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Segundo caso: Glen Kirkland
A muchas personas no les gusta la idea de hacer planes de vida, en ceder a esa ambiciosa acción de ver demasiado a futuro, ¿por qué? Uhn, tal vez debido a que, con raras excepciones, nunca nada sale como se planea
Siempre sucede algo que lo arruina, un elemento que sale de la nada e interviene, un imprevisto que es imposible de calcular y provoca una caída
Una estrepitosa y masacral caída en el ciclo natural denominado "existencia"
Eso ha sido motivo de que Imperios, países y humanos por igual entren en desesperación, en un pánico genuino al saber que no es posible, a ciencia cierta, controlar el curso de los hechos o prevenirlos a la perfección. Es una tragedia auténtica
Pueden llorar, gritar, destruir el mundo por completo, y aun así nada resulta como lo imaginan. La improvisación está a la orden del día, como lo han aprendido por victorias, derrotas y humillaciones dignas de chantaje
Pero eso no sucede con Glen Kirkland, ¡oh, claro que no! El mundo entero puede caer ante los deslices del destino, pero no él, y eso es por una cualidad innata y desarrollada desde que tuvo uso de razón
-Hey, ¿me estás escuchando?
Él es calculador
-Por supuesto –responde sin dejar de mirar los documentos – Simplemente estaba dejándote hablar, después de todo, pareces muy instruido en la materia
Puede calcular las veces que debe cepillar sus dientes para que luzcan como los de un comercial de dentífrico por todo el día
Puede calcular con precisión los grados que debe girar para que ese pastel que Bryan tiene la costumbre de aventar no caiga sobre su rostro, y sí sobre el de Scott
Con un simple vistazo a la situación, puede saber qué insinuar apenas para que sus hermanos peleen entre sí y huir con el botín de una noche de apuestas
Él lo calcula todo: la cantidad de gotas de lluvia, los pasos que le tomaba llegar a la cafetería; los exactos golpes para que Ryan deje de comportarse como una damisela amante de los cachorros; la cantidad de veces que debe sonreír para que Kyle no lo asfixie con sus abrazos cada 50 centímetros…
-¡N-No intentes burlarte de mí! Sabes que tomo muy en serio el trabajo, y agradecería que tú también
Pero sobre todo, calcula las palabras precisas para que las mejillas de Arthur adquieran ese tono rojizo que tanto le gusta
-Lo hago – suspira apenas – Lo necesitamos en vista de todo lo que Cameron dejó pendiente – toma otro bonche de papeles – Es increíble que un ministro pueda ser tan desorganizado
-En eso estoy de acuerdo –también revisa algunas listas – Se lo he dicho varias veces, pero no parece escucharme –exhala, cansado – Lo siento, Glen
-¿Por qué?
-Era tu día libre, y ahora estás aquí, ayudándome con documentos que debieron quedar listos hacía semanas
Sabe perfectamente qué decir, qué movimientos hacer, qué actitud tomar para que la situación amerite un acercamiento "espontaneo", natural, inevitable, aunque cómodo, a un ritmo donde el rubio no se sienta atacado y él no muestre las cartas que nadie alcanza a imaginar
-No te preocupes – se detiene un momento y cruza la mirada con la del inglés– Además, no encuentro desagradable pasar un rato contigo, aún si es de esta manera – sonríe apenas, y logra que el otro se colore de golpe y desvíe la vista a los papeles
-¡Jah! S-Seguro lo dices porque lo usarás en mi contra, ¿no? ¡P-Pero eso no pasará! – ríe nerviosamente - S-Saliendo de aquí te invitaré algo de beber, ¡y con eso mi deuda estará pagada!
-Si tú lo dices
Él calcula todo… y calcula que dentro de poco, ese sonrojo sólo sería para él
