—Tengo frío —indica Francia después de un rato mirándole de reojo.

—Pues ve a por una manta —responde Inglaterra con los ojos cerrados intentando dormir.

—¿Te enfadaste conmigo? —pregunta mirándole.

—No...

Francia se le repega un poquito hasta que su hombro toca su espalda.

—Tengo frío...

—¡Estás cruzando la línea! —chilla al notar que le toca la espalda.

—¡Tengo frío!

—¡Pues es que no llevas pijama! —replica.

—Tú tampoco... ¡cuéntame algo más antes de dormir!

—Ya te he contado una historia y no te ha gustado —frunce el ceño por que no le gusta que le diga que no le gustan sus historias.

—Sí me ha gustado, solo que no me gusta que tengan final triste.

—¿Y cómo la harías tú que se acabara? —pregunta aun de espaldas a él.

—Pues juntos... —responde como si fuera OBVIO.

—No pueden estar juntos, ¿no lo entiendes? —se da la vuelta y al notar que está tan cerca, intenta separarse, sonrojándose y acaba cayéndose al suelo.

—Por qué n... ohhh! —se asoma por el borde de la cama.

Inglaterra parpadea desde el suelo descolocado unos segundos y luego se sonroja y se cubre.

—¿Qué ha pasado? —levanta las cejas.

—¡Que has cruzado la línea! ¡Échate para allá! —se pone de pie, cubriéndose, empujándole con un pie. Francia se gira sonriendito, así que Inglaterra le empuja más para que se quite.

—Sube otra vez... —pide el francés.

—Pues quédate en tu lado —exige el inglés.

—¡Estoy en mi lado! —miente, claro, porque está a la mitad. El británico le fulmina y se va a dar la vuelta a la cama

—¿A dónde vas?

Hinca la rodilla del lado de Francia aun con las manos sobre las regiones vitales y le mira fijamente con el ceño fruncido.

—¡No te enfades!

Pero Inglaterra se mete a la cama del lado de Francia, dándole la espalda otra vez, el francés se le vuelve a acercar.

—Tengo frío —es persistente.

—¡Sepárate!

—PEro... ash... vale, vale, me separo.

Inglaterra se relaja un poco cerrando los ojos dispuesto a dormirse.