Capítulo II
Are you strong enough?
Can we make the cut?
Can we cross the finish line?
Make it out in time?
Llevaba en mano derecha un café bastante caliente, seguramente lo tiraría en cualquier descuido, era muy probable si seguía en las nubes. Suspiró y observó de reojo el semáforo, si no fuera por culpa de Yoh, su mente estaría en la junta que tendría en un par de semanas en Río de Janeiro. Y vaya que deseaba un viaje paradisiaco, no martirizarse pensando en la horrible sensación de engendrar un hijo.
Era un tonto, de hecho, pero era un amigo cercano, le debía y mucho. Yoh había estado a su lado muchos años, siempre incondicional, siempre leal, aquello era lo menos que podía hacer para regresarle de algún modo su solidaridad.
-¿Ya te arrepentiste?-escuchó a su lado.
Obviamente, lo menos que esperaba era encontrárselo en la parada del autobús. Y menos tan de repente, por lo que terminó por verter el vaso de café en el pavimento.
-Veo que sí, estás nerviosa- evidenció el castaño con una pequeña sonrisa mientras recogía el vaso ya vacío.
-¡Demonios, no puedes aparecer así de la nada y hablarme tan cerca, asustas a cualquiera!
-Tú no eres cualquiera-objetó Yoh con una sutil risa- Te acompañaba desde hace más de diez minutos, no te diste cuenta, ¿verdad?
Pensaba en demasiadas cosas, demasiadas.
-Planeaba mi viaje a Brasil.
-Oh, ya veo. Bastante agradable el clima, necesitaras ir de compras antes de marcharte.
-No, ya tengo mucha ropa, creo que incluso regalaré toda una maleta.
Jugueteó un poco con las llaves de su auto antes de ver el semblante frío de su acompañante.
-¿Por qué una mujer regalaría su ropa?
-Porque se aburrió de ella y desea cambiar, o porque simplemente no le gusta o…
-Porque no tiene en quién gastar el dinero más que en ella-concluyó el castaño.
-¿Insinúas que me compre un perro?-preguntó ofendida.
Yoh le señaló su auto aparcado y ella rodó los ojos para seguirlo a donde se encontraba el coche. Podría comprarse uno, eso sería buena opción, de hecho no estaría nada mal.
-No planeaba insultarte, en realidad, ya sabes que amo la forma en que haces las cosas. Ojalá yo tuviera esa seguridad, y ese poder de sentirme estable. Sólo que pensaba en nuestro plan de anoche…
-O… ya estás viendo cómo puedes sacar dinero para la manutención.
-No. De hecho tengo curiosidad si serás tan fría como para regalar un bebé, dejar todo ese asunto de los sentimientos, el privilegio de cuidar de una criatura que sería tuya y….
-Déjate de cursiladas, Yoh. Puedo hacerlo y si lo que quieres es dinero, supongo que puedo aportarte un poco, después de todo, tampoco es que me gustaría que pases por grandes sacrificios para mantener a otra persona.
Yoh suspiró. Ése no era el punto.
-No te quiero hacer daño, Anna, en verdad.
-¿Y por qué lo harías?-preguntó con rudeza- No hay porque herir a nadie.
-El bebé, las ilusiones, los sentimientos… ¿quieres que continúe?
-Cliché, Yoh, estás en un ridículo cliché. Estoy consciente de lo que haremos, bueno del asunto en el que trabajaremos, y no me enamoraré de ti, digo, hemos dormido juntos durante años, nos hemos visto, nos conocemos hasta el más mínimo detalle y no ha florecido nada, como amiga, estoy dispuesta a dar todo por ti. No existe en mí la tonta ilusión de que te quedarás conmigo.
Miró el volante, encendió el auto y arrancó. Sería un breve trayecto a su oficina si no eludiera y pusiera un sinfín de espinas alrededor de los sentimientos tan frágiles que tenía.
-En esos términos suena muy frío, por no decir que es casi una imposición de mi parte para contigo-expresó un tanto confundido por esa repentina racha de frivolidad, cuando a su lado era más abierta y hasta expresiva.
-Es un favor de una amiga a un amigo, imagina eso. Sólo he meditado las muchas opciones que tendrá tu familia respecto a esto, porque obviamente sabrán que yo soy la madre, ¿no? un embarazo no se oculta así de fácil.
-No le comentaremos nada a nadie, no te preocupes, sé encargarme de eso.
-Esa fue una respuesta muy seria para el jovial y alegre Yoh.
Miró de reojo a su amiga y pudo notar en ella esa peculiar sonrisa irónica, como si en verdad fuese un tempano de hielo.
-Sabes que no doy explicaciones de mi vida a nadie, salvo a ti-pronunció con dulzura- Ahora bien, hablando del sexo…
-¿Sexo?-preguntó enrojecida-No hablas en serio. Obvio no tendremos sexo, será por inseminación artificial.
-Oh…claro, no pensaba en otra cosa-contestó apenado mientras se estacionaba frente al gran edificio en el que Anna laboraba- Sin embargo, ¿me dejarías hacer una prueba?
Lo miró con desconfianza cuando se desabrochó el cinturón y se acercó lentamente hacia ella.
-Cierra los ojos.
-¿Por qué vas a besarme?-atinó a decir mientras obedecía a sus palabras.
-Sólo voy a confirmar algo-dijo suavemente al acariciar la mejilla de la rubia- Es bastante predecible, pero déjate llevar, ¿de acuerdo?
-Si tú lo dices-contestó al sentir los labios de su amigo rozar su nariz.
Bien, era demasiado táctil, bastante curiosa esa sensación. Pensó por un momento que Yoh sería más intenso, pero lo único que hizo fue besar su boca de una forma tan esporádica que apenas percibió el roce.
- ¿Quedamos para comer?-escuchó su voz con la misma jovialidad de siempre.
-¿Y a qué vino todo esto?-irrumpió algo molesta.
-¿Esperabas algo más?-preguntó con una sonrisa triunfante.
-Lo único que esperaras será una nueva amiga, no vuelvas a…
¿La había callado con un beso? ¿Se había atrevido a tanto? Sí, definitivamente lo había hecho. Y éste sin duda era más intenso de lo que recordaba…
-Lo siento, Anna. Sólo quería ver si de verdad entre nosotros no había pequeñas llamitas por ahí, pero viendo que no, creo conveniente seguir con el plan, habiendo aclarado todo.
Eran demasiadas palabras para procesarlas juntas.
-¿Quédanos para comer?
Su pregunta la regresó del estupor en el que se hallaba.
-Tres y media, y más te vale llegar temprano, necesito ir a comprar unos zapatos para un vestido.
-¿No crees que gastas demasiado en ropa?
-No tengo hijos, por ahora-se limitó a responder.
Pero cómo pretendía comer con Yoh, mejor dicho cómo pretendía él comer con ella y acompañarla de compras si vería a Marion a la misma hora. O era un olvidadizo o de verdad hacía compromisos al azar. Marcó el número de la rubia y la ruidosa canción le reventó el tímpano.
-Son casi las tres, se supone que debería…
-¿Hola? ¿Anna?-escuchó la voz de su hermana del otro lado.
-Genial, llevo llamándote todo el día….
-Tengo sólo una llamada perdida, creo que exageras un poco. Pero bien, ¿cuál es la urgencia?
-¿Verás a Yoh hoy?
-¿Ya eres su secretaria o su novia? Bueno, eso es cosa tuya, no, lo cancelé en la mañana, le dije que iría a ver a mi prometido. Y qué bien que hablas, necesito una planificadora de bodas y…
¿Y en algún momento se callaría?
-Perdón la interrupción, Marion, pero debo irme, saldré…
-Sí, lo sé. Siempre tan ocupada, en fin, cuídate y no te preocupes, dudo que Yoh quede contigo si tiene otra cita.
-Es un hombre-objetó Anna- Son muy desconsiderados.
-Pero Yoh es tu amigo, las consideraciones son otras. Sólo recuerda eso, un amigo se preocupa por lo que sientes, tu novio querrá que no lo agobies con todo lo que sientes. Así que ve y haz tu vida.
-Bien.
Ella al menos sabía todo lo que hablaba, no en balde era cinco años más grande. Tomó su bolso y cerró el portafolio, tendría que cerrar demasiadas cuentas en la semana para sacar el bono extra que su jefe le estaba preparando. Y entonces, Yoh le diría para qué querría más dinero.
-Anna, te llama Silver-le informó su compañera- Extensión 24 y contesta rápido antes de que se corte la llamada.
-¿Has dicho, Silver?
-Creo que lo dije bastante claro-obvio la mujer antes de cerrar la puerta.
Se sentó y tomó el teléfono en sus manos. Lidiar con el pasado, no era nada fácil, especialmente con algo tan delicado.
No obstante, llevaba cerca de media hora esperando. Seguramente le pegaría, pero sólo así podía apresurar el proceso. El mesero pasó por tercera vez, llenando su copa de vino por cuarta vez. El queso no le alcanzaría para mucho si Anna tardaba otra media hora más.
-¿Su pedido ya está listo, desea que lo traigamos a la mesa o esperara un poco más?
-No, esperaré…Bien, tráigalo- corrigió al ver a su rubia amiga entrar al restaurante.
Aunque por su cara no traía ninguna buena noticia.
-¿Ocurre algo?-preguntó en cuanto llego a su lado.
-Tal vez-anunció un poco apenada-¿Puedo tomar un poco de tu copa?
-Seguro-afirmó acomodándole el lugar- Ahora dime, qué te pasa, te ves pálida, no me asustes, por favor.
Respiró y mordió sus labios con suavidad.
-Yoh, creo que tendré que negarme a ser la incubadora de tu hijo.
-¿Por qué..? Bueno antes que nada, no eres ninguna incubadora y no quiero forzarte a nada, pero esta mañana estabas tan segura. Qué te ocurrió.
Desvió su mirada y enfrentó la firmeza de esos ojos castaños.
-No puedo decírtelo, porque no me vas a perdonar, pero tal vez tenga SIDA.
Continuará…
N/A: Y aquí el capítulo II, trataré de dar más continuidad y bueno gracias por los comentarios, últimamente ando a mil por hora, pero con más tiempo me encantaría contestarlos. Gracias a todos y bueno a seguir trabajando.
