—¿Entonces qué hicieron?
—Pues el príncipe... es que no me has dicho si el herrero sabía o no que era en realidad el príncipe y si el príncipe lo sabía también —explica girándose hacia él.
—Non, no creo que supiera que era un príncipe... ¿o sí? ¿Qué sería más rom... divertido?
—Entonces el herrero no sabía que la chica y el príncipe eran la misma persona... y un día el herrero le confesó al príncipe que estaba enamorado de ella para que le ayudara a conquistarla.
—Aja…
—Y el príncipe... el príncipe se puso muy nervioso por que el herrero era su amigo y sabía que no podía ser correspondido por esa chica.
—¿Por qué no?
—¡Porque era él!
—Bueno sí, pero... tampoco es que fuera imposible.
—Claro que sí.
—Mmmm... —no muy convencido.
—Así que el príncipe le dijo que se olvidara de ella y el herrero enfureció cegado de celos pensando que el príncipe también la pretendía.
Francia levanta las cejas y se acerca un poco más, absolutamente embobado con este giro en los acontecimientos que NO se esperaba.
—Así que discutieron muy fuerte hasta que ¡el herrero le retó en un duelo de espadas!
Francia abre la boca y levanta las cejas.
—Pero... pero...
—¿Aja? —le mira
—¿¡Y qué pasó?! ¡cuéntame! —se acerca más hasta que ahora si casi se tocan sus rodillas—. ¿Se pelearon? ¿¡El herrero lo atravesó con su espada?!
—Pues el herrero no atendía a razones cuando el príncipe intentó explicarle, así que propuso el lugar a donde se verían, no le quedó más remedio que acudir, aunque no tenía ningunas ganas de pelear con su amigo.
—¿Y por qué no le dijo que él era la chica?
—Eso fue lo que hizo, fue al lugar del encuentro... con su ropa de chica.
Francia abre la boca y los ojos y se incorpora un poquito.
—Aja...
—Y el herrero no podía estar más sorprendido al ver ahí a su amada.
—¿Y? ¿Y?
—Él vaciló un instante al verle, por que sabía que si le contaba le destrozaría el corazón, así que le tomo de las manos y le contó que su amigo era un fugitivo del reino vecino y que le habían capturado y dado muerte al crepúsculo.
Francia mira al inglésito con ojos desconsolados.
—Pero... pero...
—Así que el herrero se entristeció mucho por la muerte de su amigo, tanto que esa misma noche no pudo ni dormir y los días siguientes la comida no le entraba, enfermó famélico —los dramas de Inglaterra.
—Ohhh... —susurra el francés haciéndose bolita.
Da igual cuanto te esfuerces, Francia, al parecer, según Inglaterra, si no acaban todos muertos tampoco es buena literatura.
