INUYASHA NO NOS PERTENECE, ESTE FANFIC HA SIDO ESCRITO SIN FINES LUCRATIVOS.
Este fanfic es escrito por el Gazziero-Gumi para conmemorar el día en que logramos más de cien participantes, y bueno, porque todas amamos la serie y queremos participar en el fandom unidas.
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ADVERTENCIAS:
CADA CHICA DEL GUMI ESCRIBIRÁ UN CAPÍTULO DE SU PAREJA FAVORITA, POR LO CUAL EN ESTE FIC HABRÁN CAPÍTULOS DE TODAS LAS PAREJAS.
CADA CAPÍTULO ES INDEPENDIENTE DE LOS DEMÁS, NO ESTÁN HILADOS ENTRE SÍ: SON DRABBLES, VIÑETAS Y ONESHOTS INDEPENDIENTES.
¡ESPERAMOS QUE LES GUSTEN!
¡LAS ESPERAMOS Y GRACIAS POR LEER!
"El amor es dificil de expresar. Probablemente las palabras "te amo" sean las palabras que más nos cuesta decir por primera vez. Esto también vale para nuestros personajes, quienes tendrán el complicado desafío de declarar sus sentimientos a esa persona especial.
CIEN MANERAS DE DECIR "TE AMO"
"Te quiero porque fuiste mi herida más temprana y tienes la risa de los trapecistas que saben que van a caer".— Ánuar Zúñiga
Por Gazziero-Gumi
Capítulo 3: Moon Skin
Pareja: Inuyasha y Kagome
"Detalles"
Sabía que no debía haberse marchado… lo presintió desde el justo momento en el que su amada sacerdotisa bendecía a su poderosa espada, más sin embargo su deber como el Lord de la región de Musashi le llamaba. Cientos de aldeanos muriendo en la región colindante por una horda de demonios… su primer pensamiento fue el de "mientras más pronto se fuera más pronto estaría regresando al lado de su mujer"; pero al momento de exterminar a aquellos débiles mounstros se dio cuenta de la esencia que se mezclaba con aquellos terribles seres.
Esta vez no se trataba del bastardo de Naraku, a ese le habían dado ya sepultura hacía ya un tiempo, no… esta esencia era de alguien conocido a quien alguna vez casi considero un aliado o un amigo. Sin pensarlo más, el fuerte hombre de orbes dorados que mantenía su cabello sujeto en una coleta baja, enfundó a su poderosa Tessaiga en la armadura negra que cubría su haori rojo distintivo y se dispuso a andar la carrera más larga que había hecho de vuelta a su hogar en toda su vida, porque esta vez el tiempo era oro.
Y entonces el olor de la sangre de su mujer le entró de lleno a la nariz y sus ojos se volvieron de un oscuro rojo intenso y franjas púrpuras marcaron sus mejillas. De frente a su hogar se encontraba un pelotón de demonios protegiendo el lugar, pero eso a él no le importó y con un movimiento de su espada eliminó a cien de ellos de un solo ataque, una nueva horda atacó y se deshizo de ellos avanzando, debía apresurarse… debía llegar.
La siguiente escena le concedió cierta conciencia en su estado de youkai puro, pues ahí frente a él se encontraba Kagome, la sacerdotisa de azabaches cabellos con el vientre desgarrado, hecha un ovillo en el suelo y tratando de proteger con su vida un pequeño bulto que no dejaba de llorar mientras ella se desangraba.
—Veo que has conseguido llegar para ver el final de tu amada familia, perro sarnoso —articulaba aquel que era el autor de la desgracia más horrible en su vida.
—¡Te mataré! —murmuro más en un sonido gutural, tan frío y siniestro, porque aquel que tenía frente a sí tenía las garras llenas de la sangre de lo más importante para él.
—Entonces nos iremos juntos en el infierno, híbrido —rió sardónicamente el contrincante.
Pero antes de darle muerte no pudo evitar hacer la interrogante… —¿Por qué? —Logró soltar de nuevo con un gruñido el peliplata.
—Porque Kagome me pertenecía, ella debía ser mi mujer… y no cargar con el hijo de un bastardo medio demonio como tú. —Descargó con rabia el hombre lobo.
Y entonces, antes de entregarse a la sed de venganza, la voz de su mujer le llamó.
—Inu…ya…sha… —dijo apenas en un hilo la voz—. Por favor, por favor cuídalo mucho… —Aquello que sonaba a despedida le quebraba el alma al semidemonio—. Llámalo Inutaisho… —pronunció cansadamente.
Aquel sólo logró asentir y entonces se lanzó a su contrincante, el hombre lobo Kouga, y tras tres ataques certeros terminó con el demonio de ojos azules que en su último aliento alcanzó a decirle a la mujer causal de su locura. —Kagome, mi querida sacerdotisa, yo siempre te amé y mis sentimientos me acompañarán al otro mundo… —Y entonces, su vida acabó.
Presuroso y sólo con un brazo fracturado y varios cortes no muy profundos en su piel se dirigió a su mujer, quien seguía aferrada a su pequeña criatura.
—Kagome, te pondrás bien, sólo… —Pero la azabache lo detuvo tomando su rostro con una mano, posándola en la mejilla izquierda y lágrimas salían de sus entrecerrados ojos que no daban para más por el cansancio.
—Inu… no temas, siempre estaré contigo. —Entonces los tomó entre sus brazos y escondió su rostro bajo su mata plateada de cabello—. Debes cuidar a nuestro pequeño y vivir, dile lo mucho que los amé… —Él simplemente asentía con la mirada agachada, ¿cómo podía verla a la cara si había roto la más importante promesa que le había hecho? Protegerla con su vida. Antes de morir ella habló entrecortadamente de nuevo—. Inu, dímelo por favor… necesito escucharlo aunque… aunque sea una vez.
Y entonces él la miró con toda la dulzura del mundo y sin dejar caer más lágrimas se acercó a su frente y la besó, entonces susurró. -Te amo, Kagome. —Ella sonrió como nunca antes había hecho y se fue de este mundo con la paz reflejada en su semblante.
Y él dejo fluir el llanto por haber sido tan descuidado, por no notar que aquellas palabras le habían hecho falta. Ella sabía que la amaba porque qué él se lo decía con detalles, nunca con palabras, con la mirada al llegar de cada batalla, con cada caricia que le daba cuando compartían el lecho en medio del acto amoroso que los convertía en uno. Él jamás había sido de aquellos que solían hablar dulcemente para enamorar, él se lo hacía saber todos los días con suaves toques en sus manos, cuando tomaba un mechón de su cabellera para grabar su aroma en su memoria por si esa fuese la última batalla que rendía, e incluso cuando pasaban ratos sentados en su jardín al lado el uno del otro, compartiendo el silencio.
Él le decía te amo cuando le sonreía, porque sólo a ella le dedicaba ese gesto, pero Kagome siempre agregaba palabras, ella siempre agregaba un "Te amo Inuyasha" , y con su último aliento le hizo saber que ella también necesitaba escucharlas. ¿Acaso no había sabido nunca cuánto la había amado en realidad? Y en ese momento se dio cuenta de que esa podría haber sido la primera vez que admitía en voz alta en su vida que la amaba.
Ese día tomó a su pequeño y se juró a sí mismo y a todos los dioses que existieran que en nombre de la memoria de su esposa no habría un solo día en que no le dijese a su hijo que él y Kagome lo amaban.
Fin
T.T Esperamos sus reviews! Y muchas gracias a Moon Skin!
Publicación: 25/02/2014
