—El herrero se sentía culpable por haber sido tan egoísta con su amigo y haberle retado a un duelo, lo que le obligó a ir al pueblo a plena luz y por tanto ser apresado, se sentía como si él mismo le hubiera ensartado en su espada, pero sin un premio... y a los pocos días, la chica desapareció del pueblo.

—Ohh! —repite Francia ahora con los ojillos empañados—. Pobre herrero.

Yes... y al príncipe no le quedó más remedio que volver a su casa y casarse con una chica que había elegido la reina para él.

Quoi?! ¿Por qué? ¡Si el herrero le quería! —protesta el francesito muuuuy triste

—¡Pero él estaba destinado a reinar! y necesitaba a una reina para hacerlo.

—¿¡Y por qué no podía ser el hijo del herrero?! —protesta.

—Porque era un hombre también.

El de ojos azules frunce el ceño y se abraza las piernas odiando que TODAS las historias del inglés siempre terminen igual.

—Agh... eso... eso es cruel con el herrero, no me gustan tus historias feas en donde todos mis personajes siempre tienen el corazón roto.

—Pues así es y ya está —se da la vuelta dándole la espalda—. Ahora duérmete que tengo sueño.

El francés se limpia un poco los ojos pensando que cuando él sea grande las cosas NO van a ser así y él va a tener un reino con Inglaterra aunque los dos sean hombres y no pasará nada. Se queda en silencio un par de minutos.


¿Un abracito para Francia?