Buenas noches, FF.
Ok, estuve escribiendo todo el día. Me gusto, y pues aquí está. Espero no les moleste la rapidez de mi subida de chap.
Muchisimas gracias a todos mis lectores, me encanta que se sientan identificadas con mi historia. Eso me hace muy feliz, saber que no soy la única ustedes, saben. Mil gracias a mis fieles lectoras: Taishou, anafichan, LaSraDarcy, Mimichibi-Diethel, sakurarika, DarkyStar, KibiNoNata,Noheli, LilyP, MimatoRulez, Alshi y Ana Julia. Las amo con locura, publicar no tendría sentido, sino tuviera lectoras fieles como ustedes.
La canción se llama Iris de los Goo Goo Dolls. En el Capitulo hay Koumi, así que espero que no vengan con antorchas a quemarme mientras duermo.
La imposibilidad de un certero posible
Koushiro Izzumin se balanceó sobre sus propios pies, al tiempo que amarraba su bufanda verde alrededor de su cuello, y subía el cierre de su chaqueta de cuero, con aire reflexivo. El muchacho suspiró, frotando la parte de atrás de su cuello, intentando repasar las frases que se le habían ocurrido durante la tarde, y tratando de mantener un control sobrio sobre sus emociones.
'Kou-chan, estás aquí' llamó la voz dulce de Mimi, a sus espaldas, aquel sonido melodioso, casi musical, acompañado del clásico olor a lavanda que inundaba cualquier cuarto donde ella aparecía.
El muchacho giró sobre sus talones enviándole una sonrisa, y sintiendo como cualquier mero intento de planeación volaba por la ventana apenas sus ojos negros se fijaban sobre ella. Era increíble, en verdad, como poner tus ojos en la persona correcta poseía la magia de eliminar cualquier cantidad de puntos de IQ en un cerebro brillante.
La muchacha caminó hasta él tomando inmediatamente su brazo, mientras el muchacho le daba un corto beso en la mejilla, en señal de saludo. Era un saludo simple, realmente, pero cargado de una confianza mutua tangible para cualquier persona que los observase.
'¿Estas lista?' preguntó Koushiro, sonriéndole, mientras la muchacha asintió con rapidez.
Una vez que abandonaron el edificio, y partieron caminando por las calles de Tokio, mientras el sol decencia dando final a la tarde. Por todos lados se observaba gente saliendo de sus trabajos, o camino a disfrutar de la noche en algún evento recreativo. Koushiro, cargaba con el telescopio en un bolso a su espalda de un lado, y llevaba a Mimi del brazo del otro, la muchacha observaba fijamente el cielo con aire risueño.
'Los atardeceres son muy bonitos, no supero lo hermosos que son sus colores' comentó la muchacha, mientras observaba el sol y repetía el recorrido de su descenso con el dedo índice como un gatito jugando con una pelusa.
'Es la contaminación, la que produce el contraste de colores en la atmosfera para que se vea así' comentó Koushiro, siguiendo la trayectoria de su mirada.
Las mejillas de Mimi se inflaron como un pez globo al tiempo que le enviaba una mirada reprochante a Koushiro.
'Kou-chan, no me digas que las cosas hermosas provienen de algo feo' le regaño, con tono poco convincente, al tiempo que soltaba el brazo de su amigo.
Koushiro soltó una pequeña carcajada, deteniendo su paso y señalando el sol con la mano.
'Volvamos a intentarlo, entonces. En la antigua Grecia, existían Dioses para todo. Un dios del agua, uno del viento, uno de la guerra, el conocimiento, etc. entre ellos estaban los dioses del sol y la luna' contó Koushiro, mientras era observado atentamente por Mimi 'Apolo era el dios del Sol y Artemisa, era la diosa de la luna. Como eran hermanos, Apolo no podía abandonar a su hermana ni si quiera durante la noche, por eso la guía con los colores hasta que aparece la luna y le presta parte de su luz para que brille en la noche' concluyó el muchacho 'Le debemos esos hermosos colores a un hermano sobreprotector'
La sonrisa de Mimi creció, al tiempo que se fijaba nuevamente en el cielo con ojos brillantes.
'Es una historia muy bonita…'
Koushiro asintió, tomando la mano de la muchacha.
'Pero, no tengo idea de si es cierta o acabo de inventarla. Mi mitología griega está algo oxidada' confesó el muchacho, enviándole una mirada de disculpa.
Mimi soltó una carcajada, apoyando la frente en el hombro de su amigo.
'Oh, Kou-chan…' susurró la muchacha riendo.
Al tiempo que alcanzaron el parque, fueron cobijados por la oscuridad de la noche que yacía sobre sus cabezas. Koushiro guió a Mimi a la loma más alta del parque, donde varios campamentos se habían formado para observar la lluvia de meteoros.
Mimi se separó un momento de su amigo, mientras éste saludaba a sus compañeros del club de astronomía, quienes ya habían armado una gran carpa negra. La muchacha caminó hasta el borde de la colina, cerrando los ojos mientras la brisa le desordenaba el cabello, sus ojos vagaron por el parque, fijándose en los árboles, los pájaros regresando a sus nidos y el pequeño lago que adornaba a la distancia el paisaje.
'Es un lugar muy hermoso y tranquilo' escuchó la voz de Koushiro a su espalda, ocasionando que girara hacia él.
'Lo es' asintió Mimi 'escogieron un buen lugar para observar'
Koushiro giró hacia su izquierda señalando hacia el espacio donde los árboles no alcanzaban a tapar su visión, donde los telescopios estaban apuntando.
'Primera fila'
Mimi se sentó en el césped, observando a Koushiro, mientras el muchacho procedía a armar el telescopio con paciencia. El muchacho fruncía ligeramente el ceño buscando las piezas correctas y se mordía el labio inferior cuando se concentraba para calibrar los cristales.
'Te ves más guapo cuando estas concentrado así' comentó Mimi de repente.
El cristal que Koushiro tenía en la mano se resbaló inmediatamente, cayendo al piso, mientras su cara se encendía de rojo escarlata.
'…¿Qué? uhm… Digo, gracias… ' la cara de Koushiro se mantuvo encendida en rojo, mientras recogía el cristal e intentaba, en vano, concentrarse nuevamente en el telescopio.
Mimi soltó una pequeña carcajeada, divertida con su reacción.
'Así de nervioso, te ves mejor' completó la muchacha, riendo, cuando nuevamente el cristal se resbaló de las manos de su amigo para caer al césped.
El muchacho recogió nuevamente el cristal, colocándolo en el lente del telescopio y enviándole una mirada divertida a su amiga.
'Estás jugando conmigo' anunció en voz falsamente ofensiva, sus mejillas aún estaban rojas 'Que linda…'
Mimi soltó una carcajada, que intentó disimular. Koushiro se sentó a su lado, riendo también, mientras las primeras estrellas comenzaban a aparecer en el cielo nocturno. Ambos muchachos apoyaron la espalda en un árbol de olmo, y fijaron su vista en el cielo mientras conversaban animadamente.
'¿Puedes creer que en cuestión de meses estaremos en la boda de Taichi y Sora?' preguntó Mimi, mientras se encogía un poco en su lugar.
'Parece increíble, en verdad' comentó Koushiro 'pensaba que todos estábamos demasiado jóvenes para pensar en algo así… pero, supongo que cuando sabes que estás con la persona correcta, no hay razones para esperar'
Mimi asintió, sonriendo.
'Sería increíble si pudiéramos saber cuando estamos seguros, en verdad' comentó la muchacha.
'Creo que sí podemos saberlo. Yo creo que cuando lo sabes, lo sabes. Un momento de claridad donde todo cobra sentido. O al menos… así me gusta pensar que es cuando uno toma esa decisión' comentó el muchacho.
'¿Tú crees?' preguntó ella.
'Yo creo que nuestros corazones saben las cosas primero que nuestra mente. El chiste está en tratar de alcanzar el mismo entendimiento' dijo Koushiro.
Los ojos chocolate de la muchacha se fijaron en él, los ojos de su amigo brillaban con un semblante de convicción admirable, mientras le devolvía la mirada.
'Kou-chan… ¿puedo preguntarte algo?'
'Lo que quieras'
Mimi dudó por unos segundos, mientras un temblor de nerviosismo recorrió su cuerpo. El muchacho observó esto, e inmediatamente procedió a retirarse la chaqueta de cuero y colocarla sobre los hombros de su amiga con aire protector. Mimi le agradeció con una sonrisa, mientras se aclaraba la garganta para continuar su pregunta.
'Kou-chan… he estado pensando mucho, últimamente, sobre el amor' confesó sinceramente, observándolo a los ojos 'quizás es lo de Sora y Taichi, no lo sé… pero he estado pensando mucho en eso. Se me hace muy difícil no saber que debo sentir respecto a muchas cosas, o como se supone que debo reaccionar… ¿Cómo saber qué hacer sin saber quién soy?'
Koushiro la observó en silencio por unos minutos.
'Sabes quién eres. La esencia de la persona que eres no ha cambiado sólo porque tu memoria no está ahí. Tu esencia no está en tu memoria, sino en tu alma' contestó el muchacho.
Mimi asintió, mordiéndose el labio inferior.
'Pero, Kou-chan, esas memorias también fueron modelando mi carácter. Se supone que también somos nuestros aciertos y nuestros errores' dijo Mimi.
El muchacho asintió, reflexionando su pregunta antes de contestar.
'Sí, eso es verdad. Pero, aunque esas cosas afecten tu toma de decisiones. No afectan quién eres' dijo Koushiro, para luego agregar con rapidez 'quizás en una persona normal sí lo haría, pero no en ti'
Mimi alzó las cejas con aire ofendida.
'Soy anormal' repitió alzando la voz. Koushiro asintió, sonriendo.
'No es algo malo. Quiero decir que la mayoría de las personas van aprendiendo a ser cínicas y duras con sus errores… tú no tienes ese problema. Siempre has sido tan pura, tan vulnerable e inocente… tu visión de la vida no es igual a la de los demás, tu esencia siempre va a ser la misma, porque tu inocencia siempre estará igual de presente'
Mimi pestañeó varias veces, observando fijamente al pelirrojo.
'Tú no actúas por aprendizaje, sino por instinto. Sigues a tu corazón, por eso no creo que pudieras cometer nunca un error que no representase quien tú eres' completó el muchacho.
Mimi lo observó aguantando el aire por unos segundos, antes de inclinarse hacia él, para apoyar la cabeza en el pecho del muchacho.
'Me siento muy segura contigo, Kou-chan' susurró.
Koushiro la abrazó asintiendo, mientras daba un beso en la parte de arriba de la cabeza de la muchacha, siendo temporalmente hipnotizado por el olor a lavanda del cabello de la castaña.
Ambos muchachos permanecieron en la misma posición por mucho tiempo, cómodos con el silencio del otro, y oscilando sus miradas entre el cielo y los ojos del otro.
'Es muy tranquilo aquí. Tus amigos no hacen ruido' comentó Mimi.
'Es una de las razones por las que me uní al club. Son un grupo muy relajado' confesó Koushiro.
'¿Qué otras razones hay?'
Koushiro meditó su respuesta por unos instantes.
'Supongo que… me gusta la idea de saber que en efectos del universo la tierra es apenas un punto en un escenario más grande del que poseemos la capacidad de comprender. Hay algo muy tangible en la humildad que te brinda saber que por muy grande que sea un problema, sólo eres un mini punto que ni si quiera es representativo en cuanto a lo que significa la tierra respecto al universo, que se expande constantemente. Me pongo filosófico al observar el cielo, me hace querer dejar alguna marca en el mundo para probar que existí, aún como un pequeño punto'
El muchacho le envió una sonrisa, a la cual ella correspondió inmediatamente.
'Eres tan inteligente, Kou-chan'
Koushiro se sonrojó negando con la cabeza.
'Quizás, sólo tengo demasiado tiempo libre'
La muchacha volvió a apoyar su frente en el hombro del muchacho, y este la abrazó, soltando un suspiro. Aquel era, probablemente, el momento más perfecto que había experimentado en su corta existencia. Aquella muchacha se sentía como una extensión de su propio cuerpo, mientras la mantenía abrazada, algo desde el fondo de su pecho le decía que así debía de haber sido siempre.
Mimi seguía acomodada entre sus brazos, completamente cómoda y apacible, observando el cielo y respirando con lentitud de un modo que le causaba cosquillas en el cuello. Se veía perfecta en verdad, y aquello no era un hecho superficial, la perfección de aquella muchacha no se encontraba en nada que pudiese ser medido por el ojo humano. Sino por una cualidad indescriptible que la cubría desde la mirada hasta el brillo de su piel bajo la luna, como si fuese un ser prestado en su realidad que pudiese desaparecer a cualquier segundo.
Por instinto, los brazos de Koushiro se cerraron más a su alrededor, como si en algún nivel subconsciente de su cerebro temiera que la muchacha desapareciera de entre sus brazos. Algo que sonaba ridículo, si analizaba que todas las actitudes de Mimi le daban a entender que estaba justo en el lugar que quería estar.
Por un pequeño instante de pánico, Koushiro se preguntó si aquellos momentos juntos tendrían fecha de caducidad anunciada. Sin embargo, no quiso permitirle a sus pensamientos seguir por ese camino, sin importar que pasase mañana, aquel momento ya era suyo.
"And I'd give up forever to touch you, cause I know that you feel me somehow
You're the closest to heaven that I'll ever be and I don't want to go home right now"
De pronto, se vio a si mismo lleno de confianza que no sabía de dónde provenía, pero cuya respuesta más probable se encontraba en sus brazos en aquel instante.
'Eres como un repelente a todo lo malo que hay en el mundo' susurró Koushiro, más como un pensamiento soltado a voces. La muchacha alzo la mirada confundida 'No, lo que quiero decir es que parece que nada malo del mundo puede tocarte… y cuando estoy contigo, siento que nada malo puede tocarme tampoco a mí'
Mimi se incorporó, apoyándose nuevamente en el árbol y girando toda su atención hacia él.
'No lo entiendo… '
Koushiro sonrió, frotando sus sienes con aire avergonzado.
'No intento confundirte, sólo… hay cosas que sólo pienso cuando estoy contigo, y eso me parece inverisímil. Así ha sido siempre, desde que tengo memoria. Tu despiertas partes de mi mente que no sabía que tenía' confesó el muchacho con sinceridad.
Mimi ladeó la cabeza.
'¿Qué clase de cosas piensas?'
Koushiro se sonrojó, mientras sus ojos iban instintivamente hacia su derecha, evitando el contacto visual con la muchacha. El momento de confesar había llegado. Aguantando la respiración, por unos segundos, el muchacho finalmente se decidió a hablar.
"And all I can taste is this moment and all I can breathe is your life
And sooner or later it's over, I just don't wanna miss you tonight…"
'Cuando te veo lo primero que pienso es en el triángulo Penrose'
Los ojos de Mimi se abrieron, con una mezcla de confusión y sorpresa. Koushiro negó con la cabeza apresurándose a explicar.
'El triángulo de Penrose es una figura idealista que sólo existe en geometría conceptual. En teoría. En práctica, no es posible que exista'
Mimi lo observó aún confundida.
'Tú para mi eres un triángulo Penrose. Una figura idealista que en teoría no debería existir… y sin embargo aquí estás' dijo Koushiro.
El rostro de la castaña se encendió como un faro.
'Pase la mitad de mi adolescencia intentando replicar un triángulo Penrose porque quería que fuera posible' Koushiro guardo silencio unos segundos, mirándola a los ojos 'Yo te miro y… sé…' los ojos del muchacho brillaron al fijarse en los de ella 'sé que quisiera pasar el resto de mi vida intentando comprender cómo es que tú existes'
Mimi pestañeó varias veces, sintiendo que su cara se encendía en rojo sangre, pero no retiró sus ojos de los del pelirrojo. Koushiro alargó la mano hasta su rostro sosteniendo la mejilla de la muchacha, mientras le enviaba una sonrisa
"And I don't want the world to see me, cause I don't think that they'd understand
When everything's meant to be broken, I just want you to know who I am…"
'Tú me haces considerar posibilidades infinitas. Tú me haces querer lograr lo imposible' continuó el muchacho 'a tu lado soy la mejor versión que puedo ser'
Los ojos de la muchacha se cristalizaron por unos segundos, mientras le enviaba una sonrisa conmovida.
'Me gusta pensar que soy la persona de la que hablas' confesó la muchacha 'Hablas de mí con más valor del que poseo. Tus ojos son demasiado amables conmigo, Kou-chan'
Koushiro se acercó a ella, dándole un beso en la frente y enviándole una sonrisa.
'Mis ojos sólo son justos contigo' el muchacho giró al frente, tomando aire 'No soy capaz de comprender como alguien puede mirarte y no comprender lo increíble que eres… el sólo hecho de que yo sí lo sé me hace sentir especial'
La muchacha lo observó, abriendo y cerrando la boca sin saber que decir. Koushiro seguía mirando al frente, como si en verdad era estoico al hecho de que acababa de pronunciar una de las frases más perfectas en toda la historia del mundo.
¿Era Koushiro Izzumi acaso completamente indiferente a su propio encanto? Mimi suponía que así era, y allí residía gran parte de su poder. Realmente, no tenía la menor idea del nivel de muchacho que era.
Mimi tomó el brazo del muchacho, abrazándolo y escondiendo el rostro en su pecho, intentando disimular el rojo que se apoderaba por completo de tu rostro.
'Tú sí eres perfecto, Kou-chan…' soltó Mimi.
Koushiro negó rápidamente con la cabeza, descartando el halago en seguida, y señalando al cielo, donde la lluvia de meteoritos acababa de comenzar.
"And you can't fight the tears that ain't coming or the moment of truth in your lies
When everything feels like the movies, yeah, you bleed just to know you're alive"
'Éste momento a tu lado sí es perfecto' concluyó el muchacho, levantándose y extendiéndole la mano para que se pusiera de pie.
Mimi se apresuró a levantarse y ambos alcanzaron el borde de la colina en silencio. Temporalmente hipnotizados por el esplendor maravilloso de luces en el cielo, que se extendía como un manto sobre sus cabezas.
Mimi sonrió como una niña encantada por aquel acto majestuoso, donde el manto azul que observaba a diario, se llenaba de estrellas fugaces que parecían bailar para ellos. Tomó la mano del pelirrojo y lo hizo correr por el césped hasta el borde de la colina, donde sus ojos bailaron al son de las estrellas, y la brisa nocturna le acarició el rostro con suavidad.
La castaña pensó que a lo largo de una vida, las personas tienen pocos momentos que en verdad son perfectos, y, Koushiro Izzumi tenía razón. Sin duda, aquel momento lo era: Perfecto.
"And I don't want the world to see me, cause I don't think that they'd understand
When everything's meant to be broken, I just want you to know who I am…
I just want you to know who I am, I just want you to know who I am…"
Yamato Ishida frunció el ceño mientras se observaba en el espejo, sintiendo que se veía como su padre. El muchacho observó la corbata azul eléctrico en su mano, soltando un suspiro. El traje negro y la camisa de botones del mismo color eran suficientes. La soga en su cuello, parecía excesiva.
El muchacho se alejó del espejo, al tiempo que retiraba el producto que había usado para aplacar su cabello, mientras lo desordenaba a su estado natural. Al alcanzar lasala se encontró con una escena que le provocó una envidia insana: Hikari Yagami amarrando la corbata de su hermano, mientras éste le reñía al respecto. Aquella escena inmediatamente formó un recuerdo en su memoria.
'No me gusta usar corbata, son como pequeñas sogas de ejecución masculina' peleó Yamato, inflando las mejillas como un niño malcriado que pelea con su madre. Su novia soltó una risa suave.
'Te ves más guapo con ella' dijo la muchacha, Yamato giró los ojos sin convencerse 'me harás feliz si la usas' completó Mimi sonriendo con suficiencia, mientras le rozaba los labios con los suyos por un segundo. Yamato suspiró, tomándola inmediatamente por la cintura para halarla hacia él.
'Usaré un tutu rosa, si me lo pides así' contestó el muchacho mordiendo el labio inferior de su novia con una mirada maliciosa.
Mimi soltó una carcajada, soltándose inmediatamente y caminando hacia la puerta.
'Buen intento. Pero nadie te salvará de la cena de aniversario de mis padres. Ni si quiera yo' la muchacha abrió la puerta sonriéndole 'Vámonos Yamato'
El rubio sonrió, saliendo de sus pensamientos y aclarándose la garganta, mientras daba la espalda a la escena de su hermano.
'No sabía que estabas acompañado, hermanito'
'No confía en mí para vestirme solo' contestó Takeru sonriendo a su novia.
'Sora no tenía que hacer algo tan formal. Apuesto que Taichi tampoco quiere usar corbata' comentó el rubio, abriendo los dos primeros botones de su camisa.
Hikari sonrió besando la nariz de su novio, antes de girar hacia el otro rubio.
'Apuesto que no quiere, pero la está usando de todas maneras. La madre de Sora quería una fiesta, no tiene nada de malo' dijo Hikari observándolo con las cejas alzadas 'eres el padrino, no puedes aparecer sin corbata'
Yamato giró los ojos con sorna.
'Tampoco es la boda…'
Al otro lado del pasillo, Mimi giró sobre sus talones, sonriendo a la imagen del espejo, mientras la falda de su vestido fucsia caía con gracia. Había elegido un modelo straple, con una falda suelta, color fucsia, y había recogido su cabello en un elegante moño. La muchacha revisó su maquillaje por última vez, antes de caminar por la sala con aire impaciente.
'Kou-chan y Ken se están tardando'
Miyako alzó las cejas de su bolso de maquillaje con sorpresa.
'Quizás porque siempre los hacemos esperar' contestó.
Mimi dejó escapar una pequeña risa, mientras se asomaba por el balcón.
'Estás ansiosa hoy' comentó Miyako mientras elegía un tono de labial.
Mimi no contestó, mientras se llevaba la mano derecha a su oreja y jugaba con el pequeño zarcillo haciéndolo girar en su lóbulo.
'Haces eso cuando escondes algo. Siempre lo has hecho. Sólo para que sepas' comentó Miyako sonriéndole desde el reflejo del espejo '¿Acaso ocurrió algo contigo y Koushiro, Mimi?'
Mimi se encogió los hombros, al ser salvada por el timbre.
Yamato Ishida se desordenó el cabello, nuevamente, con aire distraído mientras bajaba las escaleras de dos en dos en busca de su celular, el muchacho lo retiró finalmente de su bolsillo y marcó el número que estaba buscando.
'Si tengo que probar otro canapé, vomitaré en el recibidor' soltó inmediatamente Taichi Yagami al otro lado de la línea '¿Dónde diablos estas?'
Yamato dejó escapar una carcajada.
'No dejes que se te caiga la falda, novia, ya voy en camino' anunció el muchacho.
'Se burla de mi la niña que se retrasó en el salón de maquillaje, maravilloso' contestó Taichi con sarcasmo.
'Ya voy en camino'
'Me vale diantres dónde estés tú, pero la última vez que vi el amado anillo de mi abuela estaba en tu posesión, así que si no estás aquí en veinte minutos, juro por Dios, que te despellejaré vivo y usaré tu piel como disfraz para escapar del país y de la ira de Sora' dijo Taichi con voz molesta.
Yamato observó su reloj, entendiendo la razón de su molestia y bajando los escalones con mayor rapidez.
'Ya voy en camino. Además, sé que nunca huirías de Sora'
'Gracioso. No mencionaste que no te mataría a ti. Buena observación, Ishida' completó Taichi.
Yamato sacó las llaves de su convertible de la chaqueta y las movió en el aire para que Taichi escuchara el sonido.
'Escucha las campanas, y cálmate. Apuesto que Sora ni si quiera está lista'
'Quiero estar preparado, y ciertamente tú eres el menos indicado para darle consejos de mujeres a nadie. Jamás. Nunca. Nunca jamás' dijo Taichi con voz maliciosa.
'Sora se casa con un imbécil. Pobre Sora' dijo Yamato, mientras salía de la puerta contra incendios y caminaba por el lobby.
'Al menos a mí, mi chica me quiere. Perdedor' dijo Taichi.
Yamato giró los ojos.
'Tu anillo puede perderse. Bájale a lo imbécil, antes de que me vuelva vengativo' dijo Yamato aguantando la risa.
'¡VOY A MATARTE!' gritó Taichi, tan fuerte que Yamato tuvo que alejar el auricular de su oreja.
'Ya, cálmate' soltó riéndose 'voy a llegar a tiempo, tú no te vas a equivocar haciendo la pregunta, Sora no te va a humillar enfrente de todos tus conocidos y todo va a salir bien' dijo el rubio.
Taichi respiró hondo, intentando calmarse.
'Te doy quince minutos, Ishida'
No hubo respuesta del otro lado de la línea. Taichi frunció el ceño.
'¿Yamato, estás ahí?'
Nuevamente, no hubo respuesta. Taichi Yagami frunció el ceño confundido mientras un ruido sordo se escuchaba del otro lado de la línea y finalmente se perdía la conexión.
Yamato Ishida aguantó la respiración mientras su teléfono se resbalaba de su mano y caía al mármol reluciente del lobby. El muchacho se mantuvo inmóvil con los ojos fijos al otro lado del cristal de la puerta de la entrada.
Sus ojos azules se abrieron de par en par observando una escena aparentemente inofensiva, donde su exnovia acomodaba la corbata del pelirrojo portador del emblema del conocimiento, para segundos más tarde convertirse en una imagen que parecía salida de la peor de sus pesadillas.
Las manos de Koushiro Izzumi reposaban sobre la cintura y mejilla de la muchacha, mientras que las de la muchacha, se apoyaban en el pecho de él, y éste se acercaba con lentitud hasta unir sus labios con los de Mimi Tachikawa.
La imposibilidad de un certero posible
La vida suele ser predecible en lo cotidiano. Las rutinas son parte innegable de todos nosotros, hasta dependemos de ellas para organizar nuestro día, nuestras actividades y nuestras prioridades.
Cada día comienza con una lista de cosas por hacer, escogemos qué es importante y qué no, elegimos lo más urgente y lo que puede esperar. Poco a poco, la rutina va tomando forma y vida propia en nuestro tiempo, llenándonos de todo lo que 'tenemos' que hacer y poniendo lo que 'queremos' hacer en segundo plano.
Pero, toda rutina tiene un quiebre.
Un punto donde la vida retoma ese principio que hace que valga la pena vivirla: la incertidumbre.
En un mundo donde todo es tan certero, donde la realidad es tan predecible, donde sólo estudiamos lo posible y relegamos lo imposible a nuestros sueños… no es de sorprenderse que de vez en cuanto la vida nos lance un movimiento que simplemente cambie todas las normas del juego que creíamos estar jugando.
El destino es un oponente injusto, que siempre hace trampa y va siete pasos más delante de nosotros, haciendo que atraparlo sea un imposible tan improbable como los obstáculos que nos va dejando en el camino.
Una vez que creemos que las cartas ya han sido jugadas, nos son entregadas más.
Una vez que creemos haber resuelto el laberinto, la salida se esfuma en un espejismo.
Una vez que pensamos pisar con seguridad, el destino se lleva el piso y nos hace sumergirnos en su incertidumbre.
Hermosa incertidumbre. Esa que nos invita a lo desconocido. Esa que mantiene a la vida interesante. Esa que nos llena de novedades por vivir.
El destino no sería un buen oponente, a menos de que nos probara de cada modo posible.
No podemos ganar un juego para el que no somos dignos, y para ser dignos debemos pasar cada prueba con honores y asegurarnos de que ganamos contra todo pronóstico.
Ganar para salir del mar de incertidumbre donde hemos sido arrojados, ese al que llamamos vida, dónde ganar nos parece imposible hasta que un golpe certero nos demuestra que en éste juego lo único imposible es aburrirse, y lo único certero es lo improbable.
Si pudiéramos leer los pasos del destino, se eliminaría el don de la persecución, y sin eso las recompensas ya no valdrían la pena. El juego sólo se va fortaleciendo con los nuevos caprichos del destino, y nosotros sólo nos vamos convirtiendo en oponentes más sabios con la esperanza de alcanzar un entendimiento superior sobre la razón de las reglas que nos han sido asignadas.
Si sólo lo posible fuera certero, todas nuestras vidas serian iguales, y nos perderíamos la certera belleza de un nuevo comienzo.
Ok, aquí es que vienen las antorchas. Cálmense, tengo un plan. No me maten aún. Espero. Coméntenme a ver que pensaron (además de las amenazas de muerte). Saludos!
