CAPÍTULO UNO.
Una impresionante luz brillo en el centro del Gran Comedor justo donde los dos magos habían estado de pie uno frente al otro, cegando a todos los presentes mientras parecía consumir todo a su alrededor, el aire se sentía denso por la carga de magia concentrada en un solo punto. Las sensaciones en el aire eran abrumadoras como si un remolino de emociones estuviese desatándose en medio del Gran Salón bañando a los magos y brujas allí reunidos, cada uno de los presentes sentía como propio el miedo, la tristeza, la desesperación, y finalmente una paz inquietante y silenciosa.
La luz brillante parecía entonces retroceder, reptando nuevamente a su punto de origen dejando a una multitud confundida con el corazón en la garganta mientras la ansiedad les hacia contener la respiración para poder ver al faro de la luz y al Señor Oscuro más temible de los último siglos.
Y entonces, cuando la luz finalmente desapareció un grito desgarrador rompió el silencio mientras Hermione caía de rodillas, y de su garganta salía un sonido primitivo, tan descorazonado pero al mismo tiempo tan incapaz de expresar el dolor de ser rasgada lejos de su familia. Sus ojos estaban centrados en la pequeña figura en el centro del Salón con los ojos acristalados indiferente a las lágrimas que nublaban su visión.
Uno por uno, aquellos que habían amado profundamente al niño fueron cayendo, incapaces de permanecer de pie mientras la rudeza y tristeza de la situación se posaba sobre ellos con toda la fuerza que los hechos irrevertibles tienen.
Sirius Black, tenía la cabeza entre las manos mientras se mecía de adelante hacia atrás, murmurando en voz baja para sí mismo promesas hecha hace mucho tiempo a los amigos perdidos, mientras los sollozos confundían sus palabras, y los doce años pasados en Azkaban parecían abrumarlo de pronto, mostrándolo como la sombra cadavérica del mago que una vez fue.
Fred y George estaban tomados fuertemente de las manos como cuando eran más pequeños y algo les asustaba, cada uno reflejando una mueca de terror, incapaces de moverse o de cambiar la expresión de sus rostros, mientras lentamente las lágrimas comenzaban a crear surcos por sus rostros mientras el brillo parecía extinguirse de sus ojos azules dejando atrás solamente un par de piscinas oscuras de añil, toda diversión y risa arrebatada no solo de su rostro sino de su propia vida.
Severus Snape, el frío maestro de pociones, retrocedió lentamente hasta que su espalda choco con una de las paredes del Gran Salón, dejándose caer cuando sintió la solidez detrás suyo, mientras negaba con la cabeza una y otra vez mientras una oración silenciosa movía sus labios en un suave murmullo, una oración que creía olvidada de la época en la que aún tenía a su madre para el consuelo, una oración por las almas inocentes pidiendo a la magia que las resguardará en la luz y el amor, que les guiara al hogar, cerrando los ojos mientras apretaba fuertemente su impecable antebrazo izquierdo y lágrimas culpables que no había derramado en más de quince años encontraron su salida.
Y allí en un montón en el piso mientras golpeaba con los puños el piso estaba el anciano director, dando profundos gemidos de angustia mientras una multitud de lágrimas se perdían en su blanca barba, su cuerpo completo derrotado en la miseria mientras con voz suplicante pedía perdón al dulce niño que se había ido, cargando su alma con la tristeza de los errores cometidos y los planes irrealizables, de la culpa que era demasiado intensa para expresar y de la que no se creía merecedor ni siquiera de pedir misericordia.
Remus Lupin avanzo temblorosamente algunos pasos hacia la figura en el piso antes de desplomarse y dar un grito que termino con un aullido, mientras él y su lobo por primera vez en su vida estaban en sintonía expresando el dolor por la pérdida de su cachorro, por el niño que no solo había visto sino que lo había convencido hace mucho que él era más que una criatura oscura o un hombre penitente de una maldición, que le había brindado fe en su propia humanidad.
Y a unos pasos de él la jefe de la casa de los leones Minerva McGonagall dejo que su varita cayera de sus manos temblorosas, mientras se las llevaba a la garganta como si su aliento hubiese quedado atrapado, mientras su rostro apergaminado comenzaba a ser surcado de gruesas lágrimas y su orgullo parecía desvanecerse mientras se sacudía por fuertes sollozos, porque ella había sido impotente de hacer algo, cualquier cosa para salvar a su pequeño cachorro.
Molly Weasley se ahogaba en sus propios sollozos mientras se derrumbaba en los brazos de su esposo, y en un estrangulado susurro una y otra vez pedía perdón a Lily por no cuidar a su hijo, por no asegurarse que el dulce niño, tan tímido y educado que había conocido en el andén ¾ tuviese una vida feliz, tranquila, porque nunca hizo lo suficiente para abrigarlo de un mundo cruel y lleno de horrores, porque ella no pudo cuidarlo, preservar su inocencia, su ingenuidad o aunque fuese su vida.
Mientras tanto los profesores del milenario castillo simplemente tenían en sus rostros expresiones de horror sin comprender lo que había sucedido, como era que su estudiante, un joven a su cuidado, aun un niño los había resguardado a ellos de la oscuridad cuando era su deber protegerlo a él, y no al revés. La inmensidad de la tragedia les tenía paralizados mientras las gruesas lágrimas se abrían paso descaradamente por sus rostros retorcidos en la miseria.
Y los Gryffindor, ¡Oh, los gryffindor!, la casa completa gemía en voz alta, mientras otros simplemente gritaban sus corazones adoloridos, de rodillas o precariamente sosteniéndose unos a otros en su dolor, mientras las varitas rodaban por el piso, la casa de la valentía y el coraje simplemente lloraba en angustia la pérdida de su león más pequeño, de su león más valiente, de su león más leal, de su león más triste, de la encarnación de lo que era ser un león.
Y en el centro Ron se aferraba a la mano fría de su mejor amigo, mientras sollozaba en voz alta, rogándole en desgarradoras palabras que regresara de la noche perpetua, que no le dejará solo, era Ron el único que se había movido hacia la pequeña y frágil figura en el piso, impulsado por su propio horror y la esperanza sin sentido del que ama profundamente que su mejor amigo, su hermano en todo menos la sangre solo estuviese agotado y no que hubiese emprendido la siguiente gran aventura sin él.
Y todo porque allí en el suelo, tendido inmóvil se encontraba el cuerpo de Harry, con una palidez impropia mientras al lado de su mano laxa se encontraba abandonada su varita, y en su rostro una sonrisa triste pero con una sombra de una paz que jamás había mostrado. En el suelo del Gran Comedor del Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería al desaparecer la cegadora luz se había revelado a Harry Potter, inmóvil al lado de su enemigo, el niño que vivió había cumplido su promesa al mundo de la magia; había derrotado al Señor Oscuro aunque él tuvo que llevarle personalmente más allá del velo.
NA: En realidad agradecería mucho...mucho los reviews por este capítulo, y prometo que él siguiente explicará como se inicio todo, en realidad me faltan unos detalles por agregar ya que también le he terminado de escribir, y estará listo para ser publicado muy pronto,
en fin, espero que les agrade, así que sí le lees por favor dejar un comentario.
