¡Holitas a todos! Espero que estén muuuuuuuuuuy bem y preparaditos para éste capi... tal vez uno de los ¡últimos! Je, je, je. No lo sé aún, pero de que el final está cerca, lo está. Antes de responder a sus adoradosss reviewsss, les advertiré algunas cosillas... Si antes el capi 14 fue laaaargo, éste tal vez lo sea aún más. Lo que pasa es que en hoy se juntan los libros "Las Dos Torres" con "El Retorno del Rey". Es por eso que estará dividido en dos partes, pero ¡no se preocupen, la segunda parte la subiré junto con esta. Ahora, a responder reviewsss:
Eärwen O-Ren Ishii: Sipis, Legolas, MI LEGOLAS, está celoso, pero es comprensible, ¿cierto? Oye, muchas gracias por tus palabras de apoyo, amigui, pero eso de "quebrantadora de leyes, una inmoral" me afectó mucho... claro, claro... ;) Por otro lado, Mislif se ha sentido pasada a llevar con eso de que se podía "desmayar" y se abrazó a Legolas. ¡Corrección, él la abrazó a ella! Bueno, bueno, sigue soñando con la reaparición mítica de Boromir y disfruta este capi laaaaaaargo. (P.D. ¡Ooooh, acabo de pensarlo! Podrías hacer tus subfiction del concurso sobre el corititititisisisimo romance Mislif-Boromir jeje)
Katita Okidoki: ¿Viste que no era tan calladito el niño? Mmm... mucha perfección no era fácil de creer en un humano. Y sip, Legolas celoso... ¿difícil o no de creer? Jejeje, me reí mucho con no-egoístas comentarios de Aragorn y Gimli. Y sip, esos hobbits ¡por Elendil! nunca cambiarán. Bueno, gracias por tus comentarios sobre este fic y para con "Lágrimas", cuya historia he olvidado seguir. Jojojo, bueno disfruta este caaaaaaaaaaaaapi. ;)
Yadhwiga: RESPUESTA: Porque no quiere pasar por niña incapaz de cuidase sola... creo que... ¡uy, adelanté algo... Jejeje... Bueno, si estás esperando a Éowyn, calma que la chica ya vendrá. Sí, Éomer es un descarado- pero-enamorado-pobre-hombre. Jojojo, amigui, espero que disfrutes este capi.
Lórien Potter: Sí, Éomer es un pobrecito en decandencia, perop enamorado. Bueno, chica, espero que te guste este capi y luego me das tu new opinión sobre Éomer, ¿ya?
Dernix: ¡Mi amiga, mi desparecida amiga de orégano ha vuelto! ¡Snif...! (Misao se enjuaga una solitaria lágrima)... Bueno, ahora con lo del review... ¡ejem! ¡Siempre tan cruel, Der! Sí, Mislif está comprometida, la ÚNiCA que se acordó jejeje. Y sip, Legolas tal vez no será el único que golpee a Éomer, porque con lo de su comentario a Gandalf... ¡uy! Okiles, amiga, espero que puedas leer este capi laaaaargo y que conversemos pronto. :)
Yuna Aoki: Jejeje, sí, Legolas celoso- Y más beshos, sólo espera. Gracias por tu review y espero que disfrutes este caaaaaapi.
Gary Lupin: Probablemente desheredarán a Éomer. Jajaja, lo de Gandalf estuvo bueno, ¿verdad? Gracias por tu review, como siempre, y sobre lo de mis secretitos, sólo tienes que leer para saber.
Lady-Eloane: ¿Sigues enojada por lo de Éomer? Mwajajaja, te quiero ver con este capi. ¡Uy, pero al menos tienes presente que mi mente está torcida. Bueno, me alegro que te haya gustado el capi anterior, gracias por tus palabras y espero que disfrutes este capi.
Megu-chan1: Jejeje, sipis, conociendo a Mislif esa carta a su madre no es sorpresa. Gracias por tu review y espero que disfrutes este capi.
Candy Bloom: Bueno, gracias por explicarme la expresión "pikachu" y gracias por tu review. Jejeje, todas han encontrado lindo a Legolitas celoso. Jejeje, estuvo buena la carta, ¿verdad? Jojojo, espero que te guste este caaaaaaaaaapi.
La Dama Blanca y la Damita Azul: Holitas, bienvenidas a este humilde fic. Gracias por su review. ¿18 capis les parece poco?... Mmmm, entonces les gustará este capi.
Katita: ¡sí, 200!
Cass Metallium: Gracias, gracias, lo sé. ¡Legolas celoso, sí! Okiles, yo me ahorro los comentarios para el capi que leerás ahora, a ver si coincidimos en opinión.
-Eärwen-: ¡Holitas! Jejeje, lamento haber defraudado la pseudo relación Eäros-Sombragrís, pero bueno... Éomer, Éomer, ¿quién lo entiende? Obviamente, Legolas no. Aragorn ha demostrado ser muy observador, ¿verdad? (Tan sexy él... XP) Y sobre lo de nuestro nuevo triángulo, sólo tienes que leer. Mwajajaja...
Berenu: Jajaja, es verdad, imaginarse a la pobre madre de Mislif leer esa carta es cisa de risa; y también imaginarse a Legolas celoso. Bueno, gracias por tu review y espero que te guste este capi.
Kmila: Gracias,gracias, lo sé. ¿Qué pasará? Cha-cha-chaaan! ¡Oh, gracias por lo de los dibujos! Me demoré como 10 meses en escanearlos, pero llegaron. Jejeje, están muy buenas tus postdatas, y no te preocupes, que entendí lo de "amo a Mislif".
LegolasMirkwood: No, no habías dejado review, amigo mío. Gracias, gracias, lo sé, lo sé... ¿Tú corazón se está poniendo malito denuevo? ¡Uy, ya verás ahora.
Thalinariel: ¡Holitas, bienvenida al club! Jejeje, primer review y ya me amenazas... Me gusta eso... ¡sí, no al racionalismo! Jojojo, bueno, espero que te guste este capi.
Y sin más, preparen sus ojos y traseros en las sillas, para leer con calma y tiempo éste...
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CAPÍTULO 19
"NUMEROSAS SEPARACIONES" (Parte I)
- ¡Saruman, Saruman! ¡Saruman, sal!- gritó Gandalf el Blanco, ante las puertas de la Torre de Orthanc, en Isengard. El mago acababa de tocar con su vara la puerta de la torre, y los golpes retumbaron con un sonido cavernoso.
Los más osados o más importantes miembros de aquella compañía decidieron subir la escalera que llevaba a las puertas. Gandalf estaba junto a ellas, Aragorn, Théoden y Éomer un escalón más abajo; Mislif, Legolas y Gimli uno más abajo. Mientras que Merry y Pippin estaban en el último escalón y los Rohirrim más atrás.
En un principio no hubo respuesta para la potente voz de Gandalf, pero, al cabo de unos minutos, una voz, más siseante y calculadora, dijo desde una ventana:
- ¿Quién eres? ¿Qué deseas?
- ¡Es Gríma!- exclamó Mislif reconociendo la voz al instante. Había conocido a Lengua de Serpiente días antes, y su voz no la olvidaría fácilmente. Se dio cuenta de que Aragorn y Legolas la miraban fijamente y que luego cruzaban una mirada entre ellos.- Sabía que era un mentiroso.- murmuró fría y finalmente.
- Conozco esa voz- murmuró Théoden con pesadumbre-, y maldigo el día en que la oí por primera vez.
- Ve en busca de Saruman, ya que te has convertido en su lacayo. ¡Gríma Lengua de Serpiente! ¡Y no nos hagas perder más tiempo!
Hubo otra pausa. Esta vez más larga, durante la cual, Legolas volvió a mirar a Mislif, como preguntándose algo; mientras que Aragorn lo hizo después, pero más brevemente. Finalmente, otra voz habló, más suave y melodiosa. Era tan tranquila y encantadora que ninguno de los presentes pudo evitar posar su mirada en aquella ventana. Pocos notaron que aquello no era más que un mero hechizo de Saruman. Gandalf, quien conocía aquello, no cayó. Aragorn, Gimli, Legolas y Mislif tampoco; esta última sólo porque era de naturaleza terca y difícilmente le creería algo a ése, llamado por ella misma así, "traidor asqueroso".
- ¿Y bien?- preguntó la voz, con un sonido musical y algo dolido.- ¿Por qué han venido a turbar mi reposo? ¿No me conceden paz ni de día ni de noche?
Fue en aquel momento donde Mislif, y muchos otros, vieron por primera vez a Saruman el Blanco. Un viejo de larga barba blanca, con algunas hebras negras; rostro alargado; estaba envuelto con una larga capa de un color indefinible, pues cada vez que se movía parecía cambiar. Su expresión, en los ojos oscuros, profundos e insondables, era la de una persona cansada, benévola y amable.
- Veamos.- dijo Saruman con voz suave.- A dos de ustedes los conozco, por lo menos de nombre. A Gandalf lo conozco demasiado bien para abrigar alguna esperanza de que haya venido aquí en busca de ayuda o consejo. Pero a ti, Théoden, Señor de la Marca de Rohan, a ti te reconozco por las insignias de tu nobleza, pero más aún por la bella apostura que distingue a los miembros de la Casa de Eorl. ¡Oh digno hijo de Thengel el Tres Veces Famoso! ¿Por qué no has venido antes, en calidad de amigo?
- Éste traidor no es más que un mentiroso adulador.- susurró Mislif con una voz cargada de un frío odio. Aunque las palabras no iban dirigidas a nadie especialmente, Legolas volvió el rostro para mirarla. Sonrió levemente y le sujetó la mano. Mislif, un poco sorprendida, le devolvió el gesto.
- ¡Cuánto he deseado verte, oh rey, el más poderoso de las tierras occidentales!- continuaba diciendo Saruman.- Y más aún en estos últimos años, para salvarte de los consejos imprudentes y perniciosos que te asedian.- Mislif gruñó denuevo, más molesta aún.- ¿Será ya demasiado tarde? No obstante las injurias de que he sido víctima, y de las que los Hombres de Rohan han sido ¡ay! en parte responsables, aún quisiera salvarte de la ruina que caerá inexorable sobre ti si no abandonas la senda que has tomado. Ahora, en verdad, sólo yo puedo ayudarte.
- Las palabras de este mago no tienen pies ni cabeza.- gruñó Gimli, echando mano a su hacha. El Enano había roto el extraño silencio que se había formado luego de las palabras dirigidas a Théoden, que habían causado una silenciosa conmoción entre los jinetes.- En la lengua de Orthanc, ayuda es sinónimo de ruina- continuó diciendo Gimli-, y salvación significa asesinato, es claro como el agua. Pero nosotros no hemos venido aquí a mendigar favores.- concluyó con solemnidad, y Mislif le sonrió satisfactoriamente.
- ¡Paz!- exclamó Saruman. Por un instante, algunos pudieron ver un relámpago de rabia en los oscuros ojos del mago; además de ponerse su voz más dura.- Aún no me he dirigido a ti, Gimli hijo de Glóin. Lejos está tu casa, y poco te conciernen los problemas de este país. No te has visto envuelto en ellos por tu propia voluntad, de modo que no voy a reprocharte ese discurso, un discurso muy valiente, no lo dudo. Pero te lo ruego, permíteme hablar primero con el Rey de Rohan, mi vecino, y mi amigo en otros tiempos.- continuó dirigiéndose hacia Théoden, preguntándole si se uniría a él para luchar contra días tan funestos y para reparar los daños. Mislif estaba que estallaba de rabia, y habría comenzado a lanzarle maldiciones y palabras de dudosa cortesía, formalidad y moralidad a Saruman, de no haber sido por Legolas, quien aferró con más fuerza su mano. En aquel momento, Éomer había tomado la palabra, y le decía al Rey que no creyera ni parlamentara con un viejo embustero que se había untado de mieles la lengua viperina. Le dijo también que recordara las muertes de Théodred y Háma, por culpa de aquel farsante.- Si hemos de hablar de lenguas ponzoñosas, ¿qué decir de la tuya, cachorro de serpiente?- dijo Saruman. A pesar suyo, un nuevo relámpago de cólera apareció en su rostro, esta vez visible para todos.- ¡Pero seamos justos, Éomer hijo de Éomund!- su voz se dulcificó.- A cada cuál sus méritos. Tú has descollado en las artes de la guerra y conquistaste altos honores. Mata a aquellos a quienes tu señor llama sus enemigos, y conténtate con eso. No te inmiscuyas en lo que no entiendes. Tal vez, si un día llegas a ser rey, comprenderás que un monarca ha de elegir con cuidado a sus amigos. La amistad de Saruman y el poderío de Orthanc no pueden ser rechazados a la ligera en nombre de cualquier ofensa real o imaginaria. Han ganado una batalla, pero no una guerra, y esto gracias a una ayuda con la que no contaron otra vez. Mañana podrían encontrar la Sombra del Bosque a sus puertas; es caprichosa e insensible, y no ama a los Hombres.- siguió hablando, tratando de mantener la calma, y dirigiéndose a Théoden, quien seguía sin responder. Mislif cruzó una mirada preocupada con Éomer, pues no sabrían qué reacción tendría el Rey. Saruman comenzó a decir que él no debía ser tildado de asesino si algunos hombres valiente habían muerto en una guerra que él no había deseado. Y, más encima, le ofreció lo que, según él, era una actitud sabia e inteligente; es decir: hacer la paz con Saruman.
- Quiero que haya paz.- dijo Théoden por fin con voz forzada y respiración entrecortada. Varios jinetes, aún hechizados por la voz del mago, prorrumpieron en aplausos y vítores.- Sí, quiero paz- su voz se aclaró-, y la tendremos cuando y todas tus obras hayan perecido, y las obras de tu amo tenebroso a quien pensabas entregarnos.- Muchos miraron estupefactos al Rey, pero quienes estaban junto a él se aliviaron de oírlo responder así.- Eres un embustero, Saruman, y un corruptor de corazones.- siguió Théoden.- Me tiendes la mano, y yo sólo veo un dedo de la Guerra de Mordor. ¡Cruel y frío! Aun cuando tu guerra contra mí fuese justa, aun así, ¿cómo justificarías las antorchas del Folde Oeste y los niños que allí murieron? Y lapidaron el cuerpo de Háma ante las puertas de Cuernavilla, después de darle muerte. Cuando te vea en tu ventana colgado de una horca, convertido en pasto de tus propios cuervos, entonces haré la paz contigo y con Orthanc. He hablado en nombre de la Casa de Eorl. Soy tal vez un heredero menor de antepasados ilustres, pero no necesito lamerte la mano. Búscate otros a quienes embaucar. Aunque me temo que tu voz haya perdido su magia.
Los jinetes estaban estupefactos, mientras que Mislif y Gimli sonreían levemente. Quien estaba furiosamente al contrario era Saruman, pues, durante un momento, no pudo disimular su cólera, y se había inclinado sobre la barandilla. Cuando ya no pudo más, estalló diciendo:
- ¡Horcas y cuervos!- su cara estaba desfigurada de la rabia.- ¡Viejo chocho! ¿Qué es la Casa de Eorl sino un cobertizo hediondo donde se embriagan unos cuantos bandidos, mientras la prole se arrastra por el suelo entre los perros?
- ¿Y qué es Isengard y Orthanc sino un agujero de perdición, donde los traidores asquerosos y canallas se esconden tras bestias no menos malditas que ellos, y donde luego los lobos acorralados comienzan a mostrar rostros bellos y cínicos?- exclamó Mislif ya sin poder contenerse más. Avanzó un escalón más arriba y se encontró con una mirada atónita y furiosa del mago. Todos la miraban asombrados.- ¡Esto no es más que un cobertizo hediondo, en el que el cobarde e hipócrita del dueño se esconde al hallarse sin poder alguno, y donde está infestado de todo lo que a ti mismo, Saruman, traicionará después!
- ¿Y quién te manda a meterte en mis conversaciones, chiquilla malcriada?- replicó el mago sin poder contenerse tampoco.- ¡Regresa a esas infestas tierras de las que vienes! ¡Vales tan poco o nada como el idiota de tu amigo Hasym, y como todos los bandidos que aquí hay!
- Si yo valgo tan poco o nada- siseó Mislif molesta, pero casi divertida-, ¿dónde queda un viejo vencido y encerrado, que cree que lanzando alabanzas hipócritas se salvará de que lo cuelguen?
- ¡Ustedes son los que durante demasiado tiempo se han salvado de la horca!- contestó Saruman. Se dirigió hacia Théoden y sus hombres.- Pero el nudo corredizo se aproxima, lento al principio, duro y estrecho al final. ¡Cuélguense, si así lo quieren!- su voz comenzó a tranquilizarse, mientras se controlaba.- No sé por qué he tenido la paciencia de hablar contigo. Porque no te necesito, ni a ti ni a tu pandilla de cabalgadores, tan rápidos para huir como para avanzar, Théoden Señor de Caballos. Tiempo atrás te ofrecí una posición superior a tus méritos y a tu inteligencia. Te la he vuelto a ofrecer, para que aquellos a quienes llevas por el mal camino puedan ver claramente el que tú elegiste. Tú me respondes con insultos. Que así sea. ¡Vuélvete a tu choza!- luego comenzó a dirigirse a Gandalf, diciéndole que lo compadecía por tener que soportar semejantes compañías. Le ofreció sus consejos, pero Gandalf le preguntó qué podría decirle que no lo hubiera hecho en su último encuentro. Ambos magos hablaron un rato más. Gandalf le ofreció a Saruman marcharse de Isengard en libertad y dejar las Llaves de Orthanc en sus manos, donde podrían serle devueltas, si sus méritos se lo permitían, algún día. Sin embargo, Saruman había contestado con una voz como alarido:
- ¡Un día! ¡Un día! Sí, cuando también te apoderes de las Llaves de Barad- dûr, supongo, y las coronas de los siete reyes, y las varas de los Cinco Magos; cuando te hayas comprado un par de botas mucho más grandes que las que ahora calzas. Un plan modesto. ¡No creo que necesites mi ayuda! Tengo otras cosas que hacer. No seas tonto. Si quieres pactar conmigo, mientras se posible, vete y vuelve cuando hayas recobrado el sentido. ¡Y sácate de encima esa chusma de forajidos que llevas a la rastra, prendida a los faldones! ¡Buenos días!- dio media vuelta y desapareció del balcón.
- ¡Vuelve, Saruman!- gritó Gandalf con una poderosa voz autoritaria. Saruman regresó, como traído a la fuerza por un hechizo, respirando muy agitadamente, y dejando a casi todos con la boca abierta.- No te he dado permiso para que te vayas.- continuó el mago con severidad.- No he terminado aún. No eres más que un bobo, Saruman, y sin embargo inspiras lástima.
- ¡¿Lástima!- exclamó Mislif dando unos pasos hacia adelante, pero Legolas la hizo volver hacia él.- ¡Deberían colg...!
- ¡No, Mislif!- contestó Gandalf deteniendo el torrente de palabras de la joven con una mano.- Saruman- dijo hacia arriba-, estabas a tiempo todavía de apartarte de la locura y de la maldad, y ayudar de algún modo. Pero elegiste quedarte aquí, royendo las hilachas de tus viejas intrigas. ¡Quédate pues! Mas te lo advierto, no te será fácil volver a salir. A menos que las manos tenebrosas del Este se extiendan hasta aquí para llevarte. ¡Saruman!- gritó elevando la voz.- ¡Mírame! No soy Gandalf el Gris a quien tú traicionaste. Soy Gandalf el Blanco que ha regresado de la muerte. Ahora tú no tienes color, y yo te expulso de la orden y del Concilio.- levantó la mano, y habló lenta y claramente, pero también con voz fría.- Saruman, tu vara está rota.- acto seguido se oyó un crujido, y la vara del aludido se rompió en dos. La empuñadura cayó cerca de los pies de Gandalf, quien dijo: ¡Vete!- Saruman lanzó un grito y retrocedió hacia el interior de la torre.
Sólo un segundo después algo cayó cerca de la cabeza de Gandalf. Era una bola de cristal oscuro, pero con un centro incandescente. Alguien la había lanzado desde una ventana más arriba que el balcón. Pippin corrió a recoger aquella bola, mientras que Éomer gritaba: ¡Canalla y asesino!
- No, no fue Saruman quien la ha arrojado.- dijo Gandalf impasible-; ni creo que se lo haya ordenado a alguien. Partió de una ventana mucho más alta. Un tiro de despedida de Maese Lengua de Serpiente, me imagino, pero le falló la puntería.
- Tal vez porque no pudo decidir a quién odiaba más, a ti o a Saruman.- dijo Aragorn.
- ¡Ese asqueroso Lengua de Serpiente!- gruñó Mislif, para sí, mirando hacia arriba.- ¡Apenas lo vi, supe que el muy cerdo no era de confianza! ¡Me alegro de que esté encerrado con ese otro cerdo!
- Es posible.- dijo Gandalf, respondiendo a las palabras del Montaraz.- Magro consuelo encontrarán estos dos en mutua compañía: se roerán entre ellos con palabras. Pero el castigo es justo, joven Mislif. Si Lengua de Serpiente sale alguna vez con vida de Orthanc, será una suerte inmerecida.
- No lo dudo.- dijo la joven.- Y eso que sé muy poco de lo que ha hecho ese gusano.
- ¡Aquí, muchacho, yo llevaré eso!- le gritó Gandalf a Pippin, mientras le quitaba la bola oscura de las manos, a la cual el hobbit miraba como hipnotizado.- No te pedí que lo recogieras. Yo me ocuparé.- la envolvió en los pliegues de su capa.- No es un objeto que Saruman hubiera elegido para lanzar contra nosotros.
Mislif despertó muy sobresaltada de pronto, sin saber por qué. Había una calma que invitaba seguir durmiendo en el campamento, pero ella se había despertado de la nada. Algunos centinelas seguían haciendo guardia y todo estaba normal. La compañía del Rey Théoden había dejado atrás Isengard y habían dejado a los Ents a cargo de la Torre de Orthanc, vigilando a Saruman.
La joven se sentó para mirar mejor a su alrededor. La Luna estaba casi llena y las estrellas brillaban por entre las ramas de algunos árboles cercanos. Había una suave fragancia dulce que provenía de las plantas que crecían. Todo estaba bien..., pero había una sombra en el aire, algo que pesaba y que señalaba que pronto iba a ocurrir algo grave.
Mislif miró hacia su derecha, hacia donde cerca dormían los hobbits Merry y Pippin sobre unos helechos secos, pero se encontró con que no estaban durmiendo, sino que conversaban en voz baja. La joven no escuchó la conversación completa, sólo oyó lo siguiente, antes de que ocurriera lo que se esperaba en el aire:
- ... Pero es poco comunicativo, ¿no te parece? No ha cambiado nada.- decía Pippin.
- ¡Oh, sí!- contestó Merry.- Ha crecido, o algo así. Es al mismo tiempo más amable y más inquietante, más alegre y más solemne, me parece. Ha cambiado. Pero aún no sabemos hasta que punto. ¡Piensa en la última parte de la conversación con Saruman! Recuerda que Saruman fue en un tiempo el superior de Gandalf: jefe del Concilio, aunque no sé muy bien qué significa eso. Era Saruman el Blanco. Ahora Gandalf es el Blanco. Saruman acudió a la llamada y perdió la vara, y luego Gandalf lo despidió, ¡y él acató la orden!
- Bueno, si en algo ha cambiado, como dices, está más misterioso que nunca, eso es todo.- replicó Pippin mirando hacia donde dormía el mago.- Esa... bola de vidrio, por ejemplo. Parecía contento de tenerla consigo. Algo sabe o sospecha. ¿Pero nos dijo qué? No, ni una palabra. Y sin embargo fui yo quien la recogió, e impedí que rodase hasta un charco. "Aquí, muchacho, yo la llevaré..." Eso fue todo lo que dijo. Me gustaría saber qué era. Parecía tan pesada...- su voz se hizo un susurro ensimismado que llamó la atención de Mislif y Merry, quien dijo:
- ¡Ajá! ¿Así que es eso lo que te tiene a mal traer? Vamos, Pippin, muchacho, no olvides el dicho de Gildor, aquel que Sam solía citar: "No te entrometas en asuntos de magos, que son gente astuta e irascible."
- ¿Gildor?- susurró Mislif sorprendida, mientras recordaba a aquel elfo que la había salvado en los Emyn Muil y le había regalado a su corcel, Eäros.- ¡Conocieron a Gildor!
- Pero si desde hace meses y meses no hacemos otra cosa que entrometernos en asuntos de magos.- replicó Pippin.- Además del peligro, me gustaría tener alguna información. Me gustaría echarle una ojeada a la bola.
Mislif se puso de pie lentamente, para no llamar la atención de los hobbits. Con las palabras de Pippin, su curiosidad había ido en aumento y ella también quería saber qué era aquella bola de cristal oscuro.
- ¡Duérmete de una vez!- exclamó Merry cubriéndose con las mantas.- Ya te enterarás, tarde o temprano. Mi querido Pippin, jamás un Tuk le ganó en curiosidad a un Brandigamo; ¿pero te parece el momento oportuno?
- ¡Está bien!- suspiró Pippin.- ¿Pero qué hay de malo en que te cuente lo que a mí me gustaría: echarle una ojeada a esa piedra? Sé que no puedo hacerlo, con el viejo Gandalf sentado encima, como una gallina empollando un huevo. Pero no me ayuda mucho no oírte decir otra cosa que "no-puedes- así-que-duérmete-de-una-vez".
- Bueno, ¿qué más podría decirte?- dijo Merry encogiéndose de hombros.- Lo siento, Pippin, pero tendrás que esperar hasta la mañana. Yo seré tan curioso como tú después del desayuno, y te ayudaré tanto como pueda a sonsacarle información a los magos. Pero ya no puedo mantenerme despierto. Si vuelvo a bostezar, se me abrirá la boca hasta las orejas. ¡Buenas noches!
Pippin se quedó en silencio, mientras la respiración de Merry se hacía suave y acompasada por el sueño, pero aquello no llegó al curioso hobbit. Mislif, mientras tanto, había avanzado lentamente y había llegado hasta ellos.
- ¡Hey, Pippin!- susurró llamándolo.
- ¿Mislif?- preguntó el hobbit mirándola sorprendido.- ¿Qué haces?
- Lo siento, pero la curiosidad también me mata.- dijo sonriendo la joven.- ¿Vienes conmigo a ver?
- ¡Claro!- sonrió Pippin poniéndose de pie. Miró en torno: todo estaba en calma. Los centinelas no se fijaban en ellos, y todos los demás dormían. Ambos se encaminaron hacia donde estaba acostado Gandalf. Hacía un poco de frío y la Luna brillaba arriba. Una vez que hubieron llegado junto al mago, se agacharon y casi al instante lanzaron una pequeña e inaudible exclamación, pues los ojos de Gandalf estaban a medio cerrar.
- Está dormido.- susurró Mislif controlando sus nervios.- ¡Por Elendil, creí que nos descubriría!
- ¡Hay que tomarla!- dijo Pippin. Se agachó y vio que Gandalf tenía una bulto rodeado por un brazo. El hobbit lo tomó rápidamente con su capa y se levantó con él.- Tómala.- le dijo a Mislif.- Tengo una idea.- se alejó en puntillas y regresó con una piedra; la envolvió y la puso al alcance de la mano del mago.- ¡Vamos a verla!- sonrió hacia Mislif. Se alejaron unos pasos y luego se agacharon para mirar la bola de cristal. Y ahí estaba: fría, oscura, misteriosa, envuelta en la capa del hobbit. Gandalf se agitó en sueños, llamado la atención de los jóvenes, pero nada ocurrió.- ¡Somos unos pedazos de idiotas!- gruñó Pippin entre dientes.- Nos vamos a meter en un problema espantoso.
- ¡Entonces devolvámosla!- opinó Mislif mirando ensimismada a la bola oscura.
- No. Ya no podremos devolverla sin que nos descubra Gandalf.- replicó Pippin nervioso.- Tranquilicémonos, Mis.- dijo al cabo de unos segundos.- Mientras tanto, podremos echarle una ojeada, ¡pero no aquí!- se levantaron y llegaron hasta un montículo verde. Desenvolvió la bola de la capa y la volvieron a mirar. De súbito, una llama tenue se encendió y se agitó en el corazón de la esfera. Ambos amigos lanzaron una ahogada exclamación. Pippin, quien estaba más cerca de la bola, comenzó a sentirse atraído por ésta última, y ya no podía liberarse de aquel encantamiento. Mislif comenzó a ponerse nerviosa y dijo:
- ¿Por qué no la devolvemos mejor?
Pero Pippin no contestó. La esfera parecía llamarlo con su luz, que había comenzado a dar vueltas. El hobbit puso las manos alrededor de la bola oscura y, de repente, las luces se apagaron. Pippin tuvo un sobresalto, trató de liberarse, pero ya era imposible.
- ¡Pippin!- exclamó Mislif consternada.- ¡¿Qué está pasando!- Pippin se puso rígido, los labios le temblaron. Luego lanzó un grito desgarrador, cayó de espaldas y se quedó tendido en la hierba.- ¡Gandalf!- gritó Mislif asustada, corriendo hacia el mago. Comenzaba a haber movimiento en el campamento. Aragorn se levantó de un salto; luego lo hizo Legolas, y con él Gimli. Gandalf se levantó también y se acercó corriendo al montículo donde estaba Pippin. Merry había llegado al lugar y estaba de pie, junto a una Mislif aterrada.
- ¿Qué pasó, Mislif?- preguntó Aragorn cuando llegó a su lado con los demás.
- ¡Pippin...! ¡La esfera negra...!- balbuceó la joven, sin poder hablar. Legolas se acercó a ella y la miró fijamente a los ojos. De pronto, Mislif se sintió avergonzadísima: ¡se había comportado como una niña tonta e inmadura denuevo! Bajó la mirada, tratando de esconder su miedo y vergüenza, pero no tuvo que hacerlo por mucho tiempo, pues los demás dirigieron sus miradas hacia el mago y Pippin.
- ¡Así que éste es el ladrón! ¡Y tú, nada menos que tú, Pippin!- exclamó Gandalf, quitándola la bola negra de las manos al hobbit.- ¡Qué cariz tan peligroso han tomado las cosas!- se arrodilló junto al cuerpo de Pippin.- ¡Cosa de brujos!- exclamó Gandalf.- ¿Qué daño habrá causado, a él mismo y a todos nosotros?- tomó la mano del hobbit y estuvo unos instantes oyendo la respiración de él. Puso una de sus manos en la frente de Pippin, y éste se estremeció. Cerró los ojos y lanzó un grito; luego se sentó, mirando con profundo desconcierto las nerviosas caras alrededor suyo.
- ¡No es para ti, Saruman!- gritó de pronto, con una horrible falta de tono y delicadeza, y una voz aguda. Se alejó de Gandalf, arrastrándose.- Mandaré a alguien para que me lo traigas en seguida. ¿Me entiendes? ¡Di eso solamente!- trató de ponerse de pie, pero Gandalf lo retuvo, con una mezcla de dulzura y firmeza.
- ¡Peregrin Tuk!- gritó con voz autoritaria.- ¡Vuelve!
- ¡Gandalf!- gritó el hobbit que había vuelto a caer de espaldas.- ¡Gandalf! ¡Perdóname!
- ¿Que te perdone?- dijo el mago ceñudo.- ¡Dime primero qué has hecho...! O qué han hecho.- gruñó mirando hacia Mislif.
- Lo siento mucho... Yo...- balbuceó la joven.
- Te sacamos el globo, Mislif y yo- dijo Pippin rápidamente-, pero yo lo miré, y vi cosas horripilantes.- se estremeció.- Y quería escapar, pero no podía. Y entonces vino él y me interrogó; y me miraba fijamente, y... y no recuerdo nada más.
- Me basta con eso.- dijo Gandalf con severidad.- ¿Qué fue lo que viste, y qué dijiste?- Pippin no contestó, sólo cerró los ojos, estremeciéndose denuevo. Todos lo miraban en silencio, excepto Merry que miraba hacia otro lado.- ¡Habla!- dijo Gandalf duramente.
Pippin comenzó a relatar lo que había visto con voz lenta, baja y vacilante. Dijo que había visto un cielo oscuro y murallas altas, y estrellas diminutas. Dijo que éstas últimas aparecían y desaparecían, pues unas sombras las oscurecían. Parecían murciélagos que revoloteaban alrededor de una torre; eran nueve, o eso creía, y uno se había acercado a él. La visión era tan horrible, que Pippin no pudo decirlo. Continuó diciendo que había tratado de huir, pero no había podido, y así se había encontrado con "él", quien no hablaba con palabras, sólo lo miraba, pero comprendían.
- "¿De modo que has regresado?- seguía contando Pippin.- ¿Por qué no te presentaste a informar durante tanto tiempo?" No respondí. Él me preguntó "¿Quién eres?" Tampoco esta vez respondí, pero me costaba mucho callar, y él me apremiaba, tanto que le dije: 'Un hobbit'.
"Entonces fue como si me viera de improvisto, y se rió de mí. Era cruel. Yo me sentía como si estuvieran acuchillándome. Traté de escapar, pero él me ordenó: '¡Espera un momento! Pronto volveremos a encontrarnos. Dile a Saruman que éste manjar no es para él. Mandaré a alguien para que me lo traiga enseguida. ¿Has entendido bien? ¡Dile eso solamente!' Entonces me miró con una alegría perversa. Me pareció que me estaba cayendo en pedazos. ¡No, no! No puedo decir nada más. No recuerdo nada más.
- ¡Mírame!- le dijo Gandalf tomándole la cara con las manos. Sostuvieron una mirada en silencio. Luego sonrió dulcemente.- ¡Está bien!- dijo.- ¡No digas más! ¡No has sufrido ningún daño! No ocultas la mentira en tus ojos, como yo había temido. Pero él no habló contigo mucho tiempo. Eres un tonto, pero un tonto honesto, Peregrin Tuk.
- Oh, Elendil.- suspiró Mislif más tranquila. Pippin se había ido a acostar, y Merry lo acompañaba. Gandalf llegó hasta donde estaban Aragorn y los demás, y dijo:
- El peligro llega por la noche cuando menos se lo espera. ¡Nos hemos salvado por un pelo! ¡Y tú, joven Mislif- la miró duramente-, si hubieras utilizado un poco más la razón que la curiosidad, deberías haber recordado que te dije que ésta esfera no era un juguete que Saruman nos habría arrojado!
- De verdad que lo siento, Gandalf.- dijo Mislif nerviosa.- ¡No sabía...!
- Claro que no sabías.- interrumpió el mago.- No tenías por qué saber, pero debes agradecer que hemos tenido suerte.
- ¿Cómo está el hobbit Pippin?- preguntó Aragorn preocupado.
- Creo que dentro de muy poco todo habrá pasado. No lo retuvieron mucho tiempo, y los hobbits tienen una capacidad de recuperación extraordinaria. El recuerdo, o al menos el horror de las visiones, habrá desaparecido muy pronto. Demasiado pronto, quizá. ¿Quieres tú, Aragorn, llevar la piedra de Orthanc y custodiarla? Es una carga peligrosa.
- Peligrosa es en verdad, mas no para todos.- dijo Aragorn con un brillo en los ojos.- Hay alguien que puede reclamarla por derecho propio. Porque éste es sin duda el palantir de Orthanc del tesoro de Elendil, traído aquí por los Reyes de Gondor. Se aproxima mi hora. Lo llevaré.- Todos miraron con ojos curiosos a Aragorn y Gandalf, y más cuando éste último levantó la piedra envuelta y la puso en las manos del Montaraz con una reverencia.
- ¡Recíbela, Señor!- dijo el mago-, en prenda de otras cosas que te serán restituidas. Pero si me permites aconsejarte en el uso de lo que es tuyo, ¡no la utilices... por el momento! ¡Ten cuidado!
- ¿He sido alguna vez precipitado o imprudente, yo que he esperado y me he preparado durante tantos años?- dijo Aragorn con orgullo.
- Nunca hasta ahora.- dijo Gandalf.- No tropieces ahora al final del camino...
- Ven conmigo.- dijo Legolas interrumpiendo a Mislif, que oía lo que decía Gandalf. La tomó de la mano y la llevó más allá del montículo verde en que había estado Pippin con el palantir.
- ¿Me vas a regañar o a decir que soy una inmadura sin remedio?- preguntó Mislif cabizbaja. Le avergonzaba mirar a Legolas a la cara luego de todo lo que había pasado.
- Si ya tienes presente las consecuencias de tus actos, no tengo por qué hacerlo.- contestó el Elfo serio. Hubo una pausa que interrumpió él diciendo: Esto no me gusta nada. Siento en el corazón que algo se aproxima, lo sé. Cuando te oí gritar, pensé que te había ocurrido algo malo.- la miró fijamente.- Mislif, no puedo evitar estar preocupado por ti, si te lo pasas haciendo cosas impertinentes y arriesgadas.
- ¿Perdón?- preguntó Mislif ceñuda.
- Partiendo por decirte que separarte de nosotros en los Emyn Muil fue arriesgado, más si viajabas sola, llegaste a combatir en la batalla del Abismo de Helm, acto también arriesgado.- replicó Legolas.- Te pusiste a lanzarle maldiciones a Saruman y ahora te pones a curiosear en objetos mágicos y peligrosos que no conoces. ¿No pretendes tomar conciencia acaso?
- ¿De qué orcos estás hablando?- exclamó Mislif molesta.- ¡Por Elendil! ¿Cuántos meses más tendrán que pasar para que te des cuenta de que ya no lograrás hacerme cambiar? Esta es mi forma de ser, te guste o no. No soy de las jovencitas que acatan reglas ni de las que creen que sin un hombre para protegerlas están perdidas. Creo que hemos pasado por mucho y...- Legolas se le había acercado para besarla, pero Mislif lo contuvo.- ¡No! Déjame terminar. Hemos pasado por mucho y si he salido airosa de tantos problemas y riesgos, es porque creo poder cuidarme bien sola. Soy consciente de lo que hago, Legolas, y asimismo acepto las consecuencias de mis actos.
- Lo sé, pero...- suspiró Legolas.- Ahora es todo tan diferente. Mislif, yo te amo, y no quisiera tener que perderte por tu impulsiva forma de ser.
- Sé perfectamente lo que sientes, pero ya no soporto esto.- la joven se alejó unos pasos.- Estoy harta de ser la jovencita sobreprotegida de esta Misión. Sé muy bien que no soy de mente madura, pero ya tengo una edad razonable para hacerme cargo de lo que hago.
- ¿Con veinte años?- preguntó el Elfo incrédulamente.
- Si, con veinte años.- replicó Mislif.- Con esa edad ya no soy una niña, como creo a veces que me ves.
- No digas eso...- hizo una pausa.- Hace días que... bueno... quisiera preguntarte algo.- otra pausa.- Creo que fue el tercer día desde que nos separamos en Parth Galen, cuando sentí que algo malo te había ocurrido. ¿Qué te pasó?
- ¿Q- qué... qué me pasó...?- balbuceó la joven nerviosa.- N- nada... No pasó nada malo.
- ¿Y por qué dijiste en el Abismo de Helm que habías perdido tus colitas del pelo por un "percance"?- preguntó Legolas arqueando las cejas.- Mislif, Aragorn me comentó que habías llegado con muchos secretos. Partiendo por ese que no me quieres contar.
- ¿Secretos? ¿Qué clase de secretos? ¿Es que una persona ya no puede tener sus propias cosas guardadas?- replicó ella. Ella no quería comentar lo ocurrido, por la simple razón de que aquello sería un fundamento para sobreprotegerla aun más. Decir que había sufrido un accidente al dejar a los demás habría sido como aceptar que no podía cuidarse sola; y Mislif no quería aquello.- Aunque me pidieras de buena y desinteresada forma decirte qué pasó, no te lo diría, porque lo que cuenta es que estoy acá y bien.- concluyó decididamente.
- Entonces sí pasó algo, ¿verdad?- sonrió él. La joven iba a contestarle, pero de pronto una sombra bloqueó la luz de la Luna, causando un repentino pánico y un frío mortal en el campamento. Legolas y Mislif alzaron los ojos y vieron una figura oscura y enorme, que bloqueaba la luz como una nube enorme. La criatura alada dio media vuelta hacia el norte y rápidamente se perdió en el cielo.
- ¡Nazgûl!- gritó Gandalf desde el campamento.- El mensajero de Mordor. La tormenta se avecina. ¡Los Nazgûl han cruzado el Río! ¡Partan, partan! ¡No aguarden hasta el alba! ¡Que los más veloces no esperen a los más lentos! ¡Partan!- acto seguido corrió hacia donde estaba Pippin, mientras llamaba a Sombragrís, quien llegó cabalgando velozmente, seguido de Eäros. Gandalf tomó a Pippin en sus brazos y le dijo: Esta vez cabalgarás conmigo. Sombragrís mostrará cuánto es capaz de hacer.- subió al lomo del caballo y Aragorn le pasó a Pippin en brazos.- ¡Adiós!- dijo el mago.- ¡Síganme pronto! En marcha, Sombragrís.- el caballo obedeció a las palabras y echó a correr rápido como el viento mismo, desapareciendo en las montañas.
- ¡Oh, Elendil!- exclamó Mislif llegando hasta donde estaban los demás.- ¿Eso era un Nazgûl?
- Así es.- le contestó Éomer.
- ¿Y hacia dónde va Gandalf?- preguntó la joven.
- Hacia Minas Tirith.- contestó Legolas detrás de ella. Miró a Éomer unos segundos fijamente.
- ¿Y a dónde vamos nosotros?
- De momento al Abismo de Helm, joven dama.- sonrió Éomer, esta vez contestando él. Miró a Legolas rápidamente y un silencio se apoderó de la conversación. Sin embargo, Aragorn llegó para suavizar la incómoda e inexplicable situación.
- Preparen todo, Legolas, Mislif.- dijo.- Partiremos enseguida.
(Sigue en la Parte II)
