Bien olaaa! como an estado lectores XD aquí les traigo el capitulo dos de mi emocionante fanfic yaoi bueno espero que les guste muuucho mucho y dejen sus comentarios, en serio me anima suuper leerlos en fin sin mas rodeos el capitulo:
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Zoro llevaba rato caminando por los corredores, subiendo y bajando cada escalera con la que se topaba, incluso salto a trabes de un par de ventanas buscando llegar al patio principal, pero sabe dios como siempre terminaba en frente de su habitación donde había comenzado. No podía admitir que se había perdido pues su orgullo se lo impedía. Harto, se recargo en la puerta de su habitación y se dejo caer, hasta verse sentado en el suelo. Muchas cosas comenzaron a rondar su cabeza y no era para menos, solo hace unas semanas era uno más de los aprendices del coronel Teach que junto a sus amigos Saga y Kuina buscaban entrar como soldados al ejército imperial jurándole lealtad al rey y ¿ahora? Un subordinado del líder de las quimeras, donde su deber era proteger el tratado entre las dos especies –"¿Por qué?"- No es que menospreciara sus habilidades, a sus 15 años ya era mejor que muchos compañeros, incluso se atrevía a pensar que podía vencer a un soldado imperial, había luchado por primera vez contra una quimera y había salido con vida pero la pregunta, porque él, aun le mortificaba.
A lo lejos escucho una pequeña tonada, muy singular, pensó que tal vez solo era el viento que atravesaba la montaña, pero al volverlo a escuchar en forma de una traviesa melodía le dio a entender que era una persona la que estaba produciendo tal sonido. Inconscientemente lo siguió, hasta el jardín interior que había visto antes de llegar a su habitación. La melodía lo condujo hasta el gran árbol que con sus hojas blancas adornaba el centro del jardín, al no ver a nadie y aun escuchar la tonada rodeo el gran árbol, topándose con un niño de cabellos oscuros despeinados por la fresca brisa y su morena piel que resaltaba entre el color rojo del yukata desajustado que lo vestía. Parecía dormido, pues sus ojos estaban serrados con una expresión verdaderamente serena, pero su pequeña mano sostenía contra sus labios una hoja blanca del árbol, que el al soplar emanaba una encantadora melodía que jugueteaba en el viento.
-¿Quién eres?-
-eh?-Zoro se había quedado tan absorto escuchando la tonada que ni siquiera noto en qué momento el niño había dejado de tocar. Cuando se dio cuenta el chico ya estaba parado frente a él, miraran dolo con los ojos dorados de un gato. Al instante supo que se trataba de una quimera, haciendo que se pusiera en guardia por auto reflejo.
-te he preguntado ¿que quien eres?
-tsk!... mi nombre es Zoro, soy en nuevo guardia de la mansión
Los ojos dorados del menor pasaron a volverse tan oscuros como su cabello y en su claro rostro se formo una traviesa sonrisa, sorprendiendo a Zoro por su inesperada reacción
-shi shi shi el color de tu cabello es GENIAL! Lo he decidido quiero que seas mi amigo-Dijo el azabache mientras extendía su mano en señal de amistad
Zoro al instante pensó que tal vez sería el hijo de alguna criada del lugar. Se cruzo de brazos y se dejo caer en el pasto, tal vez sería buena idea entretenerse un rato. -ehh! Que te hace pensar que sería amigo de un chiquillo como tú?-
-AAHHH! TENGO 12 AÑOS! No soy ningún chiquillo- Al peli verde le causaba gracia la expresión de enfado del "chiquillo" con quien se topo. Había inflado como globos sus mejillas y su tono sereno había pasado a ser elevado y chillón.
-como dices eso poniendo esa cara de niñito berrinchudo-
-SERAS CAPULLO! TE DIGO QUE NO SOY NINGUN NIÑO!
-Si, si lo que digas… N-I-Ñ-I-T-O!
-ES QUE QUIERS PELEA CABEZA DE BROCOLI!
-QUE HAS DICHO MOCOSO!- al el peli verde se puso de pie quedando cara a cara con el menor.
-shi shi shi! Te pille… DIJE QU ERAS UN CABEZA DE BROCOLI!
-Grrrr… Tu lo has pedido…- De un movimiento rápido, Zoro salto hacia el azabache buscando atraparle, sin embargo lo único que pudo atrapar fue la tierra que le ensuciaba el rostro donde se había estampado. El "chiquillo" lo había esquivado en un ágil movimiento que ni sus cortos cabellos pudo rozar.
-shi shi shi shi shi
Mientras se levantaba y escupía la tierra que había entrado en su boca, podía escuchar la curiosa risilla del azabache, sostenía una enorme sonrisa de oreja a oreja. Esto era más que humillante habiendo herido una quimera adulta en su primer intento ¿como es que no podía ni tocar a un chiquillo idiota?
-Maldito me las pagaras…-
-Eso si me atrapas BAAAKA! shi shi shi-
Zoro volvió a salir en un rápido movimiento estirando sus manos hacia el pequeño cuerpo de su rival, incluso trataba de estampar uno que otro puñetazo en la cara sonríete del azabache pues le hacía pensar que solo se burlaba de él, sin embargo no importaba cuanto insistiese en sus ataques, la quimera los esquivaba con tanta agilidad que parecía un pequeño mono ¿acaso no lo estaba tomando en serio? Eso le irrito, que estuviese rebajándose al juego de un niño, era más que indignante.
Había conseguido acorralar al chiquillo mono contra el árbol y en uno de sus ataques que intento esquivar sus pies descalzos se toparon con unas cuantas raíces que sobresalían de la tierra, haciéndolo tropezar. Viéndolo como una oportunidad, Zoro lo tomo por el cuello del yukata, elevándolo unos centímetros del suelo, pegándolo a la corteza del árbol.
-shi shi shi pensé que nunca me atraparías bro-co-li-dijo canteando la ultima palabra, buscando irritar mas al chico peli verde que tenía enfrente
- tsk! Te voy a dejar irreconocible la cara- Zoro levanto uno de sus puños dispuesto a estamparlo contra aquella sonrisita que no había dejado de molestarle
-shi shi shi no creo que puedas tocarme-
-he y ¿qué te hace pensar eso, chiquillo? -
-por que tengo esto… -extendió su mano y en ella tenía un reloj de mano que guardaba el mayor en su bolsillo, ese pequeño niño había sido capaz de tomarlo desapercibido, algo que es extraño por no decir imposible. El peli verde por inercia libero su agarre dejándolo caer y sus pies tocaron el verdoso pasto hecho a correr
- ALCANZAME BROCOLI ANDANTE!- grito al azabache agitado el reloj, que llevaba por los aires
-ahh!? MALDITO BUELVE AQUI!- Roronoa siguió corriendo detrás de el por todo el jardín, donde no paraba de gritar chistosas amenazas al de cabellos negros. Llego un momento en que ya no escucho su risa y no lo veía más por los alrededores, era un mocoso verdaderamente rápido.
Sin darse cuenta ya estaba corriendo de nuevo por los pasillos de la mansión buscándolo, incluso, aun habiendo llegado por fin al patio principal, poco le importo ya que ahí no estaba lo que buscaba. Había preguntado a las criadas con las que se topaba si lo habían visto, pues siendo un niño quimera no debió pasar desapercibido, sin embargo siempre obtuvo la misma respuesta:
-"¿Un niño en la mansión?"-
¿Es que nadie le conocía?, como era que incluso los soldados que defendían la puerta principal desconocían la existencia de un niño que vagaba por la mansión ¿seria un intruso? , Imposible, le habían dicho que para poder alcanzar ese lugar se necesitaban halas y él en ningún momento había visto que ese chiquillo las tuviera, escalar era sumamente imposible pues a esa altura el oxigeno escaseaba aunque para una quimera eso importaba poco. De alguna manera había conseguido dar con las escaleras que lo llevaban al segundo piso de la mansión donde se supone que están las habitaciones para invitados importantes.
Mientras andaba por un extenso corredor que conectaba con mas pasillos y daba acceso a muchas puertas una pensamiento apareció, comenzó a preguntarse algo en lo que no había pensado desde que llego: ¿donde se suponía que se encontraba el dichoso tratado que debía proteger? .Aunque fuera estando perdido, había recorrido gran parte de la mansión, al menos en el primer piso, pero en ningún momento había visto indicios de que se protegiese algo importante, con acepción de la entrada principal.
Siendo un objeto algo tan importante que con su sola existencia evita una eminente guerra entre dos especies que por miles de años se odiaban a muerte, había imaginado una enorme puerta o una gran bóveda de acero reforzado, custodiada por muchísimos soldados, pero los únicos que había visto estaban en el patio o en el muro haciendo rondas y las personas que merodeaban la mansión eran las criadas, ¿que se suponía que tenía que proteger en un lugar como ese?
Estando en el segundo piso, se detuvo en seco en un gran pasillo con varias puertas completamente iguales a los del piso de abajo, por un momento dudo si había vuelto al mismo corredor de la planta baja, pero al pasearse muchas veces por su cabeza y los pasos que dio se convenció que eso no sucedió; comenzó a caminar y cada vez se molestaba mas, pues a donde quiera que miraba todo era exactamente igual, sin detenerse a pensarlo comenzó a abría una a una las puertas del largo pasillo, primero la que estaba a su lado izquierdo topándose con una elegante recamara de huéspedes sin embargo ahí no estaba lo que buscaba, el chico de cabello azabache o algo que pareciese sumamente valioso digno del pacto entre las quimeras y los humanos que necesite ser protegido; cerró la puerta y se encamino a la que estaba a su lado derecho. Hizo esta serie de actos con las puertas restantes en aquel pasillo de color amarillo pálido, sin encontrar lo que estaba buscando. Al final estaba una última puerta, en su mente se pasaban un sin fin de cosas que puede ocultar esa madera, esperaba que esta vez fuese algo de su completo interés, ya que tras encontrar nada en las anteriores, comenzaba a decepcionarse de ese segundo piso. Con pasos apresurados se dirigió al final del pasillo, su mano se posó en la perilla, no entendía el por qué el nerviosismo que sentía en esos momentos, con las puertas anteriores eso no sucedió, tal vez es porque en realidad hay algo detrás de esa fina madera, que es de suma importancia o el maldito mocoso peligro y su cuerpo puede sentirlo; o simplemente era cuestión de su imaginación. Con movimientos tensos giro el picaporte, pensando en todo lo que mando al diablo, dejando de abrir la rechinante puerta con lentitud, para abrirla de golpe en un impulso. Sin pudor alguno, esta se azoto contra la pared, causando un fuerte golpe que resonó en todo el pasillo. Dentro de la habitación no pudo ver nada que no fuese oscuridad, dio un paso hacia adelante, adentrándose en el inmenso cuarto carente de luz. En una de las esquinas pudo ver un par de ojos dorados, que lo miraban como si fuese la presa del dueño de aquellos orbes de oro. Su mano viajo directamente a la empuñadura de la espada por si esa cosa pensaba atacar, no tenía idea alguna de que era lo que estaba ahí adentro, pero no pudo darse el lujo de bajar la guardia y menos si él es el único soldado en ese piso.
-¿Qué mierda haces aquí? -Replico una fuerte voz a sus espaldas helándole la sangre por completo, se giró, pero eso no hacía falta para saber quién era el dueño de esa profunda voz
–los soldados como tu tienen prohibido venir aquí y lo sabes no es así? –le dijo Peller, su mirada de lagarto intimidaría a cualquiera, sus filosos dientes eran mostrados con la intención de alejarlo de esa habitación y que este no dudaría en hacer uso de su bestial fuerza. Entonces si había algo que esconder. El lagarto tomo del cuello a Rorona alejándolo por completo del cuarto al que se le prohíbe la entrada, pero en un rápido movimiento se soltó del agarre cayendo de pie justo en el marco de la puerta
–Estoy buscando algo –dijo de forma brusca con la mirada mas desafiante que tenia pues no se iba a dejar vencer por una Quimera, su orgullo es demasiado.
–Toma mocoso –la enorme quimera, con unos grandes aires de superioridad, le lanzó un reloj de bolsillo. En cuanto lo tuvo entre sus manos el tan apreciado objeto, que ese chiquillo le había quitado, comenzó a cuestionarse -"por qué?"-, solo Peller sabe de ese niño? ¿Cómo le quito el reloj? Es decir, el no pudo hacerlo y ese pequeño se burló de sus habilidades ¿tal vez es familiar de él y por eso ninguna de las sirvientas lo conoce? Tantas preguntas pasaban por su cabeza sin tener respuesta, a menos que este las preguntara.
– ¿qué estas esperando? ¿A que salgan flores de mi cabeza? Ya lárgate de aquí niño –espeto de forma irritante hacía el cabeza de brócoli que no hacía nada más que estar parado en medio de un pasillo mirando a la nada mientras su mente viaja en una nube de dudas.
- ¿Dónde está? –respondió si rodeo alguno.
– ¿Ah que te refieres? –aun sabiendo lo que las palabras del humano significaban, quiso que él mismo se lo dijese. Acto que enojo al menor de ambos.
–tsk... no te hagas el idiota conmigo, porque mas aceptaría dejar el ejército de mi rey? Sino proteger el tratado entre nosotros los humanos y ustedes –contesto con la voz más elevada, comenzaba a pensar que se habían burlado de sus habilidades con la espada y no había nada que proteger, solo era una pinta que mantienen ambos lados para que no haya guerra o la simple excusa para que dicha guerra comenzará. Tantas especulaciones comenzaron a formarse en su cabeza, conspiraciones, traidores, aunque la mayoría no tenían sentido y solo era producto de la molestia que tenía.
–haha Eres tan estúpido –dijo al borde de la risa, se sostuvo de una mesita con un florero para no caer a causa de la fuerza que ejercía al reírse sobre la maldita ingenuidad de ese saco de huesos, pero era imposible que no se diera cuenta que lo que buscaba estuvo frente a sus ojos, que quiso atacarlo y que le quito ese preciado reloj, sin duda ese chico era un simple estúpido.
El menor solo hizo que su enojo creciera, no puede creer que haya sido engañado, y burlado por un niño de no más de 12 años y un maldito quimera.
- que es lo que te causa tanta gracia?-
-acaso no lo sabes soldadito? En el momento en que aceptaste esta responsabilidad dejaste de importarle a tu rey, ahora no eres un soldado humano, tu único propósitos es proteger al pacto incluso si implica tener que masacrar a tu propia especie- las palabras del reptil le dejaron sorprendido, no es que no supiera desde el principio que proteger la paz entre las especies implicaría más que solo entregar su vida, pero al punto de asesinar a sus compañeros era algo que en verdad no lo esperaba.
-pero si tanto te cuesta encontrar el tratado de paz- las nuevas palabras de Peller lo sacaron de su transe -te diré que tiene la marca del dragón, la insignia de la familia real quimérica –le dijo con un tono serio olvidando por completo la burla que estaba haciendo, se dio la vuelta y se encerró en la habitación a la que le había negado el acceso. Peller se quedó unos momentos con el oído pegado a la puerta para poder escuchar los pasos del nuevo guardia alejarse de aquel pasillo y efectivamente eso fue lo que Zoro hizo.
–Te eh dicho muchas veces que dejes de jugar con los nuevos reclutas –le dijo en son de reprocha, mirando a la oscuridad que en tan solo cuestión de segundos se pudieron observar un par de ojos dorados en una esquina. Justo lo que el peli verde había visto.
–ahh pero… ¿por queeeé? Es aburrido estar aquí encerrado y shiii shii ese chico parece divertido, quiero jugar con él –salió de entre las sombras el pequeño dueño de aquella voz. Se dirigió al interruptor de luz de esa habitación y se tumbó en la cama, dando a entender que no se iba a mover de allí hasta que Peller le diera el permiso de poder jugar con el nuevo guardia.
–quítate esa es mi cama –le contesto, manteniendo firme lo que siempre le decía, no dejarse ver por cualquiera y no dirigirse ni a quimeras o humanos. El menor solo hizo un puchero y negó de forma exagerada con la cabeza, mientras cruzaba sus brazos sobre su pecho. Al ver esa reacción simplemente suspiro y se encamino a la esquina de la cama en donde estaba ese chiquillo molesto. Con una de sus grandes manos sujeto el tobillo del chico de ojos, ahora negros, y lo jalo fuera de su cama, se fue hacia la puerta y lo soltó del otro lado del umbral. Debido a los excelentes reflejo de Luffy este no sufrió caída dolorosa, sino que al momento de ser soltado, se dio media vuelta y cayó sobre sus propios pies. Peller solo cerró la puerta en sus narices, no está de humor como para lidiar con los caprichos de ese niño.
–Peller, prométeme una cosa. No le digas quien soy en verdad, por favor –su voz sonaba tierna, como si estuviese al borde del llanto, aunque claro el quimera no podía corroborar esa idea. Lanzo un sonoro suspiro lleno de frustración
–te lo prometo, no le diré nada a ese idiota.
Han pasado tres días desde que vio por última vez al mocoso molesto merodear por el castillo, comenzaba a creer que fue una ilusión, pero al pensar en Peller y el reloj que este le regreso, aun sin contar la advertencia que este le había dado, se obligo a sí mismo a decir que lo que paso hace tres día fue por completo real. Entonces si todo eso fue verdadero ¿Dónde está el chico?, había vuelto a preguntar a cada soldado de su paradero pero reaccionaron igual que la vez anterior, aunque cuando hablaba con la servidumbre algunas se ponían nerviosas y cambiaban el tema. Algo ocultaba. Con pasos confusos y con la mente en esas preguntas a las que no consigue respuestas, caminaba con una toalla en manos, estaba dispuesto a olvidar ese asunto por unos momentos y relajarse bajo el chorro de agua de las duchas; se sentía totalmente molido, el entrenamiento que le impusieron los altos mandos en esa mansión era sumamente difícil si no fuera quien es seguro habría muerto después de los 3 primeros ejercicios, ahora comprendía porque era tan difícil para los soldados del ejército deshacerse de una sola quimera en plena batalla, aunque lo agradecía pues se sentía mucho más fuerte. Una puerta de madera tallada detuvo sus pasos, no recordaba que los baños para los soldados tuviera semejante portón, las últimas veces que estuvo ahí le parecía una puerta corrediza cualquiera, aunque conociendo su suerte seguro que de los pasillos que se veían iguales tomo el equivocado, pues a pesar de llevar unos cuantos días dentro de aquel castillo, se sigue perdiendo, le había pedido explicaciones a las sirvientas, pero no le ha sido de mucha ayuda, comenzaba a pensar que estaba mejor cuando no les había mencionado nada a las muchachas que se encargan del aseo. Lanzo un suspiro y giro la perilla de la puerta, al abrirla, el vapor golpeó su rostro, el baño está listo para ser usado, vaya a es la primera vez que no se equivoca al entrar a una habitación pues al final sí que era una baño, solo que con la ligera diferencia de que era una gran tina llena de blanca espuma que inunda el ambiente de un suave aroma a flores. Ahora más seguro se adentró en el cuarto de baño, comenzó a desvestirse y dejo su ropa en una cesta, la toalla la dejo en el colgadero y antes de que siquiera tocara el agua con su pie una pequeña cabeza se asomo entre las burbujas.
- pero qué...?- Zoro estiro su mano tratando de alcanzar a lo que fuera que este flotando en el agua. Pero nada lo preparaba para el susto que se llevo cuando del agua emergió el chiquillo pelinegro gritando
-ABRAN PASO AL REY PIRATAAA!
-AHH PERO QUE CARAJOS!- Zoro retrocedió tropezando con sus propios pies estrellándose en el pisó estrepitosamente. Casi al instante Luffy giro su rostro sorprendió, no esperaba compañía a la hora de su baño mientras jugaba, pero menuda sorpresa se llevo al encontrar al peli verde en el pisó, no reacciono hasta que se dio cuenta que estaba completamente desnudo, sentía como los colores se le subían al rostro –LARGO PERVERTIDO! – grito lo más fuerte que pudo, con su mano tomo lo primero que vio, lanzándole una barra de jabón a la cara del de cabello verdoso, mientras intentaba cubrirse la parte baja de su cuerpo metiéndose de nuevo bajo el agua, el sonrojo le dejo la cara por completo carmesí.
– ¿qué te sucede niño del demonio? –le respondió con un sonoro grito mientras le devolvía de golpe la famosa barra de jabón dándole a la pared y regresando justo a su cara, terminando de nuevo en el suelo. Como pudo se puso en pie, enrollándose una toalla alrededor de su cintura, se sentó en la taza con la tapa cerrada esperando a que Luffy saliera pues su mente volvió a formular las preguntas a las que había dado un montón de vueltas, pero ahora que ese chico estaba aquí, no perdería la oportunidad.
Él de cabellos negros estiro sus manitas tomando la manta que traía con él, salió del baño con las mejillas rojas no por ver al peli verde, sino por la situación con la que se encontraron.
– ¿por qué sigues aquí? –le dijo el menor con un puchero en sus labios y una voz baja, le daba pena tener que cambiarse con el chico brócoli frente a él.
–es la ducha, ¿Qué más puedo hacer? Genio –le contesto por completo molesto, nunca se le olvidaría la burla que ese mocoso le hizo, lo que le recuerda tenía que preguntarle unas cosas.
-Pero que dices este baño nones para los soldados, a caso te perdiste?- Zoro se levantó repentinamente de la taza en donde se encontraba sentado, se acercó al menor tomándolo por la muñeca, acorralándolo entre su propio cuerpo y la fría pared del baño, dejo su rostro a unos escasos centímetros del chico de ojos ámbares, asegurándose de que este no fuese a escapar como hizo hace unos días
– ¿quién o que eres exactamente? –su mirada no se apartaba del rostro del quimera, tanto que si no fuese por unos centímetros, estos dos ya se hubieran besado.
Luffy inflo sus mejillas en un ligero puchero, le molestaba que se refirieran al como un "que" –Hazte a un lado –le resoplo intentando librar sus manos, aunque fue en vano, se notaba la diferencia en fuerza.
–solo respóndeme.
-huuuy! que te muevas –dijo con un notorio berrinche, mientras levantaba su rodilla, arremetiendo un fuerte golpe en la zona más sensible de todo hombre, esto fue más que suficiente como para que el peli verde se apartara, pero en lo que caía al suelo, agarro sin querer la toalla que ocultaba la virilidad de del menor, dejándolo por completo expuesto.
Luffy no pudo evitar retorcerse para cubrir su preciada varonilidad cayendo de espaldas, para protegerlo Zoro logro abrazar al chico antes de que tocara el frio suelo, entre tanto movimiento termino sobre el pequeño Luffy mientras este le daba la espalda, dejando ver una especie de cicatriz con forma de dragón en su espalda baja, justo como Peller le había dicho, no eso es imposible, es este niñato la razón de que una horrible guerra entre dos especies inicie?, no, el es solo un intruso, de ningún este mocoso es a quien debía proteger.
-no la veas... por favor, no mires...
Continuará...
