LA ESTRELLA DEL NORTE

¡Y aquí estoy de nuevo! ¡Holitas a todos! Ya sé que deben de odiar esa palabra, "Holitas"; la he puesto en prácticamente todos los capítulos, pero bueno... Cada cual con su jerga... Bueno, antes de presentarles estos dos cuentos cortos nuevos, quiero disculparme, porque por cosillas de tiempo no podré contestar sus reviewsss... Así que lo dejo para la próxima vez, ¿okis? Ahora les presento con orgullo este cuento titulado...

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"DE LA PRESENTACIÓN DE MISLIF ANTE EL REY THRANDUIL"

Después de unos días de viaje, Mislif llegó al Bosque Negro, ahora llamado Bosque de las Hojas Verdes, en compañía de la escolta de Elfos que el Rey Thranduil había enviado para ella a Pueblo Gris.

Luego de ser instalada en un gran y bello flet en la ciudad principal, Mislif se puso uno de los vestidos más bellos que tenía: aquel blanco que los Galadrim le habían hecho en su estadía en Lothlórien. Ya preparada, fue llevada hasta una caverna hermosa, que era la gran morada del Rey y su familia. Vale decir que estas cavernas no eran en nada parecidas a las de los Enanos, pues eran menos profundas y mucho más iluminadas; además de ser decoradas con el rico estilo élfico.

Mislif no vio a Legolas hasta el momento mismo de la presentación de la joven ante el Rey del Bosque. Estaba sentado a su lado, en el trono de la estancia, y vestido con unas ropas castañas, decoradas con hilos de plata.

- ¡Mislif, hija de Musolf, de las Tierras Grises septentrionales!- anunció un Elfo en la entrada, junto a dos enormes puertas mágicas.

La joven cruzó el umbral, acompañada de dos elfas a cada lado. Se veía realmente bella, y más porque llevaba como broche de una capa de color plateado a la Piedra Estrella, la cual emitía una cautivadora luz azul ante los rayos del Sol y el fuego de las antorchas del lugar. Mislif alzó la vista para ver a Legolas, quien sonreía dulcemente, sentado junto a su padre, un Elfo de cabellos rubios también, ojos claros, profundos y suspicaces. Estaba vestido de manera esplendorosa, como ya fue dicho; y con gemas y joyas en la corona que cernía en su cabeza. Su rostro era algo severo, pero no frío.

- Bienvenida al Reino del Bosque de las Hojas Verdes, Mislif hija de Musolf. Espero que su viaje haya sido tranquilo y que disfrute de nuestra hospitalidad- saludó el Rey mirándola fijamente y deteniéndose unos segundos en la Piedra Estrella-. Es un gusto conocer a tan digna y noble joven.

- El gusto y el placer son míos, Gran Rey del Bosque- contestó Mislif algo nerviosa, mientras hacía una reverencia-. Y le agradezco sus deseos- Legolas iba a ponerse de pie para saludar a Mislif, pero su padre lo contuvo con un brazo, para decir:

- Me fue comunicado que usted es la prometida de mi hijo, joven dama- en los ojos del Rey había un brillo astuto.

- Así es, Señor- contestó la joven más nerviosa. No le gustaba la mirada del Rey, pues demostraba que no estaba de acuerdo ni feliz con aquella noticia.

- Mislif es mi prometida, padre- dijo Legolas poniéndose de pie, para pararse junto a la joven-. Se merece por eso tu respeto y aceptación.

- No pienso entregarle lo contrario, hijo- contestó el Rey impasible-. Sin embargo, pretendo ser sincero. No me gusta la idea de un compromiso con una Humana, y creo que sería una ofensa para usted, joven Mislif, decirle lo contrario. Puedo ver en sus ojos que es una persona inteligente, y mentirle sería un acto vano- Mislif no contestó, por lo que el Rey dijo-: Esta noche habrá una cena en su honor, joven dama. Me gustaría conversar con usted a solas antes de que se realice.

- Será todo un honor cumplir su deseo- contestó Mislif haciendo una pequeña reverencia.

- La espero entonces- dijo el Rey en forma de despedida.

Mislif y Legolas entendieron las palabras, y salieron de la estancia. Cruzaron el umbral de las puertas, para encontrarse con una mañana fresca y clara entre los árboles.

- Perdónalo- dijo Legolas una vez que estuvieron afuera, y mientras paseaban por el lugar. Llegaron hasta un claro y se sentaron en un tronco caído-. Suele ser prejuicioso, y la idea de que estemos juntos no le gustó mucho.

- Pero es natural que se comporte así- dijo Mislif-. No te preocupes en excusarlo, pues entiendo muy bien la situación en que se encuentra tu padre. Y asimismo la respeto.

- Eres maravillosa- sonrió él rodeándola con un brazo-. Te extrañé mucho estos días. Apenas llegué, y luego de relatarle a mi padre el viaje, le anuncié lo nuestro. Pegó el grito en el cielo al principio, pero lo está comenzando a asumir. Además, fue él quien envió a sus mensajeros por ti.

- Es una buena persona, se nota- dijo Mislif más tranquila por estar con Legolas-. Yo también te extrañé mucho.

- ¿Cómo está el bebé?- preguntó sonriente Legolas-. Aún no se lo he dicho a mi padre, pues espero hacerlo contigo. ¿Cómo está? ¿Bien?

- ¡Oh, excelente!- contestó Mislif, también sonriente-. Hace unas semanas fue la primera vez que lo sentí. ¡Me dio un puntapié!- rió-. Missin dijo que esa era una buena señal, porque quería decir que tenía algo de nuestra familia. Y Hasym dijo que ojalá que me pateara mucho más, para tomar aquello como una venganza por el dolor de piernas que le he causado.

- ¡No me digas!- rió Legolas-. Hasym debe de estar bastante molesto contigo por algo, ¿no?

- No sé de qué se queja- sonrió Mislif encogiéndose de hombros-. Lo único que le pedí en Rivendel fue que me llevara unos cuantos bolsos con vestidos. Le ofrecí llevar un caballo, pero su orgullo de mago fue más grande y no quiso. Cuando las piernas comenzaron a dolerle, quiso montar a Eäros, pero se dio cuenta de que era imposible.

- ¿Eäros vino contigo?

- Sí. Mi madre no consintió que viniera a pie. Está bastante preocupada por mí y me ha mimado mucho.

- Te lo mereces- sonrió Legolas.

- Desde su punto de vista, no creo- rió Mislif-. ¡Imagínate! Su única hija la abandona más de un año, sin decirle nada. Cuando regresa, lo hace en compañía de un mago, cosa que ella odia, y luego se da cuenta de que su hija está embarazada de alguien a quien no conoce. Finalmente, se entera de que ese "alguien" es un Elfo. ¡Oh, sí! Tiene razones para encerrarme, pero la perspectiva de un nieto la ha cegado de felicidad. Además, ya sabes todo el cariño que te tomó en Pueblo Gris.

- ¿Es decir que un final feliz?- preguntó Legolas mirándola fijamente a los ojos.

- Eso espero- contestó Mislif acercando su rostro a él. Juntaron sus labios, y todo se esfumó. Algunos Elfos que pasaron por ahí discretamente, sonrieron ante tan dulce escena.

- Sólo respira hondo y sé sincera- se decía Mislif antes de partir hacia el lugar de la cena en su honor. Estaba en su habitación, dentro de aquel gran flet, mientras se miraba a un espejo y se arreglaba para estar lo más presentable posible. Se puso un vestido azul claro, traído desde Minas Tirith, y que hacía juego con la Piedra Estrella, que llevaba en el cuello como collar.

A eso de las ocho de la tarde, un elfo fue a buscarla para llevarla ante la presencia del Rey. Mislif lo siguió, mientras sentía que su corazón latía nerviosamente. Esto de conocer al padre de su prometido se le había hecho más complicado de lo que parecía.

Llegó hasta la caverna nuevamente, pero fue llevada a una habitación contigua al trono. Ahí estaba, sentado e impasible, el Rey del Bosque. La habitación era amplia, estaba iluminada con unas lámparas muy bellas; había alfombras y butacas bellas también.

- Bienvenida nuevamente, Mislif hija de Musolf- saludó el Rey poniéndose de pie.

- Buenas noches, Gran Rey- contestó Mislif haciendo una reverencia.

- Ven. Toma asiento- sonrió el Elfo mostrándole una butaca frente a la suya. Mislif se sorprendió un poco que la tratara de 'tú', pero así se sintió un poco más tranquila-. Legolas me ha hablado mucho de ti- comentó el Rey-. Me ha dicho que fuiste parte de la Comunidad del Anillo.

- Así es.

- Es algo digno de tener presente, más aun si eres mujer; la única entre ellos, me parece- sonrió Thranduil el Rey-. Debes de ser muy valiente para haber emprendido semejante viaje, con los peligros que traía, ¿o me equivoco?

- Ser valiente es algo que he tratado de hacer- contestó Mislif-. Pero más que valentía, era una especie de ignorancia frente al peligro, pues desconocía mucho de lo que pasaba.

- Aun así pudiste haber dejado todo y quedarte en algún lugar- dijo el Rey- . Debes aceptar que eres una persona digna de admiración.

- Le agradezco sus palabras, Señor- contestó Mislif algo ruborizada.

- Sin embargo- continuó el Elfo-, no puedo evitar sentir cierto rechazo ante la idea de tu compromiso con mi hijo Legolas. Elfos y Humanos son una extraña unión, y que no se había visto muchísimos años. A pesar de que el nuevo Rey Elessar haya contraído matrimonio con Arwen Undómiel, hija de Elrond, esto sigue siendo muy poco frecuente, ¡bastante, diría yo!.

- Lo tengo muy presente, Señor- dijo Mislif mirándolo fijamente-. Y es por eso que dudé en tomar esta decisión final.

- Yo también estoy dudando- suspiró el Rey poniéndose de pie-. ¿Has pensado, Mislif, que Legolas tendrá que dejar la vida en esta Tierra por ti?

- Es lo único que maldigo de esta situación- murmuró la joven cerrando los ojos con pesadumbre. El Rey la miró unos instantes sin decir palabra alguna- . Le he propuesto a Legolas rehacer su vida, o algo por el estilo, pero se niega- dijo abriendo los ojos.

- Conozco muy bien a mi hijo, Mislif, y sé que no aceptará lo contrario- dijo Thranduil-. Cuando toma una decisión no vuelve atrás, y dudo mucho que comience a hacerlo ahora, pues se nota que siente un profundo amor hacia ti.

- Él es maravilloso- sonrió Mislif con ternura-. Tiene un gran hijo, Señor. Y no dude en que yo le profeso el mismo amor.

- Aun así- dijo el Rey mirándola fijamente-, ¿por qué habría yo de consentir que mi hijo se casara contigo, si tendría un final triste y breve?

- Porque Legolas, y por favor no se ofenda, se ganó la libertad de hacerlo- contestó Mislif mirándolo fijamente.

- ¿Se ganó la libertad?- preguntó el Rey ceñudo-. No entiendo.

- Lo que menos quiero es ofenderlo, Señor mío- dijo Mislif poniéndose de pie-, pero no puedo dejar de decirle esto: Legolas, al viajar con la Comunidad del Anillo, se ganó su libertad, pues para eso luchamos todos: por la libertad del Pueblo al que representábamos. Creo poder asegurar que fue uno de los pocos Elfos que se arriesgó así en un lugar que no era el suyo. No creo haber visto a Elfo alguno involucrado directamente en aquella guerra, que de paso los dañaba también; pero sí vi a miles de Hombres morir en los campos de batalla, luchando por lo que creían. Y entre ellos estaba Legolas, en un lugar al que no pertenecía, donde tal vez no haría mucho, pero representaba a los suyos, que deberían haber estado ahí, si aquella guerra los influía también.

- No creas que estuvimos ociosos en todo ese tiempo, joven dama- dijo el Rey más serio-. Tuvimos que defender nuestras fronteras de los vasallos de Sauron.

- Pero Legolas defendió lugares que no eran de él ni de su gente- replicó Mislif-. Arriesgó la vida por los suyos que no llegaron a ayudarlo. Afortunadamente, salió con bien de todo, lo que le agradezco infinitamente a Elendil.

- ¿Entonces le llamas libertad al hecho de que haya representado con éxito a los Elfos de la Tierra Media?

- Así es. Con el sólo hecho de haber emprendido aquel viaje ya es un gran mérito. Y haber salido exitoso de dicha empresa, lo deja en libertad, pues para eso luchó.

- Tus respuestas son dignas de admiración, joven Mislif- dijo el Rey sonriéndole levemente-. Me has respondido con una noble verdad para mi hijo. Es libre, se ha ganado su libertad, y con eso puede escoger a quien él quiera para casarse.

- Gracias, Señor- contestó Mislif inclinando la cabeza.

- Me gustaría hacerte una pregunta, Mislif, pero no sé si quieras contestármela.

- Si puedo hacerlo, Señor, lo haré con gusto.

- Soy un ferviente admirador de las piedras preciosas, y por eso no he podido dejar de admirar aquella joya que llevas en el cuello- dijo el Rey mirando la Piedra Estrella fijamente-. No me había sentido atraído por joya semejante, tan bella, cautivadora y preciosa, desde que vi la Piedra del Arca, noble tesoro de los Enanos. Esa piedra que llevas es realmente valiosa, pero, ¿me equivoco al pensar que su valor no es sólo material?

- Así es, Gran Rey- contestó Mislif no muy dispuesta a decir todo.

- Galadriel debe de tenerte un cariño grande- dijo, de pronto, Thranduil-. De no ser así, es piedra no estaría en tus manos. Debe de haber visto algo en ti que nunca encontró en algún otro Humano, o que no era necesario en otro.

- ¿Usted sabe qué poderes tiene esta piedra?

- Cualquier Elfo que admire las joyas y que recuerde algunos poderes de ellas, sabrá que muchos han codiciado la Piedra Estrella- contestó el Rey sonriendo-. Si me la hubieran ofrecido a mí para su custodia, ten la seguridad de que no la habría regalado. Pero Galadriel es generosa, y debo agradecerle lo que ha hecho.

- Demasiado generosa ha demostrado ser la Hermosa Dama- dijo Mislif-. Me dijo en Lothlórien que me tendría un regalo, sólo si yo estaba segura del camino que quería seguir. Finalmente, cuando le dije que había escogido quedarme al lado de Legolas, en vez de ser la Reina de Rohan (porque eso me había ofrecido Éomer de Rohan), sonrió y me la entregó, diciendo que la felicidad no siempre llegará si no se sufre un poco ni se dejan cosas de valor en el camino.

- Entiendo- sonrió el Rey-. Ya no tengo de qué preocuparme entonces- suspiró-. Si mantienes la Piedra Estrella contigo, no habrá qué temer por mucho tiempo. Pero prefiero que Legolas no sepa aún los poderes de ella. Así aprovechará al máximos sus días, hasta que sea demasiado evidente que tú no envejeces.

- La Dama Galadriel me dijo algo parecido.

- Bien, bien. Mi hijo y tú tendrán una vida larga entonces, y yo...- miró a Mislif fijamente-, parece ser que tendré un heredero más para mi trono, ¿verdad?- la joven lo miró sorprendida. El Rey le sonrió con dulzura, y ella le devolvió la sonrisa-. Eres portadora de gran alegría, Mislif hija de Musolf, pues tus noticias me dan una felicidad grande. Mi hijo se casará, y tú además traes dentro de ti a un heredero.

- No tengo palabras para agradecerle todo lo que me ha dicho, Rey mío- sonrió Mislif haciendo otra reverencia-. Es generoso, Señor, y nunca dejaré de agradecerle que me acepte.

- Mereces ser aceptada- dijo el Rey-. Además, no sólo tienes mi aceptación, sino que mi respeto y cariño también. Eres una digna y noble joven, y no dudo que amas mucho a mi hijo, y él a ti. Ahora, vamos a comer. La cena debe de estar lista y preparada, y tal vez Legolas piense que te he secuestrado.

- Espero que no- río Mislif feliz. Suspiró con alivio, pues las palabras del Rey le habían caído como anillo al dedo, y se sentía tranquila de saber que todo estaría bien en adelante.

El Rey Thranduil llegó sonriente al banquete, acompañado de una tranquila y alegre Mislif, que se sentó a su izquierda, mientras su hijo Legolas lo hacía a su derecha.

- Propongo un brindis por el compromiso matrimonial de Legolas, Príncipe del Bosque de las Hojas Verdes, y Mislif, Estrella del Norte- dijo el Rey, alzando su copa, hacia los Elfos presentes en el banquete.

- ¡Salud!- exclamaron muchos Elfos felices, antes de beber el excelente vino que estaba servido.

- Por la novia más bella de la Tierra Media- le sonrió Legolas a Mislif en voz alta. Mislif le devolvió la sonrisa antes de beber un sorbo de vino.

- ¡Oh, me harán llorar!- exclamó el Rey riendo- ¡Mi hijo está enamorado! ¡Y yo que pensaba que se quedaría luchando y paseando bajo los árboles toda la vida!

- ¡Padre!- exclamó Legolas ruborizado.

- Sí, sí, sí- rió el Rey-. Mislif, imagínate que una vez quise que se casara con la hija de un noble elfo para que sentara cabeza. Ella había aceptado, obviamente, pero él, ¿sabes lo que hizo él? ¡Huyó! ¡Se fue a esconder al Bosque! Al cabo de unos meses, y cuando yo ya no podía aguantar más, regresó.

- Pobrecito- sonrió Mislif con ternura hacia Legolas, quien miraba algo sonrojado a su padre.

- ¡¿Pobrecito?!- exclamó el Rey-. ¡Pobre de mí! ¡Estuve histérico meses!

- Sí, claro- gruñó Legolas-. En ese tiempo se dedicó a meterse en problemas con los Enanos y los Hombres. ¡Todo por un poco de oro!

- ¡Legolas!- exclamó su padre estupefacto-. ¡Eran ríos de oro! ¡Joyas y piedras preciosas, además! No puedes decir que era sólo un poco de oro, ¡un poco de oro!, lo que custodiaba Smaug el Dorado.

- De todas maneras, estabas más preocupado de quitarle eso a los Humanos y Enanos que buscar a tu hijo- rió Legolas-. Aunque yo no quería que me buscaran.

- Te perdiste una gran batalla, hijo mío- dijo el Rey con un gesto de afirmación-. Pocas veces se ha visto alianza semejante. Tiene el honor de llamarse Batalla de los Cinco Ejércitos a tal evento.

- ¡Oh! ¿Habla de esa batalla a los pies de la Montaña Solitaria?- preguntó Mislif emocionada.

- ¡Claro que sí!- contestó el Rey sonriendo-. Podrías haber estado aquí cuando... ¡Oh, pero si tú aún no nacías!- rió.

- Padre...

- ¡Oh, lo siento!- exclamó Thranduil algo avergonzado-. Es que lo olvidé.

- No se preocupe, Señor- sonrió Mislif.

- Ahora que lo recuerdo- siguió el Rey-, Bilbo Bolsón, aquel hobbit que estuvo presente, ¿es el tío del Portador del Anillo Único?

- Sí- contestó Mislif-. Frodo es su sobrino.

- Ya veo. Gran hobbit ese Bilbo. Muy simpático e inteligente, pero tal vez demasiado misterioso.

- Tenía sus secretos, eso es cierto- sonrió la joven.

- ¿Tuviste la dicha de conocerlo?

- ¡Oh, sí! Cuando llegué a Rivendel lo conocí. Al principio lo confundí con un almohadón, pues estaba vestido de blanco, y casi lo aplasté. Debo admitir que no fue muy cortés de mi parte haberle preguntado "¿Qué es usted?" apenas lo vi, pero no pude evitarlo. Me sorprendió mucho.

El Rey rió largo rato de aquellas palabras de Mislif. Legolas sonreía felizmente, y Mislif también. Cuando hubo parado de reír, el Rey dijo:

- Debes venir con más frecuencia, Mislif. Y así conversaremos mucho, y tú podrás contarme tus historias. Puedo imaginarme que tienes muchas buenas anécdotas.

- Entonces espero poder contárselas- dijo Mislif-. También me encantaría regresar a éste Bosque. Se ve que ha cambiado mucho desde la primera vez que lo vi.

- ¿Habías venido antes?

- Sí. Hace más de un año. Apenas comencé mi viaje, éste fue el lugar de destino, pero no logré llegar hasta alguna ciudad.

- Llegamos de prisa hasta un puesto de vigilancia, padre- comentó Legolas- . Acompañábamos a Hasym el Castaño que buscaba a Radagast el Pardo. Luego ellos partieron hacia Orthanc, y nosotros dos...

- ¿No me digan que...?- sonrió el Rey con picardía-. Puedo imaginármelo: ambos solos, en un puesto de vigilancia...

- ¡Padre!- exclamó Legolas más ruborizado que antes. Muchos Elfos y Mislif, algo colorada, rieron ante aquella escena.

- ¡Fue sólo una broma, hijo!- rió el Rey-. Mislif se ha reído. ¡Me agradas cada vez más, joven dama!- le dijo radiante-. Me faltaba alguien con quien reír de esta forma. Supongo que te quedarás con nosotros un tiempo, ¿verdad? Te ataré a esa silla, si no lo haces.

- Gracias, Señor- rió Mislif.

- No es que no aprecie tu compañía, hijo querido- se apresuró a decir Thranduil-, pero ella parece tomarse todo con más humor.

- Es algo que admiro en Mislif- dijo Legolas mirándola dulcemente.

- ¡Oh, no empiecen!- exclamó el Rey-. ¡Mis ojos se están nublando de lágrimas!

La cena siguió igual de alegre y cómica hasta el final. Después de terminada, Legolas y Mislif salieron a caminar.

- Me alegra mucho que mi padre te haya aceptado así de bien, Mislif- dijo el Elfo.

- Yo también me alegro- dijo ella-. Es una persona muy simpática, de verdad. Me reí mucho con sus anécdotas e historias. Y tú... ¡hay muchas cosillas que no me habías contado!

- ¿Cómo cuáles?

- Como aquella de que te ibas a casar pero huiste.

- Ja, ja. Es que para mí no son cosas importantes, como lo es tenerte a mi lado ahora- sonrió abrazándola.

- Te estás alejando del tema, melamin- rió Mislif abrazándolo-. Pero no importa. Me alegro de estar aquí.

- Yo estoy mucho más feliz, pues todo está saliendo muy bien- hizo una pausa-. ¿Notaste que mi padre miraba mucho aquella joya que llevas, Mislif?- preguntó finalmente.

- N- no... ¿De verdad?- balbuceó la joven-. No lo sabía...

- Tal vez piensa que es bella- dijo Legolas-. Pero nunca lo será tanto como tú- acercó su rostro al de Mislif y la besó dulcemente.

- ¡Oh, me harán llorar de verdad!- se escuchó que decía la voz del Rey Thranduil desde las puertas de la caverna.

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5mentarios... Sólo espero sus reviewsss y que se dirijan al siguiente... ===