Disclaimer: TVD/TO no me pertenecen. A estas alturas deberían hacerlo, pero aún mis abogados discuten el caso.

Resumen del capítulo anterior ("Heredero"): Elena apaga su humanidad una vez más y amenaza a la madre de Caroline. Ambas se ven obligadas a escapar de Mystic Falls. Cuando Liz muere, Caroline se dedica a recorrer el mundo, hasta que finalmente decide ir a Nueva Orleáns por el mundo que le ofreció Klaus. Cuando llega a NOLA descubre a Erik, el hijo de Klaus y Hayley; pero, finalmente, decide quedarse y darle una oportunidad a la ciudad.

Este segundo capítulo se sitúa 50 años después de eso.


Sentada en el sillón imperial Caroline discute con Rebekah.

Todos los años, ellas se sientan en el salón de la mansión Original en Nueva Orleáns y planean su viaje a Milán por la semana de la moda.

Y todos los años, como parte del ritual, ellas se gritan, pelean e insultan hasta que logran llegar a un acuerdo.

Esta vez, el motivo de la discordia es el lugar de hospedaje. Rebekah quiere instalarse en el mismo hotel donde se llevaría acabo el evento, mientras que Caroline piensa que la mansión Mikaelson en Italia es lo suficientemente acorde a sus necesidades y no deben utilizar la compulsión sobre nadie y hacerle perder a otras personas sus reservas. A Rebekah no parece importarle.

Caroline suspira y Rebekah gira sus ojos en señal de burla cuando Tom, el vampiro que trabaja para ellos, hace su aparición.

-Señora Caroline-. Llama-. Lamento molestarla, pero hay una joven que pregunta por usted.

Caroline se incorpora y está agradeciéndole con una sonrisa a Tom cuando una voz la sorprende desde atrás.

-Ahora tienes sirvientes. Parece ser que tu vida es perfecta, Caroline.

La voz, una que no escucha hace años, la deja estática en su lugar. Rebekah, por el contrario se incorpora de golpe, saltando del sillón.

-Señora, le pedí que esperara en el vestíbulo…-. Comienza a explicar Tom cuando otra voz los sorprende a todos.

-Bonita casa, Barbie.

Caroline se da vuelta para enfrentar a Elena Gilbert y Damon Salvatore.

Hay un momento de absoluto silencio, en el que Caroline piensa que todo es surrealista y nada más que un mal sueño.

Cincuenta años le pegan fuerte.

Observa con temor el rostro de quien fuese su amiga en búsqueda de algún signo que le permita reconocer si esa Elena conserva su humanidad. Han pasado cincuenta años desde que se vio huyendo de Mystic Falls a causa de Elena, quien en una etapa de humanidad fuera había vuelto a amenazar a su madre. Caroline aún recuerda la sensación de soledad y dolor que la acompañaron durante años antes de establecerse en Nueva Orleáns.

Y aunque observa el rostro de su amiga, no logra distinguir en ella ningún sentimiento.

-¡Señora!-. Exclama Tom-. Le dije que aguardara en el…

-Está bien, Tom-. Se impone Caroline-. Yo me encargo.

Escucha a Rebekah gruñir y con un breve movimiento de la mano, la tranquiliza. Le dirige una mirada de advertencia. Caroline comprende el mensaje, ella va a buscar refuerzos.

-No. No es necesario, Rebekah.

La mirada burlona que le dirige antes abandonar la estancia con paso seguro es más que elocuente. Para Rebekah, nada bueno puede suceder con Elena Gilbert allí.

Caroline toma impulso y se dirige otra vez a sus antiguos amigos. Elena sigue mirándola fijamente, sin demostrar sentimiento alguno, mientras que Damon observa curioso el mueble lleno de fotografías que tienen en el salón.

Había sido idea de Caroline, por supuesto. Ella había decorado gran parte de la casa. Y luego Rebekah la había redecorado y Caroline vuelto a re redecorar. Y así.

Damon seguía con la mirada perdida en las fotografías cuando Elena rompió el silencio.

-No puedo creerlo.

Esas tres simples palabras cargadas de rechazo y drama le confirman a Caroline que Elena conserva su humanidad, al menos por el momento.

Damon lanza un suspiro que la sorprende. Parece cansado…y aburrido.

-Cuando escuché que estabas aquí…¡Creí que era una mentira! ¿Cómo pudiste, Caroline?

¿Perdón?

-Elena, si Caroline quiere ser Barbie Nueva Orleáns, está bien.

-Damon, ya hemos hablado de esto.

El Salvatore mayor le dedica una sonrisa, de esas tan suyas y se dirige a la salida luego de murmurar un vago "hasta luego" dejándolas solas.

Elena se queda mirando el lugar por donde Damon se había retirado un tanto ofuscada antes de volverse hacia Caroline y seguir con sus reproches.

Pero Caroline no iba a permitirlo.

-Elena, estoy muy contenta de verte, pero no estoy dispuesta a pasar un examen contigo.

La Doppelgänger se cruzó de brazos, ofendida.

-No entiendo cómo pudiste. ¿Por qué viniste aquí entre todos los lugares?

-Cuando me exiliaste de Mystic Falls tuve que encontrar un lugar, Elena.

Ella, por supuesto, se muestra afligida.

-¡Yo no te exilié! Caroline, mi vida ha sido un infierno. No sé cómo mantenerlo estable, mi interruptor se apaga, me convierto en un monstruo…y cuando vuelvo a prenderlo tengo que soportar todo el dolor.¡Es tanto dolor, Caroline! No lo entenderías.

Una parte de Caroline siente deseos de correr hacia su amiga y abrazarla. Elena había sido durante toda su infancia su mejor amiga. Y Caroline creía fervientemente en la amistad, creía que siempre estarían juntas y que unidas se interpondrían ante todo…

-Y de pronto, hace unos meses, me llegó el rumor de que Klaus gobernaba Nueva Orleáns junto a su rubia Reina y supe que debía venir a comprobarlo. Quería negarme a creerlo, tú no podrías ser tan estúpida como para caer en sus redes, perdonar sus pecados, abrazarte a su oscuridad.

…y la otra parte de Caroline sólo quiere rasgar la garganta de la persona que tantos problemas le había ocasionado. De la persona por la que se había visto obligada a huir de su pueblo natal, ver a su madre morir en un ambiente desconocido, la que tanto dolor le había causado.

-No lo entiendo, Elena. ¿Por qué estás aquí?

-No lo sé-. Admite, finalmente-. Tenía que venir a salvarte de Klaus.

Caroline jadea.

-No necesito que me salves, Elena.

Caroline la Elena. Su rostro sigue siendo el mismo pero ella ya no la ve como antes.

Antes, Elena era su modelo a seguir, su ideal. El pedestal. Si ella lograba ser como Elena entonces su vida sería mucho mejor. Una familia que la amara, una madre que la acompañase, un padre dulce y cariñoso; tendría un novio que la valorara más que nada en la tierra, la querría e iba a adorarla. Todos la querrían. Porque todos querían a Elena.

-No tienes que salvarme, Elena. Porque no hay ningún peligro aquí.

-¡Claro que si! Ellos son unos monstruos.

0-0-0-0

Caroline lleva diez meses viviendo en la Mansión Original. Se ha acostumbrado a ellos.

A los gritos, las amenazas y al drama durante el día, porque para la hora de la cena ellos vuelven a ser una familia.

Se ha acostumbrado a Nueva Orleáns y se ha acostumbrado a Klaus. Después de mucho tiempo, ella es completamente feliz.

Pero no ese día.

Caroline no puede sentir alegría un día como aquel.

De pronto siente a Erik sentarse a su lado, al borde de la piscina.

-¡Hola, Caroline!

-Hola, cariño. ¿Cómo estuvo tu día en la escuela?

Erik hace una mueca de disgusto.

-Aburrido-. Dice estirando las sílabas-. Lo único interesante fue cuando Pierre casi mata a Steven por empujarme en el recreo.

Caroline rueda los ojos.

Pierre era el guardaespaldas de Erik mientras este acudía a clases. Rebekah había insistido en que debía concurrir a clases como un niño normal, pero Erik era después de todo, el príncipe de Nueva Orleáns. Klaus nunca lo dejaría sin protección.

-Caroline, ¿Estás enojada?

-No, cariño.

-¿Entonces que sucede? con la curiosidad de un niño-.¿Peleaste con papá?

Erik es franco, inquieto y un torbellino de energía. Es más maduro que el resto de los chicos de su edad porque es criado por tres vampiros de mil años, pero por sobre todo, es comprensivo. Caroline lo ha notado desde el primer día. La serenidad de Erik combinada con su curiosidad es su rasgo más distintivo.

-No, no peleé con tu padre-. El niño no parece creerle-. Si hubiese peleado con tu padre estaría aún gritándole, Erik.

-¿Entonces por qué estás triste?-. Caroline se muerde los labios. No quiere hablar de eso. No con el niño-. Caroline…

-Recordaba a mi madre. Hoy era el día de su cumpleaños.

Caroline recordaba las tarjetas que solía esconder por toda la casa cuando era niña para que su madre las encontrara, recordaba los años distanciadas con regalos fríos y de puro compromiso, recordaba el primer cumpleaños fuera de Mystic Falls luego que una Elena sin humanidad amenazara con matar a su madre una vez más.

Pero no quería hablar de eso con el hijo de Klaus, porque el niño no debía por qué recordar que él también había perdido a su madre.

Caroline hizo el amague de levantarse con una falsa sonrisa en el rostro para cambiar de tema cuando la voz de Erik llegó suave hacia ella.

-Tía Rebekah me lleva al cementerio a poner flores en su tumba cuando es el aniversario de mamá-. Reflexiona-. Dice que no tengo que ponerme triste porque ella estaría orgullosa de mi.

-Claro que sí-. Afirma Caroline-. Mira la casa de locos en la que vives…toda tu familia está muy orgullosa de ti, Erik-. Hay una punzada, allí en su corazón. No son celos, ella no cela a una mujer muerta. Pero hay veces donde recordar que Hayley es la madre de Erik la toma más que desprevenida.

Erik le sonríe.

-Tío Elijah dice que mamá pertenecía a la familia más importante de lobos de la zona y que ella es una especie de princesa dentro de la manada-. Caroline no lo sabía, pero ella no había preguntado mucho sobre Hayley-. Papá dice que no sabía comportarse en la mesa, que tenía malos modales, que decía groserías y que una princesa jamás tendría tan mal gusto.

-¡Por Dios!-. Jadea Caroline-. Tu padre es un verdadero…

Erik ríe.

-¿Cómo era tu mamá, Caroline?

-Bueno…ella era firme y le gustaba el orden. Ella era la sheriff del pueblo.

-¿Tu madre era la Sheriff? ¿Con revólveres y esposas?

-Sí. Una vez robé su placa para ir a una fiesta de disfraces…estuve castigada seis meses.

-¡Debe haber sido fantástico ser tú, Caroline!

Caroline lanza una carcajada y olvida los años donde no toleraba a su madre. Le cuenta a Erik más anécdotas que incluyan el trabajo de su madre, le cuenta sobre lo terrible que era en la cocina aunque sabía hacer unas grandiosas galletas con chocolate.

No mucho tiempo después Caroline se encuentra cenando con los Mikaelson. A ella le gusta particularmente ese momento del día. Porque pese a los meses conviviendo con la familia Original aún a ella le gusta ver como Elijah dispone del orden, escuchar a Rebekah criticar sobre algo y sobre todas las cosas, le gusta ver a Klaus a su lado sonriéndole.

-¿Todo bien, amor?-. Pregunta él.

Caroline asiente con la cabeza.

-Papá, ¿Sabías que la madre de Caroline era sheriff?

La pregunta sorprende a Klaus, quien le envía una mirada inquisidora.

-Sí, claro que si.

-¿¡Alguna vez intentó arrestarte!?

Ahora Klaus ríe abiertamente.

-¡Cómo si pudiese alguien arrestarme!

-Niklaus, ese no es el ejemplo…

-Hoy era su cumpleaños-. Confiesa Caroline, interrumpiendo la discusión.

Se produce un breve silencio, pero no parece incómodo.

Elijah levanta su copa con elegancia.

-Por la Señora Forbes, entonces.

Todos unen sus copas.

Caroline sonríe genuinamente por primera vez en el día.

"Estúpida" se reprende. Ella no está sola, nunca más.

0-0-0-0

-¿Monstruos?-. La sorpresa da paso al enfado-. ¿Tú crees que ellos son monstruos? ¿Y qué eres tú, Elena?-. Elena, por supuesto, se muestra sorprendida-. ¿No mataste miles de vampiros de la línea de sangre de Kol para obtener una cura para ti? ¿No desperdiciaste esa cura que tanta sangre valió en Katherine? ¿No intentaste matarme? ¿Matar a mi madre? Me vi obligada a salir corriendo de mi hogar para que no dañaras a mi madre, Elena. ¡Me vi obligada a enterrarla en una ciudad desconocida! ¿Has venido a pedirme perdón? No.

-¡Si dejo que la culpa me domine yo…!

-¡Tú! Siempre tú. Pero por primera vez, Elena. Esto no se trata sobre ti. Se trata sobre mi. Supéralo. Todos somos monstruos.

Elena retrocede un paso ante la ferocidad de Caroline.

-Has cambiado, Care…

-No he cambiado, Elena. Aprendí a vivir. A sobrevivir. Aprendí que la vida no es una historia de héroes y villanos, aprendí que a veces todos somos un poco de ambos.

0-0-0-0

Quince años después, Caroline sabe perfectamente cuando Klaus le oculta algo. La mayoría de las veces ella lo deja pasar porque él necesita fervientemente seguir creyendo que es el híbrido feroz al que todos temen.

Pero no esta vez.

Sus tacones sobre el piso de mármol es lo único que puede escucharse en la mansión, desciende la escalera con serenidad y entra confiada a la sala.

-Buenos días, amor.

Klaus la saluda inmediatamente, con una sonrisa en su rostro.

Ella observa el entorno. Elijah está allí también.

Junto con el nuevo Alcalde de la ciudad.

-Al parecer el joven Pierre tiene grandes planes para la ciudad-. Continúa Klaus, con voz cantarina-. Y él cree que puede darnos consejos.

Caroline rueda los ojos ante la soberbia del humano.

Extrañaba al padre Kieran. Al menos él sabía manejar la facción humana y tenía controlado a Klaus a base de inteligencia.

Simplemente no se podía ir contra Klaus por la fuerza. Nunca ganarías.

-Me imagino-. Responde fríamente.

Elijah interviene, algo molesto por la situación. Por un instante Caroline piensa que su enojo va dirigido a ella, luego comprende que su problema es el humano.

¿Qué habrá pasado esta vez?

Caroline se repliega hacia un rincón del salón y Klaus parece indeciso por primera vez.

Ella abre la boca en un gesto de sorpresa cuando comprende finalmente qué van a hacer.

-¿Qué demonios?-. Ruge.

-Caroline, amor, tranquila. Él es el responsable de la explosión en el puerto.

La explosión en el puerto había sucedido dos días antes y había matado a veinte vampiros.

-¿Por qué haría eso?

Klaus la observa con recelo.

-¿Es un idiota?

-No, Niklaus. Él tiene otro propósito.

Caroline se acerca lentamente al Alcalde.

-Esta es la situación, querido Alcalde. Realmente adoro esta alfombra y me molestaría mucho que su sangre la arruine-. Él no parpadeó-. ¿Así que por qué no nos cuentas cuál es tu magnífico plan?

-Mi Caroline puede ser compasiva, querido Pierre, pero yo no.

"Mi Caroline". No mi mujer, esposa o novia. "Mi Caroline" así la llamaba él cuando la presentaba, porque todo lo demás estaba implícito.

Habían pasado quince años de relación pero ella aún se sorprendía cuando lo escuchaba. "Mi Caroline" significaba todo cuanto ella tenía. Seguridad, confort, familia…y a Klaus.

Se pregunta, por un momento, si no se ha acostumbrado a los planes traicioneros, a la venganza y a vivir con la amenaza de un río de sangre constante.

Sí, lo había hecho. Pero también había aprendido que había un punto en el que Klaus podía reflexionar, pensar y manejarse distinto. Se complementaban.

Caroline vuelve su atención al humano.

-Nik…es raro. Él no parece sentir miedo de nosotros.

-Porque es un idiota.

Por supuesto, como llevan un buen tiempo divagando, Klaus se encuentra irritable.

Pero entonces Elijah se adelante y observa al hombre con detenimiento.

-Ha sido obligado, hermano.

Eso cambia todo.

Años más tarde, ellos llamarían ese momento como el día que Caroline se convirtió en una Mikaelson.

Rebekah le aclara, hasta el cansancio, que no la estaban ofendiendo.

0-0-0-0

Caroline cierra un breve momento los ojos.

Algo en su corazón se contrae, porque nadie es inmune a las críticas de sus amigos.

Pero han pasado más de cincuenta años y ella no es la misma Caroline que abandonó Mystic Falls. Había recorrido el mundo, había experimentado con distintas culturas y sociedades, había llorado hasta quedarse dormida y había sonreído con toda la fuerza de su corazón.

Había tocado a la puerta de Klaus, había adoptado a su familia y su familia la había adoptado a ella, había ido de compras con Rebekah, había discutido con Elijah, se había enamorado de Klaus. Una y otra vez, y todos los días un poquito más.

Klaus no había cambiado, Elena tenía razón.

Pero ella no quería que cambiase, ella había aprendido a amarlo. Irritable, cínico, imprudente, sanguinario y vengativo. Así y todo ella lo amaba. Porque cada pequeño momento de humanidad que él le regalaba cuando la tomaba de la mano o le apartaba un mechón de cabello del rostro, cada vez que la abrazaba cuando estaban acostados o cuando tarareaba una canción inconscientemente que ella había estado cantando durante el día, le recordaba que valía la pena.

Había aprendido a interpretar silencios y gruñidos, fuertes discusiones y había aprendido que la vida no es algo que puedas planificar.

Ella se había enamorado del híbrido Original y estaba orgullosa de ello.

Pero ella tampoco cambió, y es ahí dónde Elena se equivocaba.

Porque Caroline nunca había perdido su luz o su humanidad, era después de todo, lo que permitía que cincuenta años después esté al lado de Klaus.

Juntos, podían complementarse. Ella aprendió que a veces ser cruel está bien, él aprendió que a veces la bondad consigue más cosas que el miedo.

Ella no había cambiado, ella había madurado.

-No…no lo entiendo, Elena. ¿Qué buscas al venir aquí?

Elena parece desarmarse por primera vez en la tarde.

-No lo sé-. Confiesa-. Creí que si te encontraba y podías replantearte esto entonces todo volvería a la normalidad. Nada está bien, Caroline-. Hace una pausa y la rubia se preocupa ¿Qué pasará esta vez? ¿Silas? ¿La Sociedad Agustine? ¿Más Doppelgänger? -. Damon está enojado con mío, frío, distante. No lo soporto-. Explica.

-¿Disculpa?

Elena cambia el peso de un pie a otro y habla con voz ausente.

-No sé que le sucede. Ya lo viste irse. Se aleja de mi, Caroline. Al principio todo estaba bien, porque estábamos juntos…pero luego, esta distancia. ¡No puedo soportarla!

Elena se dedica de lleno a un monólogo explicándole lo siente y abandonada que se siente y lo mucho que la fastidia que su novio le oculte cosas.

-Creo que tiene que ver con Stefan, como no lo hemos visto desde que abandonó Mystic Falls…creí que encontrándote a ti podía encontrarlo a él y solucionar las cosas con Damon. Pero luego me enteré que estabas con Klaus y…

Caroline no puede creerlo.

-¡Es todo sobre ti! ¡Todo! No viniste a Nueva Orleáns porque creyeras que tenías que salvarme, viniste para salvar tu propio orgullo. Viniste por ti, Elena.

-¡No lo entiendes!

-¿Qué es lo que no entiendo? ¿No entiendo qué es ser un vampiro? Pues te diré que yo no tuve a Damon y Stefan a mi lado para ayudarme con la transición. Me desperté sola en el hospital con ansias de sangre, la luz me dañaba y las encías me dolían-. Recuerda Caroline-. ¿Tú? Oh, no. Tú tuviste a tus dos Salvatore acompañándote en cada momento, aconsejándote, peleándose por tu bienestar-. Su voz eleva por los altos techos de la mansión-. ¿Qué es lo que no entiendo?

Elena hace un gesto involuntario, que abarca todo el salón.

-Oh, por supuesto-. Dice Caroline-. No lo entiendo. ¿Cómo entender el sufrimiento de la pobre Elena cuando la tonta Caroline está viviendo la gran vida en su mansión en Nueva Orleáns? Porque eso es lo que crees ¿Verdad?

-No…claro que no-. Pero a sus oídos, la excusa de Elena llega débil.

-Sí-. Junta sus manos en señal de resignación-. Claro que si. Crees que fue fácil. ¡Estaba aterrorizada, Elena! ¿Piensas que llegué a Nueva Orleáns y todos mis problemas desaparecieron por arte de magia? Tenía pánico de que nadie funcionara, de haber cometido el peor error de mi vida. Vine aquí sin saber qué iba a encontrarme-. El recuerdo de Erik sacude su mente, la sorpresa, la decepción y la furia que sintió cuando se enteró que Klaus le había ocultado a su hijo-. Costó muchísimo, Elena. Estaba llena de inseguridades, de miedos…¿Y Nik?-. Ignora el gemido de su amiga y sube la voz cuando ésta intenta acotar algo-. Él y yo tuvimos que sortear un montón de cosas para estar juntos, mi vida no es un maldito cuento de hadas.¡Tuvimos que aprender a confiar uno en el otro! Porque de eso se trata. De aprender.

Caroline no se da cuenta de lo agitada que está hasta que para de hablar.

Tiene deseos de llorar, pero se niega a hacerlo. Cuando Elena apareció en el salón…

-Creí que venías a pedir disculpas…creí que querías recuperar nuestra amistad. No que vendrías aquí con reproches. Que tonta soy. Pasaron más de cincuenta años y sigo siendo la misma estúpida que confía en ti.

-¡No es así, Caroline! Por supuesto que quiero que seamos amigas. Nunca dejamos de serlo…sólo nos distanciamos. Sé que ambas cometimos errores pero…

-¿¡Sólo puedes pedir disculpas!? ¿Una vez? ¿Qué error cometí yo? Te recuerdo que me convertí en vampiro porque Katherine, donde desperdiciaste la cura, quiso enviarte un mensaje; tuve que pasar un examen para que Damon considerara que estaba bien que siguiera viviendo y no me clavara una estaca, tuve que ganarme a Bonnie para que me hiciera un maldito anillo de luz. Fui tu rubia distracción cada vez que lo pediste, seguí cada uno de tus planes…

-¡No todo fue tan malo!

Caroline tiene lágrimas en los ojos pero no le importa. Elena también las tiene.

-Claro que no.¡Eras mi mejor amiga! Mi familia. Te adoraba, Elena. Hubiese dado mi vida por ti una y mil veces, porque eso hacen los amigos. No fui yo quién cambió, quién apagó su humanidad-. Toma un respiro-. Incluso así, te hubiese perdonado. Estaba sorprendida, pero feliz de verte…pero tuviste que irrumpir en mi casa para recordarme que no habías cambiado.

Elena se lleva las manos a la cabeza con gesto desesperado.

-¡Quiero cambiar! ¡Quiero que todo vuelva a la normalidad! Que volvamos a ser felices.

Su voz suena tan rota que Caroline siente pena. Relaja el rostro e intenta serenarse.

-¿Qué quieres cambiar?-. Pregunta en un susurro.

Elena comienza a llorar.

-Te lo dije. Damon me odia. Y no sé por qué. Y Stefan se fue y nunca volvió y tú estás aquí con Klaus-. Elena resopla, intentando controlarse-. Sé que es difícil estar conmigo. No sé manejar el vampirismo. Pero creí que si podías salir de aquí y hacer una buena acción…-. Caroline se lo deja pasar, para que continúe con su historia-. Entonces tal vez Stefan volvería y todo sería como antes; todos volveríamos a ser felices.

La rubia se toma un instante para escoger las próximas palabras. ¿Cómo explicarle que ella sabía dónde estaba Stefan? ¿Qué todos los años pasaba por Nueva Orleáns a visitarlos? Elena estaba tan ensimismada a su plan y se aferraba a él como si fuese la última tabla de salvación que no entraría en razones.

-Elena, soy feliz-. La morena niega con la soy. Nunca fui más feliz. Nunca me sentí tan parte de algo. Por supuesto que tengo problemas y que hay días donde quiero huir muy lejos de aquí, lejos de esta locura. Pero no lo hago. Me gusta luchar por la felicidad de esta familia. Ya sé que todos parecen unos diablos demenciales…

-Puedo dar fe de eso. Esta familia es disfuncional y estamos todos locos...-. La voz suena desde atrás y tanto Caroline como Elena se sorprenden-. Pero aún así nos amamos y defendemos unos a los otros. Casi siempre.

Erik Mikaelson se deja ver y apoya su cuerpo contra la arcada que conduce a las escaleras.

El tono descarado y cínico le dice a Caroline que el muchacho está alerta.

Es desconcertante escucharlo lanzar una amenaza porque generalmente Erik es una persona calmada y amable.

"Es un Mikaelson" se recuerda Caroline. Y aunque todos caen en el error de pensar en él como aquel niño que correteaba por la mansión, no es bueno olvidar quién es.

-Es verdad-. Susurra Elena en shock-. Todos los rumores que escuchamos camino aquí…

Erik sonríe y a Caroline no le gusta porque es una sonrisa cínica que carece de la candencia propia del chico. Es una sonrisa que le recuerda demasiado a Klaus, antes de ser Nik.

-Es bueno saber que has escuchado de mí. Yo también he escuchado acerca de ti, dopplenganger. Amenazaste a la sheriff Forbes, hiciste que Caroline tuviese que escapar de ti y según tía Rebekah le rompiste el corazón al destripador al acostarte con su hermano.

-¡Erik!

El joven se gira hacia Caroline, sus ojos azules se vuelven cálidos.

-¿Estás bien?-. Pregunta en un susurro aunque todos en la sala son capaces de escucharlo.

-Sí, Erik. No es necesario que te comportes así…

-Padre me envió. Está en camino.

Pese a todo, Caroline sonríe.

-Por supuesto que tu padre te envió.

Ambos se sonríen con complicidad. Nada escapaba nunca a Klaus.

Elena se deja caer sobre el sillón con ruido sordo. Caroline se arrodilla delante de ella con gesto conciliatorio.

-Sé que es difícil de comprender al principio pero Elena, te aseguro que al tiempo…

-¿Desde cuándo tienes madera de madre?

Caroline da un paso hacia atrás.

-¿Yo? Yo no soy su madre-. Aclara, confundida.

-¡Ya sé que no lo eres! Recuerdo cuando te convertiste en vampiro, Caroline. Dijiste que no servías para madre y que por eso no lamentabas el vampirismo, al contrario de mi.- Caroline hace un ruido difuso con la garganta, recordando la charla-. Y ahora estás aquí, jugando a ser la madre ejemplar.

Erik da unos cuantos pasos fuertes y Elena tuerce un poco la cabeza.

-¡Ella no juega a nada! Caroline es…-. Pero sus palabras mueren en su boca. Mira a la mujer de su padre durante unos segundos-. ..Caroline. No la cambiaría por nada.

Las lágrimas comienzan a caer lentamente por el rostro de Caroline.

Cuando había llegado a Nueva Orleáns y se había encontrado con Erik y con toda la verdad su primer impulso había sido correr. Huir lejos y olvidarse que quería una oportunidad con Klaus.

Pero se quedó. Y nunca había tomado una mejor decisión. Habían pasado tantas cosas en tan poco tiempo…Elijah le contó de la guerra, de las atrocidades de su hermano y del momento en el que tomó a su hijo en manos. Le contó de las traiciones y la sangre derramada y de cómo, finalmente, después de mucho batallar la familia se había impuesto ante todo.

Y Caroline había aceptado todo eso. Los arrebatos de Klaus, la malicia de Rebekah, la resignación de Elijah y la sangre de Hayley corriendo por las venas de Erik.

Había tardado mucho tiempo en acostumbrarse. Mucho tiempo en sentirse cómoda y segura. Pero cuando sucedió, ella no se imaginaba en ningún otro lugar.

Y Erik la había aceptado a ella, como un niño y luego como un joven. Se querían y reían juntos, fastidiaban a Klaus potenciados y solían compartir el gusto por las películas de suspenso. Pero en ningún momento, hasta ese día, ellos habían hablado de su relación.

Era un acuerdo tácito, producto de la niñez de uno y de la inseguridad de la otra.

-…Eres mi Caroline. Mi amiga. La luz de mi padre y quién lo mantiene cuerdo-. Erik parece esforzarse por encontrar las palabras-. Ella no necesita jugar a ser mi madre o compartir sangre conmigo. Es mi familia. Es una Mikaelson-. Se toca el brazo, algo incómodo por el silencio que sigue a su declaración-. Creí que ya lo sabías.

-Claro que lo sé, cariño-. Aunque jamás admitiría que se siente mucho más segura que hace unos minutos.

Antes que pueda agregar algo más Rebekah irrumpe en el salón y tras ella aparece Elijah.

-¿Qué es tan urgente que…? interrumpe cuando descubre a Elena.

Caroline sabe que de todos los Originales, Elijah siempre fue el preferido de Elena.

-Hola, Elijah-. Saluda la morena-. Tanto tiempo.

Rebekah busca los ojos de Caroline. Ella le sonríe como agradecimiento por no haber ido a buscar a Klaus. Al menos, Elijah razonaría un poco antes de actuar.

-Buenas tardes, Elena-. Su mirada se dirige hacia Caroline-. Rebekah me ha dicho que estabas en problemas ¿Te encuentras bien?

Caroline vuelve a sonreírle ante la preocupación y el rostro de Rebekah se recompone un poco.

-Elena sólo vino a saludar, Elijah. Pero ella iba a retirarse ñe Erik.

-Y no volver más-. Acota Rebekah con desprecio.

Y antes que alguien pueda prever algo más Klaus y Damon ingresan al salón.

Genial. Todos presentes. Piensa Caroline.

Damon evoca una sonrisa cansina antes de comentar:

-¡Miren! ¡La familia al completo!

Klaus se mueve tras ella, pero no se acerca demasiado. A Caroline le duele la duda pero lleva demasiados años conviviendo con él como para ofenderse por algo así.

Lo conoce. Sabe lo que piensa. Y sabe que actúa antes de pensar en la mayoría de los casos. Así que la desconfianza que emana no la ofende. Sólo le recuerda lo difícil que fue conseguir que finalmente confiara en ella.

Erik se vuelve hacia su padre.

-Tía Rebekah acaba de echar a Elena, padre. Estábamos en los saludos finales. Han llegado a tiempo.

Klaus le sonríe.

-Supongo que no los invitaron a cenar…

-¡Como si deseara….-Pero Elena no termina de completar la frase. Observa a Caroline fijamente-. Quería entenderte, Caroline. Quería pensar que estabas desesperada o atrapada en esta situación. No que los ama.

Caroline le sonríe, a la vieja amiga que perdió, y con un gesto que abarca a todas las personas que están tras ella le responde.

-Son mi familia, Elena. No querría estar en ningún otro sitio.

Damon se remueve incómodo y sigue observando las fotografías sobre el mueble.

Caroline está segura que hará algún comentario hiriente sobre la única fotografía que convenció a Nik de colocar allí. Ellos dos, en Paris.

Pero por el contrario, Damon no dice nada. Sólo dirige su mirada a Elena.

-Ella está bien, Elena. Déjala ser feliz. Se lo merece.

Él busca sus ojos y Caroline asiente con un nudo en la garganta. Lo comprende y acepta sus disculpas. Medio siglo después, Damon Salvatore encontró la manera de pedirle perdón por lo sucedido.

-¡Bien!-. Dice la Dopplenganger-. Como quieras. Te dejaremos tranquila, Caroline. Para que sigas fingiendo que tienes una familia y que tu vida es perfecta…mientras el resto de nosotros vuelve a la vida real.

Caroline levanta la mano y Klaus, quién nadie más advirtió que estaba moviéndose, se detiene.

De esto se trata, Elena. De la confianza.

-Déjame decirte algo, Elena-. Caroline da unos pasos llenos de confianza y se planta en el medio del salón, bajo la araña de cristal y con su vestido blanco revoloteando en sus rodillas-. Después de un accidente de tránsito espantoso me desperté dolorida en un hospital, cuando alguien que creía que eras tú me ahogó con la almohada. Katherine me mató para enviarte un mensaje. Cuando me desperté estaba sola, aturdida y confundida. La sangre que goteaba por el suero me llamaba y yo no entendía por qué. Los sonidos y las luces me molestaban y el sol me dañaba. Entonces, todos los recuerdos que me habían obligado a olvidar reaparecieron. ¿Recuerdas? Me diste un poco de verbena para protegerme de los vampiros, sin importar si podían lastimarme de otra manera. Luego, tras matar a una persona inocente y aún confundida, Damon intentó matarme, porque no consideraba que fuese digna de estar viva.

Damon abre la boca para ¿Defenderse? ¿Pedir perdón?, pero ella lo frena.

-Cállate. Aún no he terminado-. Inconscientemente se acomoda el cabello-. ¿Dónde estaba? Ah, sí. Luego llegó Katherine y me hicieron lidiar con ella aunque estaba aterrorizada, pero no me importaba, porque quería ayudar. ¡Y mi madre! No hablemos de cómo mi madre dijo que me odiaba por ser un vampiro. Si ella lo superó, yo también. Pero, tú estabas ahí para mi, y eras mi amiga. Y yo jamás dudaría de tus intenciones, aunque me hubiese gustado que fuesen de otra forma.

Caroline prosigue.

-Entonces llegaron los lobos. Y me torturaron, hasta que Stefan vino a rescatarme. Y luego, decidieron que estaba bien arriesgar mi integridad física para ser una rubia distracción. Y luego me atacó Silas, y fuimos a buscar la cura, y llegaron las brujas a matarme, y mataste a mi compañero de universidad y llegó lo de la Sociedad…-. Caroline hace un gesto con la mano, restándole importancia.

-¿Quieres mostrarme cómo tu vida fue horrible por mi culpa?-. Pregunta Elena.

-No. Mi vida no fue horrible. Tú eras mi amiga y volvería a hacer todas esas cosas por tí-. Le mantiene la mirada por unos segundos-. Pero no toleraré vuelvas a mi casa a decir una sola palabra insultante contra mi familia.

Damon le sonríe, casi nostálgicamente.

-Esta es mi familia, mi casa y mi maldita ciudad. Esto no se trata de ti, por primera vez. No lo intentes, porque no lo lograrás. Sal a la calle y pregunta. Recorre el barrio francés, ve al pantano. Una palabra más, una sola insinuación y tendrás a todo Nueva Orleáns contra ti. No vuelvas a insultar a mi familia.

Como Elena no dice nada y sólo la contempla como si de pronto hubiese perdido la cabeza, Caroline arremete una última vez.

-Tenemos reglas en Nueva Orleáns. Reglas que nunca se rompen. Si estás aquí como amiga, para pasar el tiempo o para comprobar mi bienestar entonces serás recibida. Pero quién esté contra la familia, aunque sea verbalmente, será expulsado. No estoy bromeando, Elena. No tengo intenciones de pelearme contigo, he aprendido a perdonarte por amenazar a mi madre y estaba dispuesta a abrir mis brazos en un abrazo de bienvenida para ti. Pero no insultas a mi familia.

Damon comienza a aplaudir tras el discurso aunque lo deja tras unas pocas palmadas ya que nadie lo sigue. Caroline está apunto de reír con eso. Es bueno saber que el sarcasmo de Damon Salvatore se mantiene intacto.

Elena fulmina con la mirada a su novio y luego a su amiga.

-Lamento haberla molestado, Majestad.

Caroline cierra los ojos con resignación.

-Regresa cuando tus sentimientos y caprichos no nublen el recuerdo de nuestra amistad.

Elena se da media vuelta ofendida y abandona la estancia.

Damon se queda unos momentos más, observándolos a todos. Sonríe mientras pasa la vista por los integrantes. Desde Elijah y Rebekah con las espaldas rectas, al cachorro Mikaelson de pie en el primer escalón de las escaleras. Y por supuesto, al diablo Original parado detrás de su rubia mujer, dispuesto a atacar en cuanto ella lo ordene.

-Tienes madera de Reina, Barbie. Siempre la has tenido. Es una suerte que hayas encontrado tu Reino.

Caroline sólo se relaja cuando ve salir a Damon de la mansión. Siente la mano suave y precavida de Klaus sobre su cintura y ella se da vuelta y se arroja contra sus brazos.

Él le susurra palabras tranquilizadoras aunque en el fondo haya estado tan tenso como ella.

-Vamos, mi Reina-. Le dice, socarrón-. Has estado magnífica.

Ella se ríe mientras el resto de la familia comienza a hacer comentarios jocosos.

Está en el lugar correcto.

Después de todo, aquella familia de díscolos psicópatas se creía la familia Real de Nueva Orleáns. Y ella siempre había amado las cosas de calibre real.

Pero en el fondo de su corazón, Caroline sabe lo esencial.

Ella ama ser su Reina.


Perdón. Perdón. Perdón. Me he tardado añares en actualizar y no era la intención. Pero comencé mis vacaciones y como les había comentado, rendí/cursé en la universidad desde Febrero hasta Diciembre. Así que hice lo que haría cualquier persona en mi lugar en cuanto dejé de cursar...dormí.

Espero que les haya gustado el capítulo. Me quedó un poco largo y no quiero que parezca una charla sin sentido pero espero sinceramente haber logrado transmitir la postura de cada una de las chicas. Mi odio a Elena es conocido, pero más allá de eso, prefiero pensarla como una persona egoísta pero no malvada. Ir a buscar a Caroline para "salvarla" de Nueva Orleáns no responde más a un capricho de querer controlar todo y ser el centro de atención. O al menos eso quise contrastar en la historia.

Fue difícil escribirlo porque tenía la idea desde antes de The Originals. Luego, Originals vino a cambiar todo (Rebekah casi está a punto de recibir una bofetada si sigue tan antiKlaus) y TVD no ayuda mucho. Así que tuve que prestarle atención a esas cosas.

Dejo de escribir para no cansarlos. Los extrañé. Espero que no me odien y aunque haya habido una espera innecesaria, dejen un rw por los viejos tiempos.

Saludos.

Lita. OMG KLAROLINE IN TVD100