Hola de nuevo, aquí les traigo el segundo capítulo. Subiré un capitulo por día, así que espero sus comentarios y sugerencias sobre qué les parece el fic.

Bueno, no las entretengo más.

Capitulo 2: cambio de vida.

Hokkaido, actual residencia de la familia Fubuki.

En una habitación silenciosa, se encontraba un joven peli plateado profundamente dormido sobre una pila de informes. Había estado trabajando toda la noche, y no había podido descansar. Tenía que terminar de arreglar esos papeles antes de que acabara el día, pero estaba tan cansado que el sueño lo venció.

Su descanso fue interrumpido por unos ligeros toques en la puerta.

Joven Fubuki- dijo alguien a través de la puerta.

El mencionado se acomodo en la silla y se arreglo para disimular su cansancio.

Adelante- dijo con voz autoritaria.

La puerta se abrió lentamente, dejando ver a un hombre ya mayor, vestido con un traje negro y camiseta blanca, típico uniforme de mayordomo.

Perdón por interrumpirlo cuando esta tan ocupado- dijo el hombre viendo los papeles sobre el escritorio- pero quería informarle que ya está todo arreglado para su traslado.

Gracias- respondió Fubuki- pero no puedo marcharme hasta haber terminado estos papeles. Avisa en la cocina que me quedare a almorzar.

Enseguida señor- respondió el mayordomo, para dar una reverencia y después retirarse.

El joven quedo nuevamente a solas, con un escritorio lleno de informes como único compañero.

Fubuki Shirou, líder de la mayor parte de compañías en Japón y en todo el mundo bajo diferentes nombres. Con apenas 19 años se hacía cargo de todo. Tanto sus padres como su hermano menor habían muerto hacía 4 años, dejándolo a él a cargo de todos los negocios. Desde pequeño siempre fue muy tímido y amable. Su piel era de un blanco puro como la nieve y su pelo, así como sus ojos eran de un plateado brillante. Su sonrisa era cálida y siempre tenía algo que decir para hacer feliz a los demás. A simple vista era un ángel.

Cosa que tuvo que cambiar después de quedar solo. Oculto su personalidad debajo de una máscara de frialdad y dureza, pero por dentro seguía siendo ese chico tímido deseoso de divertirse con sus amigos.

Además de empresas, su familia contaba con algunos hospitales importantes y escuelas de prestigio, además de un puñado de pequeños locales esparcidos por Hokkaido.

La universidad Fubushi por ejemplo. Fue construida el día en que nació y bautizada con su nombre. Fubushi era una abreviación de Fubuki Shirou, lugar donde seria director a partir de ese semestre durante el tiempo que estudiara en dicho lugar.

A su forma de ver, si algún alumno descubría quien era, sus planes para poder actuar como un chico normal se verían arruinados, así que decidió mudarse a un apartamento cerca de la universidad él solo.

El inconveniente era que no sabía cocinar ni lavar, así que una sirvienta iría todos los días a hacerle el desayuno y la cena, y comería fuera de casa. Para la ropa, una mucama iría los fines de semana para limpiar el lugar y lavar la ropa.

Esto duraría solo el tiempo que el tardase en aprender a hacerlo por sí mismo.

Decidido, continuo revisando los informes para poder irse sin dejar algún pendiente. Esta sería la última vez en mucho tiempo que revisaría todo detalladamente. Decidió revisar los papeles una vez al mes y dejar a Hikaru, su mayordomo y la persona de más confianza a cargo de ellos por unos años.

El sol comenzaba a ocultarse y el pequeño peli plata estaba cada vez más exhausto. Hacia cerca de 2 horas que le habían llevado la comida, pero había perdido el apetito por el cansancio. Firmo el último documento y por fin pudo respirar tranquilo.

Su fatiga era tal que sin poder evitarlo cayo totalmente agotado sobre su escritorio completamente dormido, pero su sueño se vio nuevamente interrumpido por Hikaru llamándole.

Joven Fubuki- dijo desde la puerta- todo está en su auto para cuando quiera marcharse.

Gracias- respondió Fubuki sin muchas ganas- dígale al chofer que baya encendiendo el auto.

Enseguida señor.

Fubuki dio un gran suspiro. Ese sería otro día más sin poder descansar por culpa de la mudanza y para colmo mañana comenzaban los cursos en la universidad.

Con toda la pesadez que sentía se dirigió a la entrada principal de la mansión donde una limosina negra con los cristales polarizados lo esperaba. Se subió en ella y se dirigió a su nuevo hogar por los próximos 3 años.