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Juntos para Siempre.
"-Bella – susurré mientras acariciaba su cabello. – Despierta, se nos hace tarde.
Giró en la cama, dándome la espalda.
Suspiré y sonreí.
-Vamos Bella, no me hagas llamar a Emmett – dije recordando la última vez que Emmett la despertó, me reí al recordar el rostro molesto de Bella.
-Edward, – murmuró. - ¿No te estarás riendo de mí?
-Tal vez – le dije entre risas.
Me levanté de la cama para volver a acostarme del lado de Bella, ella se acurrucó en mi pecho.
-¿Cómo alguien como tú puede estar con alguien como yo? – preguntó.
Le di un beso en la frente.
-Me pregunto lo mismo todos los días, cómo alguien como tú está con alguien como yo.
Levantó el rostro para mirarme directamente.
-¿Te dije alguna vez que te amo? – me preguntó.
-No lo suficiente para que te crea – le dije.
-Te amo, te amo, te amo, te amo, te amo – repitió. – Nunca lo olvides.
-Ya te estoy empezando a creerte. Te amo, Bella.
-¿Podemos faltar al instituto? Podríamos tener un día sólo para nosotros.
-Sabes que me encantaría, pero hoy tenemos examen de biología. ¿Lo recuerdas?
-Con más razón para estar ausente.
-Bella, Bella, Bella, ¿es posible amarte tanto?
Me dedicó una sonrisa"
Abrí los ojos volviendo a la realidad…
-Mis hijos no saben nada – me informó Carlisle trayéndome a la realidad.
-¿Nada de que?
Me bajé del vehiculo, él hizo lo mismo.
-De ti.
-¿Qué me encontraron?
-Ehm… no… que te vas a hospedar en nuestra casa hasta que recuperes tu memoria.
Asentí y entramos a su casa.
-Llegue – gritó por costumbre Carlisle. - ¡Reunión familiar!
¿Familiar? ¿Estaba yo incluido en ese término? Y lo más importante, ¿estaba Bella incluida? ¿Estaba Bella viva? Necesitaba verla.
Esme fue la primera en llegar, con su cálida sonrisa de bienvenida.
-Hola Edward – me saludó dándome la mano. – Es un gusto tenerte en casa. Soy Esme.
Odiaba esto con toda mi alma. Mi mamá se estaba presentando ante mí.
-Gracias… Esme – como dolió llamarla por su nombre. – Gracias por dejarme quedarme.
-¡Ni lo menciones! Estoy muy contenta de que estés aquí.
-¿Qué sucede, Papá? – preguntó Emmett de mala gana bajando las escaleras, su mirada se detuvo cuando me vio. – Oh, hola.
-Hola Emmett – le saludé.
-¿Nos conocemos? – preguntó.
Suspiré un gran bocado de aire.
-No, Pap… tu Papá me dijo quien eres. Soy Edward, un gusto conocerte.
Extendí mi mano y él la tomó.
-¡Jasper! – gritó Rosalie. - ¡Aleja eso de mí o te juro que te mato!
Se escucharon las risas de Jasper.
-¡Tenemos visitas! – gritó Carlisle.
-Hola – les dije cuando bajaron las escaleras.
-¿Hola? – dijo dudando Rosalie.
-Soy Edward, tú debes ser Rose, y tú Jasper – dije respectivamente.
-Así es – dijo Jasper, le dedicó una mirada a Carlisle.
-¿Y Alice? – le preguntó.
-Está en su dormitorio torturando a la pobre de Bella – contestó avergonzado.
-¿Bella? – se me secó la garganta. - ¿Bella Swan?
-Sí, ¿La conoces?
Me llevé la mano a la boca para evitar pegar un grito de alegría ya que Bella estaba acá, bajo el mismo techo que yo. Pero por sobre todo, estaba viva.
Involuntariamente, una lágrima se deslizó por mi mejilla.
-Sí, la conozco – contesté sonriendo.
Se miraron entre ellos, evaluándome.
-Perdón, es sólo que… hace mucho que no la veo. Es más, ella no debe acordarse de quien soy – dije del todo seguro.
-Voy a llamar a Alice – dijo Jasper y corrió escaleras arriba.
-Papá, ¿qué quieres decirnos? – preguntó Rose.
-Prefiero que estén todos.
Esperamos en un incomodo silencio hasta que Jasper bajó junto con Alice.
-Hola Edward – me saludó con una sonrisa. Se me hizo un nudo en el estomago, ella se acordaba de mí. – Soy Alice.
No, no se acordaba de mí.
-Hola Alice.
-Linda ropa – dijo mirándome de pies a cabeza, usaba la del bosque, la que ella me había comprado.
-Gracias, me la eligió una amiga.
-La tengo que conocer – murmuró.
Oh, Alice, ya la conoces, la conoces muy bien.
-Y bien Papá, ¿Qué sucede? – preguntó Emmett.
-Siéntense – dijo y todos se sentaron, menos yo que quedé de pie. –- Bien, les queríamos decir que Edward se va a quedar con nosotros por un par de semanas.
Alice comenzó a aplaudir.
-¿Es familiar? – preguntó desorientada Rosalie.
-No. Estuvo en coma por casi un mes, no recuerda mucho de su familia, hasta entonces se quedará acá, para hacer memoria.
-Espera, espera. ¿Estás diciendo que vas a adoptar temporalmente a un paciente amnésico?
-Se puede decir que sí.
-Genial – dijo llena de sarcasmo. - ¿Puedo decir mi opinión?
-No – le dijo Carlisle. – Edward se queda, les guste o no.
-¿Me puedo ir ahora? – preguntó con resentimiento. – Tengo cosas más importantes que esto.
-¡Rosalie! – le regañó Esme. – Por favor, compórtate.
-Está bien Mamá, sabes que no nos llevamos muy bien – intervine.
No sé para qué hablé, todos se me quedaron viendo.
-Ehm… Esme, perdón. Es que… estoy muy cansado… y… discúlpenme voy al baño – dije inventando una excusa para salir de allí lo antes posible.
Me vieron sin decir una palabra mientras pasé por la cocina para ir al baño.
Entré, y en el momento que cerré la puerta me dejé caer en el suelo.
Esto estaba mal, muy mal. Mi familia no me reconocía, la enfermera no sabía quien era, Bella estaba viva. ¿Qué sucedía? ¡¿Qué mierda estaba sucediendo? ¿¡Acaso había perdido la cabeza?
-¡AAAH! – grité enfurecido, fuera de mí. Qué demonios sucedía. Me estaba volviendo loco. Tenía muchas preguntas y ninguna respuesta. Para empezar, ¿cómo era posible? Y segundo, ¿qué? ¿Qué era todo esto?
Respiré hondo para aclarar mis ideas. Bien, respiré hondo y solté todo. Lo último que recordaba era ir al bosque, justo donde me habían encontrado. Eso era normal, lo anormal era que nadie me reconocía. Como si nunca hubiese existido. Tal vez… podía ser que todos tuvieran amnesia, pero eso no explicaría por qué Bella estuviese viva ni tampoco el no estar en las fotografías. Quizás yo había muerto y resucitado… sí, claro. Piensa, Edward. Quizás nunca me adoptaron, quizás viví con Elizabeth y Edward, ¿pero cómo era posible? O quizás me borraron del mapa. No lo sé. Tal vez me implantaron recuerdos ajenos. Pero todo era imposible. ¡Era imposible! Lo único posible era que esto fuera una pesadilla, ¡era una pesadilla! Qué estupido fui.
Me pellizqué con fuerza pero lo único que logré fue un gran dolor. Genial, no era una pesadilla…
Entonces, ¿podría ser? ¿Podría ser que está sea mi segunda oportunidad? ¿Empezando de otra forma? ¿En otro cuerpo? Me levanté del suelo para verme por primera vez al espejo, me devolvió el rostro que tanto conocía. Era yo. Edward Anthony Masen Cullen. Con el apellido Masen que tanto odiaba.
¿Y si simplemente nada pasó? ¿Y si todo lo que creía que había sucedido no había sido así?
Ninguna respuesta.
Me lavé el rostro con agua helada y salí del baño.
Estaban todos en la sala, pero mis ojos se detuvieron en los achocolatados que tanto extrañé por seis eternos meses.
Casi me lancé a sus brazos, casi me entierro en su pecho para no salir nunca, casi le cuento todo lo sucedido para reírnos juntos de nuestros problemas y que me diga que todo saldrá bien, y decirle que la amo y contarle todo lo que la extrañé. Pedirle que nunca se vuelva a ir, suplicarle que me perdone por todo, besarle los labios, amarla como siempre la ame.
Bella – dije con la voz rota. Era ella, era mi Bella, estaba viva, estaba en la misma sala que yo, la seguía amando como antes, era ella.
Estaba viva…
FLASH BACK
-¡Dale! ¿Qué dices? No vayamos al instituto, quedémonos acá juntos.
-¿Quieres darle una excusa a Charlie para matarme? Porque sabes que la tomaría sin pensarlo dos veces.
-Edward eres muy inteligente, descubriste mi gran malévolo plan para deshacerme de ti.
-Si quieres matarme sólo debes irte, o no amarme más – le dije seriamente.
Frunció el ceño.
-Bella, no sé que haría sin ti – le dije. – Si te sucede algo yo muero.
-Entonces nada va a sucederme – dijo con una sonrisa. – Nos mantendremos juntos, así si algo le pasa a uno, también le sucederá al otro.
-Buen plan – le dije. – Entonces nunca nos vamos a separar.
-Prométemelo – me dijo. – Prométeme que pase lo que pase, siempre vamos a estar juntos.
-Te lo prometo, Bella, juntos para siempre.
END FLASH BACK
Estaba cumpliendo una promesa. 'juntos para siempre'
-Hola… - me saludó con timidez.
-Soy Edward – me presenté sin quitarle los ojos de encima.
-Nuestro nuevo hermano, temporalmente – dijo Alice con una sonrisa.
-Edward – me dijo Carlisle. - ¿Recuerdas algo de tus padres? Porque vamos a tener que comunicarnos con ellos.
-Sólo sé sus nombres, Edward y Elizabeth – mentí. - Pero no quiero volver a verlos – respiré hondo, esto me costaría decirle. – Conseguiré trabajo y en cuanto tenga dinero me largo de tu casa, lo prometo.
-No va a ser necesario – me dijo. – Vamos a encontrar a tus padres, pero voy a necesitar que me digas sus apellidos, si los recuerdas.
Tragué con dificultad, odiaba mentirle a mi papá.
-Cuando lo recuerde te digo – le dije y asintió.
-¿Tienes hambre? – me preguntó Esme.
-En realidad estoy muy cansado – le dije.
-Alice, ¿por qué no lo llevas a la habitación de huéspedes? – le dijo, luego me miró. – Será tu habitación, no tiene muchas cosas pero no te preocupes la vamos a llenar. Y no tiene cama… ahora voy y compro una.
-Gracias Esme, pero no hace falta una cama. Prefiero los sillones.
-¿En serio?
-Sí.
Miré de reojo a Bella, ella me miraba fijamente con el ceño fruncido.
FLASH BACK
Era la primera vez que Bella venía a mi casa, hace dos años, ambos teníamos quince. Ella era hermosa comos siempre, y yo estaba perdidamente enamorado de ella.
Estábamos en silencio, ella caminaba por detrás de mí, sólo se escuchaba el sonido de nuestros pasos.
-Y está es mi habitación – le dije rompiendo el silencio mientras la invitaba a pasar.
Se quedó boquiabierta.
-Es mi lugar, donde estoy sólo yo – expliqué. – Por eso está tan lleno.
-Edward tu cuarto son como cinco míos.
-No conozco tu habitación – le dije.
Ignoró lo que dije y comenzó a caminar, inspeccionado cada estante con la mirada.
-Tienes mucha música – dijo señalando mis discos.
Hice una media sonrisa.
-Pero… ¿Y tu cama?
-No tengo, prefiero los sillones – dije mirando el sillón contra la pared.
-¿En serio?
-Sí.
END FLASH BACK
-¿Quieres ir a acostarte? – me preguntó Esme.
Asentí con la cabeza.
-Alice, ¿le enseñas por donde es?
-¡Por supuesto! Ven Edward – dijo ella, caminé hasta las escaleras. -– Bella, ¿Vienes?
-Sí – contestó en un susurro.
Alice caminaba por delante de mí, seguida por Bella y yo atrás de todo.
Intenté quedarme lo más cerca de Bella posible, estaba seguro que ella sabía que tenía mis ojos clavados en ella es que… la última vez que la había visto fue adentro de un ataúd. Hice un gran esfuerzo para borrar esa imagen, pero el dolor apareció, creciendo más y más en mi interior.
FLASH BACK
Carlisle apoyó su mano sobre mi hombro, no necesitaba palabras para decirme cuanto lo sentía.
Tenía mi mirada clavada en el ataúd, lo habían cerrado hacia una hora, cuando empezaron a llegar los niños.
Charlie caminó con pasos lentos hasta allí, sujetó la rosa con ambas manos y sin decir nada la colocó con cuidado sobre el ataúd donde yacía su única hija.
Él le dedicó una mirada a Renée, dándole la señal que había acabado. Entonces ella sujetó con manos temblorosas la rosa y se dirigió para despedirse.
-Bella, - murmuró dándonos la espalda. – Te mereces una despedida Cielo, pero no puedo… - Sus sollozos eran lo único que se escuchó, hasta que se alejó.
No tenía pensado hablar, no quería ni podía pero debía hacerlo, por Bella.
-Charlie – susurré colocándome a su lado. Era la primera vez que hablaba por cinco días. - ¿Puedo?
Él asintió conteniendo las lágrimas.
-Bella, Amor – dije mirando su ataúd. – el 27 de Noviembre despertaste en mis brazos, y también… - tragué mis lágrimas. – también moriste en ellos. – Mis sollozos invadieron el cementerio. – Bella no puedo creerlo, no estás. Te fuiste dejándome aquí. ¿Por qué? Me arrepiento cada segundo que pasa en no haberme ido contigo. Lo siento, Bella. Te prometí que estaríamos juntos para siempre pero no lo pude cumplir Amor – enterré mi rostro en mis manos, no podía seguir hablando estaba destruido por dentro. – Te amo, por siempre.
END FLASH BACK
-¿De dónde conoces a Bella? – me preguntó Alice mientras comenzábamos a caminar.
Bella giró para mirarme.
-No lo sé… - bajé el rostro, abriendo los ojos como platos al ver el brazalete que colgaba de su muñeca. – ¡¿Quién te lo regaló? – pregunté casi gritando.
Era el mismo que le había regalado por su cumpleaños numero 17.
-Nadie, lo encontré en el bosque… ¿sabes de quien es? – preguntó con la voz muy baja.
-No, no sé Bella – le dije. Metí mi mano en mi bolsillo y me sorprendió lo que encontré.
FLASH BACK
Caminé durante horas por el prado, buscando respuestas mas no encontré nada.
Me di por vencido, cayendo de rodillas al suelo.
-¡¿Por qué? – grité con toda mi alma. - ¡¿Por qué te la llevaste? ¡¿Qué hice para merecer este sufrimiento?
Rompí a llorar sin Bella era nadie. Era un cuerpo moviéndose de lado a lado, intentando no mostrarles mi tristeza a los otros. Me ponía una mascara seria para ocultar mi dolor interno. Estaba muerto. Morí en el instante que Bella murió. Morí junto a ella, mi corazón la siguió hasta el final, pero nunca volvió a mí. Era un hombre sin corazón, un hombre destruido. Sin un plan, sin un futuro. Porque sin Bella no tenía futuro, no tenia nada.
-¡Bella! – grité desesperado. - ¿¡Por qué! ¿¡Por qué te fuiste sola! ¿¡Por qué no me llevaste contigo!
Las lágrimas corrían sin poder parar por mis mejillas.
-¡Bella! ¡Vuelve! ¡TE AMO! ¡Dijiste para siempre! ¡Me hiciste prometerte que estaríamos juntos para siempre y te fuiste!
Metí la mano en mi bolsillo, buscando el recuerdo de Bella y allí estaba el brazalete que le había regalado.
END FLASH BACK
¿Cómo era posible? Bella lo tenía y también yo. Entonces había sucedido, todo lo que recordaba sucedió… ¿podría está ser mi segunda oportunidad?
-Está es tu habitación – me dijo.
-Gracias Alice.
-No hay porque.
-Será mejor que me vaya – dijo Bella.
-¡No! – grité, ambas me miraron. – Me… me refiero a… olvídenlo.
Me acerqué a ella y deposité un beso en su frente.
-Conduce despacio – le dije en serio.
-Ehm… sí… - tartamudeó confundida y se fue con sus preciosos pasos torpes.
Giré para enfrentarme a Alice.
Gracias de nuevo, por dejar que me quede – le dije.
-Ni lo menciones, cualquier cosa que necesites, o si solamente quieres hablar, sólo dime.
Asentí con la cabeza.
Le quería contar todo, llorar en su hombro, que me consolará y dijera que no estoy perdiendo la cabeza.
Dio media vuelta y comenzó a caminar.
-Espera – le dije.
-¿Sí? – preguntó.
-¿Puedo hablar contigo? – aunque iba a creer que estaba loco, necesitaba que alguien me escuchara.
