No estoy muerta. Sólo workaholic, veamos si mis lectores también siguen vivos….


Sentimientos tamizados

Yamato Ishida dejó escapar un suspiro mientras observaba la pared, entre el silencio y oscuridad.

'¿Y ahora qué hago?' se preguntó.

Había permanecido sentado en ese sitio por horas, sin mover ni un músculo. Su mirada perdida lejos de aquel lugar, su cuerpo en una posición desgarbada, con ambos brazos apoyados en la mesa de la cocina, la cabeza ligeramente arqueada hacia adelante haciendo que unos mechones rubios oscurecieran la luz no reflejada en sus ojos zafiro.

'¿Qué puedo hacer?' se preguntó, nuevamente.

Frustrado, Yamato dejó caer su cabeza en la mesa, golpeándose la frente con la madera. Cerrando los ojos, se preguntó seriamente si aquellos golpes ayudarían a que sus neuronas reaccionaran con algún plan.

'¿Cómo dejé que llegara a esto? ¿Cómo permití que la situación se alzara a estos límites? ¿Cómo es posible que ni si quiera lo viera venir? ¡Maldita sea!' Yamato se levantó de golpe dejando caer la silla a su espalda, y pasando su mano sana entre su cabello con violencia.

'Necesito un plan, necesito un plan… ¿Qué diablos voy a hacer?' Yamato dio vueltas caminando por la habitación en aire frenético, como un animal enjaulado, hasta verse acorralado frente a la pared del pasillo.

'Voy a perderla… y me lo merezco' se dijo, apretando los puños, dejando caer su frente al frío de la pared.

Negándose a aceptar la realidad, su cerebro lo bombardeó con millones de gestos románticos en un espiral de esperanza. Nunca había sido talentoso para grandes despliegues de amor en público, pero a lo largo de su relación con la menor de los Tachikawa había aprendido a sacarse unos cuantos As de la manga. Sin embargo, nada de lo que pensaba parecía suficiente para compensarla. Podría pasar meses planificándolo y aún así nada bastaría para borrar lo que había hecho.

Las disculpas no significan nada después de que destruyes el corazón de una persona. No importa cuántas veces las digas, incluso, la frase 'lo siento' pierde valor a medida que es repetida.

Un ruido sordo en la puerta llamó su atención. Yamato Ishida giró sobre sus talones e, instintivamente, miró hacia el reloj 09:40 PM… ¿Acaso podría ser Mimi?

Sin detenerse si quiera a pensarlo, el muchacho cruzó la habitación casi corriendo, con una necesidad de abrazarla tan grande que superaba cualquier otro impulso en su cuerpo. Peleó con las cerraduras y abrió la puerta de golpe.

"¿Mimi?" preguntó el muchacho, antes de ser knockeado de un solo golpe en la mejilla izquierda que lo hizo caer al suelo, instantáneamente.

Yamato gruñó por la combinación del golpe, el impacto de su espalda en el piso y la realización de quién lo había golpeado.

"Maldición, Yagami, por todos los demonios del infierno, que chismosa es Miyako Inoe…" soltó Yamato limpiando la sangre de su labio con la manga de su suéter negro.

"Así que ahora te dio por golpear a tus amigos, eso debe ser un nuevo punto bajo para ti" soltó Taichi caminando hasta quedar junto a su cabeza mirándolo con una expresión divertida, Yamato giró los ojos en fastidio, haciendo que Taichi soltara una carcajada y señalara con vehemencia: "Amigo… te ves horrible"

Yamato giró los ojos nuevamente, y se apoyó en uno de sus brazos para incorporarse.

"Lo sé" contestó arreglándoselas para ponerse de pie, y observando a su antiguo mejor amigo frente a él. Aquel muchacho, no se parecía prácticamente en nada al que una vez había sido su rival, su cabello siempre rebelde y largo, ahora se resumía a un correcto corte militar, su ropa desgarbada evidenciaba a un muchacho adentrándose en el mundo de los negocios y sus ojos reflejaban una madurez aparentemente tangible.

"Eso fue muy estúpido, ir por la calle golpeando a Koushiro…" soltó Taichi.

"Lo sé" repitió Yamato mirando a un lado, ahora seguro de que Taichi no intentaría golpearlo de nuevo "¿Te enviaron aquí a castigarme?" preguntó en tono de burla.

"Oh, claro que no. Pero siempre seré el que te baje a la realidad cuando te pongas estúpido. Es nuestro trato" le recordó Taichi.

Yamato alzó la mirada a él sorprendido, y asintió.

"Es verdad"

Mientras hablaban, el muchacho había cruzado ya la puerta, por lo cual Yamato consideró correcto cerrarla detrás de él, asumiendo que tenía motivos alternos para aquella visita aparte de golpearlo.

"Tu casa está hecha un desastre" puntualizó Taichi observando a su alrededor.

"¿Ahora te preocupan mis habilidades de diseñador de interiores?" preguntó Yamato en tono de chiste.

"Sólo dije eso porque es lo que Sora querría que dijera… o eso creo" comentó observando la pila de platos sucios, la ropa tirada en el suelo y la gruesa capa de polvo que cubría sus muebles "Pero, claro, sí deberías tener habilidades estas tomando 'Historia de la Moda' en tu plan de acoso a Mimi… ¿me equivoco?" preguntó el muchacho observándolo de reojo, con una sonrisa maliciosa en los labios "¿Cuál es el plan, Yamato? ¿Cambiarte de bando si Mimi no te perdona?"

Yamato le envió una sonrisa divertida, cruzando los brazos sobre su pecho, dejando el brazo herido por detrás.

"Te enviaron a burlarte de mí" se corrigió Yamato, descubriendo el motivo real de la visita.

Taichi soltó una carcajada, desplomándose en el sofá de un sólo movimiento.

"Nadie me envió" le aseguró "escuche a Sora hablando por teléfono con Miyako"

"¿Las oíste… y?" continuó Yamato observándolo a cierta distancia.

"Decidí venir" completó Taichi, tomando una pelota de tenis de la mesa y rebotándola sobre su cabeza.

Yamato frunció el ceño, confundido, y caminando hasta el sofá.

"¿Por qué?" preguntó confundido.

Taichi giró los ojos y le envió una mala mirada.

"¡Maldición! ¿Me vas hacer decirlo?" explotó el muchacho en un arranque infantil.

"¿Qué?" exclamó Yamato.

Taichi giró los ojos y lanzó la pelota de tenis en dirección a Yamato, quien dejó, por la sorpresa, que se impactase en medio de sus ojos.

"¡Quería saber si estabas bien ¿Ok? ¡Eso! ¡Ahí esta!" exclamó Taichi enviándole una mala mirada, mientras se volteaba desde el espaldar del sofá.

Yamato le devolvió la misma mirada confundida, con la boca medio abierta de sorpresa.

"Grandísimo animal… No puedo creer que me hayas dicho decirlo. Necesitas dosis de testosterona, el despecho te está afectando" soltó Taichi indignado, mientras volvía a acomodarse en el espaldar del sofá.

Los ojos azules de Yamato se expandieron, aún más, como quién descubre una verdad inexplicable.

"¡¿ESTABAS PREOCUPADO POR MI?" exclamó el rubio, casi al borde de la risa.

"Te juro, por Dios, que si me haces decir eso haré que te tragues la pelota, Ishida!" amenazó Taichi, señalándolo con un dedo, sin voltearse a mirarlo.

Yamato observó al muchacho por un segundo, antes de estallar en carcajadas.

"¡Debes estar bromeando! ¿Esto es en serio?" preguntó sentándose junto a Taichi en el sofá. El castaño giró los ojos, mirando al lado contrario y se encogió los hombros en aire de fastidio "¿Una tregua?" preguntó Yamato enseriándose.

Taichi volteó a mirarlo con las cejas alzadas.

"Si me haces abrazarte, terminaré de patearte el trasero" amenazó.

Yamato soltó una carcajada y negó con la cabeza.

"¿Abrazarme? Sora te está quitando la testosterona a ti, hermano" completó el rubio.

"Palabras grandes para la nena con los ojos rojos… ¿Estuviste llorando, Ishida? ¿Vas a llorar frente a mí? Porque si ese es el caso te filmaré y lo subiré a internet" dijo Taichi en aire divertido.

"No antes de que yo suba las cintas de ti cantando karaoke, hombre, tienes el oído de un gato maullando" exclamó Yamato en tono de burla.

Ambos muchachos compartieron una carcajada y miraron al frente en silencio.

"¿Eres mi amigo de nuevo?" preguntó Yamato después de unos segundos.

"Nunca dejé de serlo" contestó Taichi.

Sin compartir ni una mirada, Yamato encendió el televisor dejándolo en un juego de beisbol. No necesitaba pasar horas hablando de sus sentimientos con Taichi, pero su mera presencia allí, era un alivio mayor al que jamás podría estar dispuesto a admitir en voz alta.

Mimi Tachikawa rodó en la cama quedando boca arriba, y estirando su cuerpo entre bostezos. Eran las 7AM de un domingo, lo cual, normalmente significaba que se quedaría en cama hasta tarde, envuelta como un camarón entre las sabanas y sin deseos de salir del apartamento. Lo cual solía ser asombroso, cuando tenía novio y pasaban todo el día juntos en su cuarto, viendo películas y comiendo helado, pero, ahora que era la despechada favorita de la ciudad, sentía que hacer aquello cruzaba con creces la línea de lo patético. Pero, cuando la depresión ataca, el deseo de quedarse en cama supera el propio deseo de respirar, deseo que empeoraba los domingos donde no tenía universidad como compromiso.

Mimi suspiró sentándose y retirando el cabello de su rostro.

"He pasado demasiado tiempo en la cama ya" anunció la castaña.

El amor que sentía por Yamato Ishida era una droga, y como toda adicción necesitaba un programa. Había pasado demasiado tiempo durmiendo, demasiado tiempo llorando, demasiado tiempo aislada en los confines de su habitación ya. Ese había sido el periodo de desintoxicación. (que normalmente dura unos días, pero la droga del amor es más fuerte que la heroína). Era tiempo de comenzar la siguiente fase: Un paso a la vez.

Con ese singular pensamiento, la castaña se levantó de la cama, tomó una ducha rápida y, vestida como si fuese un día normal de semana, se dirigió a la cocina.

El momento de retomar su rutina había llegado. O eso se había dicho a sí misma la noche anterior, con su renovada ola de fuerza de voluntad.

'Paso 1: volver a la rutina' se dijo Mimi, revisando el contenido de la nevera.

Miyako Inoe ladeó la cabeza hacia su lado derecho, observando hacia la cocina mientras bostezaba, la muchacha dejó escapar una sonrisa al fijarse en lo que la esperaba adentro.

Mimi Tachikawa, quien al parecer había despertado bastante rato antes, se encontraba preparando el desayuno, con su usual delantal rosa (que tenía meses sin usar) e inundando la cocina con el olor a panqueques recién hechos.

"Estas cocinando de nuevo" soltó una sorprendida Miyako, desde el umbral de la puerta.

Mimí giró hacia su mejor amiga, enviándole una media sonrisa.

"Son sólo unos panqueques, eso es todo, Miya-chan" remarcó Mimi.

"No son sólo panqueques, es un símbolo de mejora" repitió orgullosamente Miyako, acomodando los lentes en sus ojos.

Mimi negó con la cabeza, divertida con la esperanza de su amiga. Sirvió los panqueques en un plato y lo colocó en la mesa para que ella se sentase.

"Come, Miya-chan" alentó Mimi.

Miyako tomó asiento y probó un bocado.

"Deliciosos. Como siempre. Extrañaba tus desayunos" soltó Miyako, pero a penas lo dijo, lo lamentó, pensando que aquello le recordaría a Mimi el porqué (o mejor dicho quién) había dejado de cocinar sólo por deporte. Sin embargo, se sorprendió al ver que la mirada de la muchacha no se modificó en absoluto.

"Supongo, que yo también extrañaba cocinar sólo por gusto" respondió Mimi.

La castaña se desplomó en el asiento de al lado. Quitando un pedazo de panqueque del plato de Miyako. La pelimorada dejó escapar una sonrisa, por unos segundos, sintió que su amiga estaba de vuelta.

"Te ves… tranquila" comentó Miyako, eligiendo sus palabras con cuidado, como si Mimí fuese un corderito que podría asustarse con cualquier movimiento brusco.

La castaña se encogió los hombros, restándole importancia.

"He estado pensando que para superar algo, sólo hay que convencerse de ello, seguir una rutina que eventualmente reemplace tu realidad" contestó Mimi.

"En otras palabras, haz decidido seguir los consejos que hemos estado dándote por todos estos meses " comentó Miyako, divertida.

Mimi soltó una sonrisa melancólica.

"Nunca antes tuve la fuerza de comenzar. No de corazón, seguía la rutina obligatoria, mas no la rutina que me pertenece. No he estado actuando como Mimi Tachikawa porque no soportaba ser ella, no soportaba seguir su ritmo de vida. Miya-chan, toda mi energía se concentraba en no caer en el abismo, en respirar y en soportar el dolor que destruía mi interior, vivir más allá de eso era un sueño lejano" confesó Mimi.

Miyako alzó las cejas, casi ahogándose con el jugo de naranja. Mimi no solía hablar francamente de sus sentimientos, todo se resumía a repetir un vago 'estoy bien' que no engañaba a nadie.

"Entonces… estás diciendo que ya no te duele ser tú" Miyako formuló aquella frase en son de comentario, pero en realidad era una pregunta.

Mimi volvió a sonreír con nostalgia.

"Ya quisiera. Aún siento que todo adentro puede romperse en cuestión de segundos" contestó Mimi "pero, ahora siento que mi fuerza alcanza para más… quizás falle, pero debo intentarlo"

Miyako soltó los cubiertos y se lanzó a abrazar a Mimi con emoción. Estaba tan orgullosa de su amiga, que pudo haber gritado de emoción.

"Oh, Mimi, Mimi, Mimi. Lo vas a lograr, ya veras, haremos cualquier cosa por ayudar. Lo sabes. Lo que sea"

Mimi soltó una pequeña sonrisa a la facilidad con la que su amiga se llenaba de una esperanza que ella misma no sentía del todo. Devolviéndole el abrazo, deseó que parte de su esperanza se le transfiriera a ella.

Mimi Tachikawa giró sobre sus talones observando su habitación. La prisión por la cual habían vagado sus penas en los últimos meses, con completa libertad. Las cuatro paredes en las que se había ahogado en su piscina de Masoquismo Emocional.

Una limpieza debía ser hecha para ayudarle a reorganizar su vida, y, como todos sabemos, siempre es más fácil comenzar por arreglar el exterior.

'Tantos recuerdos…' susurró la castaña soltando una sonrisa melancólica, Mimi Tachikawa por fin cayó en cuenta de cuánto porcentaje de su vida pertenecía a Yamato Ishida, 100%. Aquel sitio, que debía ser suyo ante todo, se había convertido en el santuario de su amor por Yamato Ishida. Cada centímetro del recinto se teñía por la relación que compartieron, por los recuerdos que eran de ambos.

"I let it fall, my heart, and as it fell, you rose to claim it,

It was dark and I was over, until you kissed my lips and you saved me"

La puerta fucsia de la habitación de Mimi Tachikawa, había comenzado por ser el punto más alegre del cuarto, el color vibrante y vivaz, recordaba la personalidad burbujeante de la castaña. Sin embargo, ahora, en la parte de afuera de la puerta colgaba un poster de The Notebook, la primera película romántica que habían visto juntos, por dentro uno de Snow Patrol que era básicamente la banda sonora de su relación. Y al verlo, Mimi ya no se sentía vibrante ni vivaz.

Las paredes, pintadas por Mimi con una combinación de lila y rosa pálido, ya no le traían paz ni balance, cuando las veía sólo podía concentrarse en las fotografías de los dos juntos enmarcadas en forma de corazones, felices, en un tiempo que parecía años luz de distancia. Complementadas por la colección de sonetos, poemas, incluso dibujos que habían compartido juntos. Cada libro en su estante, cada película en su colección todos le hacían recordar a la misma persona.

'A esto se resumen los últimos años de mi vida…'

En el fondo de su mente hasta podía oír a Miyako diciéndole que aquella era la razón por la cual le era imposible superar su rompimiento con Yamato Ishida.

'Me encerré en mi propio dolor, porque era lo único que me quedaba de ti, Yama…' se dijo la castaña perdiendo la vista entre el mar de regalos que se hallaban en cada rincón de la habitación.

"My hands, they were strong, but my knees were far too weak,

To stand in your arms without falling to your feet"

Mimi caminó hacia su mesa de noche y tomó entre sus blancas manos el iPod personalizado que le había regalado el muchacho, le dio vuelta pasando un dedo con nostalgia por el grabado en letras plateadas que brillaba en la carcasa negra:

'El tiempo es muy lento para los que esperan, muy rápido para los que temen, muy largo para los que sufren, muy corto para los que gozan; pero para quienes aman, el tiempo es eternidad' William Shakespeare

Cada canción en aquella memoria de 8 Gb. había sido elegida cuidadosamente para ella por Yamato. Escuchar aquellas canciones solía hacerla sentir como la muchacha con más suerte de la tierra, creando una burbuja protectora cuando se aislaba del mundo por medio de sus audífonos. Pero ahora, eran como pequeñas dagas envenenadas a su corazón.

Recordaba las palabras de Yamato al entregarle aquel objeto:

'Para que te acompañe, cuando yo no estoy'.

Y eso había hecho exactamente. Acompañarla en su ausencia. Siguiéndola como un fantasma que la acosaba a cada intercepción de su mente, esperando arrastrarla en un espiral de memorias que culminaba con los brazos del rubio de sus sueños.

'No puedo seguirme torturando, no dejo que las heridas sanen' apretó el iPod en sus manos.

"But there's a side to you that I never knew, never knew,

All the things you'd say, they were never true, never true,

And the games you'd play, you would always win, always win"

Yamato Ishida era su vida. Lo era desde la primera vez que le dijo un 'Te amo'. Era su música, era sus libros, era sus paredes y sus ojos. Y aún, con el corazón hecho pedazos, se había aferrado a esa noción totalitaria de dependencia.

'Necesito nueva música, nuevos libros, nuevas paredes, nuevos ojos… '

Suspirando, lanzó el iPod al piso.

'Paso 2: Fuera de mi vista, fuera de mi mente'

La muchacha se mantuvo estática, analizando lo que acababa de hacer y lo extrañamente bien que se sentía hacerlo. Siendo poseída por un repentino shock de adrenalina, corrió a las paredes arrancando las fotografías, sonetos y poemas a los que podía alcanzar con sus manos y dejándolos caer al suelo, llevándose parte de la pintura en el pegamento que las mantenía fijas en la pared.

"But I set fire to the rain, watched it pour as I touched your face,

Well, it burned while I cried, 'cause I heard it screaming out your name, your name"

En el medio de su habitación, frente a la cama, ya comenzaba a formarse una pequeña montaña de basura.

Mimi fue hasta el estante de sus libros y comenzó a echar uno por uno a la pila de papeles regados por el suelo. Siguiendo posteriormente con las películas y CD's relegados junto a su televisor.

Miyako Inoe cruzó con rapidez el umbral de la puerta, preocupada por el grado de ruido proveniente de la habitación de Mimi, sólo para encontrar a la muchacha enfrascada en una limpieza total. La peli-morada no pudo evitar sonreír, al ver por fin como Mimi se decidía a dejar esa parte de su vida atrás.

"Iré a buscar unas cajas" le anunció a la castaña quien, a estas alturas, había terminado de tirar todos los CD's que poseía.

Mimi apenas oyó a su amiga, girando nuevamente sobre sus talones y dirigiéndose a la mesa de noche. Tomó entre sus manos el modelo de cristal de la torre Eiffel que habían comprado en su visita a Paris, haciendo que su mente flaquease por unos segundos, y se hundiese en un recuerdo.

Mimi Tachikawa corrió con todas sus fuerzas, dejando al rubio muchacho a las puertas del ascensor, al darse cuenta, el muchacho se apresuró a perseguirla soltando una carcajada.

'¡Eres una pequeña tramposa!' escuchó decir a Yamato mientras la alcanzaba, tomándola por la cintura y haciendo que girara. Mimi soltó una carcajada sonora, dándose la vuelta para rodear el cuello de su novio con los brazos, dándole un corto beso en los labios.

'No puedo esperar más' anunció Mimi, halándolo hacia el mirador de la torre.

Yamato se rió, dejando que lo arrastrara hacia la baranda.

Mimi giró nuevamente, para observar la vista de Paris frente a sus ojos. Con una sonrisa en los labios.

'Esto es lo más hermoso que he visto en mi vida' anunció la muchacha, perdiendo la vista entre las calles parisinas.

'¿Tú crees?' susurró el rubio abrazándola por detrás y perdiendo su mirada en la vista, también.

'Sin duda' anunció Mimi.

'Eso pensé. Es el lugar perfecto para hacer preguntas difíciles… ¿No te parece?' inquirió el rubio.

Mimi asintió, intoxicada por la vista y la suave brisa que acariciaba sus poros.

'Sería el lugar perfecto para darte una roca brillante'

"When laying with you I could stay there,

Close my eyes, feel you here forever, you and me together, nothing is better"

Mimi giró rápidamente hacia él mirándolo con los ojos abiertos de par en par.

'Yama, ya hablamos de esto, somos demasiado jóvenes para casarnos…' soltó en seguida, Yamato la calló con un beso y le envió una sonrisa.

'Lo sé. No hablaba de un diamante. Sino de un prisma' le dijo sacando de su chaqueta una estructura de cristal a modelo escala de la torre Eiffel.

Los ojos castaños de Mimi se abrieron de par en par, y tomó el adorno entre sus manos, examinándolo a la luz, maravillada con los destellos de colores que traspasaban la superficie.

'Es muy hermoso'

'Pensé que te gustaría. Lo compré mientras presionabas 285 veces el botón del elevador esperando que así bajase más rápido' comentó Yamato.

Mimi soltó una carcajada y le envió una sonrisa agradecida.

'Gracias. Me encanta'

'De nada' contestó Yamato, besándole la frente.

Mimi se dio la vuelta nuevamente, fijando su vista en Paris.

'Ahora… sobre lo del diamante. Ahora que lo mencionas, esté sería la clase de lugar en que haría algo así' comentó Yamato.

Mimi volvió a girar con rapidez por la sorpresa, haciendo que el modelo se saliese de sus manos. Yamato se apresuró a sostenerlo por la punta antes de que cayese.

'¡Deja de bromear con eso!' le regaño Mimi, dando una patada en el suelo e inflando las mejillas. Yamato soltó una carcajada y volvió a entregarle la figurilla.

'Está bien. Está bien. Sólo digamos que te quedaras con éste hasta que te compre un diamante real, ¿trato?' le dijo Yamato, dándole un beso que rápidamente ella correspondió.

'Trato' aceptó Mimi observando la pequeña torre para asegurarse de que no se hubiese astillado por el susto 'será nuestro casi compromiso Parisino. Siempre tendremos a Paris, que Casablanca de nosotros' ambos rieron, compartiendo un beso más.

"'Cause there's a side to you that I never knew, never knew,

All the things you'd say, they were never true, never true,

And the games you play, you'd would always win, always win"

Mimi volvió a la realidad de golpe, sintiendo que aquel recuerdo se hacia añicos como si fuese el cristal que sostenía.

Yamato Ishida había roto ese recuerdo, igual que había roto cada recuerdo y su corazón.

La castaña observó con nostalgia el objeto en sus manos. Curvó los dedos sobre la helada superficie del cristal y se preguntó seriamente si era capaz de deshacerse de una promesa como esa, por muy rota que estuviese. Deshacerse de ese objeto sería un definitivo 'Nunca más' para su relación con Yamato Ishida. Una relación que él mismo había roto. Un sueño que él mismo había destruido.

''él me rompió a mí… qué más da si yo rompo el símbolo de una promesa" se preguntó ella observando la torre.

Suspirando, la castaña se preguntó si estaba lista para un cambio semejante.

El sonido de la puerta, al cerrarse, la sacó de sus pensamientos.

"Aquí están las cajas" anunció Miyako, comenzando a meter en las cajas todas las cosas que Mimi había tirado.

Dando la vuelta sobre sus talones, Mimí observó a Miyako colocar la pila de "basura" en las cajas, sintiendo una mezcla de nostalgia y serenidad. Por un lado, ver en lo que se resumía su vida juntos y el significado que todos aquellos objetos habían perdido a sus ojos, la hacían sentir vacía. Pero, por otro lado, una calmada templanza se apoderaba de ella, diciéndole que hacia lo correcto, recordándole que, por mucho que ella quisiese aferrarse al dolor, esa parte de su vida, esa parte de sí misma, ya no existía y nunca volvería a existir.

"But I set fire to the rain, watched it pour as I touched your face

Well, it burned while I cried, 'cause I heard it screaming out your name, your name

I set fire to the rain, and I threw us into the flames,

Well, I felt something die, 'cause I knew that that was the last time, the last time"

Mimi soltó un suspiro y, caminando hasta Miyako, se arrodilló junto a las cajas, tratando de no pensar en todos los recuerdos encapsulados que poseían cada uno de esos objetos. Recuerdos que siempre vivirían dentro de ella, momentos que jamás olvidaría, pero que no eran más que pasado. Un pasado que la había dejado atrás, sin importar que tanto trató de aferrarse a él.

Su vida con Yamato había sido el momento más feliz de su existencia. Cada segundo a su lado orquestado como un cuento de hadas con un final de película de terror. Esos momentos de felicidad extrema definían quien era Mimi Tachikawa. No sabría cómo vivir sin esa parte de su ser, sin hacer que su vida entera girase entorno a la búsqueda de sentir esa felicidad nuevamente.

Aquellos objetos, en algún momento felices, ahora sólo le recordaban lo que ya no tenía. Si bien sólo eran cosas, a la vez significaban el apego simbólico que Mimi sentía por Yamato en cada aspecto de su vida. Y si bien, su amor por él siempre estaría presente dentro de ella, la necesidad que significaba tendría que disminuir. Y si bien sus recuerdos felices superaban con creces los malos, en la vida no se permite editar con qué recuerdos uno decide quedarse, debía renunciar a lo bueno y a lo malo en lo que remitía a Yamato Ishida.

"Sometimes I wake up by the door, and heard you calling, must be waiting for you,

Even now when we're already over, I can't help myself from looking for you"

'Tengo que dejar de esperar. Dejar de esperar poder olvidar lo que hizo. Dejar de esperar que mi amor por él supere el daño que me causó. Dejar de esperar por borrar el pasado o volver a él. Dejar de esperar por un imposible' se dijo la castaña, colocando con cuidado la torre dentro de la caja más cercano.

Miyako la observó atentamente y soltó una sonrisa. Su amiga finalmente lo había comprendido: No se puede retornar al pasado sólo porque es familiar y nos hace sentir seguros. Y así no sepamos que nos depare el futuro, es nuestro deber el vivirlo. Miyako sabía que Mimi Tachikawa aún amaba a Yamato Ishida, y diablos, probablemente siempre lo haría, pero algo enorme había ocurrido en aquel momento: Mimi se había dado cuenta de que ya no tenía que hacerlo. Aunque ello pareciese apenas una diferencia gramatical, demasiado pequeña para ser importante, eso cambiaba todo.

"I set fire to the rain, watched it pour as I touch your face,

Well, it burned while I cried, 'cause I heard it screaming out your name, your name

I set fire to the rain, and I threw us into the flames,

Well, I felt something die, 'cause I knew that that was the last time, the last time, oh,

Oh, no, let it burn, oh, let it burn, let it burn"

'Supongo que esto marca una nueva etapa' comentó la castaña mientras sacaban las cajas del edificio.

Miyako asintió, insegura de que decir por temor de asustar a Mimi de vuelta a la ratonera. Pero, de algún modo, sintiéndose confiada de que esta vez sus amigos podrían sacarla por fin y para siempre del abismo.

Sentimientos tamizados

¿No sería la vida más sencilla si pudiéramos cernir nuestros recuerdos? ¿Acaso no sería maravilloso organizarlos en una fila y poder decidir cuál se queda y cuál se va? Separando los buenos de los malos, los hirientes de los reconfortantes, los tristes de los felices, los falsos de los existentes, y los sueños efímeros de las realidades dolorosas.

La vida sería más sencilla si nuestros ojos tuviesen un filtro para matizar nuestras rutinas y nuestra percepción, antes de que ciertos eventos alcancen nuestra mente, se graben en nuestra memoria, y causen desastres en nuestro interior.

Existe una colección de momentos cotidianos que se escapan como agua entre los dedos, situaciones sin importancia, pertenecientes a una gris monotonía que toda persona adulta debe sobrellevar de una manera u otra. Una serie de situaciones que hacemos automáticamente, como si nuestro sistema parasimpático actuase en ellas del mismo modo que actúa con nosotros al respirar y parpadear. Cosas que hacemos sin darnos cuenta, sin sentirlas y sin gastar energía pensando o analizando nuestros movimientos al actuar. Momentos que parecen manejadas por el piloto automático de nuestro ser, siendo hechas por inercia y nada más.

Momentos desperdiciados, momentos necesarios pero no importantes, momentos pasajeros y desechables, momentos que debemos vivir simplemente por hacerlo pero no por quererlo, momentos que forman parte de quienes somos pero no definen nuestro ser. Momentos que no hacen diferencia al estudiar el todo. Momentos que no consumen energía, que no necesitan real atención, y donde nuestro cuerpo parece acumular esa energía inerte, para utilizarla en otra ocasión… en ocasiones diferentes, en momentos que te corten la respiración.

Son esos momentos los que importan, los de intensidad asfixiante, los de brillo inexplicable y significado latente en cada poro de nuestro cuerpo. Esos a los que jamás renunciaríamos, esos que nos hacen respirar deseando sentir el aire, que nos hacen observar con los ojos del alma y causan un réquiem de emociones magistral.

Recuerdos por los que daríamos la vida, y pensamientos que explican la razón de nuestra existencia. De esas ocasiones que te dejan agotado y sin energía, llevándose todo lo que tienes por dar en un momento de ebullición emocional.

¿No sería genial tener un filtro que separe esos momentos de todo lo demás? Cuán útil sería poder recordar sólo las cosas que nos hacen felices, que colocan una sonrisa en nuestro rostro y un brillo único en nuestra mirada. Cuán útil podría ser escoger qué momentos recordar y qué momentos olvidar… ¿No funcionaría mejor el mundo si pudiésemos controlar nuestra memoria como un TIVO? Sólo grabando las cosas que deseamos ver y borrando aquello que preferiríamos olvidar.

La cruz de un corazón intenso es sentir la alegría y la tristeza con intensidad concomitante, siendo el mismo corazón que late y haciéndolo con la misma fuerza, aún si esta entero o roto y latiendo con cada uno de sus pedazos. El mismo te puede llevar al tope de la montaña o al fondo del infierno con unísono ímpetu, sin escalas que acolchonen la caída o filtro que matice los sinsabores de su cruel tristeza. Son corazones caprichosos, y arrogantes, que se atreven a sentir más de lo que son capaces de manejar, hundiéndonos a nosotros en su vaivén de emociones dicotómicas. Esos mismos corazones que viven de momentos que se consumen en segundos, pero cuya estela brillará por años frente a sus ojos.

Personas que no tamizan y pierden toda su energía apostando al mismo momento una y otra vez, esperando resultados diferentes aún si la historia les avisa que todo se repetirá exactamente de la misma manera.

Sino tamizamos no tenemos barreras, sino cernimos nuestros sentimientos somos vulnerables, sino somos capaces de protegernos nos volvemos débiles, débiles al entorno y a las trampas de nuestro interior.

Entonces, tamizar es algo bueno para nosotros, nos da sanidad mental y protege nuestro corazón…

Pero, ¿acaso las emociones existen para ser estabilizadas?

¿Acaso su razón de ser no es el descontrol?

¿Acaso no existen para dejar todo de cabeza?

¿Acaso nuestro corazón no existe para SENTIR?

¿Acaso no son esos momentos, inverosímiles e hipnotizantes, los que marcan nuestra existencia?

¿Acaso perseguirlos no es la razón de nuestra vida?

De poder tamizar nuestros sentimientos, muchos elegiríamos hacerlo… ¿Pero por cuánto tiempo?

¿Cuánto podría vivir nuestro corazón en balance de lógica y emoción?

¿Cuánto soportaríamos renunciado a la adrenalina de la felicidad por conformarnos con una aceptable 'contentura´?

Y al darnos cuenta de nuestro error… ¿Acaso no daríamos todo por volver a sentir de la misma manera?

Tamizar suena bien en teoría, la estabilidad nunca lastimó a nadie… ¿Pero acaso basta para hacernos felices?


Ok, entonces necesitaba escribir eso para poder continuar mis planes maquiavélicos. Veamos si aún siguen interesados en leer mis desvaríos. La canción es de Adele - Set Fire to the Rain. Espero les haya gustado, escríbanme ;).

Juguemos Paintball, Community style.