Inglaterra entra a la sala con los mofletes hinchados, arrastrando los pies y mirando el suelo, tras el arzobispo.
Francia, de pie junto a la nueva reina, tiene un escalofrío al verle. España mira a su amigo de reojo y le pone la mano en el hombro para reconfortarle.
El francés le mira también tomado aire profundamente para juntar valor cuando el arzobispo planta a la nación británica frente a todos ellos.
De entre todos, la reina es la primera en levantarse para acercársele. La tensión podría cortarse con un cuchillo.
El inglés se echa un poco para atrás impresionado, mirándola lo más amenazadoramente que puede.
—Garçón —empieza ella sonriéndole dulcemente, el inglés vuelve a bajar la cabeza—. Solo por que sois vos y yo no había sido debidamente informada, creo que os merecéis una disculpa por haberos juzgado mal.
Inglaterra parpadea descolocado aun mirando el suelo. ¿Una... disculpa de la reina? ¿De qué iba todo eso? ¡Si había insultado a su nación en frente de todo el mundo! ¡el día de su boda! Levanta la cabeza buscando la mirada de Francia.
El francés aparta la vista nervioso, tragando saliva. Inglaterra se vuelve a la reina aún sin entender.
—¿De qué decís que no habíais sido debidamente informada, my lady? —pregunta poniéndose nervioso también. Francia tiene un escalofrío.
—Del amor que realmente le profesáis a nuestra bella nación —responde ella. Inglaterra se paraliza con los ojos abiertos como platos intentando detectar sarcasmo o algo parecido—. No me parece el método más ortodoxo el de andar gritándolo como si fuéramos un atajo de bárbaros, pero me hace muy feliz, así que estáis perdonado.
—But... I... L-Love... bar... —balbucea Inglaterra aun sin entender del todo, Francia toma a España de la mano y tira de él para ver si pueden escabullirse por detrás de una cortina, lamentablemente, no hay cortinas.
—Eso es todo, podéis retiraros —asegura la reina haciendo una pequeña inclinación de cabeza al inglés y luego volviendo a sentarse. El británico hace una inclinación de cabeza bastante automática aun pensando en lo que acaban de decirle y cuando el arzobispo se le acerca vuelve en sí.
—¡Yo no le profeso ningún amor a vuestra nación! —chilla histérico y busca a Francia con la mirada, quien mira a España de reojo, respira profundamente y se acerca a él con seguridad.
Inglaterra da dos pasos atrás sonrojándose aun más al verle acercarse.
—Pero que vergonzoso sois, mon lapin —finge seguridad acercándose más—. Todos oímos como gritabais que me amáis a pesar de que os pedí expresamente que no se lo dijerais a nadie —le riñe mirándole fijamente e Inglaterra abre los ojos como platos al entender el asunto, sin poder creerlo.
—Vos... ¡Me engañasteis! —chilla señalándole—. Me dijisteis que significaba...
—Algo que haría que tuvieras que disculparte frente a la reina en vez de ser ella la que se disculpa ante ti —le corta susurrándole de manera que solo él pueda oírle, mirándole fijamente.
—But... but I... I don't... —vacila. Francia sonríe con su mejor sonrisa falsa encantadora tomando a Inglaterra de los hombros y luego pasándose él una mano por el pelo de forma seductora.
—No tenéis de qué preocuparos, ma reine, como habéis visto, las relaciones diplomáticas entre l'Angleterre et moi nunca han sido mejores —miente con absoluta seguridad mirando a Inglaterra a los ojos en cuanto le nombra.
El de ojos verdes tiembla sonrojado como un tomate, por que Francia le está abrazando, por que está hablando en francés, por que le sonríe, por que está muy cerca, por lo que está diciendo...
—Wa... —empieza a susurrar—. WawawaaaaAAAAA! —grita empujándole para que le suelte saliendo corriendo, tremendamente avergonzado.
Y bien. Hasta aquí. ¿Qué te parece el final?
