Disclaimer: TVD/TO no me pertenecen. El Klaroline es del pueblo. KLAROLINE O MUERTE.

Sé que tuve un poco abandonado este conjunto de one shots pero estuve muy ocupada escribiendo Bella Durmiente, así que si no lo han hecho ya los invito cordialmente a leerla, siempre que lo deseen.

Esta historia pertenece a un conjunto de tres one shots. Este es el primer "capítulo" aunque son historias independientes (no tienen que leer los tres), pero que seguirán un mismo hilo argumental.

¡Ojalá la disfruten!


Primera Parte: Heredero.

Caroline suspira.

Ella está escapando. De la soledad, del drama que rodea a Elena, de si misma.

Porque Caroline Forbes lleva años escapando de todo. Porque Caroline Forbes busca un nuevo comienzo.

Cuando lograron derrotar finalmente a Silas, Caroline creyó que todo estaba terminado, al fin. No más drama Doppelgänger, no más vampiros de mil años azotando la ciudad, no más perras manipuladoras que te ahogan con una almohada en una cama de hospital…

Pero la paz duró poco.

Stefan abandonó la ciudad cuando Elena finalmente escogió a Damon. Y Caroline se sintió sola, abandonada. Porque su mejor amigo en todo el mundo se había ido sin más que una carta de despedida por debajo de su puerta.

Pero sonrió y siguió adelante. Porque así era Caroline. Ayudó a su madre con las rifas de la jefatura, organizó algún que otro evento de caridad, fue a la universidad.

Y un día, Elena apagó sus emociones otra vez. Y las recuperó, y volvió a apagarlas.

Todas y cada una de las veces que su amiga perdía la humanidad, Mystic Falls se convertía en un infierno.

Los insultos, las peleas, la crueldad. A Caroline le costaba cada vez más tolerarlo.

Y un día, Elena volvió a amenazar a su madre. Y ese día todo cambió.

Caroline, al igual que Stefan, dejó su pueblo natal, agobiada. Convenció a su madre de irse bien lejos, y dejó todo atrás.

Cuando se subió al avión, frustrada y asustada, se dio cuenta que en verdad, estaba emocionada.

Ella había podido dejar atrás su hogar. Empezaba una nueva vida.

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Nueva Orleáns.

Por fin.

Caroline no sabe muy bien qué hace allí, pero está emocionada. O lo sabe, pero saberlo la aterra.

Ocho años sin verlo. Ocho años desde que se despidió de ella.

Caroline observa absorta el paisaje que la ciudad le ofrece y si fuese la misma chica de Mystic Falls todo la sorprendería.

Pero no lo es. Ella ha cambiado mucho en esos ocho años.

Ella dejó de ser la niña neurótica que sabía ser para convertirse en una mujer. Ella había dejado el drama de lado para aprender a disfrutar la vida que la eternidad le ofrecía.

Había abandonado Mystic Falls cuando la última pelea con la Elena sin humanidad la había superado y había huído en busca de tranquilidad.

Beverly Hills había sido su primer destino. Porque después de todo, ella seguía siendo Caroline Forbes.

Había disfrutado de Los Ángeles durante meses. El lujo, las estrellas, la ciudad ruidosa y los paseos de compra.

Y un día, una maravillosa mañana que Caroline recordaba como la más terrible de toda su vida, encontró a su madre tendida en la cama y no pudo volver a despertarla. Los médicos dijeron que había sufrido un infarto y que era común en mujeres de esa edad que se presente sin síntomas, pero a ella le importaba una mierda que estuviese dentro de las estadísticas, ella sólo quería a su madre. Esperó horas a que la sangre de vampiro hiciera efecto, pero no hubo nada que hacer. Liz Forbes estaba muerta.

Y Caroline estaba sola, completa y aplastantemente sola.

Su único amigo estaba ilocalizable. Stefan no había dejado ninguna dirección o número de teléfono donde pudiera ubicarlo. Caroline lo había entendido y sabía que en cuanto él estuviera listo se comunicaría con ella. ¡Pero cuánto lo necesitaba!

Bonnie estaba muerta.

Y Elena era una cáscara vacía sin sentimientos.

Caroline pensó en él. En como siempre lograba tranquilizarla aunque en un principio fuese el causante de todos los males.

Y lo llama y llora durante horas aferrada al teléfono.

Él la consuela, a la distancia, le susurra palabras suaves y le cuenta que el mundo seguirá girando pese a su dolor. Le dice que ella es fuerte y que va a poder soportarlo. Que el dolor disminuirá con el tiempo y que debe pensar que su madre murió feliz, amándola.

Le dice, suavemente, que el destino de los vampiros es la soledad.

Klaus vuelve a llamarla, todos los días. Hasta que ella comienza a sonreír. Se pregunta porque él no se presenta a su puerta, pero no lo cuestiona. Ella puede lidiar con eso ahora.

Y luego de unos meses, ella empezó a recuperarse y decidió seguir adelante con su vida.

Ella escogió Europa.

La cultura, la historia y los paisajes de antaño la habían maravillado. Y ella aprendió, finalmente, lo que era ser un vampiro. Porque amaba esa vida. No podría cambiarla con nada. A ella le encantaba ser fuerte, eterna, sin miedo.

Y pensar en eso le revuelve las entrañas.

Sonríe y muestra todos sus dientes.

Ella sabe por qué está en Nueva Orleáns. Siempre lo hizo. Porque su conciencia siempre supo que algún día, alguna vez, en algún momento de locura ella correría a buscar a Klaus.

Y eso no estaba mal, ¿Verdad? En lo absoluto. Porque eran amigos y los amigos podían hacerse visitar sorpresas cuando quisieran.

Así que Caroline, llena de confianza, comienza a caminar. No puede ser muy difícil encontrar a Klaus, piensa que seguramente él ha aterrorizado a todos los habitantes de la ciudad así que debe ser fácil poder hallarlo. Como última medida ella siempre puede preguntar por un diablo con hoyuelos y un exquisito acento inglés.

Mientras recorre el barrio francés todas sus dudas renacen, pero las aleja con impaciencia mientras rememora la relación que ha creado con el híbrido durante esos ocho años. El tiempo que permaneció en Mystic Falls se caracterizó por un intercambio trémulo de mensajes aislados; pero en cuánto ella dejó atrás el pueblo las primeras llamadas tímidas no tardaron en llegar. Fueron cinco años maravillosos, y un día ella se encontró mirando su teléfono celular esperando la próxima llamada del híbrido. Él siempre tenía algo para contarle, un lugar que recomendarle, una ciudad que describirle. Ella prácticamente había consultado con él todos los puntos de su viaje. Klaus estaba orgulloso de ella. Por fin había empezado a vivir, le había dicho.

Caroline termina de alejar sus dudas, no hay ningún motivo por el que él no la quiera en Nueva Orleáns.

Con las esperanzas renovadas reemprende el camino. Encontrar a Klaus no puede ser difícil.

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Horas después, bajo el sol palpitante de la tarde, Caroline se deja caer sobre el banco de un parque.

El muy hijo de puta había obligado a toda la ciudad a no recordarlo, pensó. Nadie sabía decirle nada de él. Todos los humanos negaban categóricamente y seguían con sus tareas. Caroline incluso había intentado obligar a uno de ellos, pero su compulsión no dio resultado.

Malditos Originales con superpoderes.

A esa altura, Caroline estaba casi segura que sus movimientos no habían pasado desapercibidos. Alguno de los espías que solía usar Klaus debía haber ido con la noticia de que una joven vampiro rubia estaba preguntando por él. ¡Al diablo con la sorpresa!

Ella realmente detesta que los planes no salgan como los planea.

Está insultando a Klaus por su nivel psicópata respecto de la seguridad e incluso piensa en aconsejarle tratamiento terapéutico para tratar sus problemas de confianza cuando un niño pasa corriendo a su lado y se esconde en los arbustos que hay detrás de ella.

Para ser sinceros, decir que la atropelló hubiese sido más correcto.

El niño, que ahora parece estar tapándose con las hojas, parece agitado.

Caroline se agacha hasta quedar a su altura.

-Hola-. Saluda- ¿Puedo ayudarte con algo?.

El niño la mira, y sus ojos parecen tranquilizarse cuando la ven.

-¡Yo no estoy aquí!

Caroline ríe.

-No, por supuesto. Tú no estás aquí.

El niño asiente, feliz de que ella haya comprendido la gravedad de la situación.

-¿De quién te escondes, cariño?

-¡De mi tía! ¿No vas a decirle que estoy aquí, verdad?

-No, ¡No se me ocurriría! ¿Por qué te escondes?

Él tarda unos segundos para contestar, mientras mira frenéticamente para todos lados. Caroline supone que está comprando que nadie pueda verlos.

-Ella va a matarme.

Por la sonrisa pícara que tenía el niño en su cara, Caroline huele a travesuras.

-¿Quieres contarme por qué va a matarte?

El niño parece meditarlo. Y luego niega con su cabeza, sonriendo como un diablo.

Pequeño delincuente.

-No. Lo siento. No hablo con extraños.

Caroline lanza una carcajada y él la toma del brazo para indicarle que se callara, ofendido.

-¡Estás arruinando el plan!

-Lo siento, cariño. Me llamo Caroline. Ahora no somos desconocidos.

-Oh, bueno. Erik.

Caroline se acerca más a él, hasta terminar en agazapada en el pequeño escondite.

No se había divertido así en mucho tiempo.

-Ahora que somos viejos amigos, ¿Vas a contarme qué travesura cometiste para que tu tía quiera matarte?

Erik se ofende.

-¡No fue una travesura! Estaba dibujando y la pintura roja se agotó. Así que tomé prestado su labial…

Caroline se compadece de la tía del pequeño diablillo.

-Entiendo. Y era de suma urgencia el color rojo.

-¡Sí! Intenté explicárselo, pero… un elocuente gesto con las manos.

Caroline lo mira con ternura.

-¿Cómo sigue tu plan, Erik?

-Me quedaré aquí hasta que mi tía se calme. En unos cuantos meses…

-¿¡Meses!?-. Ríe Caroline-. ¿No crees que tu madre va a extrañarte?

Erik la observa, con sus grandes ojos azules abiertos y va a contestarle cuando una voz los interrumpe.

La deja petrificada, sentada en el césped, detrás de un banco del parque de Nueva Orleáns.

-¡ERIK! ¿Cómo vas a escaparte así…?

El niño se retuerce.

-¡Tía Rebekah! ¡Lo siento, lo siento!-. Dice, jugando con su tía.

Pero ella ya no le presta atención. Porque Tía Rebekah tiene la vista fija en la otra rubia.

Y su nueva amiga, Caroline, tampoco le quita los ojos de encima.

-¿Tía Rebekah?-. Pregunta, algo cohibido de pronto.

Caroline se incorpora, en un silencio tétrico.

Rebekah tampoco emite palabra, y no podría decirse cuál está más sorprendida.

-¿Tía…

-Erik. Basta.

El niño obedece, ante la mirada de su tía. Nunca la ha visto tan nerviosa. La toma de la mano y ella, en un reflejo, lo esconde tras sus piernas.

Caroline resuella, porque de alguna manera ella lo sabe.

El pánico en los ojos de Rebekah, los ojos azules del niño, la sonrisa de diablo.

Siente que le falta el aire.

Quiere preguntar muchas cosas.

Pero no quiere oír ninguna respuesta.

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Caroline tiembla. Se retuerce las manos con nerviosismo y no sabe qué hacer.

Quiere gritar y escapar.

Está sentada en la cama del hotel que reservó en Nueva Orleáns y las paredes brillantes la están asfixiando.

Ella no quiere estar más en Nueva Orleáns. Quiere salir, huir y no enfrentarse jamás a esa situación. No está preparada, piensa. Nunca lo estará.

Pero, por supuesto, Klaus no la deja escapar.

Caroline no le pregunta cómo la encontró.

Sólo lo observa, en silencio, y con los ojos llenos de lágrima.

Él tampoco se atreve a hacer algún movimiento. Y pasan segundos hasta que toma el mando de la situación y la saluda.

-Caroline.

Ella se ríe, cruel, irónicamente.

-¡Sorpresa!

Él tuerce la boca, en un gesto de reprobación.

-Deberías haber aviso que venías, amor.

Ella no puede creer su cinismo.

-¿Cómo es posible en primer lugar? Los vampiros no podemos procrear.

-Los vampiros no, amor. Pero yo soy un híbrido.

Ella quiere gritar, no le interesan las explicaciones lógicas de momento.

-¿Por qué me ocultaste su existencia durante...? ¡Ni siquiera sé la edad que tiene!.

-Siete años-. Contesta, con la voz suave-. Erik tiene siete años.

Caroline se tapa los ojos mientras evita un grito de frustración. La situación es tan inverosímil, tan descabellada.

Un momento.

-¿Siete años? ¡Tú dejaste Mystic Falls hace…!-. Los ojos de él le dicen todo-. ¡No puedo creerlo!

Se incorpora, de un salto. Nunca en toda su vida se sintió tan confundida.

-No quería que te enteraras así, Caroline. Pensaba contártelo con el tiempo.

-¿¡Cuánto tiempo necesitabas!?

-¡El suficiente para poder confiar en ti!

Ahora ella retrocede, sorprendida. Todos esos años ha vivido una mentira, piensa. Todos esos años creyendo que Klaus estaba del otro lado de la línea telefónica esperándola.

Él era su única esperanza, a lo que se había aferrado tan fuertemente.

Ella no estaba enamorada de él, no aún. Pero ella había sabido en el mismo instante en el que Silas adoptó su forma en el bosque para torturarla, que no podía negarlo por más tiempo.

Algo había allí. Y llevase el tiempo que llevase, pensaba averiguarlo.

Cuando huyó de Mystic Falls su primer impulso fue correr a Nueva Orleáns en busca de los brazos protectores que siempre la salvaban. Pero decidió, que por el bien de ambos, ella necesitaba conocerse a si misma antes de comenzar otra historia. Así que ella viajó, creció, exploró y cuando la necesidad de ver al híbrido se hizo irrefrenable, tomó sus maletas y reservó el primer vuelo a Nueva Orleáns dispuesta a aceptar su oferta.

Y ahora él estaba allí, frente a ella, pero nada había resultado como quería. Porque él no estaba sorprendido y francamente no estaba sonriendo.

Ella siempre se había imaginado el reencuentro como si de una película se tratara. Él siempre sonreía, con sus hoyuelos, y le ofrecía el mundo otra vez.

-¿Por qué?-. Pregunta, finalmente, en un hilo de voz-. ¿Por qué tienes que tener un hijo, Klaus?

Él da un paso vacilante hacia ella.

-No estaba planeado, amor. Nunca lo estuvo. No sabía que podía suceder, un día me encontré aquí, con esta realidad.

Había algo, en el tono de voz que había utilizado que le daba la certeza a Caroline de que aunque no fuese planeado, él no se arrepentía de su presente.

Y aunque fuese egoísta e infantil, Caroline se sintió desplazada. Siempre había creído que ella era la única debilidad de Klaus. Y ahora existía un niño.

Y una madre.

-¿Quién es su madre?

Klaus retrocede y Caroline siente deseos de reír por la danza enfermiza y delirante que están bailando. Algo en el rostro del Original no le agrada a Caroline.

-Hayley.

El tiempo se detiene y su corazón se contrae. Su pecho se cierra y aunque Caroline no necesita respirar siente la ausencia de aire.

Se abalanza sobre él, furiosa.

-¿Cómo pudiste? ¡En Mystic Falls! ¡Mientras me regalabas vestidos y brazaletes lujosos! ¿¡Cómo pudiste acostarte con esa puta!?

De pronto, Caroline se encuentra chocando contra la pared.

Klaus la sostiene con fuerza y aunque no la lastima, ella lo siente peor que un golpe. Sus ojos son fríos y carecen del brillo que siempre le dedicaban.

-No hables así de ella.

Caroline nunca fue buena advirtiendo las señales de peligro.

-¡Es una puta! ¡Se acuesta contigo, se acostaba con Tyler! ¿Cómo quieres…? ¡Me estás lastimando!

Klaus la suelta, sorprendido.

-Vete, Caroline.

-¿Qué?

-Vete de mi ciudad. No…no toleraré un solo insulto más contra ella.

Cuando él abandona la habitación, Caroline se deja caer sobre la cama, llorando.

Se sentía la pequeña niña insegura que había sabido ser y que prometió no ser nunca más.

El abandono y la desazón vuelven a invadirla. Otra vez, otro hombre, la había reemplazado por otra chica.

Ella nunca era la primera. Nunca lo sería.

Y dolía. Dolía mucho.

Caroline había llegado a Nueva Orleáns dispuesta a explorar su relación con Klaus. Tan llena de esperanzas y planes. Tan llena de vida.

Se siente destrozada y el corazón le duele.

Ella no sabe si lloraba por la noticia del embarazo, si llora por la desconfianza de él o porque se había acostado con Hayley. Tal vez llora porque todos sus planes están truncados, tal vez, porque está sola y sin rumbo una vez más.

Pensó en la Elena sin humanidad que había desencadenado toda la situación y rió ahogada en lágrimas cuando recordó las palabras que una vez supo dirigirle.

"Todos los hombres te abandonan, Caroline. ¿Por qué crees que Klaus huyó tan lejos de ti?"

Para no ser amor, duele demasiado.

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Rebekah la encuentra dos días después en el mismo cuarto de hotel.

Caroline no se ha levantado de la cama y cuando ve entrar a la rubia sólo entierra su cabeza en la almohada.

No tiene fuerzas para lidiar con ellas, no tiene fuerzas para lidiar con nada que no sean esas cuatro paredes.

Se siente tan mal, tan furiosa y confundida.

Ella nunca imaginó quedar tan devastada. Lo que en principio era una linda sorpresa de verano se había convertido en su propio infierno.

Porque Caroline no había podido parar de pensar en esos dos días.

Pensó en todos y cada uno de los mensajes de Klaus a lo largo de esos cinco años, pensó en las llamadas y en las fotos que le enviaba cuando llegaba a una nueva ciudad. Recordó como solía quedarse dormida con el teléfono celular entre las manos esperando que él le contestara, producto de la diferencia horaria.

Pensó en todas las veces que deseó compartir un momento con él, mostrarle cuánto había crecido, cómo exploraba el mundo.

Y recordó, principalmente y con mucho dolor, ese cumpleaños en el que despertó y la imagen de Klaus invadió su mente. Ella hizo los planes ese mismo día.

Se sentía tan estúpida por creer que su puerta estaría disponible tanto tiempo después. Tan idiota, tan desprotegida. Todas sus esperanzas muertas, de pronto.

-¿Qué quieres? Si tu hermano te ha enviado para que abandone la ciudad, dile que armaré mis maletas en segundos…-. Le grita.

-Lo único que quiero, Caroline, es que no arruines a mi familia. Nos ha costado tanto conseguir esto que no voy a dejar que nadie se interponga para acabar con la paz. No te quiero rondando para que Nik se vaya tras de ti y todo se desmorone.

Caroline se incorpora y siente las palabras de Rebekah traspasándola.

Una familia.

-No te preocupes, Klaus me dejó bien en claro que me quiere fuera de la ciudad para vivir su idílica historia crepusculénse con Hayley.

Eso es lo que más le molesta. Hayley. La forma en la que la defendió.

Caroline nunca se había sentido tan herida en su vida.

Como cuando Stefan prefirió a Elena antes que a ella, o cuando Matt eligió una vida lejos del drama sobrenatural o cuando Tyler escogió a su manada por sobre su relación.

Todas y cada una de las veces se había sentido devastada, pero nunca así. No tan profundo. Klaus era su último bastión de seguridad, la convicción de que él siempre estaría allí para ella, esperándola.

Tan idiota y tan infantil. Tan tonta e incrédula.

-¿Hayley?-. Pregunta Rebekah, incrédula-. ¿Qué tiene que ver ella en todo esto?

-¡Él casi me mata cuando insulté a su preciosa Hayley!-. Incluso para Caroline, el planteo suena estúpido.

Rebekah hace silencio durante unos segundos. Al final, mueve la cabeza y una sonrisa irónica escapa en sus labios. Caroline se siente humillada.

-¿Preciosa Hayley? ¿Tú creés que mi hermano…?-. La carcajada resuena en la habitación del hotel-. Ellos no soportaban estar en la misma habitación sin gritarse. De hecho, muchas veces me he preguntado cómo lograron llegar a concebir a Erik.

-Pero…él la defendió con tanto ahínco.

La risa de Rebekah se evapora y un aire solemne invade la habitación.

-Lo único que hacía era defender el honor de la madre de su hijo, Caroline-. Hace una pausa y a último minuto parece decidirse porque agrega-. Hayley está muerta.

Todas las imágenes que ella había acumulado en esos dos días se desvanecen. Tan enferma de pensar en los tres caminando por el parque, compartiendo una cena, bañando al pequeño Erik. Su tendencia al drama era detestable.

Rebekah hace una mueca de comprensión.

-¿Nik no te lo ha contado, verdad?-. Caroline niega, en silencio-. Estábamos en guerra…estuvimos en guerra durante un tiempo. Cuando logramos hacernos con la ciudad, bueno, nos relajamos-. Rebekah hace una pausa y deja que los recuerdos dolorosos la invadan-. Nada podía dañarlos, Caroline. La familia Original de vampiros. Pero nos descuidamos, creímos que éramos invencibles…

A Caroline no le gusta el rumbo de la conversación, jamás ha visto a Rebekah tan sombría.

-…Una tarde el último de los aliados de Marcel entró a la mansión. Tres vampiros Originales, no tenía oportunidad. Él lo sabía y nosotros también. Nunca se nos ocurrió pensar que él no venía por nosotros.

-Erik-. Susurra Caroline, con miedo. Y no importa que ella lo haya conocido en el parque, la sensación de inseguridad que transmite el relato de Rebekah es suficiente para ponerle los pelos de punta.

-Sí, Erik. Él tenía dos años. Josh, el vampiro, tomó una escultura de mármol que adornaba el salón y la lanzó…-. Rebekah cierra los ojos, aún tiene pesadillas con ello-. Nunca me sentí tan impotente en mi vida, Caroline. Jamás. Erik era un bebé ¡Un bebé! ¿Quién puede ser tan cruel para querer matar a un niño de dos años en su cuna? En cuanto nos dimos cuenta de lo que sucedía…ya era tarde.

Caroline nota que tiene lágrimas en las mejillas.

-Nunca olvidaré la cara de Nik mientras levantábamos la monumental escultura, no veíamos nada, no se oía nada. La cuna lo tapaba todo-. La Original inhala con fuerza-. Hayley estaba debajo de ella, la columna quebrada, había protegido a Erik con su cuerpo.

Caroline se deja caer sobre la cama. De pronto, todo el rencor que había almacenado hacia la loba se había evaporado.

-Me siento una estúpida-. Confiesa.

-Te aseguro, Caroline, que Nik jamás ha estado enamorado de Hayley. Pero ella salvó la vida de Erik…y todos tenemos una deuda con su memoria.

Caroline asiente, aún conmocionada por lo que acaba de oír. Rebekah comienza a retirarse de la habitación.

-¿Por qué me lo cuentas?

Rebekah se detiene, en mitad de la puerta.

-Stefan suele pasar por Nueva Orleáns una o dos veces al año…él me contó lo de Elena y tu madre-. Caroline asiente-. Sé lo que es estar sola y sin ningún oído dispuesto a escucharte. Todos nos merecemos un amigo, Caroline. Aunque seas una niña estúpida y caprichosa.

Caroline le sonríe y deja pasar el insulto.

-Gracias. Prometo que no arruinaré tu familia, Rebekah. Me iré y todo volverá a la normalidad.

Rebekah parpadea, por unos instantes ha olvidado el motivo de su visita. Asiente y se dirige a la salida, pero a último momento vuelve a quedarse en el umbral de la puerta.

-Mañana por la noche celebraremos el cumpleaños de Erik. Sólo la familia. Si quieres, bueno, si aún sigues por aquí…

-Klaus me odia. No me querrá ahí.

-No, claro que no. Mi hermano sólo no sabe manejar sus ataques de ira. Pero si eres tan estúpida para venir aquí a buscarlo…

Rebekah, finalmente, abandona la habitación.

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Cuando Caroline toca el timbre de la mansión Original siente deseos de salir huyendo.

Se regaña mentalmente mientras taconea con impaciencia.

Está, metafórica y literalmente metiéndose en la boca del lobo y ella no tiene ni idea de qué decir.

Elijah abre la puerta y ninguno de los dos puede decir cuál está más sorprendido.

Klaus aparece por detrás pero antes que ella pueda decir nada, un pequeño torbellino se adelanta a ellos y se planta frente a Caroline.

-¡Caroline!

-Hola-. Saluda-. ¿Me recuerdas?

-¡Del parque! ¡Me ayudaste a escapar de Tía Rebekah!

-Te traje un regalo-. Caroline saca de detrás de su espalda una caja envuelta con el moño más lindo que pudo conseguir en la última media hora-. No sabía muy bien que regalarte, pero, ¡Feliz Cumpleaños!

Erik le sonríe con una sonrisa tan amplia que le muestra todos los dientes.

Elijah y él se dirigen dentro de la mansión y de pronto ella se encuentra a solas con Klaus.

Él parece a punto de decirle algo pero Caroline se adelanta.

-¡Lo siento! ¡Lo siento mucho! ¡Yo no sabía lo de Hayley! Yo…pensé que, bueno. ¿En serio? ¿Hayley?

Klaus suelta una carcajada y se hace a un lado.

-No quise echarte de la ciudad.

-Oh, bueno. Imagino que es muy difícil alejar esos hábitos de villano de uno.

-Caroline…

-Lo siento. Mucho. Soy una estúpida. La pequeña niña insignificante e insegura de Mystic Falls. Quería decirte que me arrepiento muchísimo-. Baja la voz-. Hayley fue...bueno, Rebekah me lo ha contado. Fue una gran mujer, algo que yo no soy. Mírame, hago escenas de histeria y ella...lo siento. Mucho.

-Caroline, no sé si Hayley fue o no una gran mujer. No...no compartimos eso. Fue una madre increíble, una que se sacrificó por su hijo, eso puedo asegurártelo. En cuanto a lo otro...tú eres una gran mujer. Estás aquí, pidiéndole disculpas al único hombre que seguramente no lo valga.

Caroline no puede contestarle porque se escucha un gran estruendo proveniente del salón.

En cuanto llegan corriendo ven a Elijah debajo de un mueble, sosteniendo un caro jarrón con ambas manos.

Erik, corretea por el salón volando un helicóptero a control remoto.

Rebekah la mira furiosa.

-¿Un helicóptero a control remoto? ¿¡En qué estabas pensando!?

Klaus se acerca a su hijo y lo toma del hombro. El niño deja de corretear en el mismo instante y tras pedirle disculpas a Elijah sale al jardín arrastrando los pies.

Hay algo, allí, en su corazón que se contrae.

Ellos realmente han formado una familia. Algo que Caroline nunca tendrá. Ella está sola.

-Vamos, hermana-. Dice Elijah-. Controlemos que Erik no arrase con toda la forestación de la casa con el regalo de la Señorita Forbes.

-¡Lo siento!-. Grita Caroline cuando ellos se están yendo.

Klaus se da vuelta, hacia ella.

-A Erik le ha gustado tu regalo.

-Oh, perdón. Soy un desastre. Lo sé. Sólo quería arreglar las cosas.

Klaus le sonríe.

-Sé que te prometí un mundo, Caroline. Pero ahora…

Ella inhala con fuerza, entendiendo qué quiere decirle. Él no puede cumplir con su promesa. Él no puede recorrer el mundo junto a ella porque alguien más reclama su atención.

-Lo sé-. Dice, mientras sonríe-. Lo entiendo.

Caroline está orgullosa de él. Del amor que le tiene a su hijo, de su familia, de que finalmente haya encontrado un lugar a dónde pertenecer.

Está tan orgullosa que el corazón se le hincha y todas las frustraciones de los últimos días desaparecen.

Y Caroline recuerda todas las veces que fue la segunda opción de alguien. Y se percata de que ser la segunda opción en esta ocasión no está tan mal. Ella no va a competir con un hijo.

-Lo siento tanto, Caroline. Roma, Paris, Tokio…

-Podemos empezar por Nueva Orleáns ¿No creés?

Klaus suelta el aire que no sabe que estaba conteniendo.

-¿Quieres quedarte?

-Si levantes mi orden de exilio…

-¿Aquí?

-No tengo ningún lugar más, Klaus. No tengo dónde ir. No tengo familia y mi único amigo está en el Tíbet buscando su nuevo Stefan-. Klaus ríe-. Y aunque tuviese un lugar…me gustaría quedarme aquí.

Caroline nunca ha sido tan valiente en toda su vida y Klaus nunca ha estado tan cohibido.

Él la toma del brazo y la dirige hacia el jardín, a celebrar el cumpleaños de su hijo.

Juegan lo que resta de la tarde y cenan por la noche.

Erik se entusiasma cuando Caroline le dice que piensa quedarse por unos meses.

Ella se queda unos cuantos.

Tarda cuatro meses en mudarse a la mansión.

Seis en empezar a sentirse cómoda con ellos.

Cuando Erik cumple nueve años, ella le regala un cachorro. Klaus se venga convenciendo a su hijo para que lo bautice "Tyler". Ella no lo olvida.

Cuando Erik cumple diez, salen por primera vez de Nueva Orleáns. Disney es el destino escogido y Klaus jura vengarse durante todo el viaje. Erik y Caroline hacen un gran dúo cuando de fastidiarlo se trata.

Cuando Erik cumple doce, Klaus le dice que la ama en un descuido y ella salta sobre él para llenarlo de besos. Rebekah aún finge vomitar cuando rememoran la escena.

Y cuando finalmente ambos están contemplando el cuerpo sin vida de Erik, esperando a que despierte de la transición, tomados de la mano, ella sabe que ha elegido correctamente esta vez.

Ella escogió a Klaus, a Erik, a Rebekah y a Elijah.

Ella escogió la familia que Nueva Orleáns le ofrecía.

Nunca se arrepintió.


Espero que les haya gustado.

Particularmente me gustaría decir que si Caroline no va a NOLA voy a tener que ir personalmente a arrastrarla del cabello. Gracias.

A&F, little Rippah. Que lindo que nuestra amistad no entiende de estacas.

Lita Black.