Hola lectores míos! Este relato es mucho más corto que el anterior, ya que, se me ocurrió a mitad de clases, a base de un dibujo que hice. Espero les guste y ah! Al final de este relato hay un aviso importante (O algo así)
ADVERTENCIA: NO es yaoi
Flashback
Marionetas/Mejores amigos por siempre
Ya había terminado su quehacer. Ambos estaban en el suelo, con la sangre adornando la habitación. Uno de ellos había quedado con los ojos inyectados en terror. El otro mantenía los ojos cerrados con fuerza, sentado en una de las esquinas. El rubio estaba de pie, observando a sus dos queridos amigos.
Sonrió.
— Bien, ahora vamos a jugar.
Se acercó al que aún tenía los ojos abiertos. Estaba recostado boca arriba en el suelo, con los brazos extendidos y los labios entreabiertos. El otro púbero lo levantó, haciendo que gotas de sangre se escurrieran en sus brazos. Arrodillado, lo abrazó, escuchando el sonido de más gotas uniéndose a ese enorme charco color rojo.
— ¿Por qué no correspondes mi abrazo?
La cabeza se le iba para atrás, pero él la sostenía con una mano, apoyándola en uno de sus hombros. Le quitó la gorra, acariciando su cabello. Al juntar más su cuerpo al de él, sintió una suave presión en el abdomen.
— ¿Con que eso era? No te preocupes, amigo mío, yo te lo quitaré.
Con tranquilidad tomó el mango del hermoso cuchillo enterrado en el abdomen contrario. Lo quitó con lentitud, causando que la sangre ajena empiece a fluir.
Aventó el arma hacia otro lado, quedando ésta bajo una de las camas. Las yemas de sus dedos acarició cariñosamente la herida de su amigo, sintiendo la frialdad de su piel y sangre.
— ¿Por qué nos llamaste a ambos, Lucas? — dijo extrañado el pelinegro — ¿Ha sucedido algo?
— N-no, no es nada — contestó el rubio cerrando la puerta — s-sólo quería que vinieran a hacerme compañía
Las lágrimas estaban acumulándose en sus ojos azules. En un fugaz movimiento las secó con uno de sus brazos. ¿Eran acaso celos lo que sentía? ¿Era ese sentimiento igual al anterior? Aceptaba que sintió dolor e impotencia al verlos conversar y hacer bromas tan alegremente con otras personas, dejándolo a él de lado. Ellos prometieron ser sus mejores amigos para toda la vida. Serían de él, y sólo de él, de nadie más, porque ellos lo juraron, bajo un pacto de sangre. Era esa dolorosa sensación de abandono que sintió desde que una tragedia azotó a su familia aquella que lo había hecho sumamente dependiente de alguien más fuerte que él. Si no fuera por ese par, él estaría ahora solo en este mundo.
— ¿Alguno de ustedes sabe algo de Popo? — dijo el de grandes ojos negros — Anda como desaparecido hace días
Cómo no recordar a aquel castaño, al cual confesó sus miedos de volver a ser abandonado. El chico supo comprenderlo, a pesar de no ser tan unidos como lo era el rubio con el otro par. Sin embargo, a pesar de haber sido un buen confidente, no lo veía como alguien que pudiera brindarle apoyo, sino como una amenaza, una muy obvia amenaza. No había quien odiara a ese escalador, y cualquiera interrumpiría una importante conversación para, a lo menos, saludarlo. Quizá no lo pensó dos veces, pero después de confesarle aquello, lo empujó con rudeza desde lo alto del balcón de la mansión, para luego, llevarse el cadáver y deshacerse de él, convirtiéndolo en cenizas sobre el fuego.
Desde entonces, todos creyeron mil y un teorías sobre su repentina desaparición, y nadie levantaba sospechas contra el tímido y culpable rubio de ojos azules.
Dejó a su compañero en el suelo, sonriéndole amable y macabramente a la vez. Se dirigió a la esquina de la habitación, donde yacía sentado el rubio de ojos negros. En la pared estaba esparcido el líquido rojo, el cual daba una imagen tenebrosa a toda la habitación. Se arrodilló frente a él, posando los dedos índice y pulgar arriba y abajo de sus cerrados globos oculares. Lentamente, hizo un movimiento de abertura, logrando ver su mirada perdida. Tomó su barbilla, obligando a que aquella mirada muerta sea dirigida hacia él.
— ¿Te habías quedado dormido?
De un enorme corte en la garganta aún brotaba la sangre heroica de ese muchacho, impregnándose en las prendas color verde limón. Uno de sus dedos entró en la herida sin ningún pudor, para luego empezar a trazar un dibujo en la pared. No era muy bueno en el arte del dibujo, sin embargo, haría su mejor esfuerzo por lograr que aquel trazo sea perfecto. Al finalizarlo, quedó un poco de sangre en sus dedos, limpiándoselos en la pared, dejando en ella la unión de dos puntos y un paréntesis, lo que se asemejaba a un rostro feliz.
— ¿Les gusta?
Dio media vuelta, observando con emoción a sus amigos, esperando una respuesta. Frunció el ceño al no recibir tan ansiada afirmación. Repitió con algo de enfado aquella pregunta, sin obtener respuesta alguna. Se acercó al de ojos violetas, sacudiéndolo bruscamente mientras exigía contestación.
Hizo lo mismo con su otro compañero. Desconcertado, cayó de rodillas, halándose los cabellos. Los observó a ambos nuevamente, notando recién que ellos ya no iban a contestarle
— Es una lástima que no esté aquí — dijo Lucas, dando media vuelta y mostrando la cara a ambos púberos
— Sí, iba a tener una batalla con él — siguió el pelinegro — qué más da, ya no tiene importancia. Espero que al menos se encuentre bien.
EL ojiazul gritó dentro de sí. No entendía, si este chico ya no estaba ¿Por qué seguían preocupándose por él? ¡Si justamente eso quería evitar! ¡No por nada manchó su alma deshaciéndose de esa amenaza! Popo ya no existía más... ¡Nadie podía pedir algo por él!
— Él ya no está aquí, Ness — dijo sin pensar — no tienes que preocuparte por eso.
Ambos lo observaron extrañados.
— ¿Qué sucede contigo, Lucas? ¡Él es nuestro amigo! — exclamó Ness
— Y-yo...también soy su amigo...—prosiguió — su mejor amigo...de ustedes. Él no, él no puede serlo.
— ¿Te encuentras bien? — preguntó con algo de preocupación el otro rubio.
— Nadie puede serlo, sólo yo... porque los amigos nunca se abandonan...ellos se quieren...no te dejan...no...
Ness lo observo con sospecha. Sabía lo débil que podía llegar a ser Lucas, y que constantemente sufría depresiones.
— L-Lucas — se acercó nervioso — ¿Tú...sabes qué ha sucedido con Popo?
— Ustedes son mis amigos...—murmuró, haciendo caso omiso a las palabras de Ness — y no puedo compartirlos con nadie, o me abandonaran. Lo harán...y yo...y-yo...odio eso...lo odio...sí...
— ¡Lucas! — exclamó también nervioso el otro rubio.
— ¡Calla, Toon Link! — silenció Ness — d-déjalo hablar...
— Popo no será molestia nunca más, nunca, nunca, nunca más...— continuaba — pero...hay más...muchos, muchos más...
Ambos jóvenes dieron un paso atrás. El miedo los delataba en los ojos. Lucas empezó a murmurar frases sin sentido, metiendo ambas manos en los bolsillos de sus bermudas. Primero, quitó la mano derecha, donde sostenía un cuchillo.
— ¿¡Qué rayos sucede contigo!? — gritó Toon Link, cometiendo el grave error de separase de su amigo ojivioleta, chocando contra la esquina. Lucas se acercó a él, levantando el arma, amenazando a su amigo.
—No los voy a compartir, no, no, no. Son mis amigos, mis mejores amigos, no serán de nadie más.
Se puso de pie, a escasos centímetros del otro rubio, quien extendió ambos brazos, en un intento de defensa.
Bajó con precisión el arma hacia Toon Link..hasta que...
— ¡DETENTE!
Esa voz aguda lo hizo girar de repente, enterrando el arma en el otro chico, el cual intentó defender a su otro amigo.
— Tan sólo hubieras pedido ir primero, Ness...
El pelinegro miraba con terror a Lucas, tocando débilmente las manos ajenas, las cuales tenían el cuchillo firmemente entre ellas. La sangre empezó a caer, cubriendo las tres manos, las prendas de la víctima y el suelo. Toon Link, petrificado, clamó el nombre del ojivioleta, empezando a derramar lágrimas cargadas de horror.
Lucas empujó a Ness, haciéndolo caer boca arriba al suelo.
— Descansa un momento, Ness...
Desesperado, buscó entre sus cajones ciertas cosas. No iba a quedarse sin ellos, no podía. Ellos nunca lo abandonarían, porque eran sus amigos, sus mejores amigos. Ellos no se irían, lo acompañarían por siempre, a él, y sólo a él.
Tenía un pequeño almohadín color piel en las manos, con el grosor de un dedo y el diámetro de la palma de sus manos.
Observo a Ness. Lo observó con detenimiento, lo necesitaba, y nunca lo reemplazaría por algo o alguien que luciera distinto a él. Sacó de un cajón un par de botones, unos del mismo color de los hermosos ojos que poseía. Violetas como lavanda. Tomó el hilo y la aguja, y empezó a coser en la parte superior del almohadín, con rapidez y desesperación. Volvió a observar al púbero, corroborando que la separación entre ambos botones sea similar a la de los orbes del Ness original. Siguió recordando, él sonreía todo el tiempo, hubiera razón o no, una gran sonrisa estaba dibujada en su rostro.
— P-pero ahorita no estás sonriendo — dijo buscando algo bajo la cama — tú siempre sonríes, siempre lo haces. Hazlo, hazlo. Sonríe para mí.
Tomó entonces el arma ensangrentada que había quedado bajo la cama. Se arrodilló en el charco de sangre. Colocó el cuchillo a un lado, y posó un dedo en cada comisura de los labios contraria, estirando sus facciones hacia arriba, forzando una sonrisa sin dientes.
— ¡Sonríe! ¡Sonríe por favor! — exclamaba con tristeza.
Quitó ambos dedos y la falsa sonrisa regresó a su estado anterior, dejando los labios entreabiertos sin expresión alguna. Tomó el cuchillo de nuevo.
— Ya veo. Haré que sonrías por mi causa.
Ingresó la zona metálica dentro de la boca contraria, rozando la comisura de los labios. Con una gran sonrisa en su propio rostro, forzó el cuchillo, generando un corte desde la comisura de los labios, llegando casi hasta la oreja, en curva. Hizo exactamente lo mismo con el otro lado. Había marcado una sonrisa con sangre, y ahora estaba satisfecho.
— Siempre me gustó tu sonrisa, Ness
Tomó un hilo color rojo, alejándose de su compañero sonriente, y empezó a pasarlo por la zona inferior del almohadín, en forma de curva, desde un extremo a otro. Buscó hilos negros como los cabellos de ese muchacho, cosiéndolos más arriba de los botones violetas. El hilo más largo apenas tocaba los botones, al igual que el joven que se encontraba en el suelo. Le faltaba algo. Se acercó de nuevo, quitándole la gorra y cortando la zona superior, lo suficiente como para que el almohadín cupiera dentro sin cubrir completamente los hilos. Luego, cortó una diminuta parte de la visera de la gorra, uniéndola con pegamento al pequeño pedazo color rojo, para luego, usar el mismo pegamento y unirlo al almohadín. Finalmente, cortó una de las mangas de la camiseta a rayas que llevaba puesto, cosiéndola a la parte inferior del almohadín. Cortó dos trozos más pequeños, para coserlos a ambos lados de la manga más grande, haciendo a las manguitas del pequeño Ness.
Colocó con delicadeza a su creación sobre la cama, admirándola con una gran sonrisa.
— No te preocupes, sólo aguarda unos instantes
— ¡Lucas! ¿¡Q-qué has hecho!? — dijo sollozando — T-tú lo has... t-tú lo has...
El ojiazul volvió a acercarse a su otro amigo. Estaba orgulloso de su acción, así nadie convencería a Ness de abandonarlo, ya nadie podría hablar con él, nadie. Quería darle ese mismo privilegio a su otro mejor amigo, quien se encontraba paralizado del terror, porque él no lo dejaría de lado, ya que eso no es de amigos, y él lo quería mucho. No permitiría que nadie más se le acerque, porque podría abandonarlo, y se aseguraría que nunca más lo hiciera. Sacó del otro bolsillo una pequeña sierra eléctrica, de esas que se usan en las carpinterías. Hizo oídos sordos a los gritos y súplicas de Toon Link, poniendo su propio antebrazo a un nivel un poco más alto de los codos, presionando contra la pared a su amigo, evitando que pudiera movilizar sus brazos, y causándole dolor y desesperación.
— ¡L-Lucas! ¡No sabes lo que haces! ¡Despierta!
Encendió la sierra, acercándola lentamente al cuello del ojinegro. Toon Link presionó los ojos con mucha fuerza, porque era consciente de lo que estaba a punto de suceder. Se encomendó a sus diosas, sintiendo poco a poco que su garganta empezaba a desgarrarse, mientras la sangre empezaba a brotar con brusquedad, salpicando por todas partes. Por la debilidad, cayó al suelo, con la espalda apoyada en la esquina. No le salía el habla, su garganta estaba más que destruida. Deseaba decirle sus últimas palabras siquiera, para hacerlo entrar en razón. Sin embargo, la pérdida de sangre pudo más con él.
— Ahora, son sólo mis amigos. Nadie me los va a quitar, nadie.
Corrió hacia la puerta, cerrándola con llave, y observando a sus víctimas. Ahora, sólo él podría tenerlos, sólo él. Sonrió ampliamente al observarlos. Ambos son sus amigos, amigos por siempre. Porque lo juraron, bajo un pacto de sangre, y ese pacto se reflejaba en lo que acababa de suceder. Y por eso estaba feliz, muy feliz.
Se dirigió donde su otro compañero, con otro almohadín en mano, y en la otra aguja e hilo. Buscó entre sus cajones nuevamente. Toon Link tenía ojos negros, grandes y profundos ojos negros. Encontró dos botones, los más grandes que tenía, y los cosió en la zona superior del almohadín, además de la pequeña sonrisa con hilos rosados.
No tenía hilos del color de su cabello, así que, impotente, rebuscó entre sus pertenencias, rogando encontrar dichos hilos, o por lo menos algo que se asemeje a ellos. Casi derrotado, encontró al fondo de otro cajón un ovillo de lana color amarillo. Lo deshizo completamente, desapareciendo el ovillo, dejando un rastro de lana mientras caminaba, y la pequeña bola que aún quedaba se hacía más pequeña por cada vuelta que daba en el suelo. Cortó un poco, uniendo la lana que necesitaba a lo que sería la cabeza. Con la misma sierra con la cual le quitó la vida a su amigo, quitó la punta de su gorro característico. para brindársela al almohadín. Con unas tijeras, cortó un poco de la túnica verde, y pequeños trozos de las mangas, uniéndolas. Con la sierra, cortó también una pequeña parte del cinturón, para hacerlo parte del traje del pequeño Toon Link. Unió la diminuta túnica con el almohadín, dejando a la otra creación junto a la primera.
Los observó. Ambas marionetas tomó, y las colocó en sus manos, dándoles lo que sería la animación de la cual carecían. Extendió ambos brazos hacia el frente, haciendo que los ahora Ness y Toon Link observaran su trazo realizado con anterioridad.
En este trazo, se podía divisar tres niños tomados de la mano, con una sonrisa cada uno. El que iba al extremo izquierdo, tenía una gorra, y una gran sonrisa en el rostro. Al extremo derecho, uno un poco más bajito que los otros dos, con una espada en la mano izquierda y ojos grandes pero proporcionales. Finalmente, al medio se encontraba uno con el cabello peinado hacia arriba, la sonrisa de éste era pequeña, reflejando timidez, pero a la vez felicidad. En la parte superior, había una inscripción, la cual estaba algo distorsionada por las gotas de sangre que caían al no poder haber quedado plasmadas en la pared. "Mejores amigos por siempre" decía dicha inscripción.
— Sí les gusta, ¿Verdad?
Sonrió una vez más, y se abrazó a sí mismo dulcemente, tocando sus hombros con las marionetas, y riendo ligeramente de felicidad. Acarició sus hombros, cerrando sus ojos, disfrutando la falsa calidez del abrazo, y empezando a sentir el hedor de los cuerpos inertes, pero sin fijarse mucho en esto último.
— Nunca nos separaremos, de ahora en adelante.
Dejó de abrazarse, y sin dejar de sonreír hizo que ambas marionetas lo miraran. Los acercó a su rostro, haciendo que con sus brazos, los cuales resultaban ser sus propios dedos, ambas marionetas le acariciaran las mejillas, provocándole hasta ciertas cosquillas.
— ...Seremos...amigos por siempre...
Lucas está re-loquito, lo sé. Pero bueno, AVISO QUE no es que tenga un gusto por matar a Ness, a Popo, a toon Link, o a Lucas..pero es que...son los personajes que más me gusta manejar.
...
Está bien, está bien, el próximo no será de ellos, lo prometo. Es más, ni los mencionaré n_n Para que no se aburran de los mismos personajes.
Bueno, les dije sobre un aviso importante, ¿Cierto?
Es este: Voy a organizar un concurso.¿De qué trata? Pues, si bien los seguidores de este fanfic, leyeron el primer relato (El cual ya le puse de título "Smiling Lacrimosa") quiero que, le creen un final. Si bien el fin de ese relato fue bastante abierto, me gustaría saber cómo consideraron lo que sucedió después. Puede ser del género que deseen, pero debe ir acorde a la historia. No lo sé, un fanfic de por lo menos 600 palabras, one-shot, two-shot, lo que sea! Pero debe estar publicado antes de la fecha que será mencionada... El que más me guste, será el ganador. Pasen la voz si conocen algún lector fan de este tipo de retorcidos fanfics. ¿Dentro de cuanto tiempo cerrará? Seis semanas n_n Lo sé, es bastante tiempo, pero la inspiración no toca la puerta, viene por sí sola. Si el día de hoy es 30 de Agosto, el concurso cerrará el 11 de Octubre. El premio será...que haré dos fanfics..uno de romance, y el otro gore, el ganador podrá decirme la pareja que desee, y el rated que quiera TuT y si desea un final feliz o un final triste. Este primer premio, iría al compendio "I want to know what love is". El segundo, será que, podrán decirme quien, como, cuando, y por que mató a quien, para publicarlo en este fanfic. No me negaré ante ninguna propuesta del ganador, y espero que no ignoren esto.
Bien, y si desean participar, avísenme por Review o mensaje privado, cómo se llamará su fanfic. Y, si hay alguna duda existente, me la pueden hacer n_n
Sin roche ah! (;
Bien, nos leemos!
