Disclaimer: TVD no me pertenece. Eso quedó claro. De pertenecerme Caroline no sería tan blondie.

Ubicado temporalmente después de vencer a Silas, suponiendo que Klaus y hermanos siguen en Mystic Falls.


-Klaus ha muerto.

Tyler se lo informa con una sonrisa y la abraza llena de júbilo.

Ella entra en shock y no puede reaccionar. Una voz dentro suyo le recuerda que debería estar feliz porque la muerte de Klaus significa que Tyler no tiene que esconderse nunca más y ellos pueden estar juntos para siempre.

El muchacho la suelta y frunce el ceño mientras le pregunta:

-¿Qué pasa? ¿No estás feliz?

Ella se seca las lágrimas que no se había percatado que había derramando, rogando internamente que sean de emoción.

-Sí, por supuesto. Claro que sí. Yo…no lo entiendo… ¿Qué sucede con la línea de sangre?

Tyler volvió a sonreír.

-Conocí a una bruja que odiaba a Klaus, me ayudó a romper la línea de sangre con un hechizo y a encontrar la estaca de roble blanco; se la clavé directamente en su corazón. Deberías haber visto su cara, Care. Sus ojos pedían piedad.

¿Piedad? Niklaus Mikaelson no pedía piedad. Nunca. Ella lo había visto en todas sus facetas y jamás pedía piedad.

-¿No me crees capaz de matarlo, verdad?

-¿Qué? No, claro que no. Es sólo la sorpresa-. Caroline abraza a su novio intentando tranquilizarse. Algo en la situación no cuadra. Tyler encontrando a la única bruja capaz de romper la línea de sangre, en posesión de la estaca de roble blanco. Tyler superando a Klaus.

Ella está segura que no puede ser tan fácil, así que pasa las siguientes semanas a la espera de un ataque sorpresivo. Vive angustiada y permanentemente en alerta. A Tyler comienza a molestarle su etapa taciturna, pero ella no puede evitarlo.

Mystic Falls está tranquilo por primera vez en mucho tiempo y pareciese que no está acostumbrada a la paz.

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Cuando se cumple un mes de la muerte de Klaus, ella corre hacia la mansión Original. Los muebles están cubiertos con sábanas y Caroline se pregunta si la ausencia de Rebekah se debe a que definitivamente eligió dejar el pueblo donde le quitaron a tres hermanos.

Recorre en silencio la mansión y llega hasta su estudio. Muchos de sus cuadros han desaparecido y muchos otros se encuentran apilados esperando a ser transportados.

Con una botella de ron en sus manos sigue recorriendo los lúgubres pasillos hasta que se encuentra dentro de su habitación.

La estancia es tan Klaus que si cierra los ojos casi puede sentir su presencia allí. Comienza a revolver entre sus papeles aunque sabe que está mal husmear las cosas que le pertenecen a otra persona.; lo peor que le puede pasar es que alguno de sus hermanos la descubran. Elijah seguramente le de un sermón sobre el respeto por los difuntos y Rebekah le rompería el cuello.

Ríe ante sus ocurrencias; pero la risa se corta repentinamente cuando encuentra un cuaderno lleno de bocetos de ella.

Ella de compras, ella riendo, ella enfadada.

Incluso hay uno de ella llorando.

Caroline se deja caer sobre la cama, sorprendida. Se detiene en el final del cuaderno y lanza una exclamación de sorpresa cuando llega al último dibujo.

Es ella, por supuesto, frente a él. Caroline reconoce al entorno que está dibujado de manera difusa como la sala de estar de los Gilbert, cuando él le preguntó si deseaba la cura para ella.

Pero no es la calidad del dibujo lo que la sorprende. Es la primera vez que en alguno de sus bocetos Klaus se incluyó a si mismo; pero además, es la forma en la que se representó.

Ella está rodeada de luz, firme y clara. Todos sus rasgos son visibles y bien delimitados. En cambio, él se encuentra en la oscuridad, con los rasgos difusos y con poca luz.

Él está en tinieblas.

Caroline se acurruca sobre la cama.

-¡No es verdad! ¡No es verdad!-. Grita aunque sabe que nadie puede escucharla-. ¡No soy mejor que tú!

El silencio es la única respuesta que obtiene, junto con el descubrimiento de una inscripción al dorso del dibujo "Tan brillante como las estrellas de París".

Caroline se abandona al llanto.

Stefan la encuentra completamente dormida y hecha un ovillo sobre la cama de Klaus. La contempla con pena durante unos segundos y la despierta con suavidad.

A Caroline le lleva un tiempo saber donde está. Cuando reconoce la habitación del híbrido y el cuaderno de dibujos aferrado entre sus manos, siente vergüenza.

Stefan se sienta a su lado y la abraza con suavidad.

-Shh. Está bien, Caroline. Está bien.

-No, no lo está-. Gime ella.- ¿Cómo puede estarlo?-. Stefan no le contesta-. ¿Qué haces aquí?

-Como no contestabas las llamadas nos preocupamos por ti. Salimos a buscarte-. Stefan le sonríe ante la pregunta silenciosa-. Se me ocurrió buscarte aquí, pero no le dije a nadie que vendría a comprobar.

-Yo estoy enamorada de Tyler-. Afirma. Porque es verdad.

-Lo sé-. Caroline llora en silencio-. Pero eso no quiere decir que desearas la muerte de Klaus.

-¿Tú tampoco la querías?-. Sus ojos se iluminan y Stefan identifica el alivio de encontrar un aliado a quién confesarle sus secretos más oscuros.

-No, Caroline. No le deseaba la muerte. Pese a todas nuestras diferencias... Él valoraba de mi la parte que más detesto, pero aún así, de una manera retorcida, creo que quería lo mejor para mi.

-Te consideraba su amigo-. Susurra Caroline.

Stefan sonríe.

-Es por eso que pese a su forma cruel y cínica, creo que ha intentado estar para mi cuando lo necesité. Después de todo, aunque yo no haya querido escucharlo, fue el primero en advertirme que el amor de Elena no me conduciría a nada.

Caroline se aferra al cuaderno de dibujos.

-No es justo que lo notemos ahora.

-Ese es el problema de los vampiros, nuestra eternidad nos lleva a pensar que tenemos todo el tiempo del mundo. Y no es así, Care. No siempre tenemos una eternidad para enfrentarnos a nuestros problemas.

Juntos abandonan la mansión, Caroline llevando en sus manos el dibujo del híbrido.

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30 años después.

Caroline piensa, que aunque su cuerpo no envejezca, está atravesando la crisis de la mediana edad. Ella y Tyler han perdido todo lo que tenían en común, y si su vida no estuviese rodeada por lo sobrenatural seguramente se divorciarían tras treinta años de matrimonio.

Ella está, básicamente, aburrida. Tyler necesita una manada, un grupo con quien contar, y parece ignorar que los vampiros y los hombres lobos no congenian.

Tyler se siente frustrado, porque tiene que dividir su tiempo entre su compañera y su manada. Caroline se siente frustrada porque sabe que su novio prefiere vivir a las afueras de la gran ciudad con su gente. Todos ellos saben que están condenados al fracaso, la manada de lobos, Tyler, Caroline, Stefan. Incluso la vecina indiscreta que sin saber que los inquilinos del piso de arriba son un híbrido y una vampiro, sabe que hay algo mal en esa pareja.

Pero no es hasta el último intento de Tyler de arreglar la situación que Caroline se da cuenta que el ambiente no da para más.

Él llega esa tarde decidido a sacarla de su monotonía, con entradas para la apertura de una nueva galería de arte.

Caroline lo observa dividida entre el asombro y la ironía. ¿Una exposición de arte? ¿Enserio?

Y aunque recuerda a otro híbrido, uno que lleva enterrado en su memoria durante treinta años, ella decide darle una oportunidad al intento de su novio de sorprenderla. Se enfunda en su mejor traje y se dirigen a la parte más elegante de la ciudad.

Al poco tiempo de llegar está convencida que es una mala idea. Después de todo, ninguno de ellos dos tiene el conocimiento suficiente para apreciar el arte expuesto. Ella no entiende de movimientos artísticos y pinceladas; y además, los recuerdos se revuelven en su interior de manera dolorosa. Tyler parece estar aburrido, como si su esfuerzo le resultara mucho más pesado de lo que creyó en un principio.

Caroline está apunto de decirle que pueden retirarse y agradecerle la voluntad de llevarla a disfrutar de la noche con una sonrisa y el mejor de los humores durante un tiempo cuando uno de los cuadros llama su atención.

Ella no entiende nada de arte, no puede distinguir los rasgos de un crayón de los de un lápiz, pero hay algo en ese cuadro que la atrae.

Es la noche parisina, con la Torre Eiffel a un costado del lienzo, en tinieblas, sólo iluminada con la luz de las estrellas.

"Tan brillante como las estrellas de París"

Se lleva las manos a la boca y exhala con fuerza. Gira su cabeza bruscamente en busca de alguien que no está.

Cuando abandona la galería, no puede pronunciar palabra.

Les lleva unos cuantos meses más saber que todo entre ellos se acabó. Se quieren, porque han sido amigos durante mucho tiempo y llevan varias décadas compartiendo secretos de dobles vidas y eterna juventud.

Cuando Tyler hace las maletas dispuesto a irse con su manada, se dirige a ella con una sonrisa tierna, mitad culpa, mitad lástima.

-Lo siento, Care. De saber que era tan importante para ti, no lo hubiese hecho.

-¿Qué cosa?

-Matarlo.

Entonces se larga a llorar, se abraza a su amor de juventud jurándole que lo quiso mucho y pidiéndole perdón. Él le asegura que todo está olvidado, que no hay rencores y abandona su departamento tras un último beso.

A Caroline le lleva sólo unas horas preparar sus propias maletas y dirigirse al aeropuerto.

Ella va a París.

Cuando se sube al avión se jura que todo está bien. Que ella va a conocer las estrellas parisinas, y que aunque debería estar acompañada, no importa. Ella es fuerte, ella no siente temor, ella es eterna.

Ella va a empezar la vida que una vez le prometieron.

Ella va a París, sin Klaus.


Antes que nada, NO ME ODIEN. Gracias. Les juro que en el fondo soy una buena persona.

Más allá del final, tengo intenciones de continuar este fic. Tómenlo como la primera parte de la historia. Me interesa saber si les gustaría que lo continuara.

Gracias por sus comentarios, le alegran el día a una :)

Ser una Reina es tener amigos de la Nobleza.

Lita Black.