Buenos días, chicos y chicas disvariantes que entran a leer mis delirios de grandeza. Espero estén bien.
Gracias a todas las personas que se toman el momento de leerme, en especial a las que se toman el tiempo de dejarme un mensaje, queridas:
Eri-sshi, Taishou, Mimichibi-Diethel, Alshi, Noheli, Patts, DarkyStar, MimatoRulez, LilyP y KibiNoNata.
Las amo con locura, debería rifarles un premio *O* me he reído un mundo con sus comentarios, Mimichibi hasta amenazó con golpes a Yama jajaja, priceless. Me comentaron mucho sobre la confianza de Yama, él es así, He's sexy and he knows it esa clase de confianza es sexy, por eso DarkyStar se me desmaya y me crearon un #TeamYama. Para las que lloran, creo que no las haré llorar por unos cuantos capítulos, creo, ok, creo.
Es muy divertido leer sus comentarios, me ayudan tanto. Así que síganlos enviando y gracias. Bueno, sin más que decir la canción del final es Ho Hey de los Lumineers (más que todo porque he estado obsesionada con usar esa canción en LO QUE SEA), y el capítulo aquí lo tienen:
Un Mundano Trago de Normalidad
Koushiro Izzumi dejó escapar un pequeño suspiro, al tiempo que intentaba no concentrarse en la acalorada pelea que se desarrollaba a metros de distancia entre sus amigos Taichi Yagami y Miyako Inoe. Tanto Ken como Sora se habían rendido en intentar calmar a sus respectivas parejas, por lo que ambos muchachos ya no poseían ningún sentido del decoro en la clase de infantiladas que se decían.
El pelirrojo apoyó la cabeza en la pared, clavando la vista en el techo blanco del apartamento. No podía evitar preguntarse qué ocurriría ahora. Quizás estas semanas no habían sido más que un sueño de 'mientras tanto' para él, uno orquestado por la parte más recóndita en su subconsciente, diseñado únicamente para mostrarle 'lo que pudo ser'.
Seguro, quizás en un mundo sin Yamato Ishida él podría haber sido el dueño del corazón de la muchacha de sus sueños.
Esa frase fue un puñal tan directo a su corazón, que el tirón en su pecho le causó un dolor lo suficientemente profundo para apretar los brazos cruzados con más fuerza en su pecho; cual soldado herido por una bala intentando parar una hemorragia.
Kosuhiro cerró los ojos con pesadez. Por todos esos días, intentó mantenerse racional ante la situación, sabiendo perfectamente que la castaña podía recuperar su memoria en cualquier momento, y que no estaba en su rango de posibilidades el hacerse ilusiones con las acciones de cariño que ella tomase hacia él durante ese tiempo.
Quizás todo podría haber sido diferente entre ellos. Quizás pudieron haber sido felices juntos. Quizás en algún punto del universo, su destino pudo haber sido juntos.
Quizás. Quizás. Quizás.
Pero ese no era el mundo en el que vivía, ese no era el mundo real. Yamato Ishida sí existía, y no iría a ningún lado. El pelirrojo no creía poder competir con eso, y sus propias inseguridades le decían que ni si quiera debía intentarlo… esa era la razón de su cautela al tratar a la castaña, no se creía capaz de soportar la caída, sin importar cuánto Miyako dijese que si hacia feliz a Mimi, la castaña se olvidaría del rubio al comparar.
Koushiro no poseía suficiente fe en sí mismo para aceptar el desafío. No se creía suficiente para ella, aún consciente de que daría su vida por hacerla feliz. Koushiro sabía perfectamente que podía dedicarle su vida entera a la muchacha, darle fidelidad incondicional y el amor que había guardado dentro de él por todos esos años hasta su último suspiro. Sabía, perfectamente, que si tuviese a Mimi Tachikawa dedicaría cada día de su existencia a hacerla feliz.
Mimi Tachikawa era, para él, la persona más extraordinaria del universo. Un ser casi mitológico, por su calidad única e irrepetible, como un hada que se movía por Tokio como salida de Nuncajamás para encantar todo a su paso con una simple mirada. Era un personaje salido de otro mundo, que ciertamente no encajaba con todo el cinismo que poblaba la tierra y cuyo brillo era mayor que cualquier otro astro en el cielo. Para él, Mimi era un ideal, demasiado buena para ser cierta, y contradictoriamente más real y vulnerable que cualquier otra persona que hubiese conocido.
Nadie merecía una mujer como Mimi Tachikawa. Él no merecía a Mimi Tachikawa. Pero, ciertamente, tampoco Yamato Ishida lo hacía.
La puerta del apartamento se abrió y Mimi entró por el umbral. Inmediatamente, todos los ojos se posaron sobre ella.
'¿Qué te dijo?' preguntó Miyako, llegando hasta su amiga '¿Hizo algo?'
Mimi le envió una sonrisa a su amiga, negando con la cabeza.
'No. No realmente. Sólo… ' Mimi sonrió de manera nerviosa 'él es muy intenso'
'Intenso… Esa no sería mi primera palabra para describirlo, no' dijo Miyako, cruzando los brazos sobre su pecho.
'Pero lo es, habla de una manera muy… intensa' dijo Mimi asintiendo. Miyako alzó las cejas, comenzando a formar una imagen de esa conversación dentro de su cabeza.
'¿Qué te dijo?' preguntó Miyako, observando a su amiga con cautela 'Seguro puedo refutarlo'
'Nada, nada…'
Miyako alzó las cejas, estudiando con cuidado la expresión de su amiga.
'No eres buena mintiendo, deberías saber eso'
Mimi observó a su amiga a los ojos, enviándole una disculpa, mientras se encogía los hombros.
'Sólo dijo que estaba seguro de que lo recordaría. Y creo que tiene razón, tuve un recuerdo muy raro sobre él, intenso, casi escalofriante' confesó la castaña.
Mimi soltó una risa nerviosa, esquivando a Miyako y dirigiéndose al sofá.
'No tengo ganas de hablar de eso, Miya-chan' dijo Mimi tomando un cojín y abrazándolo.
Miyako se acercó a su amiga estudiando fijamente sus ojos.
'Bien. No tienes ojos de borrego, así que creo que estamos bien.' dijo Miyako, Mimi sonrió encogiéndose los hombros.
'Podemos seguir con nuestros planes de hoy' dijo Mimi, la pelimorada se sorprendió, pero asintió en seguida a la propuesta.
'Eso fue rápido. Excelente'
Koushiro Izzumi observó cómo sus amigas decidían con qué continuar aquella tarde, mientras tomaba una decisión en silencio.
Mimi Tachikawa no había recordado completamente al rubio, pero, fuera lo fuera que recordó, no fue suficiente para traer la mirada enamorada de vuelta a sus ojos, ni para que la muchacha se quedase en compañía del rubio. Lo cual decía bastante. Quizás el destino también le estaba dando una oportunidad a él.
En el pasado, sus reservas para confesarle sus sentimientos a Mimi habían estado basadas en un ideal altruista de proteger sus sentimientos, sin embargo, la amnesia le había regalado a la muchacha un botón de reset para su dolor, lo cual convertía su anterior razonamiento en nulo. Analizándolo, había concluido que su única reserva para confesarle sus sentimientos a Mimi ahora era el miedo al fracaso.
Él no podía vivir su vida con precaución por siempre, decían que los riesgos eran la clave de la felicidad. Quizás, si él tomaba un riesgo grande, la recompensa sería concomitante.
'Kou-chan… ' llamó Mimi, observando al muchacho '¿Me escuchaste?'
El muchacho negó con la cabeza, enviándole una mirada de disculpa.
'¿Nos vamos?' la castaña extendió su mano hacia él, enviándole una sonrisa.
Koushiro tomó la mano de Mimi, correspondiendo su sonrisa.
Sí, el destino también le había entregado una oportunidad. Pero más importante, le había entregado a Mimi un nuevo comienzo.
*+*+* Tres Meses Después *+*+*
Yamato Ishida cerró el cierre de su chaqueta, al tiempo que tomaba su bolso tipo mensajero y cruzaba el umbral de la puerta de su apartamento. El muchacho cruzó el pasillo, enviando una mirada furtiva al apartamento de su ex - novia.
Ex - novia. Esa palabra todavía rompía algo dentro de él.
El muchacho dejó escapar un suspiro, mientras decidía bajar por las escaleras en vez del ascensor. Intentando quemar un exceso de energía persistente en su cuerpo. Un psicólogo, probablemente, le diría que era un cuadro de ansiedad. Pero él podría asignarle nombre y apellido a la causa y a la compulsión: Mimi Tachikawa y Crisis de Abstinencia, respectivamente.
La castaña era su droga. Eso estaba claro. Si aquel descubrimiento era un nuevo sentimiento, o algo desarrollado recientemente, no estaba seguro, pero el caso era que la muchacha era una adicción seria para él, y el verse arrebatado de ella tan de golpe le había hecho caer en un espiral directo al fondo más recóndito que recordaba haber tocado. Un fondo donde el suicidio parecía una buena idea, donde ingerir comida era un acto de debilidad, donde salir de la cama era una tarea herculeana, y donde la salida parecía más lejana que el borde del mundo.
De ese fondo había salido únicamente por intervención de Mimi Tachikawa, cuya llegada a su apartamento había sido suficiente para que se levantase de la cama como si tuviera el peso de una pluma cargada por la brisa de verano.
La muchacha había ido a él, y eso era oro.
No importaba si no sabía quién era él, ni quien era ella, para los mismos efectos. No importaba que después de ello sólo hubiese tenido conversaciones aisladas con la muchacha, que duraron menos de lo que hubiese querido. No importaba que mientras él estaba relegado a mantener la distancia, Koushiro Izzumi pasaba cada segundo a su lado. Lo único que realmente importaba era que al menos ahora él volvía a existir en su mundo, y que su nueva misión consistía en hacerse un lugar en la vida de la castaña por mérito propio.
El rubio saltó los últimos escalones de la hilera saliendo por la puerta de emergencia, directo al exterior. El viento de Tokio desordenó su cabello, mientras el muchacho se dirigía a Akira Records.
Mimi Tachikawa dejó escapar un grito mientras se miraba en el espejo, sonriendo y girando frente a él. Su cabello, que ya llegaba a la altura de su barbilla se desordenó con el giro, dejando sus mechones cubrir parte de su rostro.
*+* En Otro Lugar *+*
'¡MIYAKO!' llamó Mimi.
La pelimorada entró de modo atropellado al pequeño vestidor.
'No grites así, las vendedoras creen que viste una cucaracha' comentó Miyako riendo.
La castaña le guiñó el ojo, restándole importancia al tiempo que giraba sobre si misma.
'Mira qué bonito es' dijo la muchacha sonriendo.
'Era precioso en el maniquí, pero se ve aún mejor en ti' dijo Miyako.
Mimi dejó escapar otro grito de emoción al tiempo que giraba frente al espejo.
'Este es' dijo la muchacha.
Las amigas procedieron a recolectar sus opciones y llevarlas con la vendedora, una vez que todo estuvo pagado llevaron las bolsas con ellas mientras caminaban por el boulevard en busca de sus amigas Sora Takenouchi y Hikari Yagami. La pelirroja cruzó miradas con ellas al tiempo que hacía señas con las manos.
'Aquí están, lamentamos la tardanza' se disculpó Sora.
'Todo se alargo en casa de mi madre' dijo Hikari, encogiéndose los hombros.
'No se preocupen, Miya-chan y yo estuvimos adelantando nuestras compras para poder concentrar toda nuestra atención en ti' contestó Mimi sonriendo, y observando a su amiga.
'Oh, pero yo quiero ver que compraron' dijo Sora inmediatamente.
'Después de que escojamos el vestido más hermoso del lugar para ti' dijo Mimi, al tiempo que ella y Miyako tomaban a Sora por los brazos, halándola a las tiendas.
Sora se detuvo, con una mirada reflexiva en los ojos.
'No puedo creer que éste fin de semana voy a estar oficialmente comprometida' susurró.
Sus amigas la observaron entre sonrisas.
'Tú y mi hermano están hechos el uno para el otro' contestó inmediatamente Hikari.
Sora sonrió, asintiendo.
'Lo estamos. Hoy a escoger el vestido de la fiesta de compromiso… en unas semanas apenas estaremos aquí escogiendo el vestido de la boda… ¿Pueden creerlo? Parece un sueño…' dijo Sora.
'Pero no lo es, y van a ser muy felices juntos' dijo Mimi.
La tarde transcurrió entre colores, telas, risas y algunas lágrimas. Hasta que finalmente Sora, y sus acompañantes habían elegido todo lo necesario. Las muchachas se separaron, pues Sora tenía que volver con Hikari a casa de los Yagami.
Mimi giró sobre sus talones, mirando hacia el cielo.
'Matrimonio. Nuestros amigos van a casarse… parece una broma que ya estemos en edad de pensar en eso' comentó Mimi.
'Somos demasiado jóvenes aún' soltó inmediatamente Miyako, con una luz de pánico cruzándole los ojos.
'Lo sé, yo no me considero lista. Admiro a Sora por estarlo, pero… es increíble que ya tengamos la 'madurez' de discutir asuntos como ese' dijo Mimi, sonriendo.
La mente de Miyako enlazó enseguida la figura de cristal que solía adornar el cuarto de su amiga, haciendo que soltase un suspiro. Aquella imagen, ahora desaparecida, había significado el primer compromiso tangible de alguien del grupo, mucho antes del anillo que ahora Taichi colocaría en el dedo de Sora. Sin embargo, la muchacha prefirió guardar silencio.
'Debe ser increíble… tener un amor así' comentó Mimi, más para sí misma.
Nuevamente, la pelimorada guardó silencio. Analizando la mirada reflexiva de su amiga, su media sonrisa y su gesto de curiosidad.
'¿Alguna vez me sentí así con alguien?' preguntó, conociendo la respuesta.
'Sabes que sí' contestó Miyako.
Mimi asintió, mientras la figura de Yamato Ishida se formaba en su mente.
'Parece increíble pensar que pude amarlo tanto y ahora… ni si quiera saber quién es.'
Miyako guardó silencio, nuevamente, entendiendo que su amiga estaba siendo retorica. Últimamente, Mimi había pasado por ciertos periodos de reflexión parecidos a ese, intentando reponer los pedazos de su personalidad que se habían ido trabajando durante el tiempo.
'¡Miya-chan, mira!' exclamó de repente Mimi señalando hacia el frente '¡Helado!' sin esperar respuesta la muchacha corrió al vendedor. Miyako sonrió, definitivamente a la castaña nada parecía afectarla por suficiente tiempo.
Mimi Tachikawa cerró la puerta de su habitación y dejó las bolsas sobre su cama. La muchacha se sentó en la cama observando su celular, y dejando escapar una sonrisa al encontrar mensajes nuevos de Koushiro Izzumi.
'Espero las compras vayan bien hoy. Seguro te verás hermosa con lo que sea que escojas, se te da natural verte así.
K.I.'
'Acabo de recoger mi telescopio en casa de Ken. Espero las estrellas estén en alta definición hoy.
K.I.'
'Contando las horas para la lluvia de meteoritos de esta noche. ¿Es extraño que prefiera escribirte aún sabiendo que no contestaras porque he extrañado hablarte estas horas? Dime esta noche si es así.
K.I.'
Mimi leyó los mensajes y soltó una pequeña risa a la foto que había adjunta al mensaje del telescopio donde Koushiro parecía observar filosóficamente al cielo mientras lo sostenía. La muchacha dejó su teléfono al lado de la bolsa de compras, pensando en cómo su relación con Koushiro parecía salida de un libro. Se relacionaban con una facilidad innata en ambos, no había ningún tipo de trabajo ni esfuerzo en ella, se daba tan natural como el curso de un rio que sigue instintivamente buscando su salida hasta el mar.
Sus ojos viajaron instintivamente a la ventana de su habitación, donde se podía ver un corazón dibujado con marcadores de colores en el cual podía leerse:
'Te extraño. Te amo. Vuelve pronto a ser tú.
Y.I.'
Mimi no pudo evitar soltar una pequeña carcajada al recordar que aquel dibujo simplemente había aparecido en su ventana una mañana. Imaginaba que su 'vecino' la había dibujado mientras ella dormía. La imagen del rubio escalando la escalera contra incendios hasta su ventana como un ojiazul Spiderman resultaba bastante divertida, y disturbante al mismo tiempo.
Mimi se dejó caer en la cama estirándose, mientras pensamientos sobre lo diferente que se le hacia su trato con Koushiro a lo que seguramente había experimentado junto a Yamato Ishida. Sora le había mostrado el blog privado que había mantenido mientras fue novia del rubio, y en él se pintaba una imagen muy vivida de cómo había sido su relación juntos.
Los contrastes plasmados en aquella imagen virtual le daban un nuevo tipo de definición al término 'montaña rusa emocional'. Cuando la escribía sobre una ocasión feliz, la Mimi del blog era explicita en una felicidad tan increíble que parecía salida de una película para chicas, los detalles que rodeaban la parte buena de la relación poseían una dulzura y un grado de narración realmente admirable. Sin embargo, cuando en el blog se procedía a hablar sobre sus ratos malos, la muchacha utilizaba el mismo grado de detalle para mostrar lo rota que había estado su alma.
Parecía increíble, en verdad, que fuera posible llegar a amar a alguien de aquella manera tan absoluta. Era escalofriante y hermoso, al mismo tiempo.
Mimi no podía imaginarse como ella podía haber alcanzado ese nivel con alguien, y la asustaba ver todo lo que eso le había costado.
'Mi madre solía decir que el amor verdadero ocurría por naturaleza' había escrito en una de sus entradas. Sin embargo, nada en su relación con Yamato Ishida parecía haberse dado por naturaleza. Más bien, había mucho trabajo en lograr alcanzar aquellos momentos de felicidad. Manejar dos caracteres tan diferentes en busca de un punto medio se pintaba como un trabajo complicado que finalmente el amor pudo conquistar, más que como un evento del destino que lo hizo ocurrir con facilidad.
Mimi cerró los ojos, pensando en que natural sonaba más al tipo de relación que ella tenía ahora con Koushiro Izzumi. Donde todo era divertido, dulce y apacible, aquello era casi inofensivo. Cuando estaba con Koushiro se sentía segura, cuidada y feliz. Dos de esas cosas no parecían haber formado parte de su relación con el rubio, aún si el nivel en el que parecía haber experimentado la tercera superaba las otras dos.
Ambos chicos claramente sentían algo por ella. Algo que dejaban bastante claro, y que en ningún momento habían intentado ocultar. Sin embargo, ella no sabía que sentía en aquel momento por ninguno de los dos.
A la castaña le gustaría saber cómo Yamato Ishida había logrado que se convirtiera en la persona que se leía en el blog, su curiosidad sobre esto superaba con creces todo excepto su miedo a ser arrastrada a esa persona nuevamente. El amor de Yamato Ishida si bien parecía excitante e intenso, también era peligroso.
Koushiro Izzumi por otro lado representaba un lado inocente y limpio de errores, de una pureza tan tangible como la que ella sentía en aquel momento donde, fueran cuales fueran los errores que había cometido en el pasado, ya no cargaba con ellos. Koushiro Izzumi se sentía como libertad.
'¿Quién soy yo?' se preguntó '¿Soy la clase de persona que quiere un amor como el que me sugería mi madre? ¿O sigo siendo la persona que escogió un amor como el de Yamato?' la pregunta voló en su mente por unos segundos '¿Quién se supone que soy ahora?...'
Mimi suspiró, pensando que en el tiempo que había observado a sus amigas con sus respectivas parejas había descubierto que ambas relaciones parecían enfocadas a las palabras de su madre. Sora y Taichi parecían haber nacido para estar juntos. Mientras que Miyako y Ken parecían complementarse a manera de vivir por el otro. Hikari y Takeru, por su lado, parecían el poster de la pareja perfecta.
Su relación con Yamato Ishida, no sabía cómo había sido percibida por los demás, pero según sus propias palabras parecía ser muy diferente a estas tres. Ahora, la muchacha no sabía si debía creer que se había equivocado nefastamente con su primera decisión de pareja o si lo que había elegido en el pasado lo había hecho por algo más fuerte que sencillamente ya no era capaz de comprender.
Fuera lo que fuese, elegir lo que quieres sin saber quién eres no se le antojaba que fuese algo posible.
*+* En Otro Lugar *+*
Yamato Ishida frotó sus sienes mientras intentaba no explotar con la vendedora que tenía al frente. Una molesta muchacha de cabello rojo, amarrado en dos colas que la hacían ver como un ratón, y ojos verdes que lo observaba con ojos de borrego.
'Yamato Ishida…wow…' susurró con voz ronca, al tiempo que se mordía el labio inferior, como si estuviese a punto de gritar.
'Ajá… ¿Puedo hablar con tu supervisor?' preguntó el muchacho enviándole una mirada de rabia.
'Puedo escuchar lo que sea que tengas que decir' dijo la muchacha inclinándose hacia adelante en el mostrador 'Eres aún más guapo en persona, wow…' Yamato giró los ojos.
'Obviamente no, no pudiste ayudarme por teléfono. No sé porque podrías ayudarme ahora, no' balbuceó el muchacho con voz molesta, mientras cruzaba los brazos sobre su pecho.
'Oh, es mandatorio que los clientes con reclamos vengan directamente a la tienda' explicó la muchacha en un tono de voz agudo.
'Claro. Estoy seguro' contestó Yamato con sarcasmo 'llamaa alguien que pueda ayudarme, por favor' dijo tratando de sonar cortes.
'Mi supervisora no está aquí. Si me dejas tu número de teléfono, apuesto que puedo llamarte cuando esté' dijo la muchacha mientras le pasaba un bolígrafo y lo que era, claramente, la libreta telefónica de la muchacha, no de la tienda.
'No, gracias' contestó.
Yamato suspiró, girando sobre sus talones y buscando su paquete con la mirada.
'Sólo dámelo y lo entregaré yo mismo, ya que claramente no son capaces de hacerlo ustedes' dijo el muchacho.
'Vale… pero tendrás que firmar aquí' dijo la muchacha pasándole una hoja y un bolígrafo. Yamato alzó las cejas enviándole una mirada sospechosa.
'Ese papel está en blanco' dijo de manera suspicaz.
'Sí, es que se me acabaron las guías de control interno… ' mintió la muchacha guiñándole el ojo.
Yamato suspiró, girando los ojos nuevamente y firmó el papel sin si quiera ver donde ponía la pluma. Como firmaría cualquier otro autógrafo.
Una luz blanca le golpeó los ojos al tiempo que soltaba la pluma. Miró a la muchacha con ojos reprochantes, mientras la pelirroja guardaba el celular con aire inocente.
'Es parte del procedimiento…' comentó con aire distraído mientras buscaba el paquete en el estante de atrás. Yamato resopló, volviendo a frotar sus sienes y esperando ver su foto rodar por medio Twitter en cuestión de una hora.
La muchacha le entregó el paquete, que ahora tenía marcado sus labios con labial rosa en la tapa, y se retiró cargándolo. El rubio resopló frustrado, sin saber si estaba más molesto por el hecho de que la muchacha lo hubiese hecho atravesar el centro en hora pico para buscar el paquete sólo porque quería verlo en persona, o por saber que Miyako Inoe había hecho imposible que sus paquetes fueran entregados a Mimi. Una cosa era no permitirle entregar los paquetes él mismo, pero acosar al Mensajero de DHL era excesivo, hasta para Miyako.
El muchacho caminó apresurado por las calles de Tokio, dividido entre llamar a Taichi para pedir su auxilio o volver a subir por la escalera contra incendios del edificio. Yamato supuso que Taichi estaría ocupado con sus propios problemas por unos cuantos días, y que ya había ayudado bastante. Era su trabajo hacerle llegar sus detalles a Mimi.
Pasaron 25 Minutos hasta que el rubio alcanzó su edificio, y logró colgarse de la escalera contra incendios para llegar hasta la ventana de la muchacha, se asomó por ella, algo decepcionado de no encontrarla dentro de su habitación. Había esperado verla, así fuera dormida como la había visto cuando subió a dibujar en el cristal. Calladamente reflexionaba como habían cambiado los papeles dentro de aquella relación, ver a Mimi dormir sonaba a la gloria en aquellos momentos.
Recordaba haber oído alguna vez que podías saber que estabas enamorado si eras capaz de observar a una persona dormir durante toda la noche. Una sonrisa se dibujó en sus labios, al tiempo que recordaba que era exactamente lo que había hecho unos cuantos días atrás, observarla dormir hasta que amaneció. Es triste descubrir como cuando esos momentos nos pertenecen, se nos es tan fácil darlos por sentado, y no valorarlos por el milagro que representan en verdad.
El Yamato Ishida que había dormido en aquella habitación rosa, lo que parecía milenios atrás, había sido un estúpido que jamás notó lo valioso que era cada segundo que si quiera respiraba en presencia de aquella muchacha. Pero el Yamato que era ahora, daría su vida por un solo día más a su lado. Su mayor temor en aquel momento era precisamente que Mimi jamás llegase a conocer la persona en la que se había convertido.
Su mente fue invadida de repente por una serie de recuerdos, mientras posicionaba la caja marrón (habiendo ya borrado el labial de la vendedora) en la ventana de la muchacha.
Yamato decidió que necesitaba verla, aún si eso involucraba a Miyako llamando a la policía. El muchacho tomó su celular, buscando el número de la muchacha y llamando a su celular. Tomó unos pequeños repiques hasta que su voz sonó en el auricular.
'¿Hola?' dijo la muchacha.
'Spiderman dejó un nuevo regalo en su ventana, Srta. Tachikawa' dijo Yamato. Mimi soltó una pequeña risa y Yamato pudo oír la voz de Miyako Inoe de fondo, seguramente preguntándole con quien hablaba.
La comunicación se cortó y en cuestión de minutos, Mimi apareció en su habitación, cerrando la puerta tras de ella. Le envió una sonrisa al muchacho quien se las había arreglado para abrir la ventana y sentarse en el borde.
'Esto se está volviendo algo extraño' comentó ella.
'Siéntete libre de llamar a la policía. Sólo ver tu rostro vale una noche en la cárcel' contestó Yamato, mientras tocaba unos botones en su celular, antes de colocarlo en la ventana junto a él, de pronto una canción comenzó a sonar por el auricular.
"I've been trying to do it right, I've been living a lonely life, I've been sleeping here instead
I've been sleeping in my bed, sleeping in my bed"
Mimi sonrió entendiendo la simetría de la letra con lo que el muchacho había estado tratando de mostrarle: que había cambiado. Aún si ella no tenía margen de comparación, al ser incapaz de recordarlo, para el rubio era muy importante que ella entendiera que no era la misma persona que le había roto el corazón.
'Viniste por una serenata digital' comentó, más como una pregunta que cualquier otra cosa.
'No' Yamato negó con la cabeza, mientras sacaba de su espalda un paquete cuadrado de color marrón 'vine a traerte esto'
Mimi caminó hacia él, tomando el paquete entre sus manos y mirándolo con ojos curiosos.
'Viniste a traerme otro regalo… ' comentó observando la caja.
'No han sido tantos… faltan muchos más' contestó Yamato.
"So show me family, all the blood that I will bleed
I don't know where I belong, I don't know where I went wrong, but I can write a song…"
'¿Acaso… yo era materialista?' preguntó Mimi.
'No. En absoluto' dijo Yamato negando con la cabeza
'Pregunto porque me has regalado muchas cosas…'
'Las cosas que te he regalado son por motivos emocionales… quiero que me recuerdes, Mimi' dijo Yamato observándole a los ojos.
Los ojos de los dos se cruzaron por unos segundos, perfectamente coordinados con el siguiente verso de la canción, cosa que no pasó desapercibido por ninguno de los dos.
"I belong with you, you belong with me, you're my sweetheart.
I belong with you, you belong with me, you're my sweet..."
Mimi se aclaró la garganta, enviándole una sonrisa nerviosa y observando la caja.
'¿Por qué la música?' preguntó.
'Todos nuestros momentos han tenido banda sonora. No quería que este fuera la excepción' contestó Yamato, arrancándole una sonrisa a la castaña.
La muchacha se sentó en el borde del escritorio, junto a la ventana, y en consecuencia junto a él, mientras procedía a rasgar el papel marrón de la caja del paquete. En cuestión de minutos, había debelado una caja blanca a la cual le retiró la tapa, para descubrir una caja llena de pequeños animes en forma de bolitas. La muchacha introdujo la mano dentro de las bolitas blancas ubicando una superficie de cristal en el centro.
'¿Qué es?' preguntó Mimi.
Yamato le envió una sonrisa.
'Veló' contestó el muchacho.
"I don't think you're right for him, think of what it might have been if we
Took a bus to Chinatown, I'd be standing on canal and bowery and she'd be standing next to me"
Mimi sacó una bola de cristal de la caja, sosteniéndola con ambas manos y observando con atención, como una niña pequeña. La bola era del diámetro de una de beisbol, y se podía observar una flor flotando dentro de ella, suspendida por el agua.
'Es muy bonita' comentó la muchacha girando la bola a la luz del sol para detallarla.
'Pensé que te gustaría' contestó Yamato. La muchacha asintió.
'Es una flor muy bonita'
'Es una orquídea. Una vez me dijiste que era tu flor favorita' comentó el muchacho.
Mimi lo miró ladeando la cabeza.
'¿A sí?'
'Sí, me dijiste que todas las mujeres del mundo recibían rosas. Pero, que tú merecías recibir algo más especial. Y tenías razón' dijo Yamato.
"I belong with you, you belong with me, you're my sweetheart.
I belong with you, you belong with me, you're my sweet..."
Mimi le envió una sonrisa mientras observaba la flor.
'Suena algo arrogante de mi parte'
'No. No realmente. Suena a ti. No. Mejor dicho, suena a nosotros'
Mimi alzó las cejas confundida.
'Cualquiera puede regalar y recibir una docena de rosas. Toma tiempo encontrar una orquídea, más una cuyos pétalos sean simétricamente perfectos, tan perfectos como la persona que los recibe'
"Love we need it now, let's hope for some cause, oh, we're bleeding out"
Las mejillas de la castaña se enrojecieron.
'Tomó tiempo encontrar una que fuera perfecta. No quería que se marchitara así que hice que la colocaran en esa esfera de cristal' comentó el muchacho inclinándose hacia ella para observar la esfera también.
Mimi sonrió, mirando los ojos del muchacho a través del cristal.
'Espero que duré para siempre, igual que nosotros' completó Yamato. La muchacha lo observó en silencio.
"I belong with you, you belong with me, you're my sweetheart.
I belong with you, you belong with me, you're my sweet..."
Un ruido sordo a su izquierda y la voz de Miyako Inoe se hizo escuchar.
'Mimi, Koushiro acaba de llegar por ti…' dijo Miyako.
Mimi se levantó inmediatamente, con la esfera en sus manos.
'Lo siento, yo… '
'Entiendo' contestó el muchacho algo decepcionado 'volveré' dijo antes de comenzar a bajar por la escalera.
'Yamato' llamó ella asomándose por la ventana, el muchacho se volteó hacia ella 'este es el regalo más tierno que me han dado… gracias'
La muchacha sonrió cerrando la ventana, al tiempo que sus ojos se fijaban en un nuevo dibujo que había aparecido en la ventana junto al corazón, unas notas musicales y la frase de la canción que habían escuchado 'I belong with you, you belong with me, you're my sweetheart'.
Un Mundano Trago de Normalidad
Desde el abismo, nada parece tener final. Desde el fondo la salida suena como un mito de fabulas infantiles. Desde el suelo ´seguir adelante´ no es más que un chiste cuya gracia se pierde en nuestros oídos.
Cuando hemos tocado fondo, lo único en lo que podemos pensar es en el dolor, de una manera tan vivida que el dolor se convierte en todo lo que somos. Invadiendo poco a poco nuestro ser, hasta que de pronto nuestro corazón no es más que un hoyo negro donde todo rayo de luz es consumido. Nos dejamos consumir por la oscuridad, hasta que ésta se convierte en quien somos.
Cuando alcanzamos ese punto, del cual creemos no tener retorno, perdemos sentido de pertenencia sobre nuestra propia alma, pensando que quizás desde la nada nuestro dolor no será tan absoluto.
Y así, en un capullo hecho de nuestra propia oscuridad, subsistimos. No sabemos cómo, pero subsistimos.
Hasta que un día el dolor cuyo cuidado le confiamos al abismo, comienza a disminuir hasta volverse tolerable, lo suficiente para retornar a nuestro interior y devolvernos ese sentido de pertenencia que perdimos sobre nuestra alma. De pronto, la oscuridad va disminuyendo y pequeños pedazos de luz van encontrando su camino hasta nosotros.
A pesar de lo que pudimos haber creído mientras éramos envueltos por el capullo del masoquismo, descubrimos que, en efecto, la vida sí continúa.
El mundo sigue girando. Las aves siguen cantando. El sol sigue saliendo. Aún con el peso de saber que nuestro mundo se ha derrumbado, la verdad es que el mundo real sigue existiendo. Un mundo exactamente igual al que dejamos atrás cuando caímos por el abismo.
Es un sentimiento casi maquiavélico y cruel, en verdad, pensar que mientras nos ahogábamos en más dolor del que creímos ser capaz de soportar, en algún otro lado del mundo mucha gente celebraba la vida que nosotros estábamos desperdiciando. Pero es así.
La vida sí continúa, con la misma aburrida normalidad de todos los días, con los mismos problemas cotidianos, con los mismos momentos sin importancia que comprenden el día a día de cualquier ser común.
No importa cuánto tiempo nos encerremos en un valle oscuro, eventualmente, nosotros también retornaremos a la cotidiana realidad.
Pero, bendita sea la cotidiana normalidad. Pues sí hay algo que somos capaces de apreciar después de vivir ´el fin del mundo´ es la aburrida normalidad que vivimos en piloto automático por cada día de nuestras vidas. Esa mundana y cotidiana realidad, es el control volviendo a nuestras vidas. Es la razón abriéndose paso entre la maraña de oscuridad que nos envuelve. Es la salida a las horas de llanto y dolor en los que nos hemos encerrado. Es la luz al final del abismo que nos abraza y nos recuerda quiénes éramos antes de caer.
La mayoría de las veces, la rutina es lo peor que podría pasarnos. Sin embargo, en esos momentos es la realidad la que poco a poco va regresándonos pedazos nuestros que fuimos tirando a lo largo del camino. Es la aburrida normalidad, la que nos retorna al tiempo pre-apocalíptico de nuestra historia, la que nos en camina de vuelta.
La realidad nos regresa el control de nuestra vida, y es con ese control que podemos retomar el camino de nuestra búsqueda a lo que en verdad importa, sea lo que esto sea.
Espero les haya gustado y espero sus comentarios. No se me freakeen mucho por el KouMi, respiren en una bolsa de pánico. Besos!
