LA ESTRELLA DEL NORTE

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"DE LOTHRIL"

Ocurrió que, algo más de un mes después del regreso de Mislif y Hasym a Ithilien, la joven Estrella del Norte descubrió que nuevamente estaba embarazada. Como era de suponer, ella se sorprendió bastaste con la noticia, pero se unió a la alegría radiante de Legolas. Ithril también se sintió feliz, porque la idea de un hermano era realmente buena.

La noticia se propagó en Ithilien, tanto en los Elfos como en el lugar donde vivían Faramir y Éowyn, quienes llegaron a saludar a Mislif. Desde Minas Tirith llegó Arwen Undómiel, junto con su hijo en su vientre. No se habían enterado de la noticia, pero les alegró saberla.

Nuevamente, las celebraciones fueron bastantes, y más porque desde el Reino del Bosque de las Hojas Verdes, el Rey Thranduil había enviado sus saludos y promesas de que pronto los visitaría junto con la madre de la joven.

Y así los días fueron pasando, y Mislif volvía a sentir los síntomas y a hacer lo propio de una mujer en su estado; pero lo único que odiaba era sentirse inútil. Todos la atendían y mimaban con abrumadora cortesía y alegría, tanto que la joven ya se había cansado de repetir "Gracias".

La alegría de Mislif aumentó cuando, una tarde, apareció Legolas en el umbral de la sala donde ella estaba para anunciarle de que habían llegado unos huéspedes muy especiales. La joven, sin recordar algo anteriormente dicho, se puso de pie y por la puerta abierta entraron el Rey Thranduil y su madre.

- ¡Madre!- exclamó la joven, mientras su rostro se iluminaba-. ¡Rey Thranduil! ¡Qué alegría volver a verlos!- corrió a abrazar a su madre, la cual la recibió con gran afecto.

- Se ve que has estado bien- dijo la mujer examinando a su hija-. Sí, te ves bien. Parece ser que el clima de este lugar te ha sido beneficioso, y aun así... ¡no eres capaz de ir a verme!- le gritó; Mislif dio un respingo-. ¡Nos has estado embarazada todos estos años! ¡Deberías, por lo menos, dar señales de existencia en Pueblo Gris! ¡Dar noticias del pequeño Ithril! Si no fuera por el Rey Thranduil, ¡yo no me habría siquiera enterado de que tendré otro nieto! ¡Eres una desconsiderada, Mislif! Al menos tu padre me enviaba noticias, ¡tú no! ¡Yo tengo que venir a verte, pero te lo perdono porque estás embarazada! Ya verás cuando...- se detuvo de golpe. Todos miraron con curiosa sorpresa a la mujer. De pronto, ella se volvió hacia Legolas, con el rostro dulcificado y sonriente-. Legolas, querido- dijo, sin dejar de sonreír-, olvidé felicitarte por tu próximo hijo. Estoy realmente feliz por ti.

- Yo... Gracias, señora- sonrió él, devolviéndole el abrazo a la mujer.

- ¿Vienes sólo a regañarme, madre?- gruñó Mislif-. Tenía pensado ir a Pueblo Gris después del viaje que hice hace unos meses, pero Hasym...

- Claro, déjale la responsabilidad de la culpa a Hasym...

- Ya no discutan, damas- sonrió el Rey Thranduil, quien parecía bastante divertido-. Mislif, mi querida Estrella del Norte, me alegra volver a verte.

- La alegría es mía, Señor- sonrió Mislif, inclinándose ligeramente.

- Nuevamente me das una alegre, buena y excelente noticia: un nuevo nieto- siguió el Rey-. Otro heredero para el trono del Reino del Bosque de las Hojas Verdes. Me parece fantástico. ¡Oh, es cierto! Yo también debería estar molesto contigo, joven Mislif- ella lo miró con sorpresa, pero él sonrió-. He extrañado bastante tus anécdotas e historias- le dijo-. ¿Tienes algunas más?

- ¡Claro que sí, Señor!- sonrió Mislif-. De mi último viaje guardo muchas más, especialmente sobre Hasym. Se las relataré cuando usted quiera.

- Eso me parece excelente.

Y así fue. Además de eso, el pequeño Ithril disfrutó mucho de la visita de sus dos abuelos. Los días siguieron pasando, el bebé dentro de Mislif seguía creciendo, y con él la alegría y expectación de todos. Ya ansiaban saber qué sería: si niño de nuevo, o una niña. Sobre esto último, la madre de Mislif dijo:

- Recuerdo que tu prima Missin me dio un recado para ti, Mislif.

- ¿Y de qué se trata?

- Dijo que esta vez tenía la corazonada, o presentimiento, de que una niñita se uniría a la familia- contestó la mujer, sonriendo-. Ya sabes cómo quedó de decepcionada la última vez. Pobre Missin... Pero ahora está segura, e incluso se puso a tejer y bordar vestidos de todos los tamaños para la bebé.

- ¡No puedo creerlo!- rió Mislif-. ¡Cada vez está peor mi prima!

- Además le envió afectuosos saludos a Legolas...- rió su madre.

- ¡¿Qué...?!- gruñó la joven.

- ¡Vaya, gracias!- sonrió el aludido-. Ella es muy amable.

- ¡¿Amable?! ¡Es una descarada! ¡Ya verá cuando...!

- No grites ni te alteres, Mislif- le interrumpió su madre-. Si sigues enojándote y gruñendo así, el bebé será igual o peor que tú.

- ¿Qué estás insinuando?

- ¡Oh, mi joven dama!- rió Legolas, abrazándola.

- ¡Ay!- se quejó Mislif, de pronto, mientras ponía una de sus manos en su crecido vientre.

- ¿Qué pasa?- preguntó Legolas, asustándose-. ¿Te apreté? ¿Fue el abrazo...?

- ¡Oh, por Elendil! ¡Todos los hombres, Elfos o Humanos, son iguales!- rió la madre de la joven, acercándose a su hija para ayudarla-. No es que la hayas apretado, Legolas querido, son las contracciones que todas las mujeres sentimos antes del parto.

- ¿Quieres dejar de hablar y ayudarme, madre?- gruñó Mislif, con creciente dolor.

- ¡Oh, Elbereth!- exclamó el Rey Thranduil, con Ithril en brazos-. No es que yo huya de los problemas, pero esta situación me pone tenso.

- ¿Qué le pasa a mami?- preguntó el pequeño nervioso.

- Te lo explicaré afuera, hijo- dijo Legolas, tomando al pequeño y saliendo de la habitación. Su padre se fue tras él, mientras algunas elfas ayudaban a trasladar a Mislif a su habitación.

- ¿Y bien...?

- ¿Qué?

- ¿Cómo que qué? ¡Dime!

- ¿Qué?

- ¡Oh, mi joven dama, no me molestes! ¡Dime, por favor, qué fue!

- ¡Oh...!- sonrió Mislif, con picardía. Estaba sentada en la cama, con un pequeño bulto en los brazos, el cual estrechaba contra su pecho. Había entrado Legolas, como primera persona, con el rostro radiante de felicidad, y en aquel momento se hallaba con su esposa-. Missin se pondrá muy feliz al saber que es una preciosa niñita- sonrió la joven, mostrándole la bebé a Legolas.

- ¡Oh, Mislif!- sonrió él, con ternura, mientras tomaba en brazos a su hija-. ¡Es hermosa!

- Tiene el color de tus cabellos- anunció la joven-, pero al parecer sacó los ojos de mi familia. ¡Son verdes!, eso pondrá más feliz a Missin.

- Es una preciosa niña- siguió Legolas-. Sus cabellos se parecen a los míos, pero no son iguales. Son en realidad hermosos: de un color dorado. ¿Sabes a qué se parecen?

- Al color de las flores elanor.

- ¡Exactamente!

- Pero me temo, mi amado Legolas, que llegué antes que tú con la elección del nombre de la pequeña- sonrió Mislif, guiñándole un ojo-. Su cabello brilla como las flores elanor a la luz del Sol, así que la llamaremos Lothril. ¿Qué te parece? Suena muy bonito, ¿verdad?

- Me encanta- sonrió Legolas-. Lothril...- murmuró mirando a su hija-. Eres todo un regalo para nosotros, también para tu hermanito que está esperando poder conocerte.

- ¡Oh, quiero ver a Ithril!

A los pocos minutos, el pequeño ya estaba dentro de la habitación y mirando a su hermanita. La pequeña dormía plácidamente.

- ¿Ella es mi hermanita?- preguntó Ithril.

- Así es. Su nombre es Lothril.

- Lothril... ¿Y puede ir a jugar conmigo?

- Eeeh... Es que aún es muy pequeña, amor- sonrió Mislif.

- ¿Es porque no se ha comido toda la comida?

- No, mi vida- rió su madre-. Es que Lothril acaba de nacer y es muy pequeñita. Tú también fuiste así, aunque no lo creas. Pero a ella le falta mucho para poder jugar contigo.

- Oh...- suspiró Ithril, con decepción-. ¿Tendré que esperar?

- Me temo que sí- dijo Legolas-. Pero tú puedes cuidarla y enseñarle cosas para que después jueguen juntos, ¿qué te parece?

- ¡Bien!- sonrió el pequeño-. ¿Puedo tomarla en brazos?

- Eeeh...- Mislif estaba nerviosa, y una horrible imagen se pasó por su mente. ¿Qué hacer...? Casi se le dio un infarto cuando Legolas dijo:

- Claro. Ven, siéntate a mi lado.

- ¡Sí!- Ithril se sentó junto a su padre, al pie de la cama, y estiró los brazos para tomar a su hermanita.

- Con mucho cuidado...- Legolas puso a la bebita en los brazos del pequeño, pero tuvo especial cuidado de no alejar sus mucho manos de ella. Mislif parecía estar al borde de un colapso nervioso, pero se calmó al ver que todo estaba bien.

- ¡Hola, Lothril!- dijo el pequeño-. Yo soy Ithril, tu hermano. Por favor, crece rápido para que juguemos juntos.

- ¡Cállate!

- ¡Cállate tú!

- ¿Yo? ¡Tú empezaste! ¡Le diré a mamá!

- ¡Ja, ja, ja! Ve y llora como la niñita que eres.

- ¡Grrr...!

- ¿Qué pasa?

- Ithril me está molestando, madre- gruñó Lothril, quien ya contaba con dieciséis años.

- ¿Es eso cierto, Ithril?- preguntó Mislif, quien acababa de entrar en la salita donde discutían los hermanos. La joven dama estaba prácticamente igual en apariencia.

- No la molestaría, si ella negara tanto que le gusta Enarion- rió el joven, quien ya tenía más de veinte años-. ¡Sabes bien que te gusta! ¡Y tú le gustas a él!

- ¡Te voy a...!

- ¡Ya tranquilícense los dos!- exclamó Mislif, sin perder la paciencia-. Son peor que yo, cuando tenía su edad... Tal vez no tanto...- hizo una pausa y luego dijo-: Ithril, deja a tu hermana en paz. Si ella quiere tener novios secretos, no debe ser de tu incumbencia.

- ¡Madre!- gritó Lothril, enrojeciendo.

- Deja su vida amorosa tranquila. Lothril verá cuándo decirnos la verdad- seguía diciendo Mislif, mientras le guiñaba un ojo a Ithril-. Puede tener los novios que quiera. Ella sabrá con quién desea verse en el bosque o en su campo de flores...

- ¡Por favor, mamá!- exclamó Lothril, con el rostro totalemente rojo.

- Sólo estoy bromeando, hija- rió Mislif, encogiéndose de hombros-. Pero no te molestes por las cosas de que diga Ithril. Si te pones colorada por cada vez que te molestan, sea verdad o mentira, más te molestarán. Y ya sabes cómo es tu hermano... Se puede burlar de ti por algún chico, pero él también tiene sus historias y aventurillas por ahí.

- ¡Madre!- exclamó Ithril, enrojeciendo esta vez.

- ¡Oh, no me creas ingenua, hijo!- rió Mislif-. Me parece que ir siempre al jardín de flores de Lothril, donde va Lissëloth solitariamente, es un acto de interés "muy bien disimulado"- Aunque Ithril seguía colorado, él, su madre y su hermana rieron.

- Parece ser que la madre es la más infantil de los tres- rió una voz detrás de ellos. Era Legolas, quien acababa de llegar.

- No puedo negarlo- sonrió su esposa, dirigiéndose a su lado para abrazarlo-. ¿Cómo has estado?

- Muy bien- contestó él-. ¡Oh, Lothril, casi lo olvido! Tienes visitas- bajo el umbral de la puerta de la salita, estaba un joven elfo de cabellos oscuros y brillantes ojos azules. Era Enarion, amigo de Ithril y Lothril, e hijo de un miembro importante de la colonia de Ithilien.

- Pasa, Enarion- saludó Mislif, aguantándose la risa-. Lothril te estaba esperando.

- ¡Madre...! ¡Buenos días, Enarion!- la joven enrojeció ligeramente.

- ¡Uuuuuh!- dijo Ithril, molestando a su hermana; pero recibió su paga, pues su madre dijo:

- ¡Buenos días, Lissëloth!- una elfa, que acababa de entrar también, se acercó tímidamente hacia Lothril, pues era su amiga. Era alta, delgada, de cabellos también oscuros y ojos de color miel. Ithril enrojeció, balbuceó un saludo, e hizo algo sumamente extraño para los presentes: se apresuró a salir con la chica hacia el jardín, mientras ella lo miraba sorprendida y sonrojada.

- Ella venía a buscarme...- murmuró Lothril, atónita-. ¿Por qué se la llevó Ithril?

- Prefirió ahorrarse la burla- rió su padre.

- Creo que estamos interrumpiendo... ¿Vamos, Legolas?

- Claro, mi joven dama.

- Y éstas de aquí tienen alrededor de tres semanas, ¿no son lindas?

- Son hermosas. Se ve que le haces honor a tu nombre, Lothril. Estas flores están realmente bellas.

- Me he tomado bastante tiempo y cuidado para plantarlas como es debido- sonrió la joven. Le hablaba a Enarion, con quien paseaba en el ocaso por su jardín de flores. La joven llevaba algunos meses cultivando estas, de diversas clases y colores, pues eran su afición más grande.

- Se ve que les tienes cariño- dijo Enarion.

- Gracias.

- Yo...

- ¿Qué pasa, Enarion?- preguntó Lothril, mirándolo fijamente.

- Me encantaría que me dieras un poco de ese cariño...- murmuró el joven, ligeramente sonrojado.

- ¡Pero qué cosas dices!- sonrió ella-. Yo te tengo mucho cariño, Enarion.

- Lo sé, Lothril; pero no es como el que yo deseo que me des, ni como el que yo te profeso.

- ¿A qué te refieres?- preguntó la joven, enrojeciendo un poco.

- Esa chica es más despistada que tú, melamin- le susurró Mislif a Legolas, quienes paseaban por el lugar y sin querer habían oído la parte de la conversación.

- Lothril no es despistada- replicó el Elfo en voz baja-, lo que pasa es que ese chico es muy apresurado para ella- Mislif lo miró, y tuvo que morderse la lengua para no soltar una carcajada al ver a su esposo con celos de padre-. ¿De qué te ríes?- le preguntó él.

- ¡Oh, Legolas! Enarion es un muy buen chico y conoce bien a Lothril, créeme que lo sé. No tienes por qué ponerte así de celoso...

- ¿Que no me ponga así?- rió Legolas-. Mislif, cuando te enteraste de que Ithril le había dicho a Lissëloth que estaba enamorado de ella, casi lo encierras en su habitación. ¡Estabas más celosa que cualquiera! Luego, cuando los viste de la mano, casi te pones a llorar de rabia, y después...

- Ya entendí la idea- gruñó ella. De pronto, escucharon la voz de Enarion que miraba hacia los árboles donde estaban Legolas y Mislif, y decía: "¿Oíste algo, Lothril?"-. ¡Ups! Mejor será que nos vayamos, melamin- murmuró Mislif, y acto seguido abandonaron el lugar silenciosamente.

- Ya es hora de la cena...- dijo Lothril, quien no quería seguir con la embarazosa conversación-. Nos vemos, Enarion.

- ¿No me darás alguna respuesta?- le preguntó él, tomándola suavemente de un brazo- No me dejes así, sin saber qué pensar.

- Enarion, te aprecio mucho, lo sabes, pero no sé si...

- Te quiero, Lothril.

- ¡Oh...! Yo también te quiero- sonrió ella, ya sin sentir vergüenza y despejando todas las dudas que podía haber sentido.

- Me alegra mucho oírte decir eso- sonrió el joven abrazando a Lothril. Momentos después, sus labios estaban juntos.

- Voy a llorar...- decía Mislif desde una ventana-. ¡Mis dos bebés...! ¡Oh, no me hagas callar, Legolas, ya sé que me oyen desde Minas Tirith!

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¡Yo también voy a llorar! ¡Esto se me hace muy triste! (En especial, me siento muuuuy cebolla) ¡Buaaaaaaaa! No he dejado de llorar desde que esto comenzó... Pero bueno... Jejeje. Okiles, espero sus reviewsss, ¡bellos, encantadores!. Y también no olviden visitarnos en nuestro WebSite (laEstrelladelNorte.tk) Nos vemos... ¡por penúltima veeeeeeeez! ÚÙ...