Capítulo V
En realidad no comprendía del todo su actitud, en especial cuando lo único que deseaba era un niño. No podía clarificar sus intenciones detrás de cada sonrisa bobalicona y esa personalidad dispersa. Aunque en todos los años que llevaba de conocerlo, nunca imaginó que llegaría a ser un lío en su cabeza.
—¿Todo bien? ¿Quieres algo más? —cuestionó sonriente—¿Pasa algo, Anna?
Y tenía el cinismo de preguntarlo, sin embargo, se limitó a tomar su plato y sorber el resto de la soda.
—No pasa nada.
—¿Segura? ¿Aun piensas en mi propuesta de matrimonio?
Fue instintivo querer golpearlo, pero se limitó a desviar la mirada.
—Ni en un millón de años me casaré contigo—le espetó sin tanta severidad como pensaba—De hecho, si buscas esposa estás en buen tiempo, aún no hemos ido a la inseminación.
—Anna…—mencionó en un tono nada conciliador—No estoy buscando eso, sólo quiero un bebé y ese bebé quiero que sea tuyo.
Contempló su mirar sereno y la facilidad que tenía para olvidarse de su alrededor, al menos él vivía en una burbuja lo suficientemente cómoda, algo que a veces le causaba envidia o repulsión. No pudo evitar suspirar, menos cuando su vida se había trastornado en una novela gótica depresiva.
—Tendrá una vida complicada—añadió con pesimismo mientras revolvía con el tenedor los restos de carne que aún quedaban en el envase metálico.
Ciertamente, que no hubiesen alcanzado mesa en ese gran restaurante de la quinta avenida la tenía de buenas, en especial porque no quería cruzar miradas con algún conocido de la industria, lo consideraba algo detestable en este preciso momento. Aunque por esa parte, tenía cierto encanto comer en la calle, frente a un negocio que vendía platones de arroz y cordero por minuto.
—Tendrá menos que los otros niños—agregó mirando el ir y venir de las personas en esa larga fila de espera, mientras ellos seguían en el pórtico de un gran edificio.
—¿Qué no tendrá? —cuestionó el castaño—Tendrá unos bisabuelos bastante respetables, de hecho la abuela aun me sigue dando miedo y creo que al abuelo también; luego un abuelo que podrá contarle toda clase de aventuras, Miki sigue viajando como si tuviese tanto dinero; una abuela afectuosa y muy bien preparada. Y bueno, de sus tíos, eso es lo complejo, Marion está algo loca, sin ofender…
—Totalmente cierto.
—Y Hao, bueno, espero que si es niño no le enseñe a ser un mujeriego, arrogante y rebelde.
Su mueca de horror, sin duda le contagió una gran sonrisa.
—Oh por dios, no hablas en serio.
—Oh sí, imagínalo, todo lo que no le enseñará a su hijo se lo enseñará al nuestro.
Apretó el puño con gran fuerza.
—Sobre mi cadáver. Si ese inútil se atreve a malograr a ese niño, yo misma lo castraré.
Dejó libre una sonora carcajada, más con la seguridad de las palabras de la rubia.
—Hablo en serio.
—Te creo, te creo—dijo calmándose un poco—Y si es niña…
—La adoraras mucho—concluyó acomodando su cabello rebelde—Sólo recuerda no consentirla demasiado.
Entonces un dejo de melancolía se coló entre ellos. De pronto, ya no importaba mucho la brisa del viento o si había suficiente murmullo por parte de las personas, en realidad lo único que echaba en menos eran sus constantes palabras, sus regaños, aquel insensato sarcasmo, la fragilidad de sus manos con las suyas.
Y sin querer más, una a una de sus lágrimas fueron cayendo mientras sostenía su rostro y una sonrisa irónica se colaba en su semblante cansado. Ocultarse de ella era tarea imposible. Su respiración se aceleró y el peso de su mano en la espalda pareció reconfortarlo un poco.
—Cuando era niña pensaba en cómo regresar a mi papá conmigo, a mi mamá… incluso a Marion cuando se separó de mí para vivir con otra familia—relató con tranquilidad—Yo sé que en tu familia, no le hará falta nada, aun con un tío como Hao, tendrá todo. Pero siempre le faltaré yo.
—Anna…
—Confío en que encontrarás una persona digna para llevar esas responsabilidades contigo.
Quitó las manos de su rostro y pudo ver un temple firme en ella. Algo totalmente ajeno a lo que había visto por la tarde al llegar al departamento. En su mirada podía hallar un cúmulo de tristeza y resignación.
—Yo estoy seguro que vivirás muchos años, así que yo… no quisiera sustituirte de tu lugar porque tú serás esa persona para él.
Cerró los ojos y se levantó a tirar la basura. Tal vez, si él quería engañarse estaba bien, pero ella tenía muy claro su realidad.
—Eventualmente moriré…
—No si tomas los medicamentos y te cuidas mucho—alegó de inmediato tomando su mano—Y lo harás, aunque no quieras, Anna. El mundo no se acaba por una enfermedad.
—Para ti es fácil decirlo…
—No, no lo es. Pero estoy dispuesto a todo para que estés bien.
Y calló. Perdía su tiempo hablando de medicamentos y más tratamientos. Él lo sabía, o al menos, imaginaba sus pensamientos con tal serenidad.
—Vamos a tu casa—sugirió la rubia.
—Sí…
Sin embargo, él no podía apartar de su mente aquella imagen. Estaba sosteniendo en sus manos el ultrasonido de su hijo y no sentía nada, salvo curiosidad por el sexo del bebé, que podría conocer en el siguiente mes. No obstante, la fotografía que tenía en la mano derecha le causaba una mezcla de sentimientos bastante extraña.
Era irónico lo que el tiempo había hecho con ellos. Él pensaba casarse con ella, no imaginaba algo más en su futuro. Sin embargo, las cosas habían acabado de forma muy diferente.
—¿Puedo pasar? —escuchó la voz de Mikihisa—Tu madre está en Aomori, está remodelando la casa, dice que espera que puedas asistir a la inauguración del jardín.
—Bueno, depende para cuándo—respondió con una pequeña sonrisa—Además, la bruja con la que estoy comprometido no sé si tenga humor.
—¿Aun sigues peleando con ella? Deberías llevarlo por la paz.
—¿Y me lo dices tú, que vives en todos lados menos en tu casa? Agradece que Yoh y yo nos mudáramos juntos, de lo contrario todos seriamos una familia peor que disfuncional.
Se recostó en el asiento y se tranquilizó enormemente por ver a sus dos hijos realizados.
—Bueno, tú e Yoh son muy buenos hermanos, yo hubiese querido alguien que me hiciera compañía.
—Sí—afirmó mirando la fotografía de reojo hasta arrugarla—Somos buenos hermanos, aunque también hemos tenido nuestras diferencias.
—Nada sin importancia, seguramente.
—Sí, seguro—dijo algo contrariado—¿Sabías que él me ha evitado las últimas tres semanas?
El hecho pareció más extraño de lo que hubiese pensado. Sin embargo, cada vez que quería hablar con su hermano, él se retraía y se marchaba hacia otro sitio.
—¿Sabes si está enojado conmigo?
—No, no tenía idea—confesó extrañado—Lo he notado algo distraído, pero no enojado, parece que está muy ocupado con algunas cosas.
—Seguramente—mencionó ocultando la fotografía de Anna en su escritorio.
—Creo que no te veo muy seguro de lo que dices, ¿qué te preocupa? ¿Es tu hijo? ¿El hecho de que vas a casarte?
Probablemente era todo y a la vez nada. No sentía placer en dar un paso tan definitivo como ése y ciertamente no quería darlo con alguien tan intolerable.
—Sabes… de todas mis parejas, la más…—calló un poco antes de mirarlo con fijeza—Ella lo era todo. Era grandiosa, era hermosa…
Mikihisa trató de no leer el resto de la información. A él, como al resto de la familia les había desagradado la decisión de Hao de abandonarla. No concebía cómo teniendo una relación tan compatible podía dejarla en la nada.
—Es normal, supongo que en algún aspecto extrañas cosas del pasado, pero eso ya no tiene solución.
—Pero Anna aún está disponible y estoy seguro que ella aún me ama, por algo no se ha casado.
—Pues ella estará muy disponible, pero tú no lo estás—le dijo molesto—A ninguno de ustedes los he dejado solos, he viajado mucho, sí, pero tu madre y yo hemos estado con ustedes como familia. Tú no puedes hacerle eso a tu hijo, él te necesita y yo no pienso permitir que un nieto mío crezca fuera de una familia.
De cualquier manera, estaba seguro que le encantaría la idea. Aunque Aomori no le traía tan buenos y gratos recuerdos, él trataría de hacerla sentir mejor que nunca. Fausto le había dado la aprobación en el tratamiento. Un par de semanas más y su hijo estaría creciendo en el vientre de Anna. Eso le emocionaba mucho.
—Puedo notarlo muy feliz—comentó finalmente su secretaria—Tiene una sonrisa radiante.
—¿En serio? —cuestionó con inocencia—Bueno es que estoy a punto de dar un paso que cambiará mi vida.
Podía notarlo.
—¿Y quién es ella? —cuestionó interesada, pero obteniendo únicamente confusión como respuesta—Me refiero a la chica, debe ser una buena mujer.
Y era lo más largo de explicar.
—En realidad, no es una chica, aunque sí lo es, pero… es otro tipo de cambio.
Bajó la mirada, estaba feliz, pero en el otro extremo su dicha se opacaba muy fácil cuando en su mente aparecían los cientos de problemas que atravesaba Anna.
—Bien, debo irme.
—Pero su padre está con su hermano, pensé que irían a comer. Él incluso me pidió que reservara una mesa en el Per Se.
Sinceramente, no tenía muchas ganas de ver a Hao. El hecho de estar con Anna casi todo el tiempo disponible y verla sufrir de ese modo, le hacía recordar las canalladas de su hermano posterior a la ruptura y aunque era algo pasado, sus sentimientos estaban muy volubles en ese preciso instante.
—Diles que no he podido, tengo que salir a comer con alguien más.
—Con su novia.
—Con Anna—le informó con una sonrisa—Ahora me voy, quedé en pasar por ella y no quiero que me cancele a mí, es muy capaz.
Sonrió al verlo atareado.
—Y por qué no se casa con ella, si no es mucha indiscreción.
Por el mismo motivo por el cual no deseaba salir a ningún sitio especial, no veía sentido alimentar las esperanzas de Yoh, aunque él quisiera resplandecer su vida, era poco probable que lo lograse. Recargó su cabeza en el marco de la parada del autobús, pasaban de las tres de la tarde y a pesar del agradable clima aun sentía escalofríos.
Junto sus manos y sopló en ellas su cálido aliento. No era la sensación más increíble, pero la hacía sentir menos vulnerable. Su resfriado había mejorado y mucho, más aun después del séquito de doctores que Yoh había puesto a su disposición, estar enferma mucho tiempo no era un estado de vida para ella. Entonces sintió otras manos sobre las suyas y un beso en su frente.
—Perdóname, no quería llegar tarde—pronunció bastante ajetreado—¿Llevas mucho esperando?
—Sólo diez minutos—respondió extrañada de la mirada tan tierna que le brindaba.
—Bueno, esos diez minutos los recompensaré con algo especial, porque pasaré toda la tarde contigo—añadió acariciando su mejilla.
Y si no lo conociera de toda la vida, diría que esos gestos en él eran de lo más comunes, pero ambos sabían que no era así. Yoh era extremadamente reservado en sus sentimientos, era agradable y muy buena persona, pero no expresivo, ése no era su fuerte.
—¿Y tus clientes?
—Hay cinco abogados más. Además, a mis clientes les he dado un adelanto toda la semana respecto a sus trámites, deben estar más que felices, pero tuve que mover algunas influencias.
—Asakura—le reprendió de inmediato.
—Tranquila, no hice nada ilegal—dijo tomando su mano con firmeza mientras cruzaba con ella la calle.
Replicar, cualquier cosa que contradijera las indicaciones de Fausto estaba fuera de negociación. Y odió que fuera un brillante abogado, tanto o más que su hermano, a quien en definitiva, no quería ver siquiera en pintura. Fausto no la inseminaría antes de haber completado el primer tratamiento de antirretrovirales y también modificado su estado anímico.
Alababa el esfuerzo casi sobrehumano de su amigo por subirle el ánimo. No sólo era una adoración, era el hombre más tierno y cariñoso que había conocido. Y lejos de ser un buen incentivo, le calaba en lo hondo que fuera precisamente él, quien desvirtuara demasiado el concepto que tenía de los hombres. Ser dura le servía, pero con él, sus barreras estaban obsoletas.
—¿Y has hablado con Marion?
La simple mención de la rubia la acomplejaba. Ella hubiese deseado tanto vestir como la dama de honor que era, pero dadas las circunstancias, simplemente no hallaba una tregua con el espejo. Antes había notado que la baja de peso se debía al estrés y los dolores recurrentes de cabeza a la constante presión de trabajo, pero no imaginaba que el conjunto de aquellos síntomas se presentara de esa manera tan tajante en su vida.
Cerró los ojos y trató de concentrarse en la conversación con Yoh. Él hablaba con emoción sobre la boda de Marion y lo galante que sería ir como pareja al evento.
—Ella siempre ha querido que fuéramos novios.
—Sí….
Marion hubiese querido tanto una unión entre ellos. Sin embargo, no veía más lejano esa realidad. Bastaba con verlos caminar. Ella no podría ir peor arreglada, la ropa era lo suficientemente holgada para perderse en la asimetría de las prendas. Su cabello apenas desenredado y una bufanda que pretendía cubrir su rostro de la ligera ventisca. No era ni la sombra de la mujer que era, ni de cerca.
—¿Y confirmaste mi lugar en su boda? —cuestionó interesado mientras rodeaba sus hombros.
—La verdad, no tengo ganas de ir a ninguna boda—se sinceró—No tengo ánimo, además, notara que he bajado demasiado de peso. No me veo muy bien.
Un ligero marco debajo de sus ojos, denotaba el esfuerzo que le costaba conciliar el sueño. Dormir con ella después de haber estado juntos en la bañera era algo inconcebible sin que osara a quitarle la ropa. Y por supuesto, ella se negaba todo contacto sexual, sin embargo, él no la veía mal físicamente, a pesar de lo mal que vestía.
Su belleza estaba intacta, quizá un poco vulnerable, pero la esencia de Anna seguía ahí. Fausto decía que las manifestaciones de la enfermedad eran sutiles, que quizá aunque ya no fuera portadora, ella pudo haber seguido con su vida relativamente normal en los siguientes meses hasta ver el avance del SIDA. Antes de ese día, todo parecía tan común, ni siquiera imaginaba la germinación de un mal superior. Nuevamente suspiró y su mente se perdió en el enorme paisaje del Central Park.
—¿En verdad no quieres ir?
—No. Me veo horrible y sé que empeoraré con los meses—susurro, cubriendo la mitad de su rostro con la pashmina roja alrededor del cuello—Me siento demasiado cansada de mí todos los días como para arruinarle su día y darles un mal recuerdo.
Mordió sus labios, tratando de tolerar el silencio posterior. Entonces se sentaron en una banca cercana al lago. Tres niños jugaban cerca de la orilla con un bote de papel. Algo tan frágil que el viento pudo haberlo arrancado de su mano, algo tan pasajero como el sentimiento de nostalgia que lo invadía algunos días cuando ser fuerte frente a Anna no era posible.
—Anna—la llamó preocupado— Quiero pedirte un favor.
Su mirada se fijó en él.
—Dime…—pronunció con una suavidad tan impropia de ella, que le hizo dudar de la aseveración de sus palabras.
—Por favor… Por favor —susurró con melancolía—En tu vida vuelvas a hablar de ti de esa manera. Aborrezco que te hagas menos, no lo eres.
Tosió un poco y le soltó la mano. El ligero viento removía el cabello rubio de su frente y le daba una sensación de libertad perdida.
—¿Estás bien? —cuestionó quitándose la chamarra para colocarla sobre sus hombros.
Y sonrió por la evidente preocupación.
—No es necesario que te angusties así, sólo es un cosquilleo en la garganta.
—Cosquilleo o no, cualquier mínima cosa que suceda a tu alrededor me va tener alerta—le dijo abrazándola de un costado—¿Serás paciente con eso?
¿Tenía alguna otra opción? La manera en que Yoh olvidaba reprenderla le causaba una inusitada ternura, en especial cuando quería que dejara su depresión de lado.
—Serás un mal padre si no eres firme—dijo contra su pecho.
—Pero tú no eres mi hija, sino una de las mujeres que más quiero—describió con un claro sentimiento de tristeza—Déjame ayudarte a llevar la carga, créeme, tú no estás sola.
Observó la delicadeza con que tomaba su rostro para mirar fijamente sus ojos miel. Era difícil resistirse con tan sublime encanto. Suspiró y limpió una de sus lágrimas con un pequeño beso.
—Seremos padres—le dijo al oído—Y tú, vivirás con nosotros una eternidad.
—No—negó Anna, tomando su rostro—Tendremos un hijo y después te casarás con una mujer que merezca todo ese amor que tienes para dar, que es algo verdaderamente hermoso.
Sus palabras dolían, más cuando ambos lloraban por causas distintas.
—Quiero que te cases y escojas a una mujer que te haga feliz—añadió la rubia—¿Puedes prometerme eso? ¿Puedes asegurarme que lo harás?
—Sólo puedo prometerte esto y es a lo que se atiene aquella persona que escoja—dijo con firmeza mientras apoyaba su frente con la suya—Que el día que yo quiera casarme, no habrá no que me impida que esa mujer sea mía. Aunque creo… que la vacante ya está ocupada.
Continuará…
N/A: Y nadie esperaba que actualizara este fic, lo sé, pero me inspiré un poco para escribir y dije, por qué no voy avanzando el resto de mis veinte mil historias y aquí está. Esta peculiarmente me encanta por la melancolía del ambiente y también por la trama que es un poco más realista. Como dicen, el primer paso para toda enfermedad, es aceptarla, y ella aún está en el proceso. Yoh es muy paciente con ella. En fin, espero les guste y seguiré trabajando lo mejor posible para finalizar todos mis pendientes.
Agradecimientos especiales: Martha Arancibia, Meiko Uesugi Shindou, lexie annatsumi asakura kido , Aki Kyoyama, Katsumi Kurosawa, FanieKrieg , Clau17 , Love Anna, Noemi, Alejandro Asakura, Jasso, anneyk.
