LA ESTRELLA DEL NORTE
¡Holitas a todos! El momento esperado y anhelado ha llegado: ¡el fin! El crudo y triste final, la conclusión de meses de historia. (¡Snif!) Gracias de antemano a todos los que han leído, desde hace tiempo o hace poquito, este ficcito. Ahora, les quiero pedir disculpas por haberme demorado tanto con el final del fic.
Okiles... Esto ya empezó... La recta final, final... Estos cuentos, o por lo menos el primero, es algo más emotivo que los anteriores, su título lo dice todo. Espero que les guste este cuento llamado...
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"DE LA DESPEDIDA DEL REY ELESSAR"
- Mislif... ¿puedo preguntarte algo?
- Es evidente que ya lo hiciste, pero dime.
- No quiero sonar muy directo ni hiriente, pero ¿cómo es que en más de veinte años no has cambiado nada? Me refiero a que..., bueno... Estás igual desde el final de nuestro viaje con la Comunidad... ¿Qué has hecho?
- Ya me estaba preocupando que no lo notaras, Legolas- sonrió Mislif, con ternura.
- ¿Qué has hecho?- repitió él, más sorprendido que antes.
- Le he dado uso al regalo que me dio la Hermosa Dama Galadriel- contestó ella.
- ¿Regalo? ¿Cuál?
- Esta joya azul- Mislif señaló el objeto que usaba como broche en el vestido.
- ¿Y qué pasa con ella?- preguntó Legolas, con creciente curiosidad.
- Esta es la Piedra Estrella, la preciada Joya Azul de Aulë el Herrero.
- ¡¿Qué...!- exclamó el Elfo.
- Lo que oyes, pero te lo explicaré mejor.
Mislif se entregó a relatar lo que años antes había oído por boca de la Dama de Lothlórien. Una vez que hubo terminado, Legolas no podía guardarse toda la felicidad que sentía. Estaba maravillado y demasiado emocionado, por eso entendió muy bien por qué la joven no le había dicho la verdad. Así, sus dudas quedaron despejadas y una enorme alegría lo invadió. Mislif se sentía feliz de verlo así y no dudó en devolverle las muestras de afecto.
Sí, ella no moriría en un largo tiempo, lo cual ponía eufórico a Legolas, quien ya planeaba la manera de aprovechar el tiempo juntos y con sus hijos.
El tiempo pasaba, seguía avanzando... Los días, los meses, los años volaban; y con ellos comenzaban a irse los que tenían destinado dejar la vida en aquel lugar. Su madre, Tío Bal, Oliv, Lian, Missin, Alarion. A todos los fue a despedir Mislif, llegado el momento, y siempre sentía que lo que había amado tiempo atrás se esfumaba rápidamente ante sus ojos. Quería mostrarse fuerte, pero era más de lo que podía soportar. Luego vendría la muerte de Éomer, Éowyn, Faramir... No, la verdad era que no podría aguantar mucho...
Sin embargo, ahí estaba Legolas, siempre a su lado y apoyándola en los momentos de tristeza. Le decía que no sufriera mucho por los que debían dejar la vida en Arda, pues la habían aprovechado, y Mislif no se lo negaba.
Con todos los amigos que habían tenido que despedir, Mislif y Legolas pensaban que estaban fortalecidos para los problemas y tristezas que vinieran, pero estaban equivocados: había una despedida que no podrían llevar con la frente en alto, sin sentir que las lágrimas y la tristeza los invadían. La muerte de alguien muy importante y especial para ellos se acercaba: la de Aragorn, Rey de Gondor.
Cierto era que Aragorn había sido bendecido con la larga vida de los Reyes de Númenor, pero también se sabía, porque era obvio, que esa vida no sería eterna. Y eso comenzó a notarse con sus primeras canas en el oscuro cabello, el que luego fue completamente de plata. Tampoco su rostro era el mismo: a pesar de que muchas vivencias crudas y la pasada vida al interperie habían dejado marcado su rostro, el paso de la vejez también dejó sus huellas.
Cierto día, transcurridos muchos años después de la conversación anterior entre Legolas y Mislif, Aragorn visitó Ithilien, con motivo de otro aniversario del matrimonio de sus amigos. Mislif, quien fue a recibirlo junto a su esposo, se llevó una sorpresa atronadora. Sin que alguien la viera, su mano se posó rápidamente sobre su boca, debido a la impresión de la vejez de su gran amigo. Fue entonces cuando de verdad sintió el peso y la fuerza de los años, y se sintió triste, no sólo por la situación de Aragorn, sino que también porque la Piedra Estrella podría haber pertenecido a él.
Tal vez fue por esa cierta culpabilidad, o porque aún no salía de su sorpresa, que Mislif no pudo mirar a los ojos de Aragorn por mucho tiempo. El gris de esos sabios ojos se estaba haciendo más pálido y triste. Mislif esperaba que no se notara su turbación, pero en vano: tanto Legolas como Aragorn se dieron cuenta. Fue por eso que éste último se detuvo a conversar con ella.
- Sé lo que piensas, amiga- le dijo, con una sonrisa tranquilizadora-, y te entiendo. Pero, por favor, no te entristezcas, que esto siempre ha ocurrido.
- Pero, Aragorn... me siento culpable. Tú podrías haber tenido esta Joya de Aulë. Eres mucho más útil que yo en Arda, ¡eres el Rey de Gondor!
- Sí, y por eso mismo no la quiero- replicó él, con fuerza-. Quiero ser recordado como un Rey más de un antiguo linaje, no un tirano que no supo cuándo abandonar el poder. Mi hijo tiene también que asumir el trono, es su destino. No se merecería quedar siempre a la sombra de su padre. Mislif, hace ya mucho tiempo que le negué a Galadriel el poseer esta Piedra Estrella, y ni siquiera tenía entonces seguridad de que lograría ser Rey. Ahora, con mayor razón te la negaré, pues ya he vivido lo que he soñado. Me alegra mucho verte así de joven, amiga, de verdad. Y con respecto a mi vida, ya no me queda más por hacer que disfrutar lo que he logrado, ¿para qué más?
- Eso mismo me pregunto ahora yo- dijo Mislif, más tranquila por la respuesta de Aragorn, pero triste por otro motivo-. Ithril y Lothril tienen ya sus familias, lo que me hace muy feliz, Legolas y yo hemos vivido felices y tranquilos en Ithilien, pero ¿qué más me queda por hacer? Siento que he disfrutado tanto que necesito saber qué más me depara el futuro.
- Pronto los Elfos partirán al Oeste, Mislif, ¿irás con ellos?
- ¿Al Oeste? ¿Por qué?
- Esta es la Era de los Humanos- señaló Aragorn-, y los Elfos sienten que deben buscar su lugar. ¿Irás con ellos? Deja que te mencione esto: las Tierras Imperecederas es el hogar de la inmortalidad, bellísima, pura y nunca tocada por los años; la tierra de la eterna juventud. Sería maravilloso vivir ahí, tenlo por seguro, pero tiene su lado negativo para los mortales: al ser una tierra inmortal, los condenados a morir sienten la triste aproximación de lo que los consumen, es una continúa punzada de dolor, un temor abrasador. No estoy negando que sea el lugar más perfecto de Arda, pero no siempre lo será para quienes no puedan aprovechar al máximo sus dones.
- Tal como les pasa a los Elfos aquí- dijo Mislif-. Viven viendo cómo todo lo que los rodea va muriéndose, va desapareciendo y dando paso a cosas nuevas. Ven a los Humanos constantemente muriendo, y ellos sienten el peso de tener que ver pasar generaciones y generaciones sin poder dejar esta vida naturalmente.
- Eso es cierto.
- Creo que sería justo, para Legolas y para mí, cambiar un poco de posiciones; pero no sé si quiero dejar este lugar.
- Es una decisión difícil- sonrió Aragorn-, pero al parecer tú estás acostumbrada a estas, ¿o no?
- Soy una erudita en situaciones al límite- rió Mislif.
Pasada esta conversación, los años siguieron transcurriendo, sin muchos cambios y en la prosperidad después de la ya lejana Guerra. Sin embargo, ni Mislif ni Legolas olvidaron que con cada año, con cada día, estaban más cerca de perder a su amigo.
Y, finalmente, y para una angustia colectiva, ocurrió. Tan serenamente como había vivido sus primeros años en Rivendel, terminó su vida en Minas Tirith. Sin dolor, sin angustias, sólo con la simpleza de una vida llegada a su fin, Aragorn murió. Sus funerales fueron los más grandes, nunca antes visto algo así, y también los más tristes.
Era muy querido, no sólo en Gondor, y muchísima gente de afuera llegó a despedirlo con rostros apenados. Su fama era también grande, pues ya había asumido el trono siendo un notable hombre, y luego siguió siéndolo. Su pueblo, su familia y sus amigos nunca lo olvidarían.
Legolas, Mislif y sus hijos fueron a Minas Tirith, con lágrimas en los ojos, pero tranquilos y agradecidos por la muerte sin complicaciones de Aragorn. Aquellos que llegaban con un autocontrol de sí mismos, dominando su congoja, lo perdían al ver a Arwen Undómiel, vestida de negro, con su frescura joven oscurecida por el sombrío manto de la tristeza.
También llegó Gimli, quien habló tan poco que parecía que nunca más diría alguna broma. Mislif, que no sabía si él o ella estaba peor, se limitó a darle unas palmaditas en el hombro, las cuales el Enano agradeció. Legolas se mantuvo serio, tranquilo y silencioso, como todos los presentes de su raza. No había más que mirarle su rostro apenado para darse cuenta de que lo peor que le había ocurrido en su vida.
Y Mislif... Mislif, que siempre intentaba mostrarse fuerte, estaba también silenciosa, con unas lágrimas iguales que caían sobre sus mejillas sin más trascendencia. Se mantenía siempre junto a Legolas, tomada del brazo o de la mano de él, pues no sólo la tristeza le provocaba estar a su lado, sino que un miedo comenzó a apoderarse de ella. Aquel miedo provenía al mirar a la solitaria Arwen. Mislif, con el corazón oprimido, recordaba el final de los Elfos unidos a los Humanos: la muerte; esa muerte que Mislif había intentado evitar a toda costa para Legolas, pero en vano, pues él se había negado con un afán insoldable. Mislif pensó que Arwen habría tomado la misma decisión, lo que no sólo afectó a Mislif por la idea de perderla, sino que también, y lo peor, era pensar qué haría o cuánto tiempo pasaría Legolas sin ella. Lo que más le dolía era hacerlo sufrir, y necesitaba prepararse para asumir que aquello ocurriría tarde o temprano.
No quiso tocar el tema con él, pues habría sido repetitivo, así que se guardó para sí todos sus temores. Lo que ocupó sus pensamientos desde entonces, fue la posibilidad de seguir a los Elfos al Oeste. Sería maravilloso pero triste para ella, pero ¿qué más daba si ya había vivido bastante, y si había logrado todo lo que había querido? ¿Qué más daba sufrir si lo haría junto a su amado Legolas?
Mislif, recordando, pensó que sus palabras cruzadas con Aragorn tiempo atrás fueron una despedida, una despedida que le ayudó a Mislif a tranquilizarse con respecto a su amigo, a poder conocerlo un poco más, a comprender por qué lo quería tanto, y a reafirmar su idea de que no había hecho lo incorrecto al estar junto a Legolas. ¡¿Cómo iba a ser lo contrario si era tan feliz y tenía una familia maravillosa! A pesar de todas los problemas del pasado, se alegró de haber sido valiente y de haber tomado la decisión de seguirlo. Y su amor por él la guiaría en lo que vendría, eso lo sabía muy bien.
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¡Sniiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiif, por todo lo que pasó, por todo lo que se viene y porque sí no más XD...! Espero sus reviews y que lean el ¡ÚLTIMO CUENTO! ¡Buaaaaaaaaaaaaaaa! ¡Ejem... favor de seguir la flechita !
