Disclaimer: Creo que quedó en claro que nada de esto me pertenece. Aunque lo merezca.

Ubicado temporalmente antes de la partida de Klaus y hermanos a Nueva Orleans para el Spin Off.


Caroline llevaba horas trotando. Había salido de su casa temprano en la tarde, cuando la última llamada de Stefan había agotado su paciencia. La música de su Ipod lograba tranquilizarla y apartar de su mente cualquier asunto relacionado con lo que ella denominaba "Silas, el regreso".

La ciudad era un caos. El retorno de Silas era lo peor que le había pasado a Mystic Falls en mucho tiempo. Y para ser sinceros, la ciudad había soportado vampiros, hombres lobos, brujas, híbridos, Doppelgänger, un clan de Originales y unos locos hermanos vampiros enamorados de la misma mujer. Si los zombies llegaban a Mystic Falls, Caroline pensaba darse por vencida.

Así que cuando Stefan la llamó para darle las malas noticias del día, dejó todo lo que estaba haciendo y salió de su casa, literalmente, corriendo.

El deporte la relajaba y las ventajas de ser vampiro le permitían practicarlo durante horas sin notar el cansancio.

Caroline se había desviado de Mystic Falls y se había internado en la carretera que conducía al pueblo vecino. Por irónico que fuese, era la primera vez en su vida que se alejaba tanto de su pueblo natal. Nunca antes había tenido la necesidad de irse lejos, pero no le extrañó llegar hasta el límite fronterizo entre ambos pueblos. Ese día, más que nunca, necesitaba huir, aunque sea por un tiempo, de todos los problemas.

Un poco de paz.

Después de unas horas, sentada bajo un gran árbol decidió que era momento de retornar a su casa y afrontar los problemas, sean cuales sean.

Pensó en ir a cazar al bosque, porque la sed de sangre era cada vez más intensa. No se había alimentado correctamente esa mañana y el cansancio por haber estado corriendo todo el día le estaba costando caro.

-Hola-. Caroline se dio vuelta para encontrarse con un hombre corpulento a unos cuantos metros de ella-. ¿Estás perdida?

-No, realmente. Gracias-. Le dedicó una sonrisa y se dio media vuelta dispuesta a alejarse de allí cuando el hombre la tomó del brazo.

-Yo no dije que podías irte-. Dijo arrastrando las palabras y dejando un rastro de alcohol en el aire.

Entonces lo supo, el hombre quería dañarla. En un primer instante, tuvo miedo. El pánico se apoderó de ella y vio en los ojos del hombre la satisfacción al notar que estaba aterrada de él.

Respiró hondo y recordó lo esencial. Era un vampiro. Nadie podía dañarla.

-¡Suéltame! - Tomó el brazo del hombre y se lo retorció procurando no ejercer demasiada fuerza sobre el para no dislocárselo.

El desconocido se abalanzó sobre ella y lo próximo que supo Caroline es que estaba cubierta de sangre con un cuerpo yaciendo a sus pies.

Entró en pánico.

Había matado. Otra vez.

¿Qué iba a hacer? Las lágrimas empezaron a caer por sus mejillas. ¿Cómo iba a deshacerse del cuerpo? Ella no tenía idea de cómo enterrar a alguien, Stefan se había encargado de eso.

Oh, todo era su culpa. Si se hubiese alimentado correctamente no hubiera perdido el control. Era una estúpida y por su error la vida de un hombre se había perdido. Porque no importa que ese hombre haya intentado lastimarla, ella no era nadie para decidir sobre su vida. O su muerte.

Se retorció las manos nerviosamente, sus ojos no podían apartarse del cadáver del hombre echado a sus pies, con el cuello manchado de sangre, con la yugular destrozada.

¿Cómo miraría a sus amigos a la cara otra vez? ¿Qué pensarían Elena y Bonnie? ¿Cómo contarles que sucumbió al deseo de sangre? Se había convertido en el monstruo que alguna vez su propio padre la acusó de ser.

Perdió la noción del tiempo, sólo podía contemplar estupefacta a su víctima.

El ruido de un motor la distrajo y los focos de un automóvil la iluminaron y antes que pudiera reaccionar una voz suave la llamó por su nombre.

-Caroline, amor.

Genial. Sencillamente genial.

-Caroline ¿Estás bien?

Ella no necesitó contestar y un vistazo le bastó al híbrido para comprenderlo todo.

Cuando reanudó el llanto histérico, él sólo la abrazó.

-Estoy…estoy llena de sangre-. Le dijo en un susurro, apartándose de él.

Klaus le dirigió una mirada intensa y fue hasta su automóvil. Abriendo la puerta trasera sacó un bolso y rebuscó en él hasta encontrar una camisa oscura. Se la tendió en silencio.

-Ve a cambiarte, cariño. Yo me encargaré de todo.

Caroline se escabulló tras unos árboles lindantes a la carretera para cambiar su camiseta deportiva por la prenda de Klaus. Aún tenía miedo, vergüenza y asco de si misma, pero saber que Klaus se encontraba con ella la tranquilizaba de un modo perverso.

Intentó recomponer su rostro y emprendió el regreso lentamente.

Cuando llegó a la carretera, el cuerpo había desaparecido y Klaus la esperaba apoyado contra su automóvil.

No vio reproche en sus ojos, pero si una infinita tristeza; lo que le causó mayor desazón.

-¿Quieres contarme qué pasó?-. Ella bajó la vista y permaneció en silencio-. Por favor, amor. Di algo.

-Lo siento. Yo…no quería. Lo siento. Lo siento tanto.

-Está bien, amor. Shh. Está bien. Por supuesto que no querías.

-Él…él quiso lastimarme y yo no me había alimentado correctamente y tenía tanta hambre ¡No pude contenerme!

Klaus movió inconscientemente su brazo dispuesto a abrazarla nuevamente pero a último momento se contuvo.

-Por supuesto que no es tu culpa-. Afirmó-. De vez en cuando todos perdemos el control, cariño.

Caroline le sostuvo la mirada, con los ojos azules impregnados en lágrimas.

-Yo no tengo ningún tipo de control…-. dijo en un susurro.

Esta vez, Klaus rió.

-No conozco persona en este mundo con mayor autocontrol que tú, cariño. Apuesto que nunca antes habías lastimado a un hombre.

-¡La primera noche luego de mi transformación yo maté a un hombre!-. gritó ella, necesitando confesarlo.

Él volvió a reír.

-Dos muertes en…¿Cuánto tiempo? Eres única, Caroline-. Le sonrió-. Vas a tener que creerme, amor. Nadie tiene más autocontrol que tú.

-Pues tengo un cien por ciento de efectividad ya que maté las dos veces que me alimenté directamente de la vena.

Tras su declaración, Klaus se incorporó repentinamente y la tomó de los hombros.

-¿Qué quieres decir con que sólo te alimentaste de la vena dos veces?-. Le preguntó con la voz peligrosamente calma.

-Sabes perfectamente que…

-Sí, sí. Animales y bolsas robadas del hospital. Pero lo complementas con la vena. Esa es la idea.

-Pues, no. Sólo bolsas y animales…

Él la soltó, emitiendo un gruñido fuerte y claro, lleno de frustración.

-Eso es una estupidez. ¡Tienes que alimentarte de la vena para saber como controlarte!

-Stefan dice que…

-Ya tendré yo una charla con Stefan y su evidente desprecio por la fauna autóctona-. Elevó los ojos al cielo en señal de fastidio-. ¿Nadie te enseñó a alimentarte? Y como digas "Stefan" te aseguro que lo mato-. Caroline permaneció callada-. Amor, tienes que alimentarte de la vena, ¿Qué sucede si un día no puedes robar una bolsa del hospital o todos los animales te recuerdan a Bambi?

-No quiero matar, ¡No otra vez! ¿¡No te parece suficiente la muerte que acabo de ocasionar!?-. Ella se aferró con fuerza a la camisa prestada.

Klaus parecía furioso de un momento a otro, de vez en cuando volvía a gruñir y ella no estaba segura si le gruñía a la situación o a ella. Se sentía terriblemente mal, como si la estuviese regañando y ella no fuese más que una niña pequeña que había roto el jarrón caro de la abuela.

Él consultó su reloj y le dirigió una mirada a su teléfono celular antes de decirle con la voz cansada:

-Muy bien. Vamos a buscar a una persona con quién podamos practicar…

-¡NO!-. Estaba horrorizada. No quería volver a beber de la vena, mucho menos en el mismo día-. No. No. No. Jamás volveré a beber de la vena de nadie. Jamás. ¡No tengo control!

-Caroline, no me lo estás poniendo nada fácil…

-Elena y Bonnie van a odiarme…-. Lloró ella.

-¡Bueno, ya está bien! Elena no puede con su propia vida así que no tiene autoridad para reprocharte nada y en cuanto a la bruja…

-Stefan va a decepcionarse-. Le confesó Caroline, mirándolo directamente a los ojos.

Esta vez estuvo completamente segura que el gruñido fue dirigido a ella.

-Creo que habíamos acordado no mencionar lo deficiente del método de estudio del destripador, cariño-. Volvió a consultar su teléfono celular-. Bien. Bien. Perfecto-. Se arremangó su propia camisa, dejando expuesta su muñeca-. Bebe.

-¿Qué? ¿Por qué?-. Caroline dio un paso hacia atrás.

-Vamos, no es como si nunca hubieses estado allí, amor-. Él le sonrió perversamente y extrañamente ella se sintió un poco más cómoda. Al menos, ese era el Klaus que ella sabía manejar.

-¿Para qué? No tengo hambre.

-Lo sé. Sólo quiero enseñarte cuándo parar. Así, la próxima vez, evitaremos toda esta culpa que sé que estás sintiendo.

Caroline tardó sólo un instante en tomar la decisión.

-¿Y si no puedo contenerme?-. Preguntó, sólo para estar segura.

Él volvió a reírse, un poco más fuerte esta vez.

-Te aseguro, cariño, que te costará bastante dejarme seco.

Miró la muñeca que le ofrecía; el sabor de su sangre, tan conocido para ella, llamándola. Lo mordió.

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Cerca de una hora después, ella quiso parar. Cada vez que olvidaba que se estaba alimentando, Klaus ejercía una pequeña presión en su hombro para indicarle que pare. Al principio le era difícil apartarse, pero con el tiempo fue dominándolo.

Klaus parecía orgulloso de ella.

-¿Ves? Eres la mejor de las alumnas, Caroline.

Ambos sabían que no era suficiente, pero al menos era un comienzo.

-Gracias-. Y por primera vez en la noche, sonrió-. Creo que es hora de volver a casa.

Él apartó la mirada.

Y Caroline miró al automóvil y unió cabos. El bolso, la carretera, las miradas impacientes a su teléfono celular.

-¿Te vas?-. Le preguntó con un hilo de voz, incrédula. Él no le contestó-. ¿Dónde?

-Lejos. Tus amigos y tú pueden organizar una fiesta. Dejo Mystic Falls.

Pero ella ignoró la burla.

-¿Por qué? ¿Lo sabe alguien? ¿Por qué acabo de enterarme?

El sonrió, sin humor.

-No, no lo sabe nadie. Y acabas de enterarte porque tuve la mala suerte de cruzarme contigo en mis últimos…-. Entrecerró los ojos y observó la carretera, calculando mentalmente-…cincuenta metros dentro de este pueblo.

Caroline observó a su alrededor, conciente de donde estaba. El cartel que indicaba el límite fronterizo se encontraba cerca de ellos. Aún estaban en casa.

-¿Vas a ir a matar a Tyler?-. Preguntó alarmada.

-Amor, me duele saber que piensas que mi vida es tan poco interesante.

-¿E ibas a irte así nomás? ¿Sin despedirte de nadie?

La carcajada fue fría y cruel.

-Disculpa mis modales, amor. No me di cuenta que de pronto era el hombre más apreciado en el pueblo.

-Pero…

-¿Pero qué, Caroline? ¿Quieres que me quede?-. Ella no supo que contestar-. Lo supuse…-. La miró por última vez y se dio media vuelta dispuesto a marcharse.

-¡Espera!-. Cuando él se frenó, ella no estaba muy segura sobre qué decir o cómo hacerlo-. Yo…yo tengo tu camisa. Si me llevas a Mystic Falls te la devolveré y…luego puedes ir a infundir el terror donde quieras. Vamos a casa, Klaus-. Se arrepintió al instante.

Pero él, por una vez, no tomó partido de su desliz. Por el contrario, observó la carretera que se dirigía de regreso al pueblo en silencio. Luego la observó a ella y a su camisa. Volvió a sacar su teléfono celular.

Suspiró.

-Lo siento, amor. No regresaré a Mystic Falls. Es hora de seguir adelante.

Y ella lo supo, en ese preciso instante. Klaus se estaba yendo, tal vez para siempre. Las emociones de todo el día la golpearon con fuerza. Había sentido ira, preocupación, hambre, vergüenza, asco y decepción. Klaus había aparecido y le había brindado seguridad enseñándole a alimentarse, ahora sólo podía sentir un vacío dentro suyo.

Se sentía tan pequeña, la hacía sentir tan insignificante. Él tenía un mundo por delante y ella seguía anclada a su pueblo. Él se lo señaló, y ella lo desechó con petulancia. Ahora, sólo podía recordar las palabras con miedo. ¿De dónde había salido ese deseo? Nunca antes se había sentido tan asfixiada.

-Pero…tengo tu camisa.

Él la miró por una última vez.

-Tal vez algún día, amor…en un año o cien puedas devolvérmela. Consérvala hasta entonces, si gustas. Adiós, Caroline.

Y antes de arrepentirse y sucumbir ante esa niña rubia, Klaus se subió al automóvil y puso el motor en marcha.

Caroline lo vio partir. La última persona que vería a Klaus en Mystic Falls.

Muchas décadas después, Caroline recordaría esa noche como la primera vez que tomó una de sus grandes decisiones.

Ella conservó la camisa.


Espero que les haya gustado. Lamento haberme atrasado con las actualizaciones pero estuve cursando una materia en la universidad y mi profesor no parecía entender nada acerca del Klaroline.

Estoy muy dormida, así que si ven una mayúscula en un lugar que no va, ignorénlo sólo por esta vez.

¡Espero sus comentarios!

Es real, gorda. Conseguimos un spin off.

Lita Black.