—Oye, frog... —empezó Inglaterra sonrojándose un poco y girando la cara mirando al suelo con los labios apretados—. No es como que vaya a hacerte caso o me importe tu opinión o algo de eso, pero...

Oui? —preguntó el francés con los ojos brillantes, esos comienzos solían indicar cosas buenas.

—Tú... ¿tú cómo...? I mean, ¿tú tienes...? I... la boda... —vaciló el británico jugando con el borde de su capa nerviosamente, sin mirarle.

Francia le miró intentando no sonreír, no anticiparse, no nada para no asustar al otro. No era como se lo había imaginado, pero en su cabeza ya sabía perfectamente lo que iba a pasar.

Era el momento, ¡Se lo iba a pedir por fin! Le iba a pedir que fuera su acompañante en la boda y todo iba a ser maravilloso.

Iban a llegar los dos a lomos de un caballo blanco con sus trajes más elegantes y él iba a poder abrazarle mientras cabalgaban. Luego iban a llegar y el inglés le iba a ayudar a bajar tomándole de la cintura y quedando unos segundos demasiado cerca uno del otro, ¡seguro se sonrojaba como siempre hacía, era tan mono!

Entonces iban a entrar ambos a la iglesia tomados del brazo más radiantes que los reyes como si la boda fuera la suya y luego iban a estar todo el día juntos riendo y charlando. Y más tarde, por la noche, aprovechando la magia del momento, ¡Seguro se iban a dar un beso!

—Tú... t-t-tienes acompañante... —vaciló aun sin mirarle a falta de respuesta por parte del francés.

Oui! —gritó Francia ligeramente sobre excitado sin escucharle.

O-oui? —preguntó Inglaterra mirándole sin entender.

—Pues claro, idiota —sonrió abriendo los brazos para abrazarle. El de ojos verdes frunció el ceño, dando un paso atrás.

—Pues... pues... bien por ti! Git! —gritó enojado—. ¡Me da lo mismo si ya tienes con quien ir, no es como que yo quisiera ir contigo o algo así de ninguna manera! Solo vine a molestarte y por que the King me obligó, bastard! —acabó y se dio la vuelta, yéndose corriendo.

Quoi? —Francia parpadeó un momento sin entender del todo lo que acababa de pasar y salió corriendo tras el inglés —. ¡Espera!

Pero Inglaterra corrió mucho más deprisa y logró perderse entre la multitud, sollozando un poco y pensando en como se le ha podido ocurrir siquiera pedírselo.


No se sabe cómo pero siempre acaban en esta clase de malentendidos. ¡Valor!