4.- This is… The Queen & The Star.

Rachel lanzó un largo bostezo. Desde hace varios días no había dormido bien tratando de descifrar qué era lo que molestaba tanto a Blaine. Recuerda que esa noche él sólo llegó arrastrando los pies y se fue directo a tumbarse a la cama. Él nunca solía actuar de esa manera, a menos que algo le estuviera dando vueltas en la cabeza, algo de su punto débil que desde que lo conoce aún no logra saber.

Lo único que Blaine hacía era irse a trabajar, merodear por las pequeñas tiendas cercanas al edificio y dar vueltas en Central Park. Desde hace una semana que empezó con esa rutina y comenzó a sacar de quicio a Rachel. Se cansaba de verlo tan abatido y sin querer hacer algo. Un día trató de sacarlo de su rutina y Blaine se alteró tanto que terminó encerrado en el baño por lo que restaba del día. Sí. Sacarlo de su rutina definitivamente era una mala idea, pero tenía que hacer algo antes de que ella terminara saltando por la ventana.

Era un domingo, así que decidió salir a dar una vuelta. Como Blaine no trabajaba, Rachel trató de convencerlo de que la acompañara pero él sujeto sólo se limitó a gruñir y a esconderse bajo las sábanas. A este paso iba a terminar encarcelada por asesinar a su compañero de cuarto.

Rachel era una persona algo complicada. A veces le gustaba rondar por las calles ella sola, pero después quería estar acompañada con alguien. Se sentía intimidada, sino por su tamaño, por su aspecto. No era de esas chicas que uno se queda mirando dos veces. Era del tipo de chicas que son como de "utilería". La verdad es no le importaba mucho, tenía más cosas en la cabeza por las cuales preocuparse, pero a veces se filtraba por su cabeza esos pensamientos. No solo porque las chicas bonitas reciben más atención del lado masculino, sino porque uno se dirige a hablar con alguien si este es de apariencia atractiva. Por mucho tiempo ella trató de probar que eso estaba equivocado, pero terminó rindiéndose.

Decidió detenerse en una librería, y fue directo a la sección de revistas. Desde hace rato andaba buscando un regalo para Blaine, pero aun sabiendo sus gustos era difícil de saber. Alzó la vista por un minuto y pudo ver que una chica bonita entraba a la librería. La chica parecía desorientada, tal vez no sabía lo que un libro era, pensó Rachel evitando poner los ojos en blanco. La chica se limitó a pasear por los anaqueles hasta que los chicos que estaban a lado de Rachel voltearon a verla y se dirigieron hacia ella. Ya se habían tardado. Un ligero pensamiento que siempre cruzaba por su mente cuando algo como esto pasaba, La historia de su vida. La chica parecía muy animada por la atención y no dejaba de manotear. Llegó a golpear al chico que tenía a lado, pero por una cara bonita cualquiera se queda.

-Debe de haberse perdido aquí dentro… -murmuró Rachel para sus adentros.-

-O haberse confundido por una tienda de ropa.

Una suave voz contestó a su burla. Rachel alzó la mirada y no sabía si sentirse mejor o peor de que ella le estuviera hablando. Ah, cierto… soy yo la que tiene el problema con ella, o ella conmigo, se recordó Rachel a sí misma.

-Al parecer es lo que suelen hacer ese tipo de chicas…-devolvió la revista a su lugar, regresando la mirada hacia el estante.-

-¿Te refieres al tipo de chicas "bonitas"?.-Quinn alzó una ceja volteando a ver a Rachel.-

Rachel frunció sus labios y se limitó a mirar a Quinn, dándole una ligera sonrisa que parecía más una mueca.

-Sí, esa clase de chicas.

Quinn le sonrío suavemente. ¿Cómo era posible que le sonriera así después de la mueca que le lanzó?

-Muchas de ellas vienen a buscar pareja en estos lugares, o sólo tener a alguien que les compren cosas. Pero no todas son así.

Rachel siguió sin alzar la mirada. ¿Estaba hablando en serio? ¿Ella? ¿La chica que parecía tener a todos los hombres bajo sus pies?

-Bueno, perdida o no, no son de mi agrado.

-No les hagas caso, esa clase de chicos no son los que valen la pena.

Rachel seguía más confundida. ¿Por qué la trataba de animar cuando lo que hacía era demostrarle que no la quería cerca?

-La mayoría. 95 del 100 por ciento.

Quinn frunció ligeramente el ceño. Al parecer era de esas chicas tercas.

-Bueno, te diré esto. Esas clases de chicas nunca suelen conseguir a alguien que se quede por su forma de ser, sino por su físico. Así que si alguien se llega a quedar contigo, siéntete orgullosa de que tienes a alguien atrás de ti por algo que vale. Que tengas un buen día, Rachel.

Esbozó una amplia sonrisa y se limitó a salir de la tienda. No había comprado nada ni echado un ojo a otra revista más que la que había tenido en mano, una revista de automotriz. Dudo mucho que sólo haya venido para ojear una revista sobre autos y luego irse. O… ¿La habrá visto y se hubiera detenido sólo para saludar? Si ese fuera el caso, sería la primera vez que alguien hubiera echo eso…

Dejó la revista y salió corriendo de la tienda, buscando esa cabezita rubia. Alcanzó a ver de lejos el vestido verde que tenía puesto y se dirigió hacia ella, esquivando a la gente que se le ponía en frente y la golpeaba con las bolsas a su paso.

-Sé que soy bajita, pero no es para tanto…

Logró salir de la jungla de personas y bolsas y ataques de chicas corriendo por descuentos y pudo observar a Quinn mirando una tienda de repostería. La ojiverde alzó la mirada por un segundo hasta voltear a ver a la morena.

-Oh, Rachel, no te había visto.

-Sólo me regresaba… no encontré lo que buscaba…

Rachel se acercó hacia Quinn, bajando la vista hacia lo que la chica había estado viendo por los pasados cinco minutos. Un gran libro con brillantes y llamativos postres en la portada. Al parecer era un recetario sobre diferentes postres del mundo.

-¿Repostería?

-Es una pequeña afición que tengo desde niña.- lanzó una suave risa, acomodándose un mechón rubio que se había escapado de su cola de caballo.- Es un entretenido pasatiempo.

-Y parece que te llama la atención… ¿por qué no compras el libro?

Un pequeño rubor apareció en las mejillas de Quinn, negando suavemente.

-Es muy costoso, no podría gastarlo todo…

Rachel pudo notar un leve destello de decepción en sus ojos. El mismo destello que tuvo ella cuando no pudo conocer a Barbra por tan solo cinco personas.

-Mira, haremos esto. Actualmente soy yo la que tiene que cocinar, y no soy muy buena para ello. Puedo ayudarte a comprarlo si me enseñas a cocinar.

Quinn alzó la vista hacia ella con los ojos bien abiertos.

-¿H-Hablas enserio? Es mucho, no podría…

-Anda, vamos. Será divertido, además, tengo dinero de sobra, y jamás he sido buena para la repostería.

Quinn dudó por un largo minuto. A pesar de que quería ese libro más que nada, era demasiado aceptar esa ayuda, más por alguien que empezaba a conocer.

-¿Estás segura, Rachel?

-¡Claro que sí! Anda, vamos. Parece que va a llover y es mejor que nos apuremos.

Quinn esbozó una amplia sonrisa y se dirigió a entrar a la tienda.


-Oh, por dios, Quinn… ¡Esto es delicioso!

Habían llegado al apartamento de Quinn y Kurt antes de que comenzara la lluvia. Al parecer Kurt no había estado mucho en casa, por trabajos de la escuela o tiempo extra. Era un apartamento bellísimo, pintado de color blanco y muebles negros y colores obscuros. Muy amplio y de doble piso. Quinn dijo que tanto su padre como el de Kurt se habían puesto de acuerdo en comprarles un apartamento para los dos, así no estarían solos en Nueva York.

-Muchas gracias. Kurt tampoco se queda atrás, desde que nos conocemos hemos estado cocinando. Es algo en lo que nos llevamos muy bien, en la repostería.

-Pues esto es delicioso, en verdad.

La chica sonrió y se dirigió a la barra con Rachel.

-¿Has hablado con Blaine?

Rachel se quedó con medio bocado en la boca.

-¿Por qué lo preguntas?...

-El miércoles me lo encontré de camino a casa, pero… apenas sonrió y alzó la mano. ¿Está todo bien? Kurt ha estado igual, recientemente…

-¿Kurt? ¿En serio? ¿Y no le has preguntado que tiene?

Quinn negó con la cabeza tristemente.

-Apenas está en el apartamento. Sale muy temprano y llega muy tarde. Como que ha estado tratando de acaparar todo su tiempo.

Rachel frunció los labios. ¿Habrá pasado algo entre esos dos? Alzó la mirada al reloj de la cocina. 9:00 p.m.

-¡Oh por dios! ¡Ya es muy tarde!

Quinn parpadeó algo confundida y alzó la mirada también, posando una mano sobre su boca.

-Pensé que era más temprano…

La pequeña saltó de la silla y se dirigió por su abrigo y bolsas.

-Ha sido un adorable día, gracias Quinn.

-¡Por nada! .-se levantó de la silla para acompañar a Rachel hasta la puerta.- Espero que podamos repetirlo otro día.

-¡Estate segura de eso! .-Sonrió ampliamente y salió por la puerta.-

-Oh, y ¿Rachel?

-¿Sí? .-logró voltear antes de alejarse más por el pasillo.-

-No hagas caso de las miradas y comentarios de los demás. Eres hermosa.-esbozó una tierna sonrisa antes de entrar al apartamento.- Que descanses.

Rachel parpadeó ligeramente, antes de que se terminara de cerrar la puerta. Por alguna razón, se sintió tranquila.


-¡Blaine, llegué!

Rachel recorrió el apartamento con la mirada. Todo estaba como lo había dejado en la mañana.

-¿Blaine? ¿Blaine?

Vagabundeó por el apartamento en busca del chico, pero no había ni rastro de él. Por alguna extraña razón, en lugar de sentirse aliviada de que salió, se sentía muy, pero muy preocupada.

-¿Blaine…?