Disclaimer: TO/TVD no me pertenecen. Hago esto sin ánimos de lucro. Mi única motivación es evitar que Plec siga arruinando el Klaroline.

Este es el último capítulo de esta trilogía.

Resumen de "Heredero": Elena apaga su humanidad una vez más y amenaza a la madre de Caroline. Ambas se ven obligadas a escapar de Mystic Falls. Cuando Liz muere, Caroline se dedica a recorrer el mundo, hasta que finalmente decide ir a Nueva Orleáns por el mundo que le ofreció Klaus. Cuando llega a NOLA descubre a Erik, el hijo de Klaus y Hayley; pero, finalmente, decide quedarse y darle una oportunidad a la ciudad.

Resumen de "Reina": Han pasado 50 años desde que Caroline decide quedarse en Nueva Orleáns con la familia Original. Una tarde Elena y Damon se presentan ante ella. Tras una larga discusión, Caroline le explica a su amiga que los Originales son ahora su familia y que nada va a moverla de su lado.

Este capítulo transcurre paralelamente a "Reina".

Aclaraciones al final.


Está en condiciones de decir que le duele la cabeza.

Lleva aproximadamente veinte minutos escuchando a aquel individuo – del cuál nunca se había interesado en preguntar o escuchar su nombre si es que alguna vez se lo dijo- quejarse de distintos temas, los cuales para ser francos tampoco le importan.

Cuando el sujeto frente a él hace una pausa, Klaus se incorpora en su silla saliendo del estado de somnolencia en el que estaba. Y como el sujeto lo observa esperando que diga algo, pregunta lo primero que se le pasa por la mente.

-¿Por qué demonios estás contándome todo esto a mi?

El hombre se muestra asombrado y el miedo comienza a reflejarse en su rostro.

-Lo siento-. Tartamudea-. Me dijeron que debía hablar con el Sr. Mikaelson sobre el tema de los muelles.

Klaus rueda los ojos.

Piensa en matarlo. Lo que ha deseado hacer desde que el hombrecito se sentó frente a él.

Pero también piensa en todo lo que sucederá si rasga su corazón. Él no tiene ganas de soportar al moralista de su hermano regañándolo una vez más por asesinar a sus informantes.

-Elijah-. Dice finalmente-. Te has equivocado de Mikaelson, amigo. No soy el Mikaelson que buscas…-. Hace una pausa y una mueca irónica aparece en su rostro-. Técnicamente no soy un Mikaelson, pero no vamos a matar la costumbre ahora ¿Verdad?-. Se consuela en saber que el hombre está entrando en pánico-. Soy Klaus.

El sujeto comienza a temblar y transpirar y Klaus comienza a divertirse por primera vez en el día.

-Lo siento tanto, Señor. Ha sido mi error-. Comienza a levantarse mientras Klaus le sonríe haciendo bambalear su copa de vino-. Como aquel joven dijo que hablara con usted…

Klaus dirige una mirada curiosa hacia el fondo del bar y descubre a su hijo riéndose en una de las mesas.

-Ven aquí, cachorro-. Dice en cuanto el hombre se aleja corriendo del lugar. Su voz no se ha elevado pero sabe que su hijo lo ha escuchado a la perfección-. Muy gracioso. Los años de madurez están pegando duro en ti-. Le dice en cuanto Erik se sienta.

-Tío Elijah no estaba aquí y pensé que te gustaría estar al tanto de los problemas de los ciudadanos, padre.

-Ese no es mi trabajo-. Le pide a la camarera otra copa.

-¿Y cuál es?-. Erik parece pensar por un segundo-. La diplomacia es el área de Tío Elijah. Tía Rebekah se encarga de controlar los rumores y el qué dirán y Caroline se autodenominó jefa del sector de Relaciones Públicas…

Klaus rueda los ojos porque recuerda a la perfección aquel día.

-Mi trabajo es ser el Rey de esta maldita ciudad, Erik-. Se sirve un poco más de bebida-. Brinda por eso.

Su hijo, risueño, se recuesta en la silla mientras beben.

Pasan un tiempo agradable en silencio hasta que una voz los sorprende por detrás.

-Aún no estoy tan borracho como para ver doble-. Y sin previo aviso, Damon Salvatore se sienta en la mesa con ellos.

Erik siente a su padre tensarse y se pregunta quién puede ser el extraño frente a ellos.

-Hola, Damon-. Saluda su padre con la voz crispada-. Que desagradable sorpresa.

-Lo mismo digo-. Dice el tal Damon mientras lo observa brevemente-. Vaya, no eres tan parecido al diablo de cerca.

Erik se lo deja pasar, porque está acostumbrado a escuchar peores cosas contra su padre.

-Woow. Debo admitir que pensé que era todo una mentira…esos rumores camino aquí-. Damon da un trago más a su bebida-. Real. Es espeluznante.

-Damon ¿Qué estás haciendo aquí? O mejor, ¿Cómo es que aún sigues vivo?-. Pregunta Klaus con fastidio.

-O mejor aún, ¿Quién demonios eres?-. Interviene el menor de los Mikaelson.

Damon hace un gesto dramático con las manos, herido en sus sentimientos porque Erik no lo conoce.

-¡¿Cómo es que Blondie (*) no te habló de mi?!

-Erik, ten el desagrado de conocer a Damon Salvatore-. Presenta Klaus, con resignación.

El muchacho abre los ojos cuando lo reconoce.

-¿Salvatore? ¿Eres el hermano de Tío Stefan?

Esta vez, Damon se atraganta con la bebida y la camarera se apresura a traer otra botella de su mejor licor ante la seña de Klaus.

Adiós con el día calmo, piensa el híbrido.

-¿Tío Stefan? Oh, Dios. Esto es peor de lo que imaginaba.

Erik sonríe con petulancia y antes de que la camarera se retire le pide una porción de su mejor torta de limón. El chico ama las cosas dulces.

-Así que eres el infame Damon. El hombre que le robó la novia a Tío Stef y rompió su corazón. Tía Rebekah y Caroline cuentan esa historia en las noches de alcohol.

Damon cierra los ojos por un segundo.

-Por favor, deja de llamarlo "Tío Stefan" es traumático.

-Lo sé. A papá tampoco le gusta.

Entonces Damon gira la vista hacia el híbrido quién tiene el ceño fruncido en señal de desagrado, cuando se percata de su incomodidad lanza una carcajada.

-Imagino que a mi hermano lo incomoda el sobrenombre-. Erik asiente despreocupadamente-. Oh, eres un pequeño diablillo-. Damon lo dice despreocupadamente, pero en el fondo sabe que el muchacho no lo es. No es bueno perder el estado de alerta frente a esos dos. Después de todo, es el hijo de Lucifer-. ¿Cuántos años tienes?

- Hace más de tres décadas que tengo dieciocho-. Responde el muchacho curioso, pero antes de cuestionar, su padre se adelanta.

-Los motivos por los que estás en mi ciudad, Damon. Ahora.

El Salvatore mayor hace una mueca con la boca.

-Las chicas estaban poniéndose al día y no me apetecía escuchar la charla.

Klaus siente algo frío bajando por su espalda.

No.

No Elena Gilbert en Nueva Orleáns.

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Klaus aún la contempla con miedo. Como si fuese a esfumarse con el menor movimiento brusco aunque Caroline llevaba varios meses en Nueva Orleáns.

Él le había mostrado la ciudad, la había llevado a los mejores bares y la había obligado a disfrutar de toda la cultura que ella pudiera tener.

Por supuesto, él había disfrutado con cada pequeño gesto de estupefacción y asombro que había dado Caroline. Y sus sonrisas. Él había disfrutado especialmente cada una de sus sonrisas.

Y ahora, finalmente, después de muchas peleas, ella había aceptado mudarse con él a la Mansión Mikaelson.

Para él, en su varonil mente, era un paso muy sencillo. Ella tomaba sus cosas y se instalaba en su cuarto.

Parecía absolutamente práctico y conveniente, dada su incipiente relación y él jamás creyó que Caroline tuviese tantas dudas.

Después de todo, era un fastidio pasarse la mitad de las noches fuera de su cama, para volver temprano a la mansión. No es como si ninguno de sus hermanos no pudiera imaginarse dónde pasaba las noches. Y por alguna razón, Caroline no quería pasar las noches en la mansión…

Pero eso había sido superado, y tras meses de negociaciones, argumentaciones y algún que otro suplicio, Klaus había logrado convencer a su adorable Caroline de mudarse con él.

Y él, en un acto de bondad inusual debido al gran acontecimiento, incluso había vaciado parte de su armario para que ella pudiese guardar sus cosas. Porque la mudanza de Caroline debía ser un mero trámite.

Pues no lo fue.

Tres días después, seguía habiendo cajas en el suelo esparcidas desprolijamente mientras su dueña buscaba dónde ubicar su contenido. El espacio que Klaus le había asignado en su armario ciertamente no había sido suficiente (¡Incluso se había apoderado del baño!)

Pero igual, él estaba feliz. Al menos eso se recuerda cada vez que tropieza con una nueva caja y su hermana Rebekah ríe desde el piso de abajo.

Así que cuando ve a Caroline estática sentada en la cama contemplando una fotografía se acerca a ella con cautela.

-¿Caroline?

Ella parece sorprenderse y tras despejar su mirada se centra en él. Le sonríe, pero la alegría no llega a sus ojos.

-¿Qué es cariño? ¿Qué te tiene preocupada?

-Nada-. Dice la rubia ensayando otra sonrisa-. Todo está bien-. Pero aún mantiene entre sus manos la fotografía que alguna vez representó a toda su familia.

Ella, con Bonnie y Elena.

Cuando Klaus logra verla se queda estático en su posición sin saber muy bien qué decir, finalmente y tras unos minutos angustiantes dónde Caroline se pregunta si va a regañarla por conservar esos recuerdos, él se sienta al lado de ella.

-¿Ya la has perdonado, verdad?-. Susurra-. Claro que si. Tú no podrías enojarte con Elena Gilbert aunque Dios sabe que deberías hacerlo.

Y Caroline sabe que es verdad. Ella puede estar furiosa y dolida porque su amiga ha decidido jugar a ser una perra sin humanidad otra vez y haya amenazado a su madre y prácticamente la haya exiliado tras ello de su ciudad natal, sin embargo, en lo profundo de su alma, ella sabe que la perdona. Ella sabe que si lo intenta, puede entenderla y absolverla de cualquier mal que le haya causado.

Caroline Forbes está más allá del rencor cuando se trata de sacrificar todo en pos de sus amigos.

-¿Te he desilusionado?-. Pregunta sollozando-. Sé que tú dices que soy fuerte y piensas que jamás debería perdonarla…pero fue mi amiga, Klaus. Creo que aún lo es-. Las lágrimas caen solitarias por su rostro, porque ella no puede imaginar un escenario donde decepcione a Klaus. No al hombre que la ha hecho tan feliz desde que puso un pie en Nueva Orleáns.

Él no vacila al contestar.

-Por supuesto que no, amor. El que puedas perdonarla te hace más fuerte que nadie. ¿Quieres colocar la fotografía en algún lugar en especial?

Caroline duda un segundo y lo recompensa con la sonrisa más grande y brillante del mundo.

-No. Me siento bien conservándola. La guardaré entre mis cosas (que prometo ordenaré pronto) y cuando me sienta completamente cómoda…bueno, ya le encontraré un lugar.

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La lealtad de Caroline era unos de los rasgos que más le gustan de ella.

Caroline era endemoniadamente leal. Para con sus amigos y para con su familia.

Si Elena Gilbert estaba en la ciudad…Klaus no quiere pensar en ello.

No quiere ver la mirada angustiada de Caroline ni sus ojos llenos de lágrimas. No quiere ver la vergüenza plasmada en su rostro, desesperada por enmendar su error. Pero ante todo, él no quiere ver como el arrepentimiento la consume.

No después de tantos años, no después de tanto sacrificio.

Se aferra a la pueril esperanza de que los cincuenta años compartidos hayan dejado huella en ella y que no tirará todo por la borda.

Sin embargo, la sombra que se mece sobre su pecho se ríe macabramente y le recuerda que Caroline Forbes es un ser de luz y que al final del cuento, ella buscaría la redención de sus pecados y errores.

Y él era su mayor error.

Porque un ser como Caroline Forbes no podía, simplemente, perdonar todos los males del diablo.

El frío en su espalda persiste y lentamente va tomando conocimiento de la situación.

El bar, Damon y su hijo frente a él.

-¿Qué quieres decir con que Elena está aquí?

Damon le sonríe, de costado.

-Ella quiso visitar a su amiga.

-¿¡Medio siglo después!?

Algo en su voz, el deje de histeria, alerta a su hijo y lo asusta. Klaus puede ver los ojos cautos de Erik sobre él.

Intenta serenarse porque no será él quién haga una escena en el bar.

No va a darle ese gusto a Damon Salvatore.

-Tranquilízate. Elena ha prendido el interruptor. Su bondadosa y gloriosa humanidad está presente en ella así que no lastimará a Caroline.

Un nuevo miedo se instala sobre él. La posibilidad de que Elena lastime físicamente a Caroline.

Sabe que su chica es fuerte y ágil y ciertamente él la ha entrenado en las últimas décadas para que sepa defenderse…pero también sabe que Caroline nunca lastimará a Elena si puede evitarlo.

Erik se pone de pie con meticulosidad y con un gesto que le recuerda a Elijah se sacude las migas inexistentes de las mangas de su abrigo.

-Ve.

Klaus le da la orden y su hijo asiente en silencio, con la mirada fija y la promesa en sus labios cerrados.

Él va a velar por Caroline.

Damon se incorpora con brusquedad en la silla y parece dispuesto a saltar de ella cuando Klaus lo interrumpe.

-No la mates. A menos que sea absolutamente necesario.

Erik sonríe de costado antes de irse y Damon, a regañadientes, se deja caer nuevamente.

-Nada de todo este espectáculo era necesario, ¿Sabes? Elena no la dañaría.

-Aún recuerdo la voz aterrada de Caroline al otro lado de la línea pidiéndome una dirección dónde escapar con su madre, Salvatore. Así que déjame a mi decidir qué es necesario.

Damon cierra los ojos por un segundo y a Klaus le parece distinguir un rasgo de culpabilidad.

-Así que…-. Dice Damon cuando se recupera, con la misma voz jocosa e insolente de siempre-. Has conseguido a la chica.

Klaus sonríe y decide seguirle el juego un momento más. Con cualquier otra persona bastaría una simple amenaza para conseguir la información que quiere, pero sabe que con Damon, eso sólo dilataría el asunto. Damon realmente disfrutaba con sacarlo de quicio.

-Yo no conseguí a la chica-. Afirma-. La chica me escogió. Hay una sutil diferencia, que alguien como tú jamás lograría apreciar.

Damon se limita a sonreír.

-Siento una perversa curiosidad en saber qué dijo Blondie cuando se enteró de tu hijo-. Damon Salvatore toma un poco más del whisky que hay sobre la mesa-. No. Espera. No me lo digas. Te golpeó, te gritó, amenazó con irse de la ciudad y luego recapacitó y tocó tu puerta diciendo que le gustaba tu nueva faceta paternal.

A Klaus no le gusta admitir qué tan cerca de la verdad se encuentra la hipótesis de Damon así que lo ignora.

-Una vez más, Damon. ¿Por qué están aquí? ¿Por qué ahora?

Damon hace un gesto con la mano, restándole importancia.

-¿Y cómo está la familia? ¿Cuántos de ellos encerrados en ataúdes con dagas esta década?

Entonces una idea cobró forma en la mente del híbrido, quién rió con ganas antes de contestarle a su acompañante.

Por supuesto.

El único motivo que tendría Damon Salvatore para estar en Nueva Orleáns.

-Stefan. Estás aquí por Stefan-. Volvió a reír-. Todo se remonta a la familia al final ¿Verdad?

Klaus se sorprende cuando Damon no hace ademán de contradecirlo.

-Supongo que no tiene sentido negarlo-. Susurra en un extraño ataque de sinceridad-. Caroline te debe haber contado nuestra pelea…y sé que él merodea por Nueva Orleáns algunas veces.

La familia es para siempre.

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-Es ridículo.

La afirmación, por supuesto, no le agrada a Caroline.

-Él es mi mejor amigo-. Dice entre dientes.

-¡Él fue mi mejor amigo antes!

Caroline abre los ojos indignada.

-¡Esta no es una competencia para saber a quién quiere más Stefan!-. Se corre el rubio cabello de la cara-. Todos sabemos que me quiere más a mí.

-Fue mi amante antes que su mejor amigo-. Dice Rebekah, divertida desde el sofá.

Tanto Klaus como Caroline la ignoran.

-Por favor-. Intenta Caroline, con tono lastimoso-. Nunca te pido nada…

La risa de Klaus y Rebekah resuena por todo el salón y Caroline casi puede jurar que Elijah, detrás de libro que tiene entre manos, también rió.

Cuando Klaus deja de reír, tras unos buenos minutos, se encuentra con la mirada indignada de Caroline.

-Es mi mejor amigo y quiero recibirlo con una fiesta-. Caroline se exaspera-. Él lleva años perdido por el mundo buscando su yo interior y se merece un poco de diversión, demonios.

-¡Stefan odia las fiestas! Él sólo se sienta en un maldito rincón con su estúpida cara neutral mientras ve a todos bailar, amor.

-¡Qué puedes saber tú sobre fiestas!

Rebekah sonríe abiertamente al ver la discusión de su hermano con Caroline.

Los años de convivencia le han dado a Rebekah innumerables peleas para recordar. Caroline siempre logra tocar una fibra en su hermano que hace que todo sea apoteósico.

-¡Llevaba vagando mil años en esta tierra antes que tu tuvieras edad para beber, Caroline!

-¿Les molestaría bajar la voz? Estoy leyendo-. Pide Elijah aunque nadie lo escucha. En los cuatro años que Caroline lleva viviendo con ellos aprendió a disfrutar de los momentos de combate entre ellos. La Señora Forbes lograba despertar el lado más humano de su hermano, aunque sea mediante peleas.

-¡Por supuesto que tú no tienes idea de nada!-. Replica Caroline ignorando la interrupción-. Tú no sabes nada…

-Estás siendo ridículamente obstinada, amor. ¿Cómo puedes saber más tú que yo sobre fiestas?

-Bueno, ¡Tú no eres Miss Mystic Falls!

Klaus no puede evitar lanzar una carcajada al aire. La pelea, de por si ya ridícula desde su inicio ha alcanzado un nuevo nivel piensa.

Caroline lo hace feliz.

Con sus berrinches y con sus ingeniosas salidas. Con las palabras de aliento en el momento indicado y las miradas cómplices que atraviesan la sala.

Él sigue riendo e intenta recuperar el ritmo de la respiración.

-Te amo-. Dice inconscientemente-. Lo juro, no me he reído…-. Entonces se percata del absoluto silencio que hay en la habitación y cuando sus ojos logran enfocar correctamente tras las lágrimas de risa se da cuenta que Caroline lo observa fijamente.

Ella ha empezado a llorar.

-Caroline…

-Tú me amas-. Dice en un susurro-. Me amas.

Klaus gira la vista en busca de sus hermanos, pero Elijah y Rebekah parecen tan perplejos como Caroline.

Se ve en la necesidad de explicarse, aunque esté tan conmocionado como ellos.

-Claro que…es decir...

Caroline ahoga un gemido.

-¡Por favor! ¡Ya lo sabías! Vives en mi casa, duermes en mi cama ¿Cómo puedes no saberlo?

Pero él lo sabe. Sabe perfectamente que nunca le ha dicho a Caroline que la ama, porque decirlo con palabras era afirmar algo que no lograba exteriorizar de lo más hondo de su corazón. Decirlo, escucharlo, lo convertía en algo tangente. En algo con lo que lo podían herir.

En cambio, si él sólo se lo demostraba con hechos y con todo lo que esté a su alcance para hacerla feliz, entonces, tal vez, si Caroline se cansaba de él y lo dejaba para siempre…entonces tal vez no doliera tanto.

-Me amas-. Repite Caroline antes de lanzar un chillido agudo-. ¡Ay, Dios! ¡Tú me amas!

Lo próximo que sabe es que Caroline lo ha derribado mientras lo llena de besos.

Lo último que atina a ver antes de que ella lo empuje contra la pared es a Rebekah simulando vomitar.

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-¿Extrañando a tu hermanito, Damon?

Klaus sabe que Stefan ha perdido contacto con Elena y Damon, incluso antes que Caroline abandonara el pueblo.

-Los hermanos mayores debemos velar por los pequeños, ¿Verdad?-. Otro sorbo a su bebida-. Dejarlos volar, ampliar sus horizontes….preocuparnos desde las sombras.

-¿Por qué ahora?

-¡Demonios! ¿No puedes simplemente decirme cómo está?

La explosión de Damon sorprende un poco a Klaus. Hubiese esperado más resistencia de su parte, más juego de estrategia y muchísimas más líneas sarcásticas.

-Él es feliz, compañero.

El suspiro que deja escapar Damon intriga a Klaus. Parece satisfecho.

-¿Él no ha vuelto a ser el destripador de Monterrey? Disculpa la duda, no confío en tus influencias.

-Caroline no lo ha permitido.

Damon ensaya una pequeña sonrisa resignada que no llega a sus labios.

-Al menos la tiene a ella-. Otro sorbo-. ¿Sabes? Yo maté a su mejor amiga.

Klaus no le contesta.

A Damon no le gusta el silencio, no le gusta la mirada casi de condescendencia que Klaus le dirige y no le gusta estar en Nueva Orleáns dando lástima.

-Vamos, dilo-. Exige-. Soy patético.

-Nunca lo negué.

-Y pensar que una vez me pediste consejos sobre Blondie…

Klaus entrecierra los ojos peligrosamente.

-No recuerdo ese detalle en particular.

Se impacienta. Quiere dejar a Damon e ir corriendo a su hogar a buscar a Caroline. Asegurarse que esté bien, a salvo. Que Elena no la haya lastimado.

También sabe que debe tener calma, que cualquier movimiento brusco como entrar y romperle el cuello a Elena puede ser contraproducente.

Inconscientemente hace rodar su vaso con desesperación sobre la mesa.

Damon ríe.

-Te está matando no poder controlarlo todo ¿Verdad? Caroline es igual. Linda pareja de psicópatas forman ustedes dos.

-No creo que a Caroline le moleste que te mate, ¿No crees?

Damon lo ignora. Otra vez.

-Imagino muchas reuniones familiares a los gritos. Tal vez tu hermana y Barbie peleándose por la alfombra imperial-. Otra vez, Klaus no va a admitir lo mucho que se acerca eso a la realidad-. ¿Cómo demonios hicieron para sobrevivir este tiempo?

-Somos familia, Damon. Y la familia se mantiene unida. Hasta el final.

-Tal vez tus hermanos y tú, en ese extraño ritual de dagas y traición que tienen, pero Caroline…

-Caroline es parte de la familia. Familia, Damon.

Se incorpora con gracia de la silla y se dirige a su hogar. En busca de su Reina. Al diablo con la paciencia.

Damon se incorpora también, bruscamente.

-No es necesario una masacre.

-Ganaste la guerra, Damon. Te quedaste con la chica. Pero el precio de tener a Elena Gilbert fue tu hermano-. El vampiro lo observa, estoico y con la mirada insolente-. No voy a cometer el mismo error, amigo. Yo protejo a mi familia.

-¡Yo no abandoné a mi hermano!

Klaus encuentra ganas de reír, pese a que desea salir corriendo en busca de Caroline.

-Estás manteniendo una charla conmigo porque sabes que soy el único que puede entenderte. Porque pese a los errores, las traiciones y la eternidad, sé el valor de la familia-. Sus miradas se encuentran-. Tú puedes amar a Elena Gilbert, no lo niego ni cuestiono-. El gesto de asco en su rostro dice otra cosa-. Pero al final del cuento, te das cuenta que se necesita algo mucho más fuerte que una mujer para vivir la eternidad.

-El padre del mal dándome consejos.

-Puedes burlarte todo el siglo, Damon. Pero ambos sabemos la verdad.

Damon no emite palabra. La diferencia entre ambos es notable.

-Cuando vuelva…cuando veas a mi hermano…

-No le diré absolutamente nada. Stefan se merece un poco de orgullo herido de tu parte.

Con rapidez, antes de otro intercambio estúpido de ideas, abandona en bar rumbo a su hogar.

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Cuando logra ingresar a la mansión, con Damon pisándole los talones, encuentra a Caroline parada en medio del salón, a salvo.

Erik también está ahí junto con Elijah y Rebekah.

Damon evoca una sonrisa cansina antes de comentar:

-¡Miren! ¡La familia al completo!

Klaus se pregunta mientras se acerca cautelosamente a Caroline, cómo llegó a desgastarse la relación entre Damon y Elena.

Lo último que supo de ellos es que estaban dispuestos a herir a cuántas personas fuese necesario para estar juntos y ahora están allí, en el salón de su casa, mirándose como dos extraños.

-Tía Rebekah acaba de echar a Elena, padre. Estábamos en los saludos finales. Han llegado a tiempo.

Klaus le sonríe.

-Supongo que no los invitaron a cenar…

-¡Como si deseara….-Pero Elena no termina de completar la frase. Observa a Caroline fijamente-. Quería entenderte, Caroline. Quería pensar que estabas desesperada o atrapada en esta situación. No que los ama.

Caroline le sonríe, a la vieja amiga que perdió, y con un gesto que abarca a todas las personas que están tras ella le responde.

-Son mi familia, Elena. No querría estar en ningún otro sitio.

La familia es para siempre.

Klaus casi sonríe aliviado. Caroline no va a dejarlos. Ella es parte de la familia.

Damon se remueve incómodo y sigue observando las fotografías sobre el mueble y Klaus se percata de su mirada rota y del dilema del hombre. Él sigue amando a Elena, puede jurarlo. Pero los ojos azules de Damon están fijos en las fotografías y el híbrido sabe con precisión cuál observa.

Caroline y Stefan, abrazados, en su primera reunión en Nueva Orleáns.

Escucha a Damon defendiendo débilmente a Caroline.

Se prepara para atacar, impaciente y molesto por las frases hirientes de Elena y cuando da el primer paso dispuesto a acabar con la maldita Dopplenganger de una vez por todas, Caroline levanta una mano frustrando su intento.

Lo próximo que sabe es que Caroline está dando un discurso digno de una Reina.

-Tienes madera de Reina, Barbie. Siempre la has tenido. Es una suerte que hayas encontrado tu Reino-. Dice Damon antes de retirarse detrás Elena quién abandona la estancia furiosa y ofendida tras las palabras de Caroline.

Klaus se acerca precavidamente a ella y coloca una mano en su cintura, para dale apoyo.

Ella se da vuelta y se arroja contra sus brazos.

Él le susurra palabras tranquilizadoras aunque en el fondo haya estado tan tenso como ella.

-Vamos, mi Reina-. Le dice socarrón-. Has estado magnífica.

Ella comienza a reír.

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Bien entrada la madrugada, Klaus se encuentra en su estudio pintando en silencio.

El pincel recorre el lienzo sistemáticamente y se pierde en las profundidades del verde oscuro que lo adorna.

Rítmicamente y casi sin darse cuenta el pincel vuelve al tarro con agua sobre el escritorio y Klaus se encuentra perdido en sus pensamientos.

Pintar lo relaja, pero su mente está demasiado conmovida esa noche.

La siente llegar. Porque siempre pudo sentir su presencia en la habitación.

-¿No vas a la cama?

Él se da vuelta con una sonrisa ensayada antes de contestarle.

-Lo siento, amor. Me he perdido en la pintura.

Caroline le sonríe pero la sonrisa es tan ensayada como la de él.

-Yo no iba a dejarte-. Le dice, mientras se acurruca en el sillón frente al lienzo-. Si es eso lo crees…

-Claro que no creo eso, amor.

Pero ambos saben que él miente.

Klaus ha pasado todo el día temiendo que Caroline decida armar sus maletas e irse lejos de la ciudad. De él.

Ha pasado todo el día dándole mil vueltas a los dichos de Elena Gilbert y cómo puede influenciar eso en Caroline. Como puede trastornarla y hacerle ver el error que está cometiendo quedándose con él.

-Por si no lo has escuchado, no pienso irme.

Caroline le habla despacio, casi con condescendencia. Pero hay algo más, en lo profundo de su alma que le dice a Klaus que ella sabe lo que son las inseguridades.

-Te amo-. Repite firme.

-Yo también te amo, amor-. Le responde él en un susurro mientras se sienta a su lado-. No creía que ibas a marcharte esta noche…

-¿Tal vez mañana? ¿En una semana?-. Dice ella algo ofendida-. Creo que llevamos bastante tiempo juntos para saber qué estás pensando, Nik.

No puede negarlo. Ella lo conoce demasiado bien.

-Aún estás aquí-. Admite algo cohibido.

-¡Se supone que yo soy la neurótica insegura y que tu eres el híbrido del mal!

Él comienza a acariciar lentamente su espalda.

-Estuviste espléndida esta tarde, cariño. Una Reina.

Ella ronronea en respuesta.

-Elena no tenía malas intenciones…-. Caroline hace un silencio mientras espera que Klaus termine de gruñir-. Solamente está equivocada. Muy equivocada.

-Damon está cansado de ella-. Le comunica.

Caroline se incorpora de golpe y él siente su ausencia.

-¡¿En serio?!-. Klaus ríe porque parece una adolescente con un chisme entre manos-. Elena también comentó algo. Nunca lo creí posible…

-Él la ama, cariño. Eso sigue intacto.

-¿Entonces?

-Él extraña a su hermano. Y cuando la vida es eterna…la familia es lo único que nunca muere ni muta.

Ella se queda unos minutos en silencio hasta que vuelve a acurrucarse a su lado.

-Supongo que el precio fue alto en este caso-. Él sonríe al escucharla exponer la situación en sus mismas palabras-. Algún día Stefan se sentirá cómodo y volverá a verlos-. No suena completamente segura-. ¿Y yo?-. Pregunta luego.

-¿Tu qué?

-¿Yo también soy un precio que estás pagando?

Él la mira incrédulo.

-Claro que no, tú eres mía. Eres…parte de la familia.

-Erik dijo algo parecido esta noche.

-¡Porque es verdad! Eres parte de esta casa…de nosotros-. Se frustra a no encontrar las palabras correctas pero se interrumpe al ver que Caroline le sonríe burlona.

-Soy parte de la familia. Y la familia es para siempre. No voy a irme.

Él asiente cuando comprende el mensaje.

Y un sentimiento de alivio ridículo lo invade. Se abraza a ella un poco más.

-Estuve pensando en ellos, mientras daba vueltas en la cama porque tú no estabas-. Dice Caroline tras unos agradables minutos en silencio-. Creo que sé cuál es su problema.

-Por favor, dime que no vas a oficiar de casamentera.

Caroline lo ignora.

-Elena nunca logró que Damon fuese lo que ella necesitaba. Cuando estaban juntos él cambiaba sus modos…para no perderla. Como si fingiera inconscientemente ser otra persona, una mejor, por ella. Es frágil.

-¿Tú me has hecho una mejor persona?

-No. Tú me has hecho una mejor Caroline Forbes a mí.

Lo sorprende. Siempre se trató del mundo tratando de cambiarlo a él, nunca al revés.

-¿Qué?

-Siempre me retas a más, siempre me alientas y me das motivos para mejorar. No me querías por lo que era, no te enamoraste de la vampiro bebé. Siempre me quisiste por la persona que podía llegar a ser, siempre me retaste a alcanzar a esa mujer que creías que era…y esa confianza, bueno, eso lo fue todo para mi.

Se quedan en silencio luego de aquella declaración. Él sigue acariciando su espalda hasta que la respiración de ella comienza a disminuir y observa como ella va adormilándose.

Lo conforta saber que ella lo necesita tanto como él a ella.

Se concentra en los silencios que acompañan la mansión esa noche.

Su hermana Rebekah parece estar sentada en el tocador porque escucha el tintineo de los miles de frascos que lo adornan y que usa antes de prepararse para ir a la cama.

De la habitación de su hermano se escuchan con dificultad algunas notas suaves de música clásica y Klaus puede imaginarlo leyendo antes de acostarse.

Erik merodea por la cocina y sonríe inconscientemente al escucharlo abrir la heladera, seguramente en busca de algo dulce.

Caroline dormita acurrucada sobre él.

Esa noche, con su familia en paz y con Caroline segura entre sus brazos, él se siente el Rey más poderoso del mundo.


(*) Blondie. En castellano sería algo así como "rubita" pero como me parece asqueroso el término lo dejé en inglés.

Este es el final de la trilogía. Espero que les haya gustado. Como siempre, los extorsiono con rw a cambio.

He notado, releyendo fics, que algunas veces las frases aparecen cortadas. Aunque controlo todo lo que subo, evidentemente cuando paso las cosas de word a FanFiction la página por algún motivo borra ciertas cosas. Voy a tener más cuidado. Quería pedirles perdón por la desprolijidad.

Estoy trabajando en un one shot para el Reto de Apertura "¡San Valentín, Bite me!" del foro "The Vampire Diaries: Dangerous Liaisons!" así que seguramente nos leamos pronto.

La familia es para siempre. Los hermanos de la vida también. Always and Forever little Rippah.

Lita Black.