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Tercer caso: Bryan Kirkland
Se dice que el caos es necesario en el universo como un elemento de equilibrio
Se dice que sin caos no existiría el orden, y si no estuviera esa eterna confrontación, no habría nada en el espacio-tiempo. No sería posible la vida misma
Bueno, si le preguntan al mayor de las Irlandas, quizá uno de los mejores representantes del caos en estado puro, francamente le importa una mierda
A él no le interesa un supuesto equilibrio, un motivo transcendental o un beneficio de las miles de variables
Él sólo hace lo que quiere, cuando quiere y como quiere, movido por una única razón: diversión a costa de los demás.
Porque es divertido cuando despierta a Scott al tirarle una cubeta de sanguijuelas. Porque es divertido robar la ropa interior de Glen e inculpar a Arthur. Porque es divertido confabular junto a Ryan cómo pintar el cabello a Francis de rosa, cómo meter una criatura babosa en la hamburguesa que come Alfred, y cómo saludar a los calzoncillos de Gilbert colgados del asta bandera de la ONU
Con seguir un único objetivo, todas las variantes se vuelven inesperadas e inevitablemente caóticas
Por eso, no es error decir que Bryan Kirkland es impredecible
Impredecible en sus métodos para obtener el entretenimiento. Impredecible en la próxima víctima. Impredecible en la forma que consigue salirse con la suya. Impredecible en el resto de los motivos que rodean el propósito inicial
Así, él provoca caos
Del tipo que desquicia a los demás y provocan miradas de recelo, de graciosa desconfianza, y también de admiración, porque él es el tipo de sujeto que puede escurrirse entre las variables y burlarse a carcajada limpia del orbe
También hay que notar que su tipo de caos no es del que ocasiona daño… al menos no uno irreparable o que busca marcar en el interior, sino que es momentáneo, más apacible, el que viene con la risa y el buen humor, el inofensivo y quizá infantil
Ahora, existen personas que no pueden ser abordadas con dicho elemento puesto que… se puede decir que sería demasiado el shock… probablemente terminan en el hospital por el ataque sorpresa… o son tan amables, que no se abre el espacio para la brusquedad del desastre
Una de esas personas es, a su parecer, Canadá
Sí, la chica que a menudo se olvida, que resulta afectada al ser confundida con Jones, la que ni su propio oso recuerda como se llama –es triste, en serio-, o quien habla con un volumen tan bajo de voz que pasa por un silbido de viento
Sabe que si le hace algo - que puede ser algo así como su sobrina por el cuidado que le dio Escocia los primeros años de su vida… pero eso era aparte -, no terminará bien. No tanto por la falsa carencia de fuerza física o mental, ni por una debilidad de carácter que simplemente no viene al caso, sino que su propio propósito resulta pequeño ante esa Nación tan amable, dulce, hermosa y adorable
Se vio a sí mismo incapaz de inyectar adrenalina, emoción, tumulto a la mujer de ojos lila y tímida sonrisa que, sin margen de error, lo hace sentir como un maldito villano sacado de una mala película de Estados Unidos
Pero no sólo se trata de eso
Sabe que sí hay caos, que sí está inmerso el elemento impredecible que tanto lo mueve. Las diferencias son que la produce Madeline, y lo afectan directamente a él
Es algo que lo molesta, pero que le hace curvear los labios de oreja a oreja porque ya se lo merecía. Nada como una cucharada de su propia medicina
Es que el tipo de emoción que le provoca Canadá es… de aquel que lo hace colorarse y balbucear con torpeza lo que antes fue natural; es de ese desastre en que actúa con más impulso de lo normal y en que intenta que la joven lo mire sólo a él, que se ría de lo que hace, y que sonría de esa forma que tanto le gusta
-¡Madeline! – le habló con fuerza, asustando un poco al otro – Dime, ¿tienes planes para después de la junta?
-E-Eh… - se sonrojó por inercia – N-No, ¿por qué?
- ¡Está decidido, entonces! Iremos juntos a comer algo, ¡hay un sitio que quiero que conozcas!
– P-Pero yo…
-Ningún "pero" – rió con diversión – Si es necesario, te ataré y haré que Kumajirou grabe tu rescate
-¿"Kuma…" quién?
- Yo – habló el oso… y la miró - ¿Quién eres?
- ¡Canadá!
El caos no necesita equilibrio, sino más caos, pero de otro tipo, y le encantaba el que le provocaba Madeline
