Lamento por la muuuy tardada actualización, es solo que no había tenido tiempo ;~; Los amo!
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3. This is… Fight!
-¡Te digo que no es así! Yo también ayudo en ésta casa.
Rachel se levantó apretando los puños, mirando directamente a los ojos a Kurt, que simplemente arqueaba una ceja tratando de hallar un comentario suficientemente frío para hacerla callar de una vez.
-Por lo que veo, Blaine es el que sale a hacer las compras, trabaja en los cafés, anda de fotógrafo por las calles y limpia la casa; mientras tú, pequeña enana, no paras de hablar, gritar y dar órdenes para que hagan lo que se te plazca.
Rachel aprieta la boca hasta formar una línea gruesa, cambiándole el color de la cara a un rojo brillante. ¿Quién se creía ese desgraciado? Primero los ignora en Central Park y ahora quedándose en su apartamento mientras su compañera, La Princesa de Ojos Verdes, estaba fuera. Estuvo a punto de contestar, pero Blaine llegó de la cocina con las manos en alto.
-Woa woa woa, Rachel, ¡Tranquila!
-¡No me voy a calmar! Éste chico es un engreído que solo viene a hablar como si nos conociera.- Se baja y se dirige hacia Blaine, llevándolo un poco lejos de Kurt.- Blaine, éste chico no es nada bueno, es más, parece como si no tuviera alma, ¡mira sus ojos!
-Si quisieras hablar más bajo, sería de mucha ayuda. Y no, no soy una clase de vampiro o criatura del averno sin alma.
Rachel se giró y lo fulminó con la mirada. Kurt le devolvió la mirada con la misma frialdad. Iba a ser imposible que se lograran llevar bien, solo una noche y ya sería libre del hobbit y la boca grande.
-Escuchen, debo salir para buscar algo que olvidé. ¿Podría confiar en que cuando regrese los podré encontrar vivos?
Kurt cruzó las piernas y volteó la mirada. Blaine soltó un suspiro y volteó a ver a Rachel. La chica solo suspiró y asintió. Blaine sonrió algo aliviado y tomó su mochila.
-Trataré de no tardarme, ya regreso.
Abrió la puerta y salió. De inmediato se sintió una tensión terrible entre las dos divas. Kurt trataba de evadir la mirada penetrante de Rachel, quien lo fulminaba con la mirada. Rachel se sentó en el sofá, sin dejar de mirar a Kurt, que se volvía a acomodar en el sillón. Soltó un suspiro exasperado y se dignó a mirarla.
-No me agradas.
Rachel se enderezó y le dirigió una de sus más grandes sonrisas sarcásticas.
-No me agradas tampoco.
-Esto es ridículo. No sé por qué tengo que sentarme aquí, fingiendo que me agradas por él. Ni siquiera es mi amigo.
-Pues, es mi mejor amigo, así que yo lo estoy haciendo por él. Y te agradecería que hicieras lo mismo, que te está dando techo por tus errores de no llevar las llaves cuando sales.
-Tranquila, Boca Grande, que no suelo cometer éstas tonterías.
Rachel abrió la boca indignada. ¡¿Boca Grande?! ¿Quién se creé que es ésta primadonna?
-¡Cierra la boca!- Rachel se levantó de un salto y se dirigió hacia donde estaba Kurt.- No tengo una boca grande, solo digo las cosas como son y tú, carita de porcelana, no eres más que una diva con trastornos bipolares y que no acepta ni un buen cumplido o una ayuda de buena gana.
Ahora fue el turno de Kurt de abrir la boca indignado. ¡¿Porcelana?!
-Escúcheme, señorita Berry. Yo no tengo complejos de Diva, cosa que cierto enano frente a mí, sí lo tiene.
-¡Retráctate!
-¿Tienes novio?
Rachel pestañeó varias veces, sorprendida por la repentina pregunta de la primadonna.
-Uhm… no…
-Humph…-Kurt lanzó un resoplido, cruzándose de brazos.- No me sorprende. A nadie le gustan los gnomos histéricos.
-¡¿QUÉ DIJISTE?!
-¡Lo que escuchaste!
-Escúchame, niño…
-Yiiiiiiiiih
Kurt y Rachel se quedaron callados. Se miraron el uno al otro y Kurt puso un dedo sobre sus labios indicándole que no hiciera ningún ruido.
-Yiiiiiiiih.
Las divas se giraron y no vieron nada. Kurt se asomó por debajo de la mesa de noche, mientras Rachel miraba por la cocina.
-No veo nada, creo que…. ¿Qué?
Kurt se había quedado congelado. Rachel no sabía lo que le pasaba al chico, así que volteó hacia el lugar a donde la mirada de Kurt indicaba y se encontró con dos ratas enormes del tamaño de un gato.
-¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAH!
Blaine estaba mirando los aparadores de revistas, viendo que había de nuevo. Comenzó a llover y no quería quedarse estancado, ésta vez solo, bajo un techo de algún negocio. Recordó la pequeña plática que había tenido con el chico de ojos azules y cómo lo había dejado embobado al escuchar cantar esa canción, y cuando sus miradas se cruzaron en la estrofa y sentía que su corazón latía al cien…
-¡WAAAAAAAAAAAH!
Blaine se revolvió el cabello, ligeramente estresado. ¿Cómo era posible que empezara a hablar y a sentirse de esa manera por un chico que apenas conocía? Debe ser por el físico, sí, debe ser eso. Blaine se la pasó repitiéndose eso durante unos cinco minutos parado frente al estante de revistas, aún en la misma página.
-¿Cómo hacer que mi gato no se coma a mi ratón?
Blaine alzó la vista y se topó con un chico alto, cabello café y ojos verdes intensos. Estaba ligeramente inclinado sobre la revista que Blaine estaba leyendo.
-¿Problemas de mascotas?
-Uhmm algo así…-Blaine se sintió extrañado de que un extraño se le acercara de esa manera. Usualmente los hombres no se inclinan así, a menos de que estuvieran jugando en su equipo.-Uhm... ¿Nos conocemos?
El chico esmeralda río por lo bajo y esbozó una sonrisa inmensa y brillante, que dejaría anonado a cualquiera. Se irguió y tendió su mano.
-Sebastian. Sebastian Smythe.
-Está bien. No me voy a pasar mi noche con un ratón quisquilloso y dos ratas del tamaño de un gato ¡¿Por qué tienen esas cosas aquí?!
-Te aseguro que no son las mascotas de los dos, y ¡¿A quién le dices ratón?!
Rachel y Kurt estaban parados sobre una banca, que estaba lo suficientemente alta para que los roedores no se subieran. Como solo había una banca, Rachel tenía que estar prácticamente pegada a Kurt, cosa que no le parecía al ojia-azul, ya que le molestaba todo contacto con otra persona que no fuera Quinn.
-Debo lavar esos sillones, ya están impregnados de esencia de rata…
-¿Sabes? Ustedes dos están llenos de sorpresas, ahora ¿podrías bajar a deshacerte de esas cosas?
-¿Estás loco? No bajaría ni por nada del mundo, esas cosas me comerían primero. ¿Por qué no bajas tú?
-No las voy a matar, no suelo hacer esas cosas yo. Me refería a que bajaras y abrieras la puerta.
-Vuelvo a decir, baja tú.
Kurt la fulminó con la mirada. Esto no los iba a llevar a ningún lado. Una de las ratas trató de escalar la banca, cosa que hizo que las dos divas lanzaran un grito y casi cayeran de ella.
-Está bien, Kurt Hummel, ¡Baja y deshazte de esas cosas! Llévatelas y haz tu circo de ratas.
-No me las voy a llevar, y es imposible que pueda hacer un circo con dos ratas.
-¡Se reproducen en minutos! No tendrás problema con ello.
-A menos que les guste adoptar, o le vayan a mi equipo, eso será imposible. ¿Cómo sabes qué son?
-Pues no lo sé, podrías... Uhmm ¿qué están haciendo?
Kurt se giró hacia donde Rachel estaba mirando.
-Uhmm… creo que ya lo sabemos ahora.
-Eww…
-Uhm… es un gusto, Sebastian.
-El gusto es mío…
-Blaine Anderson.
Blaine le tendió la mano al chico esmeralda, que esté apretó de manera extraña.
-Gran nombre…-dijo el esmeralda con una gran sonrisa.
-Uhm sí, claro…-Blaine retiró la mano, sintiéndose algo incómodo.- No te había visto por aquí antes…-Mierda, Blaine, cállate, no suenes a que le estás coqueteando.-Paso mucho por aquí y es extraño ver caras nuevas.
-Sí, me acabo de mudar hace unos días.-Se recargó en el estante de las revistas, cruzando una pierna y teniendo a Blaine directo a los ojos.- No conozco muchos lugares de por aquí, ni a mucha gente.
-Te acostumbrarás, yo igual acabo de llegar hace unos días. Solo que como era mi sueño, desde hace tiempo que ando viendo las calles y lugares así que me siento algo familiarizado.
El chico esmeralda rió por lo bajo, y Blaine no estaba seguro si era lo que siempre hacía cuando hablaba con los demás o se estaba burlando de él.
-No es uno de mis lugares favoritos, pero no me quejo.
-Es un lindo lugar, espero que logres acoplarte.-Blaine le dirige una sonrisa amable, y agradece que la lluvia haya parado para poder irse de ahí.- Bueno, con tu permiso, tengo que…
-¿Por qué no te quedas en mi casa? Quiero decir, ya es muy tarde.-Sebastian se le acerca de manera provocadora, acorralándolo ligeramente contra la pared.- No vaya a pasarte algo…
-Uhm…-Gracias a que Blaine es pequeñito, pudo zafárselo moviéndose hacia un hueco libre que habían dejado sus brazos.-Te lo agradezco pero, uhmm, no soy de esos…
Sebastian se retiró, pero esbozó una clara sonrisa. ¿Acaso éste chico no tenía otra expresión facial que la sonrisa?... ¿o estaba burlándose de él?
-Claro, fue muy repentino, lo sé… Es solo que acabo de salir de una complicada relación y… después de un año al fin me decidí en darme otra oportunidad.
-Uhm… claro, solo que te recomiendo que no te avientes así a la gente.
Sebastian soltó una carcajada, cosa que hizo que Blaine comenzara a molestarse.
-Lo sé, lo sé… Bueno, dejo que sigas tu camino, Blaine. Espero volverte a ver.-Le guiñó un ojo y salió de la tienda.
Blaine se quedó ahí parada. ¿Qué era lo que acababa de ocurrir? Ah, claro. Un tipo trató de llevárselo a la cama, claro, New York, me sigues sorprendiendo.
-Está bien, estamos sentados sobre la barra de la cena, con un ratón, una rata urgida y otra rata próximamente preñada.
Rachel y Kurt se habían pasado a la barra porque Steven, la rata urgida, comenzó a morder el banco. Decidieron ponerles nombre a las ratas, cosa que los distraía de ponerse a pelear cada segundo. Steven fue porque es un nombre que ambos odian, les parece ridículo; y la rata próximamente preñada se llamaba Eve.
-Eve está mordisqueando el sillón de nuevo…
-Deben estar hambrientas… y más lo estarán con la camada que se traen…
-¿Crees que Steven se haga cargo?-Rachel ladeó la cabeza y se recargó sin querer en el hombro de Kurt, pero lo milagroso fue que éste no dijo nada.
-No lo creo, en cuanto salgan de aquí cada quién irá por su cuenta y su vida de roedores…
-Pobre Eve…
-Maldito Steve.-Ambos lo dijeron al unísono que no pudieron evitar sonreír.
Puede ser que estar encerrados por más de tres horas con dos ratas tamaño jumbo haya hecho que medio se soporten. Pero era obvio que ninguno lo iba a aceptar tan rápido.
-Sigues sin agradarme.
-Ni tú a mí.-Rachel no pudo evitar esbozar una sonrisa.- ¿Dónde anda Blaine? ¿Cuánto tiempo puede tardar en comprar… lo que vaya a comprar?
En ese instante Blaine abre la puerta y en cuanto la abre las dos ratas salen corriendo entre sus piernas.
-¿Pero qué…?
-¡Más te vale que te hagas cargo, Steve!-Rachel saltó de la barra y se fue directo a taclear a Blaine.- ¿Dónde estabas? ¡Pudimos haber sido comidos por dos ratas enormes mientras tú estabas fuera!
-Rachel, dudo que las ratas pudieran haberte comido…
-Aun así, ¿qué estabas haciendo? ¿Por qué tardaste tanto?
-Un contratiempo…-Blaine pasó de lado de Rachel para poner las bolsas en la barra. Se giró y se encontró con los ojos azules de Kurt. Shit…-¿Necesitas ayuda?
-No te preocupes, puedo solo.-Blaine asintió y se giró. Kurt saltó de la barra y lo miró de reojo.-En fin, ¿de dónde salieron esas ratas?
-Deben haberse metido por la ventana, el vecino tiene ciertos hobbies uhm... interesantes,-Blaine hizo una mueca y se sonrojó al ver que Kurt hizo la misma mueca al unísono.- Me alegra que no se hayan matado entre sí.
-¿Bromeas? Estuvimos de un lado para al otro intentado que la rata no nos comiera.
-Rachel, a veces eres un poco exagerada…
-¡¿Qué dijiste Blaine Anderson?! ¿Por qué esa cara, Hummel?
-Solo trato de ignorar tus chillidos de ratón…
-¡¿Qué?!
Unos ojos verdes miraban una foto tomada de manera desprevenida de un chico bajito con rizos alborotados.
-Mmm… Blaine Anderson…
