenido, la tendría clavada en la cabeza.

De pronto, se halló siendo aferrada y rodeada por un brazo de Legolas. Mislif abrió mucho los ojos, pero no alcanzó a decir ni una palabra, cuando él ya había juntado sus labios con los de ella. Aunque Mislif hubiera querido, no habría alcanzado a devolverle el beso, porque casi al instante Legolas la soltó y dejó sus pies bien apoyados en el suelo.

- Discúlpame; sé que no debo tomarme estas libertades... Pero esto fue lo que nos faltó momentos atrás, cuando llegaste.- le susurró al oído de la joven. Casi al instante, se dio a la tarea de retomar sus ataques con el arco y las flechas, mientras una leve sonrisa aparecía en su rostro.

Algunos de los soldados presentes vieron aquella escena, pero se limitaron a arquear las cejas con sorpresa. Mientras que Mislif estuvo aturdida un segundo, pero inmediatamente se echó a correr escaleras abajo, aunque no recuerda bien cómo hizo para no tropezarse en los escalones. Llegó hasta los pies de la escalera y no alcanzó ni a respirar cuando un orco enorme se le abalanzaba.

- ¡Córrete, cerdo!- exclamó lanzándole con fuerza todos sus dardos y matándolo al instante. El orco casi cae encima de ella si no hubiera sido porque alguien alcanzó a empujar a la bestia hacia un lado. Una vez que cayó, Mislif pudo ver a Éomer de pie frente a ella.

- ¿Estás bien?- le preguntó nervioso.- ¿Seguro que no quieres entrar?

- En tus sueños.- rió Mislif.- Pero estoy bien. No te preocupes. Ya tienes mucho de que estar pendiente como para preocuparte por mí. ¡Nos vemos!

- ¡Cuídate!- le gritó Éomer cuando Mislif se alejaba por el muro.

A pesar de que a Mislif no le había influido la perspectiva de luchar en un batalla semejante, comenzaba a darse cuenta de que tal imagen la marcaría para siempre. Nunca, ¡nunca, había visto morir a sus compañeros, y aquello la asustaba un poco. A Gandalf no lo había visto caer, y a Boromir lo vio ya muerto. Por eso, ver a los Rohirrim morir en manos del enemigo, la enfurecía y entristecía en cierta forma. Se dijo que les daría una lección a esas bestias.

La joven llegó hasta un lugar donde un grupo de orcos había puesto recién una escalera de cuerda para subir. Mislif se preparó y se puso justo en frente de la subida. Alrededor habían muchos cadáveres de varios bandos, y se seguían cayendo más. Al cabo de unos segundos un orco robusto subía la escalera, seguido por otros más.

- ¡Buenas noches!- les gritó Mislif riendo irónicamente. El orco levantó su fiera cabeza con sorpresa.- Bienvenidos al Abismo de Helm. Yo soy Mislif, y les quiero informar que el panorama de recorrido no es muy alentador. Todos morirán.- acto seguido comenzó a botar a todos los orcos, desde el que estaba al principio hasta el último, a los pies de la escalera. Cuando todos murieron y los demás escaparon, Mislif sacó su daga y cortó las cuerdas. Se dio vuelta y vio a Gimli riendo atrás.

- ¡Qué graciosa eres, chiquilla!- exclamó sin dejar de reír.- Ya veo por qué todos te extrañábamos.

- ¡Hey, Gimli!- saludó ella.- ¡Llevo quince muertitos! ¿Cómo vas tú?

- Siete, chiquilla...- contestó Gimli dejando de reír.- ¡Nadie me ganará! ¿oíste?

- Eso espero.

- ¿Cómo vas, Maese Legolas?- gritó hacia el Elfo, que estaba arriba.

- ¡Veintidós!- contestó Legolas, sonriendo, mientras lanzaba una flecha.- ¡No...! ¡Ahora son veintitrés!

- ¡No me van a ganar, sólo por ser más altos!- gruñó el Enano, mientras enterraba su hacha en un orco robusto que se acercaba a la cabeza de unos que habían subido por otra escalera.

Las horas pasaban, ora lentas ora rápidas, pero siempre con la tensión, el miedo, la muerte y el dolor que trae la guerra. Los únicos que parecían tomárselo con cierto humor (porque mucho no se podía pedir), eran Gimli, Legolas y Mislif. El peor y más tenso momento fue cuando los orcos lograron entrar como ratas en el Abismo, y Gimli partió a ayudar a cerrar el agujero que habían hecho junto con algunos hombres.

Mislif se sintió realmente cansada antes de que llegara el amanecer. Tenía las manos y los brazos acalambrados, estaba magullada, golpeada y sucia con sangre de orco, mezcladas con la lluvia que había comenzado a caer; y casi no podía mantenerse en pie. Había sido verdad cuando le dijeron que esta no sería una batalla como las demás que antes había vivido. Se pasó una mano por la frente, para limpiarse el sudor y la lluvia (gracias al Cielo había parado de llover), cuando sintió que algo le punzaba con dolor el brazo. Una flecha orca le había herido el brazo, aunque sólo rozándole.

Rápidamente, y dando un furioso grito, sacó su daga y se lanzó al ataque del orco que le había disparado. Saltó el muro hacia abajo y la hoja de la daga centelleó y se enterró justo en la nuca sin casco del orco, con tal fuerza que a Mislif le costó sacarla.

- ¡Juré que me vengaría de todos ustedes, por haberme herido en Minas Moria!- gritó aún furiosa.- ¡Vengan, si se creen tan valientes! ¡No son más que los juguetes del cobarde de Saruman!- una docena de orcos furiosos se lanzaron sobre la joven con sus espadas.- ¡Eso es! ¡Atrévanse a dar un paso más y sus cabezas estarán huyendo detrás de ustedes!

Legolas, que en aquel momento estaba arriba, luchando con su daga también, vio aquella escena y sintió que el corazón se le paraba.

- ¡Mislif!- le gritó aterrado.- ¡No seas necia! ¡Regresa!

Pero Mislif no escuchaba. Sólo la ira la tenía prisionera y no pensaba en retroceder. Los orcos atacaron con la convicción de matarla de inmediato, pero Mislif decapitó a cuatro de ellos, y los demás retrocedieron. Ella misma se sorprendía de la extraña fuerza que le había brotado.

- ¡¿Qué pasa!- gritó la joven.- ¡¿Se asustaron los cerdos de Saruman!

- ¡Calla, chiquilla!- le gritó un orco molesto.- ¿Qué no sabes que somos los guerreros Uruk-hai?

- ¡Qué bien!- gritó Mislif.- ¡Mejor para mí! ¡Acabaré a los grandes Uruk- hai!- se abalanzaron sobre ella y esta vez cinco más murieron. Sólo le quedaban tres más.- Veamos, quedan tres- rió Mislif-: El bobo, el tonto y el estúpido. ¿Quien va a venir primero, ¿o hacemos alguna votación?

Los tres se abalanzaron contra ella. Mislif podría haberlos acabado, tal como hizo con dos de ellos, pero una flecha mató al más grande. La joven se iba a dar vuelta para reprochar a Legolas por meterse en sus asuntos, cuando al volverse vio a Éomer, arco en mano.

- ¿Éomer?- preguntó Mislif desconcertada.- ¿Qué...?

- ¿Todo bien?- le sonrió él.- ¿No te hirieron?

- Eh... Sí... No.- contestó Mislif, aturdida y cansada.

De pronto, se oyó un cuerno que resonó en todo el Abismo, por sobre el rugido de los orcos y los gritos de los hombres. El eco del cuerno no murió, se propagaba por todos lados, de colina en colina.

- ¡Helm!- gritó Éomer.- ¡Helm ha regresado a la guerra! ¡Helm ayuda al Rey Théoden!- y sin más salió corriendo hacia donde provenía el sonido.

Mislif, por su parte, se quedó en aquel lugar unos instantes. Pudo ver cómo los orcos se aterrorizaban, e incluso ella se sintió nerviosa al oír el rugido del cuerno y el clamor de los Rohirrim. La joven subió rápidamente hacia el muro y cuando llegó ahí esperó ver a Legolas, pero no estaba. De repente, pudo verse cómo se habría la Puerta de Helm y que de ahí salían Théoden, Rey de Rohan, Aragorn, Legolas y un grupo de caballeros del Rey, cabalgando y abriéndose paso hacia la Empalizada. Allí se detuvieron, viendo que el paisaje había cambiado sorpresivamente: donde antes habían praderas, ahora estaba repleto de extraños y grandes árboles, desnudos y silenciosos y de ramas enmarañadas. Allí huyeron a esconderse las anteriormente orgullosas huestes de Saruman; ahora parecían un rebaño de ovejas negras y fétidas, que reptaban para poder huir. Mislif sonrió con burla al verlos.

Sobre una loma, apareció un jinete vestido de blanco, montado en un caballo de igual color, al cual los rayos del Sol parecían querer hacer brillar. Detrás de él se oyeron otros cuernos, y un millar de hombres apareció a pie, espada en mano. Resonó otro cuerno desde la torre y los orcos y los hombres salvajes ya no tenían escapatoria. El pánico los dominó y su último y desesperado recurso fue huir hacia la amenazante sombra de los árboles que habían aparecido. Y como está escrito: "Pasaron, gimiendo, bajo la acechante sombra de los árboles; y de esa sombra ninguno volvió a salir."

La Batalla del Abismo de Helm había terminado...

- ¡Cuarenta y dos, chiquilla!- exclamó Gimli con expresión de triunfo.- A Legolas le he ganado por un tanto, ¿y a ti?

Pero Mislif no contestó. Apenas había visto la batalla final se sintió feliz, celebró, pero casi al instante se sintió cansada. Así que se dirigió, atravesando todos los lugares de la guerra, hasta la estancia donde había sido presentada con Théoden, pues recordaba que ahí había unas butacas. Una vez que había llegado, luego de haber visto todos los vestigios de la batalla, se había sentado y casi al instante se había dormido. Cuando Gimli llegó, la vio aún durmiendo.

- ¡Ja! ¡Ja!- rió el Enano.- ¡Chiquilla, te cansaste!

- No la molestes.- dijo la suave voz de Legolas detrás.- Deja que duerma.

- No estoy dormida.- gruñó Mislif despertando.- ¿Cuántos puntos hiciste, gruñón?

- ¡Cuarenta y dos!- respondió Gimli.- ¿Y tú?

- Sólo unos dos menos.- dijo Mislif refregándose un ojo.- ¡Ya era hora que me ganaras en algo!- rió.

- Lo mismo digo.- rió Legolas.

- ¿Y tú, Legolas?- dijo Gimli mirándolo.- ¿Qué has ganado que yo no durante éste viaje?

Legolas, como acto mecánico, miró a Mislif, quien al mirarlo también sintió que se sonrojaba un poco. El Elfo no contestó, pues entró Aragorn y dijo:

- Prepárense, porque iremos a Isengard. Gandalf desea ir a hablar con Saruman. Théoden también irá, y nosotros no nos quedaremos atrás.

- ¡¿Gandalf!- exclamó Mislif, sin dar crédito a sus oídos.- ¡No puede ser que...!

- Sí, sí puede.- sonrió Gimli, señalando con un gesto de cabeza hacia la puerta de la estancia, donde apareció una figura blanca, que relucía: un viejo con larga barba, que Mislif había visto antes.

- ¡Oh, por Elendil, Gandalf!- exclamó Mislif, sintiendo que los ojos se le llenaban de lágrimas.- ¡Viejo loco! ¡Al fin te vuelvo a ver!- corrió a abrazar al mago, sin ninguna vergüenza. Él le respondió, algo cohibido.- ¡¿Cómo es esto posible que...! ¡Gandalf! ¡Aún no lo creo! ¡Pero...! ¡Me alegra tanto verte así de bien! ¡Y de blanco! ¡Qué cambiado estás!

- ¡Chiquilla, querida!- dijo sonriendo, bondadosamente.- Me alegra igualmente verte, y más luego de esta batalla. Se ve claramente que no sólo has crecido y madurado por fuera, y eso me alegra aun más.

- ¡Oh, Gandalf!

Siguieron conversando varias horas, luego almorzaron y descansaron, hasta que Gandalf quiso ir a hablar con Théoden, quien estaba en otra habitación. Aragorn, por acuerdo predeterminado con Legolas, dijo que deseaba hablar con Éomer e invitó a Gimli para acompañarlo. Mislif se estaba levantando para partir también, pero Legolas dijo:

- ¿Puedo hablar unos momentos contigo, Mislif.?

- Eh... Bu... bueno.- contestó la joven nerviosa, recordando lo que se habían dicho en el muro y el beso. Legolas miraba el fuego de la chimenea, como decidiéndose si hablar o no.- ¿Qué ocurre?- preguntó Mislif, tratando de romper el silencio incómodo que se había formado tras las palabras de él.

- Yo... yo quería disculparme contigo...- murmuró el Elfo, sin decidirse por completo a hablar.- Sí... Quería pedirte perdón por tratarte como una niña pequeña e indefensa. Me equivoqué.- dijo mirándola.- Ya sé que casi siempre lo hago, pero tú ya conoces mis motivos. No puedo evitarlo.

- No te preocupes. Creo que estoy comenzando a entenderlo.- contestó ella, sonriendo. Sin embargo, su sonrisa no duró mucho, ya que una sombra de tristeza apareció en sus ojos.- Legolas... creo que soy yo la que debería pedirte perdón, no tú...- dijo.

- ¿A qué te refieres?- preguntó él contrariado.

- ¿No sabes de qué hablo? ¡Soy yo la tonta que te hizo pasar un mal rato por miedo! Soy yo quien decidió alejarse de ti, sin respetar lo que tú podrías... estar sintiendo. Tal vez fue una estupidez...- hizo una pausa, donde su cabeza estuvo gacha.- Fui muy egoísta..., pero no lo hice con mala intención. Eso puedo jurártelo.

- Lo sé. No te preocupes por eso.- contestó Legolas dando un paso hacia la butaca en que se hallaba la joven. Se hincó ante ella y le tomó una mano diciendo: Sé que tus intensiones eran buenas. Tú misma me lo dijiste aquella vez: separarnos era lo mejor que podríamos haber hecho. No puedes decir que fue una estupidez hacerlo, pues estabas pensando en el futuro, que es algo que yo no me había planteado seriamente. Además- sonrió-, me sirvió mucho para darme cuenta de que ya no puedo estar sin ti.

- ¿Qué...?- se le escapó a Mislif, mientras enrojecía.

- Lo que oyes. No dejé de preocuparme por ti toda esta semana, ¡horrible semana!- hizo una pausa. Se levantó y dijo: ¿Por qué decidiste abandonar tu búsqueda de Frodo y Sam? Antes no me preocupé por eso, pues la felicidad de volver a verte era más grande que cualquier otra cosa. Después no tuve tiempo de pensar en ello, pero ahora siento una gran curiosidad. Estabas bastante decidida a proteger a los hobbits.

- Y nunca he dejado de estarlo.- replicó la joven, poniéndose de pie también.- Me sigue teniendo preocupada que esa horrible criatura Gollum esté tras ellos. Pero... Volví porque... Es sólo que alguien me ayudó a ver con claridad qué era lo que mi corazón estaba deseando.

- ¿Alguien?- preguntó extrañado.- ¿Quién?

- No importa ahora. Lo que de verdad vale es que regresé sólo porque ese "alguien" que conocí me dijo que tendría que elegir entre perder nuestro tiempo estando separados, o aprovechar esta extraña oportunidad.

- Me alegro que hayas decidido regresar a mi lado.- sonrió Legolas dando unos pasos hacia la joven.- Es infinitamente mejor tenerte así que seguir soñando, en vano, que podía besarte. Esa frialdad tuya casi me mata en Lothlórien. Por eso me sorprendieron bastante tus palabras en el Anduin.

- Sé que debí de haber parecido lunática, pero no tenía muchas esperanzas de volver a verte, por eso las dije.- murmuró Mislif dirigiendo su mirada hacia el fuego de la chimenea.- Sin embargo- su rostro se endureció-, no me arrepiento de lo que he hecho, sólo de haberte causado daño. Tú mismo lo has dicho: esto nos sirvió, pero no como yo hubiera querido.

- No te entiendo.

- Cuando me iba en el bote te dije que no podía soportar el no poder cumplir mi sueño. Parte de él era estar a tu lado, por lo que he regresado; pero hay una parte de ese sueño que aún mi corazón teme, pues no podrá cumplirse. Es lo que más me atormenta, y fue por eso, en gran parte, que decidí alejarme de ti.- lo miró fijamente.- Se trata del miedo y la tristeza que siento de que tengas, tal vez, en algún momento pasar un mal rato por ser yo... ¿cómo decirlo?... Mortal.

- ¿Eso te preocupa? ¿Que yo sufra cuando mueras?- preguntó Legolas arqueando las cejas.- Mislif, no puedo creer que tuvieras semejantes ideas, siendo que en cualquier momento uno de los dos podría morir en esta guerra.

- Lo sé. Y por eso regresé también. Tenemos, por necesidad, que aprovechar cada momento. Si es que...- se detuvo, enrojeciendo.

- ¿Qué?

- Si es que tú aún lo deseas...- balbuceó avergonzada, mirándolo con ojos tímidos.

- ¡No puedes estar hablando en serio!- rió el Elfo con ternura.- ¡Oh, mi joven dama! ¡No tienes idea de la alegría que me dio el verte llegar anoche!- se acercó y le tomó las manos.- ¡Fue tan increíble! Entonces, lo decidí: no quiero que volvamos a separarnos. Aquel abrazo que nos dimos..., yo no quise que terminara jamás. ¡Te extrañé tanto! ¡Por supuesto que estoy dispuesto, más que dispuesto, a estar a tu lado siempre!

- Yo... yo también.- sonrió Mislif con los ojos brillándole.- Te extrañé mucho, y el paisaje de los Emyn Muil no me reconfortaba mucho que digamos.- lo miró tímidamente.- Más te extrañaba aún por el hecho de haberme portado tan mal en Lórien. Pero ya no puedo seguir fingiendo frialdad contigo. ¡Se me rompía el corazón cada vez que lo hice!

- Ya no tengas miedo de lo que viene, Mislif.- dijo Legolas abrazándola cálidamente.- Todo estará bien si permanecemos juntos. Sea quien sea el que te envió hacia mí, le estaré infinitamente agradecido por lo que ha hecho.

Mislif con contestó, pues su corazón aún sentía aquella punzada de temor y angustia por el futuro. No sabía por qué, pero sentía que no todo estaría tan bien como dijo Legolas. Tal vez... los problemas estuvieran recién comenzando. Fue por eso que se aferró a él con fuerza.

Legolas sintió ese angustioso abrazo y levantó la mirada de la joven hacia la suya. Vio en los ojos de ella aquel temor, pero no tuvo mucho tiempo de interpretarlo mejor, pues Mislif dijo:

- ¿Por qué tienes que ser tan dulce? Sabes bien que odio las muestras de afecto, pero no puedo evitar querer sentirlas de tu parte. ¡Contigo siempre me hallo frente a un abrumador dilema! Y tú pareces disfrutarlo.

- No te negaré que me encanta notar cómo has cambiado en este tiempo.- contestó él sonriendo, pero su sonrisa se esfumó al decir: Sin embargo, soy yo el que haya en un peor dilema que tú. Me siento demasiado extraño amando a una joven con tanta diferencia de edad. No lo sé... Visto desde fuera es bastante anormal, pero cuando estoy contigo me parece muy natural. Estoy tan a gusto que... no lo sé... me cuesta explicarlo.- sonrió y le acarició dulcemente las mejillas.- Aunque, prefiero no hablar...

- Yo tampoco.- contestó Mislif, acercando su rostro al de él.

Acto seguido, Legolas juntó sus labios con los de ella, y todo volvió a esfumarse, igual que cuando se habían abrazado. Sólo estaban ellos dos; no importaba Sauron ni Saruman ni el Anillo ni los orcos; no importaba nada en absoluto. Sólo existía aquel beso, un beso intenso que parecía no terminar. Mislif fue la primera en alejar unos centímetros su rostro.

- No quiero ser aguafiestas, pero ya es hora. Debemos partir.- susurró la joven con cierta tristeza, alzando los ojos hacia Legolas, y se sorprendió bastante al ver que él aún tenía los ojos cerrados. Sonrió y volvió a besarlo con dulzura, esta vez estaban más tranquilos y el beso fue con más confianza.- Legolas- dijo, separándose denuevo-, debemos ir.

- Lo sé.- suspiró él.- Vamos.

Mislif se había acercado a la puerta, pero Legolas, que seguía sin querer abandonar aquel momento, antes de salir de la habitación le tomó un brazo a la joven y la trajo hacia sí, donde volvió a besarla, como una especie de despedida.

- ¿Aún no quieres que lo sepan los demás?- susurró Mislif, al oído de Legolas.

- No lo sé.- contestó él pensativamente.- ¿Qué dices tú?

- No diremos nada, ¿bien? Dejaremos que lo adivinen.- sonrió la joven con picardía, guiñándole un ojo.

- Muy bien.- asintió Legolas y juntos salieron hasta reunirse con Gandalf, Théoden, Aragorn, Éomer, algunos Rohirrim, y Gimli.

- ¡Cuánto tardaron!- rió éste último con ironía.- ¿Conversaban? ¡Quién sabe que estarían haciendo!

- ¿Qué crees, gruñón?- rió a su vez Mislif.- ¡Vamos, adivina! ¿O es que ésta victoria se te subió a tu enorme cabezota? ¡Adivina, para que no pensemos que sólo eres bueno con la bocota!

- ¿Me estás dando un reto, chiquilla?- replicó Gimli.

- Claro. No pretenderás que te cuente, ¿o sí?- se mofó Mislif, poniendo una voz estúpida. Entonces, comenzaron una pequeña batalla, de esas que hacían antes de separarse en Parth Galen, y que entretuvo a los presentes.- ¿Lo ves?- rió Mislif, una vez que le había ganado a Gimli, aunque había hecho algunas trampas.- ¡El Enano gruñón sólo es bueno con la bocota!- dijo poniéndole un pie encima de la espalda.

- ¡Cállate, chiquilla! Ya verás...- gruñó Gimli levantándose. Intentó perseguirla, pero Legolas se puso delante de Mislif.

- Guarda tus fuerzas, Gimli.- dijo sonriendo.- Ya te ganó.

Mislif le sonrió, y luego se acercó hacia donde estaba Gandalf. Comenzó a conversar con el mago, pues aún no podía creer tan glorioso y sorprendente reencuentro. Mientras tanto, Aragorn se acercó a Legolas y dijo:

- ¿Todo bien?

- Sí.- contestó Legolas sin poder quitar aquella sonrisa de su cara.- Gracias por habernos dejado solos.

- De todas maneras, Gimli salió de la habitación con el mismo propósito que yo.- dijo Aragorn sonriendo y encogiéndose de hombros.- No hubo necesidad de inventar una excusa.- Aragorn hizo una pausa, dudando si hablar o no.- Legolas- dijo al fin-, hay algo que debes tener en cuenta.

- ¿Qué? ¿Pasa algo?- preguntó el Elfo.

- Mislif...- murmuró el Montaraz mirando hacia donde estaba la joven, conversando con Gandalf y Éomer. Aragorn detuvo su mirada en éste último.- Tú ya no eres el único que ve a Mislif con esos ojos.

- ¿Te refieres a...?

- A Éomer.- completó Aragorn mirando al Elfo.- Apenas la vio no ha dejado de preguntarme, cada vez que ha podido, sobre ella. Me parece un gesto extraño de falta de disimulación.

- Pero Mislif no lo tomará en cuenta.- dijo Legolas decididamente, mirando a Éomer.

- Sé que no.- respondió Aragorn.- Pero Éomer no sabe lo de ustedes, y creo que está viendo a Mislif como una mujer libre, por así decirlo. Creo que... lo mejor sería decirle la verdad.

- No tengo por qué hacerlo, Aragorn.- objetó Legolas.- Aún no ha demostrado ni le ha dicho algo así a ella.

- Pero tal vez lo haga. Sólo te digo esto para que estés al tanto, amigo mío. Pero la decisión está en tus manos. Lo mejor será que Mislif no se entere, pues si eso pasa se comportará de manera nerviosa, estará a la defensiva, y tal vez lo rechace. Ya sabes cómo es de "suave" para decir las cosas a veces.

- Muy bien. Gracias, Aragorn.- dijo Legolas mirando alternativamente a Mislif y luego a Éomer, quienes conversaban en aquel momento.- Lo tendré presente.

Al fin decidieron partir, una vez que estuvo todo preparado. Todos irían cabalgando hacia Isengard. Aragorn lo haría en Hasufel, Legolas y Gimli en Arod; Mislif en Eäros, Gandalf en Sombragrís; Théoden en Crinblanca. Dejaron atrás el Abismo de Helm, y con eso el escenario de tan cruel y sangrienta batalla.

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¡¿Querían besho! ¡Tuvieron besho! Espero que se hayan conformado. Jojojo. En otro aspecto... ¡Casi lloro! ¡Snif! ¡Al fin la testaruda de Mislif dejó su frialdad de lado! Tengo una reunión con Gildor hoy, para pagarle por su participación en esta historia, y estoy pensando recompensarlo por toda su ayuda, que hizo que Mislif se decidiera. Pero como los problemas nunca vienen solos, esta batalla trajo un problemilla consigo: el flechazo de Éomer. ¡Apuesto a que pocos pensaron que pasaría esto! Ni yo sé qué pasará ahora... (en realidad, nunca lo sé, porque lo que escribo me nace en el momento. Aunque tal vez... podría llegar cierto maiar tuerto y llevarse a Mislif a su casita, que es una gran torre negra, y cumplir así el sueño de Dernix. Jijiji )

Bueno, espero que este capi les haya gustado, aunque a mí se me hizo algo cortito. Pero me divertí bastante con los diálogos de Mislif con Gimli y los orcos. Aunque... tal vez sea un poco ridículo que una persona se ría se sus propios chistes... ... ¬¬... ¡No me importa! Je, je, je. Okiles, espero sus reviewsss, lindosss reviewsss, tesssoros de Misssao. ¡Nos vemosss! x Y... ¡sí, lo diré, no olviden visitar nuestro querido hogar, refugio, o lo que sea, WebSite (LaEstrelladelNorte.tk).

P.D. Quiero invitarlos a que lean "Las Aventuras de Hasym" en nuestro amado WebSite. De verdad, espero que lo disfruten mucho, porque lo he estado haciendo con cariño.