Capítulo IV

Prohibido o no, tenía todo el derecho del mundo para procrear un hijo con toda la ilusión posible. Así que no dudó en recorrer el centro comercial y visitar las tiendas de bebé. Ahí encontró todo tipo de artefactos, biberones e incluso corrales, que le parecían en cierta manera curiosos. Porque como figuraba la señorita, con los pequeños de la generación actual, ningún cerco era un límite para su energía.

Sonrió ante toda clase de comentarios, más con las mujeres que insinuaban algo más allá de un simple acompañamiento. No recordaba su última cita con una chica, probablemente un año atrás, pero en lo relativo a las salidas de pareja estaba retirado. Totalmente, y más al recordar a la mujer que próximamente traería al mundo a su hijo.

—Es encantador que un hombre visite solo las tiendas. Usualmente lo hacen las mujeres, aunque claro... siempre hay sus excepciones —dijo la encargada.

Ella era una mujer madura y amable que se ofreció a darle una explicación de todo ese mundo relacionado con la paternidad. Madre de cuatro niños, tenía una vasta experiencia en el tema, sobre todo en lo relativo al cuidado masculino, los detalles y la forma en que hubiese querido que su esposo se comportara con ella.

—Créame, ningún detalle es demasiado. El embarazo es cansado. Usted debe facilitarle a su esposa todo lo necesario para que su vida sea placentera y feliz. Es una etapa sin duda maravillosa, pero tiene sus lados negativos —argumentó cuando tomaba del estante tres revistas para cuidados en la gestación — Se pondrá de muy mal humor...

—¿Más? —comentó con una sonrisa — Anna es bastante directa cuando algo le molesta demasiado.

—Pues he ahí una poderosa razón para complacerla en todo — respondió agradada de la preocupación del castaño al tomar un libro de los síntomas y fáciles soluciones — ¿Cuántos meses tiene?

En realidad, era bastante ridículo, considerando la situación.

—Todavía no está embarazada —confesó un poco avergonzado — Sólo quería saber todo acerca del embarazo, porque lo estará. En al menos unos tres o cuatro meses, Anna estará embarazada.

—No sé qué decir al respecto, me conmueve esa actitud tan... emotiva y preocupada.

—En realidad no soy así, no suelo preocuparme demasiado, sólo trato de vivir la vida como viene, sin más ni menos.

—Pero un hijo es una gran responsabilidad, especialmente cuando por desgracia llega a faltar la madre.

Y calló un momento. Esa era una de las posibilidades en las que no había reparado con tanto detalle, porque prefería no pensar en malas oportunidades.

—Yo la cuidaré, no dejaré que nada le suceda —aseguró —Pero aun si pasara, amaría a ese niño más que a nada en el mundo y no mancillaría la imagen de su madre, jamás.

La mujer suspiró y limpió una pequeña lágrima que amenazó con salir y es que aquel fulgor tan decidido en los ojos de Yoh la había hecho reflexionar y sentir todo ese aprecio y amor tan genuino. Su sonrisa pacífica hacia de él un candidato idóneo para cualquier mujer en aras de sentar cabeza, de eso no tenía duda.

—Bueno, sigamos, aun no llegamos a la parte en donde usted va a correr de tienda en tienda hasta conseguir lo que ella quiere —dijo tomándolo de brazo para caminar hacia el siguiente pasillo en donde podía ver la ropa de recién nacido — Y déjame decirte esto, tu esposa es muy afortunada.

—No, yo soy el afortunado que tendrá un hijo de ella.

Exhaló y aquel vapor calentó sus manos por breves instantes. Afuera no paraba de llover, las ligeras gotas salpicaban constantemente la ventana y algunas se colaban por el marco de la pared intentando de una forma u otra hacer un pequeño charco. No importaba lo frío que estuviera, sentir ese cambio de temperatura la aliviaba mucho. Recargó su mejilla al vidrio y continuó tejiendo en su mente un sinfín de recuerdos.

—¿Alguna vez has tenido a alguien incondicional?

—No —negó tajantemente —He tenido parejas, pero todas son transiciones, supongo que aun no he superado del todo a Hao.

—Pues… sé que no es correcto, pero quiero confesarte que yo siempre he sido tu ferviente admirador. No hay un día desde el instante en que te conocí, en que no haya fantaseado contigo.

Abrió los ojos y tomó el collar de perlas azules que rodeaba su cuello. Silver había sido un punto débil en su vida, una relación que ni siquiera tenía voz ni voto, era sólo el calor de experimentar la adrenalina y sucumbir a lo prohibido. Sentirse viva, como cuando él la tomaba entre sus brazos…

—Quiero decirte que eres la única mujer a la que llevaría al altar —susurró en su oído el Asakura — Y no pienso compartirte.

— ¿Ni siquiera con Yoh? —cuestionó de antemano que eso traería una ligera molestia de su parte.

—No. Eres mía, además a él sólo lo quieres como a un hermano, sólo eso. Soy yo quien te hace perder la razón —alegó con alevosía mientras la besaba fervientemente —Siempre te amaré…

—Y yo a ti…

Apretó sus labios en busca de los suyos, pero él no estaba ahí. No había calor, sólo el frío consumiendo sus sentidos y el agua resbalando lentamente de sus mejillas, borrando de su memoria los ecos del pasado. Dejó escapar un gemido mientras arrancaba con fuerza el collar de perlas azules y las cuentas caían al piso en diferentes direcciones. Nuevamente sucumbía a sus recuerdos y abrazó con fuerza sus piernas tratando de sentirse acompañada.

—Mi niña favorita —escuchó la voz de su padre —Tú serás una mujer grandiosa y harás maravillas, de eso no me cabe la menor duda.

—¿Cómo lo sabes? —preguntó al hombre, que miraba con orgullo a la pequeña de sólo seis años.

—Porque desde que naciste, siempre has sido una estrella que vino al mundo a brillar.

Hundió su cabeza en el espacio entre el espacio sobrante y dejó fluir todas esas emociones. No era ni de lejos la mujer brillante que sería, y él también se había ido, la había abandonado con la familia Asakura casi a sus casi ocho años. Sentía un vacío emocional tan grande, un gran sopor quemándola por dentro, como si en su interior su sangre fuera ponzoña y no el líquido vital que la mantenía caliente. Tenía días sin arreglarse, algunos sin bañarse y qué importaba, Yoh era el único que estaba a su lado.

Entonces escuchó la puerta abrirse y giró inmediatamente su rostro, limpiando de forma poco gentil sus lágrimas. Tomó aire y esperó una gratificante sorpresa, con él siempre había algo nuevo cada día.

—¿Cómo estás, Anna? —preguntó sentándose a su lado —¿Estás mejor?

Un ligero resfriado que se había complicado un poco a causa de la lluvia y el frío. Ahora era simplemente un estorbo, alguien tan frágil como el aire.

—Mejor —contestó mientras él acariciaba su mejilla y tomaba su mentón.

—¿Por qué siento que no es así? —dijo mirando sus ojos enmarcados por un color rojizo.

—Estoy mejor —respondió Kyouyama dando por sentado que aquel era un hombre que la conocía desde su más tierna infancia y por ende, no engañaría fácilmente.

—No lo estás, has llorado toda la tarde —afirmó con tristeza —Y créeme si yo pudiera hacer algo por librarte de esa maldita enfermedad, lo haría, lo haría.

El aire comenzó a faltarle, pero no quería sucumbir a su debilidad. Sin embargo, cuando la abrazó fue difícil contener las lágrimas, era todo lo que llevaba añorando desde la mañana.

—Llora, bebé —le susurró al oído.

Y pudo haberse extrañado de semejante mote. No obstante, calló y no dijo nada, sólo lo escuchó con atenciones todas aquellas tiernas palabras. Su corazón se estremeció y su fuerza de voluntad se evaporó por completo. Había llorado con él, junto a él, pero nunca como un bebé, como él mismo había descrito.

—Quiero morirme —declaró finalmente.

—No digas eso, por favor —dijo con un ligero temblor en su voz.

Se separó de él y pudo ver sus ojos cristalinos.

—Perdón —pronunció notablemente culpable —Antes dije que tendrías a tu bebé.

—Ya la tengo —contestó con una ligera y casi invisible sonrisa — Y si ella está triste, yo lo estoy. Si está deprimida, creo que yo también lo estaré.

Anna contempló sus ojos un largo rato. Pocas ocasiones lo había escuchado ser tan meloso, no lo era con ninguna mujer, tampoco es que fuera un insensible, es sólo que era caballeroso sin ir a más. Ahora, verlo en esa faceta era realmente un fuerte sopor.

—No te enamores de mí, por favor.

—Te lo prometo —respondió acariciado su largo cabello rubio —Sólo si prometes que regresarás a ser la misma mujer que conocí desde niño.

—Aquella mujer ya no existe —declaró mirando a la ventana—Soy lo que los demás han dejado de ella.

Dejó escapar un suspiro. Tantos hombres la habían decepcionado, entre ellos su padre, quien había huido por un fuerte problema financiero, abandonándola a su merced con la abuela. Desde entonces, vivió a su lado y aunque era con Hao con quién más hablaba, él siempre la tuvo en buena estima. La anciana veía en ella gran potencial, y lo tenía. Después, cuando Hao decidió establecer con ella una relación, pensó que ese sería el destino definitivo para Anna. Qué equivocado estaba. Y en cada ruptura posterior, cada llanto, siempre estuvo a su lado.

—No sé si alguna vez te has dado cuenta, Anna —dijo llamando su atención —Pero aquellos hombres que se fueron sólo hicieron de ti una persona fuerte, y tal vez aunque duela y sea horrendamente frustrante, esas personas no te merecían. Ellos no ameritaban estar contigo.

—Pero yo…

—No, no te atrevas —le cortó de inmediato —¿Crees que te querría tanto si no fueras la grandiosa mujer que eres?

Suspiró mientras tomaba su mano.

—Yoh, eres el mejor hombre que conozco y tú quieres a todos, sin importar de dónde vengan, cómo sean.

—Tal vez —afirmó acercándose más a ella —Pero el amor que tengo por ti es más especial, soy tu incondicional.

Y antes de siquiera reprochar, posó un dedo para acallar toda queja. Se incorporó un poco y notó con sorpresa como la levantaba en sus brazos. Se aferró a su cuello sin pensarlo dos veces. Odiaba cuando la tomaba desprevenida, y ésta no era la excepción.

—Pero qué…

Abrió la puerta del baño y la bajó con cautela. Hasta ese momento, todo pareció extraño, más cuando cerró con llave.

—¿Qué diablos haces? —cuestionó mientras lo miró quitarse la camisa.

—Vamos a tomar un baño—contestó abriendo el grifo de la bañera—Y no acepto un no por respuesta.

Sus mejillas se colorearon. Una cosa era dormir juntos, pero bañarse era una completamente diferente, mucho más íntimo y podía prestarse a otro tipo de reacciones.

—No quiero bañarme contigo—respondió firme—Por favor, ahórrame la molestia de…

—No haré nada que no quieras, te lo aseguro. Confía en mí—pronunció frente a ella.

No hubo un sonido más. Yoh se acercó y tomó la sudadera que llevaba para quitarla, al igual que el pantalón holgado. No había nada de erótico en la acción, pero que lo hiciera él tenía un toque especial que le erizó la piel. Cerró sus ojos cuando el castaño rozó su mejilla en su pierna mientras descalzaba sus pies y sintió su aliento subir lentamente hasta que deslizó con suavidad sus pantaletas.

—Para…—le dijo Anna.

—Ni siquiera te he tocado—susurró con una sonrisa y aunque lo negara, aquello le resultaba muy excitante. Se levantó y la abrazó hasta desabrochar su sostén—Eres muy hermosa.

Mordió con levedad sus labios, permitiendo que se llevara la última prenda que cubría su cuerpo. Escuchó el sonido de su pantalón caer y el vapor del agua tocar su piel, mentiría si dijera que ignoraba ese escozor bastante conocido. Estaba deseando que pasara algo…

—Vamos…—dijo Yoh con algo de gravedad en su voz.

Y es que contemplarla desnuda había sido más de lo que imaginaba. Anna estaba en un momento que toda aquella aura de frialdad no existía, sólo esa vulnerabilidad en sus ojos. Cerró el grifo mientras contenía el aliento al verla sumergirse con lentitud. Sonrió al ver cómo contemplaba su desnudez.

—¿Está caliente?

—No lo sé—contestó sin saber qué decir—Claro, está caliente.

Rió sin poder evitarlo, tenía una erección difícil de ocultar. Aunque no sabía a ciencia cierta a qué obedecía el sonrojo de la rubia en sus mejillas, si a la temperatura del agua o a las reacciones involuntarias de su cuerpo. Anna maldijo haber estado tan ciega tanto tiempo, en especial cuando Yoh decidió meterse en el mismo lado de la bañera para sentarse detrás de ella.

Intencional o no, el roce de su piel era un tacto insoportable. Entró y sintió claramente el agua caliente mientras abrazaba a Anna de la cintura.

—Será mejor que encienda esto, así al menos habrá espuma—dijo un poco contrariado al contemplar sus pechos desnudos erizarse.

Mordió sus labios y percibió claramente el miembro de él acomodarse detrás.

—Esto no es relajante—confesó Anna.

—No, creo que no mucho—admitió el castaño al ver la cantidad de espuma— ¿Cuánto tiempo hemos sido amigos? ¿Más de veinte años?

—Sí—dijo con vergüenza— Es irónico, hemos dormido juntos muchísimos años.

—Lo sé—dijo con el mismo sentimiento—Me muero de ganas de hacértelo y ¿sabes qué es lo que más me excita?

— ¿Qué? —cuestionó con un leve estremecimiento cuando se acercó a su oreja.

—Que dentro de ti va a crecer nuestro hijo.

Ni siquiera podía formular algo en contra de esa idea. Yoh sutilmente enjabonó su espalda y acarició su cabello con el shampoo. Sus manos trazaban en su cuerpo un camino tan esporádico y sensual que estaba torturándola.

—Me encantas…—murmuró cuando accidentalmente había rozado un pezón.

Tanta delicadeza y sensualidad la estaban torturando demasiado, más cuando fue el turno de él para enjabonarse y asearse.

—Me gusta cómo me ves—se sinceró el castaño cuando notó la mirada penetrante de Anna.

—A mí no me agrada, eres como mi hermano.

—Pero realmente, no lo soy—contestó abriendo la regadera para quitar el jabón con agua helada—Sal, por favor, no quiero que te resfríes más y necesito bañarme en hielos.

Se paró y tomó la toalla que estaba a un costado. Tener que soportarlo más era inaudito. A qué jugaba Yoh, no lo sabía. Pero salió del baño y en la cama se sorprendió ver toda clase de ropa para bebé, e incluso un vestido para ella.

— ¿Te gusta? —escuchó al cabo de unos minutos su temblorosa voz.

— ¿El vestido o lo del bebé? — preguntó ligeramente confundida entre todo ese cúmulo de acciones.

—Ambos—dijo mostrándole un overol azul para niño—Me hubiese gustado comprar más cosas, pero por el momento creo que es mejor esperar.

—Definitivamente quieres un bebé.

—Sólo contigo—corrigió de inmediato—Cámbiate, iremos al doctor y te llevaré a cenar a un lugar que abrieron en la 5th avenida.

—Pensé por un momento que querrías cambiarme tú—sugirió con maldad al verlo llevarse un traje.

Yoh la miró sorprendido, más cuando dejó caer la toalla y se colocó el vestido sin una prenda más.

—Anna, lamento decirte esto, pero… si sigues provocándome haré algo muy inusual para ti.

—¿En serio y de qué se trata? Si eres tú quien está provocándome —ironizó ante una sonrisa sincera de él por verla mucho más recompuesta

—Te pediré que seas mi esposa—aseguró dándole un beso en la mejilla.

Continuará…


N/A: Y bien, una actualización más para este fic, voy con los cortos y cuando digo cortos, me refiero a esos que no me cuesta más de una hora y media escribir. Por si me insinúan continuación para Contigo Siempre, jajaja les tendré que negar la propuesta a menos que me llegasen veintemil reviews diciendome que quieren actualización ya, pero eso es presión. En fin me encanta esta historia y aunque muchos no lo esperaban, sí, lamentablemente sí tiene SIDA, pero fue para variar un poco la trama, sino sería muy predecible y lo saben, jajaja. Bueno no me extenderé más y sí, les debo el lemmon.

Agradecimientos especiales: anneyk, Yasha, Clau17, lexie annatsumi asakura kido, Melanie Tao de Usui y Katsumi Kurosawa.