Digimon Snowball's Dark Blood
Capítulo 4:
La Isla File estaba delante de sus ojos. Un nuevo lugar había llegado a ellos, o quizás ellos habían llegado a un nuevo lugar, pero la premisa era clara: un nuevo lugar por explorar y por tanto nuevas esperanzas para sus almas. La Playa Desnuda era un apacible desierto seco arropado por un manto de agua cristalina. Parecía un lugar totalmente idílico, lo era. No había ningún signo de forma de vida agresiva cercana. Tentomon y Tailmon apreciaron durante unos cortos momentos la belleza de la playa.
Ante la aparente tranquilidad, continuaron el camino, exasperantes de su destino. Cruzaron un largo sendero que parecía conducir a una selva. Llegaron a un camino entrecruzado, con dos posibles rutas, y un cartel de madera que indicaba el nombre de cada sitio al que conducían. Tentomon leyó el de la derecha, y susurró a su amiga:
-¿Qué tal si vamos por el de la izquierda? Este no me da buenas vibraciones
-¡¿Qué?!-respondió Tailmon, sorprendida- El de la izquierda se llama ''Villa destino del horror''. Seguramente sea un lugar terrorífico. ¿Por qué no vamos por el de la derecha? ''Ciudad File''. ¡Seguro que habrá muchas cosas que visitar! ¡Suena interesante!
-Pero… es que…
-¿Qué?-preguntó Tailmon-¿Me lo vas a explicar?-se oyó un grito de dolor a lo lejos- Eso debe proceder de la Villa destino del horror.
-Seguro que la Ciudad File es mucho peor. Esos aullidos doloridos, probablemente, sean de la Ciudad File-respondió Tentomon
-¿Por qué?-se extrañó Tailmon- Creo que hay más posibilidades de que vengan de una villa del horror.
-No sé… No me da buena espina-dijo Tentomon-
-Bueno, pues vamos a la villa del horror…
-¡No, no, no!-respondió Tentomon, confundido. Miró al suelo preocupado, y después miró hacia el horizonte, con cara de recordar algo- Mejor vayamos a la Ciudad File
-¡Vale!-dijo Tailmon-
Así que, decididos al fin de qué camino tomar, se dirigieron a la Ciudad File. La vegetación, exuberante al principio, irrisoria al final, desapareció. Las grandes productoras de óxidos, mecanizadas por clorofila digital, fueron sustituidas, a lo largo del sendero, por precarias rocas artificiales, moldeadas artificialmente, con una estructura grisácea y triste. El olor esmeralda de la selva fue sustituido por un plomizo aroma penetrante que provenía de estructuras artificialmente colocadas, humeantes, en ocasiones.
-¿Qué es esto?-se preguntaba Tailmon observando el suelo- ¿Por qué huele… tan mal?-levantó la triste mirada-
Una pantalla de humo se levantó ante sus ojos. Unos muros de piedra los rodeaban a los dos, pareciera que quisieran darles la bienvenida a un nuevo lugar: La Ciudad File, contaminada por las fábricas.
Aquello que vieron no era lo que Tailmon esperaba ver. Tras la grisácea humareda contaminante, se hallaba un gran conjunto de fábricas, de las cuales salía humo de sus chimeneas, y en todas ellas, digimons siendo esclavizados, tanto niños como adultos. Un RedVagimon, que tenía un anillo oscuro en el cuello que le hacía agonizar, se acercó a ellos, clamando ayuda. Sus ojos, ensangrentados, sus extremidades, brutalmente golpeadas, la mirada, perdida, aisladamente encontrada. El anillo oscuro se activó y apretó el cuello de la pobre criatura, la cual, murió, delante de ellos dos. Tailmon y Tentomon estaban totalmente desconcertados, sus mentes, desorbitadas. Tailmon, que sentía una gran furia en su interior, estaba decidida a descubrir el por qué de aquella injusticia y a hacer justicia. Su rabia creció considerablemente en su interior.
-Vamos, Tentomon…Tenemos cosas que hacer-miró a Tentomon- ¿Tentomon?
Tentomon estaba temblando, boquiabierto, rendido de rodillas al suelo, sin fuerzas para continuar. Las lágrimas se le caían de los ojos con mucha abundancia.
-¿Qué te pasa, Tentomon?-dijo Tailmon, muy preocupada-
-Es-te… es-te-te-te… es… la ciudad en que nací-declaró Tentomon- Y-o-yo… abandoné a mi familia y huí-se desesperaba
Tailmon se sorprendió mucho, y se sintió mal por haber elegido ir a la Ciudad File.
-Lo… lo… lo siento…-dijo Tailmon, agachando la cabeza, a punto de llorar- Yo no sabía que…que…
Una especie de zombi Digimon, moribundo, lleno de heridas, con la piel destripada, arrastrándose por el suelo, de irreconocible forma, se acercó a Tentomon, y dijo:
-Has… vuelto-murió delante de él
El dolor de Tentomon aumentó, y al final se derrumbó, tirándose al suelo. Vio que ese Digimon moribundo que había muerto delante de él tenía una pulsera azul. Era la que Tentomon le regaló a su hermana el día de su cumpleaños, antes de marcharse de la ciudad. La Digimon muerta, era… La hermana de Tentomon.
-¡NOOOOOO!-gritó estridentemente Tentomon, mientras sostenía la pulsera en sus ganchos.
Con aquello sucedido, Tailmon se sintió mucho peor. Quería consolar a Tentomon, pero sabía que nada funcionaría, pues el dolor acaecía en sus fieles entrañas. Cegada por su rabia, empezó un rodeo por toda la zona, en busca del culpable, mientras Tentomon estaba suplicando al averno, si era necesario, por resucitar a su hermana, que poco a poco se iba descomponiendo en datos. Finalmente el digicore de su hermana fue destruido por completo, quedándose muerta en el suelo. Tailmon corrió por toda la zona, en busca de un culpable, mientras Tentomon acaecía perplejo en el suelo.
El escuálido rugido de las fábricas, junto al gélido frío, hacían que Tailmon sintiera escalofríos a través de su piel, carne y venas. Escalofríos rojos, azules y grises, de un aroma inconfundible…. Esos Digimon habían sido privados de su hábitat natural: uno de los bosques de la Isla File, en el cual había lagos de transparente y clara agua. Gekomons, Vagimons, Betamons, Floramons, eran algunos de los Digimon que estaban siendo esclavizados, atados todos a un collar que les ahorcaría en caso que se alejasen del ratio permitido, el cual lo habían ajustados los esclavizadores para mantenerlos en trabajos forzosos.
-¡Ayúdenme!-decía un Gekomon, huyendo de las fábricas, antes de ser ahorcado por su propio collar, quedando asfixiado en el suelo.
-No es posible… Esto no puede estar pasando… Todo es un sueño… Es… horrible-se decía Tailmon-
Con mucha rabia, rodeó toda la aldea y vio un pequeño sendero que llevaba hacia un tenue castillo de cristal, que casi se alzaba hacia el cielo. En aquel oscuro y sombrío sendero se hallaban los cadáveres digitales de los demás Digimon muertos. Pero, mientras más caminaba, menos ostentosos parecían. El camino dejó su negruzco tono para pasar a teñirse de verde; árboles sanos y resplandecientes ante la luz. Tailmon, extrañada, llegó por fin hacia aquel extraño castillo. Llegó a sus puertas y, asombrada, lo observó desde otra perspectiva; imponente y brillante. Decidió entrar.
-Debe haber algún buen Digimon aquí-se dijo a sí misma- Alguno que sea importante… Y que haga algo para arreglar lo que ocurre en esa aldea.
Las paredes estaban decoradas elegantemente; predominaba los tonos azules y dorados. Estatuas de leyendas de Digimon antiguos se alzaban a su vista; aparecían cuanto más subía esas escaleras de caracol gélidas, adornadas con placas azules, que parecían llevarla hacia los confines del infinito en el cual podría encontrar la respuesta a sus preguntas. Al acabar de subirlas, oyó dos voces conversando apaciguadamente, tras dos grandes portones de cristal translúcido, tras el cual no se podía distinguir a penas un cuerpo existente. Una de las voces le resultó familiar al oído. Demasiado familiar. Afiló sus garras. Acarició sus orejas un instante. Entró, decidida a atacar. A descubrir la verdad.
-Aquí están los sueños que le traje, señor Seraphimon…-dijo Bakumon a Seraphimon, cogiéndole una nube rosa flotante-
-Muchas gracias, Bakumon-respondió Seraphimon, recogiendo la nube rosa y inyectándola en un extraño prisma cristalino-
-¡ERES TÚ!-gritó Gatomon, amenazando con la garrita izquierda- ¡Eres el Bakumon que nos atacó antes! ¡¿Qué se supone que es esa nube rosa?!-empezó a sospechar que Bakumon les había extraído eso-
-Encárgate de él, Bakumon-dijo Seraphimon, cerrando las puertas sin mover un dedo, dejando que Bakumon mate a Tailmon-
-¡¿QUÉ?! Ahora que lo pienso, Seraphimon es… es… ¡uno de los tres ángeles Digimon!-se decía a sí misma- ¿Por qué…? ¿Por qué… Me quiere eliminar?-estaba angustiada, no comprendía nada-
Mientras se hundía en sus pensamientos, llegando a conclusiones horribles; pues si un Digimon ángel, que supuestamente era bueno, quería eliminarla, por mal camino iba el mundo. Bakumon acabó de cerrar bien las puertas y la dejó acorralada. Tras eso, se cubrió de una luz blanca y un aura potente, y empezó a Digievolucionar en Sorcerymon.
-Soy Sorcerymon, el guardián del castillo de Seraphimon. ¡Y no dejaré que una intrusa como tú se entrometa en los planes del señor Seraphimon!-se abalanzó hacia la gata, amenazándola con su bastón mágico-
En esos momentos, Tentomon estaba en la desolada y tenue aldea, todavía en un estado en el que no podía creer lo que ocurría. Al volver a un estado más o menos normal, empezó a llorar desconsoladamente, pues pensaba que la aldea y sus habitantes, su familia, sus amigos habían sido asesinados porque él decidió fugarse, ya que las visitas de Beelzebumon para hacerles sufrir era cada vez más frecuente.
-Es todo… mi culpa-pensaba, viendo como los pocos habitantes que quedaban eran asesinados- Debería hacer algo… para servir… algo… para ayudar…-se dirigía al castillo, pues él ya sabía que ahí se encontraba Seraphimon; quería hablar con él para convencerle de que haga algo para arreglar su aldea
Al parecer, la legión del terror de Beelzebumon se iba escapando poco a poco por todas las aldeas…
Sorcerymon seguía apuntando con su helado y mágico bastón a Tailmon, pero ésta no tenía ni una pizca de miedo.
-No me das ningún miedo-respondió la gata digital, mostrando una uña de la garra, en tono de amenaza- Después de un día de descanso, me siento con nuevas fuerzas de nuevo…
-Muy bien, como desee-contestó Sorcerymon, ejecutando una de sus magias- Aquarius Fill-el hielo que formaba la escalera empezó a convertirse en agua que le rodeó, empezando a fortalecerse-
Tailmon atacó ferozmente con sus garras. Intentó rasgarle el torso. Pero, a causa de la magia de agua invocada, el mago digital pudo aguantar el golpe.
-¡Crystal Cloud!-conjuró, lanzando varios pedazos de hielo gélido y punzante a Tailmon-
Uno le dio en plena barriga. Lo derribó. Cayó al suelo. Testarazo tremendo que se dio contra el suelo. Pero no se rendía. Decidida a contratacar, atacó con su garra izquierda. El enemigo conjuró otra vez la magia de hielo, pero esta vez Tailmon logró esquivarlo.
-¡Neko Kick!-dijo Gatomon, esquivando con una rapidez endiablada, mientras golpeaba la cabeza del enemigo con su pata izquierda-
El golpe fue tan rápido que logró golpear a Sorcery, logrando que impactara con fuerza hacia la pared de hielo. Se acercó a él. Posicionó la garra izquierda en su cuello. Le miró con rabia y dijo:
-Dime que está pasando aquí…
De sopetón, el mago desapareció y apareció al instante detrás de Tailmon.
-Ice Illusion-conjuró Sorcerymon- Ja… Gracias a esta magia, pude crear la ilusión de un Sorcerymon falso durante escasos segundos. Llegó la hora de la verdad. ¡Crystal Cloud!-invocó un montón de pedazos de hielo, tantos que casi no cabían en el pasillo.
-¡Neko Punch!-gritó Tailmon, mientras destrozaba a todos los pedazos de hielo con sus afiladas garras, volteando en el aire-
Tras destrozarlos todos, puso sus pies cómodamente en el suelo y hizo una pose elegante, con unas palabras:
-Como si no fuera lo suficientemente rápida… Ahora, toma esto. ¡Cats'Eye!
Logró hipnotizar al Sorcerymon usando unos extraños poderes que ejecutó desde los ojos. Acto seguido, le preguntó por lo que pasaba en esa isla.
-Ahora sí… debes contarme… todo lo que pasa… aquí-dijo Tailmon, mientras Sorcerymon le golpeaba brutalmente con su bastón.
-Ja,ja,ja… No creas que un conjuro de hipnotismo funciona contra mí, estúpida gata…-dijo Sorcerymon-
Tras el golpe de bastón, Tailmon salió disparada brutalmente hacia una pared, y escupió un poco de sangre. La sangre se mezclaba de una extraña forma con el gélido suelo. No parecía querer desaparecer del frío que la contenía. Mirando hacia abajo, con su boca ensangrentada, decidió hacer algo arriesgado para librarse de ese Sorcerymon de una vez.
-Si tu no me cuentas nada, deberá contármelo alguien que no seas tú-pronunció Tailmon-
-Eso sí que no te lo permitiré-dijo su enemigo mago, con un tono solemne, alzando el bastón e invocando una bola de hielo gigante-
-No me das miedo-se abalanzó brutalmente hacia la bola que estaba creando-
Al abalanzarse hacia la bola, empezó a darle miles de arañazos consecutivos, a una velocidad endiablada, que solo los gatos saben hacer. Logró romper la bola helada en mil pedazos, los cuales usó para disparárselos a Sorcerymon. Tras esto, le metió dos buenos puñetazos en la barriga y un rasguño en la espalda, que lo dejó en el suelo, inconsciente por un tiempo. Tailmon consiguió dejar inconsciente a su enemigo. Tras eso, dio una voltereta hacia atrás y volvió a hacer una voltereta elegante.
-No me gusta mucho pelear…-se decía a sí misma Tailmon- Al menos, no lo he matado… -se decidió a abrir la puerta en la que estaba Seraphimon-
-He venido a hablar con…-soltó Tailmon-
-¡FUERA DE AQUÍ!-le gritó Seraphimon-
-Pero… necesito ha…
-¡HE DICHO QUE NO SE PERMITE LA ENTRADA A EXTRAÑOS!
Tailmon no daba crédito a lo que ocurría. Un ángel Digimon le estaba echando del castillo, cuando ella sólo quería hablar pacíficamente. El mundo le daba vueltas, las esperanzas volvían a escaecerse. El mundo se tornó de nuevo de un tono negruzco, grisáceo y olvidadizo. Se cayó al suelo, inmovilizada, sin poder mover una palabra. Sin las fuerzas que protegen al Mundo Digital, todo estaba perdido… Seraphimon invocó una de sus magias, una gran espada gigante, con la que estaba decidido a cortar por la mitad a Tailmon.
