INUYASHA NO NOS PERTENECE, ESTE FANFIC HA SIDO ESCRITO SIN FINES LUCRATIVOS.


Este fanfic es escrito por el Gazziero-Gumi para conmemorar el día en que logramos más de cien participantes, y bueno, porque todas amamos la serie y queremos participar en el fandom unidas.

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ADVERTENCIAS:

CADA CHICA DEL GUMI ESCRIBIRÁ UN CAPÍTULO DE SU PAREJA FAVORITA, POR LO CUAL EN ESTE FIC HABRÁN CAPÍTULOS DE TODAS LAS PAREJAS.

CADA CAPÍTULO ES INDEPENDIENTE DE LOS DEMÁS, NO ESTÁN HILADOS ENTRE SÍ: SON DRABBLES, VIÑETAS Y ONESHOTS INDEPENDIENTES.

¡ESPERAMOS QUE LES GUSTEN!

¡LAS ESPERAMOS Y GRACIAS POR LEER!


"El amor es dificil de expresar. Probablemente las palabras "te amo" sean las palabras que más nos cuesta decir por primera vez. Esto también vale para nuestros personajes, quienes tendrán el complicado desafío de declarar sus sentimientos a esa persona especial.

CIEN MANERAS DE DECIR "TE AMO"

Por Gazziero-Gumi

Capítulo 2: Nadeshiko Miko

"Mi hembra"

No sabría decir cuánto tiempo llevaba ahí parado, mirando como si la puerta de la cabaña de Miroku y Sango fuese su peor enemigo.

Kagome había vuelto después de tres años que había estado fuera, tres años en los que la había estado esperando día tras día sin perder la esperanza. Iba al pozo y se quedaba observando el oscuro fondo, pensando que algún día Kagome saldría de él como tantas veces había hecho en el pasado. Aquella tarde cuando estaba en la aldea y el ligero aroma que tan bien conocía llegó a sus oídos fue como si una descarga le recorriera el cuerpo, corrió tan rápido como pudo atravesando el bosque hacia el pozo donde el aroma se intensificaba. El pozo seguía como antes, oscuro, sin embargo algo era diferente esta vez, alargó la mano y cuando notó como la agarraban su corazón empezó a latir más fuerte si era posible.

Más madura, más bella, salió del pozo preguntándole si había estado esperándolo y supo que ella también habido ido tan seguido al pozo como él esperando verlo de nuevo. La abrazó contra él, feliz de que volviese.

Y ahí estaba, fuera de la cabaña, lejos de Kagome y escuchando levemente la conversación que las dos estaban teniendo poniéndose al día de esos tres años que había estado separadas, tres años en los que Miroku y ella no habían perdido el tiempo y habían tenido tres cachorros.

Había estado esperando el regreso de Kagome tanto tiempo y ahora que, por fin, había regresado no estaba a su lado. No se atrevía a entrar en la cabaña, estaba paralizado. Sus mejillas ardían.

Tenía que decirle todo lo que había sentido durante ese tiempo, cuánto la había echado de menos y necesitado a su lado y cuánto la quería. Quería formar una familia con ella, como habían hecho Sango y Miroku, quería cuidarla y que marcarla como suya para los restos.

Dio un paso hacia la cabaña decidido, y acto seguido retrocedió. Su corazón iba a salir de su pecho. No encontraba el valor suficiente para expresarle todo lo que en su interior guardaba. ¡Pero si él había animado a Souta a que confesara sus sentimientos hacia ella niña y el mocoso lo había hecho, él también podría!... Pero ese día no. Bastaba de peleas internas, debía disfrutar de estar con ella y no estar ahí fuera como un idiota.

Caminó con decisión y abrió la perta de golpe, interrumpiendo la charla de las dos amigas, y llamando la atención de las niñas que tiraban de los cabellos de su padre. Todos los presentes lo miraron y él cerró los ojos, con expresión malhumorada y se sentó en un rincón cerca de Kagome.

—Inuyasha, ¿dónde has estado? Kagome nos estaba contando que ha estado estudiando mucho y se ha graduado en su escuela con sobresalientes —dijo Sango con una sonrisa. ¿Qué le pasaba al hanyou? Parecía molesto por alguna razón, pero tendría que estar feliz.

Kagome miró de hito a hito al joven híbrido. No entendía que le pasaba, hace unas horas la había abrazado con tanta fuerza que casi le rompe las costillas y ahora se sentaba aparte, con esa expresión que conocía tan bien cuando algo rondaba por su mente. No queriendo tener una conversación con él estando ellos presente, se volvió hacia Sango y miró al bebé recién nacido que tenía entre sus brazos. Cuando recordaba a sus amigos siempre se había preguntado que sería de ellos dos, si Miroku habría dejado sus costumbres de mujeriego odioso y si había decidido centrar su cabeza con aquella mujer que estaba tan locamente enamorada de él como lo estaba de ella y en sus pensamientos imaginaba a los dos felices, pero lo que nunca pensó es que tendrían a tres niños.

—¿Puedo cogerlo?

—Claro que sí. Toma, ten cuidado con la cabeza. —Sango entregó a su pequeño a Kagome con cuidado y sonrió al ver la imagen. Siempre había deseado que su amiga volviese y disfrutase junto a sus pequeños.

Inuyasha observó a Kagome con el bebé. Lo cogía con cuidado y mimo, apretándolo suavemente contra su pecho y agarrando su cabeza contra su brazo con cuidado, lo miraba con ternura y amor, sus ojos avellana más brillantes que nunca. Un sonrojo apareció en sus mejillas y apartó bruscamente la mirada. Quería ver a Kagome sujetando un pequeño de pelo negro y ojos dorados.

El día pasó muy rápido, habían organizado una cena en su honor, Shippo estaba como loco por su vuelta y no se separaba de ella, Kaede sonreía contenta de que estuviese, las gemelas bailaban a ritmo de una música que sólo ellas parecían escuchar y Sango luchaba porque comieran todo el plato, el bebé estaba plácidamente dormido en un pequeño futón cerca de ellos por si se despertaba, Miroku hablaba con Inuyasha de su próximo trabajo. Al parecer, Miroku se había vuelto un monje muy reconocido y estaba ganando mucho dinero con la ayuda de Inuyasha, La vida de sus amigos había avanzado en esos tres años, mientras que la suya se había parado en el mismo momento en que cruzó el pozo y supo que no podía volver. Había estudiado mucho para mantener la mente ocupada, sin embargo, había rechazado salir con ningún chico, solamente en ocasiones salía con sus amigas. La tristeza la había acompañado y la alegría había vuelto desde el momento en que se asomó al pozo y vio el cielo despejado.

Se rió cuando vio que las niñas no hacían caso a su madre, se levantaban e iban hacia Inuyasha abalanzándose sobre él. Él las cogió al vuelo a las dos y comenzó a jugar con ellas, o mejor dicho, dejar que ellas jugasen con él, en especial con sus orejas. Cuánto había cambiado Inuyasha, era totalmente distinto al Inuyasha que se despertó aquel día después de cincuenta años dormido y le daba igual matar a quien fuese con tal de conseguir la perla. Era un muchacho solitario que esperaba ser aceptado, y ahí lo era. Era parte de esa pequeña familia que iba creciendo por momentos al igual que ella.

Parpadeó varias veces alejando las lágrimas que se habían agolpado en sus ojos. Eran lágrimas de nostalgia por los tiempos pasados y de alegría por encontrarse de nuevo ahí. Después de la cena, ayudó a recoger a Sango mientras Miroku dormía a las niñas. Era un padre modelo, quién lo iba a decir.

—Inuyasha ha estado muy raro en la cena. —Comenzó a su amiga.

Sango esbozó una nueva sonrisa.

—Él ha ido al pozo una vez cada tres días, se quedaba mirando el fondo esperando tu regreso... Eso durante tres largos años. Ahora debe estar desorientado, sin creer que después de tanta espera hayas vuelto.

Lo entendía, ella también había estado esperando poder volver a ese lugar.

—Supongo que debería hablar con él ahora. No me gusta que esté así, yo he vuelto y no pienso irme a ningún lado. En estos tres años lo he echado mucho de menos, he tenido a mi familia conmigo pero me sentía vacía sin él.

Su amiga asintió. Si a ella le separasen de Miroku se sentiría de igual forma, vacía, incompleta. Hizo un gesto a Kagome con la mano para que mirase a Inuyasha, estaba en un árbol subido a la rama, como solía hacer siempre.

Sin perder tiempo, Kagome fue hacia allí. Había expresado infinidad de veces su amor por él y sabía, después de los últimos días que había pasado en el pasado, que él la correspondía de igual forma. Se querían, pero nunca lo habían dicho e voz alta. Era hora de hacer una declaración oficial, que Inuyasha supiese que a pesar de los años que había estado lejos de él seguía queriéndolo igual o más que antes.

Vio como la oreja izquierda de él se movió ligeramente al percatarse de su presencia. No había nada que Inuyasha no pudiese oler ni oír con esos sentidos tan agudizados. Él volteó la cabeza, mirándola. Esa noche hacía frío y ella sólo iba con esas ropas de su tiempo tan raras. Bajó de un salto del árbol parándose frente a ella y se quitó la parte de arriba de su haori poniéndosela sobre sus hombros para que no se resfriase. Ella lo miró con ternura y atrapó su mano entre las suyas, delicadas y pequeñas. Él bajo la mirada hacia esa unión, hacía tiempo que no sentía ese tacto que tanto había añorado ni que alguien se atreviese a cogerle de la mano con esa libertad, a excepción de las pequeñas que no parecían tener miedo a sus afiladas garras.

El cosquilleo en su estómago era más presente ahora. Él antes odiaba el contacto, ahora no hacía nada para alejarla, simplemente porque era ella la que lo tocaba. Clavo sus ojos avellanas en los de él, perdiéndose en el mar dorado que tenía ante ella. Soltando sus manos alargó los brazos colocándolo junto a los costados de él y lo abrazó con fuerza hundiendo el rostro contra el pecho de él. Lo notó tensarse, pero al segundo él le correspondió, envolviéndola entre sus fuertes y musculosos brazos.

Su cuerpo le pedía fundirse con ella, el abrazo no era lo suficientemente fuerte que necesitaba, la tenía que tener más unida a él si era posible, pero no quería hacerle daño. Acarició su larga melena disfrutando del tacto suave que producía sus cabellos.

—Te he echado de menos —admitió él, hundiendo su nariz entre su pelo.

Kagome cerró los ojos cogiendo aire y embriagándose de su aroma masculino.

—Te amo, Inuyasha. Siempre ha sido así, y siempre lo será no importa el tiempo o la distancia que nos separe.

Él saboreó esas palabras que le llegaban al alma. Puso la mano en el mentón de ella, exigiendo que lo mirase. Cuando ella lo hizo, él unió sus labios a los de ella en un beso que había pospuesto durante tres años. Primero fue un contacto tímido, un leve roce de bocas que fue cogiendo confianza. Él ejerció presión para que ella abriera la boca y al hacerlo exploró con su lengua cada recoveco de su cavidad, buscando la lengua de ella para jugar. Las manos de él bajaron hacia su cintura pegándola a su cuerpo, y ella se dejó llevar subiendo sus manos a su cuello. El corazón de ambos martilleaba incesante contra su pecho.

Se separó por falta de aire, con la respiración agitada y un leve rubor en sus mejillas. Apoyó la frente en la de ella.

—No sabes la falta que me hacías, Kagome. Quiero marcarte como mía y que estemos juntos para siempre, porque te amo, porque eres mi vida. Porque eres tú, Kagome, mi hembra.

FIN


¿Y? Como siempre, Nadeshiko Miko nos ha mostrado todo su talento... :) Déjenle sus comentarios! y muchas gracias por participar!


Publicación: 25/02/2014