"Una pregunta que a veces me vuelve confuso: ¿Estoy loco o los demás lo están?"

-Albert Einstein.


Elegía

Capítulo tres

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Thundercracker empujó la puerta con una mano, tensando los hombros cuando las oxidadas bisagras de acero protestaron con un rechinido que se apresuró a silenciar, deteniendo el movimiento de la hoja de madera cuando el hueco entre el borde de la puerta y la pared fue lo suficientemente grande como para que su cuerpo pasara.

Asomó la cabeza y miró un largo pasillo iluminado por cientos de lámparas parpadeantes y letreros que apuntaban a la salida y a las escaleras de emergencia. En las paredes miró sangre, en el piso restos y pedazos de carne en descomposición. Olía terrible, pero era el único sitio de asistencia médica que había en muchas cuadras a la redonda.

Además, no había nadie a la vista.

Thundercracker miró por sobre su hombro para asegurarse de que el estacionamiento también estuviera vacío y que los mismos autos, como los mismos bultos de basura humana que había dejado atrás al cruzar la explanada, continuaran en su lugar.

Busca un taller de reparaciones humano, le había dicho Starscream mientras se encargaba de atender las heridas más visibles de Skywarp; busca lo que sea que le ayude y tráelo.

Buscó en el suelo con la mirada y localizó un grueso block de hojas a pocos centímetros de su mano derecha. Después de tomarlo, lo encajó bajo la ranura de la puerta y volvió a echar un vistazo a su alrededor antes de deslizarse hacia el pasillo de recibidor de la clínica de cuidados mentales. No era muy distinto a todos esos hospitales que Thundercracker alguna vez había visto en distintos documentales de origen humano. Estaba dentro de un pasillo largo y blanco, con un arma en la mano y en los hombros la mochila negra que Starscream había conseguido esa mañana.

Toma. Llénala con todo lo que puedas.

Se encontró de pie en medio de un pasillo plagado de decenas de puertas como decenas de posibilidades de morir a la menor equivocación. Con la herida imagen del humanizado rostro de Skywarp en mente, Thundercracker comenzó a caminar. Fue un caminar lento y constante, esquivando charcos de sangre seca y restos de cadáveres. Se agachó dos veces para esquivar los brotes de cables y tubos que habían brotado de las paredes reventadas y de vez en vez se detenía a leer con cierto grado de curiosidad los garabatos retorcidos que alguien había escrito sobre las ventanas y las puertas.

Date prisa, Thundercracker.

Continuó avanzando mientras escuchaba sonidos lejanos repiqueteando desde cualquier lado en el pasillo. Muchas de las puertas estaban cerradas, otras habían sido arrancadas de cuajo y estaban esparcidas sobre el centro del pasillo hechas pedazos.

Llegó a la primera de ellas y guardó la pistola en la cintura de su pantalón, mirando en todas direcciones antes de decidirse a continuar. Uno de los tubos de una camilla estaba doblado por la mitad y Thundercracker no necesitó mucho esfuerzo para arrancarlo sin hacer ruido. Probó la resistencia del metal ejerciendo presión con sus dedos y al comprobar que serviría lo blandió con una mano, cortando el aire con un silencioso aspaviento. Prefería no utilizar más balas a pesar de que el instinto le rogara mantener una distancia prudente con esas criaturas.

Sin embargo, el sonido que produciría un disparo sería mucho más contraproducente que un duelo mano a mano contra cualquier zombi. No era un guerrero de piso, pero había logrado sobrevivir por millones de años en una guerra que había peleado en el suelo y en el aire.

Ten como prioridad el dolor. Medicamento para el dolor para este tonto, continuó diciendo Starscream en alguna parte de sus pensamientos.

La primera de las puertas estaba cerrada, pero la perilla cedió cuando Thundercracker la giró.

Respiró con profundidad y entró.

Era una oficina. Estaba llena de papeles desperdigados, un sillón volcado y un escritorio cerca de la ventana en cuya base había un enorme manchón de sangre y varios trapos oscurecidos. Thundercracker desechó la idea de acercarse a ellos. Rodeó el escritorio mientras revisaba en las estanterías llenas de libros. Sus ojos azules y penetrantes leyeron con rapidez cada título y sacudió la cabeza al no encontrar nada de utilidad en esa primitiva base de datos humana.

No conocemos exactamente cómo funcionamos. Busca algo que me ayude a entenderlo.

A Thundercracker le hubiera gustado comprender cómo operaba su mente humana en ese momento, tan alejada de su metódica y avanzada programación Cybertroniana, pero no era para saber de su procesador orgánico que estaba ahí. Skywarp estaba gravemente herido y necesitaba ayuda.

Dejó atrás los estantes llenos de libros de psicología y psiquiatría humana y se acercó una vez más al ensangrentado escritorio, abriendo y cerrando los cajones sin encontrar nada de mucha utilidad a excepción de una cinta adhesiva y unas tijeras que guardó en uno de los bolsillos de su pantalón. Después volvió sus pasos hacia la puerta y la abrió con sutileza, echando un vistazo alrededor antes de dirigirse hacia la puerta de enfrente.


El primer piso estaba vacío.

En la mochila llevaba unas cuantas vendas que había tomado de una caja abandonada sobre el diván de un consultorio destrozado y también un grueso libro de anatomía humana que había encontrado en una oficina llena de humanos putrefactos, en cuyas frentes había visto la indiscutible marca de un tiro de gracia. Infectados muertos. Pero los infectados vivos no estaban por ningún lado, lo que tenía a Thundercracker con la amarga sensación de estar caminando directamente a una bomba de tiempo.

Estaban durmiendo, o algo parecido, la voz humana de Starscream volvió a su cabeza.

Thundercracker no quería averiguar si las suposiciones de su compañero aéreo eran acertadas, pero le intranquilizaba no ver actividad por ningún lado aun cuando las criaturas pudieran estar realmente durmiendo.

Caminó en silencio, evitando pisar fragmentos de vidrio, manchas extrañas y restos humanos. Llevaba el tubo pegado a su cuerpo para evitar chocar contra los escombros, las camillas o las sillas de ruedas que le bloqueaban ciertas zonas del pasillo, y la pistola enfundada en su costado izquierdo, al alcance de su mano derecha.

Encontró las últimas puertas del pasillo cerradas y sin ninguna posibilidad de ser abiertas a menos que utilizara la fuerza bruta. En las pocas habitaciones que había tenido la posibilidad de entrar el número de cadáveres esparcidos a lo largo del suelo había sido cada vez mayor. Todos demostraban un indicio de violencia además de las clásicas mordidas producto del contacto con otros infectados; disparos en la cabeza, miembros cercenados, golpes… de muchos ya no quedaba algo identificable como humano.

Antes de tomar el doblez del pasillo hacia la derecha, entró y salió de dos oficinas más, en una de las cuales encontró un viejo periódico que anunciaba algo referente a una catástrofe al otro lado del país y en otro un pequeño encendedor.

Thundercracker regresó al corredor una vez que comprobó que no encontraría nada más de utilidad para Skywarp. Las oficinas habían sido destruidas o vaciadas en su mayoría por humanos que quizás habían vivido el inicio del caos en ese mismo lugar. Se lo habían llevado casi todo y Thundercracker estaba contemplando la posibilidad de abandonar la clínica de salud mental para buscar lo que necesitaba entre los abandonados edificios de la ciudad. No era muy tarde. El sol aún estaba en la cima del cielo; pasarían otras cinco o seis horas antes de que se ocultara.

Pero cuando se halló a los pies de la escalera de emergencia que conectaba al segundo piso, decidió gastar otros pocos minutos, que quizás no tenía, buscando los suministros en aquel sitio que parecía ser el más indicado de toda la ciudad y que hasta el momento no le había demostrado ser de mucha ayuda.

No me gusta cómo se ve su brazo, había dicho Thundercracker cuando él y su escuadra aérea estuvieron seguros en el interior de un raro local de comida humana.

Es porque está roto, tonto.

Thundercracker hizo una mueca al recordar el bulto que sobresalía del antebrazo derecho de Skywarp, también la inflamación que le había convertido casi todo el brazo en una pulpa de carne morada. Sabía que sus cuerpos eran frágiles, pero nunca había imaginado el nivel de debilidad de los huesos y de su carne; se cortaban ante el más ligero raspón contra el piso, se amorataban si no calculaban la potencia de los golpes y se rompían cuando se enfrentaban a las ridículas alturas que jamás les habrían hecho daño en sus cuerpos Cybertronianos.

El segundo piso estaba en peores condiciones que el primero. Muchas de las lámparas del techo habían explotado y sus fragmentos de vidrio estaban por el suelo y por encima de las dos o tres sillas de ruedas que no habían sido volcadas durante la huida. Thundercracker brincó un cadáver que no había alcanzado a arrastrarse escaleras abajo y suspiró silenciosamente, entrecerrando los ojos al notar que la luz era mínima y había muchos espacios en completa oscuridad.

Un ruido detrás de él le hizo saltar.

Sus dedos perdieron el color cuando se presionaron fuertemente contra el del tubo que sostenía.

El ruido continuó escuchándose.

Después un largo y febril gemido brotando desde algún lado le hizo latir el corazón con fuerza pese a que su rostro seguía siendo duro y casi inexpresivo. Miró el suelo antes de comenzar a caminar, pisando los surcos entre los vidrios y se detuvo ante la puerta de la primera habitación, tensando los hombros cuando miró a través del círculo de vidrio que estaba al centro de la hoja de madera.

Era una habitación larga con dos ventanas y seis camas. Dos de ellas estaban ocupadas por humanos cuyas manos y piernas estaban firmemente amarradas a los costados; las otras cuatro estaban vacías. Thundercracker se arriesgó a recargarse un poco más en el vidrio y continuar inspeccionando el interior del cuarto, encontrando a tres inmóviles criaturas arrumbadas en un rincón, tan pasivas y silenciosas como si estuvieran inducidas en recarga, a diferencia de los ruidosos ocupantes de las camas que se sacudían frenéticamente mientras gruñían y se retorcían en ángulos que Thundercracker había creído imposibles para un cuerpo humano.

Sus ojos azules bajaron hasta la aldaba de la puerta y decidió marcharse cuando comprobó que no había ningún seguro activado. La puerta podría abrirse con muy poco esfuerzo por parte de los humanos infectados y las balas en su arma eran insuficientes para acabar con ellos.

La próxima habitación era un cuarto de aseo personal. Thundercracker asió su arma con fuerza cuando la puerta cedió ante el débil empujón que le dio con un brazo. Había una enorme ventana que iluminaba el interior de una hilera de duchas sin cortinas y estantes llenos de cosas quizás útiles. Olía mucho a humedad, pero el peor hedor era el de la sangre y la descomposición. El Seeker no tardó en averiguar por qué. A la derecha de la puerta descubrió un amontonamiento de plásticos que alguna vez habían fungido de cortinas de baño; las habían arrancado para usarlas de manto y tapar una pila de cuerpos.

Ignorando los brazos y las piernas que sobresalían por debajo de las cortinas de baño, Thundercracker caminó hacia las repisas y revisó las borrosas etiquetas de las botellas y los tubos contenedores: pastas dentífricas, champú, jabones líquidos y de barra, esponjas aún dentro del tafetán y enjuagues bucales que le llamaron la atención por su alto contenido de alcohol. Tomó un poco de todo, asegurándose de dejar espacio en la mochila para lo que realmente había ido a buscar, y dio media vuelta para marcharse.

Fue ahí cuando lo miró y la sangre se le heló en las venas.


La criatura se le dejó ir encima, empujándolo de los hombros tan sorpresivamente que uno de los pies de Thundercracker tropezó con una ranura del piso y cayó sobre su espalda, conteniendo un gruñido de frustración cuando algo de lo que llevaba dentro de la mochila se le encajó entre las costillas.

Sin embargo, su preocupación inmediata fueron los dientes de la criatura; una hilera de dagas afiladas abriéndose y cerrándose a pocos centímetros de su rostro con chasquidos húmedos mientras las manos, duras como garfios, le incrustaban los dedos en los brazos y en los hombros. El Seeker hizo la cara a un lado, asqueado del goteo de baba sanguinolenta que le impregnó el cuello y las mejillas. El infectado, que en vida había sido un hombre joven de mirada saltona y músculos fuertes, estaba enajenado en la tarea de devorarle el rostro, y cada vez se acercaba más a su objetivo; su pútrida respiración ahogaba la respiración frenética de Thundercracker.

-N… No… No… Argh. ¡Maldición! – gruñó, abandonando la idea de sostener a la bestia de los hombros. Con una mano lo tomó del cuello, evitando sus fauces hambrientas, y con la otra buscó por el suelo la barra de acero que había tirado cuando había tropezado.

La encontró no muy lejos de su mano derecha. La tomó fuertemente entre sus dedos y la encajó en la boca del zombi cuando éste le tiró una dentellada que lo hubiera degollado si Thundercracker no hubiera sido más rápido que él. La presión del tubo reventó la parte trasera de la cabeza de la criatura, enterrándosele a presión hasta que la mano de Thundercracker chocó contra su mandíbula y el cuerpo laxo del infectado cayó encima de él, impregnándolo con sus fétidos olores.

Thundercracker se puso de pie enseguida, escuchando por sobre el silencio los distintos sonidos lúgubres del resto del hospital mientras sus nervios volvían a la tranquilidad y las manos le dejaban de temblar. Tenía fija la ventana de las regaderas con el rabillo del ojo, antojándosele como su única salida de emergencia en caso de que una horda de infectados estuviera aguardándolo al otro lado de la puerta.

Pero pasaron varios segundos sin que sucediera nada, a excepción de su corazón retumbando poderosamente dentro de su pecho.

Hubo silencio.

Hubieron sonidos.

Más silencio y después nada.

Pero no se relajó en lo más mínimo. Sus manos aún temblaban cuando sus piernas decidieron moverse como con vida propia y lo guiaron hasta la entrada. Por la pequeña ranura de vidrio que había entre la madera notó nuevamente la soledad del pasillo cubierto parcialmente de penumbras y abrió la puerta, dejando atrás el pestilente cadáver del zombi.


-Tardaste mucho – espetó Starscream, cerrando rápidamente la puerta cuando Thundercracker entró.

Me perdí y fui atacado más de dos veces por una horda de zombis, quiso decir Thundercracker, pero su orgullo le obligó a abstenerse de responder.

-También es bueno verte, Starscream – contestó con mal humor, dirigiéndose a la puerta de la cocina cuando Starscream terminó de asegurar la entrada del local. - ¿Cómo está?

Starscream se encogió de hombros, yendo detrás de él.

-Mal – dijo con simpleza. – Se despertó dos veces -. Tomó la mochila que Thundercracker le ofreció y la depositó a un lado de la improvisada cama que habían hecho sobre un montón de costales de harina y que Skywarp ocupaba. – Se queja mucho de su maldito brazo. Parece más una fémina que el inútil soldado que es.

Skywarp abrió los ojos en ese momento. Se le veía afiebrado y sudoroso. Temblaba mucho, y cuando intentó mover el brazo herido no pudo reprimir la maldición que le afloró del alma y le hizo apretar los dientes, acordándose a tiempo de las insufribles criaturas que habitaban en las calles de la ciudad y que acudirían inmediatamente a su llamado si hacía más ruido del necesario.

-Tranquilo, Warp – le dijo Thundercracker, sentándose a su lado.

-TC… ¿Me… me voy a morir?

-Sí.

-No… Starscream, no estás ayudando.

Starscream sacudió la cabeza y se acuclilló frente a la mochila. Cuando recorrió el zíper muchas cosas saltaron a la superficie y él las acomodó con displicencia sobre el suelo, alcanzando rápidamente lo que más le interesaba, que era el libro. Atlas de anatomía humana, tomo número uno. Starscream frunció el ceño. Tomo número uno significaba que había más secuelas del libro, que quizás estaba repartido en varias partes y ese que tenía entre sus manos no servía de mucho.

Reprimiendo la urgencia de reclamarle a Thundercracker su deficiencia para cumplir el verdadero objetivo de la misión, respiró hondo y comenzó a hojear el primitivo contenedor de información, buscando el índice principal. Se olvidó de sancionar a su compañero aéreo cuando leyó entre los títulos de los menús algo referente al brazo humano. Fue hasta allí rápidamente y comenzó a leer, ignorando los murmullos de Thundercracker y los patéticos gemidos de Skywarp.

-No encontré desinfectante – comentó Thundercracker después de varios minutos, con su mano apoyada en el hombro de su compañero herido – pero traje algo llamado enjagüe bucal que contiene grandes cantidades de alcohol.

Starscream levantó la vista de su lectura y lo miró profundamente, después asintió. La idea de mandar a Thundercracker a otra excursión se le antojó necesaria para que éste aprendiera a hacer su trabajo como era debido, pero la desechó en cuanto reconoció lo absurdo y peligroso del plan. Ya había demostrado ser bastante imprudente al exponer de esa manera a su compañero aéreo, al que consideraba su responsabilidad pese a que Thundercracker era un soldado que tenía el entrenamiento necesario para sobrevivir en cualquier adversidad.

Si volvía a mandarlo afuera era probable que no regresara con vida y Starscream no podía permitirse semejante mancha en su historial, que era lo más cercano a admitir que verdaderamente se preocupaba por el maldito.

-Entonces debe funcionar – contestó antes de volver a su lectura.

Skywarp intentó moverse, soltando un gemido cuando su hombro derecho no contestó de la manera adecuada y le lanzó una lluvia de agudas punzadas a lo largo del brazo. Se llevó su mano izquierda a la zona herida, con la torpeza de la prisa y el instinto haciéndole gritar hasta que la mano de Thundercracker le tapó la boca.

-Warp, debes tranquilizarte – le repitió su amigo, soltándolo cuando el control volvió a reclamar el poder de sus cuerdas vocales.

-Me… me duele mucho, TC. – Skywarp se llevó después la mano a su costado izquierdo, tanteando con cuidado las deformaciones que sentía por debajo de la camisa. – Creo que me rompí algo.

-Qué inteligente, Skywarp – dijo Starscream con tono sarcástico, dándole vuelta a la hoja del libro. – Creo que no debo preocuparme por ese golpe en la cabeza. No puede dañarse lo que no tienes.

Thundercracker echó un vistazo a la cabeza de Skywarp e hizo una mueca al encontrar una fea herida que estaba comenzando a cicatrizar en medio de una jungla de cabello negro. Había zonas en las que la sangre había formado costras y coágulos, aprisionando mechones de pelo y tierra. Después, los azules ojos de Thundercracker bajaron hasta el torso de Skywarp y una punzada de culpa le corroyó por dentro al mirar la ropa de su compañero que seguía llena de sangre y restos de vómito.

-Muy gracioso, Scream... – Skywarp siseó antes de volver a gemir, retorciendo las piernas a falta de poder mover mejor sus brazos. - ¿Qué… qué están esperando? Ayúdenme… Starscream, me duele mucho. ¡Ayúdame!

Thundercracker también volteó a mirar a Starscream, que cerró el libro en ese momento y se puso de pie. Sus facciones se veían más uniformes y estéticas conforme la hinchazón del ojo descendía, pero su aspecto continuaba tan desaliñado como el de sus compañeros aéreos, además del hecho de que su cuerpo parecía adelgazar cada vez más al paso de los días. Thundercracker hizo una nota mental para exigirle a su líder de escuadra comer y dormir de verdad.

-No dice nada que sea de mucha ayuda para esta situación, pero es lógico que no podemos dejarle el brazo así. - Starscream señaló a Skywarp. – Debemos disminuir el daño para que los mecanismos autoreparadores de su cuerpo hagan el resto del trabajo.

-¿Cómo lo haremos?

Starscream se acuclilló nuevamente y hurgó en el interior de la mochila, sacando las vendas y las tijeras que Thundercracker había encontrado.

-Sospecho que el bulto que sobresale de su antebrazo es parte de su endoesqueleto, o "hueso" en este caso, fracturado. Debemos hacer que encaje nuevamente entre sus servos.

Skywarp y Thundercracker fruncieron el ceño con similares muecas de desagrado.

-¿Me va a doler?

Starscream asintió.

-¿Mucho?

-Es probable que sí – dijo Starscream. A diferencia del regocijo que Skywarp esperaba ver en él, cuando volteó a verlo no encontró ninguna satisfacción en el rostro de su Comandante Aéreo.

Skywarp giró la cabeza para pedirle ayuda a Thundercracker con la mirada.

-¿Saben? En realidad ya no me duele… Creo que era pasajero. A-algo así como aquella vez que me torcí un ala y sólo con reajustar el soporte en los servos de las ju… ¡Arrgh! – Apretó los dientes con fuerza, sosteniéndose el brazo con los dedos agarrotados. - ¡Maldición! ¡¿Por qué está pasando esto?! ¡Haz que se detenga, Starscream!


Podría reparar ciertos aspectos de la herida, pero Starscream dudaba mucho que sus capacidades le permitieran detener el dolor. Al ser humanos, los sentidos de Starscream se entremezclaban confusamente con sus sentidos Cybertronianos. Un brazo mecánico jamás sería lo mismo que un brazo de carne, hueso, articulaciones y nervios orgánicos. Sospechaba que el hueso de Skywarp no sólo se había salido de su línea de ensamble, sino que además se había fracturado, por lo que no sabía si al reacomodarlo haría un bien o quizás un daño mucho peor.

Había carne involucrada de por medio. Starscream recordaba haber aplastado insectos humanos cuando poseía su perfecto cuerpo Cybertroniano. Las criaturas se convertían en una pulpa pegajosa de fluidos, carne y coberturas de algodón. Jamás se había detenido a mirar a uno de ellos con detenimiento. Jamás había tomado los preciados, o desperdiciados segundos para tomar a uno y diseccionarlo lentamente hasta formular sus propias hipótesis y observaciones. No le interesaba. Hasta ese momento había creído que la inferior funcionalidad de un habitante terrícola jamás sería tema de reportaje para las bitácoras de su solitario laboratorio científico.

Pero sabía que Skywarp tenía dentro del brazo una compleja gama de músculos, tejidos, tendones, nervios y articulaciones que quizás, y sólo quizás, hacían el funcionamiento de un brazo orgánico mucho más complejo que el de un mecanismo robótico. Si el hueso no encajaba en su lugar, Starscream no tendría segundas oportunidades para remediar su error en medio de toda esa mole de carne y sangre orgánicas.

No quería torturar a Skywarp con un procedimiento inadecuado. Los humanos no podían desactivar sus receptores de dolor, y Skywarp era un molesto y estúpido dolor en las placas traseras. Pero era su compañero aéreo, era su responsabilidad y estaba verdaderamente preocupado por él.

-Un… He reparado heridas similares – dijo, para apaciguar un poco la ansiedad que comenzaba a desbordar de los grandes ojos de Skywarp. – Recuerdo que Thundercracker perdió la funcionalidad de su brazo izquierdo en combate en la última batalla por la toma de Altihex…

Thundercracker asintió.

-Fue pérdida total del mecanismo motriz, daño interno, fractura del endoesqueleto y conductos vitales – murmuró Thundercracker con tono ausente. Las alarmas y los anuncios de emergencia que había visto aquel día dentro de sus computadoras internas desfilaron imaginariamente ante sus ojos. – Soldaste la fisura y reconectaste los conductos averiados.

-Sí, ¿y cómo diablos vas a soldar un hueso humano, Starscream? – gruñó Skywarp, desesperado. Su mano izquierda aferraba cada vez más fuerte su brazo derecho.

Starscream se cruzó de brazos y levantó la barbilla en un gesto de superioridad.

-Voy a acomodar lo que tenga que ser reacomodado y me aseguraré de que se quede en su lugar luego de que adapte algún mecanismo que te inmovilice el brazo – explicó sin mucha paciencia antes de girar hacia Thundercracker. - ¿Trajiste las sustancias para el dolor?

-Intenté conseguirlo todo… No tuve mucho tiempo para leer las indicaciones de los frascos. – Thundercracker rodeó la improvisada cama de costales y se acuclilló frente a la mochila, hurgando hasta encontrar un pequeño catálogo de medicamentos. Lo hojeó rápidamente, dando con la imagen de una cartera de tabletas blancas que leía Paracetamol. – Esto fue lo que traje. En realidad era lo único que había además de… - sacó dos frascos y los leyó, frunciendo el ceño – aspi…rinas, y otras sustancias que creí innecesarias.

-¿Son para el dolor? – insistió Starscream, sin darle importancia a todo lo que había dicho su compañero aéreo.

-Analgésicos – contestó Thundercracker como si eso respondiera todo. – Aquí dice que los analgésicos como el paracetamol alivian el dolor y la fiebre. También las aspirinas hacen-…

-Entonces dáselos a él. Skywarp, trágatelos y cállate.

Thundercracker suspiró pacientemente y le dio una tableta de cada frasco a Skywarp, que las tomó entre sus dedos con desconfianza.

-¿Están seguros de que no me están envenenando?

Starscream sonrió.

-Puedes no tomarlas y ver qué tan valiente eres cuando comencemos a trabajar en tus heridas.


No. No era valiente. Definitivamente no era valiente. Jamás había sido valiente cuando se trataba de enfrentar uno de los peores dolores jamás experimentados en su vida.

No era valiente.

Quizás no lo sería jamás. Y no se avergonzaba de ello.

Skywarp volvió a gritar cuando las frías manos de Starscream le levantaron el brazo derecho y lo sostuvieron a lo alto. De no haber sido por la brusca mano de Thundercracker tapándole la boca, sus alaridos se habrían escuchado por toda la cuadra, quizás por toda la ciudad. Los infectados habrían tocado a la puerta de inmediato… Tal vez hubiera sido mejor, porque el dolor lo estaba matando. ¿De qué habían servido las estúpidas pastillas? Skywarp sentía que le estaban arrancando el brazo, que le estaban perforando el costado izquierdo y que la cabeza le punzaba como si le estuvieran enterrando una afilada vara de metal.

Su mano voló en dirección a las manos de Starscream, pero jamás llegó a su objetivo gracias a los rápidos reflejos de Thundercracker, que le apresó la muñeca a un costado mientras le tapaba la boca con su mano libre.

Muy bien, estaba inmovilizado. Muy bien… Muy, muy bien. No podía hacer nada por liberarse. Nada. Nada de nada…

Muy bien.

Sus oscuros ojos brincaron de Thundercracker hacia Starscream, abiertos hasta el límite de sus órbitas. Su frente estaba perlada de sudor y algunos mechones de cabello se le habían pegado en el rostro, removiéndole la sangre de los raspones y las cortadas.

Starscream hizo un movimiento de prueba que jaló algo muy adentro del brazo herido y Skywarp gritó de agonía, retorciendo las piernas y luchando contra la fuerza constrictora de Thundercracker para liberar su mano y salvar su brazo derecho de las malévolas garras de Starscream. La naturaleza orgánica era muy cruel. ¿Por qué no podía desconectar sus líneas de sensores y simplemente no sentir nada?

Skywarp jamás había sentido tanto sufrimiento en su vida… o quizás sí, quizás en el pasado fue tan cobarde que desconectaba sus sensores al menor indicio de molestia para evitarse la desgracia de experimentar el masoquismo del dolor cuando resultaba herido. Era innecesario y molesto. Era aterrador.

-Vamos, Warp, sólo un poco más – le dijo Thundercracker.

Skywarp le disparó una mirada acusadora cuyas silenciadas palabras mandaban a Thundercracker al diablo y a otros obscenos lugares que hubieran sonado muy bien en la boca del mecanoide más vulgar de Cybertron.

Los dedos de Starscream palparon suavemente el terrible bulto del antebrazo de Skywarp, haciéndolo sisear una maldición que se deformó entre los apretados dedos de Thundercracker. La mueca del rostro del Comandante Aéreo consternaba a Skywarp; se le veía preocupado y confundido, como si no supiera realmente lo que tenía que hacer pero de alguna manera debía de hacerlo.

Skywarp comenzó a temblar. El sudor y el frío arreciaron en su cuerpo, haciéndole imposible pensar con claridad mientras cada sensación que experimentaba se incrementaba al triple.

-Rayos, Starscream, ¿estás seguro que sabes lo que estás haciendo? – escuchó la voz de Thundercracker.

-Estoy intentándolo, Thundercracker – gruñó Starscream ásperamente.

Intentándolo.

El maldito estaba intentándolo. Mejor dicho: el muy miserable estaba torturándolo.

Skywarp sacudió la cabeza y logró deshacerse por unos segundos de la mano que le tapaba la boca.

-¡No! Prefiero quedarme así… De verdad que prefiero quedarme así. ¡No lo hagas, Starscream! ¡No lo-… mfgghh!

-No digas tonterías – masculló Starscream, volviendo su atención al brazo herido. – Si lo dejo así es probable que trasgreda en un daño mayor y que se infecte. Tengo que repararlo.

-Entonces date prisa – lo presionó Thundercracker, para nada satisfecho con tener que amordazar y retener de esa manera a su compañero aéreo, mucho menos con la pálida y aterrada expresión con la que Skywarp los miraba a ambos.

-¡Hago lo que puedo!

Y las manos de Starscream hundieron a presión el bulto que sobresalía del antebrazo de Skywarp.

Se escuchó un poderoso tronido que rebotó varias veces en los oídos de los únicos dos que pudieron escucharlo, pero no sentirlo. Skywarp no supo de ningún sonido ajeno al de sus propios gritos ahogados a presión por la mano de su compañero aéreo. El dolor le recorrió desde la parte más afectada de su brazo hasta el hombro, después el cuello, se le unió a cada nervio y articulación de su cuerpo y vibró con potencia en su cabeza, tamborileando junto a las punzadas de cada una de sus otras heridas, que en ese momento parecían de fantasía comparadas a la bomba atómica que le estalló una y otra vez en su brazo, desintegrándolo lentamente en un mar de agonía.

Enterró los pies en los costales de harina, reventando uno. El polvo blanco le manchó los pantalones pero él jamás lo supo, concentrado como estaba en sentir y en gritar y en retener inútilmente las lágrimas de dolor que se asomaban por las comisuras de sus ojos.

-Todavía no está – murmuró Starscream en algún lado de su horrible mundo de agonía. – Falta poco. Sólo un poco más.

No. No, por favor. Ya no. No lo soporto. No, no, no, ya no lo soporto, quiso rogarle Skywarp, pidiendo mentalmente perdón por todas las cosas malas que le había hecho a Starscream a lo largo de su vida.

-Hazlo rápido – contestó el sádico de Thundercracker.

Los desorbitados ojos de Skywarp se clavaron en el serio semblante de Thundercracker antes de cerrarse a la par del nuevo alarido que brotó de su garganta y que fue silenciado por la sucia mano que le aplastaba la boca. El próximo tronido le hizo creer a Skywarp que se habían cansado de repararle el brazo y mejor se lo habían arrancado.

Un chasquido más.

Luego otro y otro más que desgarraron todo el ser de Skywarp hasta que ya no pudo soportarlo más y perdió la consciencia.

Continuará…


N/A: Hay ciertas (todas) técnicas médicas en este capítulo que obviamente no deben emplearse para curar una herida como un brazo fracturado, pero, para mala suerte de Skywarp, no hay nadie que le diga a Starscream y a Thundercracker que son un par de bárbaros y que las cosas no se hacen así :-P ¿Podemos culparlos? Después de todo, ellos no tienen nuestro sentido común. Un Cybertroniano no sabe lo que es el verdadero dolor hasta que se convierte en humano.

También quiero añadir mis agradecimientos a mi socia Taipan Kiryu por ayudarme con la edición de este capitulo :D

¡Gracias por leer!