¡NO ESTABA MUERTA ESTABA EN LAS SINUOSAS LAGUNAS DE MI MENTE!
¡FELIZ NAVIDAD! ¡FELIZ AÑO! ¡FELIZ SAN VALENTIN! ¡FELIZ CUALQUIER OTRO WTF QUE ME SALTE EN MI AUTOAISLAMIENTO!
Lo lamento, estuve temporalmente atrapada en el Valle sin Retorno (Referencia al ciclo artúrico: Jean Markale si no lo han leído ignórenlo), bueno estuve perdida sin leer ni escribir por semanas, lo sé y lo lamento. Sí he estado muy inspirada últimamente (más de 25 poemas por Dios santo) Pero no daba con una escena del FF que mantuvo este capítulo en espera por tanto tiempo.
Espero ponerme pronto al corriente con mi lectura de FF's y mientras les traigo esto, por ahí hasta me dijeron 'que dejara de hacer cosas adultas y volviera' xDDDD pues aquí estoy! La canción es Breathing Slowly – Crossfade. Sin más que hablar les dejo el capítulo:
Animadversión imaginaria
Mimi Tachikawa soltó un sonoro suspiro observando el rojo vino que desprendía de su brazo hacia el pequeño tubo de ensayo conectado a su vena. Realmente odiaba la sangre, aquel líquido brillante y denso que corría por sus venas, el que le dejaba sonrojar sus mejillas, el que hacia bombear su corazón, el que le daba vida a su cuerpo… realmente lo odiaba. No por el principio de la vida que brindaba aquel néctar rojo, sino por lo que significaba derramarlo: dolor.
¿Dolor físico? No. Ese no era el problema. Odiaba los hospitales, por lo cual odiaba que la arrastrasen hasta allá, ir a un hospital requería un alto grado de preparación psicológica que le causaba daño emocional. Prepararse para sentir dolor, es mucho peor que sentirlo en sí. Y si a eso le sumaba la definición que tenía derramar sangre en su cabeza: desangrarse… ¿acaso no se sentía así todos los días después de que cierto rubio jugara futbol americano con su corazón? Desangrado emocional. Como si día con día Yamato Ishida arrastrase unas gotas más de sangre de su aún latiente corazón… Con Yamato tenía suficiente, ¿Por qué también tenían que llevarse los doctores aquella parte de su vida? Simplemente no era justo.
Suspirando nuevamente, sus ojos chocolate, bailaron desde el tubo de ensayo, hacia su izquierda, donde Koushiro Izzumi sostenía su mano mientras una enfermera le limpiaba el sangrado en el labio del joven.
Sintió deseos de disculparse nuevamente, Koushiro probablemente jamás había sido físicamente atacado por un energúmeno rubio antes, y el que hubiese pasado en esta ocasión era enteramente su culpa.
Bueno. En realidad, era culpa de Yamato, pero aún así se sentía culpable.
Si no hubiera estado con él, entonces el rubio no hubiese perdido los estribos. El sólo pensar en él, le hizo llevar la mirada al otro lado de la sala, donde el rubio se encontraba de espaldas a la pared, con los brazos cruzados y negándose a dejar que le vendaran la mano que había estampado contra la pared de ladrillos en medio de su arranque de ira.
Yamato Ishida no volteaba a mirarles, ni permitía que lo tratasen, sin embargo, los había seguido hasta el hospital.
Mimi soltó un suspiro preguntándose por qué a veces era tan difícil entenderlo.
El rubio sintió la mirada de la muchacha, y un escalofrío se esparció por su columna vertebral, sintiendo vergüenza consigo mismo por el acto de barbarie que había cometido, enteramente consciente de que había perdido tal derecho.
Yamato Ishida envió una mala mirada a la enfermera que cruzó su camino por cuarta vez intentando curarle su mano derecha. No merecería ser tratado, no merecía su atención. Merecía sentir dolor, y una mórbida parte masoquista en su interior deseaba que Koushiro hubiese devuelto más golpes. Tal vez el dolor físico podría distraerlo, nada es peor que el infierno de tu propia mente.
"Who am I to save you?
To try and tame you, now that you are free of me?"
Reclinó la cabeza hacia atrás, vagamente consciente de que sangraba, y de más obsesionado por el reflejo en el cristal de la ventana: Koushiro Izzumi sosteniendo la mano de Mimi Tachikawa.
La parte izquierda de su cerebro era muy categórica en este punto: Koushiro sólo trataba de ayudar, Mimi odiaba los hospitales, las agujas y la sangre, era un acto diseñado para darle valor y que ella no se sintiese sola. El pelirrojo la conocía bien, y Yamato había estado en su lugar muchas veces en el pasado, sosteniendo su mano hasta cuando se raspaba una pierna. Se ponía como una niña, adorable y vulnerable como si pudiese ser rota por un suspiro, y ese mero acto de caballerosidad le infundía valor. Lógicamente, Yamato comprendía que Koushiro meramente trataba de ayudar, el pelirrojo no jugaba sucio y de algún modo le alegraba que Mimi tuviese alguien en este momento que la hiciese sentir mejor.
Sin embargo, la parte derecha de su cerebro, su cerebro límbico y reptil, donde sólo vivían sus emociones e impulsos, le gritaban que terminara de matarlo a golpes para que dejara de tocar a SU Mimi. Sus impulsos animales únicamente querían golpear a Koushiro con la bandeja del curetaje hasta que le entrase en la cabeza que invadía terreno ajeno.
Yamato apretó ambas manos, causándose más dolor en la mano herida, y aguantando las ganas de seguir a sus impulsos. Intentando por cada medio posible que su cerebro lógico ganase aquella batalla, por el bien de todos.
El rubio logró fijarse en el hermoso reflejo de Mimi, aislando la imagen de Koushiro, intentando concentrarse únicamente en el brillo de sus ojos y el sonrosado de sus mejillas.
Soltó un suspiro exasperado. Aquella tarde él únicamente había pensado en disculparse nuevamente, en poder perderse en sus ojos aunque sólo fuese por meros segundos. Necesitaba sentirla con tal ahincó que su piel ardía con el mero pensamiento. Extrañarla ya ni si quiera era masoquismo emocional, su mente se había encargado de encarcelarlo en su propio cuerpo, robándole la voluntad de hacer, pensar o decir cualquier cosa que no se relacionase a ella, sintiendo como si su cerebro hubiese sido implantado con un atajo para llevar cualquier pensamiento de vuelta hasta Mimi Tachikawa, como el experimento de seis grados de separación:
'Banana. Las bananas son amarillas. No me gusta el amarillo. No conozco a nadie que le guste el amarillo. A menos que cuentes gente que se viste de amarillo. Mimi tiene un vestido amarillo… pero esa es Mimi, no el amarillo. Mimi es hermosa… la extraño tanto…'
Yamato suspiró exasperado, en su mente Mimi nunca se alejaba por más de seis pensamientos, a veces a muchos menos de distancia. Como si su cerebro se negase a pensar en nada más, recordándole que merecía pensar todo el día en el daño que había causado: su cárcel particular. Su propia mente le había dado la espalda, igual que sus amigos, nadie estaba de su lado… ¿Por qué habrían de estarlo? Merecía el castigo.
"But next time when you break down,
is it me you'll take down, you on your knees?…"
Sus macabros seis grados de separación eran parte de su condena. No podía sacarse a aquella mujer de la cabeza, aún si quisiera hacerlo. Estaba atrapado.
Yamato reprimió los deseos de estampar su cabeza repetidamente contra la pared a ver si con eso retomaba la lógica que había seguido en el segundo que dejó escapar la singular mejor cosa que le paso en toda su vida. Siendo incapaz de si quiera recordar su status mental al tomar esa decisión, seguía siendo incapaz de responder la pregunta que más necesitaba oír Mimi "¿Por qué?" quizás si se golpeaba suficientes veces la cabeza podría encontrar esa respuesta…
"So, who was I to hurt you, to desert you when you needed me there?"
Apretando los puños, entornó los ojos en el reflejo del cristal para observar también a Koushiro, quien no le quitaba la vista de encima a la castaña, sin si quiera prestar atención a lo que le hacían a él mismo.
Koushiro estaba enamorado de Mimi, todos habían sabido eso por años, un secreto tácito que nadie señalaba por código de honor. Probablemente, la única persona ingenua a aquello era la propia receptora de los afectos de Koushiro: Mimi, sin duda, todos los demás lo sabían. No porque Koushiro hubiese hecho nunca nada al respecto, sino, simplemente porque era obvio para cualquiera que prestase atención al modo en el que observaba a la castaña. Un modo muy similar a la mirada que enviaba Yamato en la misma dirección.
Sin embargo, Koushiro jamás había intentado sabotear su relación de ninguna manera, y Yamato sabía eso. Era un hombre honorable y un amigo leal. Pero aún seguía siendo hombre, por lo cual él estaba seguro de que si se presentaba la oportunidad aquel noble amigo sería sin duda su oponente. Ningún hombre en su mente cuerda pasaría la oportunidad de tener a su lado a una mujer como Mimi. Menos uno que ha pasado años admirándola en secreto.
Aquel pensamiento helaba el corazón de Yamato con intensidad criogénica. El pelirrojo no era como los otros idiotas con los que Miyako le arreglaba citas, quienes probablemente sólo buscarían aventuras momentáneas o a quienes Mimi les cerraría la puerta en la cara por desinterés.
El pelirrojo era diferente… Koushiro de hecho podría hacerla feliz… y eso lo dejaría en la nada… y aquel era el pensamiento individual más aterrador que Yamato Ishida jamás se habría planteado escuchar…
+*+ Una Hora Antes *+*
Un estruendoso frenazo resonó en la esquina más recóndita de la mente de Yamato Ishida, trayéndolo como un bólido de vuelta a la realidad. En medio de su desesperación y arranque de ira, había cruzado la calle, cual alma que lleva el diablo, sin mirar a los lados. Un pequeño auto negro estuvo a milímetros de atropellarlo, mientras que uno verde a su izquierda tuvo que virar para no chocar con un camión a su lado. En una inspección visual, muy vaga y corta, Yamato pudo notar que muchos automóviles habían tenido que frenar o desviarse para no llevárselo por delante o chocar con sus vecinos que frenaron bruscamente a su causa, ello había ocasionado un embotellamiento en plena avenida principal. De todos los autos a su alrededor, pares de ojos furiosos observaban al rubio, gritándole vulgaridades a través de sus ventanas cuando pasaba a su lado.
Todo aquel desastre había ocurrido en cuestión de segundos, siendo un espectáculo para cualquiera en un rango suficientemente cercano para observarlo, sin embargo, Yamato Ishida probablemente olvidaría todo aquel estruendo en cuestión de segundos, únicamente una cosa ocupaba su mente en ese momento. Sus ojos zafiro estaban clavados enteramente en las dos figuras a meros dos metros de distancia.
Mimi Tachikawa y Koushiro Izzumi, ya no se abrazaban, ahora se encontraban de pie, con expresiones gemelas de palpable confusión, mientras reconocían al causante de la tribulación urbana.
Yamato Ishida, cruzando a rápidas zancadas el espacio que los separaba alcanzándolos en cuestión de segundos, ignorando las interrogantes de Mimi, se abalanzó directamente hasta Koushiro dándole un puñetazo tan fuerte que el pelirrojo se fue de espaldas hasta el piso por el impacto del golpe.
Mimi soltó un pequeño grito de sorpresa, y se atravesó en su camino al ver que Yamato iba ya en busca del siguiente golpe.
"¡YAMATO! ¡¿TE HAZ VUELTO LOCO?" gritó Mimi histérica en su dirección, abriendo los brazos para impedirle el paso hacia Koushiro.
Yamato ni si quiera volteó a mirarla, demasiado furioso para fijarse en algo más que el 'objetivo' frente a él.
"De pie, Izzumi" ordenó con voz fría "no me hagas golpearte en el piso" soltó Yamato. Los ojos de Mimi se ensancharon al oírlo.
"¡Yamato!" gritó Mimi dando una patada en el suelo y moviéndose para impedirle irse contra su amigo.
"¡¿Qué diablos pasa contigo, Yamato?" soltó Koushiro, al tiempo que se colocaba de pie.
"¡PASA QUE VOY A MATARTE, IZZUMI!" gritó Yamato esquivando a Mimi y lanzando otro puñetazo en dirección al genio de las computadoras. Koushiro lo esquivo, con una mirada de confusión "¡Deja de esconderte detrás de ella, cobarde!"
"¡Yo no me estoy escondiendo detrás de nadie, si tienes algo que resolver conmigo porque no empiezas por decirme que demonios es!" soltó Koushiro dando un paso hacia el rubio, y retirándose de la protección de la castaña.
"¡Hey, hey! ¡Ya basta! ¡Quietos los dos!" soltó Mimi atravesándose en seguida entre los dos, con Koushiro a sus espaldas y observando a Yamato, dejó una mano en el pecho de su exnovio alejándolo, y tomó con la otra el brazo de su amigo para que se mantuviera quieto tras ella.
"Brillante, Izzumi, ¿la usaras como escudo?" soltó Yamato, prácticamente gruñendo de furia al verse obstaculizado para ejercer forma física en su ira interna.
Koushiro apretó los puños con fuerza y esquivó a Mimi, logrando empujar a Yamato por el pecho, con fuerza.
"¡Si alguien aquí tiene fama de usar a la gente, CREÉME que no soy yo!" soltó el pelirrojo, sabiendo que aquel sería un golpe bajo para el rubio.
Yamato se tornó blanco al escuchar sus palabras, elevando su nivel de furia contenida a un nuevo escalón desconocido. Ambos muchachos se acercaron, dispuestos a resolver aquello a golpes. Hubo un forcejeo, que la castaña fue incapaz de separar por más que lo intento, donde ambos muchachos intentaron golpearse mutuamente, hasta que Yamato ganó el forcejeó propiciando otro puñetazo que envió a Koushiro al suelo.
"¡YA BASTA!" gritó Mimi, arreglándoselas para empujar a Yamato hacia atrás "¡Tendrás que golpearme a mi primero, Yamato, pero a Koushiro lo dejas en paz!" decretó la muchacha alejándolo con ambas manos.
Yamato logró esquivarla por un momento, ignorando por completo sus palabras, pero la muchacha se giró rápidamente hacia él dándole una fuerte cachetada en la mejilla izquierda.
"¡CÁLMATE, YAMATO!" ordenó la muchacha sin dejar de escudar a Koushiro de su furioso ex "¡Cálmate en este mismo instante y ALÉJATE DE KOU-CHAN!"
"So now that you've learned to hate me… You finally set free… I fall to my knees"
El rubio la observó fijamente, deteniendo sus movimientos frenticos, como si su cuerpo fuese controlado por hilos que ella controlaba, manteniéndose simplemente inmóvil frente a ella. Mimi lo observó por unos segundos, como midiendo su nivel de obediencia, cuando estuvo segura de que no se lanzaría nuevamente en contra de Koushiro, la muchacha se giró, arrodillándose rápidamente junto a su amigo.
"¿Te encuentras bien, Kou-chan?" preguntó bajando inmediatamente su tono de voz, y reemplazando su mirada indignada por una de preocupación.
Yamato apretó los puños, siendo incapaz de observar a SU Mimi consolando a alguien más. Soltando un gruñido, que asemejaba bastante al de un animal enjaulado, el rubio giró hasta quedar de espaldas a ambos.
La ira contenida en su interior era de tal magnitud que sus manos comenzaron a temblar al no tener a quien golpear ya. El murmullo de las palabras de Mimi a Koushiro lo torturaban como un canto de guerra macabro, y sentía que su cabeza explotaría en mil millones de pedazos si no podía controlar sus impulsos de descuartizar a Koushiro en pequeños pedazos de sushi.
La oleada de ira que creció en él se convirtió rápidamente en un tsunami tan fuerte que de hecho logro marearlo. Su visión estaba contaminada, no podía distinguir más que sombras, y su mente se negaba a dejar de tener otro pensamiento que no fuese su peor pesadilla. Se fue quedando sin aire, al parecer había olvidado como soltar el aire de sus pulmones, y su mandíbula estaba apretada con tal fuerza que seriamente temió que se astillaría los dientes.
La mente del rubio iba a mil por hora, creando una serie de imágenes macabras diseñadas con el único propósito de su tortura: Koushiro y Mimi en una cita, Koushiro y Mimi tomados de la mano, Koushiro y Mimi riendo juntos, Koushiro y Mimi besándose…
Sin poderse contener ni un sólo segundo más, Yamato se dirigió a la pared de ladrillo y la golpeó tantas veces como le fue posible con su puño derecho, propiciando cada golpe con toda la fuerza e ira que se embotellaba en su interior. El crujir de sus huesos al estamparse con la pared era tal que para el momento en que le fue imposible seguir golpeando la pared sin gemir de dolor, asumió que se había fracturado ya la mano.
"I'm breathing slowly… like you said to do when you had lost control
my head spins from God's wind that carries you away from me…"
"Yama…" escuchó el suave murmullo a su derecha, aquella voz melodiosa y algo infantil que poseía un efecto casi automático en sus sentidos. Giró levemente su rostro para encontrar los ojos chocolate de ella mirándolo muy abiertos y asustados.
Se sorprendió, de encontrarse a sí mismo incapaz de sostener la mirada, y la bajo instintivamente a su mano derecha. Ojala aquella mano doliera más que su corazón en aquel instante.
"Estas sangrando" soltó inmediatamente Mimi halando su chaqueta para tomar su brazo y examinar de lejos su mano.
Yamato alzó la mirada a ella, sintiendo como su ira se desvanecía a la mera visión de sus ojos preocupados, como si lo hiciesen caer en un sueño.
"Parece que está rota" respondió Koushiro a su lado, haciendo que Yamato despertase de su ensueño. Sus ojos azules se dirigieron a los de Koushiro, que no lo miraban a él, por el contrario estaban fijos en Mimi.
Yamato frunció el ceño preguntándose porque no mantenía distancia, aún con una mano rota podría matarlo a golpes, y Koushiro lo sabía.
De pronto lo entendió: no se alejaba por Mimi. Esa realización le causó un nuevo hoyo en el corazón.
Mimi miraba horrorizada a Koushiro, pero Yamato no lograba entender sus palabras, como si se encontrase sumergido en un universo paralelo, muy lejos de ellos dos. Pudo distinguir un murmullo lejano sobre 'ir al hospital' y observar la alarma en el rostro de Mimi multiplicarse al notar que Koushiro sangraba también.
Yamato fue cayendo en una especie de ensueño, como si su cerebro límbico hubiese colapsado por aquel arranque intenso y ahora simplemente durmiese en un mundo lejano. Fue vagamente consiente de la alarma en la voz de Mimi por arrastrarlos a ambos al hospital, meramente dejándose llevar, sin pensar en nada, aislándose por completo del mundo que lo rodeaba, intentando concentrarse en el dolor de su mano y no en la escena frente a él.
"Sólo es un golpe, sangrado leve, yo no tengo que ir al hospital" exclamó Koushiro a su lado "él es otro tema, deberían vendarle el brazo, pero yo solamente te acompañaré"
"De ninguna manera, tienen que atenderlos a ambos, Kou-chan" regañó Mimi enviándole una mirada severa a su amigo.
Koushiro soltó una sonrisa condescendiente, cediendo inmediatamente al pedido de Mimi, como si sus palabras fueran ordenes reales, y él físicamente incapaz de desobedecerlas. Yamato entendió perfectamente aquella acción: No era fácil tarea decirle que no a alguien que te mira de esa manera… De la manera en la que Mimi observaba a Koushiro en aquel momento: con ojos brillantes llenos de interés y preocupación.
Yamato no estuvo seguro de en qué momento comenzaron a caminar, siendo simplemente impulsado por una fuerza invisible que le impedía apartar la vista de las dos personas frente a él. Aún arrastrado por un ensueño desconocido, los observaba a ambos hablar pero sólo procesando partes de su conversación.
"Ya que vamos a ir al hospital, no te escaparas de tomarte la muestra de sangre" escuchó decir a Koushiro en una parte del camino "No creas que he olvidado lo que dijo Jou sobre tu salud"
Mimi le envió una mirada sorprendida.
"Odio sacarme la sangre" soltó Mimi, cerrando los ojos en aire dramático "además, vamos porque ustedes están heridos, no tiene nada que ver conmigo"
"Lo sé, pero debes cuidarte" insistió Koushiro dejando una mano en el hombro de la muchacha "no quiero que te pase nada. Tener anemia no es un juego"
Yamato abrió los ojos al escuchar la última línea y giró a observar a su exnovia, esperando que corrigiera aquella afirmación sobre su salud. Sin embargo, la muchacha simplemente asintió en aire derrotado.
"Sé que tienes razón… pero realmente odio sacarme la sangre" insistió en aire infantil.
"Estaré a tu lado todo el tiempo" prometió Koushiro con una sonrisa, que le hizo doler su labio roto, lo cual la convirtió en una mueca.
"¡Oh! ¿Estás bien? Lamento mucho que tengas que pasar por esto" se disculpó la castaña, avergonzada y con un fuerte tono roza en sus mejillas.
Ningún otro sonido alcanzó los oídos de Yamato, mientras los hilos de sus pensamientos seguían el tren lógico que aquella escena le mostraba.
Mimi estaba observando a Koushiro como amigo, sin duda alguna, como una leal, preocupada y atenta amiga. Le trataba con su característica dulzura y afecto. Pero había algo más, algo que aún no podía definir, pero que se vislumbraba hacia… predilección. Podía comprender que quisiera protegerlo, era parte de su carácter, pero hablar con Koushiro sin voltear a ver a Yamato, correr a su lado a revisar su estado antes que darle su atención a él… eso era diferente.
Koushiro de algún modo poseía un grado de atención mayor al que Mimi le brindaba a cualquier otro de sus amigos. Quien más que él, Yamato Ishida, el último amigo que se robo su corazón podría identificar con exactitud aquel comienzo de 'algo' lo que sea que fuese…
'Lo quiere…' dijo en seguida una voz en su cabeza, burlándose de él.
"Looks like you got away from me this time for good…"
+*+ Presente *+*
Yamato cerró los ojos con fuerza, deseando ser capaz de pensar en algo más, cualquier cosa, que no fuese el inminente 'algo' que podía vislumbrar frente a él.
No había golpeado a Koushiro por propasarse con Mimi. No lo había golpeado porque creyera que tenía malas intensiones. No había golpeado a aquel pelirrojo por ser mala persona o por intentar 'robarle algo'.
Yamato Ishida meramente atentó contra la integridad física de Koushiro Izzumi por una razón muy simple…
"Deja que te atendieran la mano, Yamato" escuchó decir a su izquierda. El rubio giró levemente sus ojos en esa dirección, sin sorprenderse al encontrar a Koushiro allí.
Guardando silencio, Yamato simplemente apretó los puños, conteniendo el deseo de terminar lo que había comenzado una hora antes.
"Realmente deberías alejarte de mí, Koushiro" advirtió sinceramente Yamato, usando el tono de voz más amenazante que fue capaz de articular, incapaz de saber cuánto tiempo soportaría sus impulsos.
Koushiro soltó un suspiro, sin inmutarse o intimidarse por su clara amenaza.
"Te trajo aquí para que te curaran la mano, Yamato. Porque está preocupada por ti" dijo el pelirrojo enviándole una mirada severa.
Yamato estampó nuevamente la mano contra la pared a su derecha, causándose más daño y repitiéndose que merecía el dolor.
"Eres tan infantil. No es el momento de que te hagas la víctima, Yamato" regañó Koushiro dando un paso hacia él.
Yamato giró su cuerpo hacia el pelirrojo, usando su ventaja en altura como un arma de intimidación, y enviándole la mirada más fría que sus ojos azules hubiesen utilizado en toda su vida.
"Since those days have passed me by, I'm in and out of life, the way you used to be…"
"Cuida lo que dices, o no me hago responsable de lo que te haga, Izzumi"
Koushiro frunció el ceño, mirándolo desconcertado.
"Realmente no lo entiendes, ¿verdad? No tiene nada que ver conmigo, si quieres golpearme: adelante" soltó.
"¿Para que Mimi siga creyendo que eres una indefensa víctima? Sí, claro. Sólo viniste aquí a provocarme"
"¿Provocarte? No puedes ser lo suficientemente idiota de creer que algo de esto podría impresionar a Mimi" dijo Koushiro en tono condescendiente "Y si hay alguien aquí pasando por víctima, ese alguien eres tú, Yamato"
"¿Yo?"
"Sí, tú. Pero estas tan sumergido en tu egoísmo que ni si quiera te das cuenta. Crees que pararte aquí sintiendo dolor es alguna especie de redención, pero te equivocas. Mimi está preocupada por ti, y cada segundo que pasas aquí a la única que estas castigando es a ella… ¿si quiera la conoces? ¿No te das cuenta que está sentada allá echándose la culpa por toda esta situación? ¡Perdí la cuenta de cuantas veces me ha pedido disculpas! Y créeme, si no estuviera tan molesta contigo estaría aquí pidiéndote disculpas también. Disculpas por estar conmigo, disculpas por hacerte sentir así, disculpas por cosas que no tienen sentido ¡Porque así es ella, se echa la culpa de todo y tú lo sabes! ¡Lo sabes y… ¿Qué? ¿Ahora vas a usarlo para victimizarte?"
Yamato alzó las cejas observándolo en silencio.
"Madura, Yamato. Y si tanto la quieres, entonces deja de hacerla sufrir con tu actitud. Es lo menos que puedes hacer. Trágate tu orgullo y dale gusto" soltó Koushiro dándole la espalda, y volviendo al lado de Mimi, quien llenaba en silencio unas formas administrativas para sus exámenes.
Yamato mantuvo su vista fija en el pelirrojo, sin ser capaz de pronunciar palabra. Con lentitud, se dirigió hacia la enfermera más cercana y permitió finalmente que atendieran su mano.
Odiaba admitirlo, pero Koushiro tenía razón en cada palabra pronunciada, y esa era la razón por la cual él había atentado contra la integridad física del joven, una razón muy simple: Koushiro era mejor hombre que él.
"You know I always was the strong one… but now I've come undone,
Sweet release come to me…"
Mimi alzó la mirada hacia el rubio y soltó una sonrisa.
"Por fin permite que lo atiendan, que bueno" comentó la muchacha observando a Yamato.
Koushiro desvió la mirada hacia él, y asintió en silencio.
"Ya veo"
Mimi desvió sus ojos a los negros de Koushiro.
"¿Qué le dijiste?" inquirió instintivamente.
Koushiro alzó las cejas, sorprendido, sin notar que ella se había dado cuenta de su 'conversación' con el rubio.
"Nada que Yamato no supiera ya" contestó simplemente encogiéndose los hombros.
Mimi alzó las cejas sin entender completamente su respuesta.
"Lo que sea que le dijiste, gracias" se apresuró a decir levantándose a entregar su formulario.
Koushiro negó rápidamente con la cabeza, restándole importancia. Mimi sonrió, nuevamente, esta vez por su modestia y sus ojos volvieron a Yamato.
"Realmente no es alguien violento" comentó la castaña "sé que se peleaba mucho con Taichi, pero realmente no es violento… y no lo digo por justificarlo, es que en serio no lo es… es primera vez que golpea a alguien por estar conmigo"
Koushiro se levantó, posicionándose a su lado, sin mirar en la dirección de los ojos de ella.
"No sé porque te golpearía precisamente a ti, Kou-chan, por más que lo pienso, no le veo sentido" insistió Mimi.
"Pues… supongo que nunca lo sabremos" comentó Koushiro encogiéndose los hombros.
"Oh, vamos Kou-chan, alguien tan inteligente como tú debe tener alguna teoría al respecto" exclamó Mimi.
Koushiro suspiró, entornando la vista hacia el rubio, y negó con la cabeza.
"No tengo la más mínima idea de por qué lo hizo" mintió el pelirrojo "pero quizás, si yo sintiera que pierdo a alguien como tú, tendría la misma reacción"
Mimi ladeó el rostro, confusa.
"¿A qué te refieres?"
Koushiro negó con la cabeza, encogiéndose los hombros y le envió una sonrisa.
"A que sus celos se llevaron su cerebro lógico"
"Eso pensé yo. Celos. Pero tiene celos de todo el que me miran y sólo a ti te golpeó, a nadie más… es curioso" comentó Mimi.
Koushiro alzó las cejas mirándola.
"Ahora que lo dices, sí. Es muy curioso" completó Koushiro.
Mimi asintió. Ciertamente era curioso, estando al tanto de todas las citas en las que Miyako la había involucrado, Yamato Ishida jamás había tenido una reacción ni si quiera parecida a la que había tenido aquella tarde. El muchacho siempre había mantenido los ojos pegados a su 'vida social' por si acaso, dándole cabida a una decena de reacciones diferentes.
¿Ira? Numerosas veces, con cualquiera que intentaba darle un beso de buenas noches. Pero jamás había llegado a más de una amenaza o un simple empujón, esta vez fue mucho peor, y algo le decía que pudo ser aún más trágico de lo que fue.
¿Repulsión? Por supuesto, especialmente por el deportista que intento lamerle la cara.
¿Enemistad? Con todos, ninguno le agradaba simplemente por estar en su presencia.
¿Burla? Seguro, como con el muchacho vegetariano que usaba pantalones blancos e intento hacerla 'oír las buenas noticias' de la comuna hippie.
¿Tristeza? Todo el tiempo, los ojos de Yamato brillaban llenos de culpa y remordimiento todos los días.
Pero ataques energúmenos de barbarie, no, esta era la primera vez.
Mimi se mordió el labio preguntándose qué estaría ocurriendo. Yamato y Koushiro eran amigos… de todas las personas que podrían desencadenar aquella ira en Yamato… ¿Por qué tenía que ser Koushiro?
"Kou-chan… No lo entiendo" Koushiro asintió en silencio, evitando contestar.
"Señor Ishida, no puedo curar su mano si sigue presionándola de esa manera" le regaño por quinta vez la enfermera.
Yamato soltó un suspiro exasperado, y desvió su mirada de la escena, extrañando la fría y negra soledad de su apartamento. Siempre había sido asocial, pero en aquel instante la presencia de otras personas a su alrededor estaba causándole náuseas. No podía mirar a Mimi y Koushiro hablar con normalidad, ni tampoco podía desviar la mirada de ellos.
Masoquismo puro. Ni si quiera podía decir que los dos muchachos hacían algo malo, simplemente hablaban sin ningún tipo de contacto físico. Pero la normalidad con la que hablaban era un peor castigo a sí Mimi de hecho tratase de darle celos con el pelirrojo… lo que ocurría frente a él era mucho peor.
Cuando él estaba alrededor, Mimi se comportaba como una frágil mariposa a la que se ha mantenido en las manos restringiéndole el acceso al oxigeno: débil y frágil. Normalmente no estaba en su presencia por más de dos minutos sin estallar en llanto casi frenético y derrumbarse en el suelo como si el dolor que sintiese por sólo verlo fuese demasiado para soportarlo en pie.
Sin embargo, parecía que alrededor de Koushiro la muchacha no sólo era capaz de mantener su compostura, sino de conversar y hasta sonreír…
"Cause I'm breathing slowly like you said to do when you had lost control
my head spins from god's winds that carries you away from me"
"¿Quieres que llame a tu novia para que se siente contigo?" pregunto la muchacha.
Yamato sintió una punzada de dolor en su sien al oírla, cual puñalada en su corazón por cada palabra dicha.
¿Su novia? Mimi Tachikawa no era su novia. Ya no. pero tener que decir eso en voz alta dolía más de lo que su mano jamás podría doler.
"Ella… no es… mi novia…" soltó lentamente con una voz que sonaba enteramente diferente a la suya.
"Oh, lo lamento. Como estas mirándola así… asumí… lo siento" se disculpó inmediatamente la enfermera.
Yamato negó con la cabeza sin mirarla, soltando un suspiro exasperado y deseando que terminara rápido. La muchacha pareció leer su mente, ya que se apresuró a terminar. El rubio se levantó y se alejó del sitio. Debatió por unos segundos si debía o no despedirse de Mimi.
No deseaba nada más que tomarla de la mano y llevársela con él. Pero algo le decía que Koushiro no lo permitiría e, incluso peor, Mimi no querría irse con él. Preguntarle y enfrentar el inminente rechazo era demasiado para su estado actual. Había sido suficiente emoción por un día. Por dios, había sido suficiente emoción por un mes.
Soltando un suspiro de resignación, Yamato se dio la vuelta y caminó en línea recta por el pasillo hacia la salida.
"¡Yama!" escuchó una voz tras él, girando sobre sus talones, con marcada sorpresa, Yamato se dio la vuelta para encontrarse con los ojos chocolate de su exnovia mirándole.
"¿Te encuentras bien?" preguntó la muchacha mirando su mano.
Yamato Ishida abrió los ojos como platos, sin ser capaz de articular una respuesta. No era de sorprenderse que Mimi se preocupase por él, pero que se acercara a él de esa manera y con una normalidad tan 'sociablemente-amistosa' ciertamente era nuevo.
Mimi alzó la mirada hacia él, esperando una respuesta. Yamato le devolvió la mirada, tiñendo la suya de confusión. Los ojos de Mimi brillaban con preocupación genuina, no parecían estar reprimiendo el recurrente llanto y dolor usual.
"Estoy bien" respondió finalmente.
"Me alegro. Deja de hacer locuras, te harás daño"
Mimi asintió, enviándole una débil sonrisa. La primera sonrisa que había enviado en su dirección en mucho, mucho, mucho tiempo…
La muchacha giró sobre sus talones, dirigiéndose hacia Koushiro, y alejándose de él…
"Mimi…" logró soltar Yamato antes de que se alejara, Mimi se detuvo observándole. Yamato tomó aire buscando las palabras más adecuadas para decir lo que sentía era su deber "lamento mucho haber atacado Koushiro. No es mi lugar. Perdí el control"
"No estábamos haciendo nada…" soltó ella en un tono automático de disculpa. Demasiado inocente para entender que aquello nada tenía que ver con eso.
"Lo sé…"
Mimi dio un paso hacia el, mirándolo con seriedad.
"Yamato, no habías hecho nada parecido a esto nunca… ¿Por qué atacar a Kou-chan de ese modo?"
Yamato giró los ojos ante el sobrenombre, odiando oírlo de sus labios. Llevó la mirada de sus ojos zafiro hasta Koushiro, quien, a una distancia prudencial mantenía la vista protectora sobre Mimi.
"Simplemente…" por un segundo, Yamato estuvo a punto de soltar toda la verdad sobre la situación, pero la burbuja de inocencia que rodeaba a su amada y pura Mimi era demasiado frágil para ser rota.
"¿Simplemente qué, Yamato?" insistió Mimi.
Yamato la observó en silencio. Si le dijera la verdad, expondría los sentimientos de Koushiro, su interés en ayudarle y colocaría a Mimi en la horrible posición de enfrentar sentimientos que no estaba lista para asimilar. Le había causado suficiente daño como para empeorar la situación y decir algo que pudiese alejar a la única persona que parecía hacerla sentir mejor.
"Simplemente tuve un pésimo día y no me pude comportar" mintió "Discúlpame con Koushiro, por favor… y dale las gracias de mi parte"
"¿Las gracias?" pregunto Mimi confundida.
"Sí… es obvio que te sientes mejor cuando estas con él… por ello le debo mi gratitud" contestó Yamato dándose la vuelta para alejarse. Dejando a una confundida Mimi observando su espalda.
Yamato Ishida desconocía si todas las señales que creyó ver aquella tarde eran reales o mera paranoia. Quizás todo estaba en su cabeza. Quizás era su propia mente castigándolo. Quizás acababa de presenciar el comienzo de su final. No lo sabía aún. Pero fuera lo que fuera, su vida había empeorado con creces aquel día…
"Looks like you got away from me this time…
you got away from me… you've got away for good…"
Animadversión imaginaria
La mente es el arma más potente que posee un ser humano, puede crear los mundos más bellos, las palabras más brillantes y almacenar conocimientos en mares y mares de carpetas ordenadas. La mente humana convierte lo imposible en posible, la imaginación en realidad, y los sueños en utopía.
La mente humana no conoce límites superpuestos, la imaginación es una serie de gotas de agua cayendo en un océano inagotable, donde podemos crear y destruir a placer. Un lienzo blanco que nos entrega la vida para que llenemos de color y forma individual, única e irrepetible. La mente es un mundo, nuestro mundo, nuestras reglas, nuestro ser.
Ella no se rige por las leyes de la física, o de la vida real a como la conocemos. No existe gravedad, no existe fuerza externa, no existen leyes humanas y la percepción de la sociedad sobre ella jamás llega a tocar su esencia. Nuestra mente es independiente del exterior, independiente de otras personas e incluso a veces independiente de nosotros mismos.
Como en un juego de video: podemos derrumbar nuestras creaciones y edificar sobre ellas, vez tras vez, como un niño jugando con arcilla. Podemos demoler cualquier cosa creada que no supere el control de calidad y crear una mejor. Mejora continua en su máxima expresión, acumula energía y se expande más allá de lo que nuestros ojos pueden ver, de lo que nosotros mismos podemos entender.
En nuestra mente poseemos algo único en su clase: libertad.
Libertad de decir aquello que no podemos expresar.
Libertad de plasmar en ideas lo que sólo podemos imaginar.
Libertad de crear castillos flotantes en el aire, con ladrillos de inspiración.
Libertad de sentir lo que no deberíamos sentir.
Libertad de no dejarnos amarrar con restricciones humanas, y alcanzar la eternidad.
Somos libres en nuestra mente. Pero no somos libres de ella. Somos presos de la parte más sublimemente cruel de nuestra mente: la memoria.
Podemos crear y destruir a placer, pero no borrar las cenizas de lo que quedo plasmado en la memoria, eso que se fundió dentro de los cimientos de tu mundo y jamás podremos erradicar.
La mente humana es un mundo tan perfectamente concebido que posee su propio purgatorio. Un lugar diseñado para almacenar información que no podremos olvidar, el lugar donde se escriben nuestros errores bajo el título de 'experiencia', el lugar donde conviven nuestras decisiones ordenadas en fila militar, el lugar donde se define nuestra infancia y lo que somos en la adultez, el lugar donde se encierra nuestro pasado y la explicación de por qué somos lo que ven los demás hoy.
La memoria es la prisión donde nos encerramos a recordar tiempos mejores o a revivir penas de antaño. La memoria es el sitio donde nacen los límites que voluntariamente superponemos a nuestra mente, es el origen de nuestros miedos y la razón de ser de nuestra mente.
La memoria es el lugar donde nuestras vivencias generan emociones, emociones que se arraigan para siempre en nuestro ser, enlazando hilos dorados alrededor de nuestras creaciones y uniendo caminos que no hubiésemos tomado de no haber experimentado eventos en el pasado que crearan puentes entre personas y temas inverosímiles en su origen.
Cada día que el sol se alza en el cielo, nuestra memoria almacena información nueva, dicha información puede modificar lo que hemos construido, destruir lo que hemos creado y edificar nuevos edificios sobre el mar. Un sólo evento captado por nuestra memoria podría modificar todo nuestro mundo, para mal o para bien.
Extraños pueden volverse amigos. Amigos pueden volverse pareja. Parejas pueden convertirse en enemigos y enemigos podrían pasar a ser extraños. El ciclo de las relaciones humanas no siempre es uniforme y está sujeto a quienes somos, a como pensamos. Todo tiene origen y final en nuestra mente, así el mundo real desconozca lo que ocurre en ella, siempre será el protagonista principal de nuestra vida, nuestro más cruel verdugo y lo más importante en nuestro ser.
Cada vivencia, sentimiento o acción nace en nuestra mente. Una emoción experimentada por nuestro cerebro límbico puede desencadenar una serie de eventos en nuestra mente. Desde la más sombría oscuridad a la más brillante estrella en nuestro cielo. Dicho evento podría revertirse cuando otra emoción tome su lugar, pero el rastro dejado en nuestra memoria sobrevivirá ahí para siempre.
Cuando te quiero, te quiero en mi mente.
Cuando te amo, te amo en mi mente.
Cuando te extraño, te extraño en mi mente.
Cuando te odio, te odio en mi mente.
Si siento rencor, lo siento en mi mente.
Si siento resentimiento, lo siento en mi mente.
Los sentimientos son un tablero de control en nuestro interior. Todo depende de que botón desees presionar, y aún si nuestras decisiones están equivocadas, y nos odiamos a nosotros mismos por los caminos que tomamos, incluso esa animadversión es imaginaria y relativa: todo puede cambiar, cuando nuestra mente nos traicione y presione otro botón emocional…
AGRADECIMIENTOS
Gracias encarecidamente por los 2300 hits :) no me escribe casi nadie, pero bueno, igual se les agradece por leer. Y gracias a los que me han puesto en su lista de Alert's y Favorite's, así no me escriban se les quiere xD
Unas gracias especiales a los que si escribieron:
Andy, , Mareridt, MariiaKaroliina, FernandoBlack, DarkyStar, RossMary (Rossie-Chan), It's a hysteria in me (Q raro nombre Suzu-chan), SiageLove, bela de slytherin, sakatomo-kirumi, paolis, Multicolored Midnight, anna89, MissPerfectLunaStar, KaoruxKenshin, kirstty, Sakura Tachikawa (Ale-chan :'( llegaré a ti pronto lo juroooooo a tu FF claro xD), Silvia, MicaNo, Franny, PrincessLunaMadelaineJulia (Danny-chan ya llegaré a ti también, pronto, I promise), Eri-sshi, MeliLove010, debbylove994, SiageLove, Sumi Tachikawa, Eri.
¡Muchas gracias a todos! Espero no haberles decepcionado con el capítulo. Espero su opinión desesperadamente para sentir que no he perdido a mis lectores :'(
