LA ESTRELLA DEL NORTE

¡Holitas a todos! Es para mí un honor (¡Snif!) presentarles esta parte de la historia (¡Ojio!) donde llegamos a la recta final (¡Buaaaa!). Me emociona mucho todo esto, y más por el hecho de haber conseguido toda esta cantidad de preciosssos y amadosss reviewsss. Me siento realmente orgullosa. Pero ¡ya dejémonos de cebollerías! (¿Existe esa palabra, Eärwen?) Okiles, este es el primer cuento "corto" de los 10. Espero que lo disfruten, como yo disfruto respondiendo los reviewsss de:

Lórien Potter: Jejeje, sipis: Oliv casado y con hijos... Dudo mucho que a alguien se le hubiera ocurrido, porque de hecho a mí me nació a última hora ... Pero bueno... Bien, me alegra que te haya gustado la historia de la Piedra Estrella, porque le puse bastante atención... ¡No fuera a comenter un error con la historia del Maestro...! Okiles, gracias por tus palabras y por tus reviews, aquí y en todos mis otros fics, como siempre. Espero que te gusten estos cuentos.

Misaito de las Mercedes... (bla, bla, bla... yasabeselrestoMisaocopiona.XD): ¡Jojojo, muy güena la idea del mail, hija mía! ¿Cómo es eso de que "estaba hermoso hasta que lo cortaste"? ¡¿Querías que siguiera, acaso?! ¡Oh, bon Dieu, qué chica más insasiable XD! Jejeje, me alegra que tu deseo de que no se muriera la madre de Mislif, porque hubiera sido muuuuuuuuy triste para nuestra joven heroína... TT... Jejeje, decir que Oliv fue algo chueco es cierto, si sólo lo ves desde el punto de vista del capi anterior, pero espero que hoy cambie un poquito. Jajaja, tienes mucha razón sobre el Gallardo Hasym... ¡Hasym, el Mago! Bueno, y esperamos con ansias la creación del Club "Los Señores Gruñones"... XD Okiles, hija mía, espero que disfrutes estos cuentos y muchas gracias por tu review.

Thalinariël: Jajaja, ¿mislifizando? Jojojojo, ¿qué es eso? ¿Poniéndote gruñona, terca, acaso violenta, mandona y andas persiguiendo Elfos? ¡Uy..., vaya! XD Gracias, gracias, me alegra no haberte defraudado, porque con tus amenazas anteriores quedé traumada. Bueno, también me gusta que te haya gustado (O.oU?) la historia de la Piedra Estrella y la descripción de Pueblo Gris, porque les puse bastante atención. Okiles, gracias de nuevo, y ojalá que te gusten estos cuentos.

-Ëarwen-: ¡Holitas! ¡Vaya, qué rico que alguien utilice mi palabrita también XD! Jojojo, bueno, gracias, gracias... ... En contestación a tus preguntaaaaaaaaaas, te diré que en estos cuentos cortos (jajaja, "cortos" ...) aparecerá mucho de lo que esperas. Bueno, gracias por tu opinión sobre la Piedra Estrella, y espero que el Maestro Tolkien, desde las alturas, no quiera penarme por si cometí algún error... O.oU... Okiles, gracias nuevamente, y espero que disfrutes estos cuentos.

Candy Bloom: Gracias, gracias... ... Bueno, amigui, me alegra que te haya gustado este capi y gracias por no encontrarlo taaaaaaaaaaaan largo. Okiles, para contestarte tus preguntas, diré que todo, pero todo, todo XD, tendrá lugar en estos cuentos cortos... ¡ejem...! relativamente cortos algunos... Pero bueno... Gracias de nuevo, y espero que disfrutes de estos cuentos.

Hikaru: ¿Un mundo escondido... O.o?? Jojojo, ya quisiera yo... XD... Pero bueno, se hace lo que se puede... Bueno, una pequeña corrección: Mislif no va a dejar de ser mortal, sino que demorará más su final... sólo eso... creo que no se entendió bien... ¡Maldita cabeza (... soy taaaaaan poco didáctica...! Pero bueno... ... Bueno, creo que todo lo que esperas, en relación con Legolas y Mislif, se solucionará en estos cuentos cortos... "cortos"... Okiles, gracias por tu review y ojalá que subas tus fics para poder leerlos... ¡Disfruta estos cuentos!

LegolasMirkwood: Sipis, sipis, el descarado de Oliv se casó... Pero no lo juzgues taaaaaaaan mal, chico, porque él tiene una explicación en este primer cuento, sipis, sipis. Bueno, gracias, muchas gracias por tus palabras y ojalá que disfrutes de estos cuentos cortos.

Dernix: ¡Holitas, oregui-amigui-que-yo-creía-que-me-había-dejado- abandonada-el-otro-día-,pero-no-jue-así-.De-todas-maneras-entiendo-muy-bem- que-estés-ocupadita...! ¡Ejem..., bueno! Con respecto a si superé mi flojera, lo dudo mucho... ¡Snif, eso es algo que me acompañará hasta la tumba...! ¡Viva la flojera! ¡Abajo los... mmm... ¿trabajadores?... XD! Okiles, gracias por tu review, y espero que te guste eso del encuentro entre Gimli, Legolas y la madre de Mislif... Jojojojo... No te preocupes por lo del retraso, te entiendo muuuuuuuuuuuuy bem; lo importante es que hiciste acto de presencia. Entonces, oregui amigui, espero que te gusten estos cuentos cortos.

Megu-chan1: Aún no se acaba, chica..., nos queda para un ratito más; créeme . Okiles, gracias por tu reviews y por tus palabras, de verdad que las agradezco mucho; y espero que te disfrutes de estos cuentos cortos.

Gary Lupin: ¿Me estás diciendo... floja...? ¡¿A mí...?! ¿No te bastó, acaso, con mi super cohete Acme de la vez pasada...? Mmm... Pero bueno..., te perdono sólo porque me caes bien, amigo mío, y espero que te gusten estos cuentos cortos, porque el primero trata de eso que estabas esperando.

Eärwen O-Ren Ishii: Jejejeje, me alegra que tu review no haya sido por las amenazas en nuestro amado WebSite...XD. Pero bueno, me alegro de que hayas hecho acto de presencia. Okiles, continuando con la larga contestación a tu extenso review, debo decir que yo también admiro a esa cabezota de Mislif y a su juerza de voluntad..., pero es verdad que ya no pertenece al Club..., al igual que la Dama Blanca de Rohan. Jajaja, yo de verdad te apoyo con eso de ''quien fuera el armario''... Muchas querríamos algo así... =p... Comparto contigo la opinión de que Mislif tiene ahora una responsabilidad mucho mayor... eso de tener que decidir cuándo vas a morirte debe de ser difícil, ¿no? Jajajaja, obviamente el reencuentro entre Milsif y Hasym iba a ser emotivamente grosero... ¿qué más esperabas de ese dúo? Me alegra que te de risa la madre de Mislif, porque a mí también me recuerda en cierta forma a mi mütter... XD. Jajaja, espero que disfrutes de estos cuentos cortos, que me dejes algún review por ahí y que perdones al pobre Oliv, que ya cayó en depre porque su mayor fan lo odia...

Bien, me dejo de palabrerías y les presento este cuento titulado...

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"DE LA LLEGADA DEL ELFO Y EL ENANO"

Hacía ya más de un mes que Mislif había regresado a Pueblo Gris, donde había descansado y dormido largamente, despertando muchas veces para almorzar, como era costumbre en ella la mayor parte del año. Sin embargo, sus amigos no habían dejado que descansara sin antes haberles hecho relatar la historia de su viaje muchas veces, tantas que Mislif parecía haberse aprendido un discurso, el cual todos oían con intensa sorpresa y expectación. ¡No todos los días se oían historias así! En realidad... casi nunca se oían cosas así, desde que Musolf había dejado de viajar.

Como dato se podría decir que Mislif, al día siguiente de su llegada a Pueblo Gris había corrido a casa de Oliv para saludarlo. El joven se alegró mucho de verla y más aun cuando Mislif les relató (también a Lian, su amiga) su viaje. Una vez que hubo terminado y Lian retirado, la joven le hizo una pregunta que deseaba hacia tiempo hacérsela a Oliv:

- ¿Por qué me pediste que me casara contigo en Rivendel?- dijo sin rodeos.

- Es algo complicado...- sonrió Oliv sin avergonzarse.- Pero te lo explicaré. Todo fue muy rápido: cuando me enteré de que te irías con la Comunidad del Anillo, ¡hacia Mordor!, y que no tenían muchas esperanzas de regresar, se me ocurrió atarte a algo para volver a casa, darte algún motivo por el que te sintieras presionada a volver. Tú siempre has sido una chica de palabra, así que supuse que si te hacía prometer algo, lo cumplirías como fuese. No se me ocurrió nada más que pedirte que te casaras conmigo. Lo siento... Sé que fue todo muy extraño, pero había algo que yo también sabía, amiga mía.

- ¿Qué?

- Te dije que lo más probable era que regresarías sin poder cumplir tu promesa, a pesar de que tuvieras un ánimo y una alegría enormes. Yo sabía muy bien que tú estabas enamorada de Legolas y que tal vez no podría cumplir tu palabra por él. ¿Y estoy equivocado acaso?

- N- no...- sonrió Mislif algo cohibida.- ¡Ay, Oliv, eres un malvado! Pero de todas maneras me alegro de que todo haya terminado así. Cada uno con un camino excelente. ¡Esto está muy bien!

Esa había sido la conversación de Mislif y Oliv, poniendo fin a una serie de preguntas e incertidumbre. Y los días siguieron pasando... Ahora bien, a pesar de todas las negativas de Mislif de celebrar una fiesta antes de la llegada de Legolas y Gimli, Oliv y Lian no pudieron esperar más y prepararon una celebración en su casa. La nombrada fiesta tuvo lugar el día 20 de Noviembre- Mislif había llegado el 15 de Octubre-, y habían sido invitados los amigos más cercanos de ellos, entre los cuales estaban: Alarion, amigo de ambos; la prima de Mislif, Missin; y también Mánu, un joven un poco menor que los demás amigos. También fueron invitados Hasym y un grupo de Enanos que habían llegado desde la Montaña Solitaria, para encontrarse con el mago y oír el relato de Mislif, pues ya la conocían; entre los Enanos estaba Selin.

La fiesta estuvo muy bien provista de comida y bebidas sobre todo; tal como lo eran todas las fiestas organizadas por los Fontes, la familia de Oliv. No faltó entretención y todos disfrutaron una vez más acosar a preguntas a Mislif, quien se sentía alagadísima, y su ego no dejaba de crecer a medida que oía exclamaciones como "¡Oh, Mislif, pero qué valiente eres! Yo me habría desmayado en tu lugar."

A pesar de la diversión incontable de la fiesta, el humo para pipas era realmente molesto para la joven, pues ya tenía algo de qué preocuparse seriamente, y que será dicho a continuación. Así que la joven, luego de unas horas de entretención, decidió dejar la casa de su amigo.

- ¿Ya te vas?- le preguntó Oliv, viendo que su amiga comenzaba a despedirse de Lian y los demás.

- Sí.- contestó Mislif.- Ya estoy un poco cansada, y quiero ir a tomar un poco de aire. Este humo de pipas no me hace bien.

- Te entiendo.- sonrió Lian.- Lo mejor es que cuides mucho a ese bebé, Mislif.

¡Alto! Bien, bien, bien. Este era el punto que quería tocar, pues es importantísimo en el desarrollo de esta historia. Así que pido las correspondientes disculpas, y relataré lo sucedido hacía unas semanas atrás, y que causó gran alboroto en casa de Mislif y dentro de su círculo de amigos.

Mislif llevaba alrededor de dos semanas en Pueblo Gris, cuando comenzó a sentir que ciertos malestares eran cada vez más frecuentes y que ciertos cambios cada vez más visibles. Aunque si alguien más no los hubiera notado, Mislif hubiera creído que el sedentarismo le estaba haciendo subir de peso, pero fue Lian quien le puso nombre a la actual situación de su amiga.

- ¡Mislif- había exclamado Lian una tarde-, estás embarazada!

- ¡¿Qué...?!- había gritado la joven estupefacta.- ¡No puede ser, Lian! ¡Por Elendil! ¡¿Yo embarazada?! ¡Pero si nunca...!- se detuvo de golpe. No, no, no. Estaba en un tremendo error: sí podía ser posible, y recordó muy bien por qué.- ¡Oh...!- gritó tapándose la boca con una mano.- ¡Mil veces por Elendil! ¡Sí es posible!

- ¡Ajá!- exclamó sonriendo Lian.- ¡Lo sabía: sí tienes un hombre a tu lado! Y vas a decirme quién es, Mislif. ¿Cómo se llama? ¿Es lindo? No es que me importe eso, mientras sea un hombre bueno...

- Te entiendo, mujer, tranquila.- rió Mislif.- Bueno, ya es hora de decir la verdad. Sí, estoy con alguien, y agradezco a Elendil por ser quien es.

- ¡Ya respóndeme, odiosa!

- ¡Oh, bien!- gruñó Mislif.- Su nombre es Legolas.

- ¡Qué extraño nombre!- dijo Lian.- Si no creyera que es prácticamente imposible, te diría que suena a un nombre...

- ¿Élfico?- interrumpió Mislif.- Pues sí, mi querida amiga, Legolas es un Elfo. Es el Príncipe del Bosque Negro, o mejor dicho del Bosque de las Hojas Verdes.

- ¡Mislif!- exclamó su amiga.- ¡¿Estás loca?!

- Sí.- contestó ella encogiéndose de hombros.- Escucha amiga, sé muy bien qué quiere decir todo esto, y creo tener todo bajo control; créeme. De momento no te puedo decir nada más. Bueno, pero continuando con tus respuestas, diré que por el hecho de ser Elfo, Legolas es hermoso.

- Sí. Entiendo: la Hermosa Gente.- hubo una pausa, la cual fue concluida por Lian, quien volvió a hablar.- Y él es padre del bebé que esperas, ¿verdad?

- ¿Cómo rayos sabes que estoy embarazada, Lian?- preguntó Mislif haciendo caso omiso a la pregunta más que obvia de su amiga.

- ¡Oh, Mislif, por Elendil!- exclamó su amiga con vehemencia.- En menos de dos semanas te has desmayado tres veces, ¡tres! Comes el triple de lo normal, dato que tu madre me ha hecho notar; además de andar deseando platillos que en mi vida había oído. Más encima, dices estar mareada cada cinco minutos.

- Estás exagerando con lo de cinco minutos...

- ¡Está bien! Seis minutos.- rió Lian.- Era sólo una broma. Pero debes recordar que yo misma hace unos meses también estuve embarazada, y no olvidaré los síntomas, a pesar de que no los sienta ya.

- ¡Oh, muy bien!- dijo Mislif pensativa.- Estoy convencida, pero no logro salir de la impresión ni la sorpresa.

- ¿Y quién podría, conociéndote?

- Ese no es el punto. No quiero ni pensar en lo que hará mi madre, ¡se caerá de espaldas! Y Legolas... no sé cómo reaccionará. Apuesto a que no se lo espera ni... ¡Oh, Elendil! ¡Y está pronto a llegar!

- ¿Cuándo fue que...?- comenzó a preguntar Lian, pero enrojeció hasta el límite de los cabellos. Mislif la miró arqueando las cejas y sonriendo levemente, pues había adivinado el resto de la pregunta de su amiga.

- Sé a qué te refieres, Lian.- sonrió Mislif con la risa bailándole en los ojos.- Y no te pongas así, ya que no me voy a enojar. Pero te diré que fue...- sin quererlo, ella también enrojeció, haciendo que Lian se riera esta vez.- ¡Oh, cállate!- gruñó Mislif.- Si quieres saber, te diré que fue en julio, a finales de julio.

- Entonces...- Lian meditó unos instantes antes de decir.- Eso quiere decir, amiga mía, que tienes alrededor de cuatro meses.

- ¡Cuatro meses!- exclamó Mislif.- ¡¿Cómo rayos no me había dado cuenta?!

- Parece ser que estás ciega.- rió su interlocutora.- Sin embargo, yo tampoco me había dado cuenta... Es extraño.

- Debe ser la ropa.- dijo Mislif poniendo fin a la conversación.

Desde ese día, se habían enterado Oliv, su madre, Hasym, un par de Enanos, Missin, Alarion, Tío Bal y algunos otros más. Y para el día de la fiesta muchos más fueron los que preguntaron quién era el padre, pero en vano, pues Mislif se oponía a decirlo, por miedo a habladurías sobre la raza de Legolas. Aun así, muchos de los brindis fueron en honor del bebé que venía en camino, llamado, por algunos influenciados por el alcohol, "Mislifito Pequeño".

Ahora retomaremos la conversación anterior de Mislif y sus amigos, antes de salir de la fiesta en casa de Oliv, y para continuar con el hilo de este relato.

- ¿Ya te vas?

- Sí. Ya estoy un poco cansada, y quiero ir a tomar un poco de aire. Este humo de pipas no me hace bien.

- Te entiendo. Lo mejor es que cuides mucho a ese bebé, Mislif.

- Lo sé.- sonrió Mislif también.- ¡Buenas noches a todos!

- ¡Pero si ni siquiera hemos brindado por decimocuarta vez!- gruñó Hasym desde su silla.- ¡Vamos, pequeña! ¡Quédate! Yo no me quiero ir.

- Dije que yo iría a dar una vuelta. Tú puedes quedarte, si quieres.- dijo Mislif al mago.- Además... ¿desde cuándo se ha visto que un mago deba depender de una joven, y más encima en un lugar como este?

- Buen punto.- rió Hasym.

- ¡Buenas noches, Mislif!- se despidió Oliv desde la puerta.

- Adiós.- contestó la joven. Comenzó a caminar por el lugar, sintiendo la fresca brisa otoñal que corría aquella noche, iluminada por una Luna llena bastante cautivadora. A pesar de ser otoño, y que el invierno no estaba lejos, la noche era clara y era lo que Mislif llamaba "noche perfecta". Se había divertido mucho en casa de Oliv, el aire fuera era reconfortante y la luz de la Luna le encantaba. Decidió ir a pasar un rato a los pies de su árbol favorito, aquel que estaba en las afueras, solitario sobre una loma y desde el cual se podía ver, a la izquierda, Pueblo Gris y a la derecha, el camino de los viajeros. Se sentó en la suave hierba y apoyó la espalda en el tronco ancho. Mislif recordaba muy bien cómo se subía a la ramas de aquel árbol cuando era más pequeña, aunque antes de salir de viaje lo hacía aún. A veces se escondía ahí para estar un rato sola y para soñar con lugares lejanos, desconocidos y mágicos; muchos de los cuales le habían sido comentados por su padre.

Su padre... ¡Nadie podía contar cuánto lo extrañaba! Más aún ahora que Mislif había regresado de su primera y gran aventura. Le habría encantado habérsela relatado tan detenidamente, como si él también la hubiera vivido. Pero no. Ahí estaba Mislif, su joven Estrella del Norte, sentada sola y melancólica, maldiciendo al Destino por haberle quitado a la persona que más quería; a pesar de que ahora había otra, pero que nunca podría tomar su lugar.

Mislif suspiró triste. Lo único que la consolaba un poco era el hecho de que había cumplido el sueño de su padre y el suyo, y que había regresado sana y salva a casa, casi sin cambios físicos, exceptuando la pequeña marca de la flecha orca en su hombro y aquel bebé que venía. Sin embargo, mentalmente Mislif había cambiado muchísimo. Y no era para menos. Había vivido situaciones al límite de sus nervios, sentimientos y fuerzas. Había aprendido a no tomar la vida tan a ligera y a respetar lo que muchos temían menos ella. Se podría asegurar que estaba mucho más madura y que ese año que había estado fuera le había servido de sobremanera.

Tal vez a su padre también le habrían servido aquellos viajes que había realizado. Obviamente, había regresado de alguno de ellos con el propósito de sentar cabeza y descansar, tal como Mislif lo había decidido a su regreso, pero sólo por un tiempo. También, y aunque es un tema superficial, ambos habían regresado con objetos nuevos de sus viajes. Los de su padre Musolf eran guardados casi todos por Tío Bal, pero Mislif había traído los suyos y estaban en su casa. Y aunque no eran numerosas joyas, eran cosas de valor para ella. Por ejemplo, estaban los vestidos que le habían sido hechos en Rivendel, Lothlórien, Minas Tirith y los que le había regalado Éomer de Rohan. Estaban además la Piedra Estrella, regalo de la Dama Galadriel; la daga élfica que le había dado Elrond y la capa con el broche también de Lórien. Si vale contarla, por los campos de Pueblo Gris corría libremente Eäros, regalo de Gildor Inglorion.

Pero lejos el mayor regalo y el mayor logro era el amor de Legolas. ¡Podría dejar todos los demás por él! Mislif se había separado de él hacía más de tres meses y comenzaba a sentirse triste por su ausencia. Le habría encantado que su padre lo hubiera conocido.

Mislif estuvo recordando a su padre largo rato más. Sentada a los pies de aquel árbol y con la luz de la Luna brillando desde lo alto la joven echó a volar sus pensamientos. Pero, de pronto, algo la hizo bajar a la tierra. Sin saber por qué dirigió su mirada hacia una loma frente a la que estaba ella. La luz lunar la iluminaba, pero no sólo al suelo de ella, sino que también a una persona que estaba ahí. Era un hombre, alto, relativamente joven, de cabellos castaños y ojos verdes, que miraba a la Luna, mientras sonreía tiernamente.

La joven lo miró un segundo, sin poder creer lo que sus ojos veían. ¡No era posible! Fue tan sólo un segundo, pero un segundo que recordaría toda su vida. ¡Un extraño, pero milagroso y fantástico momento!

- ¡Padre!- murmuró Mislif intentado pararse. El hombre la miró sonriente y, cuando Mislif pestañeó al sentir unas lágrimas en los ojos, desapreció con el viento.- ¡No! ¡Papá!- gritó parándose y corriendo hacia aquel lugar.

Al llegar allá, no vio señales de pisadas en el suelo ni nada que indicara que alguien había estado ahí. Mislif sin quererlo rompió a llorar, se hincó en el suelo y siguió llorando ahí; sin poder creer aún lo que sus ojos habían visto. ¡Su padre! ¡Había visto a aquel hombre que había soñado con ver tantos años! Se habían cumplido sus exclamaciones que decían darlo todo por volver a verlo un segundo, y lo había hecho. Sólo un segundo, pero el más bello.

Mislif se dio cuenta de que estaba temblando, pero no de miedo, sino que de emoción. Sin saber por qué se echó a reír como una loca, mientras se ponía de pie. Aunque, de repente, entendió por qué reía: su padre le había sonreído, con su común sonrisa que le mostraba antes. Ésta, la cual aun siendo un simple gesto, le demostraba que la quería, que estaba orgulloso de ella, y que siempre estaría a su lado; y que asimismo había compartido con ella todo aquel viaje.

De pronto, sintió que algo había detrás y se giró para ver. Dos personas venían por el camino que llevaba a Pueblo Gris. Una era mucho más baja que la otra, y Mislif no tardó en reconocerlos.

- ¡Legolas! ¡Gimli!- gritó llena de emoción y alegría, secándose las lágrimas anteriores.

- ¡Mislif!- gritaron ellos levantando la mirada hacia la loma en que estaba la joven. Legolas echó a correr hacia ella y Mislif lo imitó. Gimli apresuró el paso, pero prefirió demorarse, para darles tiempo de saludarse.

- ¡Legolas!- rió Mislif abrazándose a él fuertemente.- ¡Cuánto te extrañé!

- ¡Oh, joven dama!- contestó él, abrazándola también.- ¡Al fin te veo! ¡No podía esperar más para verte!

- ¡Me tienes esperando más de un mes aquí y más encima te quejas!- exclamó la joven, mirándolo con alegría.- Pero no me importa, ¡me alegra tanto verte!

- ¡A mí también!- rió Legolas, besándola dulcemente. Cuando separaron sus rostros, llamaron a Gimli.

- ¡Feliz reencuentro, chiquilla!- saludó el Enano una vez que hubo llegado.- ¡Ya estaba comenzando a extrañarte!

- Yo también, gruñón.- sonrió Mislif dándole una cariñosa patadita en una pierna.- ¡Oigan! ¡Estoy realmente molesta con ustedes!- exclamó la joven al cabo de unos segundos.

- ¿Por qué, chiquilla?- preguntó Gimli.- ¿Es porque no te trajimos regalos?

- No.- gruñó ella.- Creo recordar que nos separamos un día 17 de Agosto... ¡¿qué rayos se quedaron haciendo Fangorn?! Se suponía que iban a visitarlo, ¡no a quedarse a vivir ahí! Por si no se han dado cuenta, han pasado más de tres meses.

- Es culpa de Legolas.- dijo el Enano.- Estaba fascinado con ese bosque.

- ¿Culpa mía?- exclamó Legolas riendo.- ¡Tú fuiste el que quiso pasar a Lothlórien más tarde! Después te quisiste quedar a descansar en Rivendel.

- ¿Fueron a Lórien?- preguntó Mislif.- ¡Oh, me habría encantado poder haber visto a la Dama Galadriel de nuevo!

- Ella lo sabía, chiquilla.- dijo Gimli.- Y te envió un mensaje: "No hace falta que busques tan pronto un momento para agradecer aquel regalo, joven dama, porque estoy segura de que más adelante lo encontrarás".- hizo una pausa.- ¿Qué tienes que agradecerle? ¿Qué regalo te dio?

- Nada que te influya, gruñón.- dijo Mislif, mientras pensaba cuándo sería la próxima vez que vería a Galadriel.- ¡Oh, pero bueno! Ya que están aquí, me olvidaré que me hicieron esperar mucho. Hasta a ti me alegra ver, gruñón. ¡Me hacía falta ejercitar con alguien!

- Ya veo que sí.- rió Gimli.- Estas visiblemente más subidita de peso. Se te nota en el estómago.

- ¡Gimli, sé caballero!- lo reprochó Legolas. Mislif había abierto mucho los ojos, pues el Enano se había dado cuenta de su cambio. Pero la joven aún no estaba segura de decirle la verdad a Legolas sobre su embarazo. El Elfo se fijó en lo que señalaba Gimli, pero Mislif fue más rápida y se giró velozmente.

- ¡Ya! ¡No me vean!- les gritó tratando de parecer tranquila.- Ya sé que el sedentarismo me ha hecho mal, pero no es para tanto, Enano gruñón.

- Yo sólo decía...

- Deben estar cansados.- interrumpió Mislif.- ¿Por qué no vamos a mi casa? No es la gran maravilla, pero es ideal para descansar. Lo sé por experiencia propia.

- Encantado.- sonrió Legolas.- ¡Espera!- exclamó de pronto.- ¿T- tu madre está ahí...?

- ¡Oh, cierto!- contestó Mislif.- Pero no se preocupen. No hará ningún escándalo, porque yo ya le había comentado de ustedes y su llegada; y está realmente encantada de tenerlos aquí.

- ¡Conoceremos a la única persona que ha logrado en algún momento domar a esta chiquilla!- rió Gimli.- Aunque... parece no ser la única.- rió de nuevo fijándose en Legolas.

- Sí, pero decidimos, hace unos días, que cuando ustedes llegaran ella se iría a casa de su madre, mi abuela, y nos dejaría la casa a disposición.- sonrió la joven.

- ¡Apuesto a que amaneceré en el establo!- rió Gimli.- Me sacarán de ahí de alguna manera.

Los tres amigos rieron con aquella idea del Enano, y más aún cuando Mislif le pegó a Gimli un empujón con la pierna haciéndolo caer.

- Parece que estos casi catorce meses de viaje no te han servido para tener un buen equilibrio, ¿o me equivoco, gruñón?- dijo Mislif poniéndole un pie en la espalda.

- Sólo te dejé ganar, chiquilla.- gruñó Gimli desde el suelo.

- Ya tendrán tiempo para discutir y pelear.- sonrió Legolas ayudando al Enano a pararse. Luego se dirigió a Mislif.- ¿Dónde queda su morada, mi joven y bella dama?- le preguntó sonriendo.

- Sígame y lo verá, mi noble y hermoso señor.- contestó Mislif devolviéndole la sonrisa.

- Me harán vomitar.- gruñó Gimli.

Mislif guió a los recién llegados hasta su casa, pasando por las afueras de otras más. La casa de la joven no era lujosa, pero sí era más espaciosa y de mejor material que las demás, exceptuando las casas de la familia Fontes. Una vez que llegaron a la cerca, la joven dijo:

- ¡Bienvenidos a mi humilde morada, hogar de quien les habla, de su madre, y de una tonelada de diversión!

- ¿Qué quiere decir eso?- preguntó Gimli.

- Que mientras los esperaba, me preparé para recibirlos con lo mejor.- contestó Mislif.- Aunque esto no se parecerá en lo más mínimo a las fiestas que tuvimos en Minas Tirith, reuní la mejor cerveza, vino, hierba para pipas y excelentes comidas, algunas típicas de la zona. Y además, en un par de días más tendremos una gran fiesta de celebración por su llegada. ¡Eso sí!, sólo con gente selecta de este lugar, es decir, agradables.

- ¿Es cierto todo eso, Mislif?- preguntó Legolas sorprendido.

- Sí.- sonrió ella.- Esta fiesta me la iban a dedicar por mi llegada, pero decidí postergarla para cuando se hallaran conmigo dos de quienes fueron mis compañeros de la Comunidad.

- ¡Vaya! ¡Gracias!- rió el Enano.

- Aunque...- suspiró Mislif-, Oliv no se aguantó de organizar una fiesta esta noche con algunos amigos en común nuestros, Hasym y algunos Enanos.

- ¿Oliv?- preguntó Legolas recordando de pronto la proposición de matrimonio de aquel joven hacia Mislif.

- ¡Oh, ya sé a qué te refieres!- exclamó Mislif, recordando también.- ¿A que no adivinan la sorpresa que me llevé cuando llegué a Pueblo Gris?

- ¿Te casaste con el chiquillo?- dijo Gimli burlonamente.

- ¡No, ridículo!- exclamó la joven.- Al llegar me encontré con una amiga mía, llamada Lian, y con unos bebés, unos mellizos bastante lindos. Le pregunté si eran suyos y me contestó que sí, pero que también...

- ¡Eran de Oliv!- interrumpió Gimli riendo.

- ¡Sí! Casi me caigo de espaldas al enterarme.- rió Mislif.- ¡El muy descarado! Proponiéndome matrimonio en Rivendel, llegó acá y se enamoró de la nada de Lian. Se casó con ella a los pocos meses y de aquel matrimonio son esos preciosos bebés. Debo decir que me sorprendí bastante, pero me sacó un problemilla de encima. ¡Estoy tan feliz por ellos! ¡Oh, pero qué mala anfitriona soy! ¡Pasen, pasen!- los introdujo en la sala y casi los obligó a sentarse en las butacas. A los pocos minutos ya habían descubierto una nueva faceta de Mislif: la de preocupada anfitriona.- ¡Aquí les traigo un poco té!- anunció al cabo de unos momentos.- Será mejor que tomen esto primero, porque la cerveza y el vino debemos racionarlos para la fiesta.

Se oyeron pasos en la escalera, y Legolas y Gimli pudieron ver por fin a la madre de la joven. Una mujer alta, delgada, relativamente joven, de cabellos castaños rojizos y ojos almendrados. Ambos se pusieron de pie e hicieron una inclinación de cabeza.

- ¡Buenas noches, señora!- dijeron al unísono.

- Buenas noches.- contestó la mujer. A pesar de que esperaban oír una voz fuerte y alta (pues los relatos de Mislif sobre ella daban lugar a creencias semejantes), se sorprendieron bastante al oír una voz suave y hospitalaria.- Mislif, ¿estos son tus amigos y compañeros de viaje?

- Dos de ellos.- sonrió la joven.

- Me alegra mucho conocerlos.- sonrió la mujer.- ¿Cuáles son sus nombres?

- ¡Gimli, hijo de Glóin, a su servicio!- se presentó el Enano inclinando la cabeza de nuevo.

- Y Legolas Hojaverde, también a su servicio.- dijo también inclinándose.

- Encantada.- dijo la mujer mirando, sin despegar la vista del Elfo y mirándolo fijamente. Mislif se preguntó qué estaría pensando su madre. Finalmente, la mujer sonrió, y dijo.- Lo que decidimos, hija, será hecho: iré a casa de mi madre. Sólo espero que disfruten mucho su estadía en Pueblo Gris, porque, aunque no lo crean, tan pequeño como un pueblo no es; pero preferimos llamarlo así por costumbre. Espero tenerlos aquí, o que regresen, para la Fiesta de la Primavera, que este año estará realmente interesante.

- ¡Más fiestas!- rió Gimli.- Sin quererlo, hemos llegado justo a tiempo.

- Espero que las disfrute mucho, Gimli.- dijo la mujer.- ¡Tomen asiento!- ella también se sentó.

- Madre- dijo Mislif-, ¿me puedes ayudar con esas galletas que tienes guardadas? Es que no sé cuáles...

- Las de la derecha, hija.- suspiró la madre.- Siempre lo olvidas. Las de la derecha son las que están más sabrosas.

- ¡Pero si ayer me dijiste que...!

- Esos son los pastelillos. Esos los guardo a la izquierda.

- ¿Por qué no escribes todo eso para que no se me olvide?- gruñó Mislif dirigiéndose a la cocina.

- Se lo he dicho unas cincuenta veces y siempre lo olvida.- señaló la madre a los amigos.- ¡No sé dónde tiene la cabeza, y más con todas esas increíbles historias de su viaje y el embarazo...!- se oyó un estruendoso ruido desde la cocina.- ¿Qué pasó, Mislif?- preguntó la mujer levantándose. Se dirigió a la cocina y se encontró con que su hija había votado la tapa del frasco, que contenía las galletas, al suelo.

- ¡Madre!- susurró Mislif con los ojos muy abiertos.- ¡¿Porqué dijiste lo del embarazo?!

- ¡Se me salió, lo siento!- susurró la madre abriendo sus almendrados ojos.- ¡Oh...! ¿No me digas que aquel Elfo es...?

- Sí.- contestó la joven con decisión.- Es él. Legolas es el padre de mi bebé.

- ¡Oh! Era por eso que lo miraba tanto sin saber.

- Mi idea era decirle esto a solas.- gruñó Mislif trayendo la escoba para barrer.

- Entonces trataré de arreglarlo. ¡Espérame, y no se te ocurra agacharte para limpiar! ¡Déjamelo a mí!- Cabe señalar que la madre de Mislif había recibido la noticia del futuro bebé por boca de su hija misma, justo después de que ésta había conversado el tema con su amiga Lian. Como había dicho Mislif, casi se desmayó, pero, luego de ser convencida de que Legolas era un buen hombre, aceptó gustosa la llegada del bebé. Sin embargo, había ignorado hasta unos instantes antes el real nombre del padre y específicamente de qué raza era.

Volviendo a la situación, la mujer se dirigió muy natural a la sala y siguió su relato, sentándose.

- ¿En qué estabamos?- preguntó sonriente.- ¡Oh, cierto! ¡No sé dónde tiene la cabeza esta chica, con todo lo de ese viaje y con lo del embarazo de su amiga Lian! ¡Si hasta votó el frasco con las galletas!

- La entiendo.- sonrió Gimli.- Mi madre estaba muy preocupada por una prima suya, que estaba embarazada y...- siguió relatando una anécdota, que resultó ser bastante cómica. Sin embargo, Legolas no logró desviar la atención de lo recién ocurrido. Habían muchas hilos que el Elfo comenzaba a unir.

- Con permiso.- dijo tímidamente Legolas, poniéndose de pie y dirigiendo sus pasos hacia la cocina.- Mislif..., ¿qué pasa?

- ¡Legolas!- exclamó la joven dando un respingo.- No te oí venir.

- Estás muy extraña, ¿qué te pasa?- preguntó el Elfo. Mislif se acercó a él y lo abrazó.- Hay algo que quieres decirme, ¿verdad?

- Sí.- contestó ella sin moverse.- Pero no aquí.

- Entonces, ¿dónde?

- Ven conmigo.- dijo Mislif tomando a Legolas de la mano y llevándolo consigo fuera de la casa, por la puerta de la cocina. Lo condujo en silencio hasta el árbol que la joven visitaba siempre. La Luna aún brillaba cautivadoramente, pero había cambiado de lugar y se posaba cerca de las cimas de las Montañas Grises. La brisa, anteriormente fresca, estaba algo helada por la hora. Debían de ser alrededor de las dos de la madrugada. Una vez que llegaron a los pies del árbol, Mislif acercó su rostro al de Legolas, lo besó y luego dijo-: Éste árbol ha sido quien más me ha visto crecer, pues este es mi lugar favorito. Vengo aquí desde niña; ya sea buscando tranquilidad, huyendo de problemas o buscando un lugar para poder soñar, pensar o leer. Esta noche ha sido el escenario de algo maravilloso.- murmuró acariciando el tronco y apoyando la frente.- Antes de que ustedes llegaran... estuve sentada aquí, pensando y recordando a mi padre. Y... de pronto, lo vi.

- ¿Lo viste? ¿A tu padre?- preguntó Legolas.

- Sí Ya sé que suena extraño.- contestó Mislif mirándolo con ojos vidriosos.- Fue sólo un segundo, pero fue maravilloso. En aquella loma- la apuntó- apareció. Miraba la Luna, luego me miró y sonrió. Sólo eso. En un segundo y... desapareció. Cuando pestañee ya no estaba.

- Imagino que debió de haber sido algo realmente emocionante.- sonrió tiernamente Legolas, dando un paso para abrazarla.

- Mucho. Por eso...- Mislif lo detuvo.- Por eso deseo que sea también el lugar en que yo te diga la verdad.

- ¿La verdad? ¿Es buena o mala?- Como la joven no contestaba, Legolas exclamó-: ¡No me asustes, joven dama! Sólo dilo.

- Yo...- Mislif tomó aire, lo miró fijamente a los hermosos ojos, y le dijo.- Yo estoy esperando un hijo tuyo, Legolas.

- ¡¿Qué?!- exclamó el Elfo abriendo mucho los ojos.

- Lo que oyes. Tengo alrededor de cuatro meses.- contestó Mislif. Legolas parecía petrificado con la noticia, y la joven se abrazó a él.- Te entiendo, melamin. Cuando llegué no me había dado cuenta aún, pero cuando Lian, mi amiga, lo descubrió... ¡no lo podía creer! Me puse a pensar que no podía ser posible, pero recordé que... sí. Ya sé que la noticia es abrumadora, pero...

- ¿Abrumadora?- exclamó Legolas hablando al fin.- ¿Dices que es abrumadora?

- S- sí...

- ¡Mislif! ¡Esto es increíble! ¡Es maravilloso!- la abrazó con intensidad y alegría.- ¡No sé qué decirte!- rió feliz.- ¡Esto es demasiado bello! ¡Oh, mi joven dama!- la tomó entre sus brazos y comenzó a girar.- ¡Mejor que no!- sonrió dejándola en el suelo nuevamente.- ¡Estoy...! ¡No puedo creerlo!

- ¡Oh, Legolas! Me alegra tanto que la noticia te haya gustado.- dijo Mislif riendo.- Tenía miedo de no saber cuál sería tu reacción.

- ¡Esto es lo mejor que nos ha pasado!- comenzó a besarla efusivamente.- ¡Tenemos que decírselo a Gimli! ¡No podrá creerlo!- rió Legolas.- ¡Vamos!

- Espera un poco.- murmuró Mislif calmando la efusividad de él.

- ¿No quieres ir?

- Sí, pero aún no.- sonrió la joven abrazándolo. Legolas le devolvió el gesto, besándole la frente.- Te extrañé muchísimo, y sólo quería estar a solas contigo.

- Yo también.- contestó Legolas.- No dejé de pensar en ti, desde que nos separamos en Fangorn, hasta que te vi esta noche. ¡Oh, aún no puedo creer todo esto! ¡Es demasiada maravilla!

- Lo sé. ¿Qué crees que será? ¿Niño o niña?

- Me da igual. Si tiene algo de ti, será hermoso.- sonrió el Elfo antes de besarla.- ¿Qué te gustaría que fuera?

- En realidad no me importa mucho. Pero me encantaría un niño. ¡Un bebé parecido al hermoso de su padre!- estuvieron un rato abrazados mirando la Luna, hasta que Mislif supuso que Legolas no podía esperar más para contarle la noticia a Gimli.- Quieres ir, ¿verdad?- le preguntó riendo.

- Sí. ¡Quiero que celebre con nosotros!

- Uno de esos es el motivo de la fiesta que tengo preparada para ustedes.- dijo la joven.

- Entonces, ¡vamos a decírselo a Gimli!

- ¡¿Qué?!

- ¡Lo que oyes, Gimli!

- ¡¿Que la chiquilla...?!

- ¡Sí, gruñón!

- ¡Por eso estabas tan gorda!

- ¡Oye!

- ¡No peleen! ¿Siempre hacen eso, Legolas?

- ¡Ja, ja! Sí, señora.

Mislif y Legolas había llegado nuevamente a la casa de la joven y, luego de haber comunicado la noticia, celebraron, pero Mislif no pudo beber. Conversaron luego largo rato, hasta que el Sol comenzó a despuntar en el Este. En ese momento, la madre de Mislif decidió que iría a buscar sus cosas para partir cuanto antes a casa de su madre, abuela de Mislif.

Entonces, Legolas y Gimli fueron instalados en la casa. Mislif les destinó su propia habitación, donde tenía su cama y un gran sillón. En la cama se quedaría Legolas, pero Gimli no se quejó, pues el sillón le quedaba de maravilla con su estatura y era realmente cómodo. Y Mislif decidió dormir en la habitación de su madre.

- Descansa, pequeña.- le dijo Legolas sonriendo, antes de partir a acostarse.- Esta noche ha sido increíble, y no creo que la olvide, pues ha sido grande la alegría que me ha dado.

- Y nos esperan más, melamin.- sonrió Mislif.- Descansa ahora, pues mañana será un día destinado a conocer este querido lugar.

- Hasta entonces.- sonrió él. La besó dulcemente y luego se separaron para ir cada uno a sus respectivas camas.

Mislif llegó a la habitación de su madre justo antes de que esta abandonara la casa. Le sonrió a su hija, le dio un abrazo y luego dijo:

- Puedo ver, querida hija, que grande es tu dicha junto a Legolas. Es un buen hombre, se nota al mirarlo; y sé que tú no escogerías a alguien que fuera contrario a eso. Por eso te felicito, y cuentas con todo mi apoyo para lo que venga, pues no creas que esa diferencia de razas me afecta o me sorprende, a pesar de que no soy muy fanática de la gente extraña...- suspiró finalmente.

- Muchas gracias, madre.- sonrió la joven emocionada. Su madre se despidió luego y Mislif fue a acostarse. Sentía una enorme felicidad y no estaba dispuesta a que nada la estropeara. Sonrió en la oscuridad y dijo en voz baja-: Nunca había pensado que probablemente todo esto es un regalo de mi padre. Si apareció esta noche y me dio toda aquella paz, esto es sólo una bendición más de él.

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¡Snif! Mis ojos están liberando agua como los Saltos del Rauros. A este paso me deshidrato... Ha sido demasiada emoción para un solo capi. Espero que les haya gustado, a pesar de que debía ser un 'cuento corto'. No puedo decir más... mis ojos no me permiten escribir, por la emoción, y necesito urgentemente un pañuelo, pues no sólo mis ojos están botando algo... ya saben a qué me refiero... nn

Espero con ansias sus adorados reviewsss y no olviden que son dos cuentos cortos a la vez, así que lean el siguiente. ¡Nos vemos!